34708(17-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34708  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado   acta   N°   371   

Bogotá,    D.    C.,    diecisiete  (17)  de  noviembre  de dos mil diez (2010)   

V   I   S   T   O  S   

La Corte se pronuncia sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda de revisión presentada por el apoderado del sentenciado  OSCAR     FABIÁN    PATIÑO    PÉREZ  contra  la sentencia proferida, el 3 de diciembre de 2007, por el  Tribunal  Superior  de Bogotá, en la que al confirmar la del Juzgado Veintiocho  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento  de  la  misma  ciudad,  fechada el 21 de  septiembre  de  dicho año, lo condenó por los delitos de acceso carnal abusivo  con incapaz de resistir agravado e incesto.   

  H   E   C   H   O  S   

Fueron  sintetizados  por  el  juzgador  de  segundo grado, de la siguiente manera:   

“El 2 de febrero  de  2007,  cuando  ALICIA  VELÁSQUEZ  bañaba  a  su  nieto  menor 1 –quien  para  esa época  contaba  con  poco  más  de  dos  años de edad–,  éste  se  quejó  de  dolor  en  la  ‘cola’,  e  informó  en su lenguaje que su  padre   OSCAR   FABIÁN  PATIÑO  PÉREZ  en  repetidas  ocasiones  le  manipuló  esta  zona de su cuerpo.  La   situación   se   avisó   a  las  autoridades,  estableciéndose  en dictamen médico que el infante presentaba lesiones a nivel  anal”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.   Por  razón     de     los     hechos    narrados,    en  audiencia   preliminar   que   se   realizó   el  6  de   febrero  de  2007 ante  el  Juzgado  Cincuenta  y  Ocho  Penal  Municipal con  Función  de  Control  de Garantías de Bogotá, luego de la verificación sobre  la  legalidad  de  la  captura, la Fiscalía imputó a  Oscar     Fabián    Patiño    Pérez  la  comisión,  en calidad de autor, de  los      delitos     de     acceso  carnal  abusivo  con  incapaz de  resistir     agravado     e    incesto,  de  acuerdo  con  lo  previsto  en  los  artículos  210,  211,  numerales  2° y 4°,  y 237 del Código Penal.  El  imputado  no  se  allanó  a  los  cargos.   

2.  Presentado el escrito de acusación  por  las  citadas  conductas punibles, realizadas las audiencias de formulación  de  acusación  y  preparatoria  y  finalizado  el  juicio  oral,  el    Juzgado    Veintiocho    Penal   del   Circuito    con   Funciones   del   Conocimiento   de   Bogotá,  mediante  sentencia  del  21  de  septiembre  de  2007, condenó  a  Oscar  Fabián  Patiño  Pérez  a la pena principal de 120 meses de prisión y  a     las     accesorias     de    rigor,    como    autor    de    los  delitos  de  acceso  carnal  abusivo  con  incapaz de  resistir agravado e incesto.   

3.   Apelado  el fallo por el defensor  del  acusado,  la  Sala  de  Decisión  Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Bogotá, el 3 de diciembre de 2007, lo modificó únicamente en la  pena,  imponiéndole  la  de  105  meses de prisión. En lo demás lo confirmó,  decisión  que  cobró  ejecutoria  material el 10 de abril de 2008.2   

LA     DEMANDA     DE   REVISIÓN   

El  apoderado  del sentenciado Oscar  Fabián  Patiño  Pérez, luego de  relatar  los  hechos,  de  relacionar a los sujetos procesales, de sintetizar la  actuación   procesal  y  de  identificar  los  despachos  que  profirieron  las  sentencias  de  primera  y segunda instancia, afirma que la defensa técnica que  asistió  al  procesado  en  las  distintas audiencias surtidas a lo largo de la  actuación,  “no tuvo en cuenta ni atacó en debida  forma  los  testimonios  del ente acusador, las contradicciones efectuadas en la  denuncia   y  en  las  entrevistas  realizadas,  e  igualmente  dejó  pasar  la  oportunidad  de  apelar  la  decisión  irregular  de  la señora Juez que no le  permitió  interrogar  de  manera  directa  a  los  testigos  presentados por la  contraparte,  violándose  de  contera  el  derecho  a  la  defensa  y el debido  proceso”.   

Así    mismo,   sostiene   que     en     la     sentencia     de    primera   instancia    sólo    se   tuvieron   en   cuenta   los    medios    de    prueba    que    “servían   para condenar”, dejando  a  un lado aquellos que “generaban dudas suficientes  para  absolver  o  por  lo  menos para fallar de conformidad con el in dubio pro  reo”.   

De  igual  modo,  asevera  que  las pruebas  practicadas  “a  través de los peritos presentados  por  la  Fiscalía  evidencian  que  las  entrevistas realizadas al menor fueron  dirigidas  y  consciente  o  inconscientemente  manipuladas,  para  que el menor  respondiera  en  el  sentido  de la acusación”, sin  olvidar   que   la   pericia   practicada   por   la   defensa   “en  ningún momento concluye que haya encontrado evidencia de abuso  sexual”,  situación  que le permite colegir que el  estudio    sexológico    “adolece    de   muchas  ambigüedades  y  no  fue  atacado en debida forma”.   

Agrega que las supuestas lesiones padecidas  por  el  menor llevaron a conclusiones erradas, además de que no se examinó la  posibilidad  de  que  las  mismas hubiesen podido ser generadas por otras causas  distintas  del  presunto  comportamiento  delictual, como fueron “los  siguientes  temas  que  salieron  a  flote  en la práctica de  pruebas  y  que  seguramente habrían cambiado la decisión adoptaba”,   tales   como:   la  “encopresis  infantil”,      o      la      “enuresis”,   o   la   “incontinencia  fecal  infantil”, o los  “trastornos   de   conducta   infantil”    o    el   “vómito”,  etcétera,  términos  médicos  respecto  de  los  cuales el  libelista ofreció su definición y etiología.   

Por  ello, enfatiza que las “consideraciones  para  condenar  y  confirmar la decisión hubieran  variado  y  otro  hubiera sido el fallo proferido si la defensa hubiera sido mas  ágil  y  acuciosa,  e igualmente si hubiera conocido el verdadero origen de las  supuestas  lesiones  que  se  mencionaron  en  el examen sexológico”.   

A continuación, dice el actor que con base  en  el  numeral  3°  del  artículo  192  del  Código  de Procedimiento Penal,  sustenta  la  presente  acción  de  revisión,  toda  vez  que  “tenemos  que  el  menor  (…),  hoy  día presenta el mismo cuadro  clínico  que  presentó en la fecha en que se le hizo el reconocimiento médico  legal   que   concluyera   que   había   sido  abusado  sexualmente”,    situación   que   impuso   ser   llevado   “a  urgencias  médicas  en la ciudad de Cali, porque presentaba los  mismos  episodios  clínicos  que  erradamente  concluyeron que se trataba de un  abuso,  o,  podría  ser  peor,  que  sigue  siendo abusado , condenándose a un  inocente”.    

Por  ello, solicita a la Corte la revisión  de  las  providencias  de  instancia  y,  consecuentemente, la restauración del  proceso,  para  lo cual incorporó a la demanda copias  de  las  sentencias  de primer y segundo grado con la  constancia  de  su ejecutoria, la historia clínica actualizada del menor,   el  documento  suscrito  en  urgencias  cuando  se  le  prestó  atención  y el  correspondiente poder.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1.  Recuérdese en primer término que,  como  lo  ha  reiterado  la Sala en múltiples ocasiones, al ser probable que la  sentencia  condenatoria  o  absolutoria  o  la providencia de preclusión que se  encuentran  ejecutoriadas  no contengan la verdad histórica, originándose así  una  injusticia,  el  legislador  penal  instituyó la acción de revisión como  mecanismo  idóneo  para  remover  la cosa juzgada y declarar sin valor el fallo  objeto  de  la  acción,  dictando  la providencia que corresponda o disponiendo  tramitar  nuevamente  el  proceso  desde el momento en que se indique, según la  causal invocada y que la Corte encuentre fundada.   

Por  ello,  la remoción de la cosa juzgada  sólo  es  posible  cuando  frente  a  la   demostración  de alguna de las  causales  taxativamente señaladas en la  ley, se evidencia que se cometió  una injusticia que impone su  derrumbamiento.   

Así, de conformidad con el artículo 192 de  la  Ley  906  de  2004, la invalidez de la decisión recurrida puede tener lugar  porque  la  verdad procesal declarada es bien diversa a la verdad histórica del  acontecer  objeto  de juzgamiento, o porque la acción penal no podía iniciarse  o  proseguirse  por prescripción, o ante la presencia de cualquiera otra causal  de  extinción  de  la  citada  acción,  o  en  razón a que después del fallo  aparecen  hechos  nuevos o surgen pruebas no conocidas al tiempo de los debates,  las  cuales acreditan la inocencia o la inimputabilidad del condenado, o bien en  la  medida  en  que  se  demuestra  con  sentencia  en  firme  que  el fallo fue  determinado  por conducta típica del juez o de un tercero, o se basó en prueba  falsa,  o  también  cuando  la  Corte  haya cambiado favorablemente el criterio  jurídico    que    sirvió   de   sustento   a   la   sentencia   condenatoria,  demostración    que,   como   se   dijo,   sólo   es   posible   jurídicamente   dentro  del   marco   que   delimitan   las  causales  taxativamente  señaladas  en  la  ley.   

Además,  también  procede  la  acción de  revisión  en  los  casos  de  preclusión  de  la  investigación  o  sentencia  absolutoria,  cuando  se trate de violaciones de derechos humanos o infracciones  graves   al   derecho   internacional   humanitario,  siempre  que  se  den  las  específicas circunstancias legalmente consagradas.   

De  igual  forma, como lo ha establecido la  jurisprudencia,   el   actor   no   solamente  tiene  el  deber  de  seleccionar  cuidadosamente  el  motivo que pretenda invocar en apoyo de su pretensión y las  pruebas  en  que  se  funde,  sino que, además, dado el carácter eminentemente  técnico  y  rogado  que  la revisión ostenta, es su obligación indicarle a la  Corte,  mediante  la  presentación de una exposición  argumentada,   lógica  y  racional,   de   qué   manera   se   demuestra   la  configuración  de  la  causal  seleccionada y cómo los fundamentos fácticos y  jurídicos  que  presenta  dan lugar a derruir el fallo cuya remoción persigue,  pues,  en  caso  contrario, el escrito se torna en un alegato de instancia   y,   por   lo   mismo,   se   constituye  un   desafuero   que  desnaturaliza  los  fines  de  la  revisión  y, por ende,  conlleva ineludiblemente a su inadmisión.   

2.   Teniendo  en cuenta lo anteriores  derroteros,  en  el  caso  que ocupa la atención de la Corte, la simple lectura  del  libelo  pone de presente que el demandante se aleja de esos delineamientos,  ignorando  que  el  proceso  ya terminó con sentencia ejecutoriada que ha hecho  tránsito  a cosa juzgada y que, por lo mismo, no se trata de una instancia más  en  la que se puedan discutir nuevamente los aspectos jurídicos o los elementos  de  juicio que sirvieron de fundamento a una decisión que tiene el carácter de  definitiva e inmutable.   

En  consecuencia,  toda  la  argumentación  dirigida  a  cuestionar  la  valoración  que  en  su oportunidad realizaron los  sentenciadores  de  primera  y segunda instancia de los medios de convicción, o  que  éstos  no  fueron  adecuadamente  contradichos  por  la  entonces  defensa  técnica,  la  cual califica de deficiente, al punto de afirmar la violación de  dicho  derecho fundamental, o que las entrevistas que los expertos realizaron al  menor   víctima   fueron   “dirigidas”    o    “manipuladas”,  para de esa manera pretender a través de esta acción que se  admita   que   su  poderdante  no  es  autor  de  los  delitos  de  acceso   carnal   abusivo   con  incapaz  de  resistir  agravado  e  incesto  por  el  cual  fue  condenado, o que por los  menos,  frente  a  esa  responsabilidad,  se hacía imperiosa la aplicación del  in  dubio  pro  reo,  son  aseveraciones  que  no sólo no compagina ni se ajusta a los presupuestos que la  ley  tiene precisados respecto de la causal tercera aducida, sino que es reabrir  un debate ya culminado y sobre el cual ha recaído la cosa juzgada.   

Así  mismo,  encuentra  la  Sala  que  el  accionante  no  efectúa  un  adecuado  planteamiento  de  la  hipótesis  legal  invocada  (causal  tercera),  toda  vez que se limita a enunciarla sin presentar  ningún  razonamiento de orden fáctico y jurídico orientado a su demostración  en  el  caso  concreto,  es  decir,  no  establece una relación causal entre la  supuesta  prueba  o  hecho  nuevo  y  las consideraciones que los sentenciadores  consignaron  en  el  fallo  de  condena  proferido  en  contra  de  Oscar  Fabián  Patiño Pérez, que logre  derruir su parte resolutiva.   

No puede olvidar el demandante que cuando la  acción  se  funda  en  la  causal  tercera, es decir, la aparición de hechos o  pruebas   respecto   de  la  cuales  el  sentenciador  no  tuvo  oportunidad  de  pronunciarse   por  no  haberlas  conocido,  y  que  de  haberlo  hecho  habría  llevado    definitivamente   a  la  absolución  o  a  la  declaración  de  inimputabilidad  del  procesado  frente  al  acontecer  fáctico  por el que fue  condenado,  es  deber   del  libelista  no  sólo allegar al  libelo  los  medios  de  convicción  en que funda su pretensión, sino también  demostrar  que  de haber sido oportunamente conocidas en el curso de los debates  ordinarios  del  proceso,  la solución del asunto habría sido la absolución o  la    declaración    de    inimputabilidad    del   sentenciado,   dada  la  contundencia  demostrativa  de  tales pruebas.   

Por  ello,  frente  a  la causal propuesta,  resulta  oportuno  recordar  lo que tradicionalmente ha considerado esta Sala en  relación  con  lo  que  se  erige  como  la aparición de hecho o prueba nueva,  acorde  con  la  causal de revisión impetrada y las exigencias que ella impone:   

“La  jurisprudencia  tiene  establecido que el ejercicio de la acción con fundamento  en  la  causal  tercera  del  artículo  220  del estatuto procesal penal, exige  acreditar  el  cumplimiento  de  los  siguientes presupuestos: a) surgimiento de  hechos  nuevos  o  de  pruebas  no  conocidas  al  tiempo  de los debates en las  instancias  ordinarias del trámite; b) que el acontecer fáctico esté ligado a  la  conducta  punible  materia  de  investigación  y  juzgamiento; y c) que las  pruebas  aducidas sean aptas  para   establecer   en  grado  de  certeza  la  inocencia  del  procesado  o  su  inimputabilidad,  o  de tornar cuando menos discutible la verdad declarada en el  fallo,    haciendo   que   no   pueda   probatoriamente   mantenerse.   

“No se trata  entonces,   de   aducir  cualquier  clase  de  medio  probatorio,  sino  solamente  aquellos  que apunten a  establecer  la  inocencia  del  procesado  o  su  inimputabilidad,  pues la  revisión,  en  cuanto  a esta causal se refiere, no ha sido instituida para dar  lugar  a  la  continuación  del juicio que culminó con la providencia que hizo  tránsito  a  cosa  juzgada,  o  revivir  el  debate jurídico-probatorio que se  llevó  a  cabo  en  el  fenecido proceso, sino para postular un cuestionamiento  serio  a  la declaración de justicia que selló definitivamente la controversia  procesal con la decisión inmutable.   

“Por   esta  razón,  como  presupuesto  de  admisibilidad  del  libelo  demandatorio  de  la  revisión,   cuando  de  la  causal  tercera  se  trata,  establece  la  ley  la  obligación     para     el     accionante     de     relacionar    ‘las  pruebas  que  se  aportan  para  demostrar     los     hechos     básicos     de     la    petición’,  esto es, allegarlas con la demanda  y  acreditar  al  tiempo que tienen la virtualidad de  modificar  el sentido del fallo, es decir, que reúnen  los  dos  extremos  mencionados  en  precedencia:  la  novedad  y  trascendencia,  pues de no cumplirse esta  carga,  ha  de  entenderse  que  lo  pretendido  es  prolongar el debate de modo  inútil  e  impertinente como si el juicio no hubiera fenecido con la ejecutoria  de   la   decisión   cuya  revisión  se  demanda”  (negrilla        ajenas       al       texto).3   

Frente a tales lineamientos, es palmario que  el   actor  no  ofreció  argumentos  serios  y  suficientes  que  sustenten  su  pretensión  y,  por  el  contrario,  simplemente  afirmó que el menor padeció  recientemente         un         cuadro         clínico         “similar”  al  presentado  cuando  fue  objeto  del comportamiento delictual, aseveración que le sirve para simplemente  concluir  que  su  representado, Oscar Fabián Patiño  Pérez,  es  inocente  o  que por lo menos la duda se  impone  frente a esa responsabilidad, argumentación que así expuesta en manera  alguna consulta los derroteros propios de dicha hipótesis legal.   

Además, el estudio cuidadoso del contenido  de  la  historia clínica (aportada por el mismo libelista) que se abrió, el 14  de  marzo  de 2010, al momento de que el infante fue atendido por el servicio de  urgencias  en  una  clínica  de la ciudad de Cali, en  manera  alguna  permite siquiera vislumbrar, dentro de  un  marco  lógico,  que  el  diagnóstico  establecido  en  ese  momento  esté  relacionado  con  actos  siquiera  parecidos con aquellos hechos que fundaron la  sentencia   condenatoria   en   contra   de   Patiño  Pérez,  o  que  los  mismos continuaron después del  proferimiento  de  dicho  fallo  para  entender  que  otro  es  el  autor de los  reprochables delitos.   

Por   el  contrario,  mírese  cómo  los  síntomas  que presentaba el menor paciente para el 14 de marzo de 2010, día en  que   fue   llevado  a  urgencias,  permitió  diagnosticar  un  “estreñimiento  crónico”, para lo cual  se  dispuso como tratamiento, entre otros, el “enema  evacuante,  sin  complicaciones”,  obteniendo  como  resultado  la  mejoría  del  niño  y,  por lo mismo, decidiendo los galenos su  “salida   por   pediatría  por  buena  evolución  clínica    y    no    presencia    de    síntomas   agudos   abdominales   y/o  sistémicos”.4   

En  esas condiciones, surge evidente que el  demandante  no  logra  demostrar que dicha historia clínica, como prueba nueva,  se  constituye  en  un  elemento  de convicción novedoso, trascendente y con la  virtualidad  suficiente  como  para  modificar el serio sentido del fallo.    

En  fin,  lo  que la Sala observa es que el  libelista  pretende  con  su  razonamiento  privilegiar  sus  conclusiones a las  consignadas  en  la  sentencia  demandada,  luego de ser sometida al tamiz de la  sana  crítica, con total desconocimiento, como se indicó, de la presunción de  acierto  y  legalidad  de  que ésta goza ante la firmeza del pronunciamiento de  condena.   

En  consecuencia,  como  el  escrito  del  accionante  no  cumple  con  las  exigencias  que  la  ley  ha  impuesto para su  admisión  como demanda de revisión, conforme a lo previsto en el artículo 194  del Código de Procedimiento Penal, se inadmitirá.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

1.          INADMITIR   la demanda de revisión  presentada  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida,  el  3  de  diciembre  de  2007,  por  el Tribunal Superior de Bogotá, a través de la cual  condenó  a  OSCAR FABIÁN PATIÑO PÉREZ  por  los delitos de acceso carnal abusivo con incapaz de resistir  agravado e incesto.   

2.   Contra  esta decisión procede el  recurso de reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                                            PERMISO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

                PERMISO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                            JULIO    ENRIQUE    SOCHA  SALAMANCA           

                   

JAVIER  ZAPATA ORTIZ  

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

              Secretaria     

1  La  Sala  omite  el  nombre  del  menor  víctima  por  la prevención natural de no  divulgar  datos  que  lo  identifiquen  o  puedan conducir a su identificación,  según  lo  dispuesto  en  el artículo 47 de la Ley 1098 de 2006 (Código de la  Infancia  y  Adolescencia,  que  entró  a  regir  a  partir  del  8  de mayo de  2007).   

2 Ver  folios 41 a 73 del cuaderno de la Corte.   

3  Radicación   21404,   auto   del   3   de   diciembre  de  2003,  entre  varios  otros.   

4 Ver  historia clínica entre folios 9 a 38 del cuaderno de la Corte.     

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