35523(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 35523  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta No.139  

Bogotá  D. C., dieciocho de abril de dos mil  doce.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  MARÍA  ISABEL  FRANCO  CASTRO  contra  la  sentencia  dictada  por el Juzgado Penal del Circuito de Gachetá el 26 de julio  de  2010,  mediante  la  cual  confirmó  con  modificaciones  la emitida por el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  del  mismo  lugar  el  17  de  junio de 2010, que  condenó a la procesada por el delito de estafa.   

Hechos  

El  3  de  marzo  de  2004,  el  señor JAIME  BENJAMÍN  GARZÓN  LINARES,  campesino de la Vereda Siatala Cuarto de Juncal de  Gama  (Cundinamarca),  denunció ante el Juzgado Penal Municipal de Gachetá que  a  raíz  de  una visita que hizo a comienzos del año 2000 al Centro Esotérico  Naturista  por  una  Vida  Mejor  del  lugar,  con el fin de tratar problemas de  salud,  entró  en  contacto  con  MARÍA ISABEL FRANCO  CASTRO  y  SAÚL,  al  parecer sus  propietarios,  quienes  lo timaron afirmándole que frente a su casa existía una “guaca” y  que  para  sacarla debían conseguir una llave de oro, porque tenía guardianes,  sonsacándole  para dichos fines algo más de 12 millones de pesos, para lo cual  vendió  parte  del  ganado  que  tenía,  obtuvo  un  préstamo  y  empeñó un  potrero.       

Actuación procesal relevante  

1.  La  fiscalía  inició investigación por  estos   hechos,   vinculó   al  proceso  mediante  indagatoria  a  MARÍA  ISABEL  FRANCO  CASTRO,  y el 8 de  noviembre  de  2006  calificó  el  sumario  con resolución de acusación en su  contra  por  el  delito  de  estafa,  descrito  en  el artículo 246 del Código  Penal.   Apelada  esta decisión por la defensa, la Fiscalía Delegada ante  el   Tribunal   la   confirmó,  en  decisión  fechada  el  26  de  octubre  de  2007.1   

2.  Tramitado el juicio, el Juzgado Promiscuo  Municipal  de Gachetá dictó fallo el 17 de junio de 2010, en el que condenó a  MARÍA ISABEL FRANCO CASTRO a  la  pena  principal  de  24  meses  de  prisión  y multa de 50 s.m.l.m.v., y la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  término  de  la  pena  privativa  de  la  libertad, como autora  responsable  del  delito  imputado en la acusación.2    

3.  Apelado  este  fallo  por la defensa y la  apoderada  de  la  parte  civil,  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Gachetá,  mediante  el  suyo  de  26  de  julio  de  2010, que ahora la defensa recurre en  casación,  lo  confirmó  con  modificaciones  en  relación con el monto de la  condena   por  concepto  de  daños  y  perjuicios.3   

La demanda  

Con  fundamento  en  la causal prevista en el  numeral  primero,  cuerpo  segundo,  del  artículo  207  de la Ley 600 de 2000,  plantea  tres  cargos contra la sentencia impugnada, por violación indirecta de  la  ley  sustancial,  a  causa  de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de  existencia,  falsos juicios de identidad y falsos raciocinios en la apreciación  de las pruebas.   

Errores    de    existencia   

Afirma   que   se  presentaron  porque  los  juzgadores  omitieron dar por  demostrado, estándolo, que los hechos datan  del  año  2000,  y  que la sentencia debió haberse proferido de acuerdo con el  Decreto 100 de 1980, y no con fundamento en la Ley 599 de 2000.   

Errores de identidad  

Sostiene que la fiscalía debió investigar al  señor   ESAÚ  ORTIZ  DELGADO  (a.  SAÚL)  y  no  a  la  señora  MARÍA  ISABEL FRANCO CASTRO, porque de las  declaraciones  vertidas  por  el  denunciante,  cuyos  apartes  transcribe en lo  fundamental, se establece que fue aquél quien cometió el delito.   

Errores    de    raciocinio   

Sostiene que los juzgadores desconocieron los  postulados  de  la sana crítica al apreciar la prueba, porque la víctima en la  denuncia  y  en  su  ampliación,  que  transcribe  en los apartes que considera  pertinentes,   fue clara en señalar al señor SAÚL como la persona que lo  atendió,  que se comunicó con el espíritu de su esposa fallecida, que se puso  en  contacto  con  tres espíritus más de su familia, y quien además le pidió  el   dinero,   afirmaciones  que  los  juzgadores  omitieron  tener  en  cuenta.   

Sostiene   que  los  errores  que  denuncia  implicaron,  de  una  parte, la aplicación indebida del artículo 246 de la Ley  599  de  2000  y  la  falta  de aplicación del artículo 356 del Decreto 100 de  1980,  y de otra, la inaplicación del principio in dubio pro reo, razón por la  cual  solicita  a la Corte casar la sentencia impugnada y emitir en su lugar una  de carácter absolutorio.   

SE CONSIDERA  

La  Corte  inadmitirá  la  demanda objeto de  estudio  por no concurrir los presupuestos requeridos por el artículo 205 de la  Ley  600  de  2000 para la procedencia de la casación común, que el demandante  propone,  y  porque  no  cumple  los  requerimientos mínimos de fundamentación  exigidos  para  su  admisión a trámite por la vía alternativa de la casación  discrecional.   

Improcedencia    de    la    casación  común   

Este proceso se inició y tramitó con arreglo  a  las directrices de la Ley 600 de 2000, estatuto que en su artículo 205 exige  para  la  procedencia  del  recurso  de  casación  que  la  sentencia haya sido  proferida   por  un  Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial,  o  por  el  Tribunal Penal Militar, y que el  hecho  punible  por  el  que  se  procede  tenga  señalada pena privativa de la  libertad cuyo máximo exceda de ocho (8) años.   

La  sentencia  de  segunda instancia, en este  caso,  fue  dictada  por  un Juzgado Penal del Circuito, situación de la que se  sigue   que   el  primer  presupuesto  requerido  por  la  norma   para  la  procedencia  de  la  casación  por  la vía ordinaria  no  concurre,  y  que  el  demandante,  por  tanto, se  equivoca al pretender acceder a ella por esta vía.    

El casacionista contaba con la alternativa de  acudir  a  la  casación  discrecional,  de acuerdo con lo previsto en el inciso  tercero  del artículo 205 del estatuto procesal, como se lo indicó el juzgador  de  segunda  instancia  en  la  sentencia,  ajustando  su  fundamentación a las  exigencias  de  esta norma, pero no lo hace, y la demanda, como se dijo, tampoco  reúne  las exigencias mínimas de orden formal y sustancial requeridas por esta  modalidad casacional.   

Incumplimiento  de  los  requisitos  de  la  casación discrecional.   

La  procedencia  de la casación discrecional  presupone  el  cumplimiento  de  dos  condiciones, (i) demostrar la necesidad de  intervención  de  la  Corte  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o la  protección  de  las  garantías  fundamentales  y  (ii) la presentación de una  demanda  que formalmente reúna las exigencias mínimas de claridad, concreción  y fundamentación requeridas para su estudio de fondo.    

La  primera  exigencia  no se cumple, pues el  casacionista,   como  ya  se  indicó,  omite  por  completo  referirse  a  este  requerimiento.  Y en cuanto a la segunda, aunque identifica la causal invocada y  enuncia  unos  cargos específicos contra la sentencia, no se ocupa de acreditar  su existencia y trascendencia.      

En el primer cargo, en el que plantea un error  de  existencia,  sostiene  simplemente  que los juzgadores ignoraron pruebas que  acreditan  que  los  hechos sucedieron en el año 2000, y que esto condujo a que  se  dejara  de  aplicar  el Decreto 100 de 1980, sin especificar, en concreto, a  qué  pruebas se refiere, ni precisar por qué, de haber sido tenidas en cuenta,  la conclusión habría sido la que sustenta su pretensión.   

Al  margen de esto, la premisa fáctica en la  que  pretende sustentar el ataque resulta distanciada de la realidad, porque los  hechos  constitutivos de la conducta punible no se presentaron, como lo insinúa  el  casacionista,  el  día  que  JAIME  BENJAMÍN  GARZÓN  LINARES visitó por  primera  vez  al  Centro Esotérico Naturista para consultar problemas de salud,  sino  que  fue producto de todo un proceso, que se extendió por un buen tiempo,  hasta  inclusive  el  año  2003, en cuyo tracto sus propietarios se ocuparon de  esquilmar          inmisericordemente          el         patrimonio         del  denunciante.         

Deficiencias  similares  presenta  el segundo  cargo,  en  el  que  se  plantea un error de identidad en la apreciación de las  pruebas,  pues  el casacionista se limita a sostener que el autor de los hechos,  de  acuerdo  con  lo  afirmado  por  el denunciante, fue ESAÚ ORTIZ DELGADO (a.  SAÚL),  y  que  los  juzgadores,  por tanto, se equivocaron al procesar a   MARÍA  ISABEL FRANCO CASTRO,  sin esforzarse en acreditar el error que denuncia.   

La Corte ha dicho que el error de identidad se  presenta  cuando el juzgador al apreciar el contenido material de un determinado  medio  de  prueba  lo  cercena, adiciona o trasmuta, haciendo que diga lo que no  afirma,  y  que  su  demostración,  por tanto, debe orientarse necesariamente a  mostrar  que  la  aprehensión material que el juzgador hace del contenido de la  prueba desconoce su identidad fáctica.   

Esta  labor  no  es  la  que  acompaña  la  fundamentación  de  la  censura, pues el casacionista, en lugar de realizar una  sustentación  acorde con la lógica del error que denuncia, se dedica a extraer  del  testimonio  del  denunciante  los  apartes  que interesan a su pretensión,  dejando  de  lado  los  que  comprometen  a  su  defendida,  y otros, de los que  inequívocamente  se  establece  que  la señora MARÍA  ISABEL   FRANCO   CASTRO   hacía   parte   del  plan  delictivo.      

La  situación  no  es diferente en el tercer  cargo,  donde  se plantea un error de raciocinio, pues el casacionista, en lugar  de  acreditar que los juzgadores desconocieron las reglas de la sana crítica en  la  apreciación  de  las pruebas, porque desatendieron los principios lógicos,  las  máximas de experiencia o los postulados científica, se limita a reafirmar  que  la  procesada  no  cometió  el  hecho  que  se  le  imputa, apoyado en una  percepción personal e interesada de los medios de prueba.   

Las   inconsistencias  advertidas  resultan  suficientes  para  concluir  que  la  demanda  no  cumple  los  requisitos   mínimos  de  orden  formal  y sustancial exigidos para su selección a trámite  por  la  vía  de  la  casación  excepcional.  Por  tanto, en aplicación de lo  dispuesto  en  el  artículo  213  de la Ley 600 de 2000 se la inadmitirá, y se  ordenará   devolver   el  proceso  a  la  oficina  de  origen,  no  advirtiendo  violaciones  a  las  garantías  fundamentales que la Corte esté en el deber de  proteger de manera oficiosa.    

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE  

Inadmitir  la demanda de casación presentada  por    el    defensor   de   MARÍA   ISABEL   FRANCO  CASTRO.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                FERNANDO                              ALBERTO                             CASTRO  CABALLERO                               

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                                  MARÍA                   DEL                  ROSARIO                  GONZÁLEZ  MUÑOZ                                          

AUGUSTO        J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                LUIS                              GUILLERMO                              SALAZAR  OTERO                                 

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA  ORTIZ                           

Nubia Yolanda Nova García  

SECRETARIA  

    

1  Folios  30-32,  127-133  del  cuaderno  original  1  y  2-7  del  cuaderno de la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal.    

2  Folios 332-350 del cuaderno original 1.   

3  Folios 3-13 del cuaderno de segunda instancia.     

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