33971(14-07-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso n.º 33971  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº 224  

Bogotá  D. C., catorce (14) de julio de dos  mil diez (2010)   

VISTOS  

La  Corte  resuelve  la  admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  JOSÉ  HUMBERTO  CÁRDENAS  MENESES contra la sentencia  dictada  por  el  Tribunal  Superior  de  Ibagué,  el  9  de diciembre de 2009,  mediante  la cual revocó la proferida por el Juzgado Primero Penal del Circuito  de  El  Espinal, el 4 de junio del mismo año, y lo condenó a la pena principal  de  110  meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la privativa de la  libertad, como autor del delito de homicidio en grado de tentativa.   

HECHOS  

Fueron  sintetizados  por  el Tribunal de la  siguiente manera:   

          “….ocurrieron el veintisiete (27) de  septiembre   de   dos  mil  ocho  (2008),  a  eso  de  las  10:00  p.m.,  en  el  establecimiento  abierto al público de razón social San Antonio, ubicado en la  vereda  Dosquebradas  del  municipio  de  Coello,  Tolima, cuando José Humberto  Cárdenas  Meneses, utilizando revolver, le disparó a su cuñado Ernesto Fierro  Lozano,  quien  falleció  allí  mismo  debido a las heridas recibidas, y luego  hizo   lo   propio  con  su  tío  Omar  Cárdenas  Aguilar,  quien  se  acercó  rápidamente  al lugar donde estaba desarrollando el cruento episodio y también  fue  lesionado  a  la  altura  del cuello con un impacto de bala, después de lo  cual  el  primero  huyó  a pie, mientras que el último, por razón de la grave  herida  que  presentaba, fue remitido al centro hospitalario donde se le prestó  la    atención    médica   respectiva   que   evitó   su   deceso”.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Respecto  al  hecho  relacionado  con el  homicidio  en  grado  de tentativa, la fiscalía presentó escrito de acusación  en  contra  de  José  Humberto  Cárdenas  Meneses,  según  lo previsto en los  artículos  27 y 103 de la Ley 599 de 2000, modificado por el artículo 14 de la  Ley  890 de 2004, motivo por el cual el Juzgado Primero Penal del Circuito de El  Espinal  con  funciones  de conocimiento, el 3 de diciembre de 2008, realizó la  audiencia de formulación de acusación.   

2. Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral,  el  Juzgado  Primero Penal  del  Circuito  con funciones de conocimiento de El  Espinal, el  4  de  junio  de  2009,  dictó  sentencia de primera  instancia  en  la  que  absolvió  a   Cárdenas  Meneses  de  los  cargos  formulados en el escrito de  acusación.   

3.   Apelado   el   fallo   por  el representante de la víctima, el  Tribunal     Superior     de    Ibagué,  el  9  de  diciembre  de 2009,  al  desatar  el  recurso,   lo  revocó y, en su lugar,  condenó     a     José     Humberto    Cárdenas  Meneses  a la pena principal  de  110  meses de prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la privativa de la  libertad, como autor del delito de homicidio en grado de tentativa.   

Contra la anterior decisión, el defensor de  Cárdenas  Meneses presentó  escrito de demanda.   

El        LIBELO     DE  CASACIÓN   

El  defensor, al amparo de la causal segunda  de casación, presenta un único cargo, así:   

Único cargo  

Acusa  al  Tribunal  de haber desconocido el  debido  proceso  “por  afectación  sustancial de su  estructura  o  de  la garantía debida a cualquiera de las partes”,  puesto  que  al  revocar  el fallo absolutorio dictado en primera  instancia  a  favor  de  su  representado  no  valoró  todas  las probanzas que  desfilaron  en  el  juicio  oral  y  público,  con  claro  desacato  del debido  proceso.   

Después  de  reseñar el trámite judicial,  manifiesta    que   “el    a   quo”  incurrió  en un error de apreciación probatoria, en la medida  en  que  al  estimar  las  versiones  de  Edier  Cárdenas Meneses, Pablo Emilio  Pérez,  Giovanni  Meneses  Abril  e  Iladino  Ramírez, concluyó que merecían  credibilidad,  puesto  que  aseguraron que su defendido fue el que ocasionó las  lesiones a la víctima.   

Destaca   que   no  comparte  la  anterior  inferencia  por  cuanto,  en su criterio, los citados deponentes “son  contradictorios, incoherentes, falsos, amañados…”.   

Asevera  que  la  actitud  que  asumió  la  víctima  al  rendir  testimonio  en  el  juicio oral radicó en su nerviosismo,  “dado  el  escenario  donde se encontraba, lo que no  aconteció  cuando  rindió  la  entrevista  que inicialmente se le recibió por  parte de los investigadores”.   

Anota que está demostrado que Omar Cárdenas  fue  a  ayudar  a  Ernesto  Fierro  Lozano  quien  estaba siendo agredido por el  acusado  y  fue  cuando  éste  también  le  disparó al primero causándole la  muerte.  Agrega  que  si  se  observa  el  testimonio  de Ángel Lubian Ariza se  demuestra  que después del botellazo que recibió y ensangrentado forcejeó con  Ernesto,  “quedó  botado y éste lo ayudó después  de  que pasó la balacera se quedaron sin tiros”. Sin  embargo, advierte que el Tribunal no lo apreció.   

Sostiene que en el desarrollo de los hechos,  contrario  a lo dicho por el Tribunal y de acuerdo con los testimonios de Ángel  Lubián  y Giovanny Meneses Abril, habían más personas armadas que dispararon,  esto   es,   “Eimer   y  Omar,  la  víctima  y  la  Corporación  lo  desestimó”  con el argumentó  que no dijeron quien fue el que disparó en contra de Humberto.   

Asevera que el anterior yerro de apreciación  probatoria  lesionó,  de manera grave, los derechos de su representado, máxime  cuando  no se dieron cuenta que entre el lugar en que sucedieron los hechos y el  centro de salud hay aproximadamente 3 horas.   

Luego de reiterar lo expuesto, insiste en que  el  Tribunal  incurrió  en  los anteriores errores, en la medida en que algunos  testigos  adujeron que hubo  un  forcejeo  entre  Humberto y  el  occiso,  que  éste  sin  mediar  palabra  fue  el  que  primero agredió al  procesado  con  una  botella, “rompiéndole su rostro  dejando  una herida grave y profunda, no fue que mi prohijado le disparó de una  vez como lo aduce aquí la víctima y le creyó el Tribunal”.   

Acota   que   si   se   revisa   el   dictamen   que   rindió   Medicina   Legal    respecto     a     la     trayectoria     del   proyectil,       tampoco       resulta       creíble    el   testimonio    de   la  víctima.   

En  tales  condiciones,  considera que si el  Tribunal  no  valoró  los anteriores elementos de juicio y sólo se tuvieron en  cuenta    las    que   perjudican   a   su   representado,   se   violaron   sus  garantías.   

A   continuación  procede  a  transcribir  fragmentos  de  las versiones de Edier Cárdenas Fierro, Omar Cárdenas Aguilar,  Pablo Emilio Pérez, Ángel Lubián Ariza y Giovanny Meneses Abril.   

Y,  por  último,  asevera  que de la unidad  probatoria  incorporada  en  el  juicio  oral emerge el grado de conocimiento de  duda  y que debe ser resuelta a favor de su representado. Así mismo, indica que  la  presunción  de  inocencia  constituye  un postulado constitucional que debe  aplicarse igualmente a favor del acusado.   

En  consecuencia,  pide  a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  absolver  a  su representado del cargo  formulado en el escrito de acusación.   

    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   En  el  nuevo sistema procesal, la  casación  se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias  dictadas  en segunda instancia en los procesos  adelantados  por  delitos  cuando  afectan  derechos  o  garantías  procesales.   

De  manera  que  se  puede  colegir que este  recurso  fue  concebido como control constitucional, dada la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la  Carta  y,  por ende, guardiana de los fines primordiales  contemplados en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De acuerdo con lo que estatuye la citada Ley  906,  para  que la demanda sea admitida se requiere que el libelista, además de  contar  con  interés,   acredite  la  afectación de derechos o garantías  fundamentales,  para  lo  cual  también  deberá  formular  y  desarrollar  los  correspondientes   cargos   y,   por  supuesto, demostrar la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte  para  lograr  algunos  de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  Sala,  son  los  mismos  del  proceso  penal,  lo que explica que las  causales   de   casación   tengan   un   diseño   dirigido   a   lograr   esos  fines.   

Por    ello,    “el        recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que  por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al  punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta   para  controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según  el  albedrío  del  casacionista,  lo  cual  repugna  a la noción de debido proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la casación”.1   

En consecuencia, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en  el  agotado  proceso,  razón por la cual no es procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las  ordinarias  del trámite, sino que debe ser un escrito claro, lógico, coherente  y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente  señalados   en   la  ley,  se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento  en  que  haya  podido  incurrir  el  sentenciador,  procediendo a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia,  para de esa  manera  concluir  que  la  sentencia no es acorde con el ordenamiento jurídico,  cuya desvirtuación, se reitera, compete al libelista.   

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  que, en primer término, equivocó la vía para atacar los errores de  apreciación  probatoria,  habida  cuenta  que  lo fundó a través de la causal  segunda  de casación, como si el mismo fuera un yerro de actividad. Además, no  demostró  la  existencia  del  vicio  y,  menos, los conectó con los fines que  informan  la  casación de acuerdo con el nuevo sistema consagrado en la Ley 906  de 2004.   

Vale recordar que este recurso fue estatuido  para  denunciar  vicios  de derecho o de actividad cometidos en la construcción  de  la  sentencia  o  en  el  trámite  judicial, según el caso. De ahí que le  compete  al  casacionista  que  postule  el  vicio  a través de las causales de  casación  contempladas  para  el  efecto,  demostrando  cómo  el  mismo  logra  resquebrajar  el fallo, al punto que se impone su quebrantamiento, con el objeto  de  cumplir  con  los  fines  estatuidos  en  el  artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

De manera que la casación no es el escenario  natural  para  increpar  el  grado de estimación probatoria sino para denunciar  los  anteriores  errores,  en  la  medida en que se trata de una impugnación de  carácter   rogada,   correspondiéndole   al   libelista   su   postulación  y  demostración   frente   a   las   plurales   conclusiones   adoptadas   en   el  fallo.   

En  lo relativo a los yerros en la actividad  probatoria,  anótese  que  éstos pueden tener como génesis errores de hecho o  de  derecho. Los primeros, relacionados con la contemplación o apreciación del  medio  de  prueba,  en  tanto  que  se  excluye un medio de convicción allegado  validamente  al  juicio oral o, se supone otro que no desfiló en el debate, que  se  tergiversa  su  contenido  material  haciéndose  derivar  una verdad que no  emerge  del  mismo  o,  cuando se aprecia en abierta contrariedad con las reglas  que rigen a la sana crítica.   

En  cambio, el error de derecho se configura  en  dos momentos, a saber: cuando en el proceso de producción y aducción de la  prueba  se  desconoce  el rito establecido en la ley que condiciona su validez y  cuando  el  juzgador  al  valorar  la probanza se aparta de la tarifa legal o se  inventa una que no regula la ley.   

En el punto de la postulación de la censura  el  actor  debe  enseñar  a la Corte la clase de error y el falso juicio que lo  determinó.  De  igual  manera,  respecto  a  la  trascendencia  del vicio, debe  evidenciar  cómo  los  medios  de prueba de haber sido incorporados y valorados  correctamente,  necesariamente  el  fallo habría sido favorable a los intereses  que representa.   

Y,  por  último, también debe indicar a la  Corte  cómo  el  mentado vicio incidió en la aplicación del derecho, esto es,  que  se  seleccionó  una norma que no era la llamada a gobernar el asunto   o,  que  se  excluyó  otra que sí resolvía todos los extremos de la relación  jurídico-procesal.   

En   lo   que   atañe   al   único  cargo,   como se anunció, el  actor  equivocó  la  vía  para  postularlo,  habida cuenta que el mismo debía  fundarse  bajo  los parámetros de la casual tercera de casación, pues se trata  de   un   error   in   iudicando   cometido   en   el   acto   de   apreciación  probatoria.   

Ahora  bien,  el  casacionista  en  vez  de  demostrar  que  efectivamente  los  testimonios que señala no fueron apreciados  por  el  Tribunal   al conocer del recurso de apelación interpuesto contra  la  sentencia  de  primera  instancia,  la  argumentación de la censura la hace  consistir  en  criticar  el  grado de credibilidad que la citada Corporación le  dio  a  la  unidad  probatoria  y  de  la  cual  dedujo  la  responsabilidad del  acusado.   

No se puede llegar a otra conclusión cuando  el  discurso  argumentativo   se funda bajo el contexto que los testimonios  de  Edier  Cárdenas  Meneses,  Paulo  Emilio  Pérez,  Giovanny Meneses Abril e  Iladino  Ramírez  no  merecían credibilidad en torno a que su representado fue  él  que ocasionó las lesiones a la víctima. Todo lo contrario presentando una  personal  opinión frente al mérito dado a las pruebas pretende plantear que en  la  citada riña habían varias personas que se encontraban armadas y que alguna  de  ellas,  no  necesariamente  su  procurado,  pudo  causar  las heridas a Omar  Cárdenas.   

Es decir, su discurso central se sustenta en  la  hipótesis  que  el  señalamiento  que  hizo  la víctima de su agresor, no  merece  la  credibilidad  que dedujo el Tribunal, puesto que en el juicio oral y  público  desfilaron  varios  testimonios  que  indicaban  que  en  esa  reyerta  familiar había personajes armados.   

Así,  como  está  planteada  la  censura,  resulta  oportuno  insistir  en  que  la  simple  discrepancia  de  criterios no  constituye  argumento  suficiente  para  acudir  a esta sede, habida cuenta que,  como  se  sabe, la sentencia arriba a la Corte amparada por la doble presunción  de  acierto y legalidad, presunción de hecho que sólo se derrumba a través de  las  causales  de  casación y demostrando la trascendencia del vicio respecto a  las   plurales   decisiones   adoptadas   en  el  fallo,  evento  que  aquí  no  ocurrió.     

Así  las cosas, se impone la inadmisión de  la  demanda.               

Resta   señalar   que  no   se   observa   que   con   ocasión   del  fallo impugnado o  dentro  de  la  actuación  se  violaron  los  derechos  o las garantías de los  intervinientes,    como   para   que   tal   circunstancia    imponga   superar    los    defectos    del   libelo   para   decidir   de  fondo,   según   lo   dispone   el   inciso   3°   del   artículo   184  de  la   Ley  906 de  2004.   

Acotación final  

Habida  cuenta  que  contra  la decisión de  inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado  José    Humberto    Cárdenas   Meneses    procede el mecanismo de insistencia de conformidad con  lo  establecido  en  el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, impera precisar que  como  dicha  legislación  no regula el trámite a seguir para que se aplique el  referido  instituto  procesal,  la  Sala  ha  definido las reglas que habrán de  seguirse       para       su       aplicación,2 como sigue:   

a)   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Sala  decida  no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  ésta   reconsidere   lo   decidido.   También    podrá    ser   provocado   oficiosamente  dentro  del  mismo  término  por  alguno  de  los  Delegados  del Ministerio Público para la Casación   Penal   –siempre   que   el   recurso  no  hubiera  sido  interpuesto  por          el          Procurador          Judicial–,    el    Magistrado   disidente   o   el   Magistrado  que  no  haya participado en los  debates y suscrito la providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)   Es  potestativo  del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  José    Humberto   Cárdenas   Meneses.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

COMISIÓN DE SERVICIO  

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

                                                                                                                          COMISIÓN DE  SERVCIO   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                        AUGUSTO  J. IBAÑEZ GUZMÁN            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                          YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                         

                                                                                                                                               CITA  MÉDICA   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                              JAVIER     ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *