37230(13-09-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     nº  37230   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta No. 327.  

Bogotá, D.C., trece de septiembre de dos mil  once.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de la procesada NILCE  GENOVEVA   CASTRO  MEDINA,   contra  el  fallo  de  segunda  instancia  que  profiriera  el  Tribunal  Superior  de  Neiva,  Huila, fechado el 30 de marzo de  2011,  mediante  el  cual  confirmó la sentencia emitida por el Juzgado Segundo  Penal  del Circuito de Garzón, a través de la cual se condenó a la procesada,  como  autora de los delitos de peculado por apropiación y falsedad en documento  privado,  a  la  pena de setenta y cinco (75) meses y dos (2) días de prisión,  multa  en  cuantía  de 50 salarios mínimos legales mensuales e inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas pro lapso igual al de la  pena  aflictiva  de  la  libertad.  Allí mismo se dispuso el pago, a título de  perjuicios  materiales,  de  la  suma de $184.051.097, y se negaron a la acusada  los  subrogados  de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y  prisión domiciliaria.   

H E C H O S  

Fueron  narrados  en la sentencia de segundo  grado, del siguiente tenor:   

“Informa  la  foliatura que tras cumplirse  una  investigación  administrativa  por  parte  de  la  Unidad  de Seguridad de  Bancafé  del  municipio  de  la  Plata,  se  detectó que NILCE GENOVEVA CASTRO  MEDINA,   asesora   bancaria   de   dicha  entidad,  valiéndose  de  múltiples  transacciones     y     operaciones    irregulares,    se    apropió    de    $  177.935.668,oo.”.   

DECURSO PROCESAL  

La  denuncia  escrita  fue presentada por la  apoderada  general  de  Bancafé  y   ello  motivó que el 10 de octubre de  2003,  la  Fiscalía  23  Seccional  de La Plata, abriera investigación formal,  ordenando  recabar  indagatoria  a  NILCE  GENOVEVA CASTRO MEDINA y dos personas  más.   

Una vez escuchada en indagatoria la procesada  CASTRO  MEDINA,  el  30  de  agosto  de  2004,  le  fue  resuelta  su situación  jurídica,  absteniéndose  la  Fiscalía de  imponer en contra suya medida  de aseguramiento.   

El 22 de noviembre de 2004, fue calificado el  mérito  del sumario profiriéndose resolución de acusación en contra de NILCE  GENOVEVA  CASTRO  MEDINA,  en  calidad  de autora de los delitos de peculado por  apropiación   y  falsedad  en  documento  privado,  este  último  en  concurso  homogéneo sucesivo.   

Apelada  la  resolución  de  acusación, la  misma  fue  confirmada  integralmente por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal  de Neiva, en auto del 23 de marzo de 2006.   

Ejecutoriada la resolución de acusación, el  asunto  le  fue  repartido,  para adelantar la fase del juicio, al Juzgado Penal  del  Circuito  de  La  Plata,  pero  como  su  titular se declarase impedido, el  proceso  le  fue  asignado  al  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Garzón,  despacho  que  celebró  la  audiencia  preparatoria  el   17  de  julio de  2006.   

Los  días  7  de noviembre de 2007, y 18 de  junio    de    2008,    se    llevó   a   cabo   la   audiencia   pública   de  juzgamiento.   

El  16  de noviembre de 2010, fue emitido el  fallo  de  primer grado, en el cual se condenó a NILCE GENOVEVA CASTRO MEDINA y  fueron  absueltos  los  otros dos acusados. En contra de lo decidido interpuso y  sustentó  oportunamente  el  recurso  de  apelación  el  representante  de  la  condenada.   

Finalmente,  el  30  de  marzo  de  2011, el  Tribunal de Neiva confirmó lo resuelto por el A quo.     

La  defensa  de  la procesada CASTRO MEDINA,  presentó  oportunamente  la  demanda  de  casación que ahora se verifica en su  debida argumentación.   

LA DEMANDA  

El  casacionista  presenta  dos  cargos, uno  principal  y  otro  subsidiario,  en  contra  de  la  decisión proferida por el  Tribunal de Neiva:   

    

1. Cargo primero     

Con base en la causal dispuesta en el numeral  segundo  del  artículo 207 de la Ley 600 de 2000, el recurrente advierte que se  materializa   un   motivo   de   nulidad   por   vulneración  al  principio  de  investigación integral.   

Al  respecto,  su  crítica  se centra en el  hecho  que la procesada aceptó ante los funcionarios de Bancafé, reintegrar lo  apropiado  con  sus  cesantías  y demás prestaciones sociales o pagos que como  empleada de la entidad se le adeudasen.   

Pese a ello, agrega el demandante, apenas se  verificó  la  existencia de una ínfima suma de dinero, pasando por alto que la  acusada  posee  acciones  bancarias  y obviando investigar por qué “…habiendo  laborado  la   sindicada  8.485  días, solo se  liquidan  265  días,  el  porqué sí (sic) la dependiente no recibió anticipo  alguno  por esos conceptos según lo afirma el patrono, donde  (sic) reposa  el resto de cesantías debidas”.   

A  renglón seguido, el recurrente aborda la  liquidación  que,  estima,  habría  de  hacerse por el pago de cesantías a su  representada  legal,  arrojando  su tabulación un total de $3.397.058.00, valor  superior  a  lo  apropiado  que  debió  destinarse  a  cubrir  esa  deuda y, en  consecuencia,  facultar  se  disminuyera la pena imponible en la mitad e incluso  levantar  la  medida  preventiva  de  embargo  y  secuestro  que reposa sobre su  vivienda.   

En  consecuencia, solicita el impugnante que  se  anule  lo  actuado desde el momento en que se surtió el traslado para pedir  pruebas  en  la fase del juicio, a efectos de que “se  decrete  como  prueba la razón por la cual solo se liquidan 265 días, habiendo  laborado  NILCE  GENOVEVA 8.485 días sin anticipo alguno, respuesta que deberá  ofrecer  Bancafé  o  Colfondos,  para que indiquen porque (sic) razón no se ha  pagado  al  primero la totalidad de cesantías de la trabajadora, donde Bancafé  debe  informar  el número de acciones y su valor, existentes en dicha entidad a  favor      de       NILCE     GENOVEVA     CASTRO     MEDINA…”.   

    

1. Cargo segundo (único subsidiario)     

Remite  el casacionista a la causal primera,  de  violación directa de la ley, establecida en el artículo 207 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2000,  que le sirve de sustento para señalar cómo el  Tribunal  incurrió  en  errónea  interpretación del artículo 31 del C.P., en  cuanto   regula  la  forma  de  tasar  la  pena  en  el  concurso  de  conductas  punibles.   

En concreto, se entiende de lo controvertido  por  el  recurrente, que no comparte la forma como las instancias dosificaron la  pena  por  el  concurso  de ilicitudes, primero individualizando la sanción por  cada  delito  y  sólo aplicando la atemperación por reintegro parcial respecto  del  peculado, para después estimar esta la conducta más grave e incrementarla  en    12   meses   más   por   el   concurso   de   falsedades   en   documento  privado.   

Dice  el  impugnante  que esa reducción por  reintegro  parcial  no  debe operar solo para el peculado, sino por la totalidad  de  delitos  y, entonces, una vez individualizada la pena por cada uno, definido  el  más grave y aplicado el incremento por los demás, se hace la atemperación  en cita sobre ese total.   

Ello, acota, en seguimiento de jurisprudencia  de  la  Corte  (sentencia del 24 de enero de 2007, radicado 22797), que entiende  conduce a los efectos propuestos.   

En  punto  de  trascendencia,  advierte  el  casacionista  que si la pena se tasa de la forma por él propuesta, se rebaja de  75 meses y 21 días de prisión, a 72 meses y 25 días.   

Solicita, entonces, que se case la sentencia  para aplicar el decremento punitivo citado.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

En primer término, debe hacerse hincapié en  cómo  la  Corte,  de  manera pacífica y reiterada ha advertido la necesidad de  que  la  demanda  de  casación  comporte  un  mínimo rigor lógico jurídico y  argumental,  pues,  no  se trata de hacer valer una especie de tercera instancia  que  sirva  de  escenario  adecuado  a  la  controversia  ya  superada  por  los  falladores  de  primero  y  segundo  grados, en la cual se pretende anteponer el  particular  criterio  o valoración probatoria, a aquel que sirvió de soporte a  la  decisión  de los jueces A quo y ad quem, entre otras razones, porque a esta  sede  arriba  la  decisión  judicial  con  una  doble connotación de acierto y  legalidad.   

         Se   faculta,  por  ello,  que  la  dicha  presunción  sea  quebrada a  través   de  criterios  claros,  lógicos,  coherentes  y  fundados,   derivados  del compromiso de demostrar  la  violación  en  la  cual  incurrió el fallador, suficiente para echar abajo  el    contenido    de  verdad  de la sentencia, en  el  entendido  que  de  no  haberse  materializado el yerro otra hubiese sido la  decisión       y  precisamente     así  se   ofrece  trascendente  recurrir al mecanismo extraordinario de impugnación.   

         Con  base en estos precisos derroteros, la Sala abordará el examen  de los dos cargos propuestos por el demandante.   

    

1. Cargo primero (único principal)     

         De  entrada  la  Sala  advierte la impropiedad de lo alegado por el  recurrente,  pues,  confunde  por completo la naturaleza y efectos del principio  de  investigación integral,  para  así  plantear una tesis bastante artificiosa que pretende otorgar efectos  nulificantes  a  una  actuación  probatoria  completamente impertinente para el  objeto    mismo    del    proceso   penal   seguido   contra   su   representada  legal.   

         En  efecto,  la  norma  sustancial,  artículo 401 de la Ley 599 de  2000,  claramente  establece  que  la  reducción  de la mitad de la pena, ahora  reclamada  por  el  casacionista,  opera  siempre  y  cuando  el  procesado  (“agente”  lo  llama  la norma), antes de iniciarse la investigación, entre  otros   comportamientos,  “reintegrare      lo      apropiado”.   

         Entonces,  mal  puede el recurrente solicitar que se retrotraiga el  proceso a la audiencia preparatoria para que allí se  intente  demostrar  por qué a la procesada no se le pagan como cesantías todos  los    días    trabajados   y,   en   consecuencia,  pueda    agregarse   a   lo  ya  entregado  como  reparación otra suma que, presuntamente, cubre todo lo adeudado.   

         Ello,  en primer lugar, porque no es objeto del proceso penal, como  parece   darlo  a  entender  el  impugnante,  definir  cuáles  son  las  prestaciones  sociales  a  que tiene derecho el acusado o los  errores  que pudieron acaecer en su estimación, advertidos de que ese reintegro  opera  voluntario  e  integral, de lo cual se deduce que quien debe proveer a su  materialización  efectiva  es el procesado y no la administración de justicia,  cuando  menos,  si  lo  buscado es obtener la sustancial rebaja consignada en el  artículo 401 citado.   

         Y,        en        segundo        lugar,        porque  resulta inane que en la audiencia  preparatoria  se  intente  hacer  lo  necesario  para  pagar,  sencillamente  porque  ese pago ya no puede representar la atemperación  de  la  mitad  de  pena  que  pregona  el  casacionista  ha  de  otorgarse  a la  acusada.   

         Ahora,  el que desde un comienzo, cuando se descubrió el desfalco,  la  procesada manifestase su intención de cubrir lo indebidamente apropiado con  sus  prestaciones  sociales  y  réditos  bancarios,  no significa, per   se,   que  efectivamente  hubiese  reintegrado  lo  adeudado  o  que,  siquiera,  esos  montos  alcanzasen  para el  efecto.   

         Lo  que  se  tiene,  en punto del objeto del proceso penal y de las  obligaciones  inherentes  a  la  acusada,  es  que  si  ella  en  verdad  estaba  interesada  en  restituir  integralmente lo apropiado, pues, simplemente debió,  motu  proprio,  adelantar  todas   las   tareas   necesarias   para  el  efecto,  emergiendo  completamente  impropio   señalar  que  dentro del concepto de investigación integral, a  manera   de   deber  establecido  para  las  autoridades  judiciales,  se  halla  la   labor  de  verificar  cuánto  se  debe  como  prestaciones  sociales  a  la procesada, ni mucho menos  proceder  a  controvertir  las  decisiones  que  sobre  ese particular toman los  empleadores  o  siquiera  asumir  como  efectivamente  devuelto lo que se erige en simple expectativa.   

         Por    lo    demás,   como   así   lo  hizo  ver  el Tribunal, si la defensa de la procesada  ha  cohonestado  esa  que dice carencia probatoria, de ninguna manera es posible  hacer    valer    su    propia    molicie    u    omisión   para   sustentar la nulidad propuesta.   

         Para  el  caso,  no  se  discute por el impugnante que las   pruebas   pedidas   por   la   defensa  fueron  efectivamente  practicadas  y  que producto de ello se realizó un dictamen pericial en el cual  el  experto  determinó  cuánto  fue  lo  apropiado y qué fue lo efectivamente  reintegrado  por la procesada, sin que esa experticia hubiese sido controvertida  por  su abogado, razón por la cual fue tomada en consideración por el fallador  para fijar esos montos y sus efectos en la definición de pena.   

         Junto  con  ello,  es  también  incontrastable  que a lo largo del  trámite  procesal  jamás  la  defensa se ocupó de discutir esos tópicos, que  apenas  vino  a  estimar  importantes una vez realizada la audiencia pública de  juzgamiento,  con  lo cual se hace evidente que carece ahora de legitimidad para  solicitar  retrotraer  el  trámite  a  una etapa procesal en la que tuvo plenas  posibilidades de hacer valer lo que hoy echa de menos.   

        Y,  si se tratase de ser exhaustivos, la misma procesada establece  un  claro  mentís  al  argumento  del  recurrente,  cuando  expresamente  en el  testimonio  rendido  durante  la  audiencia pública de juzgamiento, aceptó que  había  reintegrado efectivamente  algo más de cuarenta y tres millones de  pesos   y   que  el  monto  adeudado  asciende  a  $133.872.908.75  “sobre      los     cuales     pues     estaré     presta     a  responder…”.   

        Suficiente,   lo   anotado,  para  inadmitir  el  cargo  principal  formulado por la defensa.   

    

1. Cargo segundo (único subsidiario)     

        No  asiste  la razón al demandante, es necesario precisarlo desde  ya   por   la  ostensible  impropiedad  del  cargo,  cuando  aduce  que  el  Tribunal  incurrió  en  violación directa de la ley por  tergiversar  el  contenido  del  artículo  31  del Código Penal, atinente a la  dosificación   de   la   pena   en   los   casos   de   concurso  de  conductas  punibles.   

        Esa  propuesta  suya  de  que  el  acto postdelictual de reintegro  parcial  de lo apropiado, se aplique indistintamente a todos los delitos por los  cuales  se condena a su representada legal, carece de asidero legal e incluso el  jurisprudencial  que  de  manera descontextualizada y  sesgada utiliza para  soportar su tesis.   

        Es   que,   si  se  tiene  completamente  claro  que  el  reintegro  parcial  forma parte de  las  atemperantes específicas del delito de peculado, no importa si se trata de  una  circunstancia  postdelictual, evidente asoma que su influjo benéfico sólo  puede  irradiar  el delito base del que depende, desde luego, para el momento en  el  cual se haga la individualización concreta de la pena que ha de soportar el  acusado    por   esa  específica conducta.   

        Entonces,   obró  apropiadamente  el  fallador  de  primer  grado  cuando,  en  seguimiento  de lo establecido expresamente por el artículo 31 del  C.P.,  dosificó  individualmente la sanción por el  delito  de  peculado y aquella que correspondería a la procesada por el punible  de   falsedad  en  documento  privado,  valiéndose  del  reintegro  para  estimar  la  sanción  concreta  únicamente  en  lo  concerniente  al delito contra la administración pública,  pues,   se  repite,  aun  tratándose  de  una  circunstancia  post  delictual, ella sólo incide sobre el  delito al cual accede como atemperante.   

        Entonces,  esa atenuación sirve para fijar la pena última por el  punible  de  peculado  y  establecer  si se trata o no del delito más grave, en  confrontación   con  la  también  dosificación  concreta  que  fue  realizada  respecto de los atentados contra la fe pública.   

        Y  ya  establecido que a pesar del decremento por consecuencia del  parcial  reintegro,  sigue  siendo el peculado la delincuencia más grave, pues,  sólo  bastaba  incrementar  la  sanción  por  ocasión  de  los  otros delitos  concurrentes,  eso  sí, dentro de los límites establecidos por el artículo 31  en cita.   

        Como  esa fue la correcta manera de obrar de la primera instancia,  prohijada  por el Ad quem,  ninguna violación de lo consignado en la norma puede predicarse.   

        Mucho  menos,  si en contrario el recurrente en lugar de hacer una  análisis   técnico  o  jurídico  de  lo  consignado  en  la  norma,  pretende  entronizar su particular y muy interesada lectura de la misma.   

        Así   mismo,   es  necesario  que  la  Corte  advierta  cómo  la  jurisprudencia1  traída  a  colación  por  el  impugnante,  de  ninguna  manera  consigna   esas   conclusiones   que  gratuitamente  presenta      en      su      demanda.   

        Al  efecto,  cabe  señalar  que  la  decisión jurisprudencial en  comento  ninguna  similitud  fáctica  guarda  con  el  tema  de  discusión del  recurrente,  pues,  allí  se  resuelve  un problema de congruencia, dado que el  sentenciador  dedujo,  para  individualizar la sanción, una agravante genérica  no consignada en el pliego de cargos.   

        Además,      se      casó      la  sentencia   porque  se  acusó  por  un   concurso   de   delitos     de     peculado     y     el  juzgador    entendió  cometido  un  delito  unitario,  a partir de lo cual  fijó  en  más  de doscientos salarios mínimos legales mensuales lo apropiado,  con    lo   cual   aplicó   la   agravación   específica   del   inciso segundo del artículo 397 del C.P.   

        En  el  fallo  de  la  Corte,  cabe  destacar, no se hizo alusión  siquiera  colateral  al  reintegro  y  la  forma  de aplicar la atenuante cuando  concurren al peculado delitos de otra estirpe.   

        Y,  si  la circunstancia postdelictual de disminución de pena por  aceptar  cargos  en  sentenciada  anticipada, se hizo valer cuando ya se habían  dosificado  individualmente todas las conductas concurrentes (varios peculados y  otras  tantas  falsedades)  y  realizado  también  el incremento por razón del  concurso,  ello obedece, precisamente, a que esa circunstancia sí irradia todos  los  punibles,  dado que por todos ellos aceptó responsabilidad el procesado en  ese caso.   

        La  Sala,  en  consecuencia,  inadmitirá  la  demanda,  dado  que, además de la impropiedad de los cargos planteados, no  observa  la  existencia  de circunstancias violatorias de derechos fundamentales  que hagan imperiosa su intervención oficiosa.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   el defensor  de NILCE GENOVEVA CASTRO MEDINA.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

Página  contiene  parte resolutiva y firma de los 9 Magistrados   

Casación   N°  37.230  –Inadmite demanda-  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                        JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO  A.  CASTRO  CABALLERO                             SIGIFREDO    ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Sentencia del 24 de enero de 2007, radicado 22797     

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