39258(10-10-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado      Ponente:   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No.376  

Bogotá,  D.  C., diez (10) de octubre de dos  mil doce (2012).   

VISTOS:  

La  Sala  resuelve acerca del cumplimiento de  los   requisitos   de   crítica   lógica  y  suficiente  demostración  de  la  demanda   de   casación  presentada por el defensor de la procesada Olga Lucía  Bernal  Parra  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  confirmatoria  en  parte  de  la dictada por el Juzgado Penal del  Circuito  de  Zipaquirá,  que la condenó como autora de las conductas punibles  de  captación  masiva  y  habitual  de  dinero  y  enriquecimiento  ilícito de  particulares.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE:   

1.    Los  primeros  fueron declarados por el ad quem en los siguientes términos:   

“Se tuvo conocimiento que la señora Olga  Lucía  Bernal  Parra  se  encontraba  inscrita  en  la  Cámara  de Comercio de  Bogotá,  D.C.  y que figuraba como persona natural en calidad de propietaria de  los  siguientes  establecimientos  de comercio: «Inversiones H.R. Zipaquirá»,  con  sede en el municipio de Zipaquirá (Cundinamarca) y matrícula No. 01020778  del  14  de junio de 2000, e «Inversiones H.R. Bogotá», con sede en la ciudad  de Bogotá, D.C. y matrícula No. 016990202 del 31 marco de 2007.   

De  otra  parte,  el señor Silvano Pinilla  Alarcón  denunció  a la señora Olga Lucía Bernal Parra el 9 de mayo de 2008,  indicando  que  acudió  con  otros  para  entregar  su  dinero en efectivo a la  empresa  Inversiones  H.R.,  con  la expectativa de que el mismo sería devuelto  con  altos  intereses mensuales o semestrales, según el caso, pero al cumplirse  los  plazos para la entrega del dinero, no fue devuelto, pero sí se defraudó a  los   usuarios   al   cobrarles  altas  tasas  de  interés  sin  que  existiera  contraprestación  alguna  de  bienes  y  servicios. Tal denuncia fue igualmente  realizada  por la Superintendencia de Sociedades, al ser intervenida la sociedad  Inversiones H.R.   

Otras  personas  interpusieron denuncia por  los  mismos  hechos  contra  la señora Olga Lucía Bernal Parra, quien figuraba  como  propietaria  y  gerente de Inversiones H.R. y por tratarse de una conducta  permanente,  donde  además  mediaba  una  pluralidad de afectados, se decidió,  ante  la  multiplicidad  de  denuncias,  llevar  una  sola investigación de los  hechos por razón de su conexidad.   

La  Fiscalía,  con  la recopilación de la  información  pertinente,  creó  una  base  de datos que arrojó como resultado  14.240  (sic)  personas  afectadas en Zipaquirá (Cundinamarca) y Bogotá, D.C.,  víctimas  que indicaron haber entregado dineros a la señora Olga Lucía Bernal  Parra,   el   que  fue  garantizado  con  una  letra  de  cambio,  cuyos  montos  corresponden   a   la   suma  total  de  $233.936.803.539,  suma  representativa  igualmente  del  incremento  ilegal del patrimonio de Olga Lucía Bernal Parra y  del dinero captado de manera ilegal.   

La base de datos fue levantada en diferentes  espacios  de  tiempo  a  medida que las víctimas fueron allegando fotocopias de  las  letras  de  cambio firmadas con Inversiones H.R., así como su documento de  identificación  y  demás  datos  para  una  posterior  ubicación,  la que fue  entregada  con cadena de custodia al perito contable del CTI Carlos José Ospina  Grimaldo,  llegando al referido número de afectados, siendo así que la base de  datos se nutría al llegar la información al citado.   

Con  los  informes  del  perito  del CTI se  estableció  igualmente  que  en  la  captación  de  dineros realizada por Olga  Lucía  Bernal  Parra  mediante  Inversiones H.R., participaron empleados de esa  empresa  bajo  su  subordinación,  los que al parecer también se apoderaron de  cuantiosas  sumas  de  dinero  que  recibieron  por razón de sus funciones como  empleados de la sociedad.   

Del  igual  modo, sin ninguna autorización  legal,  Inversiones H.R. captó de forma masiva y habitual dineros del público,  obteniendo  un  incremento  patrimonial no justificado, derivado de la actividad  ilícita de la captación.   

Las  víctimas  afirman  que  no  se les ha  devuelto  dinero  desde el 17 de noviembre de 2008, perdiendo toda la inversión  que realizaron.   

La  señora  Gina  Paola Niño, empleada de  Olga  Lucía  Bernal  Parra,  manifestó  en  entrevista,  que  la sociedad H.R.  funcionó  hasta  el  27  o 28 de febrero de 2008 en zipaquirá y Bogotá, D.C.,  que  siempre  tuvo  sede en Zipaquirá y que en los últimos meses funcionó una  en  Bogotá.  Aclaró  que  captaron  dineros  del  público  hasta  las  fechas  señaladas  y  que  ella  renunció  el  29  de  mayo  de 2008, desconociendo el  paradero  del  dinero  captado.  Respecto  del  reintegro  del dinero, no sabe a  quién  se  lo  devolvieron y a quién no, pero conoce que la gente se encuentra  muy afectada.   

Además,  la  Fiscalía  señaló  que  el  hermano  de la acusada, señor Guillermo Bernal Parra, entregó al ente acusador  un  pagaré  con  su  carta  de  instrucciones,  en el cual aparece como deudora  Claudia  Jeaneth  Dorado  Ortiz  y  como  acreedor  el  citado,  por un valor de  $12.000.000, el cual fue entregado al interventor”.   

2.    Con  fundamento  en  lo  anterior  y  como  no fue posible vincular directamente a la  inculpada  Olga  Lucía  Bernal  Parra,  se le declaró persona ausente, tras lo  cual,  el  30  de  enero  de  2009,  ante  el Juzgado Primero Penal Municipal de  Zipaquirá  con  Funciones  de  Control  de Garantías, la Fiscalía le formuló  imputación  como  autora  de  las  conductas  punibles  de  captación masiva y  habitual    de    dinero,   no   reintegro   de   dineros   captados1     y  enriquecimiento ilícito de particulares.   

3.   El  25 de  febrero  de  2009, la incriminada se puso a disposición de las autoridades y se  allanó  solamente  por  el  delito  de  captación masiva y habitual de dinero,  razón  por  la  cual  se dispuso la ruptura de la unidad procesal, sin embargo,  esa   manifestación   fue  improbada  en  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Zipaquirá.   

4.   El  2  de  noviembre  de  2010, ante el mismo Juzgado, se acusó a Olga Lucía Bernal Parra  únicamente  como  autora  del delito de captación masiva y habitual de dinero.  Además,  la  Fiscalía  solicitó  llevar  bajo  una misma cuerda procesal esta  actuación  y  la  seguida  contra  la  encartada  por  la  conducta  punible de  enriquecimiento  ilícito  de particulares por razón de la conexidad existente,  trámite  último  en  el que a su vez se le había formulado acusación el 7 de  mayo de 2009 por dicha infracción.   

5.  Aceptada la  petición  de  la  Fiscalía  e  igualadas  las  actuaciones,  al  inicio  de la  audiencia  del  juicio  oral la inculpada aceptó cargos respecto de los delitos  por los que se le había acusado.   

6.   El 17 de  febrero  de  2012  se  dio  lectura  al fallo, mediante el cual se condenó a la  inculpada  como  coautora  de  los  delitos  por los que había sido convocada a  juicio,  a  quien  se le impusieron las penas principales de 109 meses y 5 días  de  prisión  y multa de 41.666,67 salarios mínimos legales mensuales vigentes,  así  como  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  sanción privativa de la  libertad,  a quien se le negó la suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  pero se le concedió el mecanismo sustitutivo de la prisión domiciliaria  por su condición de madre cabeza de familia.   

7.   Impugnada  la  sentencia por uno de los apoderados de  las  víctimas,  el Tribunal Superior de Cundinamarca,  en  fallo  del  19  de  abril  de  2012,  revocó  el  sustituto  de la prisión  domiciliaria concedido a la procesada.   

8.   Contra  la  anterior  providencia,  el  abogado  de  la  incriminada  presentó  recurso  de  casación.   

LA   DEMANDA:  

Cargo   único:  

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación  consagrada en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el apoderado de  la  inculpada denuncia la falta de aplicación de los artículos 38 del Estatuto  Punitivo,  1º  de la Ley 750 de 2002, 8º y 9º del Código de la Infancia y la  Adolescencia y 9º de la Convención de los Derechos del Niño.   

En  sustento  de  esa  formulación, una vez  transcribe  las  consideraciones  del Tribunal que llevaron a negar a la acusada  el  mecanismo  sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria  como madre cabeza de  familia,  menciona  que  la  definición  legal  de  esta  última calidad está  prevista  en  los  artículos  2º de la Ley 82 de 1993 y 1º del Decreto 190 de  2002,    tras    lo    cual   evoca   apartes   de   una   sentencia   de   esta  Corporación2,  en  donde  se  indica  que  además  de constatarse la condición  aludida, deben concurrir otros factores.   

Expresa  que  respecto  de  la  procesada se  reúnen  los  requisitos  para el otorgamiento de la prisión domiciliaria, como  en   efecto   lo   concluyó  el  a  quo,  y  agrega  que  únicamente de esta manera se asegura el bienestar  integral  de  los  hijos  de  aquella,  valga  decir,  no  solo el suministro de  alimentos, sino el afecto que una madre es capaz de brindar.   

Añade  que  si  bien  la  hermana y el tío  materno  de  los menores están en condiciones de prodigar tal sentimiento a los  niños,   en   todo   caso  no  tienen  la  capacidad  de  asumir  el  papel  de  madre.   

De  otra parte, afirma que a pesar de que el  Tribunal  le negó la prisión domiciliaria a la incriminada por el alto impacto  social  de  los  delitos  por los que se le sentenció y por la gran cantidad de  dinero  arrebatada  a los clientes de la empresa de su propiedad, con base en lo  cual  se  dedujo “que el desempeño social, familiar  y  laboral  de  la procesada es digno de reproche” y,  por  tanto,  no  se  le  podía conceder la prisión domiciliaria, igualmente no  debe  perderse  de  vista que en el caso particular concurren los requisitos que  la    Corte    previó   en   la   decisión   atrás   referenciada3,  en  orden a  conceder el mecanismo sustitutivo en cuestión.   

Señala  que para los delitos por los que la  procesada  fue condenada no está prohibida la prisión domiciliaria, ni tampoco  “encuentra razones” para  que   la   segunda   instancia  haya  revocado  el  sustituto  otorgado  por  el  a quo.   

Luego  de  evocar  una  decisión  de  esta  Sala4  en  donde  se  recuerdan los requisitos para acceder a la prisión  domiciliara  como  madre  cabeza de familia contemplados en el artículo 1º del  la   Ley   750  de  2002  y  de  referirse  a  otra5  en  la  que  se indica que se  debe  tener  en  cuenta la gravedad del delito al estudiar su concesión, expone  que   si   bien   su   prohijada   cometió   unos  ilícitos  que  —como         todos—  deben  ser  reprochados y castigados  ejemplarmente,  no  puede  ignorarse  que en este caso están comprometidos unos  niños  que necesitan del cuidado de su madre, mas no el de la hermana o un tío  como  lo  pretende  el Tribunal, pues el beneficio es para aquellos y no a favor  de ésta.   

Agrega     que     el     “desempeño  personal,  laboral  y  social  de la procesada está  más  que  demostrado  a  lo largo del proceso”, pues  desde  su  entrega  facilitó  la  información  de  las cuentas de su empresa y  “devolvió  buena  parte  de los dineros apropiados  como  producto  de  la  actividad  ilícita  a la que se dedicaba”.   

Una  vez expresa que en el artículo 8º del  Código   de   la  Infancia  y  la  Adolescencia  se  consagra  el  “interés  superior  de  los niños” y  en  el  artículo 9º ibídem  se    alude    a    la    “prevalencia   de   sus  derechos”,  concluye  que en el asunto de la especie  se  “violentaron  los derechos de los menores hijos  de  Olga  Lucía Bernal Parra… [al  desconocerles] el derecho a tener una  madre  a su lado que vele por su bienestar, no solo material sino espiritual, es  decir, por su desarrollo integral”.   

Para  concluir,  recuerda  el  contenido del  artículo  9º  de  la Convención sobre los Derechos del Niño y expresa que en  este   caso   el   Tribunal   “prefirió   ir   en  contravía”   de   las  disposiciones  mencionadas,  “atendiendo  más  al  capricho  de  los lesionados  económicamente,  que  al  bienestar  de los menores”  hijos  de la acusada, por lo que solicita casar la sentencia y que se le conceda  la prisión domiciliaria.   

CONSIDERACIONES    DE    LA   SALA:   

I.    Sobre    el  recurso   de  casación en la Ley  906 de 2004:   

1.    De  conformidad  con  lo  preceptuado  en  el  artículo 181 de la ley anotada, este  medio  de  impugnación  se  erige  en  un mecanismo de control constitucional y  legal  que procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia por los  Tribunales,  el  cual,  de  acuerdo  con  lo  consagrado  en  el  artículo  180  ibídem,   tiene   como  propósito  alcanzar (i) la efectividad del derecho material, (ii) el respeto de  las   garantías   fundamentales  de  las  partes  e  intervinientes,  (iii)  la  reparación  de  los  agravios  eventualmente  inferidos  a  éstos  y  (iv)  la  unificación de la jurisprudencia.   

2.   Con  el  ánimo  de  hacer  efectivo  el cumplimiento de esos objetivos, en la Ley 906 de  2004  le  fueron  otorgadas  a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia  facultades  especiales,  entre otras, la de superar los defectos de la  demanda  para decidir de fondo cuando los fines de la casación, fundamentación  de  los  mismos,  posición  del  impugnante  dentro del proceso e índole de la  discusión planteada, así lo ameriten.   

3.  Lo anterior  no   implica  que  este  mecanismo  sea  de  libre  formulación,  o  que  esté  desprovisto  de  todo  rigor  y  que  sea una oportunidad procesal para proponer  debates  al estilo de las instancias, pues, por el contrario, dada su naturaleza  extraordinaria,  quien  acude  a él debe ceñirse a determinados requerimientos  de  claridad,  precisión,  coherencia  y  suficiencia,  en orden a comprobar el  reparo  propuesto,  por lo que ha de seguir una presentación que se ajuste a la  causal  invocada  en aras de persuadir a la Corte de revisar el fallo de segunda  instancia,  para que lo corrija en razón de ser contrario al derecho sustancial  o    violatorio    de   las   garantías   fundamentales   de   las   partes   o  intervinientes.   

4.   De allí  que  el  inciso 2° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, prevea que no será  admitida  la  demanda de casación si el actor carece de interés para acceder a  este   medio   de   impugnación,   no   indica  la  causal,  no  la  desarrolla  adecuadamente,  o “cuando de su contexto se advierta  fundadamente   que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso”, lo que puede presentarse  cuando  la  Corte  observe que los aspectos reprochados carecen de trascendencia  frente   a   lo   ocurrido   en   la   actuación   y   decidido   en  el  fallo  impugnado.   

II.  Presupuestos  de  crítica  lógica  y  suficiente      demostración        de       la    causal   primera   de   casación:   

1.  Como dicha  causal  recoge  la  violación  directa de la ley de carácter de sustancial, su  denuncia   impone   al   demandante   circunscribir   el   debate  al  escenario  exclusivamente   jurídico   y   de   allí  que  el  casacionista  deba  asumir  incondicionalmente  la  apreciación de los medios de conocimiento fijada por el  fallador,  pero  además,  es  necesario  que  se  someta a la realidad fáctica  declarada en la sentencia objeto de impugnación extraordinaria.   

2.  Ahora, tres  son  los  conceptos  a través de los cuales se llega a la violación directa de  una  norma  de  derecho sustantivo, siendo del caso anotar que cada uno de ellos  exige      composiciones      argumentativas      claramente     definidas     e  independientes.   

3. Así, cuando lo  perseguido  es  demostrar  la  exclusión  evidente  de  una  norma,  se  impone  comprobar   el   error   acerca   de   su   existencia,   validez   o  falta  de  selección.   

4.  Empero, si  se  pretende evidenciar la aplicación indebida de una determinada disposición,  el  esfuerzo ha de orientarse a constatar la defectuosa adecuación del supuesto  fáctico    probado    respecto    de    la   hipótesis   contemplada   en   el  precepto.   

5.  Finalmente,  si  lo  deseado es poner de presente la interpretación errónea de la norma, la  tarea  se  debe  concentrar  en  comprobar que a ésta se le confirió un efecto  limitado o excedido distinto al derivado de su contenido.   

6.   Adicionalmente,  es preciso mencionar que como la interpretación errónea parte  de  la base que la disposición vulnerada es correctamente seleccionada, no debe  confundirse  con  los  casos  donde  por  dársele  un alcance equivocado, no es  aplicada o se utiliza en forma indebida.   

7.  En efecto,  es  pertinente recordar que la aplicación indebida o la exclusión de una norma  se pueden dar a consecuencia de su errónea interpretación.   

8.   En  estos  eventos,  el  yerro  de  hermenéutica  conduce,  en  punto  de  la  aplicación  indebida,  a  desbordar  el verdadero sentido de la disposición y, por ello, se  la  pone  a  gobernar un asunto que no contempla. En cuanto hace a la exclusión  de  su aplicación, el error en la exégesis del precepto lleva a restringir sus  efectos jurídicos y por eso no se la utiliza.   

9. Ahora, cuando se  alega  que  como  fruto  de  la  interpretación de la norma se incurre en su no  aplicación,  como  sucede  en el presente asunto, corresponde al impugnante (i)  precisar  el aspecto de derecho objeto del ataque y establecer la naturaleza del  instituto   jurídico  recogido  en  él,  puntualizando  su  ubicación  en  el  ordenamiento  positivo,  (ii)  especificar  cuál  fue  la  exégesis dada en la  sentencia  al  mismo,  (iii)  indicar  las  razones  por  las  que  ella resulta  equivocada  y  (iv)  explicar porqué la comprensión propuesta en la demanda es  la  correcta,  lo  que  impone  demostrar  la  coherencia  de la interpretación  formulada  por  el actor frente a las categorías jurídicas relacionadas con la  temática  y  respecto  del  universo  regulatorio inherente al punto de derecho  cuestionado.   

10.  Igualmente,  conviene  mencionar  que la simple postulación de una interpretación plausible  paralela  a  la consignada en la sentencia no tiene cabida en sede de casación,  por  cuanto  el  recurso  extraordinario  no  está  instituido  para  prolongar  discusiones al estilo de las instancias.   

11.  En otros  términos,  frente  a  la  interpretación  razonada  y  razonable  de  la norma  realizada  por el Tribunal, no es posible intentar el recurso extraordinario, si  el  orden  jurídico,  los  valores, principios, derechos y demás garantías de  las  partes  e intervinientes, son respetados a través del entendimiento que de  los    preceptos   hace   el   ad   quem.   

12.  Efectuadas  las  anteriores  precisiones,  agota  la  Sala  el  examen  de los requisitos de  crítica    lógica    y    suficiente    demostración   de   la   demanda   de   casación   presentada  por  el  apoderado  de  la  procesada Olga Lucía Bernal  Parra.   

III.     Sobre    el   único  cargo  formulado:   

1.   Como  el  libelista  pretende  que  se  case  la  sentencia  y, en consecuencia, que se le  conceda  a  la  procesada la prisión domiciliaria como madre cabeza de familia,  para  lo  cual ofrece un discurso alejado de las exigencias propias de la causal  primera  de  casación, pues simplemente opone su postura personal a la plasmada  por  el  Tribunal,  en  medio  de lo cual cuestiona los hechos y la apreciación  probatoria  fijada  en  el  fallo  e,  incluso,  no demuestra yerro in   iudicando  alguno;  ello  obliga  a  manifestar desde ahora que la demanda será inadmitida.   

2.  En  efecto, de  entrada  se  observa  que contrario a lo señalado inicialmente en relación con  la  forma  como  se  debe  enfocar  la  causal primera de casación, estos es, a  través  de un alegato en derecho plegado a la situación fáctica consignada en  el  fallo  y  de  conformidad  con  la valoración probatoria determinada por el  Tribunal,  el  demandante  cuestiona la capacidad de la hija mayor de la acusada  para  asumir  la  atención  de sus hermanos menores, cuando precisamente una de  las   conclusiones   a   las   que   arribó   el  ad  quem  es  que del “cuidado  integral  de  los infantes” puede encargarse aquella,  pues  si  bien  actualmente  adelanta  sus estudios universitarios, “nada  indica  que  no  esté en capacidad de ello”.   

3. Sobre particular  el  juez  colegiado  agrega  que  igualmente   la  incriminada  cuenta  con  familiares   cercanos,   como   es   el   caso   de   su  hermano,  “quien  aun  cuando  opone  razones  de  índole personal para no  asumir  el cuidado y manutención de los menores, tampoco padece de limitaciones  físicas  o  trastornos  mentales que le impidan desarrollar y continuar con tal  labor,  máxime  cuando  ya  tuvo  bajo  su  tutela  a  los  tres  hijos  de  la  sentenciada…  [por  lo]  que  las razones que expone para no continuar con las  labores  de  cuidado  que  prodigaba  a  los  menores  no  son  suficientes para  desatender    tal    obligación”.   Además,   el  ad  quem recuerda si bien el  padre  de los niños falleció, “cuentan con familia  paterna que puede asumir su cuidado”.   

4.  Es más, en la  sentencia  de  segunda  instancia,  contrario  a  lo aducido por el censor, para  quien  únicamente  la  procesada  está  habilitada  para  atender  a sus hijos  infantes,  se  aclaró  que  “una  cosa  es  ser la  progenitora  de  un  menor  de  edad…  y otra diferente es tener a su cargo el  cuidado  integral  de  aquel  de  manera  exclusiva,  circunstancia  que  no  se  acreditó  en  el  presente  caso,  máxime  cuando dichos infantes nunca se han  visto  desprovistos  de cuidado y manutención básicas que les procure una vida  en  condiciones dignas, al haber estado bajo el cuidado de su abuela materna, su  tío  y su hermana mayor de edad”, razón por la cual  se  concluye  en  el  fallo  impugnado  que  “no se  encuentran  satisfechos los requerimientos de índole legal y jurisprudencial…  para  conceder a la señora Olga Lucía Bernal Parra el sustituto de la prisión  domiciliaria en calidad de madre cabeza de familia”.   

5. No solo conspira  contra   la   admisibilidad  de  la  censura  el  cuestionamiento  que  hace  el  memorialista  de  los  hechos  y  respecto  de  la  apreciación  de las pruebas  conforme  lo  dispuso  el Tribunal, sino que, en gracia a discusión, no muestra  el  error in iudicando en que  se habría incurrido en la sentencia impugnada.   

6. En este sentido,  se  tiene  que  el  actor  contrae  su  queja  a  señalar  que  el ad  quem basó la negación del mecanismo  sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria  en  que  se generó un alto impacto  social  con los delitos por los que la encartada resultó sentenciada, así como  por  la  cantidad  de  dinero  arrebatada  a las víctimas, tras lo que, bajo su  particular  percepción,  se  dedica  a  intentar demostrar que en el caso de la  especie  se  cumplen  los  requisitos contemplados en el artículo 1º de la Ley  750  de  2002,  en  medio  de  lo  cual  enfatiza  en la necesidad de que sea la  procesada  la  encargada  del  cuidado integral de sus menores hijos, en aras de  hacer  prevalecer  los  derechos  consagrados  en  los  artículos 8º y 9º del  Código  de  la  Infancia  y  la  Adolescencia  y  9º  de la Convención de los  Derechos  del Niños, lo que impone mencionar que con ello simplemente el censor  deja  de  lado  la  segunda parte del análisis adelantado por el Tribunal en el  fallo,  en  donde  éste,  para  consolidar  la conclusión a la que arribó, es  decir,  la  negación  del  referido  mecanismo sustitutivo, puso de presente la  doctrina vigente de esta Corporación.   

7. Lo anterior hace  necesario  recordar,  que  cuando  se  invoca,  como  sucede  en el sub   judice,   la   causal  primera  de  casación  prevista  en  el  artículo  181  de la Ley 906 de 2004 que recoge la  violación  directa  de  la ley sustancial y, además, en concreto se discute la  no  aplicación  de  una  norma  que  a  juicio  del  demandante es la llamada a  gobernar  el caso, es preciso evidenciar bajo un alegato en derecho el yerro del  juzgador  y  a su vez la pertinencia de su aplicación, según se dejó plasmado  en detalle inicialmente.   

8. Como esa carga  argumentativa  es  omitida  por  el  libelista,  quien  simplemente  se dedica a  magnificar  los  derechos  de  los  menores,  de  allí se sigue que en realidad  ninguna  labor  desplegó  el  censor  en  orden  a  evidenciar  un  error en la  decisión del juez colegiado.   

9. Para percatarse  de  la  ausencia  de  error  en  el fallo impugnado en punto de la negación del  mecanismo  sustitutivo  de  la prisión domiciliara a favor de la procesada como  madre  cabeza  de  familia, nótese que allí se recordó, siguiendo criterio de  autoridad6,   la   necesidad   de  “estudiar  los  antecedentes  penales que registra la sentenciada, su entorno laboral, personal,  familiar  o social, así como la modalidad de las conductas punibles por las que  se  adelanta  el  proceso, para establecer la procedencia del sustituto penal en  mención,  realizando  para ello un juicio de ponderación al estar de por medio  el  interés superior de unos menores de edad, que pueden verse afectados con la  privación     de     la     libertad     de    su    progenitora”.   

10.  Sobre  el  particular,  el  Tribunal  trajo  los siguientes apartes de la decisión de esta  Corporación:   

“…la  Sala     ha     contemplado     que,    para    la  concesión  de  la prisión  domiciliaria,  los  fines  de  la  pena  constituyen  tanto la razón  como  el horizonte por el cual es deber del funcionario estudiar  las    condiciones    relativas   al   «desempeño  personal,    laboral,    familiar    o    social   del   sentenciado»,  de  que  trata el artículo 38 del Código Penal:   

«…el  pronóstico  al que se condiciona el  reconocimiento  de  la  pena  sustitutiva,  por  sujetarse  a  su vez al entorno  laboral, personal, familiar o social del sentenciado,  ha  de  conciliar  el  sentido y fines de la pena, de modo que en éstos  pueda  armonizarse  la  prevención  general  y  la especial, pues si bien es tan legítimo  que,  en  un  adecuado  sistema  de política criminal  que   orienta   aquella  función   con   arreglo   a   los   principios   de  protección   de   los   bienes   jurídicos,   proporcionalidad   y   culpabilidad,   el   derecho  penal  está llamado a desempeñar  una  labor  profiláctica en abstracto, no menos lo es  que,   dados  los  presupuestos  de  garantía  de  los  derechos  del procesado,  también   se  encuentra  orientado  a  cumplir  una  función  de  prevención  especial,  pero no en un sentido negativo bajo el falso entendido de que existen  delincuentes  irrecuperables que seguramente volverán  a  reincidir,  sino  en uno  contrario   en   que,   de   manera   positiva  y  dentro  del  respeto  por  la  autonomía y dignidad del condenado se propenda hacia  su resocialización.   

En  ese  orden,  el  diagnóstico,  así  relativo,  que  demanda la  norma   en   que   se   fundamenta   la   pena   sustitutiva,  obedece  ciertamente  a un juicio positivo sobre esa función  preventiva especial pues, a no dudarlo, los supuestos subjetivos  para  su  reconocimiento,  en  la  medida  en  que se refieren a las condiciones  personales,  familiares,  laborales  o  sociales  del  sentenciado, deben    examinarse   dentro   de   la  posibilidad  que  éste  tenga, a futuro, de vulnerar  bienes     jurídicos    en    relación,       obviamente,       con       dicho      entorno»7.   

(…)  

Por  lo  tanto,  la  privación  de  la  libertad  en  el  lugar  de  residencia del procesado en  razón  de su condición de  padre o madre cabeza de familia no puede en principio  suscitar  situaciones  intolerables  de  impunidad,  es  decir,  aquellas en las  cuales   el   derecho   reconocido   del   menor   afecta   de  manera  grave  o  desproporcionada  la  realización  efectiva  de  los  fines  del  proceso  o del  cumplimiento  de  las  funciones  propias  de  la  pena,  todo  ello  dentro del  ámbito  de  los  objetivos  que  el  derecho  penal  imponga por mandato constitucional en el caso concreto.   

En este orden de ideas, si el juez, por un  lado,   encuentra   en  determinado  asunto  que  se  reúnen   los  requisitos  de  naturaleza  legal  y  constitucional  para imponer la detención preventiva  en  un  sitio  de reclusión, o bien para decretar la  ejecución material de la pena en un establecimiento  carcelario,     pero     al     mismo     tiempo     advierte     que en aras del derecho del hijo menor o  incapacitado  sería  recomendable  no quebrantar la  unidad  familiar,  está  ante   una  colisión  de  principios  que  pese  al  interés    superior    de   este   último  deberá  resolver  mediante  el  llamado    juicio    de    ponderación.   

(…)   

Por        consiguiente,        aún  en  el  evento  de  concluir que el  numeral  5º del  artículo 314 del Código  de  Procedimiento Penal desplazó  al          artículo          1º  de  la  Ley   750   de   2002   (tanto   en   materia   de  prisión     como     de    detención    domiciliaria)   en   cuanto   a   la   menor   exigencia   de  requisitos,  no  habría  razón   alguna   para   concluir   acerca   de  la  imposibilidad  de estudiar factores relativos al procesado, o a los antecedentes  penales  que  registre,  pues  en  virtud  del juicio de ponderación  en  la  aplicación  de  la  ley se  verá    obligado    a   sopesar   las   circunstancias   concernientes  al  interés  superior del menor con las atinentes a los  fines  de  la  medida  de  aseguramiento,  o  a  los de la ejecución  de la pena, en aras de determinar si el mayor peso abstracto de  uno  de  los  principios  en  pugna  es traducible en  uno    específico.   

Es  decir,  el  debido  respeto  al  interés  superior del menor no  implica  un  reconocimiento  mecánico, irrazonable o  autoritario  de  sus  derechos.  Y  dejar como único  requisito  de  la  detención  o prisión   domiciliaria   para  los  padres  o  madres  cabeza  de  familia  la  constatación de la  simple  condición  de  tal convierte en absoluto el  derecho  del  menor  a  no  estar  separado  de su familia, y además    lo    hace    en    detrimento   de   unos   institutos   (la  detención     preventiva     en     centro    de  reclusión     y     la     ejecución      de      la     pena   en   establecimiento  carcelario)  que  no  sólo  atienden a principios y valores constitucionales (como la paz,  la    responsabilidad    de    los    particulares    y    el    acceso   a   la  administración de justicia de todos los asociados),  sino  que  deben  ser  determinados por las  circunstancias  personales  del  agente,  motivo  por  el cual  tienen  que  ser  ponderadas  en  todos los casos”.  (las subrayas son del Tribunal).   

11.  Entonces, de  los  fragmentos  transcritos  por  el  Tribunal de la decisión de esta Sala, se  extrae  que puso especial énfasis en el juicio de ponderación que debe hacerse  entre  los derechos de los menores y el cumplimiento de las funciones propias de  la   pena,  de  manera  que  tanto  en  dicho  pronunciamiento  como  aquí,  la  conclusión   a   la   que  se  llegó  fue  la  misma,  esto  es,  “impedir  una  intolerable  impunidad”  derivada   de   la   concesión   del   mecanismo  sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria,  pues  frente  al  sub lite  no  podía  desconocerse que los delitos ejecutados por la acusada  tuvieron  “un gran impacto social en la comunidad de  Zipaquirá  (Cundinamarca)  al  constituirse  como víctimas dentro del presente  proceso  más de 14.240 (sic) personas, a quienes se defraudó… por la suma de  $233.936.803.539,   cuantía  de  considerables  proporciones,  en  la  cual  la  procesada     incrementó     ilícitamente     su     patrimonio”.   

12.  Evocado  el  contenido  de la sentencia en punto de la negación del mecanismo sustitutivo de  la  prisión  domiciliaria,  claramente se advierte que el impugnante no hace el  más  mínimo  esfuerzo  por  demostrar  porqué  en este caso no había lugar a  privilegiar  las  funciones  de la pena y sí los derechos de los menores, amén  de  que  dicho  sea  de  paso,  en  modo alguno estarían en riesgo gracias a la  existencia  de  familiares  plenamente  capacitados  para  velar  por su cuidado  integral.   

13.  Así las  cosas,   tal   como   se   indicó   desde   el   comienzo,   se  inadmitira  la  demanda.   

14.   Finalmente,  es  preciso  señalar  que no se observa que con ocasión del fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación,  efectivamente  se  hayan  violado los  derechos  o  las  garantías  de  las partes e intervinientes, como para que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del libelo en orden a decidir de  fondo,  según  lo  preceptúa  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de  2004.   

IV.     Sobre    el   mecanismo  de  insistencia:   

1. La declaratoria  de   inadmisibilidad   de  la  demanda  tan  sólo  permite  el  “recurso  de insistencia presentado por alguno de los magistrados de  la  Sala  o  por  el  Ministerio Público”, según lo  consagra el inciso 2º del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

2.   Ahora,  como  en  la  citada  ley no se reguló la manera concreta de materializar dicho  instituto,             la            Sala8,  previa  definición  de  su  naturaleza,   precisó   las   reglas  que  han  de  seguirse  para  el  efecto,  así:   

La insistencia sólo puede ser promovida por  el  demandante  dentro  de  los  5  días  siguientes  a  la notificación de la  providencia  por medio de la cual la Corte resuelve no seleccionar la demanda de  casación, con el fin de provocar que reconsidere lo decido.   

También podrá ser propuesta oficiosamente  por    alguno    de   los    delegados    del    Ministerio   Público     para    la    casación    penal   —siempre  que el recurso extraordinario  no    haya    sido    interpuesto   por   un   Procurador   Judicial—,   el   Magistrado  disidente  o  el  Magistrado  que no haya participado en los debates y suscrito la providencia que  inadmite la demanda.   

La  solicitud  se  puede  presentar ante el  Ministerio  Público  a  través  de  sus  delegados  para la casación penal, o  frente  a uno de los Magistrados que haya salvado voto, en cuanto a la decisión  mayoritaria  de  inadmitir la demanda, o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

Es potestativo del Magistrado disidente, del  que  no  intervino  en  los  debates o del delegado del Ministerio Público ante  quien  se  formula  la insistencia, optar por someter el asunto a consideración  de  la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en que informará  de ello al peticionario en un plazo de 15 días.   

El auto a través del cual no se selecciona  la  demanda  de  casación, trae como consecuencia la firmeza de la sentencia de  segunda  instancia contra la cual se formuló el recurso de casación, salvo que  la insistencia prospere y conlleve a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

1.   INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por  el defensor de la procesada Olga Lucía Bernal Parra.   

2.   ADVERTIR  que de conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, es viable la  interposición  del  mecanismo de insistencia en los términos precisados por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                  FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ             LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA               JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                                                  NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA   

  Secretaria    

1  Artículo  316  A del Código Penal, adicionado por el artículo 2º del Decreto  4336  de 2008, expedido tras la declaratoria del estado de emergencia económica  y social mediante el Decreto 4333 del mismo año.   

2  Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala    de   Casación    Penal,    sentencia    del   27   de   enero  de 2010, No. 25632.   

3 Ver  pie de página anterior.   

4  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 16 de julio de 2003, radicación No. 17089.   

5  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,  auto del 30 de mayo de 2007, radicación No. 30799.   

6 Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal, sentencia del 22 de junio de  2011, radicación No. 35943.   

7  Providencia  de 31 de agosto de 2001, radicación No. 15003. En sentido similar,  autos  de  16  de  agosto de 2001, radicación No. 18506, y 17 de junio de 2003,  radicación No.18684, entre otras.   

8  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, auto del 12 de diciembre de  2005, radicación No. 24322.     

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