35311(01-06-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 35311  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN  

Aprobado: Acta No. 188-  

Bogotá.  D.C.,  primero (01) de junio de dos  mil once (2011)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina   la  Sala  las  bases  lógicas  y  argumentativas  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la defensora de  ISNOBER  GAMBOA  MEDINA, contra la sentencia proferida el 8 de junio de 2010 por  el Tribunal Superior Militar.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Aquellos  tuvieron  origen en la denuncia  formulada  por  el señor Jaime Jimmy Vargas Salgado, quien puso en conocimiento  que  el día 1 de diciembre de 2006, a eso de las 15:00 horas, en el tercer piso  de  la  Terminal  de Transportes de Cali, se encontraba con su hijastro MAURICIO  CASTRO,  esperando  la  salida  a  la ciudad de Bogotá, cuando llegaron los dos  policías  y  le  revisaron  dos  maletas  y  una  caja  de  cartón  las cuales  contenían  ciento  catorce  (114)  pares  de  zapatillas;  como  no portaban la  factura  respectiva, fueron conducidos hasta la subestación del terminal, donde  uno  de  los  uniformados,  al conocer que no tenían dinero, les solicitó diez  (10) pares de zapatos, a cambio de no quitarles la mercancía.   

2.   Iniciada   la  investigación,  fueron  vinculados  mediante  indagatoria  el  subintendente  ISNOBER MEDINA GAMBOA y el  patrullero    Carlos    Alberto   Buitrago   Rojas1.   

El 16 de mayo de 2007, la Fiscalía 145 Penal  Militar  de  Cali  dictó resolución de acusación contra MEDINA GAMBOA, por el  presunto   delito   de   concusión,   en   tanto  que  profirió  cesación  de  procedimiento a favor de Buitrago Rojas.   

La  anterior  decisión fue confirmada por la  Fiscalía  Quinta  Delegada  ante  el Tribunal Superior Militar, el 31 de agosto  siguiente2.   

3.  El  19  de febrero de 2009, el Juzgado de  Primera  Instancia  de  la Policía Metropolitana de Bogotá profirió sentencia  contra  el  procesado,  como  autor responsable de la misma conducta punible. Le  impuso  las penas principales de noventa y seis (96) meses de prisión, multa de  sesenta  y seis punto sesenta y seis (66.66) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas,  por  el término de ochenta (80) meses y la accesoria de separación absoluta de  la             Fuerza            Pública3.   

4.  El Tribunal Superior Militar confirmó la  decisión  del A quo, pero la  modificó  en el sentido de  condenar  al subintendente ISNOBER GAMBOA MEDINA a la pena de setenta y dos (72)  meses  de  prisión, multa de cincuenta (50) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por    el    término    de    cinco   (5)   años4.   

LA DEMANDA  

La defensora del procesado formula dos cargos  contra  la sentencia del Tribunal por violación indirecta de la ley sustancial,  a causa de errores de hecho por falso juicio de identidad.   

Primero.  

Aduce  la  recurrente que el análisis de los  testimonios  que  soportan  la  condena,  conforme  a los parámetros de la sana  crítica,  “carecen del valor de plena prueba capaz  de   acreditar   los  hechos  que  el  juzgador  les  hizo  decir”  porque  la  versión del implicado, que  fue  aceptada  como confesión calificada, no converge con el resto del material  probatorio    para   señalarlo   como   autor   responsable   del   delito   de  concusión.   

Luego de destacar apartes de las declaraciones  rendidas  por  los  patrulleros  Leyder  Capela  Bernal, Carlos Alberto Buitrago  Rojas  y  Neider  Parra Sepúlveda, aduce que las mismas fueron desestimadas por  los  juzgadores  de  instancia,  pese  a  su  valor probatorio, e inclinaron sus  criterios  hacia otras probanzas, “pues conjeturando  sus   operaciones   mentales   que  se  apartan  de  la  lógica  y  el  sentido  común”  señalan  que  dicho  caudal  probatorio en  lugar    de    favorecer    al    sentenciado,   le   atribuye   responsabilidad  penal.   

Si   se  hubiesen  cotejado  las  probanzas  favorables   al   procesado   con  las  que  se  analizaron  para  demostrar  su  responsabilidad,  por  lo  menos el juzgador habría discernido que su defendido  estaba  cobijado  y favorecido por la duda y, por ello, se entiende que existió  error de raciocinio.   

En  punto  de  la  trascendencia del dislate,  explica  que  el  sentenciador  tomó  el dicho de GAMBOA MEDINA como confesión  para  afianzar  la  autoría  del  hecho  relacionado con los actos arbitrarios,  cuando   éste   está   indicando   lo   contrario  a  lo  discernido  por  los  administradores  de  justicia,  pues  a  pesar  de  afirmar  en un principio que  toleró  la dádiva puesto que fue entregada voluntariamente por el comerciante,  desatendió  el  resto  de  la  explicación  rendida  por el encartado, lo cual  corroboró mediante testigos.   

De esa manera, el injusto objeto de condena no  recae  en  cabeza  del procesado, puesto que su tácita aceptación del donativo  lo  involucraría  en una falta disciplinaria o en otro comportamiento diferente  a la concusión.   

Al finalizar, la libelista afirma que el falso  juicio  de  identidad  consiste  en  que  el  sentenciador  supuso  “un  medio  de convicción originado de un mérito contrario a la  evidencia  fáctica  de  la  prueba”,  lo  que  permite inferir que el presunto delito de concusión no fue  cometido  por  GAMBOA  MEDINA,  como  se  evidencia de la prueba testimonial que  soporta  sus  explicaciones  y  por  ello,  la  valoración  probatoria  resulta  contraria a las reglas de la sana crítica.   

Solicita se case la sentencia y, en su lugar,  se   absuelva   a   su   defendido   del   cargo  formulado  por  el  delito  de  concusión.   

Segundo.  

Aduce  la  casacionista  que  en  el  fallo  recurrido  se  dedujo  responsabilidad penal únicamente frente a ISNOBER GAMBOA  MEDINA,  porque fue quien se encargó de exigirle al comerciante informal, Jaime  Jimmy  Vargas  Salgado,  la  entrega  de  los  diez  pares  de  zapatillas  como  contraprestación  por  la devolución de la mercancía. Sin embargo, a lo largo  del   proceso   siempre  se  atribuyó  a  los  dos  uniformados  la  incorrecta  actuación,  cosa  que  no  es ajena a ninguno de los declarantes de cargo, ni a  los  mismos  agentes  y  oficiales  que  realizaron  el  operativo  de captura e  incautación.   

En  efecto,  los  viajeros Jaime Jimmy Vargas  Salgado  y  Mauricio  Castro,  dan  cuenta  que  los  dos policiales hicieron la  exigencia  del  donativo  y  además  los señalaron a ambos para que operara la  captura  y  judicialización.  Pero  el  instructor,  desde  el  momento  de  la  definición  de  la  situación  jurídica  desligó  del  proceso al patrullero  Carlos  Alberto Buitrago Rojas, cuando éste mismo manifestó que el viajero dio  cuenta  que  dejaba  un presente para los agentes integrantes de la subestación  de  policía  de la Terminal de Transportes, expresión que también escuchó el  patrullero  Capela  y  que  fue  corroborada  por  el ST Neider Parra Sepúlveda  cuando transportaba en calidad de retenidos a los dos imputados.   

Luego,  entonces,  bajo  la  óptica  de  la  igualdad   y   de   la  duda  razonable,  el  sentenciado  también  debió  ser  desvinculado,  pero  el  juzgador  pasó  por  encima  de  las reglas de la sana  crítica  del  testimonio,  así como la duda razonable y, por ende, la falta de  certeza exigida en el artículo 232 para condenar.   

En  cuanto  a  la  incidencia del error en el  fallo,  asegura  que  el  falso  juicio  de  identidad  se  comete  “cuando  el  juzgador  desconoce  las  disposiciones  legales que  señalan       su      valor      o      eficacia      probatoria”   y “si  desconoce  las normas que regulan o reglan su propio discernimiento, conlleva al  operador  a  un  error cuyo correctivo está enmarcado dentro de los parámetros  establecidos  por  el  jurisprudente  para definir la violación indirecta de la  ley   sustancial   por   falso   juicio   de   identidad   por   las   vías  de  hecho”.   

De  manera  que,  contando  con  una  fuente  favorable  de  pruebas  testimoniales  que corroboran las explicaciones rendidas  por  los protagonistas del incidente, al juzgador no le quedaba otra alternativa  que   absolver   al   procesado   en   aplicación  del  principio  in  dubio  pro  reo,  ante  la  falta  de  señalamiento directo de la exigencia del donativo.   

Concluye  que  la  sentencia  del  Tribunal  desconoce  los  principios  que gobiernan la sana crítica del testimonio, en lo  que  atañe  al  valor  probatorio  que debe asignársele y por ello solicita se  case  la  sentencia  y,  en  su  lugar,  se  absuelva  a  su defendido del cargo  formulado por el delito de concusión.   

CONSIDERACIONES  

1.   Bastante   se   ha  insistido  que  la  discrepancia  de  criterios  en torno a la valoración probatoria, no constituye  error  demandable  en casación, dada la autonomía y libertad que tiene el juez  para  asignar  mérito  probatorio, quien sólo está limitado por las reglas de  persuasión racional soportadas en la sana crítica.   

Además,  porque  el  fallo llega a esta sede  precedido  de  la  doble presunción de acierto y legalidad, en el entendido que  tanto   la   apreciación   y  valoración  de  los  elementos  de  juicio  como  discernimiento  jurídico  que  define  la  cuestión  es conforme a derecho. De  allí   que   la   naturaleza   rogada  del  recurso,  como  medio  procesal  de  enjuiciamiento  a  la legalidad de la sentencia, precise de una demanda ajustada  a  los  requerimientos  formales  consagrados en el artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal,  de  tal manera que, en el marco de alguna de las causales  taxativamente  establecidas,  se  evidencie el acaecimiento de un error judicial  con capacidad para remover la decisión recurrida.   

2.  La defensora del procesado se sustrajo de  acreditar,  como  le  correspondía,  la  ocurrencia de los errores de hecho que  atribuye  al sentenciador, pues apenas alcanza a evidenciar su inconformidad con  la  decisión  adoptada,  lo  cual  conduce  a  la  inadmisión  del libelo, por  ausencia  de  los  requisitos  contemplados  en  el artículo 212 del Código de  Procedimiento Penal.   

Es  así como en ambos cargos invoca un falso  juicio  de  identidad,  pero  atribuye  su ocurrencia a una presunta valoración  probatoria  por  fuera  de  los  parámetros de la sana crítica, a la manera de  falso  raciocinio,  en  el contexto de una argumentación abiertamente confusa y  contradictoria.   

2.1.  Como  bien  se sabe, el falso juicio de  identidad  se  estructura  cuando  el  juzgador  distorsiona  el contenido de la  prueba  porque  lo cercena, lo adiciona o lo tergiversa. Su demostración impone  al  casacionista  señalar,  mediante el cotejo objetivo de lo dicho en el medio  probatorio  y  lo  asumido  en el fallo, qué aparte fue omitido o añadido a la  prueba,  qué  efectos se produjeron a partir de ello y, evidentemente, cuál es  la  trascendencia del yerro en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva de la sentencia atacada.   

El falso raciocinio, por su parte, se presenta  cuando  el  juzgador, al momento de evaluar el mérito probatorio, desconoce los  postulados  de  la  sana  crítica  para  declarar una verdad contraria a la que  revela  el  proceso,  efecto  para  el  cual el impugnante debe señalar cuáles  fueron  las  leyes  científicas,  los  principios  lógicos  o las reglas de la  experiencia  quebrantadas  y  cuál  es  el  aporte  científico, la regla de la  lógica  o la máxima de la experiencia que el juzgador debió tomar en cuenta y  la trascendencia del error en la parte resolutiva de la decisión.   

2.2   De   contera,   resulta  abiertamente  incompatible  que  frente a las mismas pruebas se pregone la ocurrencia de ambos  errores,  sin  distingo  alguno,  siendo  que el falso juicio de identidad es de  carácter   objetivo,   pues   recae   sobre   la   materialidad  de  la  prueba  distorsionando  su  verdadero  sentido,  mientras  que el falso raciocinio es un  error  de  valoración,  que  se  produce  en el proceso intelectivo, sin que el  contenido material de la prueba sufra mengua alguna.   

Por  consiguiente,  tomando en consideración  las  anteriores  premisas  frente  al desarrollo argumentativo de la demanda, es  innegable  que  la  libelista  dejó de acreditar la ocurrencia de alguno de los  errores  de  apreciación probatoria en comento, enseñando el verdadero sentido  y   alcance   de  las  pruebas  defectuosamente  apreciadas  o  verificando  los  postulados  de  la  lógica,  la ciencia o la experiencia que el fallador debió  aplicar para dilucidar el asunto sometido a debate.   

2.3.  La verdadera inconformidad radica es en  la   fuerza   de  convicción  que  los  sentenciadores  otorgaron  al  conjunto  probatorio.    En    el    primer   cargo,  reprocha  la  demandante el hecho que no se hubiesen valorado las  pruebas   que   favorecían   a   su   representado  en  cuanto  corroboran  sus  explicaciones,  lo  cual  habría  llevado  a  que  el  juzgador estableciera la  existencia de la duda probatoria.   

En   el   segundo  cargo,  muestra su descontento porque el procesado, al  igual  que  el patrullero Carlos Alberto Buitrago Rojas, debió ser desvinculado  de  la  investigación  en  virtud  del  principio  de  igualdad  y  de  la duda  razonable,  en  atención  a  los  testimonios  que corroboran las explicaciones  suministradas por los protagonistas del incidente.   

Ambas   réplicas,   sin   embargo,  están  afianzadas  en el análisis fraccionado y caprichoso del conjunto probatorio que  soporta  la  decisión  de condena, pues la demandante apenas destaca apartes de  los  relatos  suministrados  por  los  uniformados  Leyder Capela Bernal, Carlos  Alberto   Buitrago   Rojas  y  Neider  Parra  Sepúlveda,  lo  cual  se  muestra  insuficiente  para  demostrar  el  desconocimiento  del  principio  in  dubio  pro  reo, en cuanto margina del  reproche  la  totalidad  de  las  pruebas  analizadas  por  los falladores, para  realizar  su personal e interesada valoración, con la finalidad de que la Corte  actúe como tercera instancia.   

La  viabilidad  de  una  censura  por la vía  indirecta,  está  supeditada  a  demostrar  que en la apreciación del conjunto  probatorio,  los  juzgadores incurrieron en algún error de hecho o de derecho y  que  ese  desacierto  condujo  a pregonar la certeza acerca de la existencia del  hecho  y la responsabilidad del procesado, sin estar acreditado y, acto seguido,  es  menester  desvirtuar  las pruebas que soportan la decisión censurada. No es  entonces,  la  sola  expresión  de  reparos u opiniones acerca de la forma como  debió  resolverse  el  asunto,  la  manera  como se evidencia la ilegalidad del  fallo,  sino  el  concreto  señalamiento del defecto sustancial contenido en el  fallo, con apoyo en la lógica y la técnica propia del recurso.   

3. Al margen de las inconsistencias detectadas  en  el  libelo,  es  claro  para  la Sala que en el intento por demostrar que el  procesado  no  incurrió en el tipo penal de concusión o que por lo menos se le  debió   absolver   por   duda,  la  recurrente  se  apoya  en  la  explicación  suministrada  por  el  mismo  GAMBOA  MEDINA,  consistente en que la dádiva fue  entregada  voluntariamente  por  el  comerciante,  sin  abordar las estimaciones  probatorias    de    los    sentenciadores    para   desechar   de   plano   esa  posibilidad.   

3.1.  De  manera objetiva, se constata que el  sentenciador  llegó  al  convencimiento  de  la  ocurrencia  del  hecho y de la  responsabilidad  del  procesado,  a  partir del mérito probatorio que asignó a  los  relatos  suministrados  por  el  ofendido  Jaime  Jimmy Vargas Salgado y su  acompañante  Mauricio  Gómez Castro, dado el respaldo probatorio que verificó  al  examinar  los  testimonios  de  otros  uniformados  que,  de  alguna manera,  conocieron   de   la   situación   que   motivó  la  presente  investigación.   

Se trata de las declaraciones rendidas por el  patrullero  Leyder  Capela  Bernal,  el  Mayor Fredy Albeiro Buitrago Pineda, el  Subteniente  Neider  Parra  Sepúlveda,  el  Mayor  Luis Fernando Bayona Rojas e  incluso,  las explicaciones suministradas por los policiales implicados, ISNOBER  GAMBOA    MEDINA    y    Carlos    Alberto    Buitrago    Rojas-    favorecido     con    cesación    de    procedimiento-,  pudiendo  concluir que para el momento de los hechos el procesado  se  encontraba  en  servicio  activo  ejerciendo  la  función  de  vigilancia y  control,  valiéndose  de  esa condición, pues al advertir que los ofendidos no  portaban   la factura de compra de los zapatos que llevaban en su equipaje,  procedió  a  llevarlos  a  la  estación  de  policía y para no incautarles la  mercancía les hizo la exigencia de los diez pares de tenis.   

Sólo una visión fragmentaria y desligada de  todo  el  contexto  probatorio  permitiría   pregonar,  como  lo  hace  la  demandante,  que  el  injusto  objeto  de  condena  no recae sobre su defendido,  desconociendo  que  los  juzgadores desecharon las explicaciones del sentenciado  por ausencia de sustento probatorio.   

Dijo el Tribunal:  

A  esta  conclusión  se  arriba  cuando  se  confronta  el dicho del encartado con el de los testigos y queda sin sustento su  exculpación  respecto  a  que  la  iniciativa  surgió  del  particular,  quien  voluntariamente  entregó  un premio a todos los efectivos de la estación (…)  ya  que expresó con claridad conocer el procedimiento legal a seguir cuando una  persona  transporta  mercancía en gran cantidad, concretamente zapatillas, y no  presenta  ante  la autoridad policial la factura de compra, al respecto enfatiza  que  se  procede a “La incautación preventiva de la  mercancía  hasta  que  el  señor  demuestre  o  traiga la documentación de la  misma”,  versión que contraría lo expuesto por el  encausado,  pues  de  ser  así,  porque  (sic)  la  premura de ocultar  lo  entregado  por  Jaime  Vargas,  porque (sic) procedió a decirle a su subalterno  que  sellara  bien  la  bolsa  con  los  zapatos y luego siguió con sus labores  normales  hasta cuando lo llamaron para que se presentara en la Unidad Policial,  y  advierte  que los oficiales superiores Bayona y Buitrago habían detectado su  irregular  conducta  y se empecinaba en negar lo ocurrido y esconder el producto  de             su             acción”5.   

En   ese   orden,  no  son  de  recibo  las  apreciaciones  de  la  demandante,  porque  si el juzgador no dio crédito a las  explicaciones   de   su  defendido,  ello  no  comporta  error  de  apreciación  probatoria  porque,  se  reitera,  en  la  tarea  de  establecer la verdad de lo  ocurrido,  el  operador  judicial  bien puede acoger unas versiones y desestimar  otras,  o  parte  de  un  relato  que advierta verosímil, siempre dentro de los  parámetros de la sana crítica.   

3.2.  Desde  otra  óptica, bien vale la pena  destacar  que, tanto el denunciante Jaime Jimmy Vargas como su hijastro Mauricio  castro,  siempre  refirieron que la exigencia de la dádiva la hizo el procesado  ISNOBER   GAMBOA   MEDINA.   Entonces,   es  equivocada  la  percepción  de  la  casacionista  al  señalar  que  la  actuación  referida  a la exigencia de las  zapatillas  siempre  se  atribuyó  a los dos uniformados, esto es, al SI GAMBOA  MEDINA  como  al  patrullero  Carlos Alberto Buitrago Rojas y que, por tanto, en  atención  a los principios de igualdad e in dubio pro  reo,   su defendido debió ser desvinculado de la  actuación penal.   

4.  De  lo  anterior  se  concluye,  que  la  defensora   de   ISNOBER   GAMBOA   MEDIA   dejó  de  atender  a  los  mínimos  requerimientos   de  claridad,  precisión  y  coherencia,  indispensables  para  entender  el  sentido  de  la  censura, así como la identificación del dislate  aducido  y  la concreción de sus consecuencias. Y, como el recurso de casación  está  regido  por  el  principio  de  limitación,  la  Sala  no puede entrar a  corregir  las  deficiencias  y  vacíos  detectados en la demanda, porque sería  tanto  como  asumir  la tarea argumentativa del recurrente, en total alejamiento  de  la  naturaleza rogada del recurso que, por lo mismo, no puede convertirse en  una tercera instancia.   

Como de otra parte, no se observan causales de  nulidad  ni  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  no  surge la  necesidad de pronunciarse de oficio.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de ISNOBER  GAMBOA MEDINA.   

En  consecuencia,  se  ordena  devolver  la  actuación al Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

JAVIER           ZAPATA  ORTIZ        

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                            JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS  MARTÍNEZ                               

FERNANDO  CASTRO  CABALLERO                                SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ                         

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS                            ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO                                            

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                                      JULIO             ENRIQUE            SOCHA  SALAMANCA                                                    

             NUBIA     NOVA  GARCIA   

         Secretaria   

    

1 Fls  41 a 64 C.1.   

2 Fls  338 a 354 y 504 a 511 C.2   

3 Fls  807 a 836 C.3.   

4 Fls  911 a 944.   

5 Fls  931 y 932 C.3.     

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