35664(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35664  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente   

                            Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                            Aprobado Acta No. 78.   

          Bogotá, D. C., nueve de marzo de dos mil once.   

VISTOS  

Con  el  fin  de  constatar si satisface las  condiciones   de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de ORLANDO MARTÍNEZ SUÁREZ, contra la sentencia de  segundo  grado  proferida  el 19 de julio de 2010 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Cundinamarca, que confirmó la dictada el 21  de   agosto   de  2007  por  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  Guaduas,  imponiéndole  al  procesado  las  penas  de  cincuenta  y  ocho  (58)  meses de  prisión,  multa  de  10  s.m.l.m.v.  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la pena privativa de la  libertad,   como   penalmente   responsable  de  los  delitos  de  contrato  sin  cumplimiento   de   requisitos  legales  y  falsedad  ideológica  en  documento  público.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los acontecimientos que dieron origen a este  proceso   fueron   relatados   en   las   instancias,   como  se  transcriben  a  continuación:   

   

“El doctor ORLANDO  MARTÍNEZ  SUÁREZ,  en  su  calidad de representante legal del Hospital Hilario  Lugo  de  Sasaima, el día 28 de diciembre de 1996, suscribió tres contratos de  compraventa,  con tres personas diferentes, con el propósito de adquirir: i) un  chasis  Ford  150, por valor de $9.860.000.oo, de un vehículo que era propiedad  de  una  subalterna  en  el hospital, señora MARÍA DEL CARMEN PEÑALOZA, y que  había  sido  dado por la aseguradora como pérdida total, luego de un accidente  acaecido  en Villanueva-Casanare (el 18 de agosto de 1996); ii) una cabina usada  por  valor de $9.860.000.oo y; iii) una carrocería para ambulancia por valor de  $16.224.800.oo.  Elementos  con  los  que se conformó una ambulancia cuyo costo  ascendió     a    $35.944.800.oo…”     

Por  tales  hechos, en resolución del 15 de  noviembre  de 2002, la Fiscalía acusó al procesado ORLANDO MARTÍÑEZ SUÁREZ,  por  los  delitos  de  interés  ilícito  en  la  celebración  de contratos en  concurso  con  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  y  falsedad  ideológica   en   documento  público,  determinación  que  impugnada  por  su  defensor,  fue  modificada  por  la Unidad Delegada ante el Tribunal Superior de  Bogotá  y  Cundinamarca,  que  en proveído del 4 de febrero de 2005 revocó la  acusación  por el delito de interés ilícito en la celebración de contratos y  confirmó la acusación en todo lo demás.   

De la etapa del juicio conoció inicialmente  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Villeta, pero por impedimento de su titular  pasó  al  Juzgado Promiscuo del Circuito de Guaduas, Cundinamarca, despacho que  luego  de  evacuar  las audiencias preparatoria y de juicio, dictó sentencia el  21  de  agosto  de 2007, condenando al procesado ORLANDO MARTÍNEZ SUÁREZ a las  penas arriba referenciadas.   

          La anterior determinación fue impugnada  por  el  defensor  del procesado, siendo confirmada íntegramente en el fallo de  segunda  instancia  que  es  objeto  del  recurso  extraordinario  de casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          La  demanda  de casación, advierte el defensor de ORLANDO MARTÍNEZ  SUÁREZ,  se  encamina  a  atacar  la  condena  por  el  delito  de contrato sin  cumplimiento  de  requisitos  legales, pues no existe inconformidad en lo que se  relaciona    con    el    delito    de   falsedad   ideológica   en   documento  público.   

          Dirigido  a ese propósito, presenta un único cargo al amparo de la  causal  primera  del  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, acusando la sentencia  de  ser  violatoria  por  vía  directa  de  la  ley  sustancial,  por  falta de  aplicación  del  párrafo  3º  del  artículo 71 del Decreto 111 de 1996 y los  artículos  21  y  35 del Código Penal, y la aplicación indebida del artículo  146   del  Decreto  100  de  1980,  que  tipifica  el  delito  de  contrato  sin  cumplimiento de requisitos legales.   

          Sobre  el  alcance  de  la  violación  al  artículo 21 del Código  Penal,  destaca que para condenar a su representado, el Tribunal de Cundinamarca  se  basó en pruebas documentales y testimoniales, pero no hizo una apreciación  sistemática  de  las  mismas,  porque  omitió  el  análisis  del actuar de su  defendido  a  la luz del Decreto 111 de 1996, especialmente lo contemplado en el  párrafo   3º   del   artículo   71,   en   cuanto  dispone  que  “…ninguna  autoridad podría contraer  obligaciones   sobre   apropiaciones   inexistentes,   o  en  exceso  del  saldo  disponible,  o sin la autorización previa del Confis o por quien éste delegue,  para  comprometer vigencias futuras y la adquisición de compromisos con cargo a  los  recursos  del crédito autorizados”.   

            Advierte  que  en  su  sentencia, el Tribunal concluye que en este  caso   se   presentó  “un  nítido  y  grosero  fraccionamiento  del  objeto  del  contrato, para evitar la  licitación  pública  y  favorecer  de  paso  intereses de terceros…”,    valoración    a  priori  que se hizo sin tener en cuenta  el ordenamiento extra penal citado.   

          Señala  que  de  acuerdo con la prueba documental y testimonial, el  valor  de  la  ambulancia requerida no bajaba de $41.000.000, razón por la cual  su  defendido se vio inmerso en el dilema de optar por la compra de una unidad u  optar  por  la  compra  de  sus  partes,  opciones ambas que de todas maneras le  implicaban  problemas  legales,  según  el análisis que hace de las normas que  regulan el presupuesto.   

          Por  lo  tanto,  agrega,  no  es  cierto  que el fraccionamiento del  contrato  obedeció  al  capricho  de  su defendido o al interés de favorecer a  terceros,    sino    que    a    ello    se    vio    impelido    por    razones  presupuestales.   

          Alega  que  la  circunstancia  de  que  el vendedor del chasis, Luis  Emilio  Perdomo,  no  fuera  el  dueño  del  mismo,  no descalifica el contrato  celebrado,  pues  existen  normas de carácter civil que avalan la venta de cosa  ajena,  entre ellas, el artículo 1871 del Código Civil. Además, en materia de  contratación  rige  el  principio de buena fe, al cual se atuvo su representado  al  realizar  el  que  es  objeto del proceso, máxime cuando el chasis comprado  pertenecía       a       un       “salvamento   de   seguros”, que hacia imposible verificar su propiedad.   

          Acusa  de  equivocada  la afirmación de los falladores de instancia  según  la  cual  el  procesado  no verificó suficientes cotizaciones antes del  contrato,  porque  en  realidad  se  recibieron  múltiples cotizaciones, aunque  sólo  una de un chasis usado, con lo cual se cumplió el proceso sin afectar el  principio de publicidad.   

          Agrega  que  la  violación al artículo 35 del Decreto 100 de 1980,  se   consolida   porque   ante  la  inexistencia  del  delito  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales  no  era  posible  hablar  de una conducta  dolosa, culposa o preterintencional.      

         

          Señala  que  en  ninguna  de  las  instancias se dijo concretamente  cuáles  son los requisitos legales esenciales que exige el tipo penal, sino que  sólo    se    hizo    alusión    a    los   requisitos   generales,   aspectos  diferentes.   

          Pide,  en  consecuencia, que se case el fallo impugnado, para que se  absuelva  a  su  defendido del delito de contrato sin cumplimiento de requisitos  legales.   

          Subsidiariamente,  solicita  a  la  Corte  que se tenga en cuenta el  estado  de  salud  actual  del procesado, quien sufre de una enfermedad crónica  terminal,  para  que  se disponga su traslado a un centro médico especializado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De  antaño  viene  enseñando  la Corte que  cuando  se  alega  en  casación  la violación directa de la ley sustancial, al  demandante  no le está permitido plantear la comisión de errores por parte del  juzgador  en  la  tarea  que  le  es  propia, como es la de examinar la prueba y  calificar los hechos.   

Ello  significa que el actor debe asumir los  hechos  tal  como  fueron  declarados en el fallo y, de igual manera, aceptar el  mérito  persuasivo  asignado  a  los diferentes medios de prueba sustento de la  decisión,  pues,  con  esta  específica  modalidad  de  la  causal  primera de  casación  (en el ámbito de la Ley 600 de 2000), lo que le incumbe demostrar es  que   el  yerro  se  cometió  por  exclusión  evidente  de  una  disposición,  selección    errónea    de    la   misma   o   adjudicación   de   un   falso  sentido.   

En  el  presente  caso,  es  evidente que el  censor  no  renunció al debate fáctico y probatorio que le está vedado cuando  del  planteamiento de la infracción de la ley sustancial por la vía directa se  trata,  y  en una equivocada percepción de lo que implica la determinación del  error  de  juicio  anunciado,  entra a cuestionar las conclusiones del juzgador,  aduciendo,  entre  otras alegaciones, que el fraccionamiento del contrato objeto  del  delito,  no  se  dio  buscando  favorecer  a  terceros,  sino  por  razones  presupuestales;  que  su  defendido actuó de buena fe cuando compró el chasis;  que  le fue imposible verificar quién era el dueño del mismo; que el procesado  si  cumplió  con  la verificación de otras cotizaciones, etc., todo lo cual se  opone diametralmente a la valoración asumida por el juzgador.   

Pero si se dejara de lado la clara confusión  sobre  la naturaleza del yerro pretendido, y aceptando que el ataque se encamina  por  la  vía  de  la  violación  indirecta, es evidente que el escrito tampoco  cumple  en lo más mínimo con los presupuestos de una debida fundamentación en  esa  vía, pues lo primero que se echa de menos es la revelación de los errores  supuestamente  cometidos por el Tribunal en el texto mismo del fallo atacado, ya  que  lo  determinante  en  casación,  como  lo  tiene  dicho  la Sala, no es la  presentación  de  otra  faceta  en  la  estimación  de  las  pruebas,  sino el  señalamiento  concreto  de  las  equivocaciones cometidas por el juzgador en el  examen  probatorio  que realiza, aspecto que tampoco asume el demandante, porque  nada  hace  por  identificar los errores en que pudieron incurrir los juzgadores  al  valorar  las  pruebas  y  llegar  a  las  conclusiones  que  cuestiona en su  demanda.   

En  estas  condiciones,  la  Sala  no  puede  precisar  las  pretensiones  del  recurrente,  pues las genéricas e inmotivadas  apreciaciones  formuladas  en  contra  de la sentencia no auspician un juicio de  contraste   válido   entre  lo  que  ésta  dijo  y  lo  que  de  ella  censura  aquél.   

Página contiene parte  resolutiva y firma de 3 Magistrados   

Casación   N°   35.664   –Inadmite demanda-  

Por último, ha de señalarse que revisada la  actuación  no  se  advierte  la concurrencia de alguna de las hipótesis que le  permitirían  a la Corte obrar de conformidad con el artículo 216 de la Ley 600  de 2000.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  ORLANDO MARTÍNEZ  SUÁREZ por su defensor.   

Contra  este auto no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                             FERNANDO    A.    CASTRO  CABALLERO   

Página contiene parte  resolutiva y firma de 3 Magistrados   

Casación   N°   35.664   –Inadmite demanda-  

Página contiene firma  de 6 Magistrados   

Casación   N°   35.664   –Inadmite demanda-  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  L.                            AUGUSTO J.  IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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