35229(01-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  35229   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado acta Nº188  

Bogotá D. C., primero (1°) de junio de dos  mil once (2011).   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  apoderado  de la víctima contra la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Bucaramanga, el 23 de julio de  2010,  mediante  la  cual  confirmó  la  proferida por el Juzgado Tercero Penal  Municipal  con  funciones  de conocimiento de Barrancabermeja, el 4 de marzo del  mismo  año,  que  condenó  a  Oscar  José Serrano Avellaneda como autor de la  conducta punible de lesiones personales culposas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                  

1.  Los primeros  fueron    sintetizados    por    el    Tribunal  Superior  de  Bucaramanga de la  siguiente manera:   

Consta  en  los registros que para el 21 de  septiembre  de  2007,  a  eso  de  las  9 y 30 de la mañana, momentos en que la  señora  Angélica  Ospina  Santos  se  movilizaba  en  su motocicleta de placas  BPS-15A,  marca  Suzuki, por la calle 51 en sentido occidente oriente del barrio  Colombia  de  la  municipalidad  de Barrancabermeja, colisionó con el vehículo  tipo  camioneta,  marca  Toyota  Hillux,  de placas BVJ-735, conducido por OSCAR  JOSÉ  SERRANO  AVALLENEDA,  quien  al movilizarse por la carrera 15A en sentido  norte  sur  omitió  la  señal de pare, lo que produjo el accidente, dentro del  cual  la  primera  en  mención  resultó  con  graves  heridas  en  una  de sus  extremidades  inferiores,  que  ameritaron  una incapacidad médico legal de 130  días  definitivos  y  secuelas consistentes en deformidad física que afecta el  cuerpo  de  carácter  permanente,  perturbación  funcional de miembro inferior  izquierdo  de  carácter transitorio y perturbación funcional del órgano de la  locomoción de carácter transitorio.   

2.   Por  los  anteriores   hechos,   la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  el 13  de  agosto de  2008,  presentó  escrito  de  acusación contra Oscar  José   Serrano   Avellaneda   por   el   delito  de  lesiones personales culposas.   

3.  Como  quiera  que  el  procesado  en  la  audiencia preparatoria se  allanó   a   los   cargos,  el  Juez  Tercero  Penal  Municipal con funciones de  conocimiento     de     Barrancabermeja,    el   4  de  marzo de 2010,   dictó   sentencia   de   primera  instancia   en   la   que   condenó   a   Oscar   José   Serrano   Avellaneda  a     las    penas  principales de 4   meses   y   20   días  de  prisión  y  privación  del  derecho  de  conducir  vehículos  automotores  y  motocicletas  por  el  lapso  de 12 meses, así como  la  sanción  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y  funciones  públicas  por  el  término  igual    al    de   la  pena  privativa  de  la  libertad,  como  autor de la  conducta    punible    de    lesiones    personales  culposas.   

4.  Apelado  el  fallo  por  el  apoderado  de la víctima,       el       Tribunal       Superior      de      Bucaramanga,      el     23  de  julio  de    2010, lo confirmó.   

Contra   la   anterior   decisión,   el  apoderado  de  la  víctima  presentó   demanda   de  casación.   

S   Í  N  T  E  S  I  S    D  E  L   L I B E L O   

El  apoderado de la víctima sin señalar la  causal, textualmente dice:   

La  no  vinculación del tercero civilmente  responsable  al  pago  de  los  perjuicios  violenta  gravemente el ordenamiento  jurídico y no está a cabalidad con la teoría del riesgo.   

Los  jueces  de   primera  y  segunda  instancias   manifestaron  que  el tercero civilmente responsable no tenía  la  custodia material del vehículo y que por consiguiente no era responsable de  los  daños  ocasionados,  basándose  en  un  contrato de arrendamiento con una  fundación.   

La víctima ha sido burlada, toda vez que el  procesado  ni  la  Fundación  tienen algún bien para responder económicamente  con  el  inmenso  daño  ocasionado  a la joven que generó un impacto físico y  sobre todo emocional.   

Por  lo  anterior,  igualmente  se viola el  precepto  legal  que  establece  que  al  vehículo  se  le mantendrá la medida  cautelar  hasta  tanto  no  se  hayan  cancelado  los  perjuicios, la pregunta a  resolver  es  qué  pasa  en este caso con el objeto que ocasionó el daño, hay  que  devolvérselo a la tercero o con él se pagaran los daños ocasionados a la  víctima.   

Está  claro  entonces que se debe casar la  sentencia  de segundo grado e incluir al tercero civilmente responsable para que  sea solidario con el pago del agravio ocasionado a la victima.   

EN RELACIÓN  A LA MULTA  

La  juez de primera instancia y el Tribunal  omitieron  el  deber  legal de condenar al procesado a la multa que por ley debe  imponerse,  si  bien es cierto en primera instancia no se aplicó, era deber del  Tribunal  al  observar el error, corregirlo e imponer la sanción de multa, toda  vez  que  ésta  es  inherente  a  la  pena  de  prisión y quien apelaba era la  víctima  por  lo  que dejaba la puerta abierta al Tribunal para que aplicara la  sanción en principio a la legalidad de la pena.   

Por  lo  anterior  le  solicito  se case de  oficio y se condene al procesado al pago de la multa.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          La casación en la Ley 906 de 2004   

En el nuevo sistema procesal, la casación se  concibe  como  un medio de control constitucional y legal que procede contra las  sentencias  dictadas  en  segunda  instancia  en  los  procesos  adelantados por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías procesales. Por lo mismo, debe  concluirse  que este recurso, concebido como un control constitucional, es   consecuencia  natural  de  la  función  que ejerce la Corte Suprema de Justicia  como  Tribunal  de Casación, según así lo prevé el artículo 235 de la Carta  y,  por  ende,  guardiana de los fines primordiales contemplados en el artículo  180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que    estatuye    la   citada   Ley   906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,  acredite la afectación de derechos o garantías fundamentales,   para    lo    cual    también    deberá   formular  y  desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

De  tal  manera  la  casación  no puede ser  interpretada  sólo  desde,  por  y  para  las causales, sino también desde sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los propósitos  del   proceso   penal   y   con   el   modelo   de  Estado  en  el  que  él  se  inscribe.   

Así, las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    éste    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

Claro que por razón de ésto no puede llegar  a  entenderse que el recurso haya sido morigerado en extremo, al punto de quedar  librado  a  la simple voluntad de las partes sin referencia a ningún parámetro  legal,  y  que  se  convierta en una fórmula abierta para controvertir sin más  las  decisiones judiciales según el albedrío del casacionista, lo cual repugna  a  la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad al  trámite   y   la  prosperidad  de  la  pretensión,  queda  condicionada  a  la  demostración  del  interés  en  el  censor,  la  correcta  selección  de  las  causales,  la  coherencia  de los  cargos  que  a  su amparo  pretenda  aducir,  y  la  debida fundamentación fáctica y jurídica de éstos,  además  de  la  necesidad de acreditar cómo con su estudio se cumplirán uno o  varios    de    los    fines   de   la   casación1.   

Por tanto, la casación no es un instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico llevado a cabo en el  agotado   proceso,   por  lo  que  no  es  procedente  realizar  toda  clase  de  cuestionamientos  a manera de instancia adicional a las ordinarias del trámite,  sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico, coherente y sistemático en el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley, se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o de procedimiento en que haya podido  incurrir   el   sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia, para de esa manera concluir que la sentencia no  está  acorde  con  el  ordenamiento jurídico, cuya desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

Calificación de la demanda  

La Corte examinará los requisitos de lógica  y debida fundamentación desde una doble perspectiva:   

1. En cuanto a la censura principal referida  a  la  exclusión del tercero civilmente responsable de la condena en perjuicios  derivada  de  la  comisión  de  la  conducta  punible,  se  advierte, en primer  término,  que  el  libelista  no  señaló la causal de casación sobre la cual  edifica la censura contra la sentencia de segunda instancia.   

Así mismo, de los argumentos que presenta el  casacionista  como  sustento  del  reproche,  tampoco  la  Corte avizora en qué  consistió  el  yerro  que se le predica al sentenciador, en la medida en que el  discurso  lo  centró  en  informar  que  el  tercero civilmente responsable fue  excluido  a  pagar los perjuicios materiales y morales por razón de la conducta  punible,  en cuanto existía un contrato de arrendamiento sobre el vehículo que  causó la colisión.   

En el mismo sentido, califica que la víctima  fue  burlada, en tanto el procesado como la citada fundación, no tienen dineros  con los que puedan cumplir la condena de perjuicios impuesta.   

Y, considera que se violó un precepto legal  que  no señala respecto a las medidas cautelares que pesan sobre el vehículo y  seguidamente  se  pregunta  ¿quién  cancelará  los  daños  ocasionados  a la  víctima?.   

De tal manera, ninguna de las hipótesis que  presenta  el  censor  evidencia  la  causal de casación y en qué consistió el  vicio,    en    orden   a   que   la   Corte   intervenga   como   Tribunal   de  casación.   

Si  la inconformidad del demandante radicara  en  el  monto  de la condena en perjuicios, que fue fijada en $34.974.704.95, no  tendría  interés  para  demandar en esta sede, según lo preceptuado en la Ley  1425  de  2010, que fijó la cuantía en 425 salarios mínimos legales mensuales  vigentes, situación que en este evento no se cumple.     

2.  El  segundo  argumento  del  libelista,  consistente  en  que  se  vulneró  el principio de legalidad de la pena, habida  cuenta  que  el  acusado no fue condenado a la sanción principal de multa y por  lo   tanto,   carece   de   interés   para   postular   dicho  ataque  en  esta  sede.   

En efecto, de acuerdo con los argumentos que  se  presentaron  como  sustento del recurso de apelación contra la sentencia de  primera   instancia,   esa   hipótesis   no   fue  presentada  como  motivo  de  inconformidad,  en  tanto  la  censura  se  basó en que la pena privativa de la  libertad  impuesta  al  procesado  resultó  ínfima  respecto  a la entidad del  accidente,  las  lesiones  y  secuelas que le produjo a la víctima, y que no se  compartía  la  condena  en perjuicios con relación a los daños materiales y a  la  exclusión  del  pago  de  los  mismos  por  parte  del  tercero  civilmente  responsable.   

Es  decir,  ninguno de los planteamientos en  que  se  fundó el recurso de apelación tenía como objeto discutir la ausencia  de  la  pena  principal de multa, dejada de dosificar por el juzgador de primera  instancia.   

          Por  tanto,  el actor carece de interés para alegar en casación la  violación  del principio de legalidad de la pena, máxime cuando la sanción de  multa  no  forma parte de los perjuicios que debe recibir la víctima por razón  de la comisión de la conducta punible.   

          3.  De otro lado, la Sala advierte que en este asunto se vulneró el  principio  de  legalidad  de  la pena con relación a la sanción de multa, toda  vez  que  el  artículo  contentivo  del delito por el que fue condenado Serrano  Avellaneda  la contemplaba, en especial, el artículo 112, inciso 3°, de la Ley  599  de  2000,  al  regularla  de 13.33 a 30 salarios mínimos legales mensuales  vigentes.   

          Sin  embargo,  la  Corte  no  dará el trámite correspondiente para  proceder  a  reparar  dicha transgresión, pues ello sería atentar contra la no  reforma   en   peor   reglada   en   el   artículo   31   de  la  Constitución  Política.     

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  se hayan violado  derechos  o  garantías  de la víctima, como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

El mecanismo de la insistencia  

Al amparo del artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuando  la  Corte  decida  no  darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido   definidas   por   la   Sala   en   los  siguientes  términos2:   

“(ii)  La  insistencia  sólo  puede  ser  promovida  por  el  demandante,  por  ser  él a quien asiste interés en que se  reconsidere  la  decisión.  Los  demás  intervinientes en el proceso no tienen  dicha  facultad,  en  tanto  que  habiendo  tenido ocasión de acudir al recurso  extraordinario,  el  no  hacerlo  supone conformidad con los fallos adoptados en  sede de las instancias.   

         (iii)  La solicitud de insistencia puede elevarse ante el Ministerio  Público,  a  través de sus delegados para la casación penal, o ante alguno de  los  Magistrados  integrantes de la Sala de Casación Penal, según lo decida el  demandante.   

         (iv)  La  solicitud  respectiva  puede  tener dos finalidades: la de  rebatir  los argumentos con fundamento en los cuales la Sala decidió no admitir  la  demanda,  o para demostrar por qué no empece las incorrecciones del libelo,  es  preciso  que  la  Corte  haga  uso  de su facultad oficiosa para superar sus  defectos y decidir de fondo.   

         (v)  Es  potestativo  del  Magistrado  discidente o del Delegado del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar por someter el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento  último  en  que  informará  de ello al peticionario. Así mismo, cualquiera de  ellos  puede  invocar  la  insistencia  directamente  ante  la  Sala  de  manera  oficiosa.   

         (vi)  El  auto  a  través  del  cual  no  se  admite  la demanda de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia   contra   la   cual  se  formuló  el  recurso,  con  la  consecuente  imposibilidad  de  invocar  la prescripción de la acción penal, efectos que no  se  alteran  con  la  petición de insistencia, ni con su trámite, a no ser que  ella prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

A  su  turno,  como  quiera  que  la ley no  establece  términos  para  el  trámite  de la insistencia, es preciso fijarlos  conforme  la  facultad  que en tal sentido se consagra en el artículo 159 de la  Ley 906 de 2004.   

Con  tal propósito, teniendo en cuenta que  la  decisión  a  través de la cual no se admite la demanda, está contenida en  un  auto  a cuyo enteramiento o publicidad debe procederse obligatoriamente, con  arreglo  a  lo  dispuesto  en sentencia C-641 del 13 de agosto de 2002, por vía  del  procedimiento  señalado  en  el  artículo 169, inciso 3, de la Ley 906 de  2004,  esto es mediante comunicación escrita dirigida  por  telegrama,  correo  certificado, facsímil, correo electrónico o cualquier  otro   medio   idóneo   que  haya  sido  indicado  por  las  partes,  se  establecerá el término de cinco (5) días contados a partir  de  la fecha en que se produzca alguna de las anteriores formas de notificación  al  demandante,  como  plazo  para que éste solicite al Ministerio Público o a  alguno  de  los  Magistrados  integrantes  de  la  Sala,  si  a  bien  lo tiene,  insistencia en el asunto.   

A  su vez, teniendo en cuenta que el examen  de  la  solicitud  de insistencia supone un estudio ponderado de la misma, de la  demanda,  del  auto por el cual no se admitió y de la actuación respectiva, se  otorgará  al  Ministerio  Público  o  al  Magistrado interesado un término de  quince  (15)  días  para  el  examen de la temática planteada, vencido el cual  podrán  someter  el  asunto  a discusión de la Sala o informar al peticionario  sobre su decisión de no darle curso a la petición.   

         En   mérito   de   lo  expuesto,  la  CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

         INADMITIR     la   demanda   de  casación   presentada   por   el  apoderado  de  la  víctima,  por  las razones expuestas en la anterior  motivación.   

De   conformidad   con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de  insistencia en los términos  precisados  atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

                                                       JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                           JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ           

FERNANDO  A.  CASTRO CABALLERO                                                 SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                 

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                    MARIA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                                   

                            NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

                                                                   Secretaria   

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2 Auto  del 12 de diciembre de 2005 (radicado 24.322).     

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