34439(18-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 34439  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         

Magistrado  Ponente   

YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

Aprobado    Acta  N°   260.   

Bogotá,     D.    C.,    agosto dieciocho (18) de dos mil diez (2010).   

VISTOS:  

          Procedería  la  Sala  a  pronunciarse  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de casación  presentada  por  el  defensor del procesado Francisco Hernán Cruz Zarta, contra  la  sentencia  proferida  por el Tribunal Superior de Bogotá que confirmó, con  algunas  modificaciones, la dictada por el Juzgado Primero Penal del Circuito de  Descongestión  de  esta  misma  ciudad  que  lo  condenó, junto con Jacqueline  Flórez  Ramírez,  como  coautores  responsables  de  las conductas punibles de  hurto  agravado  y  falsedad material de documento público agravada por el uso,  si  no  se  observara  que  la acción penal (y civil) derivada de tales delitos  prescribió incluso antes de que el asunto llegara a la Corte.   

HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1. Los primeros fueron tratados en el fallo  impugnado de la siguiente forma:   

El  apoderado judicial de la empresa TITÁN  INTERCONTINENTAL  S.A.,  cuyo  objeto  social  es  el  pago  de giros en divisas  extranjeras,  denunció  ante  la  Fiscalía General de la Nación que entre los  meses  de  enero  a  marzo  del  año  2002  se realizó una auditoria contable,  arrojando  como  resultado  que en las sucursales del Centro, Niza y Granahorrar  de  Bogotá  fueron cancelados de forma irregular 16 giros por un valor total de  $20.276.209,  para  lo  cual  utilizaron  los  nombres  de  sus  receptores, sus  números  de  cédulas  que  resultaron ilegítimos y las claves privadas que la  entidad le asignó a sus usuarios.   

Esas irregularidades acontecieron en la sede  donde  laboraban  Francisco  Hernán  Cruz  Zarta y Jacqueline Flórez Ramírez,  quienes   se  desempeñaban  como  cajero  principal  y  auxiliar  de  servicios  generales respectivamente.   

    

1. Por los anteriores episodios, el 29  de  octubre  de 2004 la Fiscalía 151 Seccional de Bogotá profirió resolución  de  acusación  contra  los  vinculados  Cruz  Zarta  y  Flórez  Ramírez  como  presuntos  coautores de los delito de hurto agravado por la confianza y falsedad  en  documento  público  agravada  por el uso  tipificados en los artículo  239,  241-2,  287  y  290  de la ley 599 de 2000, con penas de 2 a 6, y de 3 a 6  años   de   prisión,   respectivamente,   aumentadas   hasta   en   la  mitad,  pronunciamiento  que alcanzó ejecutoria el 20 de junio  de  2005 cuando la Fiscalía Cuarenta Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  esta  ciudad  la  confirmó  al  resolver  el recurso de  apelación   interpuesto  por  el  defensor  de   Francisco  Hernán.      

3. Tramitada la etapa de la causa el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Descongestión  de Bogotá, mediante sentencia de  octubre   15  de  2008  resolvió  condenar  a  los  procesados  como  coautores  responsables  de  las conductas punibles materia de la acusación a las penas de  cuarenta  y  cinco  (45) meses de prisión, inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por un tiempo igual al de la sanción privativa  de  la  libertad,  al  pago  de  indemnización de perjuicios y les concedió la  prisión domiciliaria.   

4.  Esa  providencia  fue  apelada  por  el  defensor  del  procesado  Cruz  Zarta y el Tribunal Superior de Bogotá el 21 de  enero  de 2010 la confirmó, pero modificó la pena privativa de la libertad que  fijó en cuarenta y tres punto ocho (43.8) meses de prisión.   

5. Contra el fallo de segundo grado el mismo  recurrente  en   primera  instancia  interpuso el recurso extraordinario de  casación,   el   cual   fue   concedido  por  el  ad  quem  en auto del 10 de marzo siguiente, corriendo el  traslado  para  presentar  la  demanda  entre  el  13  de  abril y el 25 de mayo  siguiente,  el  24  de  este mismo mes y año fue presentado el libelo, el 26 de  mayo  comenzó  a  surtirse el traslado previsto para los no recurrentes el cual  venció  el  17  de  junio,  y  al día siguiente se ordenó que el asunto fuera  enviado  a esta Corporación a donde arribó el 23 de junio ya estando prescrita  la acción penal como se analizará adelante.   

Cabe anotar que por auto del 13 de abril del  presente  año  el  Tribunal  declaró  extemporáneo  el  recurso  de casación  interpuesto  por  el defensor de la procesada Jacqueline Flórez Ramírez.    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE:   

1.- En relación con la prescripción de la  acción  penal  cuando  ella  se  presenta  con  posterioridad a la sentencia de  segundo  grado,  o  antes  en  los  eventos de simple constatación objetiva, la  jurisprudencia  de  la  Sala  tiene  definido que su declaración corresponde al  juez  de  segunda  instancia  o a esta Corporación, cuando aquél pasa por alto  tal situación.   

Es  así  como frente a esta temática, una  vez  constatado que la prescripción de la acción penal solicitada no implicaba  una verificación meramente objetiva, la Corte expresó:   

(…),  la  denuncia  en  sede  de  casación  sobre  la  consolidación del fenómeno de la  prescripción  de  la  acción penal ocurrida en la fase instructiva o antes del  proferimiento  del  fallo  de  segundo  grado,  debe plantearse en la demanda al  amparo de la causal tercera.   

Y  es  que  de  haberse  continuado  con el  ejercicio  del  poder  punitivo  del Estado después de que, por virtud del mero  transcurso  del  tiempo  perdió  dicha  facultad, la actuación posterior a ese  momento  deviene  inválida. Pero, además, su demostración corresponde hacerse  por  los  derroteros  de  la  causal  primera  en  cualquiera  de sus sentidos y  modalidades.   

(…)  Tal  ha  sido  el pacífico criterio  jurisprudencial  contenido,  entre  otros, en los siguientes pronunciamientos de  la Sala:   

…  (…)  repugnaría  a  un  sentimiento  general  de  justicia  que  se considerada válida una sentencia proferida en un  proceso  que  no  podía  adelantar  el  juez  por  haberse extinguido en él la  facultad punitiva del Estado.   

Por otros aspectos, pretender la alegación  de  este vicio por la causal primera de casación resultaría contradictorio con  la  naturaleza  de  esa  formulación y el fin que en ese caso se persigue, pues  quien  alega  violación directa o indirecta parte del presupuesto de la validez  del  proceso  centrando  su ataque en la ocurrencia de errores al interior de la  sentencia,  y  además  persigue  la expedición de un fallo de sustitución que  obviamente  se  hace  de  imposible  proferimiento  a falta de una acción penal  vigente1.   

Luego     se     indicó:   

La  Corte  no advierte en esta propuesta de  ataque  contradicción intrínseca alguna que impida su estudio, como lo postula  el  Procurador  Delegado  en  su  concepto.  Por  el contrario, considera que la  solicitud  de  prescripción  al  interior  del mismo cargo resulta correcta, en  cuanto  se  presenta  como  consecuencia  de  su  prosperidad.  Tampoco advierte  equivocación  en la selección de la causal invocada, pues la prescripción, en  los  términos  que  ha  sido  planteada  en  la  demanda, solo se consolida con  ocasión  de  la  decisión  que  llegare a tomarse en esta sede como motivo del  recurso  de casación, situación que resulta ser distinta de aquella en la cual  el  fenómeno se ha consolidado antes de ser proferido  el fallo de segundo  grado,  en  cuyo  caso  la  causal  a  invocar  debe ser la tercera.2   

En     posterior     ocasión     se  expresó:   

La extinción de la acción penal por razón  de  la  prescripción debe plantarse a través de la causal tercera de casación  por  violación  del  debido  proceso,  no  obstante  que se hubiera admitido en  providencia  del  21 de marzo de 2001 con ponencia del magistrado Carlos Eduardo  Mejía   Escobar,   Rdo.   17.106,   que   también   podía   hacerse   por  la  primera.   

Así,  ha dicho la Sala que la prosecución  de  una  actuación  no empece haberse extinguido la acción penal constituye un  error  de  actividad  y  no de juicio, en cuanto al entrar a operar el fenómeno  prescriptivo  el  Estado pierde la facultad de adelantar el proceso. Cuando esto  ocurre,  lo pertinente es disponer la cesación de todo procedimiento criminal y  no  dictar  el  fallo  de  reemplazo,  que  sería  el resultado en el evento de  prosperar  un  cargo fundado en la causal primera, atribución de la cual carece  la  Corte  de  presentarse  el  caso  –Cfr.  Sentencia  del 29 de octubre de 2001, Rdo. 15.570, M.P. Jorge  E.  Córdoba  Poveda,  reiterada  en  la del 13 de enero del año en curso, Rdo.  20200, M.P. Álvaro Orlando Pérez Pinzón.   

De esta manera retomó la Sala la tesis que  de  antaño venía pregonando, al sostener, entre otros pronunciamientos, el que  la  Delegada evoca, de que la alegación de la prescripción de la acción penal  en  casación  debe  encausarse al auspicio de la causal tercera, por la vía de  la   nulidad3.   

…  Cuando  la prescripción de la acción  penal  ocurre  durante  la   etapa  de  instrucción o en el período de la  causa,  pero  de  todas  maneras  antes  de  proferirse  la sentencia de segunda  instancia,  la  Sala  tiene  dicho  que   “recurrida ésta en casación y  admitida   la  respectiva  demanda  por  cumplir  con  los  requisitos  formales  señalados  en  la  ley (arts. 212 y 132 P.P., antes 225 y 226) lo procedente es  casarla  oficiosamente, …, si, como en este caso, no fue objeto de específica  acusación,  pues  resulta  incuestionable  que  fue  dictada  respecto  de  una  acción,  que  por  el fenómeno prescriptivo aludido, ya no podía proseguirse.  La  presunción de legalidad que ampara los fallos de instancia, se quiebra ante  la  vulneración  del debido proceso, dado que no pueden culminar las instancias  mediante  decisiones que jurídicamente no pueden proferirse y, como quiera que,  por  la calificación y admisión de la demanda se ha iniciado el debido proceso  de   la   casación,  éste  debe  culminar  en  sentencia  que  le  ponga  fin.   

Situación  distinta  se presenta cuando la  prescripción  de  la  acción es sobreviniente a la sentencia del ad quem, caso  en  el  cual,  a  la  sentencia  de  segunda  instancia  no se le puede atribuir  ilegalidad  alguna,  pues  el  Estado  conservaba incólume su facultad punitiva  para  dictarla,  por  consiguiente, en dicha situación, lo indicado es acudir a  la       cesación       de       procedimiento4.   

Y,    en    reciente   oportunidad   se  precisó:   

(…) La prescripción desde la perspectiva  de  la  casación,  puede  producirse:  a)  antes  de  la  sentencia  de segunda  instancia;  b)  como  consecuencia  de  alguna  decisión  adoptada  en ella con  repercusión  en la punibilidad; o, c) con posterioridad a la misma, vale decir,  entre el día de su proferimiento y el de su ejecutoria.   

Si  en las dos primeras hipótesis se dicta  el  fallo,  su  ilegalidad  es  demandable  a  través del recurso de casación,  porque  el  mismo  no  se  podía  dictar  en consideración a la pérdida de la  potestad punitiva del Estado originada en el transcurso del tiempo.   

Frente a la tercera hipótesis la solución  es  diferente.  En  tal  evento  la  acción  penal estaba vigente al momento de  producirse  el fallo y su legalidad en esa medida resulta indiscutible a través  de  la  casación,  porque  la  misma  se  encuentra  instituida  para juzgar la  corrección  de  la  sentencia y eso no incluye eventualidades posteriores, como  la    prescripción    de    la   acción   penal   dentro   del   término   de  ejecutoria.   

Cuando así sucede, es deber del funcionario  judicial  de  segunda  instancia  o de la Corte si el fenómeno se produce en el  trámite  del recurso de casación, declarar extinguida la acción en el momento  en  el  cual  se  cumpla  el  término  prescriptivo, de oficio o a petición de  parte.  Pero  si  no  se  advierte  la  circunstancia  y la sentencia alcanza la  categoría   de  cosa  juzgada,  la  única  forma  de  remover  sus  efectos  e  invalidarla  es  acudiendo  a la segunda de las causales que hacen procedente la  acción            de            revisión5”6.   

2.-  En  el  presente  asunto  el fenómeno jurídico de la prescripción de la acción penal  se  consolidó  con  posterioridad  al  proferimiento de la sentencia de segunda  instancia  y  antes  de  que  el  asunto  llegara  a la Corte, luego entonces de  acuerdo  con  el marco jurisprudencial antes indicado, le corresponde a la Corte  su definición.   

3.-  De  conformidad  con la preceptiva del  artículo  83  de  la  ley  599 de 2000, la acción penal prescribe en un tiempo  igual  al  máximo  de  la  pena  fijada  en  la  ley,  si fuere privativa de la  libertad,  pero  en  ningún  caso  ese lapso podría ser inferior a 5 años, ni  exceder  de  20,  salvo  para las conductas punibles de genocidio, desaparición  forzada,  tortura  y  desplazamiento  forzado, que será de treinta (30) años..   

La iniciación del término de prescripción  comienza  a  contarse,  para  los  delitos  instantáneos,  desde  el día de la  consumación,  y  desde  la  perpetración  del  último  acto en los tentados o  permanentes.  Este  tiempo  se interrumpe por la resolución de acusación, o su  equivalente, debidamente ejecutoriada.   

Producida  la  interrupción  del  término  prescriptivo,  el  término  de  prescripción comienza a correr de nuevo por un  período  igual  a  la  mitad  del señalado en el artículo 83 ibídem, pero en  ningún caso podrá ser inferior a 5 años, ni superior a 10.   

4.- A los procesados Francisco Hernán Cruz  Zarta  (recurrente)  y  a  Jacqueline  Flórez  Martínez  (no recurrente) en la  resolución  de acusación y en las sentencias de instancia se les atribuyó las  conductas  punibles  de  hurto  agravado por la confianza y falsedad material en  documento  público agravada por el uso  (artículos 239, 241-2, 287 y 290,  ley  599  de  2000),  preceptos  que establecen una pena máxima privativa de la  libertad de nueve (9) años, para cada uno de tales delitos.   

Para efectos de establecer el término de la  prescripción  en  este caso, se parte del máximo de pena señalado en la norma  infringida,  esto  es,   9  años,  término que disminuido en la mitad por  razón  de  la interrupción de la resolución de acusación ejecutoriada, queda  reducido  a  4  años.  Lo  anterior significa que en este particular asunto, el  fenómeno  jurídico  de  la  prescripción  respecto  de los delitos objeto del  fallo  opera  en  un  término  de  5  años  (artículo  86,  inciso 2°, cp de  2000).   

Como la resolución de acusación, tal como  ya  se  advirtió,  alcanzó  ejecutoria  el  20 de junio de 2005, lo que quiere  significar  que  el  tiempo  mínimo  señalado  por  la ley para que operara la  prescripción  de  la  acción  penal  en  el  juicio  (5 años), se cumplió el  19  de  junio  de  2010, es  decir, antes de que el proceso llegara a la Corte.   

Lo  anterior,  entonces,  constituye razón  suficiente  para que la Sala proceda a declarar la prescripción y la extinción  de  las  acciones  penal  y civil, derivadas de las conductas punibles del hurto  agravado  por  la  confianza y la falsedad en documento público agravada por el  uso,  porque esta última se  ejercitó dentro del proceso penal (artículo  98  ibídem)  y  a  ordenar,  en  consecuencia,  la  cesación del procedimiento  seguido  contra  Francisco  Hernán  Cruz  Zarta, decisión que se extiende a la  coprocesada  no  recurrente  Jacqueline Flórez Martínez,  en tanto que el  fallo no admite ejecutorias parciales.   

El  juzgado de primera instancia realizará  las  anotaciones  y  cancelaciones  que  se  deriven  de  lo  decidido  en  esta  providencia, contra la cual procede el recurso de reposición.   

5.-  Encuentra  la  Sala que en el presente  asunto  la actuación que aparece del juez de conocimiento comenzó el 9 de mayo  de  2008,  esto  es,  después  de  casi  tres  (3)  años  de  ejecutoria de la  resolución  de  acusación  (junio 20 de 2005), la sentencia de primer grado se  profirió  el 15 de octubre de 2008 y tan sólo hasta el 8 de mayo de 2009, esto  es,  después  de  siete  (7)  meses  se  concedió el recurso de apelación. El  asunto  arribó  al   Tribunal  Superior de Bogotá en mayo 18 de 2009 y el  fallo  de segundo grado se dictó el 21 de enero de 2010, es decir, pasados ocho  (8)  meses, a pesar de la inminencia de la prescripción que, como quedó visto,  se  consolidó  el  19  de  junio de 2010. Por lo anterior, se dispondrá que la  Secretaría  compulse  copias  de  la  actuación correspondiente con destino al  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura,  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  de  Cundinamarca  y  a  la Sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de  la Judicatura, para los fines que estimen pertinente.   

A  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:   

1.-  Declarar  prescritas y extinguidas las  acciones  penal  y civil derivadas de las conductas punibles de hurto agravado y  falsedad  en  documento  público  agravada  atribuidas  a  los procesados   Francisco Hernán Sarta Cruz y Jacqueline Flórez Martínez.   

2.-  Ordenar, en consecuencia, la cesación  del procedimiento adelantado contra los mencionados acusados.   

3.-  Disponer que por el Juzgado de primera  instancia se realicen las anotaciones y cancelaciones pertinentes.   

4.-  Ordenar  que la Secretaría de la Sala  compulse las copias con la finalidad y los destinos indicados.   

Contra  esta providencia procede el recurso  de reposición.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Juzgado de origen.    Cúmplase.   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                            SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ   

            Salvamento                               parcial                              de  voto                                                                                     

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                              AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                                

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                        YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                          

JULIO        E.        SOCHA  SALAMANCA                                         JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 CORTE  SUPREMA     DE    JUSTICIA,    Sala    de    Casación    Penal,    sentencia  octubre  13 de 1994, Radicado  8690.   

2 CORTE  SUPREMA     DE    JUSTICIA,    Sala    de    Casación    Penal,    sentencia   mayo  28 de 2000,   Radicado 16.441.   

3 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala de Casación Penal,   sentencia   marzo  24  de 2003, Radicado 20.164,  reiterada  en  auto de junio  2 de 2004, Radicado 21.484.   

4 CORTE  SUPREMA     DE    JUSTICIA,    Sala    de    Casación    Penal,    sentencia  octubre  24 de 2003, Radicado  17.466.   

5 CORTE  SUPREMA     DE    JUSTICIA,    Sala    de    Casación    Penal,    sentencia  junio  30  de  2004, Radicado  18.368.   

6 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal, auto  septiembre 8 de 2004, Radicado 22.588.     

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