36460(01-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n°  36460   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA DEL     ROSARIO    GONZÁLEZ DE LEMOS   

Aprobado Acta No. 188.  

         

          Bogotá   D.C.,   junio  primero  (1°)  de  dos  mil  once  (2011).   

  VISTOS  

Corresponde  a la Sala pronunciarse sobre la  admisión  de  las  demandas  de casación presentadas por los defensores de los  procesados  LUIS EMIRO SIERRA PADILLA, JUAN GUILLERMO  ROJAS  MONTOYA,  RICARDO  ALONSO HIGUITA HIGUITA, JOHN ESMEIDER SÁNCHEZ SIERRA,  EULISES     MARÍN     CASTAÑO    y    CARLOS  ARTURO  GÓMEZ  AGUIRRE contra la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior de Medellín el 26 de noviembre de  2010,  mediante la cual confirmó, sin modificaciones, la dictada por el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  de Bello el 19 de mayo anterior que los condenó,  junto     con     Eulises    Marín    Castaño,    por    el    delito    de    homicidio    en    persona  protegida.   

ANTECEDENTES  

Los  hechos por los cuales se procede fueron  declarados  por  el  ad-quem,  de la siguiente forma:   

“Aproximadamente  a las 11:30 de la noche  del  28  de  marzo  de  2005,  el joven Samir Enrique Díaz Galet fue muerto por  personal  militar  adscrito  al  Pelotón Antiterrorista Urbano del Batallón de  Infantería  No.  10  Atanasio  Girardot  del  Ejército  Nacional,  con sede en  Medellín,  al  mando  del  cabo  3 Elvin Andrés Caro Mesa, el dragoneante LUIS  EMIRO  SIERRA PADILLA, el soldado profesional César Rúa Bran como conductor, y  los  soldados  regulares  CARLOS  ARTURO  GÓMEZ AGUIRRE, RICARDO ALONSO HIGUITA  HIGUITA,   JOHN  ESMEIDER  SÁNCHEZ  SIERRA,  Eulises  Marín  Castaño  y  JUAN  GUILLERMO  ROJAS  MONTOYA.  El joven Samir Enrique resultó muerto en un terreno  llano  utilizado  como  cancha  de fútbol, ubicado en el barrio La Gabriela del  municipio  de Bello, hecho que según explicaron los militares ocurrió luego de  haberse  presentado  un  enfrentamiento  armado entre la patrulla y alrededor de  cinco  civiles  entre los cuales se hallaba el hoy occiso, de los que se afirmó  pertenecían     a    la    banda    delincuencial    denominada    ‘Los         Triana’…”.   

Por  razón  de  estos  hechos se dispuso la  apertura  de  la  correspondiente  instrucción  penal, dentro de la cual fueron  vinculados los uniformados en mención.   

Mediante  proveído  interlocutorio del 8 de  septiembre  de  2009,  la  Fiscalía 230 Seccional de Bello calificó el mérito  del  sumario con resolución de acusación por el delito de homicidio en persona  protegida   en   contra  de  los  procesados,  con  excepción  de  César   Rúa  Bran,  respecto  de  quien  ordenó  “compulsar copias del proceso, para que en  cuaderno    separado   se   continúe   con   la   investigación”.   

Contra esta decisión se interpuso recurso de  apelación,  pero  al  no  sustentarse  oportunamente  se  declaró desierto con  providencia del 24 de septiembre ulterior.   

Ejecutoriado  el  calificatorio, la fase del  juzgamiento  se  asignó al Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma sede,  el  cual,  tras  agotar  las  audiencias  preparatoria  y de juzgamiento, dictó  sentencia  de  primer  grado  el  19  de  mayo de 2010 por cuyo medio condenó a  Elvin  Andrés  Caro  Mesa,   LUIS  EMIRO SIERRA  PADILLA,  CARLOS  ARTURO  GÓMEZ  AGUIRRE,  RICARDO ALONSO HIGUITA HIGUITA, JOHN  ESMEIDER  SÁNCHEZ  SIERRA,  Eulises  Marín  Castaño  y  JUAN  GUILLERMO ROJAS  MONTOYA  a las penas principales de trescientos setenta  y  dos  (372)  meses  de  prisión,  multa  por valor de 2.000 salarios mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un  lapso  de  dieciséis (16) años y tres (3) meses, para cada  uno,   tras   encontrarlos  coautores  penalmente  responsables  del  delito  de  homicidio  en persona protegida en Samir Enrique Díaz  Galet.   

En  la misma determinación, se los condenó  al  pago  de  perjuicios  materiales y morales en las sumas indicadas, al tiempo  que  les negó el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena y el sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Inconformes  con  la  anterior sentencia, la  impugnaron  los  defensores  de  CARLOS ARTURO GÓMEZ  AGUIRRE,   JOHN  ESMEIDER  SÁNCHEZ  SIERRA, Eulises Marín Castaño, Elvin  Andrés  Caro  Mesa,  JUAN  GUILLERMO ROJAS MONTOYA, RICARDO  ALONSO  HIGUITA  HIGUITA  y  LUIS   EMIRO   SIERRA   PADILLA;   así   mismo,  los  procesados  JOHN  ESMEIDER  SÁNCHEZ  SIERRA, Eulises  Marín   Castaño,   Elvin  Andrés  Caro  Mesa,  JUAN  GUILLERMO  ROJAS  MONTOYA,  RICARDO  ALONSO  HIGUITA  HIGUITA,  LUIS EMIRO SIERRA  PADILLA  y  CARLOS  ARTURO  GÓMEZ AGUIRRE.   

El juzgado de conocimiento, mediante auto de  25  de  junio  de  2010, declaró la deserción de los recursos incoados por los  defensores  de  JOHN ESMEIDER SÁNCHEZ SIERRA, Eulises  Marín   Castaño,   Elvin  Andrés  Caro Mesa, JUAN GUILLERMO ROJAS MONTOYA, RICARDO ALONSO HIGUITA HIGUITA  y   LUIS   EMIRO   SIERRA  PADILLA,  misma determinación que adoptó respecto de  las  impugnaciones  presentadas  por todos los procesados, en tanto “no  fue (ron)  sustentado(s)  dentro de la  oportunidad  que  tenía(n)  para  ello, vale decir, dentro del término legal indicado por la norma procesal  (art.  194  del  C.P.P.),  y  en  el  caso  de  la  abogada  Suárez Mariño fue  presentado en forma extemporánea”.   

Contra  este proveído los defensores de los  procesados   cuya   apelación   fue   declarada   desierta,   así   como   los  sindicados  JOHN  ESMEIDER  SÁNCHEZ  SIERRA, Eulises  Marín   Castaño,   Elvin  Andrés  Caro Mesa, JUAN GUILLERMO ROJAS MONTOYA, RICARDO ALONSO HIGUITA HIGUITA  y LUIS EMIRO SIERRA PADILLA  interpusieron recurso de reposición.   

Por  razón  de  lo  anterior, se surtió el  traslado  referido en el artículo 189, inc. 2°, de la Ley 600 de 2000, sin que  dentro  del  mismo  se  allegara  la  fundamentación  correspondiente.  En  virtud  de  ello,  el  juzgado,  con auto del 19 de julio de ese mismo año, los  declaró desiertos.   

A  su  turno,  con  auto  de  30  de  julio  subsiguiente,  se  concedió  única  y  exclusivamente el recurso de apelación  interpuesto  “por  el defensor del procesado CARLOS  ARTURO GÓMEZ AGUIRRE”.   

Así  fue  como  se  pronunció  el Tribunal  Superior  de  Medellín  el  26  de noviembre de 2010 única y exclusivamente en  relación   con   la   impugnación  presentada  por  el  referido  profesional,  confirmando la decisión.   

Contra  esta  determinación  interpusieron  recurso  extraordinario  de  casación,  mediante  demandas  independientes,  la  defensora  de  LUIS  EMIRO SIERRA PADILLA,  el  defensor  de  JUAN GUILLERMO ROJAS  MONTOYA,  RICARDO  ALONSO  HIGUITA HIGUITA,      JOHN      ESMEIDER      SÁNCHEZ      SIERRA     y  LUIS  EMIRO SIERRA PADILLA   y   el   de   CARLOS   ARTURO  GÓMEZ  AGUIRRE,    cuya    admisibilidad   se   procede   a  analizar.   

LAS DEMANDAS  

          1.   A  nombre  de  LUIS EMIRO SIERRA  PADILLA:   

Formula tres cargos contra el fallo impugnado  del siguiente tenor:   

1.1. Causal tercera. La sentencia fue dictada  en un juicio viciado de nulidad.   

Para  sustentar esta propuesta indica que su  prohijado  fue  condenado  por  el tipo penal estipulado en el artículo 135 del  C.P.,  esto  es,  homicidio en persona protegida, cuando en realidad se trata de  un  homicidio  común,  dado  que  el menor ultimado hacia parte de una banda de  delincuentes,  por  lo  tanto  la conducta no aparece en relación causal con el  conflicto  armado  que caracteriza a los delitos contra el Derecho Internacional  Humanitario.   

En  consecuencia,  depreca  la nulidad de lo  actuado  “desde la fase de investigación cuando se  hizo  por parte del ente fiscal la adecuación típica de la conducta desplegada  por los militares en el sub lite”.   

1.2. Causal primera. Violación directa de la  ley sustancial por interpretación errónea:   

Lo  estructura  a  partir  del  juicio  del  fallador  según  el  cual  todos  los  uniformados  integrantes  de la patrulla  percibieron  el  momento  en que el joven fue retenido y remitido a la cancha de  fútbol,  constituyéndose  en  garantes de sus derechos y libertades, posición  que  rebate  en relación con su prohijado, pues no se encontraba en posibilidad  real  de  impedir  el  resultado  y,  por  lo  tanto,  no  se  le puede atribuir  responsabilidad como coautor impropio.   

Al  respecto reitera que el marco espacial y  las  condiciones  de  modo,  tiempo  y  lugar impedían a su defendido evitar la  muerte  del  joven,  pues, una vez arribaron a la zona, el jefe de la misión le  ordenó  quedarse  con  el  conductor  para garantizar su seguridad y salida del  lugar.   

También  resulta errada, añade, la postura  del  juzgador  en  cuanto  a  que  la  responsabilidad  surge  a título de dolo  eventual,  en  cuanto  éste  presupone  libertad  de  obrar, elemento que no se  verificó  en  relación  con  su  prohijado  por  obedecer una orden legítima,  además  de  que  los uniformados nuca tuvieron en mente asesinar al menor, sino  que ello surgió a raíz de las circunstancias.   

De esta forma estima demostrado que el fallo  en     relación    con    su    prohijado    incurrió    en    responsabilidad  objetiva.   

1.3. Causal primera. Violación indirecta de  la ley sustancial:   

Argumenta  que no se aplicó el in  dubio  pro  reo  a consecuencia de no  haber  apreciado  la declaración del cabo  Elvin  Andrés  Caro  Mesa  sobre la forma como se distribuyó  el  personal  en el operativo, siendo asignado su patrocinado a permanecer en la  camioneta   “cuidando   del  automotor  y  de  los  elementos  militares  que  estaban  en  los  mismos  y  para  atender  cualquier  eventualidad   de   huida  o  salida  forzada  del  lugar  donde  se  hacía  el  operativo”.   

Esta  versión, agrega, se contrapone con la  de  los testigos de la Fiscalía para quienes todos los militares persiguieron a  los       delincuentes,       reteniendo       al       joven       Samir,  a  quien procedieron a asesinar a  sangre  fría,  situación que genera una duda razonable sobre la participación  de   su   defendido   que,   necesariamente,   debe  ser  resuelta  a  su  favor  absolviéndolo del delito.   

          2.   A nombre de JUAN GUILLERMO ROJAS  MONTOYA,   RICARDO   ALONSO  HIGUITA  HIGUITA,  JOHN  ESMEIDER  SÁNCHEZ  SIERRA  y    EULISES    MARÍN  CASTAÑO:   

Su  defensor  formula  un  único  reparo en  contra    del   fallo   impugnado   por   violación   indirecta   de   la   ley  sustancial.   

Después de ahondar en punto de los conceptos  de  ley  sustancial,  in  dubio  pro  reo,  presunción de inocencia y plena prueba para condenar, afirma que  los  falladores  se  equivocaron  al  valorar  la  prueba  y  no frente a una en  particular  “sino  en  la  manera  como  los fallos  impugnados,  analizan  y valoran la totalidad de las pruebas obrantes al proceso  y  las  conclusiones  que  obtienen…dejando  de  lado  una  serie de elementos  fácticos  que  por un lado, cuestionan la credibilidad de los testigos de cargo  y  por  el otro apuntaban a demostrar la hipótesis contrapuesta que invalida la  tesis de la acusación”.   

Para  el actor el yerro de los juzgadores en  esta  materia  se  concretó  a  asumir  como demostrada la tesis expuesta en el  sentido  de  que  el  menor  fue  retenido  por  los militares y conducido a una  explanada  en donde se le dio muerte, sin tener en cuenta que de conformidad con  medios  de  prueba  no considerados se logra establecer que el deceso se produjo  luego  de  un  intercambio de disparos con miembros de la banda delincuencial de  “Los  Triana”,  fruto  del  cual  se produjo el deceso del joven.  Acto  seguido,  afirma  que  la realidad procesal indica la existencia de elementos de  juicio  “que apuntan por igual a ambas hipótesis y  que  ninguna  de  las  dos  se  encuentra  sustentada  en  el suficiente arsenal  probatorio  como  para  permitir  descartar válidamente la que es contraria, es  decir,  que  no  existe  en realidad plena prueba de la responsabilidad penal de  los  condenados  respecto  del  delito por el cual se les condena”.   

Consecuentemente  con ello, en los acápites  siguientes  expone  las razones por las cuales infiere que los testigos de cargo  son  sospechosos  mientras  que  las versiones de los uniformados no exhiben las  supuestas  contradicciones  endilgadas,  existiendo  elementos  de juicio de los  cuales  se  colige  que  hubo  un enfrentamiento armado entre los militares y la  banda.   

Basado en esa disertación, depreca casar la  sentencia  impugnada  “por violación del principio  in  dubio  pro  reo” y, en su lugar, dictar sentencia  de  reemplazo  por cuyo medio se absuelva a su defendido del cargo por el delito  de homicidio en persona protegida.   

2.    A   nombre   de   CARLOS ARTURO GÓMEZ AGUIRRE:   

También postula un solo cargo sustentado en  la   causal   de   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial  “proveniente   de  error  de  hecho  en  la  evaluación  de  las  pruebas”.   

A  partir  de considerar que el ejercicio de  valoración  de  las probanzas exige su análisis conjunto y que en este caso no  se  explica  cómo  su  prohijado  de ser un simple testigo resultó vinculado a  este  asunto,  no  puede sostenerse válidamente “la  forma  como  fue  evaluada  la  prueba,  tanto  en  la medida de aseguramiento y  calificación”.   

Desde   esa   perspectiva   encuentra  que  “en  el  trámite  del  proceso se incurrió en una  irregularidad  de  carácter sustancial, ya que se desconoció el testimonio que  bajo    juramento,    esto    es    se    dejó    de    valorar    (sic),  al  afirmar  CARLOS ARTURO GÓMEZ  AGUIRRE  a lo largo de la plenaria, que jamás disparó el arma de fuego, que no  participó       en       el      ‘supuesto’  intercambio  de  disparos,  ya  que no existe prueba en contrario”.   

Acto  seguido,  señala  que  “este  cargo por falso juicio de existencia, no fue apreciado por  el  Tribunal  en  su  totalidad,  ya  que  otros elementos probatorios no fueron  tenidos   en   cuenta  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín”.   

Acota que de acuerdo con el análisis a fondo  de  la  prueba  “no existe un cargo fundamentado en  contra  de  mi  representado,  se  está partiendo de supuestos, por el hecho de  formar parte de la patrulla”.   

Por  lo  anterior,  colige  que “como  lo  he  señalado  con  antelación,  se  observa con gran  nitidez  el  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  respecto  a la  valoración  del testimonio jurado del señor RAMÍREZ AGUIRRE, falso raciocinio  en  que incurrió el Tribunal Superior de Medellín al no analizarlo frente a la  demás prueba”.   

A  continuación  advierte  que  según  la  doctrina  las  personas  que participan en el designio o en otros actos fuera de  los  de  consumación  son delincuentes accesorios o cómplices en sentido lato,  pues  no  son  admisibles  las  teorías  extensivas  de autor. Por tanto, no es  válido  “desde  el  punto de vista constitucional,  construir  un  concepto  que  permita  a  fuerza  de  apretujones,  ubicar en la  autoría   formas   de   intervención   que  en  el  sentido  estricto  son  de  participación,  con  el  argumento  de  que  lo  que  no  es  participación es  autoría”.   

Recalca sobre el punto que si no hay acuerdo  tampoco   se  concreta  la  coautoría  y  ante  ello  resulta  inexplicable  la  conclusión    del    fallador    al    inferirlo,    incurriendo   “en  un  nuevo  error por falso juicio de raciocinio en la medida  que  desconoció  los postulados de la sana crítica, al aplicar un norma que no  encaja   y   desconocer   directrices  que  se  han  trazado  en  este  tipo  de  circunstancias”.   

Con  sustento en lo expuesto, solicita casar  el  fallo  y  en  su  lugar  proferir  sentencia  absolutoria  en  favor  de  su  prohijado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

Interés    para   recurrir:     

De conformidad con el artículo 213 de la Ley  600   de   2000   “si   el  demandante  carece  de  interés  o  la  demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá  y se devolverá el expediente al despacho de origen” (subrayas fuera de texto).   

Pues  bien,  esta situación se verifica en  relación  con  las  impugnaciones  presentadas por la defensora de LUIS  EMIRO  SIERRA  PADILLA y el defensor  conjunto  de  JUAN  GUILLERMO  ROJAS MONTOYA, RICARDO  ALONSO   HIGUITA   HIGUITA,   JOHN   ESMEIDER   SÁNCHEZ   SIERRA   y  EULISES  MARÍN  CASTAÑO,  toda  vez  que,  como se reseñó en el acápite de la actuación  procesal  de  esta  providencia,  el  recurso de apelación que interpusieron en  contra  de la sentencia de primer grado, directamente los procesados o a través  de   sus  defensores,  mediante  auto  del  25  de  junio  de  2010,  fue  declarado  desierto por el Juzgado  Tercero Penal del Circuito de Bello, por falta de sustentación.   

Es más, como también quedó consignado en  el  apartado  previo  de  antecedentes,  contra dicha decisión los defensores e  implicados  interpusieron  recurso  de  reposición,  pero  hubo de ser también  declarado  desierto  nuevamente por falta de sustentación, como así se indicó  en el auto dictado por la misma autoridad el 19 de julio siguiente.   

Según lo tiene sentado la Sala, constituye  presupuesto  del  derecho  a  la  impugnación  el interés jurídico del sujeto  procesal  que  pretende, a través del ejercicio de los recursos, la reparación  de  un  desmedro causado con una decisión judicial, por cuanto su propósito es  remover,  mejorar  o  atemperar  una  situación  gravosa,  criterio desde luego  extensivo y aplicable a la casación.   

Por  esa misma causa, omitir el agotamiento  de  la  segunda  instancia implica carencia de interés jurídico para acudir al  recurso  extraordinario  de casación, porque no se puede invocar a última hora  un  agravio  que  no  fue objeto del recurso de apelación interpuesto contra el  fallo de primer grado.   

No  obstante  lo  anterior,  de  antaño la  jurisprudencia  de  la  Corte  ha  sido  unánime  en señalar los eventos en lo  cuales  si  bien  no  se  agota el recurso de apelación es viable interponer el  recurso extraordinario, a saber:   

1.-   Cuando   aparezca   demostrado  que  arbitrariamente se impidió el ejercicio del recurso de instancia.   

2.-  Cuando  el  fallo  de  segundo  grado  modifique  su  situación  jurídica,  de  manera  negativa, desventajosa o más  gravosa.   

3.-  Cuando se trate de fallos consultables  que causen perjuicio.   

4.-  Cuando el sujeto procesal proponga  nulidad  por  la  vía extraordinaria, en virtud del carácter prevalente de los  principios y garantías fundamentales.   

A  partir  de  ese  marco  conceptual, debe  precisar  la  Sala  que  como  ni  los procesados LUIS  EMIRO  SIERRA  PADILLA, JUAN  GUILLERMO  ROJAS MONTOYA, RICARDO ALONSO HIGUITA HIGUITA, JOHN ESMEIDER SÁNCHEZ  SIERRA   y  EULISES  MARÍN  CASTAÑO,   ni   sus  defensores  cumplieron  con  la  obligación  de agotar la segunda instancia previa al recurso de casación al no  sustentar  adecuadamente el recurso de apelación interpuesto contra el fallo de  primer  grado,  tal  circunstancia  los  margina  de  la posibilidad de efectuar  reproche  sobre  los  temas  ventilados  en  la demanda, a excepción del primer  reproche  contenido  en  la  demanda presentada por la defensora de LUIS  EMIRO  SIERRA  PADILLA,  en  cuanto  allí  se  postula  una  nulidad  por  indebida  calificación  de  la conducta,  propuesta que compagina con una de las excepciones señaladas.   

Empero,  otra  cosa  sucede  con las demás  censuras  contenidas  en  ese  libelo  y  en la única formulada por el defensor  conjunto  de  los  implicados  JUAN  GUILLERMO  ROJAS  MONTOYA,   RICARDO   ALONSO  HIGUITA  HIGUITA,  JOHN  ESMEIDER  SÁNCHEZ  SIERRA  y    EULISES    MARÍN  CASTAÑO,  en  tanto  no  encasillan  en ninguna de la  excepciones  previstas para el postulado general, por no aparecer demostrado que  de  algún  modo  se les impidió sustentar el recurso de apelación interpuesto  contra  el  fallo  de primer grado ni tampoco se le ocasionó un mayor perjuicio  con  el de segunda instancia para habilitarlos en esta sede. Además, tampoco el  fallo  impugnado  es de naturaleza consultable ni en tales reparos se invoca una  nulidad o la protección de alguna garantía fundamental.   

    

Así  las  cosas,  como  los  censores  no  cumplieron  con  el  deber  de agotar la segunda instancia, tal situación trajo  como  consecuencia  que  no  se  abordara  específicamente la situación de los  procesados  LUIS  EMIRO  SIERRA  PADILLA,  JUAN  GUILLERMO ROJAS MONTOYA, RICARDO  ALONSO   HIGUITA   HIGUITA,   JOHN   ESMEIDER   SÁNCHEZ   SIERRA   y  EULISES  MARÍN  CASTAÑO,  pues,  como  se  extrae  del  fallo del Tribunal, su atención se  centra  en  la situación del único procesado respecto de quien se instauró en  debida    forma    el    recurso    de   apelación,   esto   es,   CARLOS   ARTURO   GÓMEZ  AGUIRRE,  quien  también,        vale        decir,        acude        a        esta       sede  extraordinaria.              

Tal juzgador, de otra parte, no podía tocar  concretamente  la  situación  de  los  mencionados, salvo referencias generales  derivadas  del  hecho  de  que  su  responsabilidad  se  imputó  a  título  de  coautores,  dada  su limitada competencia funcional prevista en el artículo 204  de  la Ley 600 de 2000, motivo por el cual inoportuno resulta en este momento de  la  actuación  procesal  intentar  revivir  una  posibilidad  que  feneció por  haberse  podido  discutir  como fundamento de un recurso de apelación que no se  promovió adecuadamente.         

Por  tanto,  considera  la  Sala  que  los  defensores  de  LUIS EMIRO SIERRA PADILLA,  JUAN  GUILLERMO ROJAS MONTOYA, RICARDO  ALONSO   HIGUITA   HIGUITA,   JOHN   ESMEIDER   SÁNCHEZ   SIERRA   y  EULISES  MARÍN  CASTAÑO carecen  de  interés  para habilitarse en esta sede extraordinaria,  pues   la   inadecuada   sustentación  del  recurso  de  apelación  privó  al  ad  quem  de  pronunciarse  sobre  los  temas  que  ahora  ventilan, salvo lo que sucede, se insiste, con el  cargo  propuesto  en  la  demanda presentada por la defensora del primero de los  mencionados   en   tanto  plantea  una  nulidad,  circunstancia  que  impone  la  inadmisión de la demanda por falta de interés de los impugnantes.   

Lo   anterior  se  constituye  en  razón  suficiente  para  inadmitir  los cargos segundo y tercero de la demanda prestada  por    la    defensora    de   LUIS   EMIRO   SIERRA  PADILLA  y  el  único formulado en la del defensor de  JUAN  GUILLERMO ROJAS MONTOYA, RICARDO ALONSO HIGUITA  HIGUITA,  JOHN  ESMEIDER  SÁNCHEZ SIERRA y EULISES MARÍN CASTAÑO.   

Por  consiguiente, en el apartado siguiente  la  Sala  se ocupará de establecer si el cargo restante del libelo presentado a  nombre  de  SIERRA  PADILLA  (primero,  por  nulidad)  y  la  demanda allegada por el defensor de  CARLOS ARTURO GÓMEZ AGUIRRE, colman los  requisitos de lógica y debida argumentación para su admisión.   

          Presupuestos  de  admisibilidad del primer cargo del libelo a nombre  de    LUIS   EMIRO   SIERRA   PADILLA   y  del  único  cargo  propuesto  en la de  CARLOS   ARTURO   GÓMEZ   AGUIRRE:    

Para  la  Corte  es indudable que el primer  cargo   de   la   demanda   presentada   por   la   defensora   de  LUIS  EMIRO  SIERRA  PADILLA  satisface a  cabalidad  los  presupuestos  de  lógica  y  adecuada  argumentación previstos  legalmente,  motivo  por el cual se dispondrá su admisión y, consecuentemente,  se  ordenará correr traslado al Procurador Delegado para que emita concepto, de  conformidad  con  lo  presupuestado  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600 de  2000.   

          No  ocurre  lo  mismo  con  el  único  cargo esbozado en la demanda  presentada  por  el  defensor  de CARLOS ARTURO GÓMEZ  AGUIRRE,   fundamentado   en  la  causal  primera  de  casación por violación indirecta de la ley sustancial.   

En efecto, el cargo resulta, en cuanto a la  dogmática  propia  del  recurso extraordinario, ininteligible, pues no obstante  aludir  a errores de apreciación probatoria del fallo, en su enunciación no se  define  por  ninguno  en  particular.  Al  contrario,  involucra indistintamente  varias  modalidades de errores como si ninguna diferencia existiera entre ellos,  lo  cual resulta extraño en mayor medida porque al inicio de su fundamentación  transcribe      in      extenso      apartes  de  una  decisión  de  esta  Sala  en  donde claramente se  precisa su diversidad.    

Empero,  el  casacionista  en  su  crítica  dirigida  a  la valoración de la declaración rendida por su defendido antes de  ser  vinculado  al  proceso,  refiere  a  un  error de hecho por falso juicio de  existencia,  pero,  deforma concomitante habla de un falso juicio de identidad y  de   un   falso  raciocinio,  sin  cumplir  en  ninguno  de  los  casos  con  la  demostración  que  les es inherente, máxime cuando es palmario que su objetivo  se  reduce  a  contraponer  su  criterio  personal,  dicho  sea  de paso tampoco  expuesto  con la indispensable claridad, con el de los juzgadores, desconociendo  que  tal  actitud  es  improcedente  en  esta  sede,  no  concebida como tercera  instancia,  y  en  tanto  el  fallo  goza  de  la doble presunción de acierto y  legalidad  para  cuya  desvirtuación no basta con exponer un criterio subjetivo  de valoración que no afecta su legalidad.   

Además,  es  ostensible  que  la  censura  fincada   en   ese   exclusivo   medio   de  convicción  resulta  absolutamente  intrascendente  si  se contrasta con la multiplicidad de elementos de juicio que  sustentan la condena.   

El cargo se inadmitirá.  

         

En   conclusión,   la   Sala   admitirá  únicamente  el  primer  cargo  de  la  demanda  presentada  por la defensora de  LUIS  EMIRO SIERRA PADILLA e  inadmitirá  los  restantes  de ese mismo libelo así como los libelos allegados  por  los  defensores  de los procesados JUAN GUILLERMO  ROJAS  MONTOYA,  RICARDO  ALONSO HIGUITA HIGUITA, JOHN ESMEIDER SÁNCHEZ SIERRA,  EULISES     MARÍN     CASTAÑO    y    CARLOS     ARTURO    GÓMEZ    AGUIRRE.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.  ADMITIR  el  primer  cargo  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora del  procesado   LUIS  EMIRO  SIERRA  PADILLA,  como  se  dejó  precisado  en  la  parte  considerativa  de esta  providencia.     

1. INADMITIR  los  restantes  cargos  del  libelo  presentado  por  la misma profesional y las  demandas   allegadas   por   los   defensores  de  los  procesados  JUAN  GUILLERMO ROJAS MONTOYA, RICARDO ALONSO HIGUITA HIGUITA, JOHN  ESMEIDER  SÁNCHEZ  SIERRA,  EULISES  MARÍN CASTAÑO y  CARLOS     ARTURO    GÓMEZ    AGUIRRE,     por     las     razones    consignadas    en    la    anterior  motivación.     

En  consecuencia,  se  ordena  remitir  la  actuación  a la Procuraduría Delegada para que emita concepto en relación con  el  cargo  admitido,  de  conformidad con lo dispuesto en el artículo 213 de la  Ley 600 de 2000.   

         Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                 JOSÉ    LEONIDAS    BUSTOS    MARTÍNEZ                  

FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO           SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ                      

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  DE LEMOS            

                                                                                   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                     JULIO      E.      SOCHA     SALAMANCA          

      

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

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