36473(11-09-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado        acta        No.  302          

Bogotá,    D.    C.,     once   de   septiembre     de    dos    mil    trece.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  de     los     acusados    CIRO  ALFONSO  RAMÍREZ  MACHADO,  EDUAR  YESID MARTÍNEZ  BOTELLO, LUIS ÁNGEL GUERRERO SÁNCHEZ, BLAS EMILIO RÍOS ESPALZA  y OMAR ALEXÁNDER SANDOVAL GÓMEZ.   

ANTECEDENTES  

1.-  La cuestión fáctica, a que se contrae  la    actuación,   fue  reseñada    por    los   juzgadores   de la manera siguiente:   

“…a eso de las  5:30  de  la  mañana  del 17 de abril de 2010, un grupo de personas vestidas de  camuflado,    unas   cubriendo   sus   rostros,   portando   armas   de   fuego,  identificándose  como miembros de las águilas negras de las AUC, se tomaron el  corregimiento  de  San  José  de  la Montaña, de la jurisdicción municipal de  Cucutilla, N. de S.   

“Una   vez  tomaron  el  control  de  la  situación,  a un kilómetro aproximadamente del caserío, procedieron a asaltar  la  buseta de propiedad de ÁNGEL ALEXIS ORTEGA, que se disponía a salir de San  José  de  la  Montaña,  donde  viajaban también REINALDO ORTEGA, JULIO LEONEL  DÍAZ  PÉREZ,  JESÚS  ORTEGA, LEONEL DÍAZ, FABIO ORTEGA, FABIO PARADA, CARLOS  PEDRAZA,  ANDELFO  CONTRERAS,  ANA  ELSI  VILLAMIZAR,  SAIDA  GÓMEZ,  AÍDA LUZ  PRIETO,  MIRIAM  CONTRERAS,  APOLINAR PARADA, DIEGO PARADA, ROSA RUBIO y ORLANDO  MONCADA,   y   quienes   fueron  despojados  de  sus  pertenencias   como  dinero,  cédulas  de ciudadanía, e iban deteniendo a  quienes  se  acercaban al caserío, los mantuvieron dentro del bus bajo la orden  que  no  podían  salir, excepto a REINALDO ORTEGA y su hermano JESÚS ORTEGA, a  quienes   los  llevaron  rumbo  al  caserío,  estando  allí  los  delincuentes  preguntaron  por  las  salidas  que  tenía  el  corregimiento,  se dividieron y  empezaron  a  ingresar  a  cada  una  de las viviendas, con lista en mano fueron  tocando  las puertas, atemorizando a la gente, a quienes no abrían les tumbaron  las puertas, como en el caso de JOSÉ OMAR ORTEGA.   

“Una  vez  ingresaron  a  las  viviendas,  portando  armas  de fuego, preguntaban que si eran auxiliadores de la guerrilla,  que  si  no obedecían los matarían, saquearon las viviendas, los despojaron de  celulares,  sim  cards,  dinero  en  efectivo,  cédulas  de  ciudadanía, etc.;  entraron  a  la  tienda  de  IRMA  ZORAIDA  DÍAZ  PÉREZ  de  donde sustrajeron  cuchillas  de afeitar, dinero en efectivo (monedas), celulares, botas pantaneras  nuevas,  se llevaron la motocicleta del esposo de IRMA NORAIDA, devolvieron a la  tienda  de NORAIDA,   lugar escogido por los  delincuentes  para  mantener  retenidas  a las víctimas que iban sacando de las  viviendas  saqueadas,  luego que las llevaban al parque del corregimiento, allí  separaron  las  mujeres  de los hombres, después las encerraron en dicha tienda  advirtiéndoles  que  si  salían  de  allí,  por  orden  del  comandante,  los  matarían,  y  luego  de  un  tiempo  aproximado  de hora y media, procedieron a  amarrar   la  puerta  con  alambre  y  lazos  gruesos;  después  los  maleantes  emprendieron  la  huída  en  una  camioneta  de propiedad de JULIO LEONEL DÍAZ  PÉREZ,  a  quien  obligaron a conducirla   hasta   el  punto  llamado  el  filo  de  los  reyes, y una moto de propiedad de PEDRO DÍAZ.   

“Pasado   un   tiempo,   entre   otros,  GUILLERMO   ANTONIO   GÉLVEZ  ORTEGA,  logró  salir  de la vivienda donde  habían  sido  encerrados,  se  comunicó  con las autoridades y les informó lo  sucedido  indicándoles  el  lugar  por  donde los delincuentes (sic); asimismo,  informó  a  los  profesores  y al párroco de Cucutilla para que se colocara en  alerta  a  las  autoridades,  quienes  de  inmediato  ordenaron realizar el plan  candado  e  iniciaron la búsqueda dividiéndose en dos grupos; y es así como a  eso  de  las  dos  de  la  tarde  la  comunidad de VILLA SUCRE (Corregimiento de  Durania)  denuncia  la  presencia  de  personas sospechosas y desconocidas en la  región,  razón  por  la  que  miembros del ejército centraron su atención en  dicho  lugar,  siendo  el soldado FERNANDO CONTRERAS RINCÓN el que inicialmente  observó  cuatro  individuos  con  bolsos  y morrales en el parque principal, al  poco  tiempo  arribó  un bus proveniente de Arboledas ocupado por tres personas  también  desconocidas,  portando morrales, al parecer esperaban vehículo, y es  allí  donde  aparece  JHON  FREDY  BOTELLO  ORTIZ,  conductor,  que había sido  contratado  por  los delincuentes para que los llevaran a Cúcuta; razón por la  cual  los  uniformados del ejército procedieron a identificar a dichas personas  siendo  llevado  para ello a la inspección de policía del lugar, al tiempo que  solicitaron  a la Policía de Cucutilla para que algunas de las víctimas fueran  a  Villa  Sucre  para  que  indicara  si  esos  sujetos eran los que los habían  mantenido retenidos en   San José de la Montaña.   

“Fue así como hicieron presencia en Villa  Sucre  REINALDO  ORTEGA,  JULIO  LEONEL  DÍAZ  y  LUIS ALBERTO ARIAS ORTEGA, en  compañía   de   miembros  de  la  Sijin  de  Pamplona,  y  allí  reconocieron   a  esas  personas  retenidas  por el ejército,  como  los  sujetos  que  habían  ingresado  a  sus  casas,  las saquearon y los  mantuvieron  retenidos; motivo por el cual procedieron los uniformados a revisar  los  maletines que portaban esas personas desconocidas, encontrándose dentro de  ellos  elementos  que  habían  sido  hurtados,  entre  ellos  los documentos de  GUILLERMO  GÉLVEZ  ORTEGA, celulares, sim card, dinero en efectivo y monedas en  bolsas,  botas pantaneras, razón por la que procedió su captura”             (sic).          

2.-        El       18    de  mayo  de  2010,     la    Fiscalía    1ª  Seccional  con  sede en Pamplona,          Norte    de   Santander,   presentó   escrito   de   acusación  en  el  cual  les  imputó  a  los     incriminados  CIRO   ALFONSO   RAMÍREZ   MACHADO,   CÉSAR  JULIO  SALAZAR CANDIA, EDUARD YESID MARTÍNEZ BOTELLO, LUIS  ÁNGEL  GUERRERO  SÁNCHEZ,  BLAS EMILIO RÍOS ESPALZA, OMAR ALEXÁNDER SANDOVAL  GÓMEZ,   YANNCO   JOSÉ   GÓMEZ   y   JHON  FREDY  BOTELLO  ORTIZ,   la   realización  del  concurso  de  delitos  de  hurto  calificado-agravado, secuestro  simple  y  tráfico,  fabricación  o  porte de armas de  fuego,  de  que tratan los artículos 239; 240 inciso  1º;   241   numerales   4  y  11;   168  y  171  (con  las modificaciones  introducidas  por  la  Ley  733  de 2002) y; 365 del Código Penal de 2000.    

3.-   Ante   el   Juzgado   Penal  del  Circuito  con funciones de  conocimiento   de  Pamplona,  el  día  7        de        julio      de     2010  se llevó a cabo la audiencia de formulación de acusación – en  la   cual   la   Fiscalía   acusó  a  los  imputados  del  referido  concurso           de          delitos-,  el    día           30     siguiente    la   audiencia  preparatoria  donde  se  resolvió  sobre  la  pertinencia y conducencia de practicar las pruebas pedidas  por  las  partes  y, posteriormente, los días  17  de agosto, 14, 15, 16  y  17  de  septiembre  de  2010,  el juicio oral. En  esta  última  fecha,  se  anunció    el   sentido   condenatorio  del  fallo  respecto de CIRO  ALFONSO  RAMÍREZ MACHADO, CÉSAR  JULIO  SALAZAR  CANDIA,  EDUARD  YESID  MARTÍNEZ  BOTELLO, LUIS ÁNGEL GUERRERO  SÁNCHEZ,  BLAS  EMILIO  RÍOS ESPALZA, y OMAR ALEXÁNDER SANDOVAL GÓMEZ por el  concurso   de  delitos  de  hurto  calificado-agravado  y  secuestro  simple,  y  absolutorio  por  el  de  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego o municiones,  así como  absolutorio de todos los  cargos  con  relación  a YANNCO JOSÉ GÓMEZ y JHON  FREDY BOTELLO ORTIZ.   

4.- La sentencia  fue   proferida   el   8  de  octubre        de        2010,  y   con   ella   se   puso   fin   a  la  instancia  condenando    a    los    acusados    CIRO    ALFONSO   RAMÍREZ   MACHADO,  CÉSAR  JULIO SALAZAR CANDIA, EDUARD YESID MARTÍNEZ  BOTELLO,  LUIS  ÁNGEL GUERRERO SÁNCHEZ, BLAS EMILIO RÍOS ESPALZA y     OMAR    ALEXÁNDER    SANDOVAL  GÓMEZ  a las           penas         principales        de        veinte  (20)  años de prisión  y  multa  en  cuantía de 440  salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes,  así  como a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio   de   derechos   y  funciones  públicas  por  término  igual   al   de  la  pena  privativa  de  la  libertad,    y  les    negó la suspensión condicional de la  ejecución    de    la    pena   y   la   prisión  domiciliaria,   entre   otras   decisiones,   como  consecuencia      de     encontrarlos       coautores      penalmente   responsables  del  concurso  de  delitos  de hurto  calificado-agravado  y secuestro simple, a   ellos  imputado   en  la  acusación,  al  tiempo  que  los  absolvió  del cargo por el delito de fabricación, tráfico y porte de armas de  fuego  y  municiones  que  también  les  había sido  imputado.   

En     esa     misma     providencia,  se  resolvió  absolver  a los acusados YANNCO JOSÉ  GÓMEZ   y  JHON  FREDY  BOTELLO  ORTIZ por el concurso de delitos de hurto  calificado-agravado,  secuestro simple y tráfico, fabricación o porte de armas  de fuego o municiones.   

5.- Apelada esta  determinación    por    la    defensa  -quien  a  partir  de  manifestar  su inconformidad con la  apreciación   probatoria,   solicitó  revocarla  y  absolver    a    sus  patrocinados,      en      cuanto     consideró  ausentes los presupuestos exigidos por el Código de  Procedimiento  Penal  para proferir fallo de condena,  o  en  su lugar modificarla parcialmente en cuanto a la condena por el delito de  secuestro-,  el Tribunal  Superior        del        Distrito        Judicial        de       Pamplona,    mediante   providencia     de     1º   de   marzo   de  2011 decidió  impartirle  íntegra  confirmación,  al resolver en  segunda instancia la impugnación interpuesta.     

6.-  Contra esta decisión, en oportunidad la  defensa  interpuso recurso extraordinario de casación mediante la presentación  de       la       correspondiente      demanda1,  sobre  cuya admisibilidad se  pronuncia la  Corte.   

LA DEMANDA  

Después de resumir los hechos e identificar  las   partes   intervinientes   en   el  trámite  y  la  sentencia  materia  de  impugnación,  así  como  de  hacer  un relato de lo actuado en las instancias,  con        apoyo       en       las          causales  tercera  y     primera    de  casación,                dos   cargos   postula  el  recurrente contra la  sentencia    del    Tribunal,    en   los    que   denuncia   la  violación  indirecta y     directa     de     la     ley  sustancial, respectivamente.   

En  el  primer  cargo,    sostiene    que    el    sentenciador  incurrió  en  manifiesto desconocimiento de las reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre la cual se ha fundado la  sentencia,  “en  la  medida  en que ha considerado  pruebas  ilícitas  e  ilegales  para  fundamentar  el  fallo objeto de censura,  asimismo  ha incorporado con el mismo fin, prueba testimonial afectada por actos  procesales           ilegales”.   

Al efecto menciona el informe ejecutivo del  18  de abril de 2010; las actas de los derechos de los capturados de fecha 17 de  abril  de  2010;  las  de incautación de elementos suscritas por los policiales  Arley  Muñoz,  Cristian  Camilo  y  Hugo  Andrés  Pérez; al acta de fijación  fotográfica,  practicada  por  Julio  César  Barrera  Uzunaga;  el  informe de  investigador  de  campo del 11 de mayo de 2010 y; el informe del investigador de  campo del 24 de mayo de 2010.   

Sostiene      que      “en  el  marco  del  juicio  oral  este  defensor  cuestionó la  validez  probatoria  de  las  actas de incautación de elementos, señalando que  estos  medios probatorios resultaban ineptos dada su ilicitud e ilegalidad, para  establecer  que  mis representados tenían en su posesión los objetos que allí  se  consignan,  por la potísima e irrebatible razón de que dichas actas fueron  levantadas  en  Pamplona  muchas  horas  después de  producirse  la  retención  de  estas  personas y fueron suscritas por elementos  policiales  que  ni siquiera participaron en la aprehensión o retención de los  sub  judice,  como ellos mismos lo admitieron en su juratoria en el juicio oral,  violándoseles  además  sus  derechos fundamentales al violentarse la garantía  constitucional del debido proceso”.   

Alude  a  los  argumentos    que   utilizó   en   el   curso   del   juicio   oral,  y  que  dice  reiterar  ahora,  con  los  cuales  puso  de  presente  “que  la  pretensión  de la fiscalía en aquél momento soportada en elementos materiales  probatorios  reseñados  en  precedencia,  de  establecer  la  tenencia de estos  elementos  en manos de los acusados debía desestimarse, en la medida en que los  elementos  probatorios  reseñados  son  ilegales  e  ilícitos,  como  se viene  reseñando,  y  como  se  indicó en el juicio oral,  pues  es  claro  que  las  actas  cuestionadas contienen afirmaciones que no son  contestes  con  la realidad histórica (ilicitud). Considero igualmente que esta  ineptitud  derivada  de  su  probada  ilicitud, afecta de manera irremediable el  informe  de  fecha 18 de abril de 2010, en la medida en que la fuente directa de  dicho  informe,  estaba  constituida por las pruebas cuestionadas en precedencia  por  su  ilicitud  e ilegalidad, lo que afectaba obviamente su integridad, hecho  que     debía     generar    como    consecuencia    la    sanción    de    la  exclusión”.   

Seguidamente   cuestiona  el  informe  de  fijación  fotográfica  realizado  por  Julio  César  Barrera,  así  como  la  declaración  de  éste, y  de  igual  modo  las  manifestaciones de las víctimas en los señalamientos que  hicieron    en    contra    de    los   implicados,    pues,   “a  juicio  de  esta  defensa  el  criterio y percepción de las  víctimas   fue   contaminado   al  pretender  efectuar  un  reconocimiento  sin  formalidad  alguna”,  a  lo  cual  agrega  que  la  defensa  “no  ha  dejado de cuestionarse la razón  por  la  cual la Fiscalía en el aspecto de reconocimiento de personas no llevó  a  cabo  una diligencia de reconocimiento formal que garantizara los derechos”  de        los  acusados.   

Considera      que     “la  fiscalía  no  realizó un procedimiento de identificación  conforme  a  las  normas,  suplió  esta  falencia con procedimientos atípicos,  irregulares,  caprichosos, violatorios de la ley y las garantías” de sus representados.   

Seguidamente    se    refiere   a   los  testimonios   presentados  por  la Fiscalía en desarrollo del juicio oral,  “en  el  marco  de  los  cuales,  se efectuaron     mal     llamados  reconocimientos  que adolecen de los defectos de forma y  fondo  que  fueron  señalados  en precedencia, esto es que no se atienden a las  previsiones  del  artículo 251 y ss. del C.P.P. y no fueron más que un intento  desesperado   de   la   Fiscalía   por   salvar   una   acusación  llamada  al  fracaso  por  la calidad  ilícita  e ilegal de la prueba que la sustentaba”,  para  lo cual menciona las declaraciones rendidas por Julio Leonel Díaz Pérez,  Guillermo  Gelvez,  Reinaldo  Ortega,  Juan  Aymer  Gelvez  Ortega, Pedro Gómez  Arias,  Juan  de  Jesús  Gelvez Ortega, Carlos Humberto Pedraza, Teófilo Fabio  Ortega,  Yamile  Villamizar  Rivera,  Aleyda  Jácome, Lucía Gélves de Torres,  Alberto  Gelvez Ortega, Ana Ilsa Villamizar Carrillo, Pedro Pablo Pérez, Martha  Cristina  Prieto,  Rosa  Isabel  Rubio,  José Desiderio Sandoval, José Alberto  Villamizar      Maldonado      e     Irma   Noraida   Pérez,  respecto  de  los  cuales  cuestiona  su  credibilidad.   

Es  del  criterio  que  en  el  caso de sus  asistidos   “hay   una  violación  derivada  del  desconocimiento  de  las  reglas  de producción y apreciación de la prueba por  parte  del  juzgador, al incorporar como fundamento de la sentencia los intentos  vanos  de  identificación  y  señalamiento  realizados  por la fiscalía en su  afán  de sustentar su agónica acusación, pues estos se constituyen en pruebas  ilegales  y  no  pueden  de  ninguna  manera  suplir la prueba formal que la ley  establece para tal efecto”.   

Culmina   el   reparo   manifestando  que  “el   error   evidenciado  al  incorporar  medios  de   prueba   ilegales  e  ilícitos  como  soporte  probatorio  de  la  sentencia,  violando  la  cláusula de exclusión probatoria  existente,  motivo  (sic)  que  la  sentencia condenatoria se fundara en pruebas  ilegal  e  ilícitas  tal  y  como se asevero (sic) en precedencia, lo  que  convierte  tal pronunciamiento en violatorio al principio  general    del    debido    proceso”.    

   

En cuanto tiene que ver con el segundo  cargo, postulado al amparo de  la  causal  primera  de casación, el censor denuncia  que  el  sentenciador  incurrió  en violación directa de la ley sustancial por  aplicación      indebida     de     los  artículos  8,  31 y 168  del C.P.   

Estima  que  el  Tribunal  incurrió  en el  mencionado     error,    tras    considerar  que  al  reducir  las víctimas  a la tienda del caserío,  los    perpetradores    cometieron    el   delito   de  secuestro  simple,  como  conducta  autónoma  e  independiente  de  la de  hurto   calificado,  y  de la violencia que le es  propia  a  dicho tipo penal, “acción que para este  censor  sin  duda  constituía exclusivamente una de las acciones reveladoras de  violencia,    propias    del    delito   de   hurto   calificado,   tendiente  exclusivamente a colocar en  situación   de  indefensión  e  inferioridad  a  las  víctimas”.   

Anuncia que “al  observar   los   testimonios   de   las   víctimas,  éstas   refieren  que  fueron  conminadas  a  dicho  lugar  por  parte de los perpetradores,  previniéndoles  que  debían  permanecer  allí,  en tanto que  cumplían   su  cometido  de  hurtar.  Es  de  anotar  que  las  propias     víctimas     revelaron  que  pudieron  salir  de allí por sus propios medios y  sin  mayor  dificultad, los (sic) que les permitió dar aviso a las autoridades.  No  debe  dejarse  de  lado  además  que  la  intención  de  las  personas que  intervinieron  en el hecho no era diferente a cometer el hurto en cuestión, sin  que  se pueda denotar que pretendían secuestrar a estas personas o violentar su  libertad   personas,   más   que   lo  necesario  e  inherente  a  su  cometido  principal”    (se  destaca).   

Sostiene      que      “los  perpetradores  colocaron a las víctimas en condiciones de  indefensión  o  inferioridad  entre  otras acciones, mediante la conminación a  permanecer  en  un  lugar  determinado,  para  así poder realizar el ilícito y  asegurar el producto del mismo”.   

Apoya su argumentación en el comentario de  algún  autor  nacional  en  relación  con  las  condiciones  de indefensión e  inferioridad,  así  como  en jurisprudencia relacionada con el delito complejo,  el    principio    del  non bis in ídem   y  el  factor  temporal  de  la  privación  de  la  libertad  personal  en  los  atentados  contra el patrimonio  económico.   

Con   fundamento   en   estas   y   otras  consideraciones  en  el  mismo  sentido,  solicita a la Corte casar la sentencia  recurrida   y absolver a sus representados “en  virtud  a  ser  la  sentencia  objeto  de  censura,  violatoria de los preceptos  legales reseñados en precedencia”.   

       

SE CONSIDERA  

1.-  De  tiempo  atrás   la   Corte  tiene  establecido2,    en  criterio  que en esta ocasión se reitera, que la casación no ha sido concebida  como  un  instrumento  que  dé  cabida a la continuación del debate fáctico y  jurídico  llevado  a  cabo  en  un  proceso ya culminado, a manera de instancia  adicional  a  las  normativamente  previstas para el  respectivo     trámite,     sino    que,    por    el    contrario,    corresponde    a   una  sede  única  en  la  que se parte del supuesto que el juicio  ha   terminado  con  la  emisión  de  la  sentencia  de  segunda  instancia y que ésta no solamente  es acertada sino ajustada en  un   todo   al   ordenamiento   jurídico,   cuya   desvirtuación   compete  al  demandante.   

Los intervinientes en la actuación judicial  sólo  pueden lograr dicho propósito a través de la  presentación  de  una demanda escrita, en la que se  identifique  la  sentencia  recurrida, se acrediten la legitimidad y el interés  para  recurrir,  se expresen con claridad y precisión los fundamentos fácticos  y  jurídicos  de  la  pretensión, y se demuestre la objetiva configuración de  uno  o varios de los motivos de casación taxativamente previstos por el Código  de Procedimiento Penal.   

En  el libelo debe demostrarse asimismo, la  necesaria  intervención  de  la  Corte para cumplir, en el caso concreto,   uno  o  más  de  los  fines  inherentes  al  recurso extraordinario, los cuales  aparecen  previstos  por  el artículo 180 del Código de Procedimiento Penal de  2004.  De ninguna otra manera podrían ser entendidas las expresiones contenidas  en  los   artículos  181  y  183  ejusdem,  según las cuales la casación  resulta  procedente  contra  sentencias  de  segunda  instancia  “cuando  afectan  derechos  o  garantías fundamentales”   y  que  en  la  demanda  se  debe  señalar  “de  manera  precisa  y  concisa” las  causales invocadas y sus fundamentos.   

Insiste  la  Corte  en  indicar  que  en el  sistema  procesal  de  que  trata la Ley 906 de 2004 no se exonera al demandante  del  deber  de   cumplir  con unos mínimos requisitos de forma y contenido  que  le  permitan  superar  el  necesario  juicio  de  admisibilidad que por ley  compete  realizar a la Corte. Tanto es esto, que el artículo 184 del mencionado  estatuto  la faculta para no admitir al trámite aquellas demandas en las cuales  se  establezca  que  el impugnante carece de interés, o cuando no se señala el  motivo  de  casación en que apoya la pretensión desquiciatoria contra el fallo  de  segunda instancia, o se dejan de desarrollar clara y precisamente los cargos  que  a  su amparo pretendió formular, “o cuando de  su  contexto  se  advierta fundadamente que no se precisa del fallo para cumplir  algunas       de       las       finalidades       del       recurso”.   

Entre los mencionados requisitos   establecidos   por   el   artículo   183  de  la  Ley  906  de  2004,                  modificado  por  el artículo 98 de la Ley 1395 de 2010,  se  destaca    que    el    censor    debe  interponer el recurso en la  oportunidad legalmente prevista, esto es dentro de   los  5  días  siguientes  a la última notificación, así como presentar la demanda en  un   término   posterior   común  de  30     días,     y    cumplir   la  carga  de  acreditar  la  existencia de interés para acudir a sede extraordinaria.   

El  demandante  tiene  por deber señalar, además, con absoluta precisión la causal o causales  que  apoyan  su pretensión; enunciar, desarrollar y sustentar de manera clara y  precisa  el cargo o cargos que a su amparo pretenda proponer y; demostrar con la  nitidez  requerida,  que  la  intervención  de la Corte en el asunto particular  resulta  necesaria  para cumplir alguna de las varias finalidades previstas para  el  recurso,  tales  como la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los intervinientes en el proceso, la reparación de los agravios  inferidos   a   éstos,  o  la  unificación  de  la  jurisprudencia.   

2.- En el evento que ahora ocupa la atención  de  la Sala, se observa que dichas exigencias básicas no resultan íntegramente  satisfechas  en  la  demanda  de  casación  que  presenta  el  defensor  de los  acusados  CIRO  ALFONSO  RAMÍREZ  MACHADO,  EDUAR YESID MARTÍNEZ  BOTELLO,  LUIS  ÁNGEL  GUERRERO  SÁNCHEZ,  BLAS  EMILIO  RÍOS  ESPALZA   y   OMAR  ALEXÁNDER  SANDOVAL  GÓMEZ.  Los  requerimientos   de  claridad,  concreción  y  debida  fundamentación  de  los  ataques,  que  la  lógica del recurso exige, no son debidamente atendidos en el  libelo.   

Lo   que   la  demanda  evidencia,  es  una  entremezcla  de  conceptos  e  ideas  inconexas  que  lo distancian de lo que en  estricto  rigor debe corresponder al ejercicio del instrumento extraordinario de  impugnación  y  sí  por  el  contrario, lo asemejan a un alegato propio de las  instancias,  es decir no sometido a parámetro lógico o normativo alguno, pues,  en  el  primer  cargo  no solamente sostiene que en la sentencia se incurrió en  errores  de apreciación probatoria, cuya naturaleza y alcance no califica, como  corresponde  proceder  frente a este tipo de desaciertos, sino que da en sugerir  que   en  la  actuación  seguida  contra  sus  representados  se  presentó  la  violación  al  debido proceso y el derecho de defensa -en argumentación propia  de  la  causal  segunda  o  de  nulidad-,  nada  de  lo  cual desarrolla ni, por  supuesto,  demuestra  con  el rigor exigido en sede extraordinaria, pues tampoco  acredita     su    configuración    y    trascendencia.       

El  libelista  dejó    de   demostrar   cómo   el   Tribunal,  con  apoyo  en  la  prueba  practicada  en  el  juicio  oral,   se  equivocó  al declarar establecido,  más  allá de toda duda  razonable,    la   materialidad   de   los  delitos  jurídicamente  denominados hurto    calificado-agravado    y   secuestro   simple,  así  como la responsabilidad penal  de    los         acusados,  como                   coautores         en        la        realización        de        dichas  conductas          delictivas,  y      no      la     pregonada     existencia  de  insalvables dudas sobre  la  existencia  de  la conducta y la responsabilidad penal de los acusados en su  ejecución,  como  corresponde  proceder  cuando  se  denuncia  la  aplicación  indebida  y  la  consecuente  falta de aplicación de  preceptos  sustanciales  por  incurrir  en errores de  hecho  o  de  derecho en la apreciación en        los        medios       de       convicción.   

En  lugar  de  comprobar  la objetiva configuración de los            yerros  probatorios  que  dice  noticiar,  así  como  la  eventual trascendencia de  unos  tales  desaciertos   en  el  sentido del fallo, se dedica a presentar  particulares  consideraciones  fácticas,  para  anteponerlas  al  criterio  del  Tribunal  expresado  en  la  sentencia  de  segunda  instancia,  lo  cual escapa a la lógica del recurso  extraordinario.   

Nótese  que   bajo  el  supuesto  de  haberse  incurrido en violación indirecta de la ley  a    causa    de   la   existencia   de  errores  de  apreciación probatoria, el demandante no   solamente   no   acredita  los  errores  que  dice  noticiar,  en  cuanto que ni siquiera coteja sus asertos con lo  dice   la  prueba  y  lo  que  de  ella  dijeron  los  juzgadores,  sino  que  tampoco  presenta  un  panorama  fáctico  distinto del  declarado  en  el  fallo,  en  el  que  se corrijan los desaciertos que pregona,  dejando   así   sus  reparos  en  solos  enunciados  generales, toda vez que no les da ningún desarrollo  ni demostración con el rigor exigible en sede extraordinaria.   

Sin   tratar   siquiera   de   poner  en  evidencia  el  yerro,  el libelista, a la manera de un alegato más propio de  las  instancias  que  de la casación, se dedica a sostener sin acreditarlo, que  la  prueba  practicada  en  el juicio resulta insuficiente para edificar en ella  una       declaración      de      condena,      pero      no      patentiza    cuáles    en   concreto  fueron  los  medios  de  convicción  en  se basó  el    fallador,   qué   dicen   éstos,    ni  cuáles  sustentan  sus  asertos,  pues no se sabe de  manera  específica  qué  dicen  cada  una  de  las  pruebas    que    se  practicaron   en   el   juicio  oral,  ni     cuál     el     mérito      que      les  fue  conferido  en  el  fallo,  como  tampoco  de  manera  específica  en  qué consistió el error y a qué tipo corresponde, si de hecho  o   de   derecho,    tal   vez  suponiendo  que  en sede extraordinaria la  Corte  debe  proceder  a  verificar    la    existencia    y   contenido   de   la   prueba   así   como   la   valoración   que   de   ella  se  hizo  en  el  fallo,       y     además     desentrañar  si  el  error cometido fue de hecho o de derecho, la  especie  a  que corresponde, y realizar una nueva valoración probatoria como se  pretende   en  la  demanda,  todo  lo  cual  resulta  inaceptable    en    tratándose    de    un   instrumento   extraordinario   de  impugnación.   

          

Sucede  además,  que  no  es cierto que la  sentencia  se  hubiere fundamentado en los informes y  los  reconocimientos  fotográficos  realizados  antes  del  juicio  oral que el  demandante  censura, sino en la prueba practicada en el juicio oral, en especial  de  índole testimonial, en donde las víctimas señalaron de manera inequívoca  a  los perpetradores de los crímenes cometidos, y los investigadores refirieron  las   labores   realizadas  en  orden  a  identificar  e  individualizar  a  los  responsables,   de   suerte   que   para  la  Corte  la inocuidad de los reparos probatorios se   ofrece   manifiesta.   

Como  resultado  de  revisar  los fallos de  instancia,     se     observa     que    los    juzgadores     fundaron  sus  decisiones no en los informes de policía ni en las  actas  de fijación fotográfica, sino principalmente  en  la  prueba  testimonial  proveniente  de  las  víctimas, quienes señalaron  inequívocamente  y de manera indiscutible a todos y cada uno de los partícipes  en  los  reatos,  llegando  incluso  a descartar la participación de dos de los  acusados,  y sin embargo  sobre                  ello  ninguna mención se hace en  el    libelo,    con    lo    cual    los   presuntos  yerros  de  apreciación  probatoria,            quedan         huérfanos    de    acreditación,   en   cuanto   carecen  de verificación en el fallo.    

A  fin  de denotar la falta de razón en la  formulación  del reparo,  cabe   resaltar   que   en   el  fallo  de  primera instancia, que para efectos  de  la  casación  conforma  una unidad jurídica inescindible con el de segundo  grado     en     aquellos     aspectos     que     no    fueron    materia    de  modificación,        el      sentenciador  expresó:   

“Como   se  observa,  son las propias víctimas las que en forma clara y precisa detallan la  participación  y  el  trabajo  delictual  que los acusados LUIS ÁNGEL GUERRERO  SÁNCHEZ,  OMAR  ALEXANDER  SANDOVAL   GÓMEZ,  BLAS  EMILIO RÍOS ESPALZA,  EDUARD  YESID  MARTÍNEZ  BOTELLO,  CÉSAR  JULIO  SALAZAR CANDIA y CIRO ALFONSO  RAMÍREZ  MACHADO  en la comisión de los delitos de Hurto Calificado Agravado y  Secuestro,  del  que  fueron víctimas JULIO LEONEL DÍAZ PÉREZ y otros, según  hechos   ocurridos   el   17   de   abril   de   2010   en   San   José  de  la  Montaña.   

“Estos   testimonios,   ofrecen   plena  credibilidad,  no  sólo  por  provenir de personas que fungen como víctimas de  los  hechos,  sino  por  ser  ellos  quienes  percibieron  de  manera directa la  participación  y  el  trabajo  que  cada  uno de sus señalados ejecutó en los  actos  criminosos  investigados, el contacto personal que tuvieron con ellos; lo  que  sin duda alguna resultó fundamental para el reconocimiento que pocas horas  después       del       insuceso       hicieran       JULIO      LEONEL  DÍAZ PÉREZ, LUIS ALBERTO ARIAS  ORTEGA  y REINALDO ORTEGA ORTEGA, cuando los acusados habían sido retenidos por  miembros  del  Ejército  Nacional  en  Villa  Sucre,  siendo  precisamente esta  circunstancia  la  que  permitió  la  materialización  de  la  captura  de los  encartados,  y luego ser reconocidos en el juicio por  las     demás     víctimas,     como     en     efecto    ocurrió.   

“Sobre  el particular, vale resaltar, que  el  reconocimiento  que  JULIO  LEONEL DÍAZ PÉREZ, LUIS ALBERTO ARIAS ORTEGA y  REINALDO  ORTEGA  ORTEGA hicieron en Villa Sucre de los acusados, horas después  del  insuceso  y  que  permitió  la  judicialización de los hoy procesados, no  puede   ser   desvirtuada   ni  descalificada  su  credibilidad,  teniendo  como  fundamento  la  publicación  que el diario La Opinión hizo de los detenidos el  20  de  abril  de 2010, como vanamente lo pretende la defensa, pues es claro que  dichos  reconocimientos  se  efectuaron  en  Villa  Sucre  el  mismo día de los  hechos,  y  la  publicación  del  periódico se dio 3 días después, es decir,  cuando  los  capturados ya habían sido judicializados. Y si bien es cierto, los  declarantes  en  cita posteriormente tuvieron acceso a dicho periódico, ello en  nada  incidía  frente a los señalamientos que días antes habían hecho, y por  el  contrario,  ese acceso al periódico obedeció a la curiosidad de la noticia  publicada    y    no    como    referente   de   la   identificación   de   los  aprehendidos,    pues   como   quedó   claramente  establecido,  el periódico lo adquirieron en Cucutilla las propias víctimas, e  incluso  fueron  éstas  las  que posteriormente le aportaron esa publicación a  los miembros de Policía Judicial.   

“En igual sentido debemos referirnos a las  demás  víctimas que fueron escuchadas en el juicio oral, donde fueron directas  y  claras  en  señalar las actividades que cada uno de los acusados ejecutó el  17  de  abril  de  2010  en  san  José  de  la Montaña, pues si bien es cierto  refieren  que  tuvieron acceso al periódico la Opinión donde el 20 de abril de  2010  se  publicó  la  foto y los nombres de los ahora acusados, como presuntos  autores  de  tales  hechos; con toda claridad podemos  decir   que  esa  circunstancia  en  nada  incidió  en  el  reconocimiento  que  posteriormente  esas víctimas hicieron en la audiencia de juicio oral, y prueba  de  ello  la  encontramos  en  la  forma  en  que los deponentes sustentaron sus  señalamientos,  donde claramente se tiene que cada víctima dijo qué elementos  le  habían  sido  hurtados,  la  manera  distinta  en  que fueron sometidos, la  descripción  física  que hicieron de cada uno de los victimarios y los motivos  por  los cuales los reconocían, la participación expresa de cada uno de éstos  en  los  hechos;  pues de lo contrario, los deponentes hubieran dado muestras de  uniformidad  en  sus  relatos,  e  incluso  en  el juicio oral hubieran no sólo  individualizado  a  los  procesados,  sino que además los hubieran identificado  por  sus  nombres  como  aparecía en el periódico, cosa que no ocurrió y así  quedó probado en el juicio.   

            

(…)  

“Cierto es, que los informes suscritos por  los  miembros  de  Policía  Judicial  ARLEY  MUÑOZ  GONZÁLEZ, CRISTIAN CAMILO  MEDINA  SUÁREZ,  HUGO  ANDRÉS  PÉREZ  y  JULIO  CÉSAR  BARRERA  ZUSUNAGA, en  relación  con  la  fijación  fotográfica  de  los  elementos  que  le  fueron  incautados  a  los acusados y del vehículo donde fueron encontrados los mismos,  las  actas  de  derechos  de  capturado,  presentan  irregularidades  e inconsistencias en cuanto a la suscripción de los mismos por  parte   de   quienes   no   participaron  directamente  en  dichos  actos,  como  quedó  establecido en el juicio, razón por la cual  el  Despacho  desestima  lo  indicado  en  esos  informes  sobre  esos  temas en  particular, pero ello per  se,   no   puede   desvirtuar   lo   indicado  por  los  investigadores  en  sus  declaraciones,  en especial ARLEY MUÑOZ GONZÁLEZ y  CRISTIAN  CAMILO MEDINA SUÁREZ, en cuanto a que ellos estuvieron en Villa Sucre  en  compañía  de  las  víctimas JULIO LEONEL DÍAZ PÉREZ, LUIS ALBERTO ARIAS  ORTEGA   y   REINALDO  ORTEGA  ORTEGA,  quienes  sirvieron  de  referencia  para  formalizar  la  captura  de  los  hoy  acusados,  luego  que  esas víctimas los  identificaron  como  miembros del grupo de delincuentes que los habían retenido  y  despojado  de  sus  bienes en el corregimiento de San José de la Montaña”  (se destaca).   

Este  aparte  del  fallo  de  primera     instancia,     resulta  elocuente  de la falta de  razón  en  el  demandante,  al  postular  presuntos  errores    en    la  apreciación  probatoria,  pues  los  medios que cuestiona, relacionados con los  informes  de  policía judicial, las atas de derechos de las personas capturadas  y  de  fijación  fotográfica, no tuvieron la relevancia que se les atribuye en  la demanda.   

El  libelista  no  se  percata  que a más de  enunciar  el  yerro,   tenía  por deber realizar un nuevo análisis de los  medios  de  prueba,  los elementos materiales probatorios y la evidencia física  presentados  en  el juicio; valorando los medios que fueron omitidos, cercenados  o  tergiversados,  o  apreciando acorde con los principios técnico científicos  establecidos  para  cada  uno  en  particular  y  las reglas de la sana crítica  respecto  de  aquellos  en cuya ponderación fueron transgredidos los postulados  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  los dictados de experiencia; y  excluyendo  del  fallo  los  supuestos o los ilegalmente practicados o aducidos,  según sea el caso particular.   

Al  no  proceder  de este modo, obviamente no  podía  tomar en cuenta que dicha labor demostrativa debía realizarla de manera  conjunta  respecto  de  la totalidad de los medios discutidos, en confrontación  con   lo  acreditado  por  las  pruebas  debatidas  en  juicio  y  acertadamente  apreciadas,  tal  como  lo  ordenan las normas procesales establecidas para cada  medio  probatorio  en  particular  y  las  que  refieren  el  modo  integral  de  valoración, nada de lo cual siquiera ensaya.   

Es tal entidad la precaria formulación del  reparo,  que  no  indica  de  qué manera habría de  corregirse  en  sede  extraordinaria  el  yerro que pretende noticiar, y cómo la correcta apreciación de  los  medios,  en  conjunto  con  los demás sobre los cuales no concurre ningún  tipo  de desacierto, daría lugar a proferir un fallo en sentido sustancialmente  distinto   al   que   es  objeto  de  censura,  nada  de  lo  cual  demuestra  pese  a que tenía el deber  de  hacerlo, si es que su intención era desquiciar el andamiaje fáctico en que  se sustentó el fallo ameritado.   

Lo  que  en últimas se observa en la demanda  presentada  por  el  defensor,  es  una  discrepancia de criterios en torno a la  valoración  que  en  los fallos se hizo de la prueba, propendiendo  por la  prevalencia  de  sus  personales deducciones sobre el criterio del fallador y no  una  objetiva  transgresión  a  reglas que rigen la aducción de los medios o a  los  postulados  que  gobiernan  la sana crítica en la apreciación probatoria,  como  corresponde  acreditar  cuando  se acude en sede extraordinaria en orden a  denotar  la ilegalidad de la sentencia impugnada, con lo cual se pierde de vista  que  en  tratándose  de  errores  de  apreciación probatoria, éstos deben ser  manifiestos  y  objetivos,  es  decir,  de  tal  entidad  que  den  lugar  a  la  intervención  de  la  Corte para corregir la violación indirecta de la ley por  el  fallo,  y no simplemente para terciar en las discrepancias de las partes con  el   juzgador   de  segunda  instancia,  tan  sólo  porque  no  compartió  los  planteamientos de aquellas.   

Lo  que  se  ofrece en la demanda, no es la  intención  de demostrar la existencia de un error demandable en casación, sino  la  exposición  de  un  criterio particular sobre cómo ha debido proferirse la  sentencia  respecto  del  cual no se está de acuerdo con el juzgador, tan sólo  porque  no  se le dio la razón a la defensa cuando ésta acudió en apelación,  lo que de suyo resulta inadmisible en sede extraordinaria.   

Esto  es lo que se establece cuando formula  una  crítica  general  al  mérito  persuasivo  conferido  por el juzgador a la  prueba         testimonial        practicada  en  el  juicio  y,  tal  vez pretendiendo que la Corte  supla  las  deficiencias  argumentativas que presenta y desentrañe la finalidad  que  se persigue con la interposición del recurso, afirma tan sólo, sin llegar  a  demostrarlo en los precisos términos que han sido señalados en el cuerpo de  este  proveído,  que  contrariando las disposiciones  de  procedimiento  que  gobiernan  la  actividad judicial de apreciación de los  medios    de    convicción,    los    juzgadores    prefirieron    las  pruebas  de  cargo frente a las de  descargo.   

3.-  Esta  misma situación de desapego a los  precisos  requisitos normativamente establecidos para la casación, a los cuales  amplia  y  prolijamente  se  ha  referido  la  jurisprudencia  de esta Corte, se  aprecia  luego  de  analizar  el  enunciado  y  posterior  desarrollo  que se le  pretende imprimir al segundo cargo.   

Si bien sostiene que el sentenciador incurrió  en  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  al  aplicar  indebidamente el  precepto  normativo  que  define  y  sanciona  el  delito  de secuestro, deja de  percatarse  que  tenía  por deber acoger los hechos y las pruebas de los mismos  tal  y  como  fueron  declarados  aquellos  y  ponderadas éstas, y presentar el  disenso  en  el  ámbito  del  estricto  raciocinio  jurídico,  nada de lo cual  siquiera ensaya.   

Nótese,   que   pretendiendo   acreditar  forzadamente   la  configuración  del  yerro  que  dice  noticiar,  afirma  que  “al  observar  los  testimonios  de  las víctimas  estas  refieren  que  fueron  conminadas  a  dicho  lugar  por parte de los perpetradores, previniéndoles  que   debían   permanecer   allí,  en  tanto  que  cumplían  su  cometido  de  hurtar”  (se  destaca),  cuestión,  manifiestamente  diversa  de  las  declaraciones  del  fallo,  en  el  cual  el  sentenciador  es  específico  indicar  que  lo  ocurrido  fue  un asalto por parte de un grupo de  hombres  que  portaban  armas  de  fuego, intimidaron a sus víctimas, a quienes  bajo  amenazas  no  solo despojaron de sus pertenencias sino que en contra de su  voluntad  fueron sacadas de sus viviendas y encerradas en un cuarto, cuya puerta  aseguraron   con   lazos   y   alambre,   para   que   no   pudieran   salir  de  allí.   

            

A  este respecto, plausible se ofrece traer a  colación lo considerado por el Juzgador A quo:   

“La  prueba  testimonial  presentada  y  debatida  por  la  Fiscalía  en  el juicio oral, en especial la constituida por  JULIO  LEONEL  DÍAZ PÉREZ, LUIS ALBERTO ARIAS ORTEGA, GUILLERMO ANTONIO GELVEZ  ORTEGA,  REINALDO  ORTEGA  ORTEGA, JUAN AYNER GELVEZ ORTEGA, PEDRO ALIRIO GÓMEZ  ARIAS,  JUAN  DE  JESÚS  GELVEZ ORTEGA, CARLOS HUMBERTO PEDRAZA ARIAS, TEÓFILO  FABIO  ORTEGA  GÓMEZ, CLEMENCIA TORRADO PLATA, YAMILE VILLAMIZAR RIVERA, ALEYDA  JÁCOME  JÁCOME,  LUCÍA  GELVEZ  DE  TORRES,  ALBERTO  GELVEZ ORTEGA, ANA ILCE  VILLAMIZAR  CARRILLO,  PEDRO PABLO PARRA MONCADA, MARTHA CRISTINA PRIETO ORTEGA,  ALBA  LUZ  PRIETO  ORTEGA,  ROSA  ISABEL RUBIO LIZCANO, JOSÉ DESIDERIO SANDOVAL  MONTES,   JOSÉ   ALBERTO  VILLAMIZAR  MALDONADO,  IRMA  ZORAIDA  DÍAZ  PÉREZ,  se  convierte en prueba fundamental para cimentar la  responsabilidad  penal  en cabeza de CIRO ALFONSO RAMÍREZ MACHADO, CÉSAR JULIO  SALAZAR  CANDIA,  EDUARD YESID MARTÍNEZ BOTELLO, LUIS ANGEL GUERRERO SÁNCHEZ y  OMAR  ALEXANDER  SANDOVAL  GÓMEZ,  toda  vez  que  los deponentes son claros en  señalar  a  éstos  como  las personas que el 17 de abril de 2010, a eso de las  cinco  y  treinta de la mañana, irrumpieron en el corregimiento de San José de  la  Montaña  de la jurisdicción municipal de Cucutilla, y allí sin escrúpulo  alguno  sometieron  bajo  amenaza  a la mayoría de los habitantes del caserío,  los   mantuvieron   retenidos   al   tiempo  que  los  iban  despojando  de  sus  pertenencias,  y  luego  los dejaron encerrados en una tienda, asegurándole las  puertas  con  lazos  y  alambre,  bajo  la  amenaza  que  volverían, para luego  emprender la huída” (se destaca).   

Si  el  demandante pretendía desconocer esta  declaración  fáctica,  era  su deber acudir a la causal tercera para denunciar  la   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  en  orden  a  demostrar  la  configuración  de  algún tipo de error probatorio, determinante de la indebida  aplicación  de  la  disposición  sustancial  que  menciona,  y  no  tratar  de  convertir  un atentado contra el bien jurídico libertad personal, en una simple  circunstancia  de  agravación  proveniente de la indefensión o inferioridad de  la  víctima, cuestión que resulta manifiestamente diversa, incluso si se acude  al  comentario  que  sobre  el  particular hace el tratadista que menciona en la  demanda,  máxime  si  se  toma  en consideración que para consumar el atentado  contra  el patrimonio económico mediante violencia, estructurada ésta a partir  de  las  amenazas  de  atentar  contra  la  vida  e  integridad  personal de las  víctimas  exhibiendo armas de fuego, en el caso concreto no resultaba necesario  privarlas  de  su libertad, como en ese sentido de antaño ha sido reiterado por  la                  jurisprudencia3:   

“Una es la acción que se realiza mediante  el  apoderamiento  con  violencia  de un objeto mueble y otra la de privar de la  libertad  de  locomoción  a  las  personas  que  ejercen  sobre el bien hurtado  posesión,  tenencia o contacto físico. Cada uno de estos actos son separables,  dentro  de la complejidad de un comportamiento, uno supone una maniobra sobre el  objeto  del  hurto,  para  cambiar  su  disponibilidad,  otra supone un retener,  arrebatar  o  sustraer  a  una  persona  de  su autonomía de permanecer o no en  determinado  lugar.  En el aspecto subjetivo, es distinta la representación del  resultado  de un apoderamiento de cosa mueble, que el de privar a una persona de  su  locomoción.  La  voluntad  de  ejercer ambas conductas con sus específicos  resultados  puede  concurrir  en un mismo momento, sin que por ello las acciones  dejen  de  ser  separables. Por ello la posibilidad jurídica plena de conformar  el  concurso  delictual. La Corte se ha referido ya a este preciso aspecto, para  sostener  que  el  breve  tiempo  transcurrido de privación de la libertad y la  consumación  del  hurto  calificado  por  la  violencia  no  es  óbice para la  formación  del  concurso  entre  los  delitos  de  hurto calificado y secuestro  simple”.   

   

Si   en  el  presente  evento  se  toma  en  consideración,  según  fue  declarado  por  los  juzgadores,  que la violencia  ejercida  a  través de la amenaza con armas de fuego se constituyó en el medio  idóneo  y eficaz para llevar a cabo el apoderamiento de los bienes,  a tal  punto  que  con  ello se logró el fin propuesto sin que además fuera necesario  el  traslado  y  posterior  encierro  contra  la  voluntad  de las víctimas, no  resulta  difícil  concluir  que  la  privación  de  la libertad de locomoción  constituyó  una  conducta  independiente  y  autónoma  del  delito  contra  el  patrimonio  económico,  sin  que pudiera tenérsele como medio para asegurar el  producto  del hurto, ni para lograr la impunidad, pues los perpetradores tenían  todos  los elementos a su alcance para huir del lugar y evadir la acción de las  autoridades,  como finalmente lo hicieron en vehículos automotores de propiedad  de los ofendidos.   

4.-  En  síntesis,  la  demanda estudiada no  cumple  las  exigencias mínimas de forma y contenido requeridas para su estudio  de  fondo.  Por tanto, se la  inadmitirá y se ordenará la devolución del  diligenciamiento  al  Tribunal  de  origen, de conformidad con lo previsto en el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004,  pues no se advierte la necesidad de  superar  sus  defectos de forma y contenido para la realización de los fines de  la  casación,  ni  la violación de garantías fundamentales que la Corte esté  en el deber de proteger de manera oficiosa.   

5.- Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia  por  parte del demandante, de conformidad con lo establecido en  el  artículo  184  inciso segundo ejusdem, en la oportunidad, forma y términos  precisados        por        la        Corte4.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de   casación   presentada   por   el   defensor  de  los  acusados  CIRO ALFONSO RAMÍREZ MACHADO, EDUAR  YESID  MARTÍNEZ BOTELLO,  LUIS  ÁNGEL  GUERRERO  SÁNCHEZ,  BLAS  EMILIO  RÍOS ESPALZA y OMAR ALEXÁNDER  SANDOVAL  GÓMEZ,  por  las  razones expuestas en la  motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                        FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS             GUILLERMO            SALAZAR  OTERO                                   JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Fls. 53 y ss. cno. Trib.   

2  Cfr. auto de casación del 5 de diciembre de 2007. Rad. 28653.   

3  Cfr.  Cas de febrero 5 de 2002. Rad. 13662, reiterada en cas. de 24 de noviembre  de 2010. Rad. 30211.   

4  Casación 24322. Auto de 12 de diciembre de 2005.     

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