35312(09-03-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 35312  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  078  

Bogotá,  D.C.,   nueve (9) de marzo de  dos mil once (2011)   

V I S T O S  

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el    defensor    del    procesado    OSCAR   OVIEDO  BELTRÁN   en  contra  del  fallo  de  segundo  grado  proferido  el  24  de agosto de 2010 por la Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito  Judicial  de de Valledupar, el cual confirmó  integralmente  la decisión de primera instancia del 27  de  julio  anterior, por medio de la cual el Juez Segunda Penal del Circuito con  Funciones  de  Conocimiento de la misma ciudad condenó al mencionado como autor  de la conducta punible de acceso carnal violento.   

H E C H O S  

Fueron resumidos por el Tribunal en el fallo  impugnado, así:   

“Se desprende de  los  audios  y  las probanzas allegadas al informativo que el día 12 de mayo de  2008,  la  niña  V.C.D.  llegó  a  la  residencia de su compañera de estudios  M.C.B.  ubicada  en  esta  ciudad  (Valledupar),  en  la Manzana 15, casa 11 del  barrio  El  Páramo,  para copiar una clase, y estando en esa tarea el procesado  Oviedo  Beltrán  le  besó  el  cuello,  lo  que fue rechazado por la víctima,  advirtiéndole  que  le daría un machetazo y le dio un planazo por las piernas.  Posteriormente,  las  dos  infantes volvieron a la casa a buscar unas llaves por  orden  de la mamá de M.C.B. y la infante ofendida ingresa con el convencimiento  que  el procesado no se encontraba allí, pero éste apareció y con una mano le  tapó  la  boca  y  con  la  otra  le alzó la falda, le bajó la pantaleta y la  accedió  carnalmente en el suelo, esta infante se defendió agarrándolo por el  cuello  y en el forcejeo el procesado la golpeó en el muslo pero logró zafarse  y huir.”   

ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES  

1.      Ante     la     denuncia  formulada  por  la  defensora de  familia,  y  a  solicitud  del  Fiscal  Séptimo Local de la Unidad de Reacción  Inmediata  de  Valledupar,  el  Juez  Segundo  Penal  Municipal  con Función de  Control  de  Garantías de la misma ciudad, en audiencia preliminar celebrada el  13    de   junio   de   2008   impartió   orden   de  captura  en  contra  de OSCAR  OVIEDO  BELTRÁN;  la  aprehensión  así dispuesta se  materializó    el   19   del   mismo   mes   y   fue  legalizada  por  el  Juez  Tercero Penal Municipal con  Función  de Control de Garantías en audiencia que tuvo lugar el 20 de junio de  2008.    En   la   misma   diligencia,   el   funcionario  le  imputó  al  indiciado la conducta punible  de  acceso carnal abusivo con menor de catorce años en concurso con la de actos  sexuales  con menor de catorce años (artículo 208 y 209 del Código Penal), al  tiempo    que    lo    afectó    con    medida   de  aseguramiento    de    detención    preventiva   en  establecimiento carcelario.   

2.  El  escrito de  acusación  fue radicado el 19 de julio de 2008 por la  Fiscal  13  Seccional  de  Valledupar y adicionado el 22 de octubre de 2008; fue  así  que  en  sesiones del 27 de septiembre y 22 de octubre del año en cita se  llevó   a   cabo   audiencia   de   formulación  de  acusación en contra de OSCAR  OVIEDO  BELTRÁN  por  la  conducta  punible de acceso  carnal  violento  (artículo  205  del  Código  Penal),  conforme el escrito de  adición  reseñado.   El  14  de  noviembre  se  celebró  la audiencia  preparatoria,  en  la  cual  la  fiscalía  y  la defensa estipularon el informe de investigación de campo sobre  la  captura  y  acta de derechos del capturado, así como la plena identidad, el  arraigo y la ausencia de antecedentes penales del acusado.    

La  audiencia  del  juicio  oral  acaeció  en  sendas  sesiones del 27 de  enero,  26  de  febrero,  8  de  junio  y  10  de agosto de 2009; en la última,  realizada  el  28  de  octubre,  la  funcionaria  judicial  anunció  el sentido  condenatorio  del  fallo,  motivo  por  el  cual corrió a los intervinientes el  traslado  del  artículo  447  de  la  Ley  906  de  2004. Así, el incidente de  reparación  integral  transcurrió en audiencias del 29 de enero, 5 de marzo, 5  de abril y 3 de mayo de 2010.   

3.  Cumplido  lo  anterior,  en audiencia de  lectura  de  fallo  que  tuvo  lugar  el 27 de julio de  2010 se profirió y leyó la sentencia por medio de la  cual  la  Juez  Segunda  Penal  del  Circuito  con  Funciones de Conocimiento de  Valledupar    condeno   a  OSCAR  OVIEDO  BELTRÁN a la  pena  principal  de  164  meses  de prisión y a la accesoria de inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un término igual al de  la  pena  privativa  de  la  libertad  como  coautor  de  la conducta punible de  acceso   carnal   violento  (artículo  205  del  Código  Penal).  Así  mismo,  lo condenó al pago de los  perjuicios  derivados  de  la  ejecución  del  hecho punible por cuantía de 30  salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  le  negó  el  subrogado  de  suspensión  condicional de la ejecución de la pena, como también el sustituto  de la prisión domiciliaria.   

4.  La  sentencia  de  primera instancia fue  apelada  por el defensor del  procesado  y confirmada por la  Sala    Penal   del   Tribunal   Superior   de   Valledupar,   en   decisión  de  segundo  grado  del  24  de  agosto del año en curso.   

5.  Inconforme con lo resuelto, el apoderado  judicial  del  enjuiciado  interpuso el recurso extraordinario de casación y lo  sustentó oportunamente a través del correspondiente escrito.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

Cargo  o  cargos: violación indirecta de la  ley sustancial por errores de hecho.    

Al    amparo    de    la    “causal      primera      numeral  tercero” del artículo 181  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  el demandante denuncia que el  juzgador   incurrió   en   desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación de la prueba sobre la cual fundó la sentencia.   

Así, asevera que el sentenciador omitió la  aplicación  del artículo 7, inciso segundo del estatuto procesal (“presunción  de  inosensia e in dubio  pro   reo”  –sic-),  así  como  las  normas  medio  artículo   372,   379,   380   y  381  de  la  Ley  906  de  2004  “por  que  tanto  en  la  sentencia de  primera  como  de  segunda  instancia  se declara insuficiente el haz probatorio  para  endilgarle  responsabilidad  al  procesado  a  pesar  de  que  las pruebas  practicadas  en  el  juicio  oral  son  indicativas de otra realidad”.   

En  sustento del reproche, el censor señala  que  el  juzgador refutó de manera subjetiva las apreciaciones de la defensa y,  en   su   lugar,   se   limitó   a   “plasmar  conceptos  en  torno  a  los  hechos  que  no consultan la  realidad   probatoria  y  que  se  erige  en  un  catálogo  de  especulaciones,  desconociendo      así      la     presunción     de     inocencia”.   

Así,   sostiene  que  los  falladores  de  instancia     incurrieron     en    “falso       rasocinio”  (sic), toda vez que valoraron bajo error el testimonio de la menor  afectada,      pues      éste     –asegura-  no  era  creíble  para  demostrar  la responsabilidad del  procesado.  Agrega  que  el  juzgador  ha  debido  preguntarse por qué la menor  ofendida,  tras  ingresar  por  segunda  vez al lugar donde ya antes había sido  agredida, no gritó para que su amiga la socorriera.   

Así,    afirma    que    “estas  son  preguntas sin respuestas,  pues  nadie  se  preocupó  de averiguar la verdad verdadera, ni la víctima fue  interrogada     en    ese    sentido”,  y  asegura  que por ser el testimonio de la víctima “el    pilar    principal    de   la  sentencia”  ha debido ser  objeto  de  un  análisis  más  profundo  que  tuviera  en  cuenta que la niña  “está  en la edad donde  los    infantes   le   dan   rienda   suelta   a   su   imaginación”.   

Además de lo anterior, indica que las demás  pruebas  “no  pueden ser  objeto   de   valoración   probatoria”:  así,  el dictamen médico legal solamente demuestra que la menor  fue  desflorada  recientemente,  pero  no  que  OVIEDO  BELTRÁN hubiese sido el responsable; las valoraciones  sicológica   y   sexológica   tampoco  acreditan  la  autoría  en  cabeza  de  aquél.   

Critica   que   las  testigos  directas  e  indirectas  de los hechos no hubiesen sido citadas a declarar y que solamente se  le  diera  credibilidad al dicho de la ofendida. Por otra parte, denuncia que el  dicho  de  la  niña no fuera analizado de manera conjunta con las declaraciones  de  Enni  Johana  Bandera  Carrillo,  Ennis  Esther  Machuca  y Marlenis Cabarca  Bandera;  de  haberlo  hecho,  dice,  el  resultado  del  proceso  hubiera  sido  distinto.   

Asegura, entonces, que el juzgador, al decir  que  el  testimonio  de  V.C.D.  era  creíble en relación con el motivo que la  llevó  a  regresar a la casa donde fue violentada, así como al apreciar que su  dicho  era consistente, franco y fiable, y que estaba respaldado con el dictamen  siquiátrico,  no  desvirtuó  la  presunción de inocencia porque formuló unas  conclusiones o inferencias equivocadas.   

Enseguida,   denuncia   un   falso  juicio  de identidad por reducción de la prueba,    toda    vez    que    muchas    pruebas    fueron    mutiladas,  adicionadas y distorsionadas  y,  por  lo  tanto, fueron valoradas en una dimensión que no les correspondía,  ni  se  tuvieron en cuenta todas las reglas que conforman la sana crítica, como  tampoco las de la lógica, la ciencia y la experiencia.   

Por último, critica que el juzgador hubiese  omitido  la declaración del procesado OSCAR OVIEDO BELTRÁN, quien se presentó  como  inocente  de los hechos que se le imputaron. De haberlo hecho, el fallador  hubiese      concluido     que     “estamos  frente  a una conducta que no está plenamente demostrada,  y   lo   que   se   desprende   del   poco   caudal   probatorio   es  una  duda  razonable”.    

Para   rematar,  indica  que  “se  pudo investigar más a fondo para  llegar  a  la verdad” y que  el  testimonio  de  la  presunta víctima no es suficiente, por las dudas que de  él  se  desprenden,  “hay  aspectos  que  a  pesar  de  ser  fáciles  de  probar,  no  se hizo”.   

Con   fundamento   en   las   anteriores  consideraciones,  el  recurrente  pide a la Corte que case el fallo impugnado y,  en su lugar, absuelva al procesado.   

CONSIDERACIONES    DE   LA   CORTE   

1.  A la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de Justicia le asiste competencia para resolver sobre los requisitos de  admisibilidad  de  la  demanda de casación, conforme la competencia que fija el  artículo  32-1 de la Ley 906 de 2004, en asocio con el inciso 1º del artículo  184 del mismo Estatuto.   

Naturaleza   y   finalidades  del  recurso  extraordinario de casación.   

2. Ahora bien, antes de entrar a ocuparse la  Corporación   en  concreto  de  la  demanda  que  ocupa  su  atención,  estima  conveniente  detenerse  para insistir en la naturaleza y fines de este instituto  extraordinario,  así  como en los deberes que todo recurrente debe cumplir para  tener éxito en sus pretensiones.   

Dígase  inicialmente  que  en  el  nuevo el  sistema   procesal,   la   casación   se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional  y  legal  de  naturaleza  extraordinaria  que procede contra las  sentencias   dictadas  en  segunda  instancia  que  ponen  fin  las  actuaciones  procesales,  a  través  de  las  cuales  se investigan y juzgan comportamientos  punibles,  cuando las decisiones proferidas, o bien el trámite surtido, afectan  de  manera trascendente y decisiva, derechos de los intervinientes.  Por lo  tanto,  la  finalidad  del  recurso  extraordinario  no  es  otra  que lograr la  efectividad  del  derecho  material desconocido, el respeto de las garantías de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los agravios sufridos por éstos y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos que, como lo tiene dicho esta  última,  son  los mismos del proceso penal; así se explica que las causales de  casación tengan un diseño encaminado a lograr esos fines.   

Lo  dicho en precedencia permite afirmar que  este  recurso  extraordinario  es   consecuencia natural de la función que  ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia  como  Tribunal de Casación, según lo  determina  el  artículo  235  de  la  Carta y, por ende, guardiana de los fines  primordiales  contemplados  en  el  artículo  180  del Código de Procedimiento  Penal de 2004.   

Deberes     del     demandante     en  casación.   

3.  Respecto  de  las  exigencias  que  debe  cumplir  la demanda que sustenta la impugnación extraordinaria, la Corporación  ha  señalado  que  aún  cuando  el  nuevo  estatuto  procesal  no  las enumera  rigurosamente  como  lo hacía el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, lo cierto  es  que  de  los  artículos  183  y  184  se  pueden  deducir  los  siguientes:  a) que se señalen de manera  precisa      y      concisa     las     causales     invocadas,     b) que se desarrollen los cargos, esto es,  que  se  expresen  sus  fundamentos o se ofrezca una sustentación suficiente, y  c)  que  se demuestre que el  fallo  es  necesario  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del recurso.   

Esto es así y encuentra su razón de ser en  que   de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  inciso  2°  del  artículo  últimamente  citado  no  será  seleccionada  la  demanda  que  se encuentre en  cualquiera  de los siguientes supuestos: i)  Si  el  demandante  carece  de  interés  jurídico;  ii)  Si  prescinde  de señalar la causal;  iii)  Si  no  desarrolla los  cargos    de    sustentación,    y   iv)  Cuando  de  su contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del fallo para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

De lo anterior se desprende, entonces, que de  acuerdo    con   la   Ley   906  de  2004,   para   que    la   demanda    sea   admitida,  el   libelista  debe  acreditar  el  interés  que le asiste para recurrir a esta sede extraordinaria,  así  como  la real afectación de los derechos o garantías fundamentales; para  ello,  deberá   formular  y  desarrollar  los  correspondientes  cargos y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte para  lograr  algunos de los fines establecidos para la casación, según lo reseñado  más arriba.   

Por     lo    tanto,   “el          recurso   extraordinario    de    casación    no    puede    ser  interpretado  sólo  desde,  por  y  para  las causales, sino también desde sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los propósitos  del   proceso   penal   y   con   el   modelo   de  Estado  en  el  que  él  se  inscribe.”   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,  pues  éste  debe  determinarse  por  la  manifiesta configuración de  uno    o    varios   de   los   motivos  normativamente  establecidos    para    lograr    el    desquiciamiento    de    la    decisión  impugnada.”   

“Claro que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes, sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”1.   

En    consecuencia,    el   recurso   extraordinario  no  es  un  instrumento   que  le   permita   al  impugnante  continuar  el   debate   fáctico   y  jurídico  llevado a  cabo   en    el   agotado   proceso   y,   por   lo   tanto,   no  es  procedente realizar  toda  clase   de    cuestionamientos    a    manera    de   instancia  adicional   a   las   ordinarias   del  trámite,   sino    que    debe    ser   un   escrito  claro,   lógico,   coherente   y   sistemático   en   el   que,    al    tenor   de   los  motivos   expresa   y    taxativamente    señalados   en   la   ley,   y   conforme   el  interés   que  legalmente  le   asista    al    recurrente,   se   denuncian   errores,  bien   sea  de  juicio  o  de  procedimiento   en      que      haya      podido      incurrir      el  sentenciador,        procediendo       a       demostrarlos   dialécticamente,   con   estricta  sujeción   a  los   lineamientos    que   la   naturaleza   de   cada   una    de    las   causales    de   casación   y   los   requerimientos  que  la  jurisprudencia  de   la Sala  ha  fijado  de  tiempo  atrás.   

El caso concreto.  

4.  Luego de confrontar las consideraciones  que  vienen de reseñarse frente a los argumentos plasmados en la demanda, desde  ya  la  Corporación  adelanta  su  postura  en  el  sentido de que inadmitirá   la   demanda  de  casación,  debido  a  que  los  razonamientos  que  la  desarrollan  ofrecen una manifiesta  confusión   en  su  postulación  y  desarrollo,  desconocen  el  principio  de  autonomía  de  los  cargos, se apartan de manera ostensible de los presupuestos  de   la   vía   de   ataque   ensayada   y,   por   el  contrario  –en lo poco que resultan inteligibles-,  se   limitan   a   mostrar  una  inconformidad  con  la  apreciación  judicial.   

a.  En efecto, la  primera  de  las falencias reseñadas se concreta al verificar que la demanda es  confusa  en cuanto a la cantidad de cargos propuestos y la norma que le sirve de  sustento,  pues  en  primer  lugar no se sabe cuál es en verdad la “causal      primera      numeral  tercero” del artículo 181  de la Ley 906 de 2004.    

En  segundo  término,   el impugnante  menciona   un   “falso  raciocinio”,     un  “falso   juicio   de  identidad  por  reducción”  y  un falso juicio de existencia por omisión, sin que resulte claro si se trata  de  reproches  que  se  formulan dentro de un solo cargo o si, por el contrario,  son  tres cargos distintos. Y dado que el recurso extraordinario de casación es  rogado,  la  confusión así plasmada no puede ser corregida por la Corte por la  expresa  prohibición  que le impone el principio de limitación. Ahora bien, la  inconsistencia  reseñada  no  es de poca monta, pues tiene relevancia a la hora  de  determinar  la  idoneidad  de  los  reproches para derribar los presupuestos  probatorios y jurídicos de la sentencia recurrida.   

b. Por otra parte,  los  confusos  y  deshilvanados  argumentos contenidos en el escrito de demanda,  dejan  entrever  no  solamente  la  intención  de  reprochar diversos yerros de  apreciación  probatoria,  sino  también  una violación al debido proceso, por  vía  del desconocimiento del principio de investigación integral; lo anterior,  por  cuanto  al  lado  de  las  alegaciones  en las que el impugnante ofrece una  discrepancia  con  la  apreciación  judicial,  asegura  también que el proceso  omitió  practicar  pruebas  y  ahondar  en otras hipótesis lácticas. Así las  cosas,  lo  que aparece orientado como un error de hecho termina por convertirse  en  una  denuncia  de nulidad, la cual naturalmente no tiene cabida en la causal  tercera de casación de la Ley 906 de 2004.   

c. Por otra parte,  el  libelista –a través de  argumentos  difícilmente  admisibles  ante las instancias- se limita a pregonar  que  el  juzgador  ha  debido  acoger su personal apreciación probatoria, en el  sentido  de  apreciar  las  pruebas  de  manera  diferente, esto es, restándole  credibilidad  al  dicho  de  la  ofendida,  negándole  todo  poder  suasorio al  dictamen  médico  legal, así como a los exámenes sicológicos y de sexología  forense,  como  también  apreciando  de  forma  más  conveniente   a  los  intereses  defensivos las demás declaraciones, incluida la del mismo procesado.   

Ahora  bien,  como el impugnante, de manera  indiscriminada,  hace  alusión a supuestos falsos raciocinio, falsos juicios de  identidad  y  falsos  juicios  de  existencia  por  omisión, resulta pertinente  insistir  en  que, como de tiempo atrás lo ha decantado la jurisprudencia de la  Sala,  que  los  errores de hecho son, junto a los de derecho, las formas en que  se manifiesta la violación indirecta de la ley sustancial.   

Esta  particular  equivocación  se  puede  configurar  de  tres  formas  posibles,  así: el falso  juicio       de       identidad      –consistente   en   la  distorsión  o  alteración   por  el  sentenciador  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio,  lo  que  se  enuncia  con  la  conocida expresión, según la cual,  a  la prueba se le hace decir lo que materialmente no  dice-;   falso  juicio  de  existencia  –esto  es, la declaración de un hecho probado con base en una prueba  inexistente,  o  bien  la  omisión de la apreciación de una prueba allegada de  manera    válida    al    proceso-    y   el   falso  raciocinio  –o  sea,  la  fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables por  desconocimiento  de  las  pautas  de la lógica, la experiencia, la ciencia o el  sentido común-.   

La  invocación  de uno cualquiera de estos  errores  exige que el cargo se desarrolle con sujeción a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del yerro, es decir, que el mismo haya tenido incidencia  en  el  sentido  del  fallo  censurado,  en  el  entendido  de  que éste bien puede  subsistir  al  lado  de la anomalía, si ésta no tiene la aptitud para derribar  su sustento probatorio.   

Por otra parte, el censor tiene el deber de  evitar  que  el  alegato  casacional  se convierta en un enfrentamiento entre su  personal  apreciación probatoria y la  del juzgador, en razón de que esta  última,  gracias  que  llega  a  esta sede amparada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad, prevalece ante la del sujeto procesal. En otras palabras,  la  sola  formulación en la demanda de casación de una apreciación probatoria  -por  muy  viable  y  ajustada  que esta sea- no es por si misma suficiente para  demostrar  un  dislate  en  la  interpretación  del  sentenciador,  como no sea  –insiste la Corporación-  que  venga  acompañada  de  un  razonamiento  encaminado  a acreditar de manera  fehaciente la violación de las máximas de la sana crítica.   

Así las cosas, la Corporación advierte con  facilidad  que  el  recurrente,  en  lugar  de demostrar los presupuestos de las  vías  de ataque seleccionadas, se dedica a ofrecer su propia interpretación de  la prueba.   

El aserto anterior encuentra sustento en que  al  abordar  el supuesto yerro de falso raciocinio, el recurrente omite enseñar  cuál  es  la  máxima  de  la experiencia aplicada por el sentenciador, de qué  manera  éste  la  trasgredió, cuál fue la regla que ha debido aplicar y cómo  el  vicio  resulta  trascendente  como  para  que  su corrección necesariamente  modifique el sentido del fallo.   

En lugar de lo anterior, el casacionista se  limita  a  afirmar  que  el  dicho  de la víctima no era creíble, que ésta se  halla  en  edad de mentir y que la prueba técnica nada demuestra, aseveraciones  con  las  que no pasa de oponerse a los planteamientos probatorios del fallador.   

Así  mismo,  sostiene  que  el juzgador ha  debido  analizar  el dicho de la menor de manera conjunta con el de las testigos  Enni  Johana  Bandera  Carrillo  y  Ennis  Esther Machuca; con este reproche, el  impugnante  desconoce que el fallo así lo hizo, solamente que encontró que los  aludidos   testimonios   nada   aportaban   para   desvirtuar  el  dicho  de  la  víctima.   

A   su   turno,   el   falso   juicio  de  identidad   que  pregona  el  censor  carece por completo de sustento, pues  apenas      menciona      que      “muchas  pruebas  fueron  mutiladas, adicionadas y distorsionadas en  sus  partes esenciales” sin  siquiera  cumplir  con  el  deber  más  evidente como sería el de enunciar las  pruebas  sobre las que supuestamente recayó el vicio y sustentar el concepto de  la  violación,  Además,  en  claro  desconocimiento  de  la  vía  de reproche  ensayada,   argumenta   enseguida   que   como  consecuencia  de  ese  yerro  de  apreciación,  el  juzgador  violó todas las reglas de la sana crítica, con lo  que  naturalmente  desquicia el pobre razonamiento ofrecido, dado que olvida que  el falso juicio de identidad es excluyente del falso raciocinio.   

Las  falencias  reseñadas  impiden,  por  evidente  sustracción  de  materia,  avanzar  más  allá  en el estudio de los  requisitos formales de este reproche.   

Por último, el argumento que desarrolla el  falso  juicio de existencia por omisión igualmente omite todos los presupuestos  formales;  en  efecto,  el  demandante  apenas dice que el sentenciador dejó de  apreciar  el  testimonio del procesado, quien se declaró inocente de los hechos  imputados,  mas no enseña a la Corte qué fue aquello que el elemento de juicio  habría  podido  traer  al  proceso y que necesariamente haría insostenible las  bases  probatorias  de la condena y, por lo tanto, de qué manera su corrección  llevaría a mutar necesariamente el sentido del fallo.   

Así,  por  más  que  se le quiera otorgar  algún  efecto  al  pobre argumento expuesto, no sería más que el de demostrar  una ritualidad intrascendente.   

Conclusión.  

5.  Como  corolario de lo anterior, dígase  que  la  demanda  de  casación  incumple los presupuestos formales de claridad,  precisión,   trascendencia   y  debida  fundamentación,  motivo  por  el  cual  –tal como ya se anticipó-  será       inadmitida      a      esta      sede  extraordinaria.     

Acotación final.  

6. Habida cuenta que contra la decisión de  inadmitir  la demanda de casación procede el mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 186 de la Ley  906  de  2004,  es  necesario  precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación2,    como  sigue:   

a)    La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio   Público   para   la   Casación    Penal    –siempre    que    el   recurso   no   hubiera  sido  interpuesto por  el   Procurador         Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado voto en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda  o   ante   uno   de   los   Magistrados   que   no   haya   intervenido   en  la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento último en que informará de ello al peticionario en un plazo  de quince (15) días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

7.   Para  terminar, la Sala habrá de  compulsar  copias  de  esta  providencia  y del fallo de segundo grado con destino a la Procuraduría General  de  la  Nación,  con  el  fin  de que se adelanten las  actuaciones  disciplinarias  que  fueren  del  caso en  contra  de  la defensora de familia que actuó en este proceso, quien, según lo  afirma  el ad quem (página 7  del  fallo  de segunda instancia), actuó con excesiva complacencia constitutiva  de  posible omisión funcional y en aparente desprotección de la defensa de los  derechos de la menor ofendida.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

PRIMERO:  INADMITIR  la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   OSCAR OVIEDO BELTRÁN.   

SEGUNDO:   De   conformidad  con  lo  dispuesto  en  el   artículo   184   de   la   Ley  906  de  2004, es viable la  interposición del mecanismo de insistencia.   

TERCERO: A través  de  la Secretaría de la Sala, COMPÚLSENSE  con  destino a la Procuraduría General de la Nación las copias a  que se hace referencia en el numeral 7° de esta providencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

JOSÉ     LEONIDAS    BUSTOS  MARTÍNEZ                                                      FERNANDO ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                          ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                     AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                                                       JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                                                                        Secretaria     

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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