34071(26-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 34071  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 168.  

         

          Bogotá  D.C.,  mayo  veintiséis  (26)  de  dos  mil  diez  (2010).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  presentada  por  el  defensor  de LUIS FELIPE  ZIPA  PRIETO  con el objeto de sustentar el recurso de  casación  interpuesto  contra  la sentencia proferida el 5 de noviembre de 2009  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá, mediante la cual confirmó la dictada el  18  de  agosto anterior por el Juzgado 50 Penal del Circuito Adjunto de la misma  ciudad  que  condenó  al  mencionado  por  el delito de homicidio culposo en la  persona  de  Jhon Alexander Malaver Castro.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El supuesto fáctico que originó la presente  actuación      procesal      fue      declarado     por     el     ad-quem,     en     los     siguientes  términos:   

“El  11  de  septiembre  de  2003,  en  horas  de  la tarde, el señor Jhon Alexander Malaver  Castro  fue  arrollado  por  la  rueda  trasera derecha de la volqueta de placas  SBH-386,  marca  Ford,  modelo 1955, que era conducido por el señor LUIS FELIPE  ZIPA  PRIETO.  Esto ocurrió sobre la Avenida Ciudad de Cali a la altura de  la  calle  40  B  sur,  sitio  en  el  que se adelantaban obras sobre la calzada  oriental  del  sentido  sur-norte,  y  en  las  cuales  el señor Malaver Castro  intervenía  como obrero. El lesionado falleció tres días después, a pesar de  la   asistencia   médica,   a   causa   de   las   heridas   sufridas   en   el  incidente”.   

          Con  ocasión  del  suceso narrado, se dispuso la apertura formal de  instrucción,  en  cuyo  marco  se vinculó, mediante diligencia de indagatoria,  a     LUIS    FELIPE    ZIPA    PRIETO.   

     

Clausurado el ciclo instructivo, se calificó  su  mérito  el  10 de diciembre de 2004 con resolución de acusación en contra  de  ZIPA PRIETO como presunto  autor     del     delito     de     “homicidio   culposo   descrito  en  el  Título  I,  Capítulo  II,  artículo  109  de  la  Ley 599 de 2000”.   

Contra  el  anterior  proveído,  la defensa  interpuso  recurso  de  reposición  y,  en subsidio, apelación. El primero fue  resuelto  el  11 de febrero de 2005, no reponiendo la decisión y concediendo la  impugnación  propuesta  subsidiariamente;   esta  última,  a  su  vez fue  resuelta  el  19  de  julio  de 2005 por la Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal Superior de Bogotá, confirmándola.     

El juzgamiento le correspondió al Juzgado 50  Penal     del Circuito de la misma ciudad, donde, una vez surtido  el  trámite  legal correspondiente, se dictó sentencia el 18 de agosto de 2009  por  cuyo  medio  se  condenó  al  acusado a las penas principales de treinta y  cuatro  (34)  meses  de  prisión,  multa  por  valor  de  treinta (30) salarios  mínimos  legales  mensuales  y  privación  del  derecho  a conducir vehículos  automotores  y  motocicletas  por  un  lapso de treinta y seis     (36)  meses,  así  como  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la privativa de la  libertad,  tras encontrarlo autor penalmente responsable del de delito homicidio  culposo  en  la  persona  de  Jhon  Alexander Malaver  Castro.   

En  la misma decisión, además, lo condenó  al  pago de perjuicios materiales por la suma de $ 207.207.840 y le concedió el  subrogado penal de la condena de ejecución condicional.   

En desacuerdo con la anterior determinación,  la  impugnó  la  defensa del procesado, conociendo de ella el Tribunal Superior  de  Bogotá,  el  cual,  mediante fallo del 5 de noviembre de 2009, la confirmó  sin modificaciones.      

La anterior decisión originó nuevamente la  inconformidad  del  defensor,  quien  la recurrió extraordinariamente, mediante  demanda sobre cuya admisibilidad se pronuncia ahora la Sala.   

LA DEMANDA  

          Plantea  un  único  cargo  sustentado  en  la  causal  primera  del  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  por  violación indirecta de la ley  sustancial  que condujo a la aplicación indebida de los artículos 29 y 109 del  Código    Penal    y    232   del   estatuto   procesal   penal,   “proveniente  de  error de hecho en la  apreciación    de    las    pruebas”.   

          Para  demostrar  su  pretensión,  el  censor  aduce que el yerro de  apreciación  probatoria  recae  sobre  pruebas  testimoniales  existentes en el  proceso,  “equivocándose  en  su  apreciación  al  distorsionar  su  contenido,  produciendo  efectos que  objetivamente   no   se   establecen   o   se   deducen   de   ellas”.   

          Refiere,   específicamente,   a  lo  afirmado  por  los  deponentes  William  Roncancio  Coca  y  Juan   de   Jesús   Castañeda   Rojas,      de      cuyo      dicho      se     advierte     “la  duda  que  se  crea  sin  que  se  desarrolle  una  clara convicción sobre el resultado, lo que debió conllevar a  que  se hubiere considerado y aplicado el principio de favorabilidad al acusado,  aspecto    que    tampoco    ocurrió”.   

          Lo  anterior,  expone,  por  estar  demostrado,  a  través de estas  probanzas,  que  la  conducta  se  realizó  por la actitud de la víctima y sus  acompañantes  al  momento  de los acontecimientos y no por el comportamiento de  su  prohijado,  quien  al  reiniciar la marcha del automotor no pudo desarrollar  una  velocidad  superior  a  los  10  kilómetros  por hora, por lo cual resulta  incorrecto  deducir  un incumplimiento al deber objetivo de cuidado.   

         De  esa  manera,  estima,  es inviable endilgarle responsabilidad al  procesado  por  omisión  voluntaria  “como  diligencia que le es atribuible de calcular las consecuencias  posibles   o   previsibles  del  hecho”,  pues  no  tuvo  la  oportunidad  de  percatarse del suceso.   Además,  no  es cierto que el vehículo hubiera atropellado a la víctima, sino  que,  propio  de  la  actividad  de juego desarrollada por ésta en ese momento,  “bien pudo suceder que se  enredo  (sic), diera contra  la     malla    o    cintas    protectoras    y    la    llamada    ‘colombina’   que   soportaba   la   malla   o  cintas”.   

          Por  lo  tanto,  colige,  los juzgadores se equivocan cuando así lo  afirman,  pues no existió vicio o defecto en la voluntad de su protegido, quien  simplemente   no  advirtió  peligro  o  riesgo  frente  a  los  transeúntes  o  trabajadores, siéndole, por tanto, imprevisible el hecho.   

          Como,    entonces,   no   existió   relación   causal   entre   el  comportamiento     de    ZIPA    PRIETO   y   el  resultado,  porque  en  ningún  momento  se  representó  mentalmente  la  posibilidad  de  ocasionar  daño, el juicio de responsabilidad  atribuido  por los juzgadores es equivocado, por desconocer que se está ante un  caso  fortuito, según se infiere del contenido de las pruebas mencionadas, cuya  valoración fue errónea.   

          Y  dado  que  ante  ese supuesto se excluye la antijuridicidad de la  conducta,     solicita     casar     el     fallo     impugnado     “y   en  consecuencia  se  revoque  y  declare  lo  que en derecho corresponde”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          El  asunto que ocupa la atención de la Sala no permite el acceso al  medio  extraordinario  de casación por la vía normal, contemplada en el inciso  1º  del  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000,  viable  contra sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores de Distrito  Judicial  y  por  el  Tribunal Penal Militar, cuando se proceda por “delitos  que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la libertad cuyo máximo exceda de ocho  años”  (subraya fuera de  texto).   

          Ello,  porque  si  bien  el  fallo  impugnado  fue  proferido por el  Tribunal  Superior  de  Bogotá,  una de las autoridades judiciales expresamente  mencionadas  en  la  preceptiva  legal  aludida, no cumple con el presupuesto de  procedibilidad   referido   a   la  pena  máxima  establecida  para  el  delito  atribuido.   

En  efecto,  al  sindicado  se  le imputa la  conducta  delictiva  de  homicidio culposo ocurrida el 11 de septiembre de 2003,  sancionada  en  el  artículo 108 de la Ley 599 de 2000, con una pena máxima de  seis  (6)  años  de  prisión,  la  cual,  indiscutiblemente,  es inferior a la  exigida   legalmente   para  acceder  al  recurso  extraordinario  por  la  vía  normal.   

Así  las  cosas,  el casacionista ha debido  optar  por la modalidad de casación establecida en el inciso 3º del mencionado  artículo  205  de  la  Ley  600  de  2000, que faculta a esta Sala para admitir  discrecionalmente,   y   de   manera  excepcional,  las  demandas  de  casación  presentadas  “cuando  lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los  derechos  fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos  por la ley”.   

Cabe  precisar  que  estas  dos  especies de  casación  (ordinaria  y  discrecional)  no  pueden reclamarse simultáneamente,  pues  son  excluyentes,  en  cuanto  la segunda es subsidiaria de la primera, es  decir,  sólo  procede  en  la  medida  en  que  no  resulte viable la casación  ordinaria en el caso concreto.   

Pues  bien,  acorde  con  los  presupuestos  legales  referidos,  ha  dicho reiteradamente la Corte, que en caso de instaurar  la  casación  por  la  senda  excepcional,  compete  al demandante expresar con  claridad  y  precisión  los  motivos por los cuales debe intervenir, ya sea (i)  para  dictar  un  pronunciamiento  con criterio de autoridad respecto de un tema  jurídico  especial  o  para  unificar  posturas  conceptuales, en tanto resulta  necesario  abordar  un  tópico aún no desarrollado o respecto del cual existen  posturas  antagónicas  o,  (ii) con el fin de asegurar la garantía de derechos  fundamentales,  en  cuyo  caso  el  censor  tiene la obligación de demostrar la  violación  e  indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el derecho  invocado,   así   como   su   desconocimiento   en  el  fallo  recurrido.    

También  ha  señalado  la Sala que, en ese  objetivo,  no  se  precisan  formulas  especiales  o  sacramentales ni acápites  particulares   o  independientes  en  el  libelo,  bastando  con  su  referencia  descriptiva.    

          Sin   embargo,   ocurre   aquí   que   el  demandante  se  sustrajo  absolutamente  a  tales  exigencias  no  sólo  al optar por la vía común para  demandar  en  casación, sin hacer mención alguna a los motivos que permiten el  acceso  a  esta  modalidad  de  casación,  sino porque tampoco se deducen de la  sustentación del único reproche propuesto.     

En efecto, el único cargo instaurado por el  actor  tiene  sustento  en  la causal primera prevista en el artículo 207 de la  Ley  600  de  2000,  pues  considera  que  la  sentencia  impugnada  incurre  en  violación   indirecta   de  la  ley  sustancial  debido  a  desaciertos  en  la  valoración  probatoria  a  consecuencia de un error de hecho que no vincula, ni  tampoco  se  encuentra  su  relación,  a la eventual vulneración de garantías  fundamentales  o  a  la  necesidad  de  abordar  la temática para el desarrollo  jurisprudencial, según los parámetros vistos.   

Por consiguiente, surge incontrastable que la  demanda  presentada  por  el  impugnante  se  ofrece  inepta  y hace inviable el  recurso  extraordinario;  lo  cual impide a la Sala entrar a revisar si el cargo  formulado  contra  el  fallo de segundo grado atacado reúne los presupuestos de  lógica  y  de  adecuada argumentación exigidos para su admisión en esta sede.   

          Lo  señalado  constituye  razón suficiente, según lo ha precisado  la  Corte,  para  inadmitir  el  libelo  de  casación  allegado por el defensor  de  LUIS FELIPE ZIPA PRIETO,  de  conformidad  con  la consecuencia procesal estipulada en el artículo 213 de  la  Ley  600 de 2000. Además, por no advertir dentro del presente trámite o en  la  sentencia vulneración de garantías fundamentales remediables a través del  instituto de la casación oficiosa.   

                     

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor de LUIS FELIPE ZIPA  PRIETO,  por  las  razones  expuestas  en  la anterior  motivación.   

          Contra este proveído no procede recurso alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

         JOSÉ                               LEONIDAS                              BUSTOS  MARTÍNEZ                     SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                         AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                                   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                          YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                

JULIO         E.        SOCHA  SALAMANCA                   JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *