42193(21-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 353  

Bogotá, D.C., veintiuno (21) de octubre de  dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Resuelve  la Corporación las postulaciones  probatorias  presentadas oportunamente por la defensa del requerido GILBERTO     PIÑEROS     GONZÁLEZ1.   

ANTECEDENTES   

Mediante Nota Verbal No. 4-2-262/2013 del 7  de  junio  de  la  presente  anualidad, la Embajada de la República del Ecuador  impetró  la  detención  preventiva  con  fines  de  extradición del ciudadano  colombiano  GILBERTO  PIÑEROS  GONZÁLEZ, requerido por haberse evadido el 12 de  febrero  último  del  Centro de Privación de la Libertad  “La  Roca”  de  la ciudad de Guayaquil,  donde  se  hallaba  recluido cumpliendo las siguientes sentencias condenatorias:   

i)  Doce  (12)  años  de  reclusión mayor  ordinaria  impuesta  el  24  de  septiembre  de  2002  por el Primer Tribunal de  Garantías  Penales  de  Pichincha por el delito de tráfico de estupefacientes,  determinación  confirmada  por  la  Primera  Sala Penal de la Corte Superior de  Justicia  de  Distrito  el  2  de  febrero  de 2006. El recurso de casación fue  inadmitido por la Corte Suprema el 15 de mayo de 2006;   

ii)  Dieciséis  (16)  años  de reclusión  mayor  ordinaria  por  el  asesinato de Carlos Antonio  Junco  Marrieta,  Raúl  Fabricio  Gómez  Junco,  Orlando  Murillo Rodríguez y  Richard  Rafael  Zambrano  Zambrano, pena establecida  por  el  Primer Tribunal de Garantías Penales de Imbabura en sentencia del 7 de  enero de 2008;   

iii)  Ocho  (8)  años  de reclusión mayor  ordinaria   por   el   delito   de   tráfico   de   estupefacientes,   sanción  impuesta  el 12 de marzo de  2009  por el Segundo Tribunal de Garantías Penales de Pichincha, confirmada por  la Corte Provincial de Justicia el 28 de agosto de 2012;   

iv)  Dieciséis  (16)  años  de reclusión  mayor  ordinaria  dispuesta  el  18  de  enero de 2008 por el Tercer Tribunal de  Garantías   Penales   de   Pichincha   por   el   asesinato   de   Blanca  Cando  Mendieta, proveído frente  al  cual  se  interpuso  recurso  de  casación, declarado improcedente el 17 de  diciembre de 2009 por la Corte Nacional de Justicia.   

Con  fundamento  en esa petición, mediante  Resolución  del  11  de  junio  de  2013,  la  Fiscalía  General de la Nación  decretó    la    captura   de   GILBERTO   PIÑEROS  GONZÁLEZ, la cual le fue notificada el mismo día en  su  sitio  de  reclusión, toda vez que desde el 31 de mayo anterior había sido  aprehendido  por  la  Policía  Nacional  en  virtud  de  la Circular Roja de la  Interpol No. A-1022/2-2013 del 18 de febrero último.   

A  su  vez,  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  con oficio No. DIAJI/GCE No. 1863 del 26 de agosto de 2013 dirigido  a la Cartera de Justicia y del Derecho, conceptuó:   

“Conforme  con  lo establecido en nuestra  legislación  procesal  penal  interna,  me  permito manifestar que los tratados  aplicables al presente caso son:   

El   “Acuerdo   sobre  Extradición”,  suscrito en Caracas, el 18 de julio de 1911.   

La  “Convención  de  las Naciones Unidas  contra  el  Tráfico  Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas”,  adoptada   en   Viena   el   20   de   diciembre  de  1988  (…)”2.   

Por  su  parte,  la  Jefe  de la Oficina de  Asuntos  Internacionales  del  Ministerio  de Justicia y del Derecho, con oficio  No.  OFI13-0022447-OAI-1100  del  2  de  septiembre  de  la corriente anualidad,  remitió  a esta Corporación la solicitud de extradición con la documentación  reunida.   

El 5 de septiembre último, la Sala asumió  el  conocimiento  del  asunto  y  requirió a GILBERTO  PIÑEROS  GONZÁLEZ  la  designación  de  apoderado,  siendo nombrado defensor de confianza.   

PETICIONES  PROBATORIAS   

La defensa pide el recaudo de los siguientes  medios de convicción:   

1)  Ordenar  la  identificación  plena del  requerido  toda  vez que en la Circular Roja se cita indistintamente el apellido  PIÑEIRO   y  PIÑEROS  existiendo  duda  sobre este  aspecto.    

2) Solicitar al país requirente la cartilla  biográfica  completa  del reclamado, luego de lo cual se deberá confrontar esa  información  con  la  identificación  plena  efectuada  al  detenido  por  las  autoridades nacionales.   

3)  En  punto  de  la  formalización de la  documentación,  pide  que  el  país  requirente  remita la orden de detención  2013-1263/SDNPJ  del  13  de febrero de este año, junto con las declaraciones y  demás  pruebas  relacionadas  con el punible de evasión por el que se incoa la  extradición, toda vez que no se aportaron.    

4)  En  atención  al Derecho Internacional  Humanitario,  debe  ordenarse  un  chequeo  médico  especializado, toda vez que  GILBERTO PIÑEROS GONZÁLEZ  padece  varios  problemas  crónicos de salud, los cuales deberán ser tratados,  pues  en  el  lapso  que  estuvo  detenido  en  Ecuador  no fueron atendidas sus  peticiones  por las condiciones infrahumanas de los centros de reclusión de ese  país.   

5)  Solicitar  al  Estado  requirente  la  documentación  que  permita  verificar  la ejecutoria de las conductas aducidas  como   fundamento   de   la   extradición,   pues   no   todas   han  adquirido  firmeza.      

Finalmente, pide que la Sala tenga en cuenta  al  emitir  concepto  que  el país reclamante no ofrece las mínimas garantías  para  amparar  la  vida  e  integridad  de los condenados, quienes vienen siendo  ultimados  en  los  centros  de  reclusión,  en  apoyo  de  lo  cual  aporta un  comunicado de prensa en tal sentido.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

1.   Las   Pruebas   en   el  Trámite  de  Extradición   

Tratándose   de  un  concepto  sobre  la  viabilidad  de  una extradición, según el artículo 502 de la Ley 906 de 2004,  la   Corte   debe  concentrarse  en  corroborar  los  siguientes  aspectos:  (i)  demostración  de  la  plena identidad del solicitado; (ii) validez formal de la  documentación  presentada  como  soporte  de  la  solicitud; (iii) principio de  doble  incriminación;  (iv)  equivalencia  de  la providencia extranjera con la  resolución  de  acusación  colombiana;  (v)  cumplimiento  de los tratados, si  fuere el caso.   

Según  lo conceptuado por el Ministerio de  Relaciones  Exteriores,  “el  tratado  aplicable al  presente  caso  es  el “Acuerdo sobre Extradición”, suscrito en Caracas, el  18  de  julio  de  1911”, razón por la cual son las  exigencias  allí contenidas las que la Corte debe corroborar en este particular  evento.  Del  mismo  modo,  será  en  relación  a  esos  tópicos que resulten  pertinentes,  conducentes  y útiles las solicitudes probatorias de las partes e  intervinientes.   

         El           artículo  I   del   Acuerdo           sobre        Extradición,  también      conocido      como     Acuerdo       Bolivariano       sobre       Extradición,  celebrado  entre  la  República  de  Colombia  y  varios  países americanos,  entre  ellos,  la  República  del Ecuador,  prevé que  cada    uno    de   los  Estados            signatarios,   

“…convienen  en  entregarse  mutuamente,  de  acuerdo  con  lo que se  estipula  en  este  Acuerdo,  los individuos que procesados o condenados por las  autoridades  judiciales  de  cada  uno cualquiera de los Estados contratantes,  como  autores,  cómplices o  encubridores  de  alguno  o algunos de los crímenes o  delitos  especificados en el artículo 2, dentro de la  jurisdicción  de  una  de  las  partes contratantes,  busquen  asilo  o se encuentren dentro del territorio de una de ellas.  Para  que la extradición  se efectúe es preciso que las pruebas  de  la infracción sean tales, que las leyes del lugar  donde   se   encuentren   el  prófugo  o  enjuiciado  justificaría su detención  o  sometimiento a juicio, si la comisión, tentativa o  frustración     del  crimen   o   delito   se   hubiese   verificado   en  él”.   

         Por  su  parte, el artículo IV              prevé       que       “no     se    acordará     la    extradición”  por  delitos  políticos  y el canon V  preceptúa  que  tampoco  se  acordará  la  extradición  en  los siguientes  casos,   

“a)  Si  con  arreglo  a  las  leyes de uno u otro Estado no excede  de   seis   meses   de  privación  de  libertad  el  máximum    de    la    pena    aplicable   a   la  participación que se imputa a la persona reclamada,  en   el   hecho   por   el   cual   se   solicita   la   extradición.   

b) Cuando según  las  leyes del Estado al cual se dirige la solicitud,  hubiere  prescrito  la acción o la pena a que estaba  sujeto el enjuiciado o condenado.   

c)     Si    el    individuo    cuya  extradición se solicita ha sido ya juzgado y puesto  en  libertad o ha cumplido su pena, o si los hechos imputados han sido  objeto  de  una  amnistía o de un  indulto”.   

        A  su  vez,  el  artículo VI    dispone    que    la    solicitud    de    extradición  “deberá  hacerse  precisamente  por  la  vía  diplomática”  y  el  canon  VIII  regula  lo concerniente a los requisitos  de  la  solicitud  de  extradición y al efecto señala   

“La solicitud  de  extradición  deberá  estar  acompañada de la sentencia condenatoria si el  prófugo      hubiese     sido     juzgado     y  condenado;  o  del  auto  de  detención     dictado    por    el    Tribunal    competente,    con    la  designación   exacta   del  delito  o  crimen  que  lo    motivaren,    y    de   la   fecha   de   su  perpetración,  así como  de  las declaraciones u otras pruebas en virtud de las cuales se hubiere dictado  dicho  auto,  en  caso  de  que  el  fugitivo  sólo  estuviere procesado.   

Estos documentos se presentarán  originales  o  en copia, debidamente  autenticada,  y  a  ellos  se agregará una copia del  texto   de   la   ley   aplicable   al  caso,  y  en  cuanto  sea  posible,  las  señas de la persona reclamada.   

La extradición  de  los prófugos, en virtud de las estipulaciones de  este   Tratado,  se  verificará  de  conformidad     con    las    leyes    de    extradición del Estado al cual se haga la demanda.   

En ningún caso  tendrá    efecto    la    extradición   si   el  hecho  similar  no  es  punible  por  la  ley  de  la  Nación   requerida”  (subrayas            propias).   

En resumen, los  aspectos    que   la   Corte   debe   constatar    en   punto   de   emitir  concepto,  son los siguientes:   

     

a. Que  el  pedido de extradición se haya  formulado     por     vía    diplomática  y  se  haya acompañado  de la sentencia condenatoria si el  prófugo      hubiese     sido     juzgado     y  condenado o, en  el  caso de personas procesadas, de  copia  auténtica  del auto de detención  emanado  de  juez  competente  con  la  designación   exacta   del   delito   que   lo   motiva   y   su   fecha  de  perpetración,  de las declaraciones u otras pruebas  en  virtud  de  las  cuales  se hubiere dictado, así  como      las      señas     de     la  persona  reclamada y de las normas  sobre prescripción;     

     

a. Que    las    pruebas   consideradas  por la autoridad judicial del Estado requirente para  dictar   el   auto  de  detención  o  la  sentencia  condenatoria   en   el   estado  requerido  también  pudiesen        justificar        similares      medidas,    si    la   comisión  del  punible se hubiese verificado en  él;     

     

a. Que  el  hecho  por  el que se solicita la extradición  tenga carácter delictivo y una pena  mínima     superior     a    seis    meses    de  privación  de  la  libertad  en el país     requirente     y     en     el     requerido    (principio        de       doble  incriminación);     

     

a. Que    no    esté    prescrita   la  acción  o  la pena, conforme a las leyes del Estado  requerido;     

     

a. Que  el reclamado no haya sido juzgado y  puesto  en  libertad, cumplido su condena o haya sido  amnistiado o indultado por el delito base del requerimiento;     

     

a. Que   no   se   trate   de   un   delito   político   o  conexo  a  él.     

De otra parte, la  Ley   906   de   2004   en   su   artículo  139  señala el deber de rechazar  de  plano  los  “actos  que  sean  manifiestamente  inconducentes,          impertinentes          o          superfluos”,     mientras     que   el  artículo          359          ibídem  dispone “la exclusión,  rechazo  o  inadmisibilidad  de los medios de prueba que, de conformidad con las  reglas  establecidas  en  este  código,  resulten  inadmisibles, impertinentes,  inútiles,  repetitivos  o  encaminados  a probar hechos notorios o que por otro  motivo no requieran prueba”.   

De    igual   manera,   el   artículo  375  de  la  misma  ley  contiene  las  pautas para determinar la pertinencia de las pruebas y subraya la  necesidad     de     que     las     mismas     se     refieran     “directa  o  indirectamente  a  los  hechos    o    circunstancias   relativos   a   la  comisión     de    la    conducta”,   condicionamientos  que  frente  al  trámite  de extradición  deben aplicarse dejando a salvo sus particularidades.   

Así,   la  aducción  y práctica de  pruebas    al    interior    del    trámite    de  extradición    se    rige    por    las  pautas  generales  que reglamentan el recaudo probatorio en el  procedimiento     penal,     imponiéndose     el  análisis  de la conducencia, pertinencia y utilidad  de  los medios de convicción solicitados3, de cara a  los   puntuales   aspectos   que   la   Corte   debe   abordar  al  emitir  su  concepto.  De esta forma, si las pruebas impetradas no  guardan  relación  con  esos  temas,  versan  sobre  hechos   notoriamente   impertinentes   o   carecen   de   utilidad,  deben  ser  desestimadas.   

2.     Solicitudes     probatorias  de    la defensa   

Precisados    los    parámetros  bajo  los  cuales  corresponde  adelantar  la  actividad probatoria en el trámite de  extradición,  la  Sala  encuentra   que   ninguna   de   las   pretensiones   de   la   defensa  pueden  admitirse,  como  pasa  a  explicarse.   

2.1.  La  solicitudes  1  y  2 orientadas a  establecer  la  plena  identidad del requerido carecen de utilidad por cuanto la  República  del  Ecuador  aportó  información  suficiente sobre dicho aspecto,  incluso la extrañada por el peticionario.   

En  efecto,  al  requerimiento se anexó la  fotografía,  los  datos  biográficos  y  la  cartilla decadactilar4    del  reclamado.  Así  mismo,  un  técnico  en dactiloscopia de la Policía Nacional  realizó  cotejo  entre  las  huellas  del  capturado  y  las  que  a  nombre de  GILBERTO PIÑEROS GONZÁLEZ  reposan  en  la  Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil,  corroborando  su  uniprocedencia5.   

Además,  las  manifestaciones  defensivas  contenidas  en  la  postulación  probatoria  que se analiza corroboran cómo el  detenido   por  este  trámite  es  el  mismo  solicitado  por  las  autoridades  ecuatorianas,  en  tanto  se  reconoce haber estado detenido en las cárceles de  ese  país,  donde,  agrega,  no  se  le  prestaron  los  servicios médicos que  necesitaba. Por tanto, no se configura la duda pregonada.   

2.2.  La  petición  orientada  a  que  la  República  de  Ecuador  remita la orden de detención 2013-1263/SDNPJ del 13 de  febrero  de  este  año y las declaraciones y demás pruebas relacionadas con el  punible  de  evasión,  resulta  impertinente  como  quiera  que la solicitud de  extradición    se    orienta    a    obtener   la   entrega   de   PIÑEROS  GONZÁLEZ  para  que continúe  cumpliendo  las  penas  impuestas con antelación por las autoridades judiciales  de esa nación.   

Y  si bien en el requerimiento se menciona  que  el  12  de  febrero  de  2013  GILBERTO PIÑEROS  GONZÁLEZ  se  evadió  de la cárcel “La  Roca” de la ciudad de Guayaquil, lo  cierto  es  que la Nota Verbal No. 4-2-370/2013, por cuyo medio se formalizó la  petición  de  extradición,  se  orienta  a  que  el requerido cumpla las penas  impuestas en las sentencias anexas al requerimiento.   

En  ese  orden,  como  la  petición  de  extradición    no    tiene    como    propósito    procesar   a   GILBERTO   PIÑEROS   GONZÁLEZ  por  el  delito  de  evasión,  resulta  impertinente  el  acopio  de  la citada orden de  detención,  en  tanto  el  canon  VIII  del  Acuerdo  Bolivariano  sobre  Extradición  sólo  exige, en el  evento  de  personas  condenadas,  que la solicitud se acompañe de la sentencia  condenatoria.   

2.3.  El  examen  médico  especializado  tampoco  resulta  pertinente, pues el aspecto que se pretende demostrar no es de  aquellos  que  la  Corte  debe  verificar,  razón  por  la  cual  se denegará.   

Adicionalmente,   cualquiera  autoridad,  nacional  o  extranjera, a cuyo cargo se encuentre una persona detenida, ostenta  la  obligación  de prestarle los servicios necesarios para garantizar su vida y  salud.  Así, en este evento si el requerido padece algún quebranto, serán las  autoridades  penitenciarias  e,  incluso,  la  Fiscalía  General de la Nación,  autoridad  por  cuenta  de la cual se halla detenido, quienes deberán prestarle  la asistencia respectiva.   

No sobra aclarar al defensor que el Derecho  Internacional  Humanitario  por  él  invocado  se  orienta   a regular los  conflictos  armados,  los  métodos  utilizados  en combate por las partes, así  como  las  disposiciones  dirigidas  a  proteger  a las víctimas y a los bienes  susceptibles   de   verse   afectados   por  aquél6.  Por ende, no aplica al caso  bajo examen.   

2.4. La postulación enfocada a obtener de  la  República  de  Ecuador  las  constancias de ejecutoria de las sentencias de  condena  que  fundan la solicitud de extradición resulta superflua en la medida  que  el  artículo  VIII del Acuerdo Bolivariano sobre  Extradición   no   exige  que  el  fallo  base  del  requerimiento  se  halle ejecutoriado, por manera que con el aporte del mismo se  colma tal exigencia.   

3. Cuestión final  

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  inciso  final  del  artículo  500  de la Ley 906 de 2004, una vez en firme este  proveído,  se  dejará  el expediente en Secretaría de la Sala por el término  de  cinco  (5)  días a disposición de los intervinientes en este trámite para  que presenten alegaciones finales.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.  NEGAR  por  improcedentes   las   pruebas   impetradas   por   la  defensa  de  GILBERTO      PIÑEROS     GONZÁLEZ.   

2. En firme esta  determinación,  la  Secretaría  surtirá  traslado  por  cinco (5) días a los  intervinientes  dentro  de  este  trámite,  para  que presenten sus alegatos de  acuerdo  a  lo  dispuesto  en el inciso final del artículo 500 de la Ley 906 de  2004, una vez practicada la prueba ordenada.   

Contra esta decisión procede el recurso de  reposición.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                         FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                                 MARÍA     DEL     ROSARIO     GONZÁLEZ  MUÑOZ              

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ                                LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                            

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 En el  presente  caso  se siguen las pautas de la Ley 906 de 2004 por cuanto los hechos  que  sustentan  la  petición  de  extradición  acaecieron  en  vigencia de esa  normatividad.   Así   mismo,  se  consultan  las  exigencias  previstas  en  el  Acuerdo  sobre Extradición  suscrito  en  Caracas  el  18  de julio de 1911, por ser el tratado aplicable al  caso, según lo conceptuó el Ministerio de Relaciones Exteriores.   

2 Folio  43 carpeta anexa.   

3  Recuérdese  cómo  la  Corporación  ha  decantado  que la prueba es conducente  cuando  ostenta  la  aptitud  legal  para forjar certeza en el juzgador, lo cual  presupone  que  el medio de convicción esté autorizado en el procedimiento; es  pertinente  cuando  guarda  relación  con  los  hechos,  objeto  y  fines de la  investigación  o el juzgamiento; es racional cuando es realizable dentro de los  parámetros  de  la  razón  y,  por  último,  es  útil  cuando reporta algún  beneficio, por oposición a lo superfluo o innecesario.   

4 Cfr.  Folios 10 a 16 del anexo No. 1.   

5 Cfr.  Folios 7 y 8 de la carpeta anexa.   

6 Cfr.  Sentencias   Corte   Constitucional   C-574  de  1992  y  C-177  de  2001.      

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