33888(18-04-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 33888  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado acta No.139  

Bogotá,  D. C, dieciocho de abril de dos mil  doce.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  JAIRO  DE  JESÚS TAMAYO VILLEGAS contra la  sentencia  dictada  por  el Tribunal Superior de Bogotá 4 de diciembre de 2009,  mediante  la  cual  confirmó  la  proferida  por  el  Juzgado Segundo Penal del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento de esta ciudad el 8 de septiembre del  mismo  año,  que  condenó  al  procesado  por el delito de homicidio agravado.   

Hechos  

El  14 de febrero de 2007, en las horas de la  noche,  cuando  WILSON  YOVANNY  GALEANO DÍAZ se desplazaba en compañía de su  pareja  sentimental GILMA YIRLEY ÁLVAREZ GARCÍA por la carrera 16 con calle 32  de  esta  ciudad,  fue  sorpresivamente  atacado  por  un  sujeto que llegó por  detrás,  quien le causó una herida con arma blanca en la región torácica. Al  verse  atacado  y  herido  WILSON  YOVANNY  trató  de  correr, pero metros más  adelante  trastabilló y cayó, siendo atacado de nuevo por el agresor, quien le  propinó  en  el  suelo  una  nueva puñalada a la altura del muslo de la pierna  izquierda,  heridas a causa de las cuales falleció minutos más tarde. Desde el  primer  momento  su  acompañante GILMA YIRLEY ÁLVAREZ GARCÍA señaló a su ex  compañero   sentimental   JAIRO   DE  JESÚS  TAMAYO  VILLEGAS como el autor de la agresión, quien cumplido  su cometido huyó del lugar.   

Actuación procesal relevante  

1. Realizadas las audiencias de legalización  de   captura,  formulación  de  la  imputación  e  imposición  de  medida  de  aseguramiento,  la fiscalía, mediante escrito de 20 de marzo de 2007, presentó  acusación    contra    JAIRO   DE   JESÚS   TAMAYO  VILLEGAS   por   el  delito  de  homicidio,  con  las  circunstancias  de  agravación  previstas  en  los  numerales 4° (motivo   abyecto   o   fútil)   y   7°  (aprovechándose     de     la    situación    de  indefensión), del artículo 104 del Código Penal, la  que formalizó en audiencia de 25 de mayo del mismo año.   

2.  Al  término  del  juicio  oral,  el juez  anunció  que  el fallo sería de carácter condenatorio, y así quedó plasmado  en   la   sentencia  de  8  de  septiembre  de  2009,  en  la  que  JAIRO   DE   JESÚS  TAMAYO  VILLEGAS  fue  condenado  a  la  pena  principal  de  410  meses  de prisión y la accesoria de  inhabilitación  en el ejercicio de derechos y funciones públicas por 20 años,  como  autor  del  delito  imputado  en  la  acusación, con las agravantes allí  deducidas.   

3.  Impugnado este fallo por la defensa, para  solicitar  la  absolución  del procesado por considerar que no existía certeza  sobre  su  participación  en  los  hechos,  el  Tribunal  Superior  de Bogotá,  mediante  el  suyo de 4 de diciembre de 2009, que ahora el mismo sujeto procesal  recurre  en  casación,  lo  confirmó  en  todas  sus partes.      

La demanda  

Al amparo de la causal prevista en el numeral  primero  del  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, plantea un cargo contra la  sentencia  impugnada,  por  violación directa de la ley sustancial, derivada de  la  aplicación  indebida  de  los  numerales  4°  y  7° del artículo 104 del  Código  Penal,  que  describen  las  circunstancias de agravación deducidas al  procesado  por  la  futilidad  del  motivo  y  el  estado  de indefensión de la  víctima, respectivamente.   

Después  de  reconocer como hechos probados,  que  el  procesado  causó  sorpresivamente  una herida con arma cortopunzante a  WILSON  YOVANNY  GALEANO  DÍAZ  y  que  después  de corretearlo le asestó una  segunda  herida  en el piso, como también, que el acusado no aceptaba que su ex  compañera  sentimental,  con  quien  había procreado un hijo, hubiera iniciado  una  convivencia  de  pareja con WILSON YOVANNY desde hacía dos meses, sostiene  que  los  fallos  dedujeron las referidas agravantes sin referirse en concreto a  las   razones   por   las   que   las   imputaban   y   sin   que   las   mismas  concurrieran.   

Argumenta  que  de las precisiones realizadas  por  el  juez  a  quo,  se  sigue  que la conducta del procesado “no obedece a  motivos  fútiles o abyectos”, puesto que, desde su perspectiva, toda conducta  de  matar  diferente  de  aquellas sujetas a alguna circunstancia de ausencia de  responsabilidad,  sería  agravada  por  este motivo, “en tanto nada justifica  cegar  (sic)  la vida de otro ser humano, y bajo tal premisa todo motivo resulta  insignificante”.   

Asegura  que  esta circunstancia agravante se  orienta  a  castigar  con  mayor  severidad  aquellas  conductas donde el motivo  desborda  las  consideraciones  emocionales del autor, y se ubica en espacios de  clara  insignificancia  frente  al  bien de la vida, tanto es así, que allí se  sitúan  las  agresiones  derivadas del lucro y la remuneración, donde el autor  sin  motivación  emocional  alguna, atenta contra la vida de otro ser humano, y  aquellas  donde  el  motivo,  aunque existente en la emoción del autor, resulta  claramente  insignificante  frente  a la gravedad de la conducta, como cuando se  mata  para  castigar  el  no  pago  de  una  deuda  o  por  desavenencias  entre  conductores de vehículos automotores.   

Las   consideraciones  del  juez  sobre  la  insignificancia   del   motivo  resultan  altamente  subjetivas  y  carentes  de  justificación  razonable, puesto que se hace derivar de la condición emocional  generada  por  las  dificultades  en  el  manejo de la relación sentimental con  GILMA  YIRLEY,  así  como  de  su comportamiento en el rol de madre del hijo de  ambos.   

Reitera, después de precisar que no pretende  justificar  el  comportamiento  delictivo  del  procesado, sino demostrar que la  supuesta  insignificancia  de  motivos  no  es  atendible,  que  los  argumentos  expuestos  por  el  a  quo responden a una interpretación indebida de la norma,  que  no  respeta  la  orientación  pro  homini  o pro libertatis, como aquellas  únicas  que  resultan de recibo en un proceso de adecuación típica en materia  penal.      

Afirma  que  idénticas  circunstancias  se  predican  de  la  deducción de la agravante del numeral 7°, con el plus de que  en  relación  con  ella  nada  se  dijo en los fallos sobre su estructuración,  situación   que   no  permite  advertir  “de  dónde  emana  puntualmente  la  interpretación  errónea  del alcance del agravante de marras”, ni establecer  si  la  imputación  atiende  a  la  colocación de la víctima en situación de  indefensión o inferioridad, o por haberse aprovechado de ellas.   

Suponiendo,  no  obstante,  que lo fue por el  aprovechamiento  de  su  condición  de indefensión, debido a lo sorpresivo del  ataque,  es  claro que aún a pesar de lo sorpresivo, “bajo las circunstancias  fácticas  particulares  del  caso  que  nos  ocupa,  ellas  no  se adecuan a la  teoría    del    ataque    alevoso    que  ha  desarrollado  la jurisprudencia de esa H. Corporación como  interpretación  al alcance y contenido del agravante”, pues no puede resultar  admisible    que    la    simple    sorpresa    genere    automáticamente    su  configuración.   

La  prueba muestra que la pareja percibió la  presencia  del  agresor antes de que actuara, lo cual, no solo demerita el valor  extremo  del  factor  sorpresa que se le ha dado por los juzgadores en su exigua  argumentación,  sino  que  prueba   que  la  víctima no estaba indefensa.  Además,  no  puede  perderse  de  vista el arma utilizada (cortopunzante) y las  condiciones de la escena de los hechos (vía pública).   

Lo  anterior, en cuanto que “no es lo mismo  ser  agredido  de manera más o menos sorpresiva con un arma de fuego, accionada  a  una  considerable  distancia  de  la víctima, donde el alcance del arma y su  potencialidad  dañina  hacen  atendible  la  condición  de  indefensión de la  víctima,  a  ser  atacado  con  un  arma  cortopunzante, con la necesidad de un  contacto   casi   cuerpo  a  cuerpo  entre  agresor  y  víctima,  y  donde  las  posibilidades  de  acción  defensiva  de la víctima son claras, máxime cuando  nada  reporta  que  haya  sido  sujetado o sometido por fuerza física o moral a  asumir una condición pasiva frente al agresor”.   

Sostiene que los juzgadores, en las referidas  circunstancias,   debieron  condenar  al  procesado  por  homicidio simple,  razón  por  la  cual  pide a la Corte, después de aludir brevemente a la   trascendencia  de  la  violación  denunciada  y  al interés que le asiste para  recurrir,  casar parcialmente la sentencia impugnada y redosificar las penas, de  acuerdo  con  las  sanciones  establecidas  en  el  artículo  103  del  Código  Penal.   

SE CONSIDERA  

La  Corte inadmitirá la demanda de casación  que  se  estudia   por  no  cumplir  el  requisito  referido  a  la  debida  sustentación  del  cargo  propuesto, ni satisfacer los presupuestos básicos de  idoneidad  sustancial  necesarios para la realización de los fines del recurso,  que  el  artículo  184  de  la  ley  906  de  2004  exige  para  su  estudio de  fondo.   

La    debida  sustentación   implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a  los  requerimientos  formales  que  impone  la causal planteada y la  lógica  del  ataque  propuesto,  y  hacerlo  de  manera  clara  y  precisa, con  sujeción  a  los  principios  de  autonomía,  no  contradicción, coherencia y  razón  suficiente,  de  manera  que  el alcance de la impugnación se evidencie  nítido  para  que el juez de casación pueda dar a los reproches planteados una  respuesta adecuada.   

Y  la  idoneidad  sustancial  de  la  demanda  significa   que  los  cargos  que  contiene,  además  de  hallarse  debidamente  sustentados      (idoneidad     formal),  deben  ser  fundados,  es decir, tener aptitud para propiciar la  infirmación  total  o  parcial  de  la  sentencia,  o para suscitar una postura  jurisprudencial   unificada  alrededor  del  tema  debatido,  en  cuanto  logran  evidenciar   la   violación   de  una  norma  sustancial  o  de  una  garantía  procesal.    

En  el  caso  que  se  estudia, el demandante  plantea  violación  directa  de  la ley sustancial, por aplicación indebida de  las   agravantes   previstas   en   el   artículo  104.4.7  del  Código  Penal  (futilidad de los motivos y estado de indefensión de  la  víctima),  por  considerar  que los hechos de los  cuales se deducen no responden a su sentido o alcance.   

Pero  en  el  desarrollo  de  este  reproche  también  se queja porque los juzgadores no expusieron en los fallos las razones  de  su  imputación,  planteamiento  que  ab  initio se torna contradictorio, en  cuanto  no  logra  saberse  si  el error que se denuncia radica en un defecto de  motivación o en un error de selección normativa.     

En  materia  casacional  no  hay espacio para  alegaciones  ambiguas  ni planteamientos equívocos, porque cada error atiende a  una  lógica  específica, que no admite  vacilaciones en su enunciación y  demostración.  Cuando  existen  varias  posibilidades de ataque, el actor puede  optar  por  una  cualquiera  de  ellas,  o por plantearlas por separado en forma  subsidiaria,  pero  lo que no puede hacer es entremezclarlas con el fin de darle  mayor   consistencia  argumentativa  al  discurso,  porque  termina  produciendo  efectos contrarios a los buscados.      

Con mayor razón, en tratándose de errores de  naturaleza  distinta,  como sucede en el caso analizado, donde, de una parte, se  invoca,  en  forma  expresa, un error in iudicando por desaciertos jurídicos, y  de  otra,  de manera velada, uno in procedendo por defectos de motivación, pues  este  tipo  de planteamientos socaba el principio de autonomía de las causales,  que  enseña  que  dentro  del  marco  argumentativo  de un determinado cargo no  tienen   cabida   ataques   que   involucren  situaciones  propias  de  causales  distintas.       

Adicionalmente  a  estas  inconsistencias, el  cargo  presenta  vacíos  sustanciales  en  su  demostración, pues el censor se  limita  a  negar la existencia de las circunstancias de agravación deducidas en  los  fallos,  a  partir  de  una  percepción  personal  de  sus  alcances,  que  contrapone  al  criterio  de  los  juzgadores  con  argumentos y ejemplos que no  vienen al caso.   

Una  correcta  formulación  de  la  censura  exigía  al  libelista   precisar  el  contenido y alcance de las referidas  agravantes  frente  a  los  desarrollos jurisprudenciales o frente a la doctrina  autorizada,  y  explicar  por  qué,  los  supuestos  fácticos  de  los que los  juzgadores  las  hacen  derivar  escapan  a  su  ámbito  de comprensión, labor  demostrativa  que está distante de haber logrado realización en el caso que se  analiza.   

No  obstante que lo anotado sería suficiente  para  inadmitir  la  demanda,  resulta  pertinente  anotar, en relación con los  defectos  de  motivación  que  se  denuncian,  que el juzgador de primer grado,  aunque  no fue prolijo en la exposición de sus  fundamentos, sí fue claro  en  señalar  los  hechos  de  los  cuales  derivaba su estructuración, lo cual  resultaba  suficiente  para  su  intelección  y el aseguramiento del derecho de  defensa,  como  pasa  a  verse,  con  mayor razón si son complementadas con los  fundamentos  que  soportaron la postura del ente acusador, cuyas consideraciones  el demandante no puede ignorar,   

“En  cuanto  tiene que ver con los motivos  que  dieron  lugar  a la agresión en contra de Wilson Yovanny Galeano Díaz, se  demostró  también  en  el  desarrollo  del  debate  oral  que  no fueron otros  diferentes  a  la  no  aceptación  que  el acusado tenía frente a la relación  sentimental  que  la madre de su hijo sostenía con el hoy occiso; razón por la  cual  desde  la misma imputación se ha considerado dicho motivo como fútil, es  decir,  como  insignificante,  inocuo  para segar la vida de un ser humano…”   

“[…]   en   cuanto  se  refiere  a  la  configuración  de  las  causales  de  agravación  punitiva, como se significó  desde  un  primer  momento, carecía de cualquier razón atendible, si lo fuera,  la  forma  en  que  TAMAYO  VILLEGAS  se  comportó  en contra de quien para ese  entonces  era  el  compañero  sentimental  de  su anterior compañera, valga la  redundancia,  Gilma  Yirley  Álvarez García; y, adicionalmente, y en cuanto se  refiere  a  la  indefensión,  ya que una vez postrado en el piso, caído por la  primera  herida  letal,  se  insiste  y persiste en el propósito de afectar aun  mayormente      la      condición     vital”.1   

Cierto es que en el fallo de segunda instancia  nada  se dijo  sobre las referidas agravantes, pero esto resulta explicable  si  se  tiene  en  cuenta  que su legalidad no fue objeto de impugnación por la  defensa,  y  que  el  tribunal carecía de competencia funcional para abordar el  tema,  justamente por no haber sido apelado, situación que en lugar de erigirse  en  un  argumento  en  favor  del  casacionista, se convierte en un factor en su  contra,  en  cuanto  pone  en  entredicho  el  interés que puede asistirle para  cuestionarlo en casación, por ausencia de identidad temática.   

Las deficiencias que vienen de ser advertidas  muestran  que  la  demanda  analizada  no  cumple  las  condiciones  mínimas de  idoneidad  formal  ni  sustancial  requeridas  para su selección a estudio. Por  tanto,  se  la  inadmitirá  a  trámite,  en  aplicación de lo dispuesto en el  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, y se ordenará devolver el expediente a la  oficina  de origen, no advirtiéndose violaciones a las garantías fundamentales  que la Corte esté en el deber de proteger de manera oficiosa.   

Insistencia.  

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia  por parte del casacionista, de conformidad con lo establecido en el  artículo  184  inciso  segundo  ejusdem,  en  la oportunidad, forma y términos  precisados por la Corte, que a continuación se indican:   

a) La insistencia es un mecanismo especial que  puede  ser promovido por el demandante, dentro de los cinco (5) días siguientes  a  la notificación de la providencia que inadmite la demanda, con el fin de que  la  Sala reconsidere su decisión. También puede ser promovido dentro del mismo  término  por  alguno de los Delegados del Ministerio Público para la Casación  Penal   (siempre   que   el  recurso  no  haya  sido  interpuesto  por un Procurador Judicial), el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b) La solicitud de insistencia puede elevarse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya  salvado  el voto en relación con la  decisión  de  inadmitir  la  demanda, o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo del Magistrado disidente,  del  Magistrado  que  no intervino en los debates, o del Delegado del Ministerio  Público,  ante  quien  se formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de  la  Sala,  o  no  presentarlo para su revisión, evento este  último   en  que  informará  de  ello  al  peticionario  en  un  plazo  de  15  días.   

d)  El auto que inadmite la demanda trae como  consecuencia  la  ejecutoria de la sentencia de segunda instancia contra la cual  se  formuló  el  recurso  de  casación,  salvo  que  la insistencia prospere y  determine  la  prosecución  del  trámite casacional para un pronunciamiento de  fondo2.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

Inadmitir  la  demanda de casación presentada por el defensor de  JAIRO    DE   JESÚS   TAMAYO   VILLEGAS.   

Contra  esta decisión procede la insistencia  en  la  oportunidad y términos indicados en la parte considerativa.     

NOTIFÍQUESE    Y   CÚMPLASE.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ        LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                                FERNANDO                              ALBERTO                             CASTRO  CABALLERO                               

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                                  MARÍA                   DEL                  ROSARIO                  GONZÁLEZ  MUÑOZ                                          

AUGUSTO        J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                                LUIS                              GUILLERMO                              SALAZAR  OTERO                                 

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                  JAVIER ZAPATA  ORTIZ                           

                                                      Nubia Yolanda Nova García   

                                            Secretaria   

    

1  Páginas 8, 10 y 11 del fallo.   

2  Casación 24322. Auto de 12 de diciembre de 2005.     

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