33719(15-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33719  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

          Magistrado Ponente   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Aprobado Acta No. 79  

Bogotá. D.C., quince (15) de marzo de dos mil  diez (2010)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Se pronuncia la Sala sobre la competencia para  continuar  conociendo de la fase del juicio en el proceso que se adelanta contra  el  señor  ex  Brigadier General de la República RITO  ALEJO  DEL  RIO ROJAS, acusado mediante resolución del  26  de  diciembre  de 2008, confirmada el 24 de febrero de 2009 por la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Bogotá, por el  delito  de  homicidio  agravado,  teniendo en cuenta que el Tribunal de Bogotá,  por  auto  del  pasado  3  de  marzo  de  2010  manifestó su incompetencia para  tramitar  el  juicio  y  remitió  el  antecedente a la Sala, por considerar que  existe  la  prerrogativa de juzgamiento al ex General de la República por parte  de la Corte Suprema de Justicia.   

LOS HECHOS  

El  27  de  febrero  de 1997 en el poblado de  Bijao  (Cacarica  Riosucio  Departamento del Chocó), fue ultimado Marino López  Mena  por  miembros  del grupo de autodefensas que operaban en la región;   la  víctima  fue  degollada,  luego  desmembrado  su  cuerpo  y por último los  autores  materiales  se  dedicaron  a  jugar  balón  pie  con  su cabeza;   además,  los  autores  materiales  anunciaron  a  las personas presentes que el  hecho  debía  ser  entendido  como  una amenaza para quienes colaboraran con la  guerrilla       de       las       “f.a.r.c.”  que  operaban en la región.   

La Fiscalía encontró que los hechos contaron  con  el  amparo  y  respaldo  del  comandante  de  la  Brigada  (resolución  de  acusación de segunda instancia, página 48 – 52).   

ANTECEDENTES  

El 26 de diciembre de 2008, la Fiscalía 14 de  la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos y Derecho Internacional Humanitario,  acusó  al  señor  General de la República RITO ALEJO  DEL  RIO  como  autor  mediato del delito de homicidio  agravado  previsto en los artículos 103 y 104 num. 2 y 8  (cfr. folios 141  – 189 / 5)   

A  instancias  de  la  defensa técnica y del  representante    del    Ministerio    Público    (folios    209    – 251 / 5), la acusación fue ratificada  por  la  resolución  del 24 de febrero de 2009 de la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal   Superior   del   Distrito  Judicial  de  Bogotá,  que  confirmó  el  llamamiento  a juicio como autor mediato de homicidio en persona protegida, pero  bajo  la  calificación  jurídica  prevista  en  los  artículos  323 y 324 del  Decreto  100  de  1980  que  era el código penal vigente para el momento en que  ocurrió   la   conducta   (folios  3  – 55 / segunda instancia de la fiscalía).   

Por  decisión  del  24  de  marzo  de  2009  (corregida  el  23  de  junio siguiente –  rad.  núm.  31463),  la Sala Penal de la Corte Suprema ordenó el  cambio  de  radicación del proceso y lo asignó a un Juzgado Penal del Circuito  Especializado de la ciudad de Bogotá (cfr. folios 308 y 309 / 7).   

La  fase del juicio correspondió por reparto  del  26  de  junio de 2009 al Juzgado Octavo Penal del Circuito Especializado de  Bogotá;   la audiencia preparatoria se celebró en sesiones del 14 y 21 de  agosto  de 2009 (folios 66 –  75  / 7 cuaderno del juicio), en tal diligencia se resolvieron propuestas de las  partes  (nulidades  y solicitudes probatorias);  algunas de esas decisiones  tomadas  en  la audiencia fueron objeto del recurso de reposición y apelación,  tanto     por     el     abogado     defensor     (folios    135    –  142  /  9)  como  por el delegado del  Ministerio   Público   (folios   143  –  153 / 9) y por el representante de la parte civil reconocida en el  proceso  (cfr.  auto  del  3  de  marzo de 2010, Tribunal de Bogotá, página 4,  párrafo final).   

Con  auto  del  3 de marzo de 2010 la Sala de  decisión  del  Tribunal de Bogotá  se abstuvo de resolver los recursos de  apelación  propuestos  y  remitió por competencia el asunto a la Sala Penal de  la    Corte,    en    razón    del   “fuero  constitucional  que  cubre la actuación delictiva por la que  se  procesa  al  Ex Brigadier General…”.   

IDENTIDAD DEL PROCESADO  

RITO   ALEJO   DEL   RIO  ROJAS,  nacido  en  Moniquirá (Boyacá) el 5 de abril de 1944, de estado  civil  viudo,  hijo  de  Rito  Alejo  Del  Río  Zúñiga  y Rosa Betulia Rojas,  identificado  con  la  cédula  de  ciudadanía  número  17 098 829 expedida en  Bogotá,  desempeñó  el  cargo  de  Brigadier  General  del  Ejército  de  la  República,  con  jurisdicción  en  la  Brigada XVII del Ejército Nacional con  sede  en  el  municipio  de  Carepa  (Antioquia),  y  en  la  región del Urabá  (Departamentos de Antioquia y Chocó) donde ocurrieron los hechos.   

CONSIDERACIONES  

La  competencia  para  el  juzgamiento por el  cargo  que  se  formula al Brigadier General RITO ALEJO  DEL  RIO ROJAS es de los jueces individuales en primera  instancia por las siguientes razones:   

1.  A partir del  numeral   4°  del  artículo  235  de  la  Constitución  Política,  es  dable  distinguir     que     allí     se     hace    referencia    al    “fuero    de   juzgamiento”  en  virtud del cual, la Corte Suprema  conoce  de las causas (juzga) que se siguen contra determinadas personas, por la  condición especial que ostentan.  Repárese bien:   

“ARTICULO  235. Son atribuciones  de la Corte Suprema de Justicia:…   

4.           Juzgar,  previa  acusación  del  Fiscal  General  de  la Nación, a los Ministros del Despacho, al Procurador General, al  Defensor  del  Pueblo, a los Agentes del Ministerio Público ante la Corte, ante  el   Consejo  de  Estado  y  ante  los  Tribunales;  a  los  Directores  de  los  Departamentos  Administrativos,  al  Contralor  General  de la República, a los  Embajadores  y  jefes  de misión diplomática o consular, a los Gobernadores, a  los  Magistrados  de  Tribunales  y  a los Generales y  Almirantes   de  la  Fuerza  Pública,  por  los  hechos  punibles  que  se  les  imputen…   (Léase: fuero de juzgamiento)   

Parágrafo.   Cuando  los  funcionarios  antes  enumerados  hubieren  cesado  en  el  ejercicio  de  su  cargo,  el fuero  sólo  se  mantendrá para las conductas punibles que  tengan     relación     con     las     funciones     desempeñadas”.   

De  conformidad con el parágrafo de la norma  fundamental,  cuando  el  funcionario  deja el cargo, el fuero constitucional de  juzgamiento     se     mantiene     –sí    y   sólo   si-   las   conductas   ejecutadas   tienen   relación   con   las  funciones  públicas                desempeñadas1.   

2.  El juez que  viene  asumiendo  el  trámite  de la causa explicó de manera precisa la razón  por  la  cual  es la justicia ordinaria y no la justicia especial (por razón de  fuero alguno) la que debe tramitar el juzgamiento:   

“…conforme a lo  expuesto  por  la  Fiscalía en la resolución de acusación, independientemente  de  que  haya  o  no  responsabilidad  por  el  homicidio  cometido, no se puede  predicar  que  tenga  relación  con  el ejercicio de funciones del acusado como  General  de  la República, por cuanto no se puede afirmar que darle muerte a un  ciudadano  a  quien  se  le  cercenó  su  cuerpo decapitándosele, sea un hecho  ejecutado  en  el  ejercicio de su cargo”.  (ver auto del 3 de marzo de 2010  del Tribunal de Bogotá, página 2).   

3.    El  paramilitarismo  en Colombia se desarrolló siguiendo unos derroteros expansivos  más  o menos lineales, pero en diferentes frentes operativos, y en esa avanzada  nacional  propuesta  por  los  líderes  del  grupo  ilegal se involucran lo que  podría  denominarse  i) el  ala  política  del paramilitarismo, entendida como el  ayuntamiento  ilegal  con los congresistas, gobernadores, alcaldes, funcionarios  públicos2  ii)  el  ala  financiera  del  paramilitarismo,  valorada como el la  connivencia   vituperable   con  quienes  por  una  u  otra  razón  subsidiaron  económicamente   al   grupo   ilegal  (empresarios,  narcotraficantes,  grandes  hacendados,  directores  de gremios y organizaciones, entre otros), iii)    el   ala   militar  entendida  como  la  avanzada  ofensiva contra la población civil  ejercida  por tropas ilegales  al   margen  de  la  ley  que  ejecutaron  acciones  indiscriminadas  contra  la  población  civil,  crímenes  perpetrados  por cada frente, entre los que caben  los  “asesinatos”  (léase  homicidio  agravado  contra  personas  protegidas) desplazamientos forzados, secuestros, actos de terrorismo,  etc.   

4.  El caso que  ahora  se estudia es competencia del Tribunal Superior en segunda instancia pues  mal   puede   aducirse  que  exista  fuero  constitucional  de  juzgamiento  (en  pretensión  de  que sea la Corte quien juzgue en única instancia el hecho) por  cuanto  allí  –en relación  con  los  mencionados jueces- existen totales garantías para adelantar procesos  como    el    que   involucran   la   “conducta       privada”  de  un  oficial (con grado de ex general de la República) acusado  de  determinar  el  homicidio de un ciudadano (a eso se contrae el cargo formal)  que  al  parecer  se  alió  con  grupos paramilitares para perpetrar el crimen,  siendo  evidente que un comportamiento de esa natura atribuido al ex funcionario  no  tiene  –no puede tener-  relación   alguna   con   las   funciones   públicas   de   un   oficial   del  Ejército.   

5.     El  juzgamiento  aquí  se  contrae  a  la  eventual  participación en un homicidio  agravado,  y  aunque  se  afirma  una  posible actividad concertada para cometer  delitos  indiscriminados,  entre  ellos el concierto para delinquir agravado con  fines  de  organizar, armar, financiar o promover grupos al margen de la ley, la  verdad  es  que  esa  conducta  no  es  el  núcleo  de  la  acusación  en este  proceso.   

Sin  embargo, cabe precisar aquí y ahora, en  relación  con ese tipo penal, que ha habido interpretaciones erráticas, según  las  cuales  el  fuero se mantiene cuando la imputación se haya edificado en el  concierto para delinquir:   

i)  Una cosa es  que   un   funcionario   público  concerte  con  el  grupo  armado  ilegal  que  comprometerá  las  funciones  del cargo para PROMOVER los intereses político –  ideológicos  de la organización ilegal, y otra que el mismo funcionario actúe  con   el  grupo  armado  ilegal  PARA  la  comisión  de  masacres,  homicidios,  desapariciones, desplazamientos, etc.   

Las  dos  posturas  difieren nada más y nada  menos que por la gravedad de los fines del concierto.   

Lo  que motivó en un momento determinado que  la  Sala de Casación Penal de la Corte cambiara relativamente la jurisprudencia  y  reasumiera  el  juzgamiento  en los procesos contra congresistas acusados por  concierto  para  delinquir  (delito  común),  que  en su actividad política se  confabularon   para   promover   políticamente   la  organización  paramilitar,  y que optaron en el curso  del  proceso  por  renunciar  a  su  curul por las más diversas razones, fue la  relación  innegable  que  existe  entre  las  funciones  del  congresista  y el  objetivo  del  concierto para delinquir, vinculado a la PROMOCIÓN IDEOLÓGICO /  POLÍTICA        del        grupo       ilegal3.   

6.  En éste, si  bien  es  cierto  que  la  acusación  versa  por  un  delito  común (homicidio  agravado),   lo   evidente   es  que  con  total  claridad  se  advierte  en  la  calificación  que  NO  EXISTE relación funcional del acusado (ex general de la  República  –  sujeto activo cualificado) con el delito de naturaleza común por  el que se acusa.   

Reitérese:    La   fiscalía   viene  insistiendo  en  que  nada tiene que ver el homicidio del campesino “con las funciones públicas”  del  oficial de la Fuerza del Estado,  porque  un  asesinato no tiene nexo alguno con la función del servidor oficial,  ni  le  genera  derecho  a  fuero  alguno,  como  sí lo daría eventualmente el  concierto     para    delinquir,    pero,   referido   a   actividades   propias   del   ala  política  del  paramilitarismo,  es decir, de quien dedica su función  a  la  promoción  política  /  ideológica de la organización al margen de la  ley,   mientras  no  se  concierte  para  masacrar  a  nadie.   

No  hay  duda que en ese contexto,     bien  diversa   –de  principio  a  fin- es la situación de quien eventualmente abusa  de  la función pública para dedicarla –por  acción  o  por omisión- a facilitar la comisión de crímenes  de  lesa  humanidad como parte de un ataque sistemático, generalizado contra la  población  civil,  como  si  se  tratara  de  una  política  de  Estado, o una  política   de   las  Fuerzas  Militares,  o  de  una  política  de  la  Fuerza  Pública.   

Tanto  la  ciudadanía  en  general, como por  antonomasia  el  servidor  de  la  Fuerza Pública (los militares y policías de  profesión)  tienen  claro  que  el  derecho a la vida es inviolable, que no hay  pena  de muerte en Colombia (artículo 11 de la C. Pol.) y que atentar contra la  vida  de  alguien  (vg.  ejecuciones  extrajudiciales)  difiere de toda función  pública,  es  refractaria  a  de  los  fines  del  Estado  (artículos  1  y  2  ib.).   

Repárese bien que las funciones primordiales  de  un  oficial  de  Fuerza  aparecen  normativamente  definidos  y orientadas a  “la   defensa   de   la  soberanía,  la independencia, la integridad del territorio nacional y del orden  constitucional”   (artículo 217 de la C. Pol.).   

Desde  luego  entonces, que las conductas que  pueden  dar  origen  a la institución del fuero de juzgamiento no se relacionan  en  modo  alguno  con  la  participación directa o indirecta en la comisión de  homicidios,  razón suficiente para predicar que aquí NO es viable alegar ni el  fuero   constitucional   de  juzgamiento  (al  que  se  viene  haciendo  referencia)  y tampoco –por   lo   insólito  de  la  postura-  pretender    que    sea    aplicable    el    fuero  militar  para  investigar  y juzgar el delito referido  (homicidio  agravado  de  un  civil,  en condición de determinador)4;    el  fuero  militar  está concebido para delitos cometidos por miembros de la Fuerza  Pública   “en  servicio  activo     y     en     relación     con    el    mismo    servicio”   (artículo   221   de  la  C.  Pol.  modificado por el A.L. 02 de 1995).   

Desde  esa  perspectiva,  resulta  claro  que  no  aplica  para  el caso la  variante   jurisprudencial   a   la   que   hizo   referencia   el  Tribunal  de  Bogotá.   

7.   No  es la  Sala  Penal  de  la  Corte  la  llamada  a adelantar el juicio (en condición de  aforado  constitucional)  contra  el ex general DEL RIO  ROJAS,  lisa  y  llanamente  porque  la  acusación se  refiere  a  un  delito  común,  propio de la justicia penal ordinaria, donde el  procesado  –como cualquier  otro  ciudadano- cuenta con totales garantías de una investigación imparcial y  un  juicio  correctos,  consonantes  con  el ordenamiento jurídico patrio y con  estándares internacionales de administración de justicia.   

Ello  es  deducible  de la decisión anterior  (cambio  de  radicación), cuando la Sala remitió el proceso a la jurisdicción  ordinaria  con  el  fin  de  que  un juez penal del circuito especializado de la  ciudad  de  Bogotá  conociera  en  primera  instancia  de la causa que se sigue  contra  el  acusado  por  el  homicidio  agravado  del  ciudadano  Marino López  Mena.   

8.   Aunque se  tratara  –la acusación- de  un  concierto  para delinquir, tampoco podría válidamente argüirse que existe  fuero   de   juzgamiento   para   el   funcionario,   cuando   la   ratio  decidendi  de  la  acusación  por  homicidio  agravado se articula con actos dirigidos a la comisión de delitos de  lesa   humanidad   y   no   precisamente   a   la   promoción  ideológica  del  paramilitarismo;    luego,   mal   puede   hablarse   aquí  de…              “un  sustrato  mínimo,  de  vínculo o  ligamen  con  la  función  desempeñada”  (sic.   página 9, segundo párrafo) que haga compatibles las  funciones del cargo del acusado con el tipo penal de homicidio.   

La    finalidad   del   concierto   juega  importantísimo  papel  en  estos  casos;  si  el  concierto  es para cometer un  homicidio,    se    esta   hablando   –siempre,  en  relación  con  todo  tipo  de  autores  cualificados,  funcionarios-  de un delito común y no de uno que de lugar a la aplicación del  fuero de juzgamiento.   

Y  si  se  probare que el grupo armado ilegal  recibía  apoyo  y  respaldo  de  la  Brigada Militar número XVII del Ejército  Nacional,  y que en tal complot se perpetró un homicidio cualquiera (página 9,  párrafo  tercero  del  auto  del Tribunal), evidentemente que ello excluye toda  consideración  sobre  la  aplicación  del fuero constitucional de juzgamiento,  por  la  potísima  razón  de  que  el concierto no estuvo motivado en fines de  promoción  ideológica  del  grupo  armado,  sino que lo fue para matar (léase  delito  común,  que difiere de principio a fin de la función pública y de los  fines del Estado).   

Afirma   el   Tribunal   que   “El  reproche  jurídico  contra  el  ex  Brigadier  General  Rito  Alejo  del  Río, se contrae a:   

…  “la  muerte  violenta de Marino López  Mena  (que)  se  perpetró  como  fruto  de  plan  preconcebido  entre miembros de las AUC e integrantes del  Ejército  Nacional,  quienes  constituyeron  estructura  de poder en la región  orientada  a contrarrestar a auxiliadores o colaboradores de la guerrilla de las  f.a.r.c.”  (página  12, párrafo 4).   

Y   ratifica,  además,  que  el  Brigadier  General:   

…  “dispensó procedimientos de acción u  omisión  violatorios  de  los derechos humanos de los pobladores de la región,  marginándose  del  cumplimiento de sus deberes y obligaciones constitucionales,  permitiendo  por  lo  menos que se materializara la filosofía de muerte y miedo  para  provocar  desplazamientos  forzados  de  la  población  en  la  región y  alcanzar   por   esa   dialéctica  sus  protervos  propósitos,  ya  cometiendo  homicidios  masivos  como  los  confesados  por los mismos paramilitares ante la  jurisdicción  de  Justicia  y Paz, ora de una persona como la del homicidio que  aquí   se   investigó,   pero   con   indiscutibles  perfiles  de  barbarie  y  terror”  (pág.  12  y 13  primer párrafo).   

Estos  criterios,  desde  todo punto de vista  muestran  que  la  ilícita coyunda lo fue para cometer homicidios (uno al menos  se     juzga     en    este    proceso),    y    el    homicidio    –insiste  la  Corte- nada tiene qué ver  con  los  fines  del  Estado,  ó  con  la función pública;  aunque fuera  cierto   que   el   oficial   hubiere  “abusado   de   la  función”    y    que    el    delito    (homicidio)    tiene    “íntima  conexión  con el ejercicio de  su   función   castrense”  (página  13, segundo y tercer párrafos), tal comportamiento dista mucho de los  deberes  del cargo que un día juró cumplir de conformidad con la Constitución  y la ley.   

Lo ineludible es que conductas de tal género  excluyen la aplicación del privilegio de juzgamiento.   

Sólo da lugar a la aplicación del mencionado  fuero  constitucional  el hecho de que el concierto del funcionario se oriente a  la  promoción ideológica –  política.    En   cambio,   cuando   “presta     su    función”  para  facilitar  la comisión de crímenes generalizados contra la  población  civil,  cometidos con ocasión del conflicto armado que se vivió en  la  región  del  Chocó,  en  el  que  las  víctimas  fueron  acusadas  de ser  guerrilleros  o  auxiliadores,  o  sacrificadas  simplemente  por  considerarlas  perjudiciales  para  el entorno social (prostitutas, consumidores o expendedores  de  drogas alucinógenas, delincuentes, etc.), no podría predicarse el fuero en  ningún  caso,  para  ningún  tipo  de  funcionario público, porque aquí, los  fines  del  concierto son execrables, son infamantes, son abominables, y ello de  por  sí  desnaturaliza la idea del fuero, entendido como una prerrogativa de la  que  goza  el  funcionario  que infringe la ley penal en un delito de naturaleza  propia  del cargo, o porque comete alguno que dé lugar a sostener que se abusó  del cargo público.   

Insiste  la Sala:  los crímenes de lesa  humanidad  nada tienen que ver con algún cargo oficial, distan totalmente de la  función pública, difieren totalmente de los fines del Estado.   

El  homicidio  de  una  persona (en el que se  participa  de  manera  directa  o  indirecta)  jamás  da  lugar  a  predicar la  existencia,    siquiera   mínima,   “de  vínculo  o  ligamen  con  la función desempeñada”,  luego  excluye  la  aplicación del  fuero de juzgamiento.   

La  condición  de aforado no se tiene, y por  ende,  tampoco  es  de  competencia  de la Sala Penal de la Corte para juzgar en  única  instancia  crímenes  ejecutados  bajo  el  designio de ser “generalizados, sistemáticos, cometidos  con  ocasión  del  conflicto  armado  entre  Ejército, autodefensas, grupos de  guerrillas,  organizaciones  delincuenciales  indeterminadas, causados contra la  población  civil  ajena  al  conflicto”,  porque  tales  objetivos  en  mucho distan de involucrarse con la  promoción ideológica del grupo ilegal.   

Dicho con total claridad:  

Una  cosa  es  que  un  congresista  promueva  ideológicamente    el   paramilitarismo   desde   su   curul   con   proyectos,  intervenciones,  opiniones que eventualmente favorezcan al grupo, y otra diversa  es  que  un  militar permita (se oculte) que un comando armado ilegal ejecute un  crimen,  cuando  su papel, su profesión, su designio,  su  esencia,  su  juramento,  su  función  pública se  funda en dar la vida para proteger al otro.   

9.    Otra  situación  diversa  es  la  que  se presenta cuando un funcionario –aforado- dedica su actividad pública a  la  promoción  política  de  grupos  al  margen  de  la ley, y en el curso del  proceso  se  demuestra  que  también  participó como autor de escritorio en la  comisión  de  delitos  de  lesa  humanidad,  evento  en  el  cual  no  es  el delito de lesa humanidad el que  le  otorga  el  fuero,  es  el  delito  propio,  o  eventualmente  la promoción  ideológica  /  política  del  grupo armado, la que permite el juzgamiento como  aforado5.   

10.  Tanto en la  acusación  de  primera  y  de  segunda  instancia,  como  con  total claridad y  énfasis  argumentó  el  juez del conocimiento en la audiencia preparatoria, la  investigación  versó  por  un  específico  homicidio  (el ocasionado a Marino  López  Mena)  y,  desde  esa  perspectiva,  no  aplica  en  el caso del General  DEL   RIO  la  institución  foral:   

“…El Despacho  estima  que  conforme  a  los  hechos  expuestos  por la Fiscalía General de la  Nación,  en  la  resolución  de  acusación,  independientemente  de  que haya  responsabilidad  o no, no se puede predicar que estos hechos pueden corresponder  o  tener relación con el ejercicio de funciones desempeñadas por un Almirante,  un  General  de  la  República  o  cualquier servidor público del Estado en el  ejercicio  del  cargo  o  retiro  del  mismo;   en  otras palabras, ningún  servidor  público  o  del  Estado,  puede  llegar  a decir, que si un ciudadano  murió  porque  se  le  cercenó  su  cuerpo  y  se le partió su cabeza una vez  fallecido,  estos hechos se hayan realizado en ejercicio de su cargo…”   (audiencia preparatoria del  14 de agosto de 2009, fol. 68 / 9).   

11.   En suma,  consideraciones  tales  como que los autores utilizaron la muerte de López Mena  como  forma  de consolidar y de expandir el área de operaciones y de influencia  política,  militar  del  grupo  ilegal  de  las  autodefensas, referidas en los  cargos  que  se  refieren  al  hecho como homicidio en  persona   protegida   por   el   Derecho  Internacional  Humanitario  en  razón a que la víctima era integrante de la población civil  y  ajeno al conflicto armado (cfr. página 49 de la resolución de acusación de  segunda                   instancia6),  y  que  en  la  zona  de la  jurisdicción  de  la  Brigada  del Ejército existía un conflicto armado cuyos  actores  eran  el  grupo  de autodefensas, las guerrillas de las f.a.r.c., y las  Fuerzas  Militares  de Colombia, específicamente la Brigada XVII comandada para  la  época  por  el  Brigadier General  RITO ALEJO  DEL  RIO quien (eventualmente) se prestó para ese tipo  de  operaciones,  son  cuestiones  que  DE  PRINCIPIO  excluyen el privilegio de  juzgamiento.   

Y  el  núcleo de la acusación por homicidio  agravado  –ratio decidendi-  se funda en que existió una alianza vituperable entre  el  procesado  y un grupo de autodefensas para dar muerte al campesino;  se  argumenta  que  esa muerte fuera utilizada por las autodefensas como…              “pretexto  de erradicar de la región a  las  f.a.r.c.”,  como una  manera  de  desterrar  a  la  población  civil  para apropiarse de tierras, que  cometieron  actos  de  desaparición  de  personas, ejecuciones extrajudiciales,  etc.,  cuestiones que ineludiblemente guardan unidad de sentido con el cargo que  se  formula  ante el juez del conocimiento (no son meras motivaciones auxiliares  obiter  dicta), luego sirven  también  como  fundamento  para predicar que la acusación dista de ser un caso  que dé mérito a la institución foral.   

En  consecuencia, el trámite para investigar  el  crimen del que fuera víctima el ciudadano López Mena pertenece dilucidarlo  a  la  jurisdicción  ordinaria  en  la  medida que el  fuero   sólo   se   mantendrá   para   las   conductas  punibles  que  tengan  relación  con las funciones  desempeñadas,  y es claro que la participación en un  homicidio no tiene relación alguna con la función pública.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

DECLARAR  que  la  competencia  para  conocer  del  proceso  que  se  adelanta  contra el señor ex  Brigadier  General  de la República RITO ALEJO DEL RIO  ROJAS   radica,  en  segunda  instancia  en  el   Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá. DEVUÉLVANSE allí las  diligencias para que continúe el trámite.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese, comuníquese y remítase al despacho  judicial donde cursa el proceso respectivo.   

Cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                            SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

            Cita medica   

        ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO                         AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMÁN                             

JORGE      LUIS      QUINTERO  MILANÉS                          YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                        

             Excusa justificada   

JULIO      ENRIQUE      SOCHA  SALAMANCA                               JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

                                                                        Excusa justificada   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1En  este  sentido el criterio pacífico de la jurisprudencia consistió en que sólo  en      los      denominados      “delitos       propios”  se  mantenía la competencia para la investigación y juzgamiento  de   personas   aforadas;    se   afirma  que  un  delito  es  “propio”  cuando  requiere  de  sujeto activo  cualificado   para   la   ejecución   del  mismo  (la  condición  de  servidor  público).   

“cuando  el  funcionario  ha  cesado  en  el  ejercicio  del  cargo,  la perdurabilidad de ese fuero constitucional y por ende  la  competencia  de  la  Corte  para  su  juzgamiento  queda ligada exclusivamente  a  la  naturaleza de la infracción investigada. Si  se  procede  por  conductas  ajenas al ejercicio de la función, aquel y esta se  pierden; si lo contrario, se conservan para todos los  segmentos  del juzgamiento que se adelantará hasta su finalización”.   

CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Auto de segunda  instancia  del  12  de  octubre de 2006, rad. núm. 26188;  ib. providencia  del 8 de agosto de 2003, radicado 18025, entre otras.   

2“4.1.3.        Suficiente  ilustración  sobre  el  tipo  de criminalidad de estos  grupos  paramilitares,  ofrecen  las cifras que presenta la Unidad de Justicia y  Paz  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  cuando advierte que los 3.950  postulados  a  31 de octubre del año que avanza, han confesado 16.411 hechos de  los   cuales   1.278   son   desapariciones   forzadas,  9.214  homicidios,  391  reclutamientos  ilícitos,  260  desplazamientos  forzados,  490 extorsiones, 51  secuestros,  10  violaciones  sexuales  y  5.464   delitos diferentes a los  mencionados.2   

4.1.4.   Como  patrones  de conducta en el actuar de las autodefensas que dependían de la casa  Castaño,  la  Sala puede identificar que es la población civil la que resultó  mayormente  afectada  y  no  hubo  consideración  siquiera con los niños, pues  éstos  también  fueron víctimas del conflicto armado y de sus actores; sí lo  refieren  las estadísticas cuando mencionan a 2.497 menores, 2.314 mujeres, 226  sindicalistas,  214  indígenas,  85  de  la Unión Patriótica, 33 periodistas,  21   ONGs.,  15  defensores  de  derechos  humanos  y  38.267 mas víctimas  civiles.2   

4.1.5.   La  colaboración   de  autoridades  civiles,  militares,  políticas  y  judiciales  facilitaron  la  incursión  de  esos grupos en los lugares donde se asentaron y  contribuyeron  para  que  en  poco tiempo esta organización ilegal alcanzara el  dominio  de  los  territorios donde hicieron presencia. Políticos, funcionarios  del   ejecutivo,   miembros   de   organismos   de   inteligencia   del  Estado,  fiscales2,  agentes  del  cuerpo   técnico   de   investigaciones2,  militares,  policías entre otros se pusieron al servicio de las  autodefensas  a  cambio  de  colaboración para satisfacer intereses personales.  Esta  afirmación no es gratuita de la Sala; la sociedad ha venido conociendo de  esa  confabulación  entre  autoridades y  autodefensas, al punto que ya se  han       condenado      8      personas      por      parapolítica2;  aproximadamente  59  diligencias  en  investigación  preliminar  y  un  dato  aproximado  de  15  investigaciones  en  instrucción  en  la  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal. De la  misma  forma,  la  unidad  de Justicia y Paz  de la Fiscalía ha compulsado  copias  para  que  se  investigue  a  218  políticos, 140 miembros de la fuerza  pública,  44  servidores  públicos  y  4.371  personas  diferentes2”.   

Fuente:   TRIBUNAL  SUPERIOR  DEL  DISTRITO JUDICIAL DE BOGOTA SALA DE  JUSTICIA   Y   PAZ,   auto   del   7   de   diciembre   de   2009,   rad.  núm.  110016000253200680281,  procesado  postulado Jorge Iván Laverde Zapata, delito,  homicidio y otros, Decisión: Declara legalidad de cargos.   

3“…Y  es que esa asociación criminal  (inciso  2º  artículo  340  C.P.)  no es vacía de contenido, sino que siempre  persigue  unos  fines  que  en  este  específico  caso  estuvieron orientados a  “PROMOVER”  esas agrupaciones armadas ilegales,  por   ello   la   Sala,  acogiendo  en  ese  preciso  aspecto  lo  que  dijo  la  defensa3,   siempre   ha  señalado  que  no  basta  una  simple reunión con agrupaciones o personas como  éstas  para  que automáticamente aparezca comprometido el bien jurídico de la  seguridad  pública,  sino  que resulta importante también analizar el contexto  en  el  cual  tal  situación ocurre, que como en el actual caso, se desarrolló  con  el  único  propósito  de  llevar  a  la  Gobernación de Bolívar para el  período   2004-2007   al   candidato   de   la   predilección   de… y no para hacer una simple solicitud  -de  permitir  el  proselitismo  en  la  zona- al comandante Mancuso, como lo ha  pretendido hacer creer la defensa.   

Es  precisamente por lo anterior que la Sala  varió  el  precedente en este aspecto, pues no resulta lógico ni acorde con el  mandato  constitucional  seguir  considerando  que solamente los delitos propios  pueden  tener  relación  con la función, cuando hay otros denominados comunes,  como  el  concierto  para  delinquir, en cuyos eventos el cargo de congresista y  las  funciones  a  él inherentes, en ciertos casos, compromete con su conducta.   

Vale  la  pena  detenerse  un  instante para  analizar  algunas  de  las  funciones  del acusado en su calidad de congresista;  así,  perfectamente  y  sin  dudar,  colige la Sala que sí están íntimamente  relacionadas  con  la  conducta  por la cual fue llamado a juicio, pues acudir a  las  mencionadas  reuniones  con  comandantes paramilitares, para obtener aval o  apoyo  para  su candidato a la Gobernación del departamento de Bolívar, a más  de  promocionar  con  ese  comportamiento  la  agrupación armada ilegal, por el  estatus  que para estos delincuentes implicaba ver rendido y sometido ante ellos  a  un  legislador  y  por  esa  vía  fácilmente  al Congreso de la República,  también  se comprometía desde allí la función congresional que, se recuerda,  primordialmente    consiste    en    “representar  al  pueblo, y actuar consultando la justicia y el bien  común”,  lo    que    evidentemente   se   entorpece   con   la   promoción  paramilitar.   

Además,  si  se tienen en cuenta en general  las   funciones  del  Congreso,  que  se  ejercen  mediante  la  expedición  de  leyes3 y también mediante  actividades  administrativas  y otras, se puede con mayor facilidad explicar por  qué   razón…  estando  investido  con  esa  alta  dignidad,  tenía  un  gran  interés  en que, a como  diera   lugar, resultara elegida para el cargo de Gobernador una persona de  sus afectos…   

Efectivamente,  para  ello  bastaría  con  observar  algunas de estas funciones, tales como las señaladas en los numerales  tercero,  cuarto,  quinto,  sexto  y  séptimo  del  artículo 150 y otras de la  Carta,  entre  ellas  las  siguientes:  aprobar  el plan nacional de desarrollo,  definir  la división general del territorio, fijar las bases y condiciones para  crear,  eliminar,  modificar o fusionar entidades territoriales y establecer sus  competencias,  conferir atribuciones especiales a las asambleas departamentales,  reglamentar  la  creación  y  funcionamiento  de  las  corporaciones autónomas  regionales,  crear  o  autorizar  la  constitución  de  empresas industriales y  comerciales del estado y sociedades de economía mixta, etc.   

Todas  las  antes mencionadas, de una u otra  manera,  tienen íntima relación con una autoridad regional como el Gobernador,  pues  éste,  entre  otras,  maneja  e  influye  directamente  en el presupuesto  departamental,  en  las  empresas industriales y comerciales como las licoreras,  en   las   empresas   del   chance,   loterías,  juegos  de  azar,  hospitales,  contratación,   así  como  en  la  nómina  respectiva  y en otras varias  actividades  generadoras de grandes recursos económicos y de gran poder como el  manejo  y  la  distribución  de las regalías por la producción aurífera  del  sur  de  Bolívar,  que  sin  mucho esfuerzo permiten colegir cuál podría  llegar  a  ser  eventualmente la verdadera razón por la que un congresista como  el  acusado  pretendiera  imponer,  por  vías  ilegales,  su  candidato para el  aludido  cargo,  afianzándose para ello en los grupos de autodefensa dominantes  en  la  región,  pretensión  ésta  por  la cual la Sala concluye bajo un sano  criterio   lógico,   se   vio   impulsado   el   entonces   Senador…, conforme se afirma en el proceso, a  solicitarle  a  la  congresista  Eleonora  Pineda  -reconocida  por  sus fuertes  vínculos  con las autodefensas- sus buenos oficios a fin de lograr una reunión  entre   varios   líderes  políticos  y  el  comandante  paramilitar  Salvatore  Mancuso.   

Aunado  a  lo  anterior, debe decirse que no  solamente  su  condición  de  Senador  sino  también  las  funciones del cargo  influyeron  de  manera  determinante…”.   

CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, Sentencia del 26  de  enero  de  2010,  rad. Núm. 23802;  ib. autos del 1º de septiembre de  2009,  rad.  Núm.  31653,  auto  del  15  de  septiembre  de  2009,  rad. Núm.  27032.   

4En  esto  la  Fiscalía  de  segunda instancia fue enfática, cuanto transcribió en  extenso  apartes  de  la  sentencia  C  -358 de 1997, de claridad superlativa en  dicho tema.   

5CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, sentencias del 3 de diciembre de 2009, rad. núm. 32672 y  del 23 de febrero de 2010, rad. núm. 32805.   

6“Los  hechos  investigados, analizados  dentro  del contexto del conflicto armado interno que vive el Estado Colombiano,  nos  indican, en primer término, que las tropas de la Brigada XVII al mando del  procesado    RITO    ALEJO    DEL   RIO  se  encontraban en desarrollo de una legítima operación militar  denominada               “Génesis”,  enmarcada  dentro  de  las  funciones  constitucionales que le corresponden a la  fuerza   pública.   En   segundo   término,   no  se  encontraba  participando  directamente   en   las   hostilidades   propias  del  conflicto  armado  y,  en  consecuencia,  era  persona  que se encontraba bajo la protección de las normas  del  derecho  internacional  humanitario, que le otorga la condición de persona  protegida”   (páginas 50 y 51 ib.).     

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