36326(08-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36326  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  232  

Bogotá,  D.C., ocho (8) de Julio de dos mil  once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de lógica y debida argumentación de la demanda de casación  presentada    por   el   Procurador   Judicial   II  N° 85 de San Andrés Isla, en contra de la sentencia  de  fecha  10  de  febrero de 2011 emitida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial   de   San   Andrés,   Providencia   y  Santa  Catalina,  por  medio  de  la cual confirmó el fallo de primer grado proferido  por  el  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  de  la misma ciudad que condenó a  CALIXTO  BAYUELO  CUETO  como  coautor  del  delito de fabricación, tráfico  y porte de armas de fuego o  municiones.   

H    E   C   H   O  S   

En la Isla de San Andrés el 24 de diciembre  de  2009, siendo aproximadamente las 3:15 de la tarde, el ciudadano CALIXTO  BAYUELO  CUETO transitaba cerca de  la      estación      de      bombeo     de     la     empresa     “Proactiva”  en  actitud  sospechosa,  motivo  por el cual fue requerido por varios agentes de la Policía Nacional con  el propósito de practicarle una requisa.   

Ante  el  llamado  de la autoridad policial,  BAYUELO  CUETO  extrajo  del  cinto  un  arma,  la  cual  puso en el interior de un hueco ubicado en una pared  cercana;  al  ser  revisada  ésta  por  los  agentes,  fue hallado un revólver  calibre  32,  sin  munición, el cual carecía de los documentos que legalizaran  su porte.   

ACTUACIÓN     PROCESAL   

1.   En  audiencia  preliminar  que  se  realizó el 28 de  octubre  de  2010  ante  el  Juez Tercero Promiscuo Municipal de San Andrés con  funciones  de control de garantías,  a iniciativa del Fiscal Seccional 50,  se  legalizó la captura de  CALIXTO  BAYUELO CUETO y se  le  formuló imputación por  el  punible  de fabricación, tráfico y porte de arma  de  fuego  o  municiones  (artículo  356 del Código  Penal);   a   petición   del   fiscal   el   Juzgado   le  impuso  medida  de  aseguramiento no privativa de  la  libertad  con  la  obligación  de presentarse cuando fuera requerido.    

2. El investigado,  en  audiencia  de  fecha  9  de  noviembre  de 2010, se  allanó  a  la  imputación,  conforme  a  la facultad  establecida  en  el  artículo  288,  numeral  3°, de la Ley 906 de 2004; dicho  acuerdo  que fue aprobado por el juez de conocimiento, quien corrió  a los  intervinientes el traslado del artículo 447 de la Ley 906 de 2004.   

3.   Con   los  anteriores  antecedentes,  en  audiencia  de lectura de fallo celebrada el 25 de  noviembre  de  2010,  se  profirió y leyó la sentencia por medio de la cual el  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  de  San  Andrés  condenó  a  Calixto  Bayuelo  Cueto a la pena principal  de  24  meses  de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la sanción  corporal,  como  autor  del delito de fabricación, tráfico y porte de armas de  fuego  (art.  365  del  Código  Penal, modificado por el artículo 38 de la Ley  1142  de  2007). También ordenó privarlo del derecho a tener y portar armas de  fuego  por  un  periodo  de  24  meses,  y  le  suspendió  condicionalmente  la  ejecución  de  la  pena  y  dispuso  el  comiso  del arma incautada a favor del  Departamento    de    Comercio   de   Armas   del   Comanda   de   las   Fuerzas  Militares.   

4.  La decisión  fue  apelada por el Agente  del  Ministerio  Público  y  confirmada en  segunda  instancia  por  el Tribunal Superior de San Andrés, a  través del  fallo de 1º de febrero de 2011.    

5. Inconforme con  la   decisión   del   Tribunal,   el   agente   del   Ministerio   Público   interpuso   el   recurso  extraordinario de casación y lo  sustentó oportunamente.   

LA  DEMANDA  

A  través  de un cargo único fundado en la  causal  de casación que describe el numeral 1° del artículo 181 de la Ley 906  de   2004,   acusa   la   sentencia   de    incurrir  en  una  violación  directa de la ley sustancial,  al     considerar     que     el     fallador    cometió    una    interpretación  errónea  de las normas  consagradas     en    los    artículos   11   y  365  del  Código  Penal  y  6°  del  Decreto  2535  de  1993.   

En sustento del cargo, sostiene que en este  caso  no  existe antijuridicidad material en la conducta del hoy procesado, como  así  lo  exige  el  artículo  11  del  Código Penal, toda vez que el arma que  portaba  consigo  no  tenía municiones y,   por   lo   mismo,   no  era  idónea  para  causar  daño.    

Tras mencionar algunas reflexiones sobre el  concepto  del  bien  jurídico  de  la  seguridad  pública  y de afirmar que el  sentenciador  interpretó erróneamente las disposiciones que rigen el principio  de  antijuridicidad,  el  casacionista  señala que la Corte debe desarrollar la  jurisprudencia    sobre    el    peligro   que   pueda   representar   un   arma  descargada.   

Con sustento en lo anterior, pide a la Sala  que  case  el  fallo  impugnado  y,  en  consecuencia,  absuelva  a CALIXTO   BAYUELO   CUETO   como  autor  material   del   delito   de   porte   ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Antes de abordar  el  tema  objeto de estudio, es necesario insistir en que en el nuevo el sistema  procesal,  la  casación  se  concibe  como un medio de control constitucional y  legal  que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia con  ocasión  de  los  procesos  a  través  de  los  cuales  se investigan y juzgan  comportamientos  punibles,  cuando  las  decisiones  proferidas  o  el  trámite  surtido  afectan  derechos  o  garantías  procesales.  Por lo mismo, ha de  concluirse  que  este recurso extraordinario es  consecuencia natural de la  función  que  ejerce  la  Corte Suprema de Justicia como Tribunal de Casación,  según  lo determina el artículo 235 de la Carta, y, por ende, guardiana de los  fines   primordiales  contemplados  en  el  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004.   

De   acuerdo   con   la   citada    Ley    906,    para   que   la  demanda   sea   admitida  ,  el   libelista  debe  acreditar  el interés que le  asiste   para   recurrir   a   esta  sede  extraordinaria,  así  como  la   afectación   de   derechos   o   garantías  fundamentales;  para   ello,   deberá    formular    y    desarrollar   los  correspondientes  cargos  y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad  de  intervención  de la Corte para lograr algunos de los fines establecidos para la  casación,  según  lo  previsto  en  el  citado  artículo  180,  es  decir, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos  que,  como lo tiene dicho la  jurisprudencia  de  la  Corte,  son los mismos del proceso penal, lo que explica  que  las  causales  de  casación  tengan  un  diseño  dirigido  a  lograr esos  fines.   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento que permita continuar el debate fáctico y jurídico llevado  a  cabo en el agotado proceso, motivo por el cual no es procedente realizar toda  clase  de  cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias del  trámite,  sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente y sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea de juicio o de procedimiento en que haya  podido  incurrir  el sentenciador, procediendo a demostrarlos dialécticamente y  evidenciado  su  trascendencia,  para de esa manera concluir que la sentencia no  resulta  acorde  con el ordenamiento jurídico, cuya desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2.  Teniendo en  cuenta   los   anteriores   lineamientos,   la   Corte   advierte   que     el  casacionista  carece  de  interés  para acudir a esta  sede  extraordinaria y, además, omite demostrar la necesidad de cumplir con los  fines  de  la  casación,   razones  por  las  cuales, desde ya, anuncia su  inadmisión.   

Respecto  de  lo primero, dígase que lo que  subyace   al   razonamiento   propuesto   por   el  Ministerio  Público  es  un  desconocimiento  al  principio  de  no retractación, toda vez que el procesado,  libremente  y  asistido  por  su  defensor,  se  allanó  de  forma voluntaria y  espontánea  al  cargo  formulado,  con  lo  cual  aceptó que su comportamiento  reunía  los  presupuestos necesarios para ser considerado punible, esto, es que  era  típico,  antijurídico  y  culpable. A su turno, el Juez Segundo Penal del  Circuito,  con  funciones  de  conocimiento  le  impartió  aprobación  a dicha  aceptación en las circunstancias aludidas.   

Por  lo  tanto,  si  una  vez  admitidos los  elementos  de  la  conducta  punible  a través del allanamiento aprobado por el  funcionario  judicial,  el  Ministerio  Público  viene  a  alegar  en esta sede  extraordinaria  que  en  realidad la conducta carece de antijuridicidad material  porque  el  arma no estaba cargada, no hace cosa distinta que desconocer aquello  que fue válidamente aceptado por el imputado.   

En efecto, mientras el Tribunal, con apoyo en  la  aceptación  del  cargo,  apreció  que  el  porte  de  un arma de fuego sin  munición  era  una  conducta  típica y antijurídica, el casacionista pretende  traer  una apreciación de los hechos distinta a la del juzgador, al afirmar que  un  revólver  descargado  no es potencialmente idóneo para poner en peligro la  seguridad  pública,  razonamiento  que,  insiste  la Corte, claramente pretende  desconocer  el principio de no retractación, pues pretende introducir una nueva  discusión  en  relación  con la responsabilidad penal admitida a través de la  propuesta   de   la   ausencia   de   uno   de  los  hechos  del  comportamiento  delictual.   

En  este  punto es necesario recordar que al  optar  por  este  mecanismo,  el  procesado  renuncia  a  una  de las etapas del  proceso,  que  para  el  caso  particular  lo  sería  el juicio oral, lo que se  transforma  en  un  ahorro  de  esfuerzo para la Administración de Justicia que  premia  con  una  rebaja significativa de la pena, por lo que no resulta posible  acudir  a la retractación posterior, restricción que  se   hace  extensiva  al  Ministerio  Público  por  expreso  señalamiento  del  artículo  293  de la Ley 906 de 2004, disposición que  fue    declarada    exequible   por   la   Corte   Constitucional   1. Por lo tanto,  la  falta  de  interés para proponer esta clase de censura en sede de casación  es evidente.   

De otra parte, en lo que tiene que ver con el  razonamiento  que  desarrolla la censura, resulta notorio que el impugnante deja  sin  sustento  su  petición  buscando  que la Sala proceda a admitir la demanda  para  desarrollar  la jurisprudencia, pues olvida que la Corte se ha pronunciado  sobre  la  lesividad  que  acarrea  el  porte  de  armas que no están cargadas.   

En  efecto,  en  providencia  de  la cual el  recurrente  no se ocupa, la Corporación estableció la antijuridicidad material  en  casos  como  el  que  aquí  fue  objeto  de  juzgamiento, en los siguientes  términos:2   

“La conducta referida por la sentencia en  cita,  esto  es,  la  de portar un arma que carece de mecanismos para disparar o  que  se  encuentre  averiada  o  en  estado  de  deterioro y que por lo mismo se  reporta  con  alcances  de  inocuidad,  valga decir, carente de lesividad por su  imposibilidad    de   producir   un   daño   o   peligro   efectivo   al   bien  jurídico3,  no es dable equipararla a los eventos en que la misma no aparece  “cargada”.   

Plantear que en los casos de llevar consigo  un  revólver  o  una  pistola  pero  sin  munición es viable la valoración de  ausencia   de   antijuridicidad   y  la  correlativa  absolución,  como  es  el  planteamiento  que  formula  el  casacionista en éste cargo, no deja de ser una  ingenuidad  dogmática  que  de  acogerse  por vía de la jurisprudencia, de una  parte,  sería  contrario  al principio de reserva o de estricta legalidad, y de  otra,  implicaría  desconocer  que  los  comportamientos  así dados generan un  riesgo  de  perjuicio  no  abstracto  sino  efectivo  y  por  ende son punibles.   

En  ningún  escenario  y menos en el de la  jurisprudencia  penal,  por  ejemplo,  se proyecta viable, racional ni jurídico  llegar  a  disponer  a  través de la exclusión de la antijuridicidad material,  que   la  importación,  tráfico,  fabricación,  reparación,  almacenamiento,  conservación,  adquisición  o  suministro  o  porte  sin  permiso de autoridad  competente  de  un arma de uso privativo de las fuerzas militares pero que no se  halle  con  su  carga o sin municiones deje de ser conducta punible por ausencia  de lesividad.   

En  los  casos  en  que  el  instrumento al  momento  de  la aprehensión de quien lo porta, no tiene funcionalidad por estar  incompleto,  desprovisto  de  piezas  que  lo  hacen  inútil  o inservible, sin  dificultades  se  comprende que se trata de una acción en un todo inocua, sobre  la  cual  no se pueden derivar consecuencias punitivas, y que en caso de hacerlo  traduciría  aplicar  criterios  de  responsabilidad  objetiva  la  que se halla  erradicada   en  los  términos  del  artículo  12  de  la  Ley  599  de  2000.   

En  efecto, conforme a la ley de la causa y  el  efecto,  para  que algo pueda llegar a ser real y concretarse en el mundo de  los  fenómenos  y  los  resultados  primero  tiene  que ser posible, proceso de  acción  que  no  se  cumple en los comportamientos inoperantes antes referidos,  pero   que   sí   se   presenta   tratándose   de  armas  en  perfecto  estado  independientemente  de que se hallen sin proveedor o sin proyectiles, eventos en  los  que  no  es dable pregonar ausencia de lesividad, pues lo cierto es, que en  esas condiciones traducen un peligro real y efectivo.”   

En       otra       decisión  también  hizo  la  siguiente  precisión4 :   

“Con  la   modificación a las leyes  599,  600  de  2000  y  906  de  2004 contenida en la Ley 1142 de 2007, se   ofrece  indiscutible  concluir que su finalidad estuvo inequívocamente dirigida  a   adoptar   medidas   para   la  prevención  y  represión  de  la  actividad  delictiva5;  de  donde  resulta de forzoso discernimiento precisar que no fue  la   intención   del   legislador   –entre  otras-  despenalizar  la  conducta punible de porte de armas  cuando  aquella  se   lleve  sin  la respectiva munición; contrario sensu,  estuvo     guiada     a    aumentar    la    pena6.    He   ahí   la  equivocación del censor.   

jj) Ahora bien, en torno a la discusión que  planteó  el  recurrente, menester igualmente es señalar que el nomen iuris con  el  que  el  legislador  denominó la conducta no comporta disquisición alguna,  como  que se ofreció idéntico al  nominado en el primigenio artículo 365  del  Código  Penal:  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego  o  municiones.   

A  su  turno  la  ley  1142  lo  denominó:  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones.   

Tal   cotejo  pone  de  manifiesto  cuán  infundado se ofreció el reproche.   

jjj)  El  yerro  de la propuesta no termina  ahí.  De cara al sustento medular en que fincó el censor su reproche, esto es,  la  utilización  de  la  “y”  en  la  modificación  del  artículo 365 del  estatuto  sustantivo  por  virtud  del  artículo  38  de la Ley 1142 de 2007 al  terminar  de  enlistar  los  verbos rectores y concretar la acción frente a las  armas de fuego:   

“…Artículo 365. Fabricación, tráfico  y  porte  de  armas de fuego o municiones:  El que sin permiso de autoridad  competente   importe,  trafique,  fabrique,  transporte,  almacene,  distribuya,  venda,    suministre,    repare    o   porte   armas   de   fuego   de   defensa  personal   y  municiones,  incurrirá  en  prisión de cuatro (4) a ocho (8) años…”. Resalte fuera del  texto.   

Ello,   por   sí  solo  no  comporta  la  trascendencia  sugerida  como  tampoco  tiene  la virtualidad de despenalizar la  conducta  como  lo  sugirió  el casacionista, ni mucho menos conduce a proponer  que   el  porte  de  un  arma  exige  como  condición  sine  qua  nom  para  su  penalización,  llevar  consigo  las  municiones,  como  que  prohibido le es al  intérprete,  cuando  el  texto  de  la  norma es clara, brindarle una finalidad  distinta   que   la   que   su   expreso  tenor  literal  se  ofrece7   

.  

Resáltese  que  si  de  conductas de  peligro   se trata, la simple utilización  del  artefacto,   tenga   o   no    munición,   infunde temor a los  asociados,   esto   es,   que   de   manera  real  y  efectiva  afecta  el  bien  jurídico.   

Solamente,  en los supuestos previstos por  el  artículo  6  del  Decreto 2553 de 1993, puede admitirse la atipicidad de la  conducta,  esto  es  cuando  el  arma  pierda  ese carácter, cuando sea total y  permanentemente  inservible.  En modo alguno se elimina la tipicidad porque  de manera ocasional y transitoria no se lleve la munición.”   

De  lo  anterior  se  colige,  sin ninguna  dificultad,  que  en  la  conducta  de  portar un arma sin munición persiste la  violación  al  bien  jurídico  de  la  seguridad pública, mientras aquella se  encuentre   en  funcionamiento,  como  sucede  con  el  revólver  incautado  al  procesado   CALIXTO   BAYUELO   CUETO,  por  manera  que  la  capacidad  o  potencialidad de afectar bienes  jurídicos   atenta   contra   la  convivencia  pacífica  y  tranquila  de  los  coasociados,  como  condición  para  el  desarrollo  y  ejercicio  de todos los  derechos  que  le  asisten  al  ciudadano,  noción  que  no  tiene en cuenta el  demandante    y,    de  ahí,  su  persistencia en  señalar   que   no   hubo   menoscabo   al   bien  jurídico  de  la  seguridad  pública.   

En estas condiciones se pude concluir, como  ya  lo  anticipó  la  Colegiatura,  que al libelista no le asiste interés para  recurrir  en esta sede y, además, no mostró la necesidad de cumplir con alguno  de  los  fines del recurso extraordinario. Por lo tanto, la demanda de casación  será inadmitida.   

6.   Resta   señalar   que  la Corte no  observa  que   con   ocasión  del  fallo impugnado o dentro de la actuación se  hubieren  violado  los  derechos  o  las  garantías  del procesado CALIXTO  BAYUELO  CUETO, como para que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos del libelo para decidir de fondo,  según   lo  dispone  el  inciso  3°  del  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  el  Procurador   Judicial   II  N°  85  de  San  Andrés  Isla,    procede         el         mecanismo         de         insistencia   de   conformidad   con   lo  establecido  en  el  artículo  186 de la Ley 906 de 2004, es necesario precisar  que  como  dicha legislación no regula el trámite a seguir para que se aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación,8 como sigue:   

a)    La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la  Casación   Penal,  siempre  que   el   recurso   no  hubiera  sido  interpuesto por   el      Procurador     Judicial,     el     Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado voto en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda  o   ante   uno   de   los   Magistrados   que   no   haya   intervenido   en  la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento último en que informará de ello al peticionario en un plazo  de quince (15) días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

1.         INADMITIR     la   demanda   de  casación  presentada  por  el Procurador Judicial II  N°    85    de   San   Andrés   Isla.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS BARCELÓ CAMACHO                                         JOSÉ  LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ               

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                  SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ             

         Permiso   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                       MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ GUZMÁN                             JULIO   ENRIQUE   SOCHA  SALAMANCA   

                                                                       

NUBIA      YOLANDA      NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Sentencia C-1195 de 2005 Dr. Araújo Rentería   

2 Auto  del 21 de octubre de 2009 Rad. 32004   

3 Ley  599  de  2000.-  Capitulo  II.-  De  los  delitos de peligro común o que pueden  ocasionar  grave  perjuicio  para  la comunidad y otras infracciones.   

4 Auto  26 de marzo de 2009 Rad. 30769   

5  Gaceta  del Congreso número 418, 29 de septiembre de 2006, ponencia para primer  debate  al  proyecto  de  ley  número 081 de 2006, Senado y 23 de 2006 Cámara:  “…1.  CONTENIDO  Y  ALCANCE  DEL  PROYECTO.   El  proyecto  de ley cuya  ponencia  ponemos  a  consideración  de  las Comisiones Primera Conjuntas busca  modificar  algunas disposiciones de los Códigos Penal y de Procedimiento Penal,  con  dos  objetivos:  el  primero,  prevenir  y  reprimir aquellas conductas que  afectan  la  seguridad  ciudadana, y en segundo orden; una vez transcurrido más  de  un  año  de la entrada en vigencia en los primeros distritos judiciales del  nuevo  sistema  penal acusatorio, introducir algunas modificaciones al mismo que  se    hacen    necesarias    con    base   en   la   experiencia   recientemente  adquirida…”   

6 Id.  página 21   

7       “ARTICULO       27.       <INTERPRETACION  GRAMATICAL>.  Cuando  el  sentido  de  la  ley sea  claro,  no  se  desatenderá  su  tenor  literal  a  pretexto  de  consultar  su  espíritu.   

Pero  bien  se puede, para interpretar una  expresión  oscura  de  la ley, recurrir a su intención o espíritu, claramente  manifestados  en ella misma o en la historia fidedigna de su establecimiento”.  De la Ley 153 de 1887.   

8  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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