35328(06-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 35328  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

         FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

                                          Aprobado         acta         Nº225   

Bogotá  D.C., seis (6) de julio de dos mil  once (2011).   

V   I   S   T   O  S   

La  Sala  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Joel  Enrique  Cárdenas Torres contra la  sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior de Barranquilla, el 26 de abril de  2010,  mediante  la  cual confirmó la proferida por el Juzgado Único Penal del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,  el  12  de mayo de 2009, que lo  condenó  como  autor  de  las  conductas  punibles  de concierto para delinquir  agravado y extorsión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  fallador de primer grado de la siguiente manera:   

“Tuvieron  ocurrencia en la madrugada del  12  de  mayo  de 2004 cuando el señor Jaime David Ramos Redondo se transportaba  en  una  camioneta particular en compañía de tres personas, en la vía que del  Corregimiento  de  Isabel  López  conduce  a  Baranoa-Atlántico,  donde  cinco  hombres  instalaron  un  retén  y  se  acercaron  a la camioneta, procedieron a  dispararle,  bajaron  el  cuerpo  del vehículo y lo decapitaron, llevándose la  cabeza,   la  cual  fue  hallada  días  después  en  un  paraje  cercano.  Los  acompañantes  del  señor  Ramos Redondo pudieron seguir su rumbo, aprovechando  la   oportunidad   para   acudir   ante   las   autoridades   y   denunciar   el  hecho.   

Así  mismo,  días  atrás el señor Ramos  Redondo   había  formulado  denuncia  ante  el  GAULA  por  los  requerimientos  extorsivos   de   que  venía  siendo  objeto  durante  el  año  anterior,  por  integrantes  de  un  grupo  de  autodefensas  que operaba en la zona, denominado  Comisión  del Dique del Bloque Norte de las Autodefensas, del cual hacía parte  Joel  Enrique  Cárdenas  Torres, grupo dedicado a la comisión de toda clase de  delitos”.   

2.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía  General  de  la  Nación,  el  5  de  marzo  de  2008,  profirió resolución de  acusación   contra  Joel  Enrique  Cárdenas  Torres  por   las   conductas  punibles  de  concierto  para  delinquir  agravado  y  extorsión,  providencia  que  cobró ejecutoria el 4 de  abril del mismo año.   

3.  El  expediente  pasó al Juzgado Único  Penal  del  Circuito  Especializado de Barranquilla, autoridad que el 12 de mayo  de  2009,  dictó  sentencia de primera instancia en la que condenó a Cárdenas  Torres  a  las  penas  principales  de  160  meses  de prisión y multa de 1.000  salarios   mínimos   legales   mensuales   vigentes   y   a   la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de  la  sanción  privativa  de  la libertad, como autor de los  delitos de concierto para delinquir agravado y extorsión.   

4.  Apelado  el  fallo  por  la defensa, el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla, el 26 de abril de 2010, lo confirmó en su  integridad.   

Contra la anterior decisión el profesional  del  derecho  que  salvaguarda los intereses del procesado, interpuso recurso de  casación.   

L  A     D E M A N D A      

Basado  en  la  causal  primera  según  la  sistemática  reglada  en la Ley 600 de 2000, presenta un único reproche contra  el fallo de segunda instancia, así:   

Único cargo  

Acusa   que   el   Tribunal  transgredió  indirectamente  la  ley  sustancial, toda vez que profirió fallo de condena sin  que  obre  en el proceso prueba que conduzca al grado de conocimiento de certeza  de  la responsabilidad de Cárdenas Torres, frente a los cargos formulados en la  acusación,  yerro que conllevó a la aplicación indebida de los artículos 244  y 340, inciso 2° del Código Penal.   

A   continuación  pasa  a  referirse  al  testimonio  de  Luis  Alfredo Ramos Redondo, persona que señaló a su defendido  como  integrante  del  grupo  ilegal.  Sin embargo, concluye que ese elemento de  juicio  no  es  contundente para inferir responsabilidad penal, dado que no hace  “sindicación  cierta  y contundente” contra su procurado.   

Del  mismo modo, comenta que de la anterior  versión  juramentada no se evidencia que el acusado fuera extorsionista, puesto  que  en  la región era conocido por su labor como ser proveedor de leche de las  empresas que se dedicaban a la producción de quesos.   

Por tanto, insiste en que no hay prueba para  concluir  en  grado  de  certeza,  que  Joel  Enrique  Cárdenas  Torres es culpable de los cargos atribuidos  en la resolución de acusación.   

Además, para el casacionista el mencionado  deponente  incurrió en inconsistencias que atentan contra el método de la sana  crítica,  con  relación  a  que  el señor Never Moscus lo invitó a Luruaco a  recoger armas y llevarlas hasta el Corregimiento de Isabel López.   

De  ahí que advierta cómo el testigo pudo  cambiar  su  rol  de  acompañante  al  de  llevar  armas  ilegales  y  que  una  organización  clandestina  haya utilizado los servicios de un particular, ajeno  a las actividades contrarias a la ley.   

Asevera que Ramos Redondo en la declaración  que  rindió el 8 de septiembre de 2004, informó que distinguió al señor Joel  Enrique    en    las   cantinas   del   corregimiento   donde   sucedieron   los  hechos.   

Respecto  al  declarante  Roberto  Carlos  Barraza,  quien  ingresó  al  grupo  ilegal en el año 2003, manifiesta que él  explicó  a la justicia que conoció de la existencia de Cárdenas Torres por un  comentario que hizo el jefe de esa organización ilegal.   

En  cuanto  a la versión de Carmen Cecilia  Ramos  Redondo,  dice que el Tribunal debió rechazarla como prueba de cargo, en  tanto  no  se  trata  de un elemento de juicio serio, puesto que la información  que  suministró  refiere únicamente a los comentarios que se escuchaban en esa  población,  máxime cuando presentó inconsistencias en torno a la descripción  morfológica del procesado.   

Y  por  último,  en  lo  que  atañe  a la  declaración  de  Rafael  Eduardo  Julio  Peña,  adujo que conocía a Cárdenas  Torres  como  trabajador de una finca, que fueron visitados por las autodefensas  y acamparon en un predio rural.   

Así  mismo,  indicó  que ellos estaban al  mando  del  Comandante  NAUN  y  que  la extorsión de la que fue víctima Ramos  Redondo,  la  realizó  un  muchacho llamado Martín, que luego fue muerto en un  enfrentamiento que tuvieron con las fuerzas del orden.   

Agrega  el  censor  que  en  una  posterior  manifestación,  el  deponente  indicó  que  ellos  pernotaban  en la finca que  Joel    Enrique   Cárdenas   Torres   administraba.   

En  consecuencia, el libelista depreca a la  Corte  que  reconozca  la  infracción  indirecta  de la ley, y por lo mismo, se  absuelva  a Joel Enrique Cárdenas Torres de     los    cargos    atribuidos    en    la    resolución    de  acusación.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

         

1.   La   casación  en  la  Ley  600  de  2000   

Recuérdese   que   dado   el   carácter  extraordinario  de  esta  impugnación, al libelista compete elaborar la demanda  bajo  los  estrictos  parámetros  contemplados  en  la  ley y decantados por la  jurisprudencia.   

Por  tanto,  no basta con afirmar que en la  sentencia  o  al  interior  del  proceso  se  cometió  un error de derecho o de  actividad,  porque  debe  demostrarse la existencia del vicio y su trascendencia  frente a las plurales decisiones adoptadas en el fallo.   

De acuerdo con la jurisprudencia de la Sala,  es  bien  sabido  que el recurso de casación constituye el medio por el cual la  Corporación  revisa la legalidad de la providencia. De ahí que el libelo exija  cumplir  todas  las formalidades estatuidas en el artículo 212 de la Ley 600 de  2000,  toda  vez  que se debe señalar, de manera clara y precisa, la causal con  la  cual  pretende  la  infirmación  del  fallo  y  argumentando cómo el vicio  condujo a resquebrajar la decisión.   

No  resulta  atinado  denunciar  sólo  la  existencia  del  yerro  que se invoca, sino que el actor debe demostrar cómo el  mismo,  tiene  la  trascendencia  suficiente para romper la sentencia de segunda  instancia  y por ende, la Corte intervenir como Tribunal de Casación en procura  de  reparar, entre otros fines, los agravios sufridos a los intervinientes en el  proceso objeto de censura.   

2. La infracción  indirecta de la ley sustancial   

Respecto  a  la infracción indirecta de la  ley  sustancial, como motivo de la causal primera de casación, se acepta que el  error   del    juzgador  ocurrió  de  manera  mediata,  es  decir,  en  la  elaboración  del  juicio  de  hecho derivado de yerros en la apreciación de la  prueba,  falencia  que  se  ve  reflejada  en  la aplicación del derecho.    

En   el  plano  de  la  postulación,  al  casacionista  compete enseñar a la Corte en qué consistió la equivocación en  la  actividad  probatoria,  es  decir,  si  fue de hecho o de derecho y el falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia, identidad, raciocinio,  legalidad  o  convicción.  Y  por  último,  evidenciar  cómo el mentado vicio  incidió,  en la aplicación del derecho, en la medida en que se seleccionó una  norma  que  no  era  la llamada a gobernar el asunto o, se excluyó otra que sí  resolvía todos los extremos de la relación jurídico procesal.   

3.  Calificación  de la demanda   

El  libelo de casación presentado a nombre  de Cárdenas Torres se inadmitirá por las siguientes razones:   

a.  El actor no señaló cuál fue el error  en  que  incurrió  el  sentenciador  al  apreciar las probanzas incorporadas al  proceso  y  que  lo  llevó  a  concluir en la certeza de la responsabilidad del  acusado con relación a los cargos atribuidos en su contra.   

b.  Tampoco  indicó  el  falso  juicio que  derivó  en  el  vicio  de  estimación de las probanzas, en la medida en que el  discurso  argumentativo,  lo  fundó  en  cuestionar  las  versiones  de  varios  deponentes,  sobre  los  cuales  se  apoyó el juzgador a efectos de proferir el  fallo de condena.   

c. De esas hipótesis igualmente no se puede  avizorar  los  anteriores presupuestos, toda vez que las mismas están dirigidas  a  cuestionar  el mérito suasorio otorgado por el Tribunal a los testimonios de  Luis  Alfredo  Ramos  Redondo,  Roberto  Carlos  Barraza,  Carmen  Cecilia Ramos  Redondo y Rafael Eduardo Julio Peña.   

Es decir, de esos particulares argumentos no  se  evidencia  en  qué  consistió el yerro en la actividad probatoria, máxime  cuando  las críticas que hace a los anteriores elementos de juicio, no ponen de  relieve  una  infracción  a  las  reglas  que  gobierna  el  método de la sana  crítica, sino de una especial forma de apreciar las pruebas.   

De tal manera, surge nuevamente destacar que  la  simple  discrepancia  de criterios respecto al mérito dado a las probanzas,  no  constituye vicio para ser postulado en casación, a menos que se advierta la  existencia  de  un  error  de  hecho  por  falso raciocinio, evento que aquí no  ocurrió.   

Recuérdese  que el fallo recurrido goza de  la  doble  presunción de acierto y legalidad, esto es, los hechos y las pruebas  fueron   correctamente   apreciadas   y   el   derecho  estrictamente  aplicado,  presunción  que  únicamente  puede ser derrumbada a través de las causales de  casación,  demostrando  la existencia del yerro y su trascendencia frente a las  decisiones adoptadas en la sentencia.   

En  consecuencia, deviene necesariamente la  inadmisión de la demanda.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  de la providencia impugnada o dentro de la actuación se hayan violado  derechos  o  garantías  de  los intervinientes, como para que tal circunstancia  imponga  superar los defectos del libelo, en orden a decidir de fondo, según lo  dispone el artículo 216 de la Ley 600 de 2000.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    por    el  defensor  de  Joel Enrique  Cárdenas     Torres.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   comuníquese   y  cúmplase.  Devuélvase al Tribunal de origen.   

                                                       JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                JOSÉ LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ                       

FERNANDO  A.  CASTRO CABALLERO                                                                                       SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                         

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                    MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE LEMOS            

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                                    JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                               NUBIA                                YOLANDA                                NOVA  GARCÍA                                                       

                                                                 Secretaria   

    

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