35440(09-02-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 35.440  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

APROBADO ACTA N°. 36  

Bogotá, D.C., nueve (9) de febrero de dos mil  once (2011).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la demanda de casación presentada por el defensor de ISMAEL   VENEGAS   SARMIENTO   contra  la  sentencia  proferida  el  9  de  julio  de  2010  por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá,  que  confirmó la condena impartida el 8 de mayo de 2009  por  el Juzgado Cincuenta y Uno Penal del Circuito de Descongestión de la misma  ciudad,  al  hallarlo  penalmente  responsable  del  delito  de  estafa agravada  continuada,  en  calidad  de  autor  y revocó la proferida contra MARÍA ISABEL  CASAS    DE   VENEGAS   y   MARÍA   ISABEL   VENEGAS   CASAS   por   el   mismo  punible.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.    En  el  año  1996  ISMAEL   VENEGAS   SARMIENTO  inició  un  negocio  de  compraventa  de  divisas  –dólares-  consistente  en  recibir  pesos colombianos a la tasa del  día    correspondiente   y   pagar   dólares   meses   después   –entre   dos   y   cuatro-  al  precio  actualizado,  negocio  que dependiendo de la fluctuación de dicha moneda podía  arrojar  ganancias  o pérdidas para el inversionista y que en algunas ocasiones  representaba el pago de unos intereses corrientes.   

En  este  tipo  de transacción incursionaron  MARIANA  SARMIENTO  DÍAZ,  JORGE  BRAVO  RESTREPO,  MARÍA MÓNICA SARMIENTO DE  MORALES,  RICARDO  ISAZA  RUGET,  LUCÍA  CADAVID  OSSA,  DIANA  PATRICIA BERNAL  SANTIAGO,  ILDER  SAIT ALI VEGA, SARA BERNAL, MESÍAS ÁLVAREZ PÉREZ, EDWIN PAZ  GARCÍA,  DORIS  AGUILERA  RODRÍGUEZ y JORGE ENRIQUE OSORIO REYES, pues VENEGAS  SARMIENTO  había ganado su  confianza  toda  vez  que  en ocasiones anteriores les había vendido dólares a  una  tasa  favorable  y  aquél  se  mostraba como un hombre honesto y devoto de  Dios,  al  punto  que  con  su  familia  había creado una Fundación denominada  “Comunidad   Católica  Abejitas   de  Jesús”  y  estaba por recibirse de diácono.   

Sin embargo, en el 2003, luego de que hubiera  percibido  la  suma  de  $384.388.000  de  varios  de  sus  clientes, quienes le  entregaron  dinero  en  cuantía  que  osciló  entre  $3.000.0000 y $60.000.000  producto  de sus ahorros, cesantías y hasta de la venta de un apartamento, cuya  entrega  fue  respaldada con títulos valores, VENEGAS  SARMIENTO fue requerido para obtener la devolución de  lo   invertido   pero  giró  y  libró  varios  cheques  y  letras  de  cambio,  respectivamente,    con   cargo   a   cuentas   bancarias   canceladas   o   sin  fondos.   

Posteriormente y después de que por todos los  medios  evadiera  el  pago  de las sumas debidas, el 30 de junio de 2003 huyó a  Miami  –Estados Unidos- en  compañía    de    su    esposa    –MARÍA  ISABEL CASAS SÁNCHEZ- quien para esa época era fiscal y su  hija   –MARÍA   ISABEL  VENEGAS  CASAS-,  estudiante de derecho-, lugar donde fue localizado por algunos  de los perjudicados.   

2.  De  manera  independiente  varios  de los  ofendidos  denunciaron   los  hechos,  correspondiendo  la  instrucción  a  varias  Fiscalías  Seccionales de la ciudad de Bogotá (86, 93, 113, 134, 183 y  221)  pero  como quiera que el 26 de julio de 2004 la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  asignó  el  conocimiento del asunto a la Fiscalía 86 Seccional de la  misma  ciudad, la cual había declarado abierta la investigación en resolución  del  13  de  enero  de  2004  y ordenado la vinculación mediante indagatoria de  ISMAEL           VENEGAS          SARMIENTO1,  el 7 de septiembre del mismo  año2,  ella  acumuló las actuaciones adelantadas por aquellas y ordenó  vincular  mediante  indagatoria  a  MARÍA  ISABEL  VENEGAS  CASAS, LUIS NÉSTOR  SARMIENTO CIFUENTES, ABEL LEMUS GONZÁLEZ y MARÍA GUERRERO.   

3.  El 3 de enero de 2005 se declaró persona  ausente   a   ISMAEL  VENEGAS  SARMIENTO3.  Lo  propio  ocurrió   respecto   de   MARÍA   ISABEL   VENEGAS   CASAS   el   1  de  marzo  siguiente4.   

4. Mediante resolución del 1º de febrero de  2005  se  resolvió  la situación jurídica de ISMAEL  VENEGAS  SARMIENTO  con  medida  de  aseguramiento  de  detención   preventiva   en   calidad   de  autor  responsable  del  delito  de  estafa5,  decisión  que  fue  confirmada por la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal   en   resolución   del   23   de  marzo  del  mismo  año6.   

5. Igual decisión se profirió el 29 de marzo  siguiente  respecto  de  MARÍA  ISABEL VENEGAS CASAS pero frente a LUIS NÉSTOR  SARMIENTO  CIFUENTES,  MARÍA  ENERIA  GUERRERO RAMOS y, ABEL LEMUS GONZÁLEZ se  abstuvo    de    imponer    la    aludida   medida7.   

6.  Por resolución de 14 de febrero de 2006,  se  dispuso  la  vinculación mediante declaración de persona ausente de MARÍA  ISABEL  CASAS DE VENEGAS como coautora del delito de estafa agravada en concurso  homogéneo           y           sucesivo.8   

7.  Una vez la Fiscalía 141 Seccional de  Bogotá  asumió  la  carga  laboral  de su homóloga 86, el 11 de septiembre de  2006     clausuró     el    ciclo    instructivo9.   

8.  El  mérito  del sumario se calificó con  resolución  de  acusación  del 24 de enero de 200710  en  contra  de  ISMAEL  VENEGAS  SARMIENTO  en calidad de  autor  del  delito de estafa.  De igual manera, precluyó la investigación  a  favor  de  MARÍA  ISABEL CASAS SÁNCHEZ, MARÍA ISABEL VENEGAS CASAS, MARÍA  ENERIA    GUERRERO    RAMOS,    LUIS    NÉSTOR    SARMIENTO    y   ABEL   LEMUS  GONZÁLEZ.   

Recurrida  la decisión fue modificada el 1º  de  junio  de  2007  por  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior en el  sentido  de acusar a VENEGAS SARMIENTO como autor del punible de estafa agravada  continuada  y  a MARÍA ISABEL CASAS SÁNCHEZ y MARÍA ISABEL VENEGAS CASAS como  coautoras        del        mismo        reato11.   

9. El juicio correspondió al Juzgado 51 Penal  del  Circuito  de  Bogotá, despacho que avocó el conocimiento del asunto el 14  de       septiembre       de      ese      año12.   

10. La audiencia preparatoria se surtió el 22  y      23      de      noviembre     de     200713 y la pública de juzgamiento  se  llevó  a  cabo  en  varias  sesiones  celebradas  el  4  y  25  de marzo de  200814.   

11.  Mediante  sentencia  del  8  de  mayo de  200915   ISMAEL  VENEGAS  SARMIENTO,   MARÍA   ISABEL   CASAS  DE  VENEGAS  y  MARÍA  ISABEL  VENEGAS  CASAS fueron condenados como  coautores  responsables de los punibles de estafa agravada continuada, a la pena  principal  de  setenta  (70)  meses de prisión y multa de ochenta (80) salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes, a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término de la  sanción  principal  y al pago de perjuicios materiales a favor de las víctimas  en   cuantía   de  $294.161.570.  Del  mismo  modo,  le  negó  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

12.  Inconforme  con  el  fallo  de  primera  instancia,  el defensor de los procesados interpuso recurso de apelación contra  aquél,  y  el  9 de julio de 2010 fue confirmado por la Sala Penal del Tribunal  Superior   de   Bogotá,   respecto  a  la  responsabilidad  penal  atribuida  a  ISMAEL  VENEGAS  SARMIENTO y  modificado  frente  a  la  endilgada  a  MARÍA ISABEL CASAS DE VENEGAS y MARÍA  ISABEL       VENEGAS      CASAS      quienes  fueron  absueltas       del       cargo       imputado16.   

13.  La  defensa técnica interpuso y sustentó el recurso extraordinario  de  casación17.   

14. El apoderado de la parte civil en calidad  de  sujeto procesal no recurrente presentó alegatos de oposición al recurso de  casación18.    

15.   El   asunto   fue   remitido   a   la  Corte.   

LA DEMANDA  

Una vez el demandante identificó los sujetos  procesales  y  la  sentencia  impugnada,  realizó  una  síntesis de los hechos  objeto de juzgamiento y de la actuación procesal.   

El  interés  para  recurrir  lo cifró en la  necesidad  de obtener la protección de los derechos fundamentales y unificar la  jurisprudencia  en punto de los criterios que respecto a los delitos de estafa y  captación masiva y habitual de dineros se encuentra enfrentados.   

Cargo        primero.   

Invocando  la  causal primera, cuerpo segundo  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000 postuló la violación indirecta de la  ley      sustancial      por      “errores  de  hecho  en  la  apreciación de las pruebas”,  pero el primer cargo lo propuso con  arreglo  a  la  causal tercera y solicitó la nulidad de la sentencia de segundo  grado   “por  contener  errores  in  injudicando  (sic)  en la denominación del NOMEN IURIS”.   

Explicó  que pese a que el Tribunal admitió  que  su prohijado realizó una captación masiva de fondos, sin estar autorizado  para   ello,   lo  condenó  por  el  delito  de  estafa  agravada  –artículo  246 del Código Penal- cuyo  bien  jurídico  tutelado  es el patrimonio económico, cuando ha debido hacerlo  por  el  punible  de  captación  masiva  y  habitual de dineros, previsto en el  capítulo  X  de  los  delitos  contra el orden económico y social –artículo  316 ibídem-, el cual tiene  como                  “finalidad”  proteger el sistema financiero.   

Como   el   Ad  quem  se  equivocó  en  el  nomen  iuris  incurrió  en  violación   del   debido   proceso   “por   falta  de  adecuación  típica  de  la  conducta”.   

Para  el  censor se quebrantaron “las   reglas  de  la  lógica  y  la  comprensión  jurídica”,  errores que impedían la emisión de sentencia de fondo.   

Dado que atribuye a la Fiscalía haber acudido  a  un  título  y  capítulo  ajenos  a la conducta desplegada por el enjuiciado  afirma  que  la  nulidad se debe declarar desde la resolución de acusación del  24 de enero de 2007.   

Luego de enunciar los elementos integrantes de  los  referidos  tipos  penales  aduce  que  sólo  el relativo al provecho está  probado  en  el comportamiento realizado por su defendido; no ocurre así con el  de  las  maniobras  fraudulentas capaces de inducir en error, ni la “cronología       previa      de  artificio-error-”  y  el  “encadenamiento  causal  inequívoco  entre  estos  dos aspectos”  necesarios  para que se tipifique el injusto de estafa. En cambio,  el  verbo  rector  del  reato  de  captación  masiva  y  habitual de dineros se  realizó y por consiguiente, existe certeza sobre su comisión.   

Tampoco  se  incurrió en el delito de estafa  –dice  el  actor-  porque  “si  la materialización  de   la   conducta  se  generó  siete  años  atrás  como  mínimo”   no   podría   argüirse   que  el  comportamiento   de   VENEGAS  SARMIENTO    era    doloso    toda    vez    que   no   existe   “dolo        futuro”.   Al   respecto,   anota   que  las  transacciones  realizadas durante ese período fueron de buena fe conforme a las  reglas  civiles  y  comerciales,  lo  que  le impidió advertir que “hacia  el  futuro  quedaría incursos  (sic)   en   la   normatividad   penal”.   

Seguidamente,  el  censor  asegura  que  el  Tribunal        cometió        “errores  de  hecho  por  falsos  juicios  de existencia”  por  omisión  que habrían recaído  sobre  la  prueba  testimonial.  Los siguientes son los argumentos del libelista  frente a cada uno de los testimonios.   

i)  MARIANA  ISABEL FAUSTINA SARMIENTO DÍAZ:  las  declaraciones  de  esta  dama  señalan  que la negociación de divisas fue  múltiple  desde  1996. No existió entonces estafa porque los pagos se hicieron  cumplidamente  en  los  términos  del contrato entre las partes y conforme a la  sana     crítica     y     las     “reglas   de   la  lógica” no hubo artificios ni engaños.   

Para  la  testigo  no  existía  “oscuridad, falta de claridad, error o  engaño” frente al negocio  celebrado   con   VENEGAS   SARMIENTO   pues   ella   sabía   que  “[l]a  compra  de  dólares  era  a un  futuro  pactado”  y  que  corría    el    riesgo    de   la   fluctuación   de   la   moneda.”   

Constituye         “máxima de la experiencia”  aquélla que indica que “no  obstante que la declarante afirma  que  tenía  plena confianza en Ismael, este solo hecho no le permitía negociar  sin   tomar   las  previsiones  del  caso,  que  eran  obtener  las  referencias  comerciales,   solicitarle  extractos  bancarios,  los  balances  expedidos  por  contador  público  o  revisor fiscal y si llevaba libros de contabilidad, hacer  averiguaciones  en  instrumentos  públicos  para  establecer  la  propiedad  de  inmuebles”.   

Cuando  las sumas invertidas son “importantes”,   enseñan   las   máximas  de  la  experiencia y el sentido común que es necesario tomar previsiones.   

De    acuerdo    con    la   “persuasión    racional”  el  delito de estafa no se configura  cuando se trata de operaciones de carácter civil.   

ii)  JORGE BRAVO RESTREPO: el testigo asegura  que  el  procesado  actuaba  con  honestidad  y  en estricto cumplimiento de las  obligaciones  contraídas,  entonces  conforme a las leyes de la lógica se debe  deducir  que  el  comportamiento  de   VENEGAS  SARMIENTO  no  es  el de un  “hombre  estafador”.  “La  regla  de  la experiencia enseña  que  si  una  persona  obra  éticamente  por un largo periodo o durante toda su  vida,  cumpliendo  con  sus  obligaciones y máxime cuando todos perciben que su  espíritu  está  enriquecido por dones especialísimo (sic), es porque se trata  de   una   persona   con   meritos   (sic)   y   de   bien  obrar  y  no  de  un  estafador”.   

iii) JORGE ENRIQUE OSORIO REYES: el declarante  dijo   que   conocía  a  perfección  el  negocio  y  sus  riesgos  y  que  las  transacciones  eran voluntarias.  Si el incumplimiento posterior provino de  “circunstancias  insalvables” –como   lo  afirman  otros  testigos-,  comporta  una  transgresión de las leyes de la lógica estimar que el procesado  está     incurso    en    el    delito    de    estafa,    pues    “las  negociaciones  están  amparadas  por  obligaciones  de  dar”  reguladas en los artículos 1495 y 1496 del Código Civil.   

Como  el  contrato  entre  el  testigo  y  el  procesado  fue  voluntario  y  tampoco existió error, fuerza o dolo -artículos  1502 y 1508 ibídem- no se configura el delito de estafa.   

Es    así    como    las    “leyes   de   la  ciencia”  descritas  en  el  referido Estatuto  permiten colegir que se trató de obligaciones civiles.   

El  mercado  de  divisas es legal en Colombia  salvo  las limitaciones impuestas por el Estatuto Financiero y los decretos 2920  de 1982 y 1981 de 1988 respecto al número de captaciones.   

iv)  MARÍA ISABEL BERTHA FORNAGUERA CARULLA:  la  testigo  dio  cuenta  acerca  del  cumplimiento  de  los pagos en las fechas  estipuladas  a  lo  largo  de  seis años. Esta aseveración a la luz de la sana  crítica  y  las  reglas  de  la lógica demuestra que la conducta del implicado  “no  encasilla dentro de  las    normas   del   Código   Penal”.   

Así  mismo,  el  aparte  donde la declarante  manifiesta  que  no  fue  presionada para comprar los dólares y que accedió al  negocio  porque  el precio era atractivo y tenía una relación de confianza con  el enjuiciado, descarta las maniobras engañosas.   

v)  LUCÍA  CADAVID OSSA: De haberse valorado  este  testimonio  –y otros,  no  dice  cuáles-  conforme  a  la  sana  crítica  se habría aceptado que los  negocios     se    desarrollaron    “satisfactoriamente        para       ambas       partes”,  por  un  período de tiempo, lo que  descarta   el  “ardid  o  mentira”.   

De    igual   manera,   la   “sana        lógica”    indica   que   la   “desgracia        (…)  tuvo  que  sobrevenir  de un hecho  extraño   a   la   personalidad   del  implicado  debido  presuntamente  a  las  negociaciones  inauditas  o  absurdas  de  cobrar el más bajo previo y pagar al  precio   más   alto  y  con  beneficios  extendidos  en  el  tiempo”  de  tal  forma  que los contratistas  quedaron  en  una situación privilegiada al obtener altos rendimientos mientras  que  el  procesado  “tuvo  que     huir     acosado    por    las    deudas    y    la    ruina”.   

Sobre   el   particular,  las  “leyes   de   la  lógica”    informan    que    “el  que  no gana, pierde y que en los  negocios  debe  establecerse  un  punto  de  equilibrio,  para  que sean viables  económicamente;  cuando se rompe, el fracaso es inminente y estas conductas son  humanamente        comprensibles”.   

De   ese   modo,  constituye  regla  de  la  experiencia  aquella  que  dice  que  “los  comerciantes  en  sus  negocios  siempre  están  buscando  la  utilidad              alta”.   

vi) MARÍA ADELA VENEGAS SARMIENTO: la hermana  del    acriminado    alude    al    “don  especial”  que   recibió   de  su  hermano.  Las  leyes  de  la  experiencia  indican  que  “si   a  una  persona,  especialmente  desde  su  remota infancia le siembran caminos de perfección, lo  que  patentizas  (sic)  es  que  su  mentor o formador siempre fue creyente y su  religiosidad  ha  sido  permanente  en  todos  los  tiempos  de  manera  que  la  organización  religiosa  no  la creó para realizar estafas, sino con el fin de  hacer meritos (sic) para su diaconado.”   

Para  ella los factores por los que sobrevino  la  crisis  económica  fueron  la subida del dólar, los altos intereses de los  préstamos  y  el  hurto  del  capital  de dinero. De acuerdo con ello, se puede  predicar  a  la  luz  de  la  sana  crítica,  las  leyes  de la lógica y de la  persuasión   que   “un  cúmulo  de  pérdidas  monetarias como las anotadas, irremediablemente producen  resultados  catastróficos que levan a la quiebra del negocio y a la consecuente  iliquidez      e     incumplimiento”.   

vii)  BERNARDO KUAN RICACHA: Según lo afirma  el  testigo la quiebra del enjuiciado se produjo por el pago de altos intereses,  el  atraco  a sus mensajeros en el año 2002 y la deuda impaga por un alto valor  por  parte  de  un “señor  Ferrucho”. Así mismo, en  los  oficios  religiosos no observó alguna asociación con el negocio de cambio  de divisas.   

Opera  la regla de experiencia según la cual  “estos aconteceres no son  extraños  en la vida de los negocios porque dada la situación desarreglada que  se  vive  en  nuestra  Nación  donde  abundan  y suceden a cada momento atracos  callejeros,  asaltantes  de  bancos,  fleteros,  no es extraño que igualmente a  Ismael   le   hubieran   (sic)  sucedido,  en  primer  lugar  el  atraco  a  los  mensajeros”.   

Tampoco es extraño conforme a la experiencia  que    el    “señor  Ferrucho”  no  le  haya  cancelado a VENEGAS SARMIENTO las acreencias.   

viii) DORIS AGUILERA RODRÍGUEZ: La sentencia  mencionó  “una  mínima  expresión”   de   su  declaración,  por  lo  cual  no  existe  error de identidad sino de existencia.   

De  acuerdo  con  su  dicho,  ella  obtenía  intereses  demasiado  altos durante los años en que el costo de vida era menor.  De  lo  anterior,  se  infiere que los otros contratistas recibían “cantidades   de   dinero  menores  o  mayores  de utilidades”. La  lógica     indica    que    una    “persona  acorralada  por estas circunstancias financieramente tiene  que quebrar”.   

Para el libelista una apreciación en conjunto  de  las  pruebas  permite concluir que i) por muchos años VENEGAS SARMIENTO fue  cumplido  en  sus  negocios,  ii)  las  inversiones  de  los denunciantes fueron  voluntarias  conociendo  los riesgos de la compraventa de divisas a futuro, iii)  el    procesado    no    se    valió   de   su   condición   de   “hombre       devoto”  para  engañar  a  los contratistas,  máxime  cuando está probado que el grupo de oración nació después de que se  dieran      las      relaciones     comerciales,     iv)     la     “carrera   del  diaconado”   pertenece  al  fuero  interno  del  enjuiciado  –las  pruebas  relacionadas  con  este  aspecto  no  fueron  valoradas  (declaraciones  de  los  sacerdotes   ALIRIO  LÓPEZ  AGUILERA  y  ALBERTO  JOSÉ  OJALVO  PUERTO  y  una  certificación   de   la  Arquidiócesis  de  Bogotá),  v)  no  se  valoró  el  certificado  de  antecedentes judiciales ni el testimonio de HÉCTOR MARIO REYES  AVELLANEDA      el      cual      “denota  un  ánimo persecutorio porque no es posible que se recurra  a    estratagemas   innobles   para   perjudicar   a   una   persona”   y   vi)   son   inconducentes  los  “documentos  emanados de  la  ciudad de Miami” ya que  no dicen nada de la vida del acriminado.   

El defecto es trascendente porque “desvirtúa”   la   existencia  de  artificios  o  engaños, como elemento estructural del tipo penal de estafa.   

Segundo cargo.  

Igualmente,  por  la  ruta  de  la violación  indirecta   de   la  ley  sustancial  “por  errores  de  hecho en la apreciación de la prueba”  el  censor  imputa  al  Tribunal  un  falso raciocinio derivado de  construir   un   “hermoso  panegírico”  cuando  se  refirió  a  la  personalidad espiritual de ISMAEL VENEGAS SARMIENTO y concluyó  que era un medio para ganar la confianza de sus víctimas.   

Según  lo  asegura  el recurrente el Ad quem  quebrantó   las   leyes   de   la   “sana      crítica     junto     con     la     lógica”   porque  si  el  procesado  era  un  “comerciante que ejerció  esta  actividad  durante  muchos  años”  debió  deducir  que  era  una  persona  de  bien que realizaba un  ejercicio sano de su actividad y no, un estafador.   

Agregó  que  el error denunciado es evidente  porque  se  concluyó  que  pese  a  que las personas ofendidas contaban con una  “alta  inteligencia” –abogados,  administradores de empresa,  docentes, etc.-, fueron estafados.   

Se transgredieron las leyes de la experiencia  como  quiera  que  las  personas  manejan  su  dinero con prudencia para lo cual  buscan  bancos,  corporaciones  y  cajas  de  ahorro,  cooperativas,  bolsas  de  valores,  etc.  y  no  lo  entregan  sin cerciorarse del respaldo económico del  contratante.   

Afirma   el   demandante  que  “engaño   hubiera  sido  que  Ismael  hubiera  soportado  con  balances  ficticios una situación de mucha solvencia o  engaños   de   ese   tipo   que   no   aparecen   en   el   proceso”.   

Además,  dice  que  constituye  ley  de  la  experiencia    aquella   que   indica   que   los   profesionales   “tienen  el  conocimiento pleno de las  conductas  que  están realizando y si se aventuran en operaciones de riesgo, no  es   por  engaño,  sino  movidos  por  la  ambición  de  obtener  exorbitantes  ganancias”.   

También   se   habrían   vulnerado   los  “principios de la ciencia  jurídica”  porque  los  tratadistas  del  derecho  penal  enseñan  cómo  se  conoce  a  un  estafador,  condición  que  no  puede  predicarse  de su prohijado porque es un ser digno e  intachable.   

Tampoco  existe nexo causal entre la conducta  de  cumplimiento  en  el  negocio  de cambio de divisas y la referida crisis que  generó    la    quiebra    pues    “se  trata  de  viejos  clientes  y no (sic) nuevos incautos como en  falso       raciocinio       lo       asevera       el      Tribunal”.   

En consecuencia, se inaplicaron los artículos  232  y  238  –no especifica  de qué estatuto-.   

Concluye que este error es trascendente porque  se      formularon      cargos      contra     su     prohijado     “por   una   insolvencia   total   e  intelectual  en  el  estudio del proceso y desarrollo de la sentencia de segunda  instancia.”   

Solicitó casar el fallo impugnado.  

LOS ARGUMENTOS DEL NO RECURRENTE  

El  apoderado  de  la  parte  civil  pide  se  desestime  la  demanda  de  casación  porque  debió  proponerse  por  la  vía  discrecional,  toda  vez que el delito de estafa no excede los ocho (8) años de  prisión   y  sin  embargo,  el demandante no formuló ningún argumento en  orden  a  obtener el desarrollo de la jurisprudencia o la violación de derechos  fundamentales.   

Así mismo, para el togado el censor faltó a  la  técnica  porque  los  dos  cargos  formulados son uno solo y su separación  constituye         una         “tautología”.   

Después  de citar jurisprudencia de la Corte  Suprema    de   Justicia   solicitó   rechazar   in  limine  el  libelo y subsidiariamente, desestimarla en  una decisión de fondo.   

CONSIDERACIONES  

1. Cuestión previa. Sobre la procedencia del  recurso de casación por la vía ordinaria.   

Atendiendo  que para el apoderado de la parte  civil  la demanda debería ser rechazada por cuanto a su juicio el censor debió  acudir  a  la casación discrecional y no a la ordinaria, en tanto el delito por  el  que  se  procede  no tiene pena superior que exceda los ocho (8) de prisión  exigidos  por  el  artículo  205  de  la  Ley  600  de 2000, oportuno se ofrece  dilucidar  que  no  le  asiste  razón  porque el extremo punitivo que ha de ser  considerado  a  efecto de establecer la procedencia del recurso por los senderos  ordinario  o discrecional es aquél que resulte de la conducta punible entendida  esta como el tipo penal con todas sus circunstancias modificadoras.   

Es  así  como  en  el caso que nos ocupa, al  procesado    se   le   elevaron   cargos   por   el   delito   de   estafa            –sancionada con pena de prisión de dos  (2)   a  ocho  (8)  años  (artículos  246  del  Código  Penal)-  agravada  por la cuantía -de una tercera  parte    a    la    mitad    (artículo    267-1    ibídem)-   y   continuada          –aumentada   en   una   tercera  parte  (artículo  31  parágrafo  ibídem)-,  adecuación  típica  que como es obvio,  comporta  un  incremento  en  la  sanción  penal del comportamiento básico que  establece un límite máximo de dieciséis (16) años.   

Siendo ello así, es claro que la ruta por la  que    procede   el   recurso   es   –como  acertadamente  la  escogió el casacionista- la ordinaria y no  la discrecional.   

2.   Inadmisión   de   la   demanda   de  casación.   

De  conformidad  con  el  artículo  213  del  Código  de Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá la demanda, porque  no  reúne  los  presupuestos ni cumple con las exigencias mínimas previstas en  el artículo 212 del mismo Estatuto.    

Bien  sabido  es,  que  en orden a derruir la  doble  presunción  de  acierto y legalidad que reposa sobre el fallo de segundo  grado,  el recurso extraordinario de casación debe ser elaborado respetando las  formalidades  técnico  jurídicas  previstas  en  la  ley  y la jurisprudencia,  según  se trate de cada una de las causales establecidas en el artículo 213 de  la Ley 600 de 2000.   

En ese sentido, la censura se debe soportar en  los  principios  que  rigen  el  recurso  extraordinario,  en  especial,  los de  claridad,  precisión,  fundamentación, no contradicción y autonomía, sin que  sea  viable argumentar a la manera de un alegato de instancia como si se tratara  de  un  escrito de libre formulación.  La proposición de los cargos exige  escoger  adecuadamente  la  causal y el sentido de la violación y, concretar el  disenso en términos de suficiencia y trascendencia.   

El  libelo  que  se  examina  no  acata estas  previsiones. Estas son las razones:   

2.1. Cargo primero.  

Cuando de impetrar el recurso de casación se  trata,  antes de entrar a examinar las bases lógico jurídicas de la demanda de  casación  corresponde verificar que conservando la misma unidad temática, esto  es,  iguales  similares  o  conexos motivos de disenso -salvo que se trate de la  violación  de  garantías  fundamentales- se haya impetrado a su vez el recurso  de  apelación  contra  aquélla  o  que  no  habiendo  ejercido  el  derecho  a  impugnarla,  otro  sujeto procesal lo haya promovido generando una decisión que  entrañe    una   situación   jurídica   desfavorable   para   quien   no   la  recurrió.   

Así  mismo,  aunque  no  se  exige  absoluta  congruencia  entre las razones de la apelación y las de la demanda de casación  debe existir correspondencia entre las pretensiones.   

En este caso, el recurrente carece de interés  para  recurrir en casación toda vez que verificado el fallo de segundo nivel se  advierte  que  ningún  reparo  orientado  a  denunciar el error de juicio en la  calificación  jurídica  formuló  la  defensa  en el recurso de apelación, el  cual  por  el  contrario,  únicamente  se  destinó a controvertir la prueba de  cargo  en  orden  a desvirtuar la responsabilidad penal del acusado respecto del  delito de estafa.   

En  efecto,  según se lee en la sentencia de  segunda  instancia  la pretensión de la defensa en la impugnación del fallo de  primer  grado  estuvo orientada a obtener la absolución del enjuiciado respecto  del  delito de estafa, mientras que la de la demanda de casación es procurar la  declaración  de  nulidad de la actuación para que el procesado sea investigado  por el delito de captación masiva y habitual de dineros.   

Claramente,  el  censor  inadvirtió que para  recurrir  en casación debe existir sincronía temática entre los argumentos de  la  pretensión  de  la  alzada  con  las  causales  y cargos que fundamentan el  recurso  de  casación,  pues debe recordarse que la impugnación extraordinaria  no  es  una instancia y sólo está destinada a efectuar un control de legalidad  y constitucionalidad sobre el fallo.   

Y es que, como es obvio, si el Tribunal no se  pronunció  sobre  el punto  debatido porque la parte apelante no se ocupó  del  asunto  en el recurso de apelación, mal podría la Corte invadir la esfera  decisoria  del Ad quem, salvo que se trate de proteger garantías fundamentales,  caso   en  el  cual  estaría  habilitada  para  emitir  el  pronunciamiento  de  rigor.   

En  el  asunto examinado, tanto el núcleo de  argumentación  como  la pretensión formulada en la apelación son distintos de  los  presentados  en  sede  de  casación  y como quiera que aquéllos no fueron  objeto  de  inconformidad  en  la  alzada  no  pudieron ser tema de debate en la  instancia.   

Sin embargo, con desconocimiento del principio  de  preclusión, a través del recurso de casación, el censor elabora una nueva  hipótesis  jurídica  que  deduce de la sentencia dictada por el juez colegiado  cuando  se  refiere  a  la  captación  de dinero del público sin autorización  legal  por  parte de VENEGAS SARMIENTO, pero que apenas es un argumento de dicha  autoridad  judicial  para  demostrar  los  artificios  y  engaños empleados por  VENEGAS   SARMIENTO  para  defraudar  a  los  compradores  de  dólares  y  no  para imputarle el delito de  captación masiva y habitual de dineros.   

En  verdad,  se  tiene  que  con el objeto de  adquirir  la legitimación para incorporar en sede de casación un nuevo tema de  debate,  el  demandante  pareciera  aprovechar la referida mención del Tribunal  acerca  de  la  captación  de dinero y de esta manera, figurarse un error en la  denominación  jurídica de la conducta, cuando la referencia a ese hecho por el  Ad  quem  es  apenas  enunciativo de las maniobras engañosas desplegadas por el  encausado para obtener el provecho ilícito.   

De otro lado, cuando de probar un error en la  calificación  jurídica  se  trata, la Sala tiene suficientemente decantado que  se  debe postular a través  de  la  causal  tercera (nulidad) pero con la metodología de la causal primera,  para  lo  cual  le  corresponde  al  casacionista  demostrar  que  incurrió  en  violación directa o indirecta de la ley sustancial.   

El  censor,  en  cambio,  en una proposición  inversa  a  la  técnica,  postuló el cargo por el sendero de la causal primera  –violación  indirecta de  la  ley  sustancial-,  lo  desarrolló  en un primer aparte conforme a la causal  tercera  –nulidad-,  para  luego,  terminar  de  argumentar  el  disenso  con  arreglo a la causal primera:  indirecta en la modalidad de falso juicio de existencia.   

Es  nítido  el  desatino  del defensor quien  exhibe  una  confusión  técnico  jurídica  que  lo  lleva a desconocer que al  postular  el  cargo conforme a la causal primera estaba impedido para soportarlo  de  acuerdo  con  los  lineamientos de la causal tercera, pues las consecuencias  jurídicas  de  una y otra causal son excluyentes en tanto la primera procura la  emisión  de  fallo  de reemplazo mientras que la segunda, busca la declaración  de   invalidez  de  la  actuación  desde  el  momento  en  que  se  produjo  la  irregularidad sustancial.   

En  efecto,  el  actor  inició  el  reproche  argumentando  que  se  incurrió  en  nulidad  porque  el fallo violó el debido  proceso   al   atribuir  a  la  conducta  de  su  representado  un  nomen  iuris  –estafa agravada- distinto  al  que  presuntamente  correspondía  –captación  masiva y habitual de dinero- y seguidamente afirmó como  si  se  tratara  de  la demostración de un falso raciocinio que se quebrantaron  “las reglas de la lógica  y    la    comprensión    jurídica”,  para terminar dedicándose a formular sucesivos falsos juicios de  existencia por omisión.   

Es   evidente,   la   desatención   de  la  argumentación  jurídica  casacional  en  tanto  en  la demostración del cargo  combinó  diferentes  tipos  de  censura,  los  que  conforme  al  postulado  de  autonomía no admiten ser formulados simultáneamente.   

Nótese que no en vano se ha dicho que en los  eventos   de   error  en  la  denominación  jurídica  de  la  infracción,  la  proposición  debe  formularse  por la vía de la causal tercera, atendiendo que  en  principio,  constituiría un error de estructura con vocación de afectar el  proceso  debido,  pero  su  demostración  debe hacerse de acuerdo con la causal  primera  porque  aquél  defecto sería consecuencia de un error de juicio en la  adecuación  típica  que  comportaría  una  equivocación en la escogencia del  precepto  llamado  a regular el asunto –violación  directa-  o  en  la apreciación de los medios de prueba  –violación  indirecta-.   

Con  todo,  también advierte la Sala que los  fundamentos  de  derecho  empleados  por el censor para demostrar la nulidad son  completamente  ajenos  a la argumentación de este tipo de censura donde se debe  demostrar,  bien el quebrantamiento de la estructura del proceso o la violación  de  las garantías constitucionales conforme a las causales taxativas de nulidad  previstas  en  la  ley  penal.  Nótese  que, aquí el aparte correspondiente se  asemeja  más  a  un  reparo  por  la  vía directa por aplicación indebida del  artículo  246  del  Código  Penal  e  inaplicación del artículo 316 ibídem,  propuesta que en todo caso no fue intentada.   

Y es que conforme al principio de limitación  que  rige  el  recurso  extraordinario,  la  Corte  no  puede  suplir el defecto  argumentativo  para  alterar  el  orden de postulación y desarrollo del cargo y  entender  que lo pretendido era formular el disenso conforme a la causal tercera  y estructurarlo de acuerdo con la metodología de la primera.   

En  todo  caso,  es  de advertir que si éste  fuera  el  caso,  tampoco  el  demandante  respetó  los criterios formales para  demostrar la violación indirecta de la ley sustancial.   

Obsérvese  que  si  bien el actor pretendía  demostrar  numerosos  errores  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia por  omisión,  para  lo  cual  era  de  su resorte demostrar que la prueba echada de  menos  en la demanda no había sido considerada por la autoridad judicial pese a  su  materialidad  objetiva  en  el  expediente,  dejó  de  lado esa tarea, para  dedicarse  a  crear amparado en presuntas leyes de la sana crítica, raciocinios  propios   que   sólo   ofrecen   una   apreciación   particular   del   caudal  probatorio.   

El   defecto   argumentativo   cobra  mayor  relevancia  cuando  se  observa  que el yerro de existencia denunciado carece de  idoneidad  sustancial en la medida que contrario a lo argüido por el demandante  todos  y  cada  uno de los testimonios supuestamente no considerados en el fallo  reprobado  fueron  apreciados  por  los  juzgadores bien en sentencia de segunda  instancia,  en  la de primer grado -con la cual aquélla conforma un solo cuerpo  por  virtud  del  principio  de inescindibilidad en tanto una y otra providencia  tienen el mismo sentido de decisión-, o en ambas.   

Es así como se comprueba que los testimonios  de         JORGE        BRAVO        RESTREPO19,  MARIANA  ISABEL  FAUSTINA  SARMIENTO                    DÍAZ20,   JORGE   ENRIQUE   OSORIO  REYES21,    MARÍA    ISABEL    BERTHA    FORNAGUERA    CARULLA22  y,  DORIS  AGUILERA                  RODRÍGUEZ23    fueron    expresamente  considerados  por  el Tribunal en el fallo de 9 de julio de 2010, si bien no con  la  amplitud  ambicionada  por la censura, sí dando aplicación al principio de  apreciación  de  las pruebas en conjunto descrito en el artículo 238 de la Ley  600 de 2000.   

Las mismas declaraciones y la de BERNARDO KUAN  RICACHA24,  esta  vez  con  especial  énfasis  y  amplitud,  fueron asimismo  valorados  por  el  juzgador  de primer nivel en la sentencia del 9 de julio del  mismo año.   

Como  quiera  que  el  reproche casacional se  fundó  en  una hipótesis falsa, esto es, que la prueba testimonial había sido  omitida,  pero está acreditado que ella sí fue valorada es nítido que ninguna  vocación de admisión tiene este cargo.   

Ahora,  si  lo  pretendido  era denunciar que  dichos  testimonios  no  fueran  apreciados  en  su  integridad  o faltando a su  literalidad,  el  camino que debió seguirse era el del error de hecho por falso  juicio   de   identidad   en   cualquiera   de   sus   modalidades  –tergiversación,     adición     o  supresión-, según fuera el caso.   

Aduce el censor que respecto del testimonio de  DORIS    AGUILERA    RODRÍGUEZ    el    Tribunal    hizo    una    “mínima     expresión”  lo  que  a  su  juicio  implica  que  omitió  la  prueba.  Esta lectura es desacertada porque cuando el medio de  convicción  se  analiza  pero  su  contenido se mutila no es el falso juicio de  existencia  por omisión el ataque a emprender sino el falso juicio de identidad  por cercenamiento.   

Ahora, en punto de trascendencia, el censor no  acreditó  que  los testimonios de ALIRIO LÓPEZ AGUILERA y ALBERTO JOSÉ OJALVO  PUERTO  fueran  relevantes  para variar el sentido de la decisión condenatoria,  pues  frente  a  ellos se limitó a manifestar que servirían para acreditar que  la    “carrera   del  diaconado”  pertenece  al  fuero  interno  del  acusado,  cuestión que no es objeto de discusión para los  fines del proceso.   

Igual  irrelevancia  comporta  la ausencia de  valoración  del  testimonio  de  HÉCTOR MARIO REYES AVELLANEDA si se considera  que   es   el   mismo   demandante   quien  afirma  que  su  dicho  “denota  un ánimo persecutorio porque  no  es  posible  que  se  recurra  a estratagemas innobles para perjudicar a una  persona”, luego, que esta  declaración   fuera  valorada  por  los  juzgadores  antes  que  favorecer  los  intereses  de  su  prohijado,  constituiría  un  ejercicio  perjudicial  de  la  defensa,  en  tanto  el  dicho  del  deponente  haría  las  veces  de prueba de  cargo.   

La   censura   así   concebida   debe  ser  inadmitida.   

2.2. Segundo cargo.  

La concreción de un error de hecho por falso  raciocinio  requiere la demostración de un ejercicio valorativo del funcionario  judicial  trasgresor  de los postulados de la lógica, las leyes de la ciencia o  las  reglas de experiencia, es decir, de los principios de la sana crítica como  método de apreciación.   

Con  tal  fin, el libelista debe señalar con  exactitud  el  medio  de prueba sobre el que recae el yerro, identificar aquello  que  expresamente  dice  y  se  deduce de él, el mérito persuasivo otorgado al  mismo  por el juzgador, indicar y desarrollar con exactitud la regla lógica, la  ley  de  la ciencia o la máxima de la experiencia o del sentido común aplicada  indebidamente  por  el  juzgador al realizar el proceso valorativo de los medios  de  prueba,  así como la que apropiadamente le debió servir de apoyo, la norma  de  derecho  sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida o indebidamente  aplicada  o  interpretada y finalmente, demostrar que de no haberse incurrido en  el  defecto,  el  sentido  de  la decisión adversa habría sido sustancialmente  opuesto.   

El  examen  de  la  demanda  enseña  que  el  libelista   no   cumplió  con  las  fases  argumentativas  recién  precisadas.   

En verdad, además que no precisó los medios  de  prueba  sobre  los  que  habría  recaído  el  yerro,  ni  indicó  lo  que  expresamente  dice  y  se  deduce  de  él  y  el valor otorgado al mismo por el  sentenciador,  se  observa  que el recurrente construyó las que a su juicio son  las  leyes  de  la sana crítica que debieron aplicarse por el Tribunal, pero no  identificó  las  empleadas  erradamente por el cuerpo colegiado, limitándose a  citar  un  aparte  de  la  providencia  cuestionada en la que el sentenciador no  invocó  alguna  concreta regla de la experiencia, postulado de la lógica o ley  de  la  ciencia, sino que aludió a hechos probados en la actuación, tales como  el  acreditado  cumplimiento  por  años  de  los  términos  contractuales,  el  reputado    conocimiento    de    sus    condiciones   personales   –“responsable  hombre  de  familia,  filantrópico  y  religioso, respetable abogado, avezado comerciante”-,  la  capacitación  profesional  y  nivel cultural de las víctimas, etc..   

Constituye  un  hecho  y  no  un  juicio  la  consideración  del  Tribunal  según  la cual pese a que las personas ofendidas  contaban   con   un  gran  intelecto  –abogados,   administradores   de  empresa,  docentes,  etc.-  fueron  estafados,  luego,  ninguna  censura  en  este  sentido cabría enfilar hacia el  fallo impugnado.   

Finalmente, pertinente se ofrece precisar que  si  bien  en  el  curso  normal  de los negocios las personas que asumen riesgos  financieros  pueden concebir la pérdida o ganancia de utilidades dependiendo de  las  condiciones  del  mercado,  justamente  por  la  prudencia  a  la  que hace  referencia  el  libelista  nadie  invertiría su capital en un negocio jurídico  para   perderlo   íntegramente   a   manos   de   la   parte   a   la   que  lo  confían.   

Por  manera  que,  no  hay lugar a admitir el  cargo examinado.   

Finalmente,  como la revisión del expediente  permite  inferir  que  no  se ha incurrido en notorias causales de nulidad ni en  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  la  Corporación no puede  penetrar de oficio al fondo del asunto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

Primero.  Inadmitir  la  demanda de casación presentada por ISMAEL VENEGAS  SARMIENTO, contra la sentencia del 9 de julio de 2010,  dictada por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá.   

Segundo.  Contra  esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

            

FERNANDO  ALBERTO  CASTRO CABALLERO  

SIGIFREDO ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

            

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

JORGE LUIS QUINTERO  MILANÉS             

JULIO ENRIQUE SOCHA  SALAMANCA  

TERESA  RUIZ NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1 Cfr.  folio 88 del cuaderno original No. 1 del sumario.   

2 Cfr.  folios 198-201 ibídem.   

3 Cfr.  folios 7-10 del cuaderno original No. 2 del sumario.   

4 Cfr.  folio 200 ibídem.   

5 Cfr.  folios 33-39 ibídem.   

6 Cfr.  folios 10 a 17 del cuaderno original de segunda instancia.   

7 Cfr.  folios 220-224 del cuaderno original No. 2 del sumario.   

8 Cfr.  folios 205-208 del cuaderno original No. 3 del sumario.   

9 Cfr.  folio 259 ibídem.   

10 Cfr.  folios 36-81 del cuaderno original No. 4 del sumario.   

11 Cfr.  folios 62-85 del cuaderno original de segunda instancia.   

12 Cfr.  folio 5  del cuaderno original No. 1 de la causa..   

13 Cfr.  folio 70-85 ibídem.   

14 Cfr.  folios 95-118 y 131-142 ibídem.   

15 Cfr.  folios 193-213 ibídem.   

16 Cfr.  folios 17-48 del cuaderno del Tribunal.   

17 Cfr.  folios 77-125 ibídem   

18 Cfr.  folios 128-138 ibídem.   

19 Cfr.  folios   40   del   cuaderno  del  Tribunal  y  200  del  cuaderno  No.1  de  la  causa.   

20 Cfr.  folios   41   del   cuaderno  del  Tribunal  y  200  del  cuaderno  No.1  de  la  causa.   

21  folios   41   del   cuaderno  del  Tribunal  y  203  del  cuaderno  No.1  de  la  causa.   

22  Ibídem.   

23 Cfr.  folios   32   del   cuaderno  del  Tribunal  y  202  del  cuaderno  No.1  de  la  causa.   

24 Cfr.  folio 199 del cuaderno No. 1 de la causa.     

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