35286(27-06-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No.239  

Bogotá  D.C.,  veintisiete (27) de junio de  dos mil doce (2012).   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado JAIRO PINILLA CHAPARRO,  contra  la  sentencia de segundo grado de 28 de mayo de 2010 mediante la cual el  Tribunal  Superior de Yopal-Casanare confirmó la proferida por el Juzgado Penal  del  Circuito  Especializado  del  mismo  Distrito  Judicial,  por cuyo medio lo  condenó  como  coautor  de  cinco delitos de homicidio agravado en concurso con  lesiones personales.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El  aspecto  fáctico  fue presentado por el  Tribunal así:   

“Siendo  aproximadamente  las 11:30 pm del  veinte  (20)  de  junio  de  2004, en el establecimiento comercial conocido como  ‘La  Caponera’,  ubicado  en la carrera 21 N° 14-15  de  la  ciudad  de  Yopal, cuando se encontraban tomando cerveza, fueron muertos  con  disparos  de  arma  de  fuego  DUBERNEY  GALVIS GIRALDO, WILLIAM HERNÁNDEZ  MARTÍNEZ,  JOSÉ  LUCINIO  MARTÍNEZ,  GILDARDO  BARRERA  HERNÁNDEZ  y  NELSON  ENRIQUE  RINCÓN  LARA  al  parecer  por varios individuos que los sorprendieron  cuando  se  encontraban  sentados  en  una  mesa.  Resultó igualmente lesionado  GLIDER  VALENCIA,  quien  se  desempeñaba  como  barman del negocio. Dentro del  mismo   fueron   estalladas   dos   granadas   de  fragmentación”.   

Tras  las  diligencias  preliminares  en las  cuales  se  individualizó a JAIRO PINILLA CHAPARRO, mediante proveído de 30 de  junio  de 2004 se abrió formal investigación penal en su contra, para luego de  ser  escuchado  en  injurada  resolver  su  situación  jurídica  el 8 de julio  siguiente  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva, sin beneficio  de  la  libertad  provisional,  como probable coautor del concurso homogéneo de  delitos de homicidio agravado.   

Clausurada  la  instrucción,  el  mérito  probatorio  del  sumario fue calificado el 4 de marzo de 2005 con resolución de  acusación  por  el citado concurso homogéneo de conformidad con los artículos  103     y     104    numeral    8°    (con    fines  terroristas),  concurriendo  el  ilícito  de lesiones  personales  según  los  artículos  111  y 113 del Código Penal, decisión que  adquirió  firmeza  el  3 de junio siguiente ante su confirmación por la Unidad  de Fiscalía Delegada ante el Tribunal.   

La  fase  del juicio la adelantó el Juzgado  Único  Penal  del  Circuito Especializado de Yopal-Casanare, despacho que luego  de  surtir el acto público de juzgamiento, mediante sentencia de 1° de febrero  de  2010  condenó  a JAIRO PINILLA CHAPARRO como coautor del concurso delictual  objeto  de acusación a las penas principales de cuarenta (40) años de prisión  y  multa  en  el  equivalente  a  veintiséis  (26)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  para  la  fecha  de los hechos, así como a la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término de veinte (20) años.   

En   virtud   del  recurso  de  apelación  interpuesto   por   el   procesado  y  su  defensor,  el  Tribunal  Superior  de  Yopal-Casanare  mediante proveído de 28 de mayo de 2010 confirmó íntegramente  la  condena, no sin antes destacar la indebida y hasta benevolente dosificación  punitiva   empleada   por   el   a   quo  para  el  concurso delictual, yerro que no podía corregir ante la  limitante  de  la  reforma  peyorativa al ostentar el procesado la condición de  apelante único.   

Contra  el fallo de segundo grado insiste el  apoderado  con  la  impugnación extraordinaria, allegando la respectiva demanda  de casación, de cuya admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

“CAUSAL    PRIMERA”    —sic—   

Postula  la  infracción indirecta de la ley  sustancial  ante  la  exclusión  evidente de los artículos 232 y 238 de la Ley  600  de 2000 y la  aplicación indebida del artículo 323 del Código Penal  por  un  error  de  derecho  motivado  en  un falso juicio de convicción en las  declaraciones   de   Clara   Inés   Fonseca   Suárez   y   Graciela   Sánchez  Vega.   

Explica   que   las   aludidas  deponentes  incurrieron  en  “contradicciones graves de aspectos  centrales  de  la  investigación” que les resta toda  credibilidad,  pues  el  juzgador  “distorsionó este  medio  de  prueba  formando  raciocinios  alejados de la realidad”   y   “le  concede  valor  que  no  le  corresponde”,              siendo   “un  error  de  hecho  por  desconocer las reglas de la sana crítica”, yerro que pasa a explicar así:   

“CARGO PRIMERO. TESTIMONIO DE CLARA INÉS  FONSECA SUÁREZ”   

Para el defensor, el Tribunal incurrió en un  falso  juicio  de  identidad en esa declaración, “le  dio   un   alcance   que   no   tiene   y   recortó  el  que  si  tienen  otras  (pruebas)”,  sin  que pueda ser base suficiente para  crear  una  plena prueba o para construir un indicio, porque es contradictoria y  no demuestra que PINILLA CHAPARRO sea penalmente responsable.   

Que   si   bien   la  testigo  afirma  que  “faltando   diez   para  las  once  llegué  a  las  hamburguesas  y  fue cuando vi al pelao (sic), que es el mismo que me mostró la  Sijin  en  la  foto”,  los  policiales  no aportaron  álbum  fotográfico  o acta de tal reconocimiento al punto que se constituye en  “un      perfecto      falso      juicio      de  existencia”.   

En ese sentido, asevera que judicialmente se  le  otorgó  valor  probatorio  a  un  elemento de juicio que fue incorporado al  proceso  con  violación o desconocimiento de las normas legales que condicionan  su  validez,  especialmente,  las previsiones del artículo 304 de la Ley 600 de  2000  referido al reconocimiento a través de fotografías, en el cual no estuvo  presente el defensor o el representante del Ministerio Público.   

Luego  de  reparar en que fue desestimada la  versión  del  procesado  al  tacharlo de mendaz, agrega que el dicho de Fonseca  Suárez  no  puede constituir pilar de comprobación de lo sucedido por tratarse  de  un  testimonio  único  figura  de  la  cual la Corte Suprema de Justicia ha  indicado  que  para  merecer  suficiencia  ha  de  ostentar  ponderación  en el  declarante,    ser    razonado,   coherente   y   no   contradictorio   en   sus  términos.   

Por  último,  expresa que además no fueron  mencionadas  las  actas  de  inspección  de los cadáveres que señalan que las  víctimas  fueron  encontradas  al  interior  del  establecimiento  “La Caponera”.   

Consecuentemente, denuncia la infracción del  principio  in  dubio pro reo  ante  la  aplicación  indebida  de  los  artículos  247,  309  del  Código de  Procedimiento Penal, 37 y 104 del Código Penal.   

“CARGO  SEGUNDO. TESTIMONIO DE LA SEÑORA  GRACIELA SÁNCHEZ VEGA”   

Asevera  que  no  fue testigo directo de los  hechos  y  como  se  trata  de una prueba trasladada en la que narra situaciones  completamente  ajenas  a  lo aquí investigado, ninguna incidencia tiene en este  asunto,  máxime  que  sus  afirmaciones  relacionadas con su plagio y que en su  casa  eran  guardadas  las  armas  utilizadas  por  los criminales jamás fueron  corroboradas  y  sólo  los  juzgadores “a través de  conjeturas,   suposiciones   y   apreciaciones   de   tipo   personal  le  crean  artificiosamente  un  nexo de causalidad de dos hechos completamente diferentes,  en el tiempo, en el espacio”.   

De  igual  forma,  pone  de  presente que la  testigo  devela  una  clara  animadversión  contra  el  procesado  sin siquiera  haberlo  conocido  plenamente,  y  que  de haber sido valorado adecuadamente tal  elemento   de   convicción  se  habrían  incrementado  las  dudas  probatorias  relacionadas    con    la    participación   de   PINILLA   CHAPARRO   en   los  hechos.   

“CAUSAL    SEGUNDA”    —sic—   

Al  amparo de la causal tercera de casación  pregona la nulidad por   

“violación al debido proceso y al derecho  de    defensa,    producto    de    una    errónea    calificación    de    la  conducta”  que  conllevó la falta de aplicación de  los  artículos  29  de la Constitución Política, 8°, 9°, 20, 232, 234 y 306  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  la  aplicación indebida del 29 de la  Constitución      Política      —sic— y el 104  del Código Penal.   

Denuncia  que  se le dio valor probatorio al  reconocimiento  fotográfico, sin que obre álbum con las imágenes, ni acta del  mismo,  en  el  que  tampoco  hubo  presencia  del  Ministerio  Público, ni del  defensor,  incumpliendo  así las ritualidades previstas en el artículo 304 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por   ello,   estima   que   “la   acusación   se   basó   en   prueba  ilegal”,  lo  que  impone  invalidar  todo  el  trámite  judicial  dada la  afectación del debido proceso y el derecho de defensa.   

En  consecuencia, solicita al Corte casar el  fallo    a    fin    de   absolver   a    su   asistido   de   los   cargos  formulados.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Precisión inicial  

Previamente  a  estudiar     la     aptitud     de    los  cargos   formulados   con   miras   a  su  admisión,  la  Sala  advierte  que respecto de la acción penal  derivada      del      delito      de     lesiones  personales,  por  el  cual  fue  acusado   JAIRO  PINILLA  CHAPARRO,  ha  operado el fenómeno jurídico de  la prescripción.   

Según  lo normado en el artículo 83 de la  Ley  599  de  2000,  la  prescripción  de la acción penal ocurre si durante la  etapa  instructiva  transcurre  un  término  igual  al  máximo  de la sanción  privativa  de  la libertad establecida en la ley, pero en ningún caso puede ser  inferior a cinco (5) años, ni superior a veinte (20) años.   

Igualmente,  de  acuerdo   con   el  artículo  86  del  mismo  ordenamiento,  el término de  prescripción  se interrumpe con la ejecutoria de la resolución de acusación y  comienza  a  contarse  nuevamente por un tiempo igual a la mitad del establecido  para  la etapa de instrucción, sin que pueda ser inferior a cinco (5) años, ni  superior a diez (10).   

En relación con el comportamiento delictivo  de  lesiones  personales de  conformidad  con  los artículos 111 y 113 del Código  Penal  de deformidad física de carácter permanente,  —tal y como se plasmó en  la  resolución  de  acusación  en  la  cual  no  se  habló de la circunstancia  de agravación por afectar el rostro y así lo tomó  el    juzgador    de   primer   grado—,   prevé   una  pena  de  prisión  de  dos    (2)  a  siete  (7) años.   

Lo    anterior   implica   que  para  la  fase  de  instrucción el  término   de   prescripción  sea  siete  (7)  años,  en  tanto  que  para  el  juicio                  sea       de      cinco     (5)  años.   

Por el mencionado comportamiento  el  4  de  marzo  de  2005  se  profirió  en  contra  de  PINILLA  CHAPARRO  resolución  de  acusación,   decisión  que  adquirió  firmeza  el  3   de   junio        de       2005 ante su confirmación por la Unidad de  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de Santa  Rosa  de  Viterbo  y  Yopal,  lo  que  denota  que el  término  prescriptivo  de  cinco  (5)  años  de  la  acción  penal  se cumplió  el   3  de  junio        de       2010,  después  de  haberse  proferido el 28 de mayo de la anualidad en cita el fallo de segundo  grado    y    cuando   se   surtía   el  trámite  del recurso extraordinario,  aún   antes  de  que  el  proceso  fuera  recibido  en  la  Corte  (2 de noviembre siguiente).   

En     consecuencia,    como  la  prescripción  de  la acción penal del referido delito se  causó  después  de  la  emisión  de la sentencia de segundo grado, se deberá  disponer  la  correspondiente  cesación  del  procedimiento por tal conducta en  favor  del  incriminado  y  en  atención  a  que esa  exclusión  tiene  incidencia  en  los  aspectos  punitivos, de ello se ocupará  luego la Sala.   

De los  cargos   

La Corte de tiempo atrás ha insistido en que  la  demanda  de  casación  difiere  ostensiblemente de un alegato de instancia,  porque  requiere  una  presentación lógica adecuada a cada una de las causales  legalmente  establecidas,  con  el  respectivo  desarrollo  de los cargos que se  denuncien  y  la  demostración  de su trascendencia en la parte dispositiva del  fallo impugnado.   

En este caso, el demandante incurre en graves  deficiencias  en lo que tiene que ver con los fundamentos lógicos y de adecuada  argumentación  que se deben observar cuando de atacar la legalidad del fallo de  segundo grado se trata.   

Si bien no es de entidad el error que exhibe  el  libelista  al  nominar cada cargo como si fuera una causal de casación, con  lo  cual  confunde  el camino o forma establecido legalmente para presentar cada  reparo,  con  el  cargo  mismo, sí es evidente que olvida que en la técnica de  casación  rige  el  principio  de prioridad, según el cual, al proponer varias  causales  debe  seleccionar  primero  la  que  posee  un  mayor  alcance,  y las  restantes  tendrá  que plantearlas como subsidiarias. Aquí postuló de último  el  cargo  por  nulidad,  cuando  debió proponer en primer lugar los desafueros  procesales  con  aptitud de afectar la validez del trámite judicial y luego sí  formular  los errores que se sustentan en otras causales de casación, porque de  prosperar aquella haría inocuo el análisis de las restantes.   

De   manera   que   la   Corte  analizará  preliminarmente el reproche basado en la nulidad.   

Segundo cargo: Nulidad  

Acerca de la postulación y desarrollo de la  causal  tercera de casación ha sido criterio reiterado de la Sala que aunque su  demostración  suele  no  ser  tan  estricta  como  la  exigida  para  las otras  causales,  de  todas  formas  debe  el  demandante observar reglas de claridad y  precisión  sobre  el  vicio in procedendo que anuncia.   

Esa  mayor libertad que se permite cuando se  opta  por  la  aludida causal no exime tampoco al actor de acatar los principios  que  orientan  la  declaración y convalidación de las nulidades, en ese orden,  debe  advertir la entidad del vicio procesal, las normas que estima conculcadas,  especificar  el  momento  de la actuación en que se produjo y demarcar su radio  invalidante,  así como también, ha de acreditar la injerencia desfavorable que  tuvo  tal anomalía en el fallo para demostrar cabalmente que al no existir otra  manera    diversa   de   restaurar   el   derecho   afectado,   se   impone   la  anulación.   

Aquí, contrario a deprecar una sentencia de  nulidad,  pide  una  decisión  estimativa  en  la  cual  se  dé aplicación al  principio  in dubio pro reo al  buscar   la   modificación   de   la   responsabilidad  penal  atribuida  a  su  representado.   

Incluso, se queda en el simple anuncio de las  irregularidades  generadoras  de  la violación del debido proceso y del derecho  de  defensa  en  cuanto  no detalla la manera cómo resultaron infringidas tales  garantías,  sin  que  tampoco  precise el límite de la actuación a partir del  cual  se  produjo  el  vicio y la cobertura de la nulidad lo que no se compadece  con  el  principio de sustentación suficiente, dentro del que se precisa que el  escrito  de  impugnación  debe bastarse así mismo para remover los fundamentos  del fallo.   

En  una  mixtura  se  duele  también  de la  errónea  calificación  de  la  conducta,  pero  sin explicar cuál era el tipo  penal llamado a regular el supuesto fáctico objeto de análisis.   

Con  todo, es errado el camino que exhibe el  censor  para  pregonar  la  anulación procesal al basarse netamente en aspectos  probatorios.   

En  efecto, la Corporación con anterioridad  ha  precisado  que  la  verificación  de  la  efectividad y cumplimiento de las  garantías  constitucionales  y  oportunidades legales para la actuación de los  sujetos  procesales,  en  aras de determinar vicios in  procedendo, difiere del análisis sobre la forma legal  de  realización  y  aducción  de determinado medio probatorio, así como de su  valoración,  porque en los primeros, por estar edificado el diligenciamiento en  pasos  concatenados,  la  irregularidad que se presente en uno de ellos contagia  la  actuación  subsiguiente,  situación  que  no  se presenta en los segundos,  pues,  la  máxima  sanción será la exclusión procesal del medio afectado, si  se  trata  de  prueba ilegal, o su inclusión y valoración adecuadas dentro del  fallo una vez depurado el yerro.   

En  este  caso, es patente que el demandante  indebidamente  solicita  la  nulidad  de  lo  actuado fundado en la cláusula de  exclusión  prevista en el último inciso del artículo 29 del mandato superior,  porque   edifica   vicios   in  iudicando  relacionados  con  la práctica de un reconocimiento fotográfico,  aspectos  propios  de  la  violación  indirecta de la ley que se enmarcan en un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de legalidad, que debió postular con la  demostración  de  que  su  exclusión  del  caudal  probatorio  llevaba  a  una  decisión sustancialmente distinta a la adoptada.   

Ciertamente,  cuando  se  infringe el debido  proceso  probatorio  predicable  de las formas legales establecidas para aducir,  practicar  o  incorporar determinado medio probatorio al expediente no contamina  la  actuación  procesal,  puesto  que si el carácter de la prueba es demostrar  hechos  que  sirven  para  adecuar una norma jurídica, el yerro en su aducción  procesal  apareja un yerro de juicio y no un vicio de estructura, de ahí que la  sanción   al  desechar  la  probanza    del  caudal  probatorio  haga  modificar  el  aspecto  fáctico tenido en cuenta para la adecuación normativa,  pero en manera alguna afecta la validez de la actuación.   

Con  esa  postura,  el  censor  desdeña que  judicialmente  no se tomó ello como un reconocimiento fotográfico, sino que la  prueba  incriminatoria  fue  la  declaración detallada y coherente expuesta por  Clara  Inés  Fonseca Suárez recién ocurridos los acontecimientos (testigo que  inclusive  días  después  corrió  la misma suerte de las víctimas ya que fue  asesinada  en  la  región),  cuando  señaló  al procesado por haber tenido la  oportunidad  de  verlo  varias veces desde el jueves, cuatro días antes, ya que  se  movilizaba  con  otros en una moto merodeando y amenazó a los muchachos que  se  encontraban  por  ahí,  e  incluso  ella  quiso    defender a los  lugareños  cuando  les  reparó  a  los  foráneos  que  esa no era la forma de  tratarlos,  a  lo  que  le contestaron que “ya había  llegado  la ley”. Luego les observó exhibir un arma,  el  sábado  los  vio  pasar tres veces, hasta el domingo por la noche cuando se  dio      cuenta      que      estaban      “como  esperando”  a alguien y mirando a quienes entraban a  cada  uno  de los negocios, y finalmente  cuando hacia las once de la noche  el  procesado  les hizo una señal a cuatro muchachos para luego sacar un arma y  disparar contra las personas que estaban sentadas.   

Bajo  estas condiciones, el reparo carece de  la aptitud necesaria para su admisión.   

Segundo cargo: Violación indirecta de la ley  sustancial   

En  este caso, si bien el demandante postula  la  violación  indirecta  de la ley sustancial, el desarrollo que le imprime al  cargo  carece  de  la claridad y precisión para demostrar tanto el error en que  incurrió  el  juzgador,  como  su  incidencia  en  el  fallo, por el contrario,  incurre  en una mixtura en relación con la clase de yerro de juicio al postular  simultáneamente     errores     de     hecho     y    de    derecho.   

La   Corte  ha  precisado  que  cuando  la  discrepancia  versa  en el proceso de aprehensión y valoración probatorios por  parte  del  fallador,  compete  al  demandante,  además  de  individualizar  el  elemento  de  convicción  en  el cual recae el vicio, identificar su clase, sea  error   de  hecho  en  sus  diversas  modalidades:  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  o  invención  del  medio  probatorio;  falso  juicio  de  identidad  por  distorsión  o  tergiversación  de  su  contenido fáctico; o falso   raciocinio   al   infringir  los  postulados  de  la  sana  crítica  y  derivar conclusiones que contravienen los  principios  lógicos,  las leyes de la ciencia o las máximas de la experiencia.  O  si  se  trata  de  un  error de derecho   debe   explicar   si  el  yerro  consistió  en  un  falso  juicio de convicción por negarle a  la  prueba  el valor conferido por la ley u otorgarle un mérito diverso del que  le  es  atribuido legalmente, o por un falso juicio de  legalidad  por valorar el juzgador alguna probanza con  defectos formativos en su incorporación o aducción procesal.   

Aquí, en primer  lugar   anuncia   un   falso   juicio   de   convicción   en  las  declaraciones  de  Clara Inés Fonseca  Suárez  y  Graciela  Sánchez,  enseguida denuncia que el juzgador distorsionó    esos    medios    de  prueba,  y  por  último,  aduce que al otorgarles  credibilidad   incurrió   en  un  error  de  hecho  al  desconocer  las  reglas de la sana crítica,       planteamiento   que   hace   ininteligible  la  censura,   lo   cual   se   patentiza  cuando  no dedica espacio a denotar que  una     adecuada     valoración     probatoria    y    su   imbricación      con      los      restantes     elementos     de  convicción   daría   lugar   a   una   decisión  esencialmente diversa.   

Así,  en  manifiesto  desconocimiento de la  dual  presunción  de  legalidad  y  acierto del fallo se limita a confrontar su  criterio  con  el  de los juzgadores al resaltar que no existe prueba suficiente  para  predicar  la  responsabilidad de su defendido al reiteradamente dolerse de  haber  merecido crédito las manifestaciones de Clara Inés Fonseca Suárez, sin  que  se  hubiera  realizado  en  debida  forma  un  reconocimiento  en  fila  de  personas.   

En   este   sentido,   no   refuta   las  consideraciones  judiciales  que  de  manera  sopesada  valoraron que no mediaba  alguna  situación  que  minara la credibilidad de la declarante, porque tuvo la  posibilidad  de  percibir  los  hechos  y  logró identificar al hoy procesado a  quien  había  visto  con  anterioridad en el lugar con otros sujetos a bordo de  una moto amenazando a los jóvenes.   

De  otro  lado,  repara en el valor suasorio  otorgado  al dicho de Graciela Sánchez Vega, sin acreditar ninguna vulneración  de  las reglas de la sana crítica, alejándose incluso de la realidad procesal,  porque  si  bien  mediante  prueba  trasladada se allegó la declaración que de  ella  obraba  en  otro  diligenciamiento  motivado  en su secuestro, también de  manera  directa  se  le  escuchó en este diligenciamiento el 18 de noviembre de  2004  (folio  143)  cuando  explicó que en su casa de Aguazul se alojaron JAIRO  —a       quien  describió—,  y  William,  como  miembros  de  las  autodefensas y que allí guardaban sus armas, relatando  incluso  que  luego  estuvo  secuestrada  en retaliación porque a su hijo, Juan  Pablo  Márquez Sánchez, alias “Remache”  reclutado  por ese grupo ilegal, como había sido capturado, al  parecer estaba colaborando con las autoridades.   

En este orden, además de que no descalifica  las  deducciones  empleadas  por  el juzgador, de manera inconexa señala que no  fueron  mencionadas  las  actas de inspección de los cadáveres indicativas que  las  víctimas  fueron  encontradas al interior del establecimiento “La     Caponera”,    porque   no   explica   qué   trascendencia  tendría  ello  en  la  declaración  fáctica tenida en los fallo y sin explicar qué dudas probatorias  surgían  y que hacían imperioso la aplicación del principio de resolución de  duda en favor del enjuiciado.   

Las  mencionadas  deficiencias  llevan  a la  inadmisión  del  libelo  de conformidad con lo dispuesto en el artículo 213 de  la Ley 600 de 2000.   

Finalmente,  la Corte no advierte violación  alguna  de los derechos fundamentales o garantías del incriminado JAIRO PINILLA  CHAPARRO,  como para que tal circunstancia impusiera el ejercicio de la facultad  oficiosa  de  naturaleza  legal  que  le  asiste  a  esta  Corporación sobre el  particular.   

Precisión final  

Por   efecto   de   la  declaración  de  prescripción   de   la  acción  penal  derivada  del  delito  de  lesiones  personales se hace necesario  excluirlo  de  la  dosificación  punitiva fijada para el enjuiciado,   quien   entonces  sólo  quedará  condenado    como    coautor    penalmente    responsable    del    concurso        homogéneo        de        los       delitos de  homicidio agravado.   

El  juez  singular por razón del concurso  delictual               realizó    el    siguiente    ejercicio  dosimétrico:   

“Siguiendo  las reglas específicas para  la  estimación  de la pena en los casos de concurso delictivo, y en aplicación  de  los  parámetros para la imposición de            máximos  y  mínimos  consagrados  en  el  artículo  60  del  C.P.,  así  como  los demás  criterios  previstos  en el artículo 61 ibídem, estima este juzgado partir del  límite   inferior,  es  decir,  de  veinticinco  (25)  años de prisión,  por  uno  solo  de  los  homicidios, guarismo que se incrementará en trece  (13)     años     más     en     atención  a  la concurrencia de los otros cuatro atentados contra la  vida  y  de  dos (2) para el delito de lesiones       personales      que  concurre”    (se  subraya).   

Por lo tanto, al marginar el delito contra  el   bien   jurídico  de  la  integridad  personal,  es     decir,    la    pena    de    dos            (2)             años    de    prisión,   la   sanción   quedará   en  definitiva  en  treinta y ocho  (38)  años de  prisión.   

De   la   misma  forma  se  deberá    retirar    la    pena   de  multa       impuesta       de      veintiséis       (26)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes para la época de los hechos que  apareja  el  ilícito de lesiones  personales.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  república y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.           DECLARAR  PRESCRITA  la  acción  penal derivada del delito de  lesiones personales   que  como  coautor  se  predicó  de  JAIRO  PINILLA  CHAPARRO  y  por lo tanto, cesar procedimiento en su  favor por tal ilícito.   

2.            PRECISAR  que,  por  lo  anterior,  la  pena  principal  impuesta  al  procesado  JAIRO  PINILLA  CHAPARRO,  al quedar sólo condenado como coautor del concurso homogéneo de los  delitos  de homicidio agravado, es de treinta y ocho años de prisión. También  se excluye la pena pecuniaria otrora impuesta.   

3.              NO     ADMITIR     la      demanda      de     casación  interpuesta   por   el  defensor  de  JAIRO  PINILLA CHAPARRO, por las  razones manifestadas en la anterior motivación.   

4.            En  lo  demás  el  fallo  impugnado  se  mantiene incólume.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

         

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ            

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO   ALBERTO   CASTRO   CABALLERO                 

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                     MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ                        

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                          JULIO            ENRIQUE            SOCHA  SALAMANCA                              

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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