35322(04-05-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso n° 35322  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                     

Magistrado Ponente:  

                                                       ALFREDO    GÓMEZ  QUINTERO   

                                                                           Aprobado Acta  No. 150   

Bogotá,   D.C.,  cuatro (4) de mayo de dos mil once (2011)   

VISTOS  

La Sala se pronuncia sobre la viabilidad de la  demanda  sustento  del  recurso  de  casación  instaurado  por  el apoderado de  ANDRÉS  DÍAZ TOVAR, contra  la  sentencia  dictada  el 9 de julio de 2010 por el Tribunal Superior de Neiva,  mediante  la  cual  confirmó  el  fallo condenatorio dictado el 13 de abril del  mismo  año  por  el Juzgado Penal del Circuito Especializado de esa ciudad, que  le  impuso  prisión de doscientos cuatro (204) meses, multa de ochocientos diez  (810)   salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes  y  modificando  la  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas al fijarle  un  término de diecisiete (17) años, como responsable del delito de extorsión  en  concurso  con  rebelión.  Por  las  mismas conductas punibles fue condenado  Ferney Torres Bustos, en calidad de cómplice de la extorsión.   

LOS HECHOS  

El 17 de noviembre de 2006, en zona rural de  Campoalegre  (Huila)  fue  secuestrado el señor Olmer Hernández Gutiérrez por  integrantes  de  las  FARC. Inicialmente, por su liberación fue exigida la suma  de  cien  millones  de  pesos, la cual sería rebajada a la mitad. A pesar de su  esposa  Dora  Amalfi  Ramos  haber  pagado  sesenta  millones  de  pesos  por su  libertad,  no volvería a tener noticia de su cónyuge. A mediados del siguiente  año  se  sabría  de  su muerte y que a pesar de ella, sus captores se hicieron  entregar   la  totalidad  del  dinero  convenido  con  la  familia  del  occiso.  ANDRES   GARCÍA  TOVAR  y  Ferney  Torres  Bustos,  fueron  señalados  por un miembro de esa organización  como partícipes en algunos de los hechos.   

El  30  de  diciembre  de 2008, la Fiscalía  Quinta   Especializada  de  Neiva  acusó  a  ANDRÉS  GARCÍA  TOVAR y Ferney Torres del delito de rebelión  en  concurso  con  secuestro  extorsivo  agravado,  conducta  degradada por el a  quo.   

FUNDAMENTOS DE LA IMPUGNACIÓN  

En  la  demanda  se proponen dos cargos, uno  principal y el otro subsidiario.   

Cargo Primero. Con  fundamento  en  la  causal  tercera  del  artículo 207 de la ley 600 de 2000 se  acusa  a  la  sentencia   de  haber  sido  dictada  en un juicio viciado de  nulidad por violación del principio de investigación integral.   

A  juicio del impugnante, los investigadores  del  CTI  han  debido  indagar  y  establecer  las  actividades referidas por el  acusado   en  su  indagatoria,  averiguar  si  era  conocido  con  el  alias  de  “Culebro”,  y verificar  si  por  razón  de  su trabajo debía tomar el camino que lleva a la casa donde  fuera  dejado  el  dinero;  mientras que en su indagatoria no se le preguntó en  donde   se   encontraba,  con  quién  y  que  hacía  el  31  de  diciembre  de  2006.   

Cargo   Segundo  (subsidiario).  Al  amparo  de la causal primera del artículo 207 de la ley 600  de  2000,  denuncia  la violación indirecta de la ley por aplicación indebida,  originada    en    cinco    (5)    errores    de    hecho,   todos   por   falso  raciocinio.   

En  el primero, el error se configura por la  credibilidad  otorgada  al  testimonio  de  Wilkin  Fernando  Lugo,  sin  que el  Tribunal  tuviera  en  cuenta  su  condición  de  testigo único y su reiterada  criminalidad  que  lo  hace  sospechoso  y un individuo insensible, “con  perversos  criterios  morales  y  carente  por  completo de  inhibiciones  hacia  el  crimen”,  mientras el a quo  omite  referirse  a  su  personalidad,  lo  cual  le  permite  señalar  que  su  apreciación no se rigió por las reglas de la sana crítica.   

A  partir  de  esa apreciación, el Tribunal  violó los principios de la lógica y de la ciencia probatoria.   

El  segundo  error  por  falso raciocinio lo  constituye  la  verosimilitud  del dicho del testigo único, reconocida a partir  de  un hecho indicado por él que nada tiene que ver con la conducta imputada al  acusado.    En    este   caso   sería   un   error   de   lógica   por   falsa  inferencia.   

El  tercer  falso  raciocinio  recae  en  la  credibilidad  que  se  le da a la versión de Lugo Ortiz, sin que especifique la  razón   de   su   dicho   que   exige  el  artículo  277  de  la  ley  600  de  2000.   

El  cuarto  falso  raciocinio consiste en la  falta   de   verificación  del  testimonio  del  mismo  testigo,  que  impidió  establecer si está diciendo la verdad o está mintiendo.   

Y  el  último  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,    radicaría    en    no   haber   valorado   el   testimonio   del  acusado.   

Finalmente   señala   unos   “errores  de tipificación”, porque al  acusado  se  le  habría  impuesto  la  pena prevista para el autor sin tener en  cuenta  que  se  le  había  condenado  en  calidad  de  cómplice del delito de  extorsión.   

CONSIDERACIONES  

La Sala advierte que la demanda no cumple con  los  requisitos de técnica que en esta sede se exige a las censuras hechas a la  sentencia,  pues el actor desatiende su obligación de indicar de manera clara y  precisa  los fundamentos por los cuales invoca la causal y las normas que estima  infringidas,  tal  como  lo dispone el numeral 3 del artículo 212 de la ley 600  de 2000.   

Cargo  Primero.  Cuando  se  acude  a  la  causal  tercera,  aunque  la Sala ha reconocido cierta  libertad  en  su  proposición,  corresponde al actor señalar si el error es de  estructura  o  garantía,  determinar  cuál  es la actuación afectada con  esa  irregularidad,  precisar  a  partir de donde debe ser subsanada, indicar la  trascendencia  del  yerro  en  la  actuación  o  en la sentencia si de ésta se  trata,  mencionar  las  normas que considera infringidas y la decisión que deba  adoptarse para corregir la irregularidad.   

La  lógica  de  la  casación impone dichos  requerimientos,  pues  en  esta sede no se trata de convertir cualquier error en  motivo  de  nulidad  o de permitir la discusión de la sentencia amparada por la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, mediante alegaciones que dejadas al  azar  buscan  la  revisión del proceso, convirtiendo en materia de impugnación  las súplicas que las instancias con razón rechazaron.   

Con sujeción a los principios que rigen las  nulidades  debe  acreditar  su  trascendencia y que a la misma no contribuyó la  conducta  del  censor -a menos que el supuesto sea ausencia de defensa técnica-  o  que  finalmente  no fue convalidada por una actuación posterior suya, acorde  con lo previsto en el artículo 310 de la ley 600 de 2000.   

Ahora  bien, la infracción del principio de  investigación  integral  consagrado  en  el  artículo  20  de  la  citada  ley  corresponde  a  un  vicio  de  estructura,  por  ser un elemento fundamental del  debido  proceso  penal  vinculado  con  la  búsqueda  de  la  verdad  real como  propósito orientador de la investigación judicial.   

En  su  desarrollo  son  insuficientes  la  enunciación  de  la obligación legal de adelantar la investigación bajo dicho  principio  y de las pruebas que dejaron de ordenarse y practicarse; lo correcto,  es  enseñar  la  pertinencia,  conducencia  y  necesidad  de  las mismas con el  próposito  de  mostrar  que  desvirtuarían  los  hechos  y  las circunstancias  estimadas  probadas  en  la  sentencia,  de  modo  que  su  sentido  podría ser  otro.   

Las  conjeturas  u  ocurrencias  de  último  momento,  acerca  de  algunas  verificaciones que han podido realizarse mediante  órdenes  de  trabajo  que  no  fueron  impartidas a los investigadores del CTI,  relacionadas   con   las  actividades  desarrolladas  por  el  acusado,  con  su  individualización  y  si  del lugar donde cultivaba tabaco tenía que pasar por  el  sitio  en el que recibiera una parte del dinero, son sólo eso y sin ninguna  importancia probatoria.   

También  lo  son  la  omisión  de  algunas  preguntas  al  acusado en la indagatoria, sobre dónde se encontraba, con quién  y  que hacía el 31 de diciembre de 2006, pues sin hacer ningún juicio frente a  lo  dicho  en  la  sentencia  da  por  sentado  que  la  ampliación  de aquella  diligencia  se  justificaba,  permitiéndole  ellas establecer su ajenidad   con los hechos.   

Las  afirmaciones  del  censor,  según  las  cuales  las  misiones de trabajo y las preguntas echadas de menos probarían que  el  acusado  ninguna  relación tuvo con las conductas imputadas, corresponden a  la  manera  insular  de  ver  las  cosas,  a  sus propias especulaciones, porque  ninguna  de  las  circunstancias  mencionadas en la demanda que se demostrarían  con       dichas       “pruebas”,  fueron objeto  de discusión o controversia en la sentencia.   

La  carencia  de trascendencia y la falta de  fundamentación del cargo, son defectos insuperables de la demanda.   

Cargo  segundo.  Según  lo  visto  en los fundamentos de la impugnación, son varios los errores  por falso raciocinio propuestos en la demanda.   

Cuando  se  denuncia  un  error de hecho por  falso  raciocinio,  el  censor  está  obligado  a señalar lo que objetivamente  expresa  el  medio  probatorio  cuestionado,  las  inferencias  que  el juzgador  extrajo  de  él,  el  mérito  suasorio  otorgado, indicando a continuación la  regla  de  la  experiencia o el principio de la lógica o la ciencia ignorados y  cuál  de  ellas  era  la  correctamente aplicable, para finalmente demostrar la  trascendencia del error en la sentencia.   

La  proposición  de  esta  clase de reparo,  impone  el deber al actor de probar que a él se llegó mediante la trasgresión  de  las reglas de la sana crítica en la apreciación de las pruebas, sin que en  esta  sede sea objeto de discusión la disparidad de criterios entre el fallador  y  el  impugnante acerca del valor probatorio que merece un determinado medio de  convicción.   

Una  manifestación de tal naturaleza, tiene  fundamento  en  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad que ampara a la  sentencia  de segunda instancia y en la que el análisis probatorio del juzgador  prevalece  sobre el que realizan los sujetos procesales, en razón a la libertad  relativa  en  la  apreciación  de  la  prueba  de la cual goza en el sistema de  persuasión    racional,    con    respeto    de   las   reglas   de   la   sana  crítica.   

El  censor  pareciera  entender  que  en  la  proposición  de  este  error  caben toda clase de consideraciones probatorias y  cualquier  opinión que en su formulación se le ocurra, sin tener en cuenta que  en esta sede se juzgan únicamente errores de juicio.   

Ninguno de los hechos propuestos en el cargo  tiene  el  carácter  del  error  denunciado  ni  pueden  considerarse tales. La  mención  de  una  tarifa  legal  negativa  inexistente  en  la apreciación del  testimonio    de    quien   ha   delinquido,   según   la   cual   “no      permite     clasificarlos     entre     los     testigos  fiables”,   desconocida   por  el  Tribunal  en  la  valoración  de  la  declaración  de  Lugo  Ortiz,  no constituye fundamento ni  motivo para acudir a la casación.   

Tampoco la alusión a un error de lógica por  falsa  inferencia,  o  el desconocimiento de la razón de su dicho y la falta de  verificación  del  contenido  de  la  declaración,  vicios relacionados con el  testigo  único  para impugnar su credibilidad, o en fin la falta de percepción  de  Ferney  Hernández, señalando que pudo incurrir en sugestión o fabulación  y    fatalmente    padecer   una   paramnesia   relacionada   con   “falsos    reconocimientos”    como  el  “deja  vu”,  porque  todas  esas  críticas  responden  sustancialmente a la inconformidad del censor  con la valoración probatoria de las instancias.   

De  ellas es imposible inferir los supuestos  errores  de  juicio,  puesto  que deja de indicarse cuál fue el principio de la  lógica  traicionado o ignorado, mientras acude al concepto genérico de ciencia  probatoria,  a  señalar  que  el  fallador  omitió  algunos  criterios  en  la  valoración   de   los   testimonios   y  a  citar  una  que  otra  “lógica  de  la experiencia”, como si  con  este  sin  sentido creyera agotadas las exigencias de técnica exigidas por  la impugnación extraordinaria.   

Como también carece de toda fundamentación  que  bajo  esa  misma  modalidad  de  error,  se aduzca la falta de “valoración”  de  la indagatoria del  acusado,  en  cuyo  caso  le correspondía acudir a denunciar el vicio bajo otra  clase,  según  fuera  total o parcial su falta de apreciación, demostrando que  su  intención  no  era  distinta  a  querer  trasladar  a  esta  sede el debate  probatorio agotado en las instancias.   

Asimismo, no se comprende la proposición en  el  mismo  cargo  de  lo  que  denomina  “errores de  tipificación”,   porque   además  de  equivocada,  tratándose  como  lo  es  de una violación directa de la ley sustancial que ha  debido  postularla  en capítulo separado, carece de cualquier connotación pues  basta  con  leer  la  sentencia  de  primera  instancia  para  establecer que es  infundada.   

En  consecuencia,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  por  las falencias de técnica que presenta, las cuales no puede entrar  a  subsanar,  corregir  o  enmendar  en  virtud  del  principio  de  limitación  -artículo  216  de  la  ley  600  de  2000-  y  de  la  naturaleza rogada de la  impugnación extraordinaria.   

Tampoco  dispondrá su trámite oficioso con  fundamento  en  la misma disposición, por cuanto de la revisión del proceso no  se  observa  la  afectación  o  vulneración de garantías fundamentales de los  sujetos procesales.   

En  mérito  de  lo  expuesto,   la   SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,   

RESUELVE  

Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada  por  el apoderado del procesado ANDRÉS DÍAZ TOVAR.   

`  

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese  y devuélvase el expediente al  tribunal de origen.   

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

JORGE        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                                  JOSÉ            LEONIDAS            BUSTOS  MARTÍNEZ                         

FERNANDO       ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                        SIGIFREDO                   ESPINOSA  PEREZ                                                                                         

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                      MARIA              DEL              ROSARIO              GONZALEZ             DE  LEMOS                                          

AUGUSTO   IBÁÑEZ   GUZMÁN                                                                          JULIO              E.              SOCHA  SALAMANCA               

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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