35544(28-11-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado acta número 436  

Bogotá  D.C., veintiocho de noviembre de dos  mil doce.   

La  Sala decide acerca de la admisibilidad de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Renne  Fernando  Duque  Badillo, contra la  sentencia  en  virtud  de  la cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá,  confirmó  la  condena que le impuso el Juzgado 4° Penal del Circuito  por  los  delitos  agravados  de  acceso carnal abusivo con menor de 14 años en  concurso, y actos sexuales abusivos igualmente en concurso.   

HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los   primeros   fueron  resumidos  en  las  instancias de la siguiente manera:   

“en  el  transcurso  del  año 2006 y hasta  agosto  de 2007, el aquí acusado Renne Fernando Duque  Badillo  en pluralidad de ocasiones, sometió a abusos  sexuales  a la menor YCAC de ocho años de edad para esa época, aprovechando la  ausencia  de  los adultos mayores (sic) a su cargo, en la vivienda situada en la  Transversal  3 B No. 20 A 19 Este en la que residían, por cuanto allí también  residía  la  menor  con su familia compuesta por sus hermanas y progenitora Luz  Marina  Chacón,  quien  convive  con  el  sr. Luis Guillermo Duque, hermano del  aquí encartado.   

Se tiene según lo expresó la víctima, que  el  prenombrado  le  ofrecía  dinero o dulces, para que la menor permitiera los  tocamientos  a  su  cuerpo ocurridos en la habitación de éste, incluso el sexo  oral  y  la  cópula  vaginal,  que se sucedieron hasta el mes de agosto de 2007  cuando  la  niña  dado su estado de ánimo, comenta lo que le acurre (sic) a su  profesora  Deisy  Hernández,  quien  a  su  vez  lo pone en conocimiento de las  autoridades.”   

Por  los  hechos  y  las  conductas  punibles  mencionadas,   la   Fiscalía   presentó  acusación  en  contra  del  imputado  Duque  Badillo, motivo por el  cual   ante  el  Juzgado  4°  Penal  del  Circuito  se  cumplió  la  audiencia  correspondiente  y  el trámite subsiguiente del juicio, al término del cual lo  condenó  a  la  pena  de  166  meses  de  prisión1, inhabilitación de derechos y  funciones  públicas  por  igual lapso y al pago de 10 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes,  como  indemnización por los perjuicio morales ocasionados  con los ilícitos.   

La  decisión  fue  apelada  por  la  defensa  inconforme  con  la  inadecuada  valoración  de  los  medios de convicción, la  improcedencia  de la agravante relativa a la edad de la víctima, y la negación  de  beneficios  para  el  sentenciado  con  base en las previsiones de la Ley de  Infancia y Adolescencia.   

El  Tribunal  confirmó  la  sentencia  pero  excluyó  de  la  imputación la agravante mencionada. No modificó la sanción,  toda  vez que la vigencia de la circunstancia de agravación del artículo 211-2  del  Código  Penal, contenida igualmente en el escrito de acusación, mantenía  inalterable   los   extremos   sancionatorios  y  la  pena  impuesta  por  el  a  quo2.   

DEMANDA     DE  CASACIÓN   

Cargo   primero:  Violación  directa  de  la  ley  por  aplicación indebida del artículo 31 del  Código   Penal,   relacionado   con   las  reglas  del  concurso  de  conductas  punibles.   

Sostiene el recurrente que el Tribunal, frente  al  delito  de  acceso  carnal  abusivo  con  menor  de  14  años, le impuso al  procesado  86  meses  de prisión por ser el delito más grave, y a esta pena le  incrementó  40 meses para cada una de las conductas concurrentes, para fijar la  sanción  definitiva  en   ciento sesenta y seis meses 166 de prisión, con  lo   cual   prácticamente  la  duplicó  con  base  en  la  gravedad,  la  naturaleza  y  la  modalidad del  ilícito,  la  intensidad  del  dolo,  así  como  la  confianza  generada en la  víctima y la soledad que la aquejaba.   

En  suma,  considera  que la pena irrogada al  acusado  es  injusta,  exagerada,  desproporcionada e  ilegal,  razón  por la cual solicita a la Corte casar  la sentencia y fijar una pena más justa.   

Cargo  segundo.  De  igual  modo,  a  través  de la violación directa de la ley sustancia, el actor  alega  la  aplicación  indebida  del artículo 199 de la Ley 1098 de 2006, y la  falta  de  aplicación de los artículos 2, 4 y 29 de la Constitución Política  y  6° de la Ley 600 de 2000, toda vez que en la sentencia no se le reconocieron  beneficios de ninguna índole al sentenciado.   

En la sustentación del reproche afirma que la  sentencia  desconoce  el  principio  de  legalidad, pues el Tribunal aplicó las  prohibiciones  de  la  Ley  de  Infancia y Adolescencia, sin tener en cuenta que  comenzó  a  regir con posterioridad a los hechos, desarrollados durante el año  2006 y hasta el 27 de agosto de 2007.   

Solicita, en consecuencia, casar la sentencia  y  que  no  se  le  nieguen  al  procesado  los  subrogados  o beneficios que le  correspondan,  como la libertad condicional, la sustitución de la ejecución de  la  pena  en  los  términos  previstos  en  el  artículo  461  del  Código de  Procedimiento  Penal,  o cualquiera otro de naturaleza judicial o administrativa  cuya  procedencia niega el fallo recurrido “…   no  porque  lo  prohíba la Ley 1098 de 2006 sino porque la pena impuesta hoy no  lo  permite;  pero  sí puede ocurrir cuando mi defendido cumpla la dos terceras  (2/3)  partes  de  la  pena  o  se de el caso de un beneficio o subrogado de los  contenidos  en  el  Código  Penal y el Procesal, normas vigentes y en todo caso  las  aplicables  hoy,  todas  ellas  bajo  el  principio  universal de legalidad  codificado  en  la  Constitución Nacional como regla de derecho fundamental No.  29.”   

Cargo   tercero.  Violación  indirecta  de  la  ley  mediante  error de  hecho  por  falso  juicio de legalidad. El sentenciador  “…  conculcó  postulados  del rito procesal al no  exigir  el  cumplimiento  de  los  requisitos  legales  y esenciales y omitir la  formalidad  sustancial  que  lo  obligaba  a  no  aceptar introducir (en cámara  Gesell)    la    prueba    aducida   –  la  entrevista  escrita  que  se  le  hizo a la menor –  en  la forma como el fiscal lo hizo,  por lo que debió excluirla.”   

A  través  de  este  reproche  afirma que el  fiscal  manejó el testimonio de la víctima al leer alguno de los apartes de la  declaración  que  rindió  antes del juicio. De esa manera, logró que la menor  dijera  que “había olvidado que el acusado le metía  el  pene en la boca”, y de esa forma logró acreditar  la  materialidad  del  acceso  carnal  abusivo,  desvirtuado en principio con el  dictamen   médico   legal   que   descartó   el  acceso  por  vía  vaginal  y  anal.   

El  sentenciador debió excluir el testimonio  de  la  víctima, pues no podía aceptar un vocabulario inadecuado e impropio en  una   menor   de   esa  edad.  No  empece,  “…  la  incorporación  del  testimonio  como  la  valoración  que  al  mismo le dio el  juzgador,    lo    hizo   incurrir   en   error   de   hecho   en   [la]   modalidad   de  falso  juicio  de  legalidad  y  raciocinio  cuando  le  dio tal credibilidad y fue suficiente para  culminar en fallo condenatorio.”   

De igual modo, lamenta que el testimonio de la  profesora  Deysi  Hernández  no  se  haya recibo en el juicio, habiendo sido la  persona  que  informó  de los abusos a los que fue sometida víctima y, a pesar  de   su   importancia,   la   Fiscalía   renunció   a  la  práctica  de  esta  prueba.   

Cargo   cuarto.  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  falso  juicio de existencia  “…  al  omitir  valorar  las  pruebas aportadas en  tanto  que  supone  pruebas  que  no existen en el proceso e incumple postulados  necesarios y exigibles el rito procesal.”   

Según afirma, en el alegato de conclusión la  Fiscalía  solicitó sentencia condenatoria por un concurso de delitos de acceso  carnal  y  actos  sexuales  abusivos,  pero  no indicó el momento, el modo y el  lugar  en  que  sucedieron  las  diferentes  conductas,  cuando le correspondía  demostrar las circunstancias determinantes de su ejecución.   

De  los  sucesos,  agrega,  dio  cuenta  la  profesora  Deysi Hernández quien  no declaró en el juicio. La ofendida en  su  declaración  inicialmente  manifestó  que  fue víctima de tocamientos, no  obstante,  a  través  de  la  entrevista en cámara Gesell la Fiscalía le hizo  recordar  que  también  fue  sometida a acceso carnal, circunstancia que, en su  criterio, demuestra que la declarante fue manipulada.   

Por  otra  parte,  dice,  el testimonio de la  psicóloga  Martha  Peña  no resultó de interés. Entrevistó a la menor en su  condición  de  investigador  criminalístico,  no  como  perito ni como testigo  experto,  de  manera  que  su  declaración  no  debió  trascender ‘al  punto  de  constituir  un criterio  evaluador   del   juez  para  condenar’.   

Estos medios de prueba, junto con el examen de  medicina  legal  que  descartó  el  acceso  carnal  por  vía  vaginal  y anal,  constituían  elementos  suficientes  para  que  el sentenciador desestimara los  cargos,  pues  no  logran  convencer  que  se atentó contra el bien jurídico y  tampoco  permiten  afirmar  que los hechos tuvieron ocurrencia durante los años  2006    y   2007,   sin   precisar   cuándo   ocurrió   sucedió   cada   acto  abusivo.   

De  esa  manera,  entiende  que  la sentencia  desconoce  los  artículos 372, 373, 374 y 380 de la Ley 906 de 2004, y viola de  manera  indirecta,  por  falta  de  aplicación,  el  artículo  381 de la misma  codificación,  toda  vez  que  para  condenar  se requiere el conocimiento más  allá  de  toda  duda, acerca del delito y la responsabilidad penal del acusado,  fundado en las pruebas debatidas en el juicio.   

Si  los  jueces  en  las  instancias hubieran  analizado  los  medios  de  convicción  referidos,  la  decisión  habría sido  absolutoria  respecto  del  cargo  de  acceso  carnal,  en  torno  al  cual debe  aplicarse la duda en favor del procesado.   

Al término del escrito el recurrente solicita  a  la  Corte  casar  la sentencia y dictar una de remplazo, total o parcial, por  inexistencia  de  las conductas punibles o beneficiando con la duda al procesado  Renne     Fernando     Duque    Badillo.   

CONSIDERACIONES  

La  Corte  debe insistir en que la demanda de  casación  difiere  ostensiblemente  de  un alegato de instancia, en tanto exige  una  presentación lógica adecuada a cada una de las causales invocadas, con el  desarrollo  de  los  cargos  que  por  vicios  in  procedendo  o in iudicando se  denuncien,  y  la  demostración de su trascendencia en la parte dispositiva del  fallo impugnado.   

En  consecuencia,  como quiera que el recurso  extraordinario  tiene  por objeto una sentencia que goza de la doble presunción  de  acierto y legalidad, requiere del cumplimiento de determinadas exigencias de  forma  y  contenido, señaladas en la ley y suficientemente desarrolladas por la  jurisprudencia,  las  cuales,  de no ser cumplidas a entera cabalidad, obligan a  la Corte a inadmitir la demanda.   

La  lógica  que  gobierna  el  recurso y el  principio  de  no  contradicción  que  lo  preside,  imponen  la formulación y  sustentación  por  separado  de  las  causales  de  casación aducidas y de los  cargos  respecto  de  cada  una  presentados,  de manera independiente si fueren  excluyentes,  pues,  los motivos de invalidación de las sentencias previstos en  la  ley,  obedecen  a una naturaleza y alcance propios que ameritan desarrollo y  demostración autónoma respecto de los restantes.   

Cuando  el  actor  acude  a la violación directa de la ley sustancial,         debe  aceptar  los hechos que declara demostrados el fallo impugnado  y  a  partir  de  esa  conformidad  absoluta  e  imprescindible con los aspectos  fáctico  y  de apreciación de las pruebas realizadas por el juzgador, edificar  el  cuestionamiento  en  un plano estrictamente jurídico, demostrando que en el  fallo   se   incurrió   en   falta   de  aplicación,  aplicación  indebida  o  interpretación  errónea.  La  primera  ocurre cuando no se aplica la norma que  corresponde  al  caso  porque  el  juez se equivocó acerca de su existencia; la  segunda  sucede  en  los  eventos  en  los que el sentenciador realiza una falsa  adecuación  de  los  hechos  declarados como probados a los supuestos  que  contempla  la  disposición;  y  la  tercera  tiene  cabida  si,  a pesar de ser  correctos  los  procesos  de  selección  de  la  norma y adecuación al caso en  estudio,  el  juzgador  le  atribuye un sentido que no tiene o le asigna efectos  contrarios o distintos a su contenido.   

Pero  si  opta  por  la denominada violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  debido  a la incorrecta apreciación de las  pruebas,  por  error  de hecho o de derecho, se obliga a identificar la clase de  error  que  invoca  y  las  diversas hipótesis que en relación con cada uno se  presentan.   

Es  decir,  si encamina el ataque por la vía  del  error  de  hecho,  debe  establecer  que se incurrió en un falso juicio de  existencia,  por  haber  ignorado  el  fallador  una  prueba  legal,  regular  y  oportunamente  incorporada,  o  porque supuso una que no hace parte del proceso;  en  un  falso  juicio  de  identidad  si se desfiguró el sentido objetivo de un  determinado  medio de convicción, poniéndola a decir lo que en verdad no dice;  o  que  el juez incurrió en falso raciocinio por apartarse de la sana crítica,  al  haber  aplicado  una norma científica, una regla lógica o un dictado de la  experiencia, en forma equivocada o que no correspondía al caso.   

Y, si lo que denuncia es un error de derecho  debe  precisar  alguna  de  las  hipótesis que en ese escenario pueden suceder,  esto  es,  el falso juicio de legalidad, cuando el juzgador considera una prueba  irregularmente  aportada  al proceso por incumplir los requisitos exigidos en la  ley  para  su incorporación; o un falso juicio de convicción al haberle negado  a  un  medio probatorio el valor previamente asignado en la ley o por conferirle  una mérito diverso al que se le atribuye normativamente.   

En  el  primer  cargo  de  la  demanda  el recurrente, por vía de la  violación  inmediata  de  la  ley, asegura que el sentenciador aplicó en forma  indebida  el  artículo  31  del Código Penal, ya que en su criterio la pena de  166    meses    de   prisión   impuesta   en   las   instancias,   es  injusta,  exagerada,   desproporcionada  e  ilegal,  pues la pena  básica  se  incrementó  en  80  meses, prácticamente  en  un  monto superior a la suma aritmética de las  sanciones    respectivas    para    cada    conducta    dosificada    en   forma  individual.   

Si  la violación  directa  de la ley sustancial por aplicación indebida  de  una  norma,  comporta un  error   de   diagnóstico   en  cuanto  el   sentenciador  utiliza  una     disposición     que   resulta   inaplicable   al   caso  concreto  en tanto no es la  llamada  a resolverlo, en el  presente    asunto   se   descarta   la   existencia  de    dicho    error,  si  se  tiene  en  cuenta  que  los hechos declarados  en  el  proceso  señalan  la concurrencia de diversas  conductas  de  acceso  carnal abusivo con menor de 14  años,  en  concurso, a su  turno,   con   plurales  acontecimientos  típicos de actos sexuales abusivos,  lo  cual  indica que el proceso de individualización  de  la  pena  debía  regirse  bajo los postulados del  artículo  31  del  Código  Penal,  como en efecto se  hizo por parte del sentenciador.   

La   normativa   en   mención  establece  que  cuando el agente con una sola acción u omisión  o  con  diversas  acciones  u  omisiones infrinja varias disposiciones de la ley  penal  o  varias  veces la misma norma, quedará sometido a la que establezca la  pena  más  grave  según  su naturaleza, aumentada hasta en otro tanto, sin que  fuere  superior  a la suma aritmética de las que correspondan a las respectivas  conductas punibles debidamente dosificadas cada una de ellas.   

La conclusión es  elemental,  si  frente  a  la pluralidad de conductas por las cuales se declaró  responsable     al     acusado,     el     juzgador     aplicó,    para  efectos  de individualizar la pena  correspondiente  a  cada  comportamiento,  los  reglas  del concurso  previstas  en  el  artículo  31  del  Código  Penal,      no     puede     sostenerse  que  la  norma  se  empleó  de  manera  indebida,  pues, sin duda, en relación  con ese tópico particular, se  imponía su instrumentalización en esta especie.   

Que el quantum de  la    sanción    establecido    por   el  juzgador  aparezca,  en criterio del  demandante,   injusto   y  próximo    a   la   suma   aritmética  de  la sanción correspondiente a cada uno de los comportamientos  ejecutados  por  el  acusado,  es  un  argumento  que  no  conduce  a  suponer la indebida aplicación de la  norma  que  regula  el  instituto  del  concurso  de  conductas  punibles.  Por  el  contrario,  informa  que  la disposición, siendo  procedente  al  caso,  se  instrumentalizó  para  resolver  lo  pertinente a la  individualización  de  la  sanción, lo cual significa que la censura carece de  fundamento y, por consiguiente, debe inadmitírsela.   

El   segundo  cargo         se         sustenta también en la violación directa de  la  ley  sustancial,  pues,  asegura  el  recurrente,  el  sentenciador  aplicó  en  forma  indebida  el  artículo  199 de la Ley 1098 de 2006, con violación  del  principio  de  legalidad,  teniendo  en  cuenta que esa normativa no había  nacido  a  la  vida  jurídica  por  la época en que sucedieron los hechos, los  cuales caprichosamente ubica a comienzos del año 2006.   

La  proposición  del  cargo  exhibe  dos  defectos  relevantes.  El  primero, que el actor hace  gravitar  la  existencia  del  error  en  un  aspecto  de  índole estrictamente  fáctico,  en  tanto  discute  la  fecha de ocurrencia de las conductas punibles  atribuidas  al  acusado,  y a partir del dato que libremente suministra, predica  la  improcedencia  en  esta  especie de las prohibiciones contenidas en la norma  que afirma indebidamente aplicada.   

En   segundo   lugar,   el   recurrente  no precisa cuáles fueron  las  consideraciones  del  sentenciador    en    torno    al    punto    de  controversia,  omisión  con  la  cual impide verificar la eventual existencia del error, pues edifica la  censura  únicamente en la particular concepción que tiene acerca del principio  de  legalidad  y  la  imposibilidad  de  negarle  al  procesado  beneficios  administrativos  o judiciales  como la libertad condicional o la sustitución de la  ejecución  de  la pena con arreglo a lo previsto en el articulo 461 del Código  de Procedimiento Penal.   

Entonces, más allá de disertar libremente  en  torno  a  esos  tópicos,  no demuestra por qué razón el Tribunal erró al  emplear   en  el  caso  particular  la  preceptiva  del  artículo  199 de la Ley 1098 de 2006, la cual,  afirma,  se  aplicó  en  forma  indebida, es decir,  rehúsa   demostrar  que  la  norma  no  recoge  los  hechos  declarados  en  la  actuación,  circunstancia a la que se contrae el error de adecuación normativa  denunciado.   

El  cargo,  por  consiguiente,  no  será  admitido.   

El   tercer  reproche  propuesto  por el recurrente se fundamenta  en  la  violación  indirecta  de  la  ley,  mediante  un  error de derecho  por falso juicio de legalidad,  ya  que en su sentir, el sentenciador no debió     admitir     la  declaración  de  la  víctima  en  cámara     de     Gesell,    obtenida     por     la    Fiscalía  durante    la   instrucción,   pues   en     el    juicio    recordó  que había sido accedida por  vía      oral      tan     solo     ‘cuando  el  fiscal de manera hábil  leyó  los  apartes pertinentes del documento, con lo  cual   logró   demostrar   la   materialidad   del  ilícito’.   

Considera,  de  ese modo, que el   sentenciador   desconoció   el   contenido  de  los   artículos   373,  374,  377,  378  y  380  del  Código  de  Procedimiento   Penal   y,   por  esa  vía,  violó  de  manera  indirecta, los artículos 379  a 382 del mismo ordenamiento, normas  todas    de    orden    procesal   que  fijan  pautas  generales  para  la  práctica  de  pruebas en el  juicio,  como  la  libertad  de  seleccionar las que  resulten  pertinentes  en  orden  a  demostrar  los  extremos  probatorios de la  actuación,   la  inmediación  de  la  prueba,  los  criterios  de  valoración,  los  presupuestos  probatorios  para condenar, y la  relación  de los medios de convicción que pueden emplearse en el proceso penal  para el establecimiento de la verdad.   

La   fundamentación   del  error  de  derecho  por falso juicio de  legalidad,  implica  alegar  que  una  o  varias de las pruebas que sustentan el  juicio  de  reproche  recaído  sobre  el  procesado, no reunían los requisitos  legales  para  su aducción, de manera que no tenían por qué ser estimados por  el  sentenciador,  o  que  no  fueron tenidas en cuenta pese a que los  satisfacían  plenamente, aspectos  que   le   imponen   al   censor  confrontar  esa  situación  con  el  sustrato  fáctico  soporte  de  la  condena,  y establecer la  trascendencia del error en el fallo recurrido.   

El recurrente no aborda el cumplimiento de  estos  presupuestos,  pues  ni  siquiera  señala  las  normas  que regulan  el  debido proceso probatorio  en  relación  con la práctica en el juicio de la pruebas testimonial y, en ese  contexto, tampoco señala  cuáles    de    esas   disposiciones   resultaron  desconocidas  por  el  juzgador  en la recepción del  testimonio      de      la      víctima      en     este     asunto.   

Sus   manifestaciones,   en   realidad,  son  de  pura  y  llana  confrontación   a   la  credibilidad  que   el   juzgador   le   confirió   a   esa  prueba,     pues     el     fundamento     del     cargo    comienza  por  referir que el sentenciador acogió la solicitud de  condena  de  la  Fiscalía,  fundada  en  los  testimonios  de  la  ofendida, su  progenitora  y  de  la  docente  que  develó  la  ejecución  de los ilícitos,  para     luego    someterlos    a    crítica,  sin  especificar  la forma como resultaron desconocidas  las  reglas  relativas  al descubrimiento, la solicitud y la práctica de alguno  de  esos  testimonios, ni  la    razón    por    al    cual    debían   excluirse   del  análisis  destinado  a  establecer  la  materialidad  de  las  conductas  y  la responsabilidad del acusado.   

En  estas  condiciones, el cargo analizado  tampoco se admitirá a trámite.   

Por   último,   en   el   cuarto   cargo  el  actor  con  apoyo  igualmente  en  el  motivo de casación relativo a la violación indirecta de la  ley,  afirma  que  el  sentenciador  incurrió en un error de hecho por  falso  juicio de existencia “…  al  omitir  valor  las  pruebas  aportadas  en  tanto  que supone pruebas que no  existen en el proceso…”   

El falso juicio de existencia presenta dos  variantes,  por  omisión,  si  el  sentenciador  no considera pruebas que obran  dentro      de      la      actuación,      aun  cuando   fueron  debidamente  practicadas en el  juicio,  y  por suposición, cuando las inventa o las  supone   haciéndole   producir   efectos,   a   pesar   que   no   figura      materialmente      en      el      proceso.   

En  la  proposición  del cargo, según se  observa,  el  actor  indistintamente  afirma la omisión y la suposición de los  medios  de  convicción  relacionados  con  la  demostración  de  las  diversas  oportunidades  en  las  cuales  el  procesado accedió a la víctima, pues en su  criterio  el  juicio  de  reproche sólo podía establecerse en la medida que la  Fiscalía   hubiere   logrado  precisar  “…  las  diferentes  épocas  y  el  tiempo  real  no imaginario, en el cual y durante el  transcurso  del  año  dos  mil seis (2006) y hasta el año dos mil siete (2007)  específicamente  hasta  agosto  27,  se  presentaron las diversas agresiones de  tipo  erótico hacia la menor YCAC y que conllevó al  aumento punitivo por la figura concursal.”   

Pero,  no solo la exposición del reproche  resulta  confusa por la razón indica. Carece además  de   desarrollo   pues  el  actor  no  relaciona  las  pruebas  al  parecer  omitidas  por el Tribunal  ni  indica  aquellas que  eventualmente   supuso;  centrando   su   labor   en   criticar  la   versión   de   la   profesora  Deysi  Hernández,  el  testimonio  de  la  señora Luz  Marina   Chacón,  así  como  el  de  la  psicóloga Martha Peña, para luego  llamar  la  atención  en  torno  a  la  declaración de la víctima  y  la  forma como se introdujo en el  juicio  la  entrevista  que  se  le  tomó  en  cámara  de  Gesell,         y         sostener      que     ‘se  evidencia la manipulación a la  menor    y    el    manejo   [indebido]    de    la    prueba’   y   que   por   todo  ello  existe  duda  en  relación  con  la materialidad del acceso  carnal abusivo.   

Entonces, si el  actor  no  refiere los medios de convicción omitidos  ni  aquellos  eventualmente  ideados  por  el sentenciador como fundamento de la  decisión,   sino   que   en  forma  libre  resuelve  oponerse  al  análisis  fáctico  y  probatorio del  juzgador,  lógico  resulta concluir que no desarrolla el cargo de casación que  postula,  imponiéndose  como  conclusión  obvia, la inadmisión de la censura.   

De esa manera, con fundamento en lo dispuesto  por  el  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal, la Corte inadmitirá  la  demanda  analizada,  teniendo además en cuenta que no advierte necesaria su  intervención  en  orden  a  lograr alguna de las finalidades de la casación en  este particular asunto.   

Contra  la decisión que se adoptará procede  el  mecanismo  de  insistencia,  en la oportunidad, forma y términos precisados  por la Corte, que a continuación se indican:   

a) La insistencia es un mecanismo especial que  puede  ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días siguientes  a  la notificación de la providencia que inadmite la demanda, con el fin de que  la  Sala reconsidere su decisión. También puede ser promovido dentro del mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal,  el  Magistrado  disidente o el Magistrado que no haya participado en los  debates o suscrito la providencia inadmisoria.   

b) La solicitud de insistencia puede elevarse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  el voto en relación con la  decisión  de  inadmitir  la  demanda, o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo del Magistrado disidente,  del  Magistrado  que  no intervino en los debates, o del Delegado del Ministerio  Público,  ante  quien  se formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de  la  Sala,  o  no  presentarlo para su revisión, evento este  último   en  que  informará  de  ello  al  peticionario  en  un  plazo  de  15  días.   

d)  El auto que inadmite la demanda trae como  consecuencia  la  ejecutoria de la sentencia de segunda instancia contra la cual  se  formuló  el  recurso  de  casación,  salvo  que  la insistencia prospere y  determine  la  prosecución  del  trámite casacional para un pronunciamiento de  fondo.   

En  mérito  de lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE   

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Renne  Fernando  Duque Badillo, por las razones consignadas en  esta decisión.   

Regresen  las  diligencias  al  Tribunal  de  origen.   

Procede      el      mecanismo     de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                       FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO       

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                         GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                 JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

          

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Impuesta mediante sentencia del 24 de junio de 2010   

2 Fallo  proferido el 12 de octubre de 2010.     

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