36435(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 36435  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

Luis Guillermo Salazar Otero  

                                     Aprobado Acta No. 139   

Bogotá, D.C., dieciocho (18) de abril de dos  mil doce (2012).   

ASUNTO  

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda  sustento del recurso de casación, instaurado por el apoderado de DAVID  SUÁREZ  USUGA,  contra  la  sentencia  del  22  de  febrero  de  2011  proferida por el Tribunal Superior de  Medellín,  mediante  la cual confirmó la emitida el 17 de enero del mismo año  por  el  Juzgado  Diecinueve Penal del Circuito de esa ciudad, que lo condenó a  prisión  de  ciento  doce  (112)  meses, multa de 480 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  un  período  igual  al  de la pena privativa de la libertad, al  mismo  tiempo  que  le  negó  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena  y  la  prisión  domiciliaria, al hallarlo autor responsable del delito de  llevar consigo cocaína.   

HECHOS Y ANTECEDENTES  

En la sentencia de  segunda instancia, fueron relatados de la siguiente manera:   

“El 13 de abril  de   2007   a  las  16:horas,  el  uniformado  de  la  policía Mario Restrepo Posada, en cumplimiento de su  labor,    sorprendió   a   su   compañero     de     institución     David  Suárez  Usura  (sic),  en  la      Cafetería  Restaurante  Florel,  ubicado  en  la  esquina  de la  carrera  43  con  calle 47, sentado al lado de una mesa con una bolsa gris en la  mano,  a  quien  convenció para que se dirigieran al  Comando       de      la      Policía     metropolitana,     donde     se  verificó         el         contenido     del     alijo,    el    cual  resultó   ser   sustancia   de   cocaína, cuyo peso fue de dos mil gramos.   

Es  de  anotar  que  previo al procedimiento  policial,  el  uniformado  Restrepo  Posada,  recibió  información   sobre   la   negociación  que  se  iba  a  hacer  en  el  sitio  y  hora  mencionados”1.   

El  19  de  marzo de  2010,    el       Fiscal       Seccional  59  Delegado  ante  los  Jueces  Penales del Circuito de  Medellín,                presentó        escrito        de  acusación     contra  SUÁREZ  USUGA,  por  el  delito  de  llevar  consigo  cocaína    descrito    en   el   artículo  376 del Código Penal, inciso              tercero2.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

En la demanda se propone un cargo principal y  otro subsidiario.   

1.  Principal.  Con  sustento  en  la  causal  segunda  del  artículo  181  de  la  ley  906  de  2004,  el  censor postula la  violación del derecho de defensa técnica.   

Sustentado  en  la consideración del censor,  según  la  cual, el defensor que representó al acusado actúo desconociendo el  “sistema     penal  acusatorio,    sus   etapas,   técnicas   y   régimen   probatorio”.   

Luego  de  señalar  los  supuestos  yerros  defensivos,  referidos  a  la  alegación  inicial,  a  su  participación en el  interrogatorio  y  contra  interrogatorio de los testigos Mario Antonio Restrepo  Posada  y  Nelson Augusto Velásquez Marín,  a la solicitud de revocatoria  de   la   medida   de   aseguramiento   por  vencimiento  de  términos,  a  las  reconvenciones  del  juez  por  su  actitud  en  el juicio, a la renuncia de los  testigos  llamados por la defensa y a los alegatos de conclusión, considera que  el  acusado  quedó  desprotegido sin que pudiera ejercer la defensa en igualdad  de armas.   

Acompañado   de  citas  jurisprudenciales,  enuncia   los   aspectos   que   a   su  juicio  constituyen  fundamento  de  la  nulidad.   

2. Subsidiario. Falso raciocinio por menoscabo  de los postulados de la sana crítica.   

Después   de  reproducir  la  declaración  estipulada  de  Lina  María  Peláez  Valencia, considera que los juzgadores al  declarar  que  no  existía  duda  razonable  respecto de la responsabilidad del  acusado  con  fundamento  en  los  testimonios de Mario Antonio Restrepo Posada,  Jorge  Luis  Gómez  Camargo y Nelson Augusto Velásquez Marín, se apartaron de  la lógica y de las reglas de la experiencia.   

En  su opinión, la prueba testimonial no fue  apreciada  de acuerdo con las reglas del artículo 404 de la ley 906 de 2004, en  especial   la  de  Peláez  Valencia,  para  después  construir  reglas  de  la  experiencia  y  principios  de  la lógica, que impedirían dar por probado más  allá de toda duda razonable, el compromiso penal del acusado.   

CONSIDERACIONES  

La  demanda  no  reúne  los  presupuestos de  técnica  que  permita disponer su selección, en la medida que los “cargos”  propuestos  incumplen  los  requisitos  formales  y  materiales previstos en los artículos 183 y 184 inciso  2º  de  la  ley  906  de  2004,  al dejar de desarrollarlos mediante una debida  fundamentación lógica y jurídica.   

El  hecho  que la impugnación extraordinaria  esté  contemplada  como control constitucional y legal contra las sentencias de  segunda  instancia,  no  significa  que  los  requisitos propios de la casación  hayan  desaparecido  y  que la demanda mediante la cual se interponga el recurso  no  requiera la enunciación de la causal, el sentido de la violación de la ley  sustancial, la proposición y  fundamentación del cargo formulado.   

La  casación  de  ningún modo ha perdido su  entidad  de  juicio  lógico  jurídico, lo cual obliga al recurrente a observar  las  reglas  que  la  diferencian  de los alegatos de las instancias ordinarias,  mediante  la  proposición  de  cargos  claros y precisos en los que los errores  sean  formulados  de  manera coherente, objetiva y sin contradicciones, dado que  la   interpretación   de  las  alegaciones  hechas  en  la  demanda3,     la  modificación y la readecuación de los reparos, son ajenas a ella.   

Aun   cuando   el   actor   cita   normas  constitucionales,   legales  y  de  instrumentos  internacionales  relativas  al  derecho  del inculpado de estar asistido por un defensor de su confianza y de la  defensa  a  interrogar a los testigos, al igual que jurisprudencia acerca de las  características  esenciales  de  la defensa técnica, la nulidad la sustenta en  las   falencias   del   profesional  que  asistió  a  SUÁREZ  USUGA,  bajo  la  consideración de su falta de conocimiento del proceso acusatorio.   

Sin embargo, no demuestra como era su deber la  incidencia    que    tuvo    en    la    decisión    final,   el   “desconocimiento   del  sistema  penal  acusatorio,  sus  etapas,  técnicas   y   régimen   probatorio”,  porque el cargo lo sustenta en afirmaciones genéricas de acuerdo  con   las  cuales  no  supo  allegar  “los   documentos   que   pretendía  sirviesen  para  demostrar  la  inocencia     de     su    defendido”,  ignoraba la inexistencia de pruebas de oficio y las consecuencias  de  las  estipulaciones  probatorias,  al  punto que el único testimonio que le  ayudaría   a   “su  muy  forzada  teoría  del caso”  lo estipuló.   

Ni es desarrollo del reparo, la renuncia en el  juicio  oral  a  las  pruebas  testimoniales solicitadas por la defensa, pues si  bien  es  cierto  las enuncia en la demanda, no demuestra la trascendencia de su  declinación  en el fallo y cómo de haber sido practicadas las posibilidades de  defensa  serían otras; ni el rechazo del juez de unas pruebas documentales, por  considerarlas  impertinentes  e  inconducentes,  o  en  razón  a  la  solicitud  oficiosa del defensor.   

Además,  no  es  demostrativa  del  cargo la  inoportuna   petición   de  revocatoria  de  la  medida  de  aseguramiento  por  vencimiento   de   términos  elevada  en  el  juicio  oral  ante  el  juez  del  conocimiento,  en  la  medida en que no se sabe de qué manera ese hecho afectó  la defensa del acusado.   

Y el requerimiento del mismo funcionario a la  defensa  para que concretara y ajustara sus preguntas a las reglas técnicas del  contrainterrogatorio,  para  mostrar  “que  no  entendió, a pesar de la insistencia del señor Juez y las  objeciones     de    la    Fiscalía”,  son  presupuestos  que  el  recurrente  omite  desarrollar,  como  también    no   basta   su   manifestación   según   la   cual   “omitió     controlar    preguntas  sugestivas      y/o     compuestas”,  o presentar objeciones.   

Luego  la  intervención  del  juez,  incluso  preguntando  al  acusado   si estimaba conveniente relevar a su abogado, es  insuficiente  para estructurar el reparo, en la medida que no se muestra que las  falencias  de  aquél  le negaron otras alternativas defensivas, al igual que la  inconformidad  del  recurrente  con  la  alegación  final  porque  “se  limita  a  dos puntos”:     a     pedir     “la     pena     menor”  y  a impugnar el fallo condenatorio,  no hace evidente el reproche formulado en la demanda.   

Por   eso,   en   la  acreditación  de  la  trascendencia    limita    su    discurso    a   manifestar   que   “no  conozco  y  es imposible que así  sea   los   resultados   del   proceso”,  y  poner de presente que la igualdad de armas no fue efectiva por  el   desconocimiento   de   “las   técnicas   del  interrogatorio   cruzado  de  testigos”,  como si con ello cumpliera su cometido, cuando su obligación era  la  de  evidenciar  que  las  falencias  en  el ejercicio de la defensa técnica  impidieron  explorar  otras  vías  o  mejores  condiciones  defensivas  para el  acusado.    

Por  el contrario, lo que muestra el actor en  la  demanda  es una participación activa de la defensa, dado que esta presentó  su  teoría  del  caso,  solicitó  pruebas,  intervino  en  su práctica contra  interrogando  a  los  testigos  presentados  por  la  fiscalía, cumplió con su  obligación  de  presentar  la alegación final e impugnó el fallo, de modo que  las  críticas  a  la  forma  en  que fue asumida y el hecho que su ejercicio no  coincida  con  la  visión  del  casacionista,  no  son  motivo  de impugnación  extraordinaria.   

2.  Subsidiario.  Al  igual  que  el  cargo  anterior,   el  actor  limita  su  actividad  a enunciarlo al emprender una  crítica  probatoria  a  la  sentencia,  porque  a  su juicio, los falladores no  tuvieron  en  cuenta  las contradicciones en la descripción física hecha en la  declaración  estipulada  de Lina María Peláez Velandia con la realizada en el  juicio oral por Restrepo Posada y el acusado.   

Ahora   bien,  la  afirmación  de  que  la  declaración  de  la  mujer no fue apreciada conforme con las reglas consagradas  en  el  artículo  404  de  la  ley  906 de 2004, ni las referencias a la figura  jurídica  de  las  estipulaciones  probatorias, son demostrativas de la censura  propuesta   en   la   demanda,   pues  en  ese  sentido  son  insuficientes  sus  consideraciones  según  las  cuales,  “no  se  valoró en su totalidad como se debía realizar”,    ya    que    una   “correcta  valoración  a  las  (sic)  pruebas,  se  vislumbraría una gran duda que no se puede resolver en contra del  procesado”.   

De    modo    que    las    “reglas  de la experiencia”  citadas  en  la  demanda, que no son  tales  sino  simples  deducciones  del  censor  acerca del comportamiento de los  narcotraficantes,  del  negocio,  del poder y del riesgo propio de esa actividad  ilícita,  carecen de entidad para oponerlas a la doble presunción de acierto y  legalidad que acompaña al fallo del Tribunal.   

No basta entonces con enunciarlas, si de ellas  se  trata,  sino  de mostrar que el juzgador aplicó otras que no se avenían al  caso,  equivocó  su  alcance  o  no  tuvo  en cuenta las que eran aplicables al  asunto,  todo  lo  cual le exigía emprender un juicio analítico para demostrar  el  vicio  y  no  hacer  afirmaciones  genéricas  sobre su inconformidad con la  valoración probatoria de las instancias.   

Tampoco  con  manifestar  que la “lógica”  de  una  persona  dedicada al negocio del narcotráfico enseñaría una conducta  distinta  a  la  asumida por el acusado ante el sorprendimiento con el alijo, ya  que  tal  aseveración  no  es  un  principio  de  ella  sino  una  opinión del  recurrente,  que por esa misma razón no corresponde a un error de juicio de los  juzgadores,  quienes gozan de libertad relativa en la apreciación de la prueba,  siempre  que  respeten  las  reglas  de  la sana crítica, cuya inobservancia no  enseña el cargo propuesto en la demanda.   

En  esta  sede  es  ajena  la  discrepancia o  controversia  probatoria  propias  de  las  instancias,  de  modo  que cuando se  postulan  errores  de  hecho  en la apreciación de la prueba, de acuerdo con la  naturaleza  del  vicio propuesto, es deber ineludible del demandante mostrar que  los  errores  no  sólo  son  de  juicio  sino  que  también  trascienden  a la  sentencia, con entidad suficiente para modificar su sentido.   

Luego  las aseveraciones relacionadas con las  contradicciones  que no fueron observadas por los juzgadores, la omisión de las  reglas  de  la sana crítica en la apreciación de la declaración estipulada de  Lina  María  Peláez Velandia y de la “experiencia”,  no   constituyen   sustento   del   cargo   subsidiario,  cuya  enunciación  es  insuficiente para disponer su trámite.   

Por  último, como la sentencia atacada no se  manifiesta  injusta,  ninguno  de  los  motivos  previstos  en el inciso 3º del  artículo  184  de  la  ley 906 de 2004 permite superar los defectos de técnica  anotados a la demanda para decidir de fondo.   

En  consecuencia, la Sala no la seleccionará  ni  dispondrá  su  intervención  oficiosa,  toda  vez  que  no se vislumbra la  afectación  de  los derechos ni la vulneración de las garantías fundamentales  de los intervinientes.   

Contra  la  determinación  que  se adoptará  procede  el mecanismo de insistencia previsto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de 2004, cuyo trámite a falta de regulación legal es el  siguiente:   

“a-  …  sólo  puede  ser  promovida por el demandante dentro de los cinco (5) días siguientes  a  la  notificación  de  la  providencia que inadmite la demanda de casación u  oficiosamente  provocada  dentro del mismo lapso por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación Penal -en tanto no sean recurrentes- el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o  suscrito la inadmisión.   

b-  La respectiva solicitud puede formularse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados que haya salvado voto respecto a la decisión de  inadmitir  o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  no  haya  intervenido  en la  discusión.   

c- Es potestad del funcionario ante quien se  formula  la  insistencia  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para su revisión y en este caso así lo informará al peticionario  en   un   término   de   quince   (15)   días”4   

.  

R E S U E L V E  

Primero.- No admitir  la  demanda  de  casación   presentada  por  el  defensor de DAVID SUÁREZ USUGA.   

Segundo.-  Contra   esta   decisión  procede el mecanismo de insistencia.   

Notifíquese  y  devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ   LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                    FERNANDO       ALBERTO      CASTRO      CABALLERO                    

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                                 MARIA  DEL  ROSARIO  GONZALEZ  MUÑOZ                                                                           

AUGUSTO IBÁÑEZ  GUZMÁN                                                   LUIS   GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                                                                                

JULIO         E.        SOCHA  SALAMANCA                                                                               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                         

NUBIA YOLANDA NOVA GARCIA  

Secretaria  

    

1  Tribunal  Superior  de  Medellín,  febrero  22  de  2001;  folio  240,  carpeta  1.   

2  Folios 17 a 21 de la carpeta.   

3 Corte  Suprema de Justicia: radicado: 25.565 del 8 de junio de 2006.   

4Auto,  diciembre  12  de 2.005, radicación 24322; en el mismo sentido, auto, de mayo 4  de 2006, radicación 25006.     

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