34286(04-08-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     n.º  34286   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  248  

Bogotá D.C., cuatro (4) de agosto de dos mil  diez (2010)   

VISTOS  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  de Fabio  Alonso  Villa  Paja  contra  la  sentencia  de segunda  instancia  proferida  por el Tribunal Superior de Medellín, el 17 de febrero de  2010,  mediante  la  cual  confirmó la dictada por el Juzgado Veinticinco Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de la misma ciudad, el 21 de octubre  de  2009,  que  lo condenó a las penas principales de  124     meses     de  prisión,     multa  de     $28.000.000.00  e  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 90  meses,  como  autor  de  la conducta  punible        de        concusión.   

HECHOS  

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“Peter  Paúl  Betancur  Jiménez conocía al procesado de tiempo atrás porque vivía frente a  su  suegra,  también  sabía  que  trabajó  en  la  Secretaría  de  Tránsito  Municipal  y  que fue trasladado a la Alpujarra. En desarrollo de esa amistad el  primero  comentó  al  segundo  acerca  de  una  deuda de impuesto predial de su  madre,  por  suma  cercana a los 9 millones de pesos, ante lo cual el segundo le  ofreció  borrar esa deuda del sistema a cambio de un poco más de un millón de  pesos,  le dijo que él tenía quien le hiciera esa vuelta. Betancur Jiménez le  entregó  $1’000.000  en  octubre  de  2006,  pasó  el tiempo sin que se produjera el resultado ofrecido,  cuando  Betancur  Jiménez  requirió  a  Villa Paja éste le solicitó $250.000  más  para  obtener  el  paz  y  salvo respectivo. Ante el nuevo incumplimiento,  Betancur Jiménez formuló queja en la administración municipal.   

“De  otro  lado,  en  enero  de  2008  el  procesado  le  ofreció a Jorge Humberto Gallego Toro, guarda de seguridad de la  Secretaría  de Educación del Municipio, ayudarle con diligencias en tránsito,  en  concreto  a  borrarle dos infracciones de tránsito por $500.000 a cambio de  $230.000;  el  13  de enero Gallego Toro le completó el dinero solicitado; ante  el  incumplimiento,  éste  ciudadano amenazó a Villa Paja con denunciarlo ante  la  Secretaría y luego grabó varias conversaciones sobre el tema: cuando Villa  Paja se enteró de esta situación le devolvió el dinero”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1.  Por los anteriores hechos, la Fiscalía,  presentó  escrito  de  acusación  contra Fabio Alonso Villa Paja, como    autor    de    la    conducta   punible   de   concusión.   

2.  Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral y anunciado el sentido del fallo, el Juzgado Veinticinco Penal  del  Circuito  con  funciones  de conocimiento de Medellín, el 21 de octubre de  2009,   dictó fallo de primera instancia en la que condenó a Fabio Alonso  Villa  Paja  a  las penas principales de 124 meses de  prisión,  multa  de  $28.000.000.00  e  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el término de 90 meses, como autor de la  conducta punible de concusión.   

3.  Apelado  el  fallo   por   la  defensa  del  procesado,       el       Tribunal       Superior       de      Medellín,      el      17    de  febrero  de 2010,        lo        confirmó  en  su  integridad.   

Contra  la  anterior decisión,  la  defensa  técnica           interpuso   recurso  de  casación.    

LA      DEMANDA    DE   CASACIÓN   

El defensor, al amparo de la causal tercera,  según  lo previsto en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, formula un único  cargo contra la sentencia, así:   

Único cargo  

Acusa al Tribunal de haber violado, de manera  indirecta,  la  ley  sustancial  por manifiesto desconocimiento de las reglas de  producción  y  apreciación de la prueba respecto de la cual se fundó el fallo  de carácter condenatorio proferido en contra de su representado.   

Acota  que el fallador incurrió en error de  hecho  derivado  de  un  falso  raciocinio por cuanto que la sentencia no guarda  correspondencia   con  las  circunstancias  acreditadas  en el juicio oral,  especialmente  lo  relacionado  con  el  elemento  subjetivo  del  tipo penal de  concusión,   falencia   que  se  vio  reflejada  en  el  juicio  de  tipicidad,  “afectando  inexorablemente  derechos fundamentales  al  debido  proceso del encartado, haciéndolo responsable de una conducta penal  más  gravosa  que  los  tipos  penales  que aquí se proponen: estafa o cohecho  impropio”.   

Dice  que  el  error  en  la  apreciación  probatoria  se  cometió  en  los testimonios de Peter Paúl Betacour Jiménez y  Jorge  Humberto  Gallego  Toro.  A  continuación  procede  a transcribir varias  preguntas   hechas   a   los   citados   deponentes   por   la  fiscalía  y  el  contrainterrogatorio que formuló la defensa.   

Sostiene  que  el Tribunal otorgó al citado  deponente  mérito probatorio sin que se hubiese tenido en cuenta las reglas que  informan  a  la  sana  crítica,  así  mismo anota que el juzgador realizó una  lectura  de  la  interpretación  del tipo penal apoyado en jurisprudencia de la  Corte y se apartó del arduo trabajo intelectual.   

Recuerda que hubo estipulaciones probatorias  con  relación  a  la calidad de servidor público de su defendido. Sin embargo,  asegura  que  el  tipo  penal  de concusión exige que el servidor público debe  materializar  el  comportamiento,  “abusando  de su  cargo  o  función,  circunstancias  que  no aparece clara en el discurrir de la  actividad  probatoria,  en  la  medida  en que el cargo y las funciones de Villa  Paja,  nada  tienen  que  ver  con  la  recorrelación de dineros públicos o la  efectivización o conminación de multas de tránsito”.   

Acota  que  en el escrito de acusación a su  defendido  se  le  atribuyó  el verbo inducir. Así mismo, destaca que el verbo  rector  exige  un  miedo  con  relación  al  servidor  público, situación que  tampoco  es  predicable  en este asunto, máxime cuando ninguna de las víctimas  adujo que se sintió intimidada por su defendido.   

De  tal  manera  que  estima  que  surge  la  posibilidad  que  se  profiera  sentencia  absolutoria a favor de su poderdante,  habida  cuenta  que el Delegado del Fiscal General de la Nación “no  cumplió  con  la  carga  probatoria de demostrar más allá de  toda duda razonable la comisión del delito de concusión…”.   

Agrega  que  las  víctimas  en  este asunto  “no   están   revestidas   de   una   aureola  de  inocencia”.   

Como  otra  posibilidad  dice  que  se puede  dictar  fallo  de  condena  por el delito de cohecho impropio o estafa, teniendo  como  norte  el  derecho  de  defensa,  el  de  contradicción y el principio de  congruencia.   

Y, por último, señala que lo más viable es  decretar  la  nulidad  por  error  en  la  calificación  jurídica. Como normas  vulneradas  cita los artículos 29 de la Constitución Política y  9°, 10  y 404 del Código Penal.     

Luego  de  insistir  en  lo  anteriormente  expuesto,   depreca  a  la  Corte  casar  parcialmente  la  sentencia  impugnada  absolviendo  a su ofendido del delito de concusión y/o decretando la nulidad de  todo  lo  actuado  por atipicidad relativa de la conducta imputada en el escrito  de acusación.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  En el sistema procesal reglado en la  Ley   906   de   2004,  la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional  y  legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda  instancia  en  los  procesos  adelantados  por delitos cuando afectan derechos o  garantías procesales.   

De  tal  manera   que  este  recurso,  concebido  como  un  control  constitucional,  es  consecuencia  natural  de  la  función  que  ejerce  la  Corte  Suprema de Justicia como Tribunal de Casación  según  así  lo  prevé  el artículo 235 de la Carta y, por ende, guardiana de  los  fines  primordiales  contemplados  en  el  artículo  180  de la Ley 906 de  2004.   

De   acuerdo   con   lo   que   estatuye   la  citada  Ley  906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,  acredite la afectación de derechos o garantías fundamentales,   para    lo    cual    también    deberá   formular  y  desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación  según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de  la Sala, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

De    manera    que    “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que por  razón  de  ésto  no  puede  llegar  a  entenderse  que  el  recurso  haya sido  morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las  partes  sin  referencia  a  ningún  parámetro legal, y que se convierta en una  fórmula  abierta para controvertir sin más las decisiones judiciales según el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

El   recurso   extraordinario   no  es  un  instrumento  que  permita continuar con el debate fáctico y jurídico llevado a  cabo  en  el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda clase de  cuestionamientos  a manera de instancia adicional a las ordinarias del trámite,  sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico, coherente y sistemático en el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley, se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o de procedimiento en que haya podido  incurrir   el   sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia, para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la existencia del vicio y, menos, los conectó con los  fines  que  informan la casación de acuerdo con el sistema consagrado en la Ley  906 de 2004.   

Resulta  oportuno recordar que el recurso de  casación  fue  estatuido  para  denunciar  vicios  de  derecho  o  de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que al demandante le compete que postule el yerro a través de  las  causales  contempladas  para  el  efecto,  demostrando cómo el mismo logra  resquebrajar  el  fallo  al punto que se impone su quebrantamiento con el objeto  de  cumplir  con  los  fines  estatuidos  en  el  artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

Así  las  cosas,  vale  recalcar  que  la  casación   no   es  el  escenario  natural   para  increpar  el  grado  de  estimación  probatoria  sino para denunciar los anteriores vicios, en la medida  en  que  se trata de una impugnación de carácter rogada, correspondiéndole al  libelista  la  postulación  del vicio y la demostración del mismo frente a las  plurales conclusiones adoptadas en el fallo.   

En  lo relativo a los yerros en la actividad  probatoria,  anótese  que  éstos pueden tener como génesis errores de hecho o  de  derecho. Los primeros, relacionados con la contemplación o apreciación del  medio  de  prueba,  en  tanto  que  se  excluye un medio de convicción allegado  válidamente  al juicio oral o, se supone otro que no desfiló en el debate, que  se  tergiversa  su  contenido  material  haciéndose  derivar  una verdad que no  emerge  del  mismo  o,  cuando se aprecia en abierta contrariedad con las reglas  que rigen a la sana crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce  el rito establecido en la ley que condiciona su validez y  cuando  el  juzgador  al  valorar  la probanza se aparta de la tarifa legal o se  inventa una que no regula la ley.   

En el punto de la postulación de la censura  el  actor  debe  enseñar  a la Corte la clase de error y el falso juicio que lo  determinó.  De  igual  manera,  respecto  a  la  trascendencia  del vicio, debe  evidenciar  cómo  los  medios  de prueba de haber sido incorporados y valorados  correctamente,  necesariamente  el  fallo habría sido favorable a los intereses  que representa.   

Y,  por último, también debe indicar a la  Corte  cómo  el  mentado vicio incidió en la aplicación del derecho, esto es,  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto   o,  que  se  excluyó  otra que sí resolvía todos los extremos de la relación  jurídico procesal.   

Ahora  bien,  cuando la censura se presenta  bajo  la  nomenclatura  del error de hecho por falso raciocinio, al libelista le  compete,  además  de indicar el medio de convicción mal apreciado, que señale  cuál  fue  la regla de la lógica, el principio de la ciencia y/o la máxima de  la  experiencia  vulnerada,  de  qué manera lo fue y su incidencia con la parte  dispositiva de la sentencia.   

Aclarado   lo   anterior  y  respecto  al  único  cargo que presenta el  casacionista  contra la sentencia de segunda instancia, advierte la Corte que si  bien  señala  que  el vicio en la apreciación probatoria deriva de un error de  hecho  por falso raciocinio, de todas formas no demuestra cuál fue la ley de la  lógica,    principio   de   la  ciencia  y/o  la  máxima  de  experiencia  quebrantada,  de  qué manera lo fue y su incidencia con la parte dispositiva de  la sentencia.   

La labor argumentativa el censor la basó en  cuestionar  las conclusiones probatorias que dedujo el juzgador para concluir en  la   existencia   del  delito  de  concusión   y  la  responsabilidad  del  acusado.   

Del  mismo modo, indica que los testimonios  de  las víctimas fueron mal apreciados, pero en manera alguna señala cuál fue  el  postulado  que  informa la sana crítica trasgredido y cómo el mismo se vio  reflejado en la aplicación del derecho.   

En consecuencia, según los cuestionamientos  presentados  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia la Sala no infiere el  mentado  error  en la apreciación probatorio y, menos, la infracción indirecta  de  la  ley  sustancial,  habida  cuenta  que el discurso se queda en una simple  disparidad  de  criterios  que  no  constituye  yerro para ser postulado en sede  casacional.   

De  otro  lado,  el  punto  que inquieta al  libelista  fue  objeto  de  estudio por el Tribunal, concluyendo la Corporación  que   la  inducción  que  el  acusado  sometió  a  las  victimas  “si  bien  no comportó un acto de constreñimiento, sí orientó  o  determinó  sus  voluntades  a procurar eludir el ejercicio del poder estatal  sobre  sus  patrimonios  como  consecuencia  del cobro coactivo a que se venían  avocados  o  al  pago  de sumas muy superiores a las requeridas por el agente en  caso  de  acceder a lo sugerido. Cree la Sala que de esa manera se estructura el  metus  que  la  jurisprudencia ha exigido como elemento del tipo sub examine. En  efecto,  no  puede  limitarse  la  intelección del contenido del metus publicae  potestatis  al temor por la represalia del activo de la delincuencia, pues ésto  implicaría  desconocer  que  la  conducta  puede ejecutarse por quien abusa del  cargo  sin  detentar  la competencia funcional para definir de fondo el problema  de  que se trate, condición que le impide concretar esa intimidación. El temor  está  reflejado  en  el  sometimiento  al  poder  estatal, ejercido o no por el  agente,   en   caso   de   no   acceder   a   la  sugerencia  o  persuasión  de  este”.   

Así,  se  consideró que la manera como el  acusado  iba  a  intervenir  dentro  de la administración a fin de evitar a las  víctimas  cancelar lo que por ley les sería exigido por concepto de las deudas  que  tenían  con  el  fisco  municipal   y  en  su  condición de servidor  público,   “la  situación  quedó  planteada  en  términos  de  que  cancelaran  ese  valor  o  deben pagar sumas mayores, lo que  comporta  sin  duda  alguna, el elemento subjetivo a que se ha venido refiriendo  el Tribunal”.   

Argumento     que     “si  bien fácticamente se evidencia una estructura similar a la del  delito  de  estafa,  toda  vez  que  mediante  el empleo de artificios el agente  mostró  una  realidad ficticia con la cual le generó una situación de error a  los  denunciantes  y  con  base  en  ese  contexto ellos tomaron la decisión de  entregarle  los dineros solicitados, resultando así un perjuicio patrimonial en  lo  que  respecta  a  sus  intereses  individuales,  no  hay  que olvidar que la  actuación  del  procesado  no  se  enmarcó  como  la  de  particular, sino que  aprovechó  su  condición  de  servidor público que si bien contaba su órbita  funcional  lo  relacionado  con  la  información  tributaria y de tránsito, lo  cierto  es  que  abusó  de su cargo, del cual se derivaba una cercanía con los  directamente  encargados  de  la  función  para  crear  la  realidad ficticia o  engaño  que  se  admite en el verbo rector inducir y que motivó o determinó a  Betancur  Jiménez  y  a  Gallego Toro a acceder a lo solicitado ante el natural  perjuicio  que sea asoma cuando se adeudan tributos de esta naturaleza dadas las  consecuencias coactivas que ello acarrea”.   

De  ahi  que  hubiese  concluido, de manera  acertada,  que  la  conducta  atribuida  al  acusado  se adecua al tipo penal de  concusión.             

Ante  esa falta de claridad y precisión en  la   formulación   del   único   cargo,   se   impone  la  inadmisión  de  la  demanda.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la medida en que contra la decisión de  inadmitir  la  demanda  de casación  presentada  procede el mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 186 de la Ley  906  de  2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el trámite  a  seguir  para  que  se  aplique  el  referido  instituto  procesal, la Sala ha  definido  las  reglas  que  habrán de seguirse para su aplicación,2    como  sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)    Es    potestativo   del    Magistrado    disidente,    del   que   no   intervino   en  los   debates   o   del  Delegado   del     Ministerio     Público     ante    quien    se  formula   la   insistencia,   optar  por  someter   el   asunto   a  consideración  de la Sala o no presentarlo  para  su  revisión,  evento último en que informará  de  ello   al   peticionario  en  un  plazo  de  quince   (15)  días.   

d)   El  auto a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada   por   el   apoderado   de   Fabio  Alonso  Villa Paja, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

De            conformidad    con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley   906   de   2004,   es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de insistencia en los términos precisados   atrás por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                          SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

                                                                                                                                   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                        AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                         

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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