25933(09-08-11)

2011

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso nº 25933  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Aprobado acta Nº  281  

Bogotá, D.C., nueve (9) de agosto de dos mil  once (2011)   

V   I   S   T   O   S   

La  Sala  resuelve sobre los presupuestos de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación presentada por el  defensor   del   procesado   JHON  ALEXANDER  FONSECA  MARTÍNEZ,  en  contra  del  fallo  de  segundo  grado  proferido  el  21  de  junio de 2010 por la Sala Penal del Tribunal Superior del  Distrito   Judicial  de  Bogotá,  el  cual  confirmó  integralmente  la decisión de primera instancia del 29  de  octubre  de  2009,  por medio de la cual el Juez 38 Penal del Circuito de la  misma  ciudad  condenó  al  mencionado  como  autor  de  la conducta punible de  concusión.   

H E C H O S  

Así  los  resumió el Tribunal ad-quem:   

“La  presente  actuación  tiene  origen  en  la  denuncia penal instaurada por GUSTAVO ALBERTO  ZULETA  ULLOA,  quien  refiere  que  el  13  de  enero  de  2002  se  encontraba  transitando  por  la avenida circunvalar, frente a la estación del funicular de  esta  ciudad,  cuando  el  agente  de  policía  JHON  ALEXANDER  FONSECA  MARTÍNEZ lo detuvo y le pidió que  estacionara  su  automotor  junto  a  otros  cuatro  que se encontraban también  inmovilizados  por  supuestamente haber infringido la norma referida a cambio de  ruta  para  vehículos  públicos.  Refiere  el  denunciante que aproximadamente  treinta  minutos  después uno de los otros conductores le manifestó que había  hablado  con  el  patrullero  “y que si querían evitar la inmovilización del  vehículo  deberían  dar  $  30.000.oo  cada  uno”,  ante  lo  cual los de la  Universal  de  Transporte (sic) accedieron al requerimiento del agente, hicieron  la   colecta   de   dinero   y   un  conductor  le  entregó  a  aquel  la  suma  exigida.   

“Agrega el denunciante que transcurridos 10  minutos  el  compañero  llegó  con  todos  lo  documentos  de  los  vehículos  retenidos  y  les  comunicó  que  ya se podían ir. Finaliza el denunciante sus  señalamientos  precisando  que  él  no  quiso  dar  plata sino que procedió a  comunicarse  con  un  familiar  miembro  de  la  policía,  a  quien refirió la  exigencia  dineraria  y de esa manera posteriormente hizo presencia una patrulla  a     verificar     la     información    telefónica    en    aquel    sentido  vertida.”   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Este proceso llega por segunda vez a  la  Corte, luego de que en la primera oportunidad, mediante providencia de 27 de  octubre  de  2008,  fuera desestimada la demanda y casada de oficio la sentencia  proferida  por el Tribunal Superior Militar, con declaratoria de nulidad de todo  lo  actuado  a  partir de la resolución que decretó el cierre de instrucción,  por  considerar   el  comportamiento que desplegó el procesado ajeno a una  actividad  propia  de  sus  funciones  como  servidor  de la Policía Nacional y  carente  de  relación  con el servicio público, luego correspondía conocer el  hecho    punible    a    la   justicia   ordinaria   y   no   la   jurisdicción  militar.   

2.  Restaurada  la  actuación, la Fiscalía 222 Seccional de Bogotá, a  través   de   resolución   del   25   de   febrero   de   2009,   acusó  a  JHON  ALEXANDER  FONSECA  MARTÍNEZ como autor de la conducta  punible  de  concusión  (artículo  404  de  la  ley  599  de  2000), decisión  que      cobró     ejecutoria    el 2 de abril siguiente.   

3.   La etapa del juicio la tramitó el  Juzgado  38  Penal del Circuito de Bogotá que, el 29 de octubre de 2009, dictó  sentencia,  por  medio  de  la  cual  condenó  a  JHON  ALEXANDER  FONSECA MARTÍNEZ a las penas principales de  84  meses  de  prisión,  multa  de  65.5  salarios mínimos legales mensuales e  inhabilidad  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un periodo  de  5  años  y  9 meses, y a la accesoria de pérdida del empleo como autor del  delito     de     concusión.    Así    mismo,    le    negó    la    prisión  domiciliaria.   

4.  Apelada la anterior decisión por el  apoderado     de     JHON     ALEXANDER     FONSECA  MARTÍNEZ,  fue  confirmada  integralmente   por   el  Tribunal  Superior  de Bogotá, en fallo de segunda instancia del 21 de junio de  2010.    

L  A      D  E  M  A N D  A    D E   C A S A C I Ó N   

El   apoderado   del   procesado   postula  un  cargo único a través de  la   causal   primera,   cuerpo  segundo,  de que trata el artículo 207 de la ley 600 de 2000, toda vez que,  en  su  criterio,  el  Tribunal  incurrió  en  violación  indirecta  de la ley  sustancial  por  error  de  hecho  en  la  apreciación  de  los indicios, yerro  originado  en  un  falso  juicio  de  identidad  recaído  en  el testimonio del  denunciante, Gustavo Alberto Zuleta Ulloa, el que fue tergiversado.   

Sostiene que su defendido jamás indujo a los  particulares  Gustavo  Alberto  Zuleta  Ulloa  y Helbert Armando Delgado Moreno,  sino  que  fue otro conductor quien les hizo tal insinuación, la que no aceptó  Zuleta  pero  sí Delgado, luego, en su sentir, debe concluirse que el procesado  no  requirió  beneficio  o  contraprestación  alguna,  sino lo que hubo fue un  ofrecimiento por parte de los afectados.   

Luego  de  transcribir  un  aparte  de  la  providencia  recurrida,  dice  que los hechos indicadores son los siguientes: a)  que   Fonseca  Martínez  manifestó  al  auxiliar  bachiller  Pineda  Chila  la  intención    de    detener    conductores   de   buses   piratas   “para  conseguir  lo  del  diario”; b)  “El   operativo  policial  desplegado  por  FONSECA  MARTÍNEZ  para  inmovilizar  cinco  vehículos  de  las  empresas  Universal de  Transporte  y  Cootranskennedy,  infractores  de la respectiva norma de transito  (sic)”; c) la novedad que presentó el capitán Pava  Ramírez,  quien  denuncia  hechos impropios del agente implicado; d) que dos de  los  cinco  conductores  contraventores concuerdan que después de media hora de  inmovilizados  y  haber  entregado los documentos de identificación, vieron que  uno  de  sus  compañeros  se  dirigió  a  agente JHON  ALEXANDER  FONSECA  MARTÍNEZ  y,  luego de hablar con  él,  les  dijo  que  exigía  a  cada  uno  pagar  la  suma  de  $30.000 pesos.   

Que  ante  esta  propuesta,  tres  de  los  conductores  hicieron  entrega a su colega del monto de dinero exigido, luego de  lo  cual  pudieron  abandonar  el  lugar; e) la no imposición de la multa a los  conductores   contraventores;   f)   que   el   conductor   con  quien  entabló  conversación  el procesado fue el encargado de realizar la colecta del dinero y  el  mismo  que  les  hizo  entrega  de  los  documentos personales a cada uno de  ellos.   

Plantea   el   demandante  que  la  prueba  indiciaria  exhibe  la  simple  probabilidad  de  un hecho que no ofrece certeza  absoluta  y  que  la  manifestación  del  auxiliar bachiller Pineda Chila no se  confirmó,  pues la  hizo en un instructivo que se adelantaba en la Oficina  de  Control  Disciplinario  Interno  de  la  Policía  Nacional  y trasladada en  fotocopia  simple,  sin  ninguna  autenticación,  luego  esa  prueba  carece de  validez  al  no  cumplir  los  requisitos  del  artículo  252  del  Código  de  Procedimiento Civil.   

Referente  al segundo indicio, considera que  la  inmovilización de los vehículos corresponde a una actuación propia de las  funciones  de  su  cargo;  respecto  al  tercer indicio  sostiene que la novedad formulada por el capitán Pava  Martínez      contra     el     agente     FONSECA  MARTÍNEZ,    “no   es  constitutiva   de  la  prueba  de  indicio”,  porque  limitó  su  labor a pasar un dato de una información obtenida a través de una  llamada telefónica.   

Frente al cuarto indicio considera que no se  configura,  porque  se  trata  de  las  declaraciones  de los señores Delgado y  Zuleta,  a  quienes no les consta que el procesado hubiera hecho la exigencia de  dinero  para  omitir los comparendos. Que la declaración de Delgado fue rendida  en  instructivo  disciplinario  policial y trasladado en fotocopia simple, luego  carece   de   valor   probatorio.   Con   relación   al  quinto  indicio,  esto  es,   la no imposición  de  la  multa, el censor dice que “esto tampoco puede  ser   indicio   para   estructurar   el   delito   de  concusión”    y,    más    bien,    podría    constituir    un   delito   de  prevaricato.   

Reitera  que  hubo  tergiversación  de  los  testimonios  de  Delgado  y Zuleta, quienes fueron enfáticos en señalar que el  patrullero  no  les  hizo  exigencia  de dinero y tampoco se dieron cuenta si el  conductor,  que  resultó  con  esa insinuación y que recaudó el dinero, se lo  entregó  a FONSECA MARTÍNEZ;  critica  que,  no obstante lo anterior, los falladores dieron por demostrado que  mediante  constreñimiento hizo la exigencia de dinero para omitir la sanción a  los 5 conductores.   

Esboza  que  el sentenciador incurrió en un  error  de  hecho por falso juicio de identidad y que no solamente tergiversó el  contenido  material  de los mismos de Delgado y Zuleta, sino que distorsionó el  sentido  de los testimonios, pues la providencia agregó que el procesado había  constreñido  a  los  5  conductores  para  que  le  ofrecieran  dinero,  lo que  considera  un  desatino.  Luego  de transcribir el testimonio de Gustavo Alberto  Zuleta  Ulloa  y  Helbert  Armando Delgado Moreno, confronta su contenido con el  texto  del  fallo  del  Tribunal  y  concluye que fueron los conductores quienes  propusieron  el  pago  para que omitiera elaborar el comparendo, inmovilizar los  vehículos y devolver los documentos retenidos.   

Pide  la  intervención  de  la  Corte  para  unificar  criterios,  pues  sostiene  que  el Juzgado Penal Militar no le impuso  medida  de  aseguramiento  al procesado porque no existía el mérito suficiente  para  hacerlo, que el Juzgado 141 adscrito a la Policía Metropolitana le impuso  la  pena  de  6 años de prisión por el delito de concusión; que la Oficina de  Control   Disciplinario   Interno   lo   sancionó  disciplinariamente  con  una  suspensión  de  15  días  y  que tanto el Juez de Circuito como el Tribunal de  Bogotá   lo   condenaron   a   7   años   de   prisión,   luego  ─    en    su   juicio   ─,  existe  disparidad  de criterios al  imponer las sanciones tanto penales como disciplinarias.   

Solicita casar la sentencia por el delito de  concusión  “por ser violatoria de la ley sustancial  por  vía  indirecta  por  error  de  hecho, por falso juicio de identidad en la  apreciación  de  la  prueba  indiciaria  y la testimonial que se tuvo en cuenta  para  adoptar esa decisión, para que como fallo de sustitución se ‘Absuelva’  al  sindicado, porque su conducta no  fue      constitutiva      del      delito      de     concusión”.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Presupuestos generales de admisibilidad de la  demanda de casación y deberes del recurrente   

Antes   de   ocuparse   la  Corte  de  los  requerimientos   de   admisibilidad   del   escrito   que  sustenta  el  recurso  extraordinario,  se  hace  imperioso  recordar  enseguida  los deberes que ha de  observar  el  recurrente  para  que  la demanda sea admitida en esta sede extraordinaria.    

La  jurisprudencia  de  la Sala ha precisado que el impugnante está en la obligación de sujetar el  razonamiento   contenido   en  el  correspondiente  escrito,  a  los  requisitos  generales  que  orientan la presentación de cualquier demanda de casación, los  cuales  tienen  por  objeto  acompasar el fundamento del libelo con el sentido y  fines  del  recurso  extraordinario; también, ha dicho la Corte, le es exigible  respetar  los parámetros que la ley y la jurisprudencia han decantado de tiempo  atrás  respecto  de  cada  una  de las específicas causales aducidas, como sus  diferentes sentidos y modalidades.   

Como  consecuencia  natural y lógica de lo  anterior,  la  Colegiatura debe insistir en que el recurso de casación, como de  antaño  lo ha fijado su jurisprudencia, no es una tercera instancia del proceso  penal  ni  un  escenario  encaminado  a  desaprobar de cualquier manera la   apreciación   de  la  prueba  que  hace  el   juzgador,  como   tampoco  para  detectar  cualquier  clase  de vicio en el  trámite   procesal,   menos   aún   para   ofrecer  argumentos  probatorios  o  interpretaciones   normativas,   como   si   se   tratara   de   un  alegato  de  instancia.   

El mecanismo extraordinario de impugnación  está  limitado a los posibles errores ostensibles y trascendentes que se pueden  cometer  en  el  proceso,  y  ellos  se  encuentran sintetizados en los precisos  motivos  legales  que  lo  hacen procedente, fuera de los cuales no cabe ningún  otro para obtener su admisión a esta sede extraordinaria.   

El  demandante debe tener en cuenta que los  deberes  de  una  correcta  postulación  y debida fundamentación encuentran su  razón   de  ser  en  que,  de  una  parte,  la  sentencia  llega  a  esta  sede  extraordinaria  amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad y, por  la  otra,  el  recurso  es  de  naturaleza  rogada, razones por las cuales le es  exigible  un  mínimo de claridad y coherencia en la presentación del caso ante  la  Corte,  la  cual,  según se lo tiene vetado el principio de limitación, no  puede corregir o interpretar los razonamientos del censor.    

Todas  las  anteriores exigencias, lejos de  obedecer  al capricho del legislador o a la inflexibilidad de la jurisprudencia,  encuentran  razón de ser en que, como ya se ha dicho, la sentencia llega a esta  sede  amparada  por  la  citada  doble  presunción, por manera que solamente un  discurso  apegado  a  la  lógica,  a  los  fines  de la casación y a la debida  fundamentación es el mecanismo idóneo para desvirtuarla.    

En  estas  condiciones, no es procedente el  sustento   argumentativo   fundado   en  irritualidades  intrascendentes  y  desconociendo  la  realidad procesal, o que se encamine  a   que   la   Sala   analice   las  pruebas  como  juez  de  instancia,  o  que  acoja  las  personales interpretaciones probatorias o  jurídicas  del  demandante.   Por  el  contrario,  le  es exigible a éste  identificar  con  toda  claridad  qué error cometió el juzgador y apoyar dicho  enunciado   en  los  argumentos  que  persuadan  sobre  su  ocurrencia  y,  más  importante aún, enseñar a la Sala la trascendencia del yerro.   

Los  anteriores  presupuestos  explican  la  exigencia  legal  de claridad y precisión en la enunciación de la causal, así  como  en  la  postulación  y desarrollo de los cargos, tal como lo establece el  numeral 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000.    

El caso concreto  

En el caso que ocupa la atención de la Sala,  la  postulación del cargo, así como los argumentos que les sirven de sustento,  no  cumplen  los presupuestos  que  permiten  su  admisión  en  esta sede, por lo que desde ya la Corporación  anticipa    su    conclusión    en    el    sentido    de    que   inadmitirá  el  cargo formulado, toda vez  que   su  desarrollo  argumentativo  se  aparta  de  manera  ostensible  de  los  lineamientos  que ha fijado la jurisprudencia respecto de la causal seleccionada  por  el  demandante,  en tanto que el libelo desconoce claramente los principios  de   lógica   y   debida  argumentación,  máxime  cuando  las  explicaciones  allí  plasmadas ofrecen una  personal   apreciación   de   la   prueba,   opuesta   a   la  valoración  del  sentenciador.   

En  efecto,  como  el demandante orienta el  único  cargo a través del  falso  juicio  de  identidad,  es  preciso  recordar que, como lo tiene dicho la  jurisprudencia  de esta Colegiatura, tal yerro se presenta cuando el juzgador al  apreciar   la  prueba  distorsiona  su  contenido  por  una  cualquiera  de  las  siguientes  razones:  “(1) porque le hace agregados  que  no  corresponden  a  su  texto (distorsión por adición), (2) porque omite  tener   en   cuenta   aspectos   importantes   de   la  misma  (distorsión  por  cercenamiento),    y    (3)    porque   altera   su   texto   (distorsión   por  transmutación).”1 Este es un yerro de carácter  objetivo  contemplativo,  el cual recae sobre el contenido o expresión fáctica  de la prueba.   

Cuando  se escoge esta particular modalidad  de  reproche,  ha  dicho  la  Sala,  el casacionista debe acreditar, mediante la  comparación  de  lo  que  dice  el  medio probatorio y la concreción que de su  texto  hiciera  la sentencia, en qué consistió el desacierto de los juzgadores  de  instancia  y  cómo  éste  repercutió  en  el sentido del fallo, es decir,  deberá  acreditar  que  sin  la  existencia del yerro denunciado, la situación  jurídica del procesado hubiese sido sustancialmente opuesta.   

Así  mismo,  el  censor debe evitar que su  discurso  se  convierta  en  una  discrepancia  con  aquello que el sentenciador  infiere  de  la  prueba,  pues  si  así lo hiciera incurriría en el dislate de  confundir  la  prueba  con  lo  probado  y, de esta manera, se apartaría de los  cauces  de  la  vía  de censura escogida, para incurrir en una mal fundamentada  crítica de falso raciocinio.   

En  lo  relativo al reproche del impugnante  dirigida       contra      los      razonamientos  indiciarios  que  contiene  la  sentencia, la Sala ha  decantado  la  manera  en que aquellos deben ser atacados en casación.  Al  respecto, ha indicado que al censor le corresponde:   

“informar si la  equivocación  se  cometió  respecto  de  los  medios  demostrativos   de   los   hechos   indicadores,   la  inferencia   lógica  ,  o  en  el  proceso   de   valoración  conjunta   al    apreciar    su    articulación,    convergencia   y    concordancia    de   los   varios   indicios   entre    sí,   y   entre   éstos   y   las   restantes    pruebas,    para    llegar   a   una   conclusión                 fáctica                desacertada.”   

“De manera que,  si   el   error  radica  en  la  apreciación  del  hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con  otro  medio  de  prueba  de los  legalmente  establecidos,  necesario resulta postular si el yerro fue de hecho o  de  derecho,  a  qué expresión corresponde, y cómo alcanza demostración para  el caso.”   

“Y si el error  se  ubica  en el proceso de inferencia lógica, ello supone partir de aceptar la  validez  del  medio  con  el  que se acredita el hecho indicador, y demostrar al  tiempo  que  el  juzgador  en  la  labor  de asignación del mérito suasorio se  apartó  de  las  leyes de la ciencia, los principios de la lógica o las reglas  de  experiencia,  haciendo  evidente  en  qué  consiste  y cual es la operancia  correcta   de   cada   uno   de   ellos,   y   cómo   en   concreto   éste  es  desconocido.”   

“Si   lo    pretendido    es    denunciar    error   de   hecho   por   falso   juicio   de  existencia  de   un   indicio   o   un   conjunto  de  ellos,   lo   primero   que   debe  acreditar  el  censor es la existencia  material  en el proceso de medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la  validez   de   su  aducción,  qué  se  establece  de  él,  cuál  mérito  le  corresponde,  y  luego  de realizar el proceso de inferencia lógica a partir de  tener  acreditado el hecho base, exponer el indicio que se estructura sobre él,  el   valor   correspondiente   siguiendo   las   reglas  de  experiencia,  y  su  articulación  y  convergencia  con  los  otros  indicios  o  medios  de  prueba  directos.”   

“Además, dada la naturaleza de este medio  de  prueba,  si el yerro se presenta en la labor de análisis de la convergencia  y  congruencia entre los distintos indicios y de éstos con los demás medios, o  al  asignar la fuerza demostrativa en su valoración conjunta, es aspecto que no  puede  dejarse de precisar en la demanda, concretando el tipo de error cometido,  demostrando   que   la  inferencia  realizada  por  el  juzgador  indicando  los  postulados  de  la  sana  crítica, y acreditando que la apreciación probatoria  que  se propone en su reemplazo, permite llegar a conclusión diversa de aquella  a  la  que  arribara  el sentenciador, pues no trata la casación de dar lugar a  anteponer  el  particular  punto  de  vista del actor al del fallador, ya que en  dicha  eventualidad  primará  siempre  éste,  en  cuanto la sentencia se halla  amparada  por  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, siendo carga del  demandante  desvirtuar  con  la  demostración  concreta de haberse incurrido en  errores  determinantes de violación en la declaración del derecho.”   

“Es     en     este   sentido    que   el   demandante   debe   indicar   en    qué   momento    de    la    construcción   indiciaria    se   produce,   si   en   el   hecho  indicador  o  en  la  inferencia por violar las reglas de la sana crítica,  para  lo  cual  ha  de señalar  qué en concreto el medio demostrativo del  hecho  indicador, cómo hizo la  inferencia el juzgador, en qué consistió  el  yerro, y qué grado de  trascendencia tuvo éste por su repercusión en  la    parte    resolutiva    del    fallo”.2   

De conformidad con los exigentes derroteros  que  guían  el  ataque dirigido contra la conformación de los indicios en esta  sede  extraordinaria,  surge  con  claridad  que  el  casacionista no cumple con  ellos,  toda  vez  que,  una  vez  más,  parte de presupuestos equivocados y se  limita  a  afirmar  que  de  los  hechos  indicadores  no  cabe inferir el hecho  indicado.   

Lo  anterior  se  materializa  cuando  el  demandante    sostiene    que    FONSECA   MARTÍNEZ  nunca  exigió dinero a los particulares, afirmación  contraria  a  lo  señalado  por  el fallador que reconoció el método coactivo  empleado  por  el  procesado,  consistente  en  quitarle  los  documentos  a los  conductores  de  las  busetas para luego ordenarles su estacionamiento a un lado  de  la vía y,  en ese estado, mantenerlos, en algunos casos cerca de dos 2  horas,   sin   explicación   alguna.   El  Tribunal  comprobó  que,  luego  de  transcurrido  este  lapso,  uno  de  los  conductores se acercó al patrullero y  después  de  sostener  una  charla,  regresó  al sitio donde se encontraban el  resto  de  sus  compañeros,  a  quienes  informó  que el policía les  solicitaba  la  suma  de  $30.000 pesos por cada buseta para no  imponerle  el  comparendo  por  cambio  de  ruta,  exigencia a la que accedieron  cuatro conductores, negándose el denunciante Zuleta Ulloa.   

El  demandante  no  comparte esta versión y  asevera  que  fue otra conducta punible en la que se incurrió, en tanto que fue  uno  de los conductores quien tomó la iniciativa para dialogar con FONSECA  MARTÍNEZ,  conjetura elaborada a  partir  de  una personal interpretación de los hechos y, desde luego, contraria  a  la apreciación conjunta que estableció el fallador. Esta forma de presentar  el  cargo  carece de idoneidad  para demostrar un yerro de apreciación evidente y trascendente.   

En  la fijación de la situación fáctica,  el  juzgador  estableció  que  la iniciativa del comportamiento punible radicó  siempre  en  cabeza  del procesado, determinación que confirmó el agente JOSÉ  RICARDO  PINEDA  CHILA  cuando  sostuvo  que  su  compañero,  al  inicio de sus  labores,   había  manifestado  la  intención  de  detener  5  vehículos  para  “conseguir    lo    del    diario”  (fol.  7 cuad. Trib.), inferencia no compartida por el recurrente  pero  con  la  cual  tampoco  logra  demostrar una distorsión, sino una diversa  forma  de  apreciar  la  expresión  de  los  medios  probatorios,  supuesto  no  consagrado  a la categoría de causal para recurrir en casación, por manera que  la  crítica  carece  de  fundamento  y  no  se  ajusta a los fines del recurso.   

Otro  tanto ocurre con la ausencia de valor  probatorio  que  predica  el  demandante  respecto  a la versión rendida por el  agente  José  Ricardo Pineda Chila, pues, olvidando la  naturaleza  del  error que está exponiendo, muta su discurso hacia los terrenos  de  un  error  de  derecho  por  falso  juicio de legalidad, lo que contiene una  incoherencia   grave   en  la  argumentación,  en  tanto  fusiona  en  un  solo  discurso  razonamientos  de  valoración y de validez  sobre  una  misma  prueba,  los  cuales  son  irreconciliables  por  su  diverso  tratamiento en el recurso extraordinario de casación.   

Pero aún pasando por alto esta impropiedad,  tampoco  le  asiste  razón  en  su  crítica,  en  tanto  que  la  copia  de la  declaración  rendida  por  Helbert  Delgado  Moreno,  así  como la copia de la  exposición  libre  del  agente  José  Ricardo Pineda Chila, fueron ratificadas  posteriormente  por  la Auditoría de Guerra 142 en diligencia del 8 de junio de  2005.  Y  frente  a  la  declaración  de  Gustavo  Alberto  Zuleta  Ulloa, debe  precisarse  que  mediante auto de 5 de junio de 2002, el Comandante del Área de  Tránsito  MEBOG  ordenó  la  compulsa  de  copias  para  que fuera investigado  penalmente FONSECA MARTÍNEZ,  acervo   del   que  hizo  parte  la  declaración  de  esta  persona.  Es  más,  posteriormente,  mediante  auto  de  fecha  22  de abril de 2005, el Juez 141 de  Primera  instancia,  adscrito  al Ministerio de Defensa, dio la siguiente orden:  “solicítese  copia  del  expediente  disciplinario  adelantado  al  señor  PT.  JHON  ALEXANDER  FONSECA  MARTÍNEZ y dése tratamiento de prueba trasladada, de  igual  manera se tendrá en cuenta para surtir lo presupuestado en esta norma en  cuanto   a   las   fotocopias  obrantes  del  folio  3  al  22”.  (fol.  138  cuad.  orig.),  medidas  con  las cuales fue cumplida la  previsión  contenida  en  el  artículo 239 de la Ley 600 de 2000 y,  en  consecuencia,  su contenido tenía  pleno    valor    probatorio,    contrario   a   lo    sostenido   por   el  recurrente.   

Con la misma impropiedad formula reproches al  denominado  segundo  indicio,  el  cual  no  es  más que un comentario suelto y  reiterativo,  insistiendo  que  se  trató  de  una  actuación  amparada en las  funciones  propias  del  cargo  de  su  defendido,  sin  demostrar error alguno,  defecto  que  se  repite en la crítica al tercer indicio, del cual sostiene que  no  es  prueba  sino  que  el  “superior se limitó a  pasar  una  información  recibida telefónicamente”,  con lo que deja en el vacío el significado de esta afirmación.   

La misma confusión se reproduce en la ataque  al  cuarto indicio, en el cual hace hincapié de que a Helbert Delgado y Gustavo  Zuleta  Ulloa  no  les  costa  la  exigencia  de  dinero  y  que,  además,  sus  manifestaciones  carecen  de  valor  probatorio  por  haber  sido rendidas en un  instructivo  disciplinario.  Menos  aún  resulta  aceptable  que  confronte las  decisiones  adoptadas  en  una  actuación  anulada  con  las  tomadas  por  los  funcionarios  competentes y las muestre como soporte para la intervención de la  Corte,  sin  tener en cuenta el principio de autonomía  e  independencia judicial de que gozan los funcionarios  judiciales  al  emitir sus providencias, confundiendo de tal forma las causales,  el  desarrollo  autónomo  de  cada  error  y  el tratamiento de los indicios en  casación,  impropiedades  que  muestran  la falta de  claridad        y        precisión,   acerca de estos Institutos en el  sistema  procesal,  que  impide  a la Corte, en virtud  del     principio     de    limitación,   entrar  a  complementar  y  a  corregir  la  postulación  o  a  interpretar el significado de lo que quiso decir el libelista.   

En conclusión, la demanda presentada por el  defensor      de     JHON     ALEXANDER     FONSECA  MARTÍNEZ no cumple los requisitos de lógica y debida  fundamentación,   motivo   por   el   cual   la  Sala  dispondrá       su  inadmisión.   

Por último, se advierte que del estudio del  proceso  no  se  vislumbra  violación de derechos fundamentales o garantías de  los  sujetos  procesales  que  amerite  el  ejercicio de la facultad oficiosa de  índole   legal   que  al  respecto  le  asiste  a  la  Sala  para  asegurar  su  protección.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E   

1.                                   INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de JHON ALEXANDER FONSECA  MARTÍNEZ.    

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO                                SIGIFREDO  ESPINOSA    PÉREZ                        

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                             MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ DE LEMOS   

                                                                           

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

        Secretaria   

    

1                     Auto de 27 de mayo de 2003, radicado 19.812.   

2  Sentencia  de casación del 2 de agosto de 2001, radicación 12062, reiterada en  auto de 6 de marzo de 2008, rad. 28539     

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