32907(16-07-12)

2012

Asistente Jurídico Inteligente

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              CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA      DE      CASACIÓN PENAL   

Magistrado Ponente:  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Aprobado  acta No.  257           

Bogotá,     D.    C.,    dieciséis  de  julio  de     dos     mil    doce.   

Decide  la  Corte  el recurso de reposición  interpuesto     por     el    defensor    de    la  sentenciada IRENE TERESA IVARS BENALCAZAR,  contra la providencia por medio de la  cual     inadmitió     la    nueva    demanda  de revisión presentada respecto  del   fallo   de   única   instancia  proferido  el  29    de   agosto  de 2007 por la Sala de Casación  Penal   de   la  Corte  Suprema  de  Justicia,  mediante  el  cual  se  condenó  a     la  accionante  a la pena de 60  meses de prisión, como consecuencia  de   hallarla  penalmente  responsable  del  delito  de  falsedad ideológica en  documento público, agravada por el uso.   

La    providencia  impugnada   

Por  auto  proferido   el  8  de  mayo  último,  teniendo  presente  los presupuestos de admisibilidad establecidos por  el  artículo  222  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  la  Corte  inadmitió  la  demanda  de  revisión  presentada  a  nombre  de la sentenciada  IRENE    TERESA    IVARS    BENALCAZAR,  tras  considerar manifiesta y objetiva  ausencia  de  idoneidad  sustancial  en  la  causal  tercera de revisión que el  demandante aduce.   

Anotó  que  la  revisión,  en  cuanto a la  causal  tercera  se refiere, “no tiene por finalidad  la  continuación  del  juicio  que  terminó  con la ejecutoria de la decisión  judicial   que   hizo   tránsito   a   cosa   juzgada,   o  revivir  el  debate  jurídico-probatorio  llevado  a  efecto  en  el  aludido  proceso,  sino  la de  permitir   un   cuestionamiento   serio   y  respaldado  probatoriamente,  a  la  declaración  de  justicia  con  que se culminó definitivamente la controversia  procesal”, cuestión que en este caso no se cumple,  pues  “pese  a  los esfuerzos argumentativos que el  demandante  realiza  en orden a tratar de denotar lo contrario, lo que el libelo  evidencia  es  la  inocultable  pretensión  del actor por revivir, sin más, el  debate  probatorio surtido en el curso del juicio, lo cual, por supuesto, escapa  a  los  fines  del  instrumento  extraordinario  a  que  se acude”.   

Estas y otras consideraciones, le permitieron  concluir  a  la Corte “que  la  prueba  que se anuncia para demostrar los fundamentos básicos de la acción  no  ofrece  en estricto rigor técnico aporte ex novo, como quiera que no revela  hechos   desconocidos  para  el  juzgador,  ni  informa  sobre  variantes sustanciales de un hecho conocido,  con  capacidad para derruir la declaración de verdad que la sentencia contiene,  únicos  eventos  en  los cuales resulta dable acceder en revisión al amparo de  la   causal   tercera”,  razón    por    la   cual   dispuso   inadmitir   la   demanda   de   revisión  presentada.   

   

El  recurso   

En      escrito      oportunamente  presentado1,   el   defensor   interpone  recurso  de  reposición  contra  la  providencia  de  la  Corte,  con  el propósito de que se revoque y se admita la  demanda de revisión que instauró.   

Comienza  por  manifestar  que  en  ningún momento se pretendió revivir  el  proceso o que se efectuara un nuevo examen a los medios de prueba que fueron  objeto  de  controversia durante el juicio, sino demostrar, con la prueba nueva,  una  variante  sustancial  fáctica   y  conocida,  que  estaba  dirigida a  demostrar la inocencia de su representada.   

Sostiene que la Corte concentró el análisis  en  reproducir  apartes  de  la  sentencia condenatoria de la señora IVARS para  argumentar  que  los temas relacionados con la tipicidad y la antijuridicidad de  la  conducta  habían sido  abordados, y que por tanto  la  prueba  aportada  en ningún momento resquebrajaba el argumento propuesto en  dicha  decisión  judicial.  Además,  que  la  prueba  adjunta  a la demanda en  ningún  momento aclara que hubiese sido cierta la información suministrada por  la  sentenciada y, por ende, lejos se hallaba de poder  desvirtuar   el   fundamento   de  la  decisión  de  condena.   

El  recurrente  dice  apartarse  de  dichas  consideraciones,  “porque  lo  que  se  demuestra en la demanda es precisamente que los elementos objetivos  del  tipo penal de falsedad ideológica en documento público no estaban dados y  que  por ello era imperioso declarar la inocencia de la condenada”.   

Advierte que “en  la  demanda  no  se debate el contenido del documento cuestionado a mi defendida  durante  el  proceso que cursó en su contra; lo que allí se precisa es que con  la  prueba nueva, queda demostrado que jamás se afectó el tráfico jurídico y  que,  por  lo mismo, la conducta censurada no actualizó los elementos objetivos  del  tipo penal exigidos para predicar la existencia de una falsedad ideológica  ya   que  se  carece  de  antijuridicidad,  de  afectación  al  bien  jurídico  tutelado”.   

A  continuación, el recurrente reitera los  planteamientos  expuestos  en  la demanda de revisión, entre los cuales insiste  en  sostener  que “si, como ocurre en este caso, es  el  mismo  Estado Sueco el  que  declara  que no hubo afectación alguna al tráfico jurídico, ¿cómo pudo  entonces   haberse   declarado   falsedad  documental,  cuando  realmente  dicho  documento  no  contenía  el  elemento  esencial de dañosidad requerido para su  estructura?”,  a  lo  cual  añade  que  la  Corte  “se   concentró  en  la  estructura  formal  del  documento,  pero  dejó  de  trascender a lo esencial que es la demostración de  que  no  hubo  daño  alguno  al  tráfico  jurídico con su emisión, hecho que  quedó  con  certeza  demostrado  con  la prueba ex novo adjunta a la acción de  revisión”.   

Precisa que “la  prueba  nueva  conlleva a la declaratoria cierta de atipicidad por imposibilidad  de  la  afectación  del tráfico jurídico entre diversas naciones, ya que como  consta  en  la  certificación  que  se  adjuntó,  los  señores  Roberto Casas  Rudbeck, Bjorn Sandberg y  Ricardo  León  Vargas  se  incluyeron  en los listados exigidos por el Gobierno  Sueco  como  miembros no diplomáticos, conforme a sus exigencias y con fines de  seguridad.  Como se dice en el recurso de revisión, tal documento, ‘…enfáticamente   demuestra   la  ausencia  de  antijuridicidad  en la conducta de la Ex embajadora y que fue y es  causa   eficiente  para  la  interposición  de  la  acción  extraordinaria  de  revisión.  Con  el  documento se comprueba que la conducta desplegada por la Ex  embajadora   jamás   perjudicó   la  fe  pública  ni  el  tráfico  jurídico  internacional,  bienes que pretenden salvaguardarse  con  el tipo pena  de      falsedad      ideológica’         ”.      

   

Aduce  que  las  certificaciones  que  se  aportaron  no  obraron  nunca en el proceso, y con ellas se acredita que si bien  el  Estado  sueco  exige  a  todas  las  embajadas  un  listado  de  miembros no  diplomáticos  y  de los funcionarios privados, esa sola inclusión no otorga un  tratamiento  especial, de privilegio o inmunidad a la persona incluida y; que la  doctora  IVARS  suministró  una  lista  de personal no diplomático, lo cual no  afecta para nada el tráfico jurídico internacional.   

Con fundamento en lo expuesto solicita a la  Corte  reconsiderar  la  decisión  de  inadmitir la  demanda,  “dado que mi asistida es inocente, jamás  actualizó    el    tipo    penal   de   falsedad   ideológica   en   documento  público”.   

SE CONSIDERA:  

         

Como lo tiene establecido la jurisprudencia  de  esta  Colegiatura,  si  los  recursos ordinarios buscan enmendar errores que  aparezcan  en  las  providencias judiciales, mediante una nueva oportunidad para  su  examen, el de reposición constituye un medio para que el juez -en este caso  la  Corte-  vuelva  sobre  la decisión proferida y, si es del caso, la revoque,  reforme,  aclare o adicione. Para estudiar su viabilidad es necesario, a más de  la  oportunidad, que se motive el recurso, es decir, que por escrito se expongan  las  razones de hecho y de derecho por las cuales la providencia está errada, a  fin  de  que proceda su revocación o modificación2.   

En el evento sub judice, se observa que los  argumentos  que  expone  el  defensor de la  sentenciada IVARS  BENALCÁZAR para insistir en que  se  admita  la  demanda  de  revisión  interpuesta,  no  conducen a adoptar una  decisión  distinta  de  la  asumida  por  esta Corporación cuando se resolvió  inadmitirla.   

Tómese  en cuenta que en la oportunidad en  que  se  calificó la idoneidad del libelo, se indicó que de conformidad con el  Código  de  Procedimiento  Penal,  en respeto por la seguridad jurídica que la  inmutabilidad  y  definitividad  que  la  cosa juzgada otorga al fallo en firme,  cuando  la  acción  se  apoya  en  la  causal  tercera  de las previstas por el  artículo   220   de  la  Ley  600  de  2000,  es  presupuesto  insoslayable  de  admisibilidad  del  libelo  demandatorio  de  la  acción  de  revisión, que el  demandante  no  solamente  acate el deber de relacionar las pruebas que pretende  hacer  valer  para  sustentar  su  pretensión,  sino  que cumpla  la doble  obligación    de    aportarlas    con    la   demanda   y   acreditar  al  tiempo  cómo dichos medios de  convicción  no  solamente son novedosos, es decir que no fueron considerados en  el  fallo,  sino  que  de  haber  sido conocidos oportunamente en las instancias  ordinarias  del proceso, el sentido de la decisión habría sido sustancialmente  distinto  y  opuesto  a aquella cuyo desquiciamiento se promueve, pues con ellos  se  habría  podido demostrar la inocencia del procesado o su inimputabilidad en  el hecho por el que resultó condenado.   

De  no  cumplirse esto en la demanda, es de  entenderse   que   la   pretensión   en  ella  contenida,  se  orienta  por  la  prolongación  del  debate  sobre hechos, pruebas y argumentos ya considerados y  definidos  procesalmente,  en desconocimiento de la razón de ser y finalidad de  la acción de revisión.    

Lo  que  viene  de  exponer  la Sala, tiene  sentido   sólo   si  se  logra  comprender  a  la  revisión  como  instrumento  extraordinario,  el  cual  parte  del  supuesto que el juicio de responsabilidad  penal  del  acusado  culminó con el fallo con que se puso fin al proceso, y que  su  ejecutoria  determinó  que  hiciera  tránsito  a cosa juzgada judicial, es  decir,  de  obligatorio  acatamiento  por  las  partes,  los  particulares y las  autoridades,  cuya  remoción  solamente es posible mediante la demostración de  alguno  de  los precisos motivos establecidos en la ley, previa la presentación  de  demanda  por  quien  tenga  legitimidad  e interés  para acudir a él,  y   que  satisfaga  rigurosamente  todos  y  cada  uno de los requisitos al  efecto establecidos por el ordenamiento.       

Precisamente porque la acción de revisión  corresponde  a  una  actividad  posterior  a  la  culminación  del proceso, que  comprende  la  elaboración  del  libelo según precisos requisitos formales, la  invocación    de    concretas   causales   legales  y  el  correcto  señalamiento  de  los  fundamentos  jurídicos  y fácticos, es que el ordenamiento exige  que  se realice una adecuada sustentación compatible  con  la  naturaleza  de  la  causal  que se invoca, lo que reafirma aún más el  carácter      excepcional     y     eminentemente  técnico  que el instrumento ostenta, al  cual se ha referido persistentemente  la     jurisprudencia     de     esta     Corte3.     

Lo  cierto  del  caso es que en el presente  evento  el recurrente no toma en consideración estas  precisiones  básicas,  y  tal  vez  por  ello  es  que  pretende  que  la Corte  desconozca   sin   más,  tanto  la  normativa  que rige la materia, como el amplio y metódico desarrollo  jurisprudencial  en  torno a la naturaleza y fines de la revisión, así como el  alcance  de  las  causales de procedencia y los presupuestos de admisibilidad de  la demanda.   

Al  efecto  cabe  denotar  que en la oportunidad en que se calificó la  idoneidad   del   libelo,  por  parte  de  la  Corte  se  indicó que las pruebas aducidas en apoyo de las  pretensiones    expuestas   en   la   demanda,   no   son   en   manera   alguna  novedosas,  en  los  precisos términos no solamente  señalados   por   el   ordenamiento   sino  ampliamente  desarrollados  por  la  jurisprudencia.   

En  este  sentido  indicó que “con  apoyo  en  la  causal  tercera de revisión, nuevamente el  defensor  de  la señora IRENE TERESA IVARS BENALCAZAR pretende la remoción del  carácter  definitivo  e  inmutable  de  la  sentencia proferida en su contra, a  partir   de   considerar  que  las  constancias  expedidas  a  solicitud  de  la  sentenciada  los  días  16  de  noviembre de 2007 y 9 de septiembre de 2009 por  el   Director  Encargado  del  Departamento  de Protocolo del Ministerio de  Relaciones  Exteriores  del  Reino  de  Suecia, no solo son novedosas, en cuanto  fueron  obtenidas  con  posterioridad  al  pronunciamiento de la Corte, sino que  también  patentizan  que  no  es  responsable penalmente del delito de falsedad  ideológica  en  documento  público  agravada por el  uso,      por      cuya      realización      fue      condenada”.   

Consideró    entonces,    “que   la  nueva  propuesta  del  censor  en  torno  a  las  motivaciones  que  tuvo la procesada para  haber procedido en la forma como  lo  hizo  y  los  efectos  que  produjo la información falsa ofrecida de manera  oficial  al  Gobierno  del  Estado  extranjero, postulada, se entiende, desde la  perspectiva  del  interés  de  la  parte  que  representa,  no corresponde a la  naturaleza  de  la  causal  de revisión que invoca,  pues es claro que los  documentos  en que se apoya no evidencian que los señores Roberto Manuel Harald  Reinhold  Casas Rudbeck, Ricardo León Vargas y Björn Sandberg, para las fechas  en  que  se  expidieron  las certificaciones diplomáticas, en verdad estuvieran  vinculados  laboralmente con el Gobierno Colombiano, con la Embajada de Colombia  en  Suecia  o  correspondiera a personal de servicio o funcionarios privados del  cuerpo   diplomático  colombiano  acreditado  en  Estocolmo,  en  los  precisos  términos  expresados  en  las  notas  diplomáticas  espurias  emitidas  por la  funcionaria  sentenciada,  como para que esta Sala pudiera llegar a entender que  de  mantenerse  la  declaración  de  condena,  se  perpetuaría  una manifiesta  injusticia”.   

Precisó,  además,  en  orden  a denotar la  incapacidad  de  los  medios para conmover el sustento fáctico de la sentencia,  “que  el  análisis  efectuado  por  la  Corte  en  relación  con  la  antijuridicidad  de  la  conducta  típica  realizada por la  procesada,  no  se  limitó  a evaluar la trascendencia del comportamiento en el  restringido  ámbito  de  las  relaciones  diplomáticas  de  la  República  de  Colombia  con  el  Reino  de  Suecia,  sino  de  manera  amplia,  es decir en el  concierto  internacional  en general” a lo cual para  nada se aludió en la demanda.   

Indicó   también,   que   “los  documentos aducidos en el libelo en manera alguna conducen  a  establecer  la  inocencia  de  la  señora  IRENE  TERESA IVARS BENALCAZAR, y  tampoco  corresponden  a  medios  de  prueba novedosos, en los términos que han  sido  vistos,  sino  un recurso de último momento para desconocer la sentencia,  lo  cual, como es apenas obvio, resulta inadmisible si son tomados en cuenta los  presupuestos  exigidos  por  la  causal  invocada”.   

A dicho propósito destacó que “la  última  de  las  certificaciones expedidas por el Director  Encargado  del Departamento de Protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores  del  Reino  de  Suecia,  si  bien  menciona  que  las  relaciones entre Suecia y  Colombia  no se vieron amenazadas por el hecho de incluir a los señores Roberto  Casas  Rudbeck,  Björn  Sandberg y Ricardo León Vargas en la lista de miembros  no  diplomáticos  que fue presentada por la sentenciada cuando ocupaba el cargo  de  embajadora  de  Colombia  en  Estocolmo, por parte alguna aclara que hubiese  sido  cierta la información suministrada por la sentenciada, y, por ende, lejos  está  de  desvirtuar el fundamento de la decisión de condena, en el sentido de  que  la  señora TERESA IVARS falsamente hizo aparecer a dichas personas ante el  gobierno  extranjero como que se encontraban desempeñando unas funciones que en  realidad  no correspondían con la verdad, como para entender que en dicho medio  se  presenta  un  panorama  fáctico  diverso  del  declarado por la Corte en la  sentencia  objeto  de  la  acción,  con  lo  cual deja, por tanto, incólume la  decisión   de   condena”.       

Como quiera que ninguno de dichos argumentos  es  rebatido  en  la sustentación del recurso de reposición interpuesto por la  defensa,  la  decisión  objetada  resulta  inconmovible,  máxime  si lo que se  observa  es  tan  solo una reiteración de los planteamientos sobre la inocencia  de  su representada,   pero  sin  ajustarse  a  los  lineamientos  señalados  por la ley y ampliamente  precisados  de  antaño  por  la  jurisprudencia,  en relación con la causal de  revisión   que   aduce,   todo   lo  cual  resulta  inadmisible.   

La Corte no puede dejar de precisar, que el  libelista     insiste     en     la     inocencia     de     su     asistida, sin siquiera estar seguro de  la  finalidad  perseguida  con  la aducción de los documentos que allega con la  demanda,  pues  así  como  sostiene que “la prueba  nueva  conlleva  a  la  declaratoria  cierta  de atipicidad por imposibilidad de  afectación   del  tráfico  jurídico  entre  diversas  naciones”,  más  adelante  reitera  que con dichos medios se desvirtúa la  antijuridicidad  del  comportamiento  realizado  pues, según dice, “se  carece en absoluto de referente de antijuridicidad  y,  por  lo  mismo,  la  prueba  nueva  deja  sin sustento la estructura del tipo de  injusto”,  trasladando  la   discusión   incluso  al  ámbito  de  operancia  de  las causales de ausencia de responsabilidad, al  decir  “que la conducta desplegada por mi prohijada  surgió  como  respuesta  a una petición especial elevada por el Estado Sueco a  todos  los  embajadores  residentes  dicho  país”,  discurriendo  indistintamente  entre las categorías  jurídicas  de   tipicidad,  antijuridicidad  y culpabilidad como si fueran  una  sola,  con lo cual no logra nada distinto a  generar  incertidumbre  sobre  el verdadero sentido y alcance de sus propuestas,  pero  sin  demostrar  que  en  la  certificación expedida por la sentenciada se  hubieren   consignado   hechos   o  circunstancias  acordes  con  la  verdad,  y  sin  desvirtuar, pese   a   tener   el   deber   legal   de  hacerlo,  cómo   dicha  conducta  se  corresponde  con  los  principios  de  confiabilidad      y      buena      fe     que     rigen     las     relaciones  internacionales.         

   

Se  tiene,  entonces,  que no asistiéndole  ninguna  razón  al  libelista, como para que la Corte reconsidere el sentido de  la decisión asumida, se mantendrá la providencia impugnada.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E:   

NO REPONER  la  providencia    objeto    de   impugnación,  mediante  la cual se inadmitió  la  demanda  de  revisión presentada por el defensor  de    la             sentenciada   IRENE   TERESA   IVARS  BENALCAZAR.   

Contra   esta   decisión   no   procede   recurso   alguno.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado  

FRANCISCO          ACUÑA  VIZCAYA                        LUIS BERNARDO ALZATE GÓMEZ   

            Conjuez                                                         Conjuez   

GUILLERMO          ANGULO  GONZÁLEZ                      JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO   

                  Conjuez                                                              Magistrado   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO           ALFONSO  DAZA GONZÁLEZ   

                       Magistrado                                                   Conjuez   

JUAN              CARLOS              PRÍAS  BERNAL                       LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

                 Conjuez                                                       Magistrado   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Fls.  274 y ss. cno. Corte.   

2 Cfr.  Auto de revisión de agosto 21 de 1997. Rad. 10926   

3 Cfr.  por   todos,   auto   de   revisión   de   17   de  septiembre  de  2003.  Rad.  19899.     

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