32119(08-07-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 32119  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  232  

Bogotá,  D.C., ocho (8) de julio de dos mil  once (2011)   

V    I   S   T   O  S   

La Corte decide respecto del cumplimiento de  los  presupuestos  de lógica y debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  la  defensora  de  BENJAMÍN  MURCIA  OVALLE,  en  contra  de  la  sentencia  de  fecha  18  de  marzo  de 2009 emitida por el Tribunal Superior de  Distrito  Judicial de Bogotá, por medio de la cual confirmó el fallo de primer  grado  proferido  por  el  Juez 25 Penal del Circuito de la misma ciudad, que lo  condenó  como  coautor  de  los  delitos  de  hurto  calificado  y agravado, en  concurso  heterogéneo  con  fabricación,  tráfico,  porte de armas de fuego o  municiones.   

H    E   C   H   O  S   

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segundo grado, así:   

“La imputación  fáctica  aquí  realizada consiste en que en horas de la noche del 8 de febrero  del  año  2008,  se  presentó un hurto en el inmueble ubicado en la Carrera 53  No.  46A  – 43 sur de esta ciudad [Bogotá], momentos en los cuales ingresaron a  dicha  morada cuatro sujetos con armas de fuego, quienes procedieron a sujetar y  amordazar  a  sus  habitantes,  sustrajeron varios muebles y enseres, los cuales  fueron  encontrados  en  el  carro  marca  Renault,  color  verde,  modelo 1979,  conducido   por  BENJAMÍN  MURCIA  OVALLE,  quien  resultó  capturado  cuadras  adelante,  ante  la  persecución  que  realizó la policía de vigilancia de la  zona   por   aviso   que   del  hecho  pudieron  dar  las  víctimas”.   

ACTUACIÓN     PROCESAL   

1.   La   Juez   55    Penal   Municipal   de  Bogotá  con  funciones de Control de  Garantías,        en         audiencia   preliminar   celebrada   el   10  de  febrero  de  2008  declaró   legal   la  captura  de  BENJAMÍN MURCIA OVALLE,     aprobó     la     imputación  formulada  por  los delitos  de  hurto  calificado  y  agravado  en  concurso  con  fabricación,    tráfico   o   porte   de   armas   de   fuego   o   municiones  agravado   y le impuso  medida  de  aseguramiento  privativa   de  la  libertad  en  su  lugar  de  domicilio.   

2. El escrito  de  acusación fue radicado por la  Fiscal  257  Seccional   de  Bogotá  el  5  de  marzo  de  2008;  así, la  actuación  fue  asignada  al  Juzgado  25  Penal  del  Circuito con Función de  Conocimiento  de  Bogotá,  despacho que llevó a cabo  audiencia  de  formulación de acusación   el  22  de  abril  siguiente.  En  dicha    diligencia,    la    fiscalía    formuló    acusación   contra BENJAMÍN  MURCIA   OVALLE  por  las  conductas  punibles  de  hurto  calificado  y agravado  (artículos  239,  240, inciso 2°, 241 numeral 10° del Código Penal) en   concurso   con   el   delito   de   fabricación,   tráfico    y    porte  de  armas  de  fuego  o  municiones,  agravado  (artículo  365,  inciso  2°,  numeral  1°,  ibídem), tal como igualmente fue  consignado  en  el  correspondiente  escrito,  sin que  previamente  los  intervinientes  hicieran  manifestación alguna referente a lo  normado  en  el  artículo 339 inciso 1°, de la Ley 906 de 2004.   

La   audiencia  preparatoria  se llevó a cabo el 23 de mayo de 2008 y  el    juicio   oral   el  27        de        octubre        siguiente.    Al    finalizar    éste  último,   el  juez  anunció el sentido  condenatorio  del  fallo y corrió  el traslado del artículo 447 del Código de Procedimiento  Penal.   

El  Juzgado  de  Conocimiento,  en audiencia  llevada  a  cabo el 21 de noviembre de 2008 profirió sentencia, por medio de la  cual  condenó a BENJAMÍN   MURCIA   OVALLE   a  la  pena  principal  de  130 meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por término de 20 meses, como  autor  de  los  delitos  por  los  que  fue  acusado,  al tiempo que le negó la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.    

3.  Frente  a  la  anterior  decisión,  el  procesado  y  su  defensor  interpusieron  el  recurso  de apelación. Así, en la correspondiente audiencia  de  sustentación  celebrada  ante  el  Tribunal  Superior  de Bogotá, se dejó  constancia  de  la  concurrencia del defensor y del acusado; el primero de ellos  hizo  uso  de  la  palabra, luego de lo cual el Magistrado Ponente convocó a la  audiencia    de    lectura    de    fallo   de   segundo   grado.   Cumplido    lo    anterior,    el    ad  quem  confirmó la sentencia impugnada el 18 de marzo  de 2009.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

La  apoderada judicial del procesado, en dos  escritos  complementarios  propone  tres  cargos, así: el primero por nulidad y  los dos últimos por falso   

Raciocinio.   Sus   argumentos   son   los  siguientes:   

Primer cargo  

Con  fundamento  en  el  numeral  2°  del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, alega el desconocimiento de las garantías  debidas a su representado por violación del derecho a la defensa.   

La  demandante  reprocha  que aún cuando el  defensor  y  el procesado formularon el recurso de apelación contra el fallo de  primer   grado,   el   Tribunal,   en  la  diligencia  de  sustentación  de  la  impugnación,  solamente  le  concedió la palabra al primero en perjuicio de la  defensa  material  del acusado, sin que tal anomalía se justifique por el hecho  de  haber  llegado  tarde este último a la diligencia, debido al traslado desde  el lugar de reclusión.   

Asegura que la única solución viable es la  nulidad,  pues aún cuando se resolvió la inconformidad del defensor, lo propio  debió  hacerse  respecto  de  los  argumentos del procesado. Estima como normas  infringidas  los artículos 29 de la Constitución Política, 1°, 10, 130 y 179  de la Ley 906 de 2004 1° y 2° del Código Penal.   

Segundo cargo  

En  escrito adicional, la apoderada presenta  “la    segunda    parte    de   la   demanda   de  casación”.   Es   así   que  propone  dos  cargos  por    falso   raciocinio  apoyado  en la causal tercera  de  casación,  a  través  de los cuales sostiene que la providencia se produjo  con  manifiesto  desconocimiento  de las reglas de producción y apreciación de  la prueba.   

Para  fundamentar  su alegato, indica que el  incriminado  ha  sostenido siempre que su actuación se redujo a transportar los  elementos  hurtados  en  su  automóvil  Renault  12,  motivo  por  el  cual fue  responsabilizado  como  autor  impropio,  pero que lo hizo motivado por un error  invencible  de  la  ilicitud  de  su conducta, dentro de la causal excluyente de  responsabilidad de que trata el artículo 32.11 del Código Penal.   

Dice   que   el   Tribunal   fundó   la  responsabilidad  del  encausado  en  el  testimonio  de  José  Francois  Riaño  González,   quien  como  víctima  declaró  que  pudo  observar  el  vehículo  conducido  por  MURCIA OVALLE,  pero  “no  lo  vio  adentro  con  el  grupo  de los  delincuentes   que   adelantaron   todo   el   procedimiento   de   despojo   ya  relacionado”.  Destaca que este testigo precisó que  el  procesado había tomado un rumbo distinto al de los otros medios motorizados  utilizados por los transgresores como mecanismo de huída.   

Critica  que el fallador le hubiese otorgado  credibilidad  a la entrevista rendida ante los funcionarios de policía judicial  por  la madre del testigo anterior, pues esta no vio al hoy acusado sino que fue  su  hijo  quien le manifestó que “le pareció verlo  cuando  emprendieron  la  huida los ladrones”. Por lo  tanto,  asegura la recurrente, al sentenciador le era exigible analizar de mejor  manera   las  circunstancias  que  rodearon  la  percepción  de  la  deponente.  Asimismo,  resalta que el policial Carlos Andrés Garzón Puertas se contradijo,  pues  inicialmente  indicó  que  el  hoy  procesado le informó que había sido  seguido   por  una  mujer  en  una  motocicleta,  pero  luego  señaló  que  el  seguimiento  se hizo desde un taxi. No obstante la anterior inconsistencia, dice  la  demandante, el juzgador le otorgó mérito a la primera versión y ninguno a  la segunda.   

Plantea  que  el Tribunal ha debido tener en  cuenta  que:  1) Murcia Ovalle  nunca  entró  a  la  casa  de  habitación  objeto del delito; 2.) los testigos  informaron  que  los  asaltantes  eran jovencitos no mayores de 20 años, lo que  haría  “inequivalente” a  su  cliente  con los demás integrantes de la banda; 3) los delincuentes venían  por  dinero,  pero  al  no  encontrarlo  decidieron  despojar  la casa de varios  muebles,  por  lo  que  tuvieron  que  conseguir un vehículo a última hora; 4)  utilizar  un  vehículo tan pequeño no parece el resultado de un plan criminal;  5)   su   cliente   nunca   mostró  nervios  delante  de  los  miembros  de  la  policía.   

Estima que la falta de un análisis serio de  la  prueba  impide deducir la certeza para condenar. Indica como normas violadas  el  artículo  29  de la Constitución Política, los artículos 8, 380, 404 del  Código de Procedimiento Penal.   

Con   fundamento   en   los   anteriores  razonamientos,  la  libelista le pide a la Corte que case la sentencia recurrida  y,  en  consecuencia,  se  absuelva  a BENJAMÍN MURCIA  MILLÁN  por razón de la aplicación del principio in  dubio pro reo.   

Tercer cargo  

Con  fundamento  en  el  numeral  3°  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  sostiene  la  demandante  que en la  providencia   se   produjo  un  manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha fundado la  sentencia.   

Plantea  que  el  sustento  probatorio de la  providencia  lo  componen  las declaraciones de los miembros de la policía y de  una  de  las  víctimas,  así  como  la recuperación de los bienes hurtados en  poder de su defendido.   

Comenta  que de las anteriores pruebas no se  puede  deducir  certeza  sobre  la responsabilidad del procesado por los delitos  imputados,  sino  por  el  de receptación, pues se reúnen los elementos de esa  conducta.   

Luego     de    transcribir    apartes  jurisprudenciales,  concluye  que el sentenciador  incurrió en un error de  hecho  por  apreciar  la  prueba sin una valoración seria, lo cual lo condujo a  violar  el artículo 404 de la Ley 906 de 2004. Así mismo, cita como vulnerados  los  artículos  29  de  la  Constitución  Política y 8° y 380 del Código de  Procedimiento  Penal,  por  inaplicación  del  principio  de  in dubio pro reo.   

Pide  a la Corporación casar la sentencia y  absolver    por   duda   al   procesado   MURCIA  OVALLE.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Se  ha  establecido  que  los  deberes  del  demandante en casación  señalados  en  los  artículos 183 y 184 pueden resumirse en los siguientes: a)  que  se  indican  de  manera precisa y concisa las causales invocadas, b) que se  desarrollen  los  cargos,  esto es, que se expresen sus fundamentos o se ofrezca  una  sustentación mínima, y c) que se demuestre que el fallo es necesario para  cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

De lo anterior se desprende, entonces, que de  acuerdo  con  la  Ley  906 de 2004,  para  que  la  demanda    sea   admitida  ,  el   libelista  debe  acreditar  el  interés  que  le  asiste para recurrir a esta sede extraordinaria, así como la  materialidad  de la afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales;     para     ello,     deberá     formular     y   desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos   para   la   casación,   según  lo  reseñado  con  antelación.   

Lo  anterior,  por cuanto se parte de que la  casación  es un recurso extraordinario y, consecuentemente, rogado, creado para  denunciar  y  demostrar   errores in iudicando o in procedendo cometidos en  la  sentencia  o  al  interior  del  proceso,  en el que no es posible presentar  personales  opiniones,  ni  hacer  libres planteamientos que no estén sujetos a  las  correspondientes  causales y conforme a la debida claridad y precisión que  la  ley  ha impuesto y que la jurisprudencia ha desarrollado, dado que no es una  prolongación del debate de instancia.   

Caso contrario, se tornaría el libelo en un  alegato  de libre confección y, por ende, se desnaturalizarían los fines de la  casación,  convirtiéndola  en  otra  instancia  más,  en  la medida en que la  simple  discrepancia  de criterios no es susceptible de ser atacada a través de  esta  vía, además de que “el juez de casación, en  cambio,  tiene  limitados  sus  poderes  como tal, y por ello debe restringir su  actividad  a  revisar  la  sentencia impugnada solamente por las causales que el  recurrente  invoque y por las razones que exponga, pero no queda a su alcance la  renovación  del  conjunto  probatorio,  pues  este  recurso,  por  su carácter  extraordinario,  generalmente apunta a la corrección de errores de derecho y no  a  clarificar  la  situación  fáctica  en  que  se  fundamenta la sentencia de  instancia”.1   

De  igual  manera  se  ha  sostenido  que el  recurso  extraordinario de casación no encuentra su razón de ser en la censura  de  vicios  que  no  son trascendentes para la parte dispositiva de la sentencia  impugnada.   En  otras  palabras,  nada obsta para que el fallo mantenga su  vigencia  y validez frente a yerros que aún cuando sean corregidos no comportan  un  beneficio  para  el impugnante.  Este principio viene de la mano con el  deber  que le asiste al demandante de respetar la realidad procesal y probatoria  contenida  en la actuación, pues si en su discurso casacional niega aquello que  de  manera  ostensible  obra  en la actuación surtida, entonces su razonamiento  estará destinado a ser desechado por intrascendente.    

6.  La demanda objeto de  examen.   

Vistos los lineamientos reseñados de cara al  contenido  en el libelo, para la Sala resulta claro que la censora desconoce los  parámetros  de  lógica  y  debida  fundamentación a los que debe sujetarse el  razonamiento  que  aspire  a  acceder a esta sede extraordinaria. Es así que la  demanda  adolece  de  importantes  inconsistencias  desde  su postulación, como  también   en  su  precario  desarrollo,  las  cuales  dan  al  traste  con  sus  pretensiones  -cualesquiera que éstas sean- y permiten disponer su inadmisión,  determinación  que desde ya  la Corporación anticipa.   

Primer cargo  

En el caso que ocupa la atención de la Sala,  debe  indicarse que si bien es cierta la anomalía que denuncia la libelista, es  decir,  que  tanto  el  procesado  como su defensor apelaron el fallo de primera  instancia,  que  el primero de ellos compareció tarde a la audiencia (6 minutos  después  de  su inicio, y por circunstancias que no le eran atribuibles), que a  la  hora  de  la sustentación del recurso el Magistrado Ponente le concedió la  palabra  al  apoderado  y  no  hizo  lo propio con el acusado y, además, que el  defensor   guardó   silencio  sobre  esta  omisión,  también  lo  es  que  la  casacionista   no   logra   demostrar  la  trascendencia  del  yerro,  esto  es,  la      forma      como     esta     irregularidad    desmejoró   la   situación   jurídica   del   procesado,   o  que   con  su  intervención,  en  el evento de habérsele concedido  el   uso  de  la  palabra,  habría    variado   favorablemente   el escenario jurídico.   

Nada     de    esto    plantea    la  demandante, quien limita  el   discurso  a  disertar  sobre  los  elementos      de      tipo      formal      que      protegían         al         procesado,  o  a  conjeturar  sobre aspectos   potenciales   que  podrían  derivarse  favorablemente  de  su  intervención en la audiencia de debate oral,  los   cuales   nunca   precisó  y  que, como lo ha señalado insistentemente  esta  Corporación,  cuando  se reclama una violación al derecho de defensa, su  demostración  no  puede  formularse  en  términos  abstractos,  sino  que debe  demostrar    la    manera    como    ese    vicio   socavó   la   estructura   del  proceso  y  mostrar,  en  este  caso  particular,  que  la  no  intervención  del  procesado  en dicha  audiencia,  impidió  allegar elementos de juicio fundamentales para su defensa,  por  manera  que resultaba  evidente   una   lesión   a   los   intereses  del  acusado.   

Por lo tanto, las omisiones argumentativas  convierten     el    escrito    en    una     crítica     carente     de  trascendencia,  pues  no  demuestra  de  qué  manera se vulneró la garantía  fundamental  del  derecho  a  la  defensa  material,  requisito  que  es  indispensable  para  cumplir  los   fines  del  recurso  extraordinario   de   casación,   el   cual   no  se  cumple  en  la      presente      censura.   

En  todo  caso,  lo  que  la  Corporación  evidencia  es  que  el  hoy  procesado no careció de una defensa adecuada en el  trámite  del  recurso  de  apelación  ejercido  contra  el fallo del a quo, de  suerte  que  no  aparece  de  manera  fehaciente  una violación trascendente al  derecho de defensa y el debido proceso.   

Segundo cargo  

Bajo el postulado de un falso raciocinio, el  demandante  las siguientes equivocaciones: 1. Que el fallador no apreció que el  hoy  procesado  transportó los elementos hurtados bajo error invencible; 2. Que  el  Tribunal  fundó  la responsabilidad del encausado en el testimonio de José  Francois  Riaño González y, 3. Que, no obstante sus inconsistencias, se le dio  total  credibilidad  a la declaración del agente Carlos Andrés Garzón Puertas  y  ninguna  a  la  entrevista rendida por la madre de Riaño González, quien no  vio  al  acusado  y 4.- Que el Tribunal nunca tuvo en cuenta que el procesado no  entró  a  la casa de las víctimas, que Murcia Ovalle no es un individuo joven,  que  la  consecución  de su automóvil para emprender la huida no estaba dentro  de  un  plan  criminal,  y que el procesado nunca mostró nervios delante de los  miembros de la policía.   

La censura así planteada es inidónea para  los  propósitos  del  recurso  extraordinario,  pues  el  censor  desconoce los  fundamentos  que  soportaron  la decisión condenatoria e insiste en proponer su  propia estimación de la prueba, así como de los hechos.   

La    vía   de   ataque   –falso      raciocinio-  a través del cual la casacionista formula el cargo, le permite a  la  Corporación  recordar  que este se produce cuando el sentenciador desconoce  los  postulados  de  la sana crítica, esto es, los principios de la ciencia, la  lógica,  la  experiencia o el sentido común,  al momento de otorgar poder  suasorio  a  la prueba. Para un correcto desarrollo de esta clase de censura, al  demandante  le  es  exigible  demostrar su incidencia en la parte resolutiva del  fallo  acusado,  a  través  de  un proceso de demostración completo, es decir,  acreditando  cómo  de  corregirse  el  yerro  que  pesa  sobre  la apreciación  probatoria, la sentencia habría sido de distinto contenido.    

Para el éxito del cargo que se orienta por  vía  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, a la recurrente le  correspondía  analizar  todos  los  fundamentos  que soportaron la decisión de  condena  y,  a  través de un razonamiento lógico y suficiente, demostrar cómo  la  decisión  que  cuestiona  no  podría mantenerse lógicamente al lado de la  prueba  viciada  en  su  apreciación, es decir, de qué manera las pruebas así  afectadas,  con  un  alto  grado  de probabilidad y no como una mera hipótesis,  tendrían   la   virtualidad   de   modificar   la   parte   dispositiva  de  la  decisión.   

Una  vez  cumplido  lo  anterior, en lo que  tiene     que     ver     con     el     requisito     de     la    trascendencia,  también  le  compete a la  libelista  demostrar  que  el  error  denunciado en la apreciación de la prueba  condujo  a  aplicar  una  norma  extraña  al  debate, o bien a excluir otra que  resultaba pertinente con los hechos objeto de la controversia.   

Así,  entonces,  surge  nítido  que  la  recurrente  se  aparta de los mencionados presupuestos, pues en lo que tiene que  ver  con  el falso raciocinio,  en  lugar  de atacar todas las apreciaciones probatorias que le trajeron certeza  al  sentenciador  sobre  la  materialidad  y  responsabilidad de los procesados,  dirige  sus argumentos a proponer sus propias reglas de experiencia, por cierto,  cuestionables,  a  oponerlas  a  la  apreciación  del juzgador y a lamentar que  éste no las hubiese compartido.   

Así,  la  recurrente  parte  del  supuesto  consistente  en  que  su  prohijado  actuó movido por un error invencible de la  licitud  de  su  conducta, esto es, que su comportamiento encuadraría dentro de  la  causal excluyente de responsabilidad establecida en el artículo 32, numeral  11,  del  Código  Penal,  pero  a  esta  conclusión  llega luego de analizar y  valorar las pruebas por su cuenta y riesgo   

Lo propio ocurre cuando la libelista propone  cómo  ha  debido  ser  abordada  la  exploración  del testimonio de una de las  víctimas,  o  qué relevancia se le ha debido conceder al dicho de su madre por  el  hecho  de no haber presenciado el ilícito, como también cuando propone una  lista  de circunstancias que, en su criterio, el sentenciador ha debido tomar en  consideración   y  que  soportarían  la  duda  sobre  la  responsabilidad  del  acusado.   

En  conclusión, la demanda se aparta de la  noción  de falso raciocinio, por cuanto la libelista lo edifica a partir de sus  propias observaciones.   

Por  otro lado, la impugnante, apartándose  del  contenido  de  la sentencia del Tribunal, enumera varios detalles que, a su  juicio,  no  tuvo  en  cuenta  el sentenciador para excluir de responsabilidad a  MURCIA  OVALLE  y  que,  de  haberlos  considerado,  lo habrían conducido a apreciar que la concurrencia del  acusado  MURCIA  OVALLE en la  conducta  punible  fue un acontecimiento circunstancial, lo cual descartaría un  plan  criminal  previamente  acordado.  Todos  estos  planteamientos, insiste la  Corte,  no  conducen  a  demostrar el falso raciocinio, sino apenas una distinta  apreciación de los hechos.   

En  estas condiciones, se puede señalar que  los  argumentos  con los que la casacionista desarrolla  este  cargo,  resultan  inidóneos  para  demostrar el  vicio alegado, motivo por el cual la Corte lo inadmitirá.   

Tercer cargo  

Con  igual impropiedad con que sustentó el  anterior  cargo,  la demandante sostiene,   a   través   de   la   propuesta   de   un   error   por   falso  raciocinio,  que el delito  por    el    que    debió    ser    juzgado   MURCIA  OVALLE  ha  debido  ser  el de receptación y no el de  hurto   calificado   y  agravado  en  concurso  con  fabricación,    tráfico   o   porte   de   armas   de   fuego   o   municiones  agravado.   

Este planteamiento lo consolida a partir de  un  análisis  que  elabora  sobre  las  pruebas,  de  las  cuales colige que al  estudiarlas   en   forma   cuidadosa,    no   arrojan   certeza   sobre  la  responsabilidad  del  procesado  en la comisión de los delitos imputados y, por  el  contrario,  lo que puede inferirse es que podría estar incurso en el delito  de  receptación,  pero  ante  la  dificultad  de  establecer  los  hechos  debe  reconocérsele el estado de duda y absolverlo por este motivo.   

La  falta  de cohesión en el planteamiento  resulta  evidente, por cuanto si el enunciado lo formula a partir de un error de  hecho  por  falso  raciocinio, la labor de la demandante consistía en demostrar  que  el  sentenciador  desconoció los postulados de la sana crítica, compuesta  por  los  principios  de  la  ciencia,  la  lógica, la experiencia o el sentido  común  en  la  valoración  de  las  pruebas,  o  en  la  construcción  de los  argumentos  o  razonamientos  con  los  cuales  dedujo  responsabilidad penal al  procesado        MURCIA       OVALLE,   labor  que  no  realizó  sino  que,  en  forma inapropiada,  plantea  una nueva tipificación de la conducta cuyos lineamientos, a su juicio,  resultan  adecuados  al  delito  de  receptación,  propuesta  que  desconoce el  reconocimiento   de  los  hechos  y  el  nomen  iuris  fijados   por   la   Fiscalía  y  admitidos  por  el  fallador.   

Pero el despropósito no para ahí, sino que  continúa  cuando  la  demandante  formula,  como  alternativa de solución a la  supuesta  equivocación  del  Tribunal, el reconocimiento de la duda, con lo que  cambia  diametralmente el panorama del ataque, en atención a que esta garantía  consolidada  en  el  artículo  7  de la Ley 906 de 2004, tiene unos parámetros  precisos  para su alegación que responden a la forma como se hubiere reconocido  en         la        sentencia        atacada2,  los  cuales,  no  han  sido  desarrollados  por  la  demandante,  quien  en  forma  indiscriminada  introduce  reconvenciones  de  diverso  género  que  imposibilitan  conocer  el  verdadero  sentido  de  su  planteamiento y, en consecuencia, impide a esta Sala abordar el  estudio para un pronunciamiento de fondo.   

Además, la libelista trata de demostrar sus  aseveraciones   con   la  incorporación  de  fotocopias  de  unos  formatos  de  entrevistas  elaborados  por  miembros  de  policía  judicial  a los ciudadanos  Carlos  Andrés  Garzón Puertas y Hercilia Esther González y el interrogatorio  contestado  por  el  implicado ante un funcionario de la Fiscalía, sin tener en  cuenta  que  el recurso extraordinario de casación no admite ciclos probatorios  en   los  que  pueda  incorporarse  evidencia  física  o  elementos  materiales  probatorios,   actuación   de   la   demandante   que   permite  corroborar  la  incomprensión   en   punto   a   los   fines   del  recurso  extraordinario  de  casación.   

El reproche, entonces, carece de una debida  fundamentación,   razón   por  la  cual  el  cargo  será  inadmitido  por  la  Sala.   

7. Con fundamento  en  los  anteriores  razonamientos, la Corte encuentra que los cargos formulados  en    la    demanda    presentada    a   nombre   del   procesado   BENJAMÍN  MURCIA  OVALLE  no  reúnen los  presupuestos  para  acceder a esta sede extraordinaria, motivo por el cual, como  ya    lo    adelantó,   la   inadmitirá.    

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

       R E S U E L V E   

PRIMERO:       INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada    por    la   defensora   del     procesado     BENJAMÍN   MURCIA   OVALLE.    

SEGUNDO: De conformidad con lo dispuesto en  el  artículo  184  de  la Ley 906, es viable la interposición del mecanismo de  insistencia.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

JOSÉ  LUIS BARCELÓ CAMACHO                                         JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ           

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                     SIGIFREDO  ESPINOSA    PÉREZ                       

         

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                       MARIA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

                     Permiso   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                        JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                                                                                                                            

NUBIA YOLANDA NOVA GARCIA  

Secretaria    

1  Humberto  Murcia  Ballén,  Recurso  de  Casación  Civil,  Ediciones Jurídicas  Gustavo Ibáñez, 1996, cuarta edición, pág. 59.   

2  Sentencia 4 de abril de 2003 Rad. 14.636     

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