33428(11-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 33428  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 076  

Bogotá  D.C., once (11) de marzo de dos mil  diez (2010)   

VISTOS  

La Sala resuelve la admisibilidad del recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor de Javier  Mario  Ochoa  Zapata  contra  la  sentencia de segunda  instancia  proferida  por  el Tribunal Superior de Medellín, el 31 de agosto de  2009,  mediante  la  cual  revocó la dictada por el Juzgado Veintiuno Penal del  Circuito  con  funciones  de conocimiento de la misma ciudad, el 21 de noviembre  de  2008;  y   lo  condenó  a  la pena principal de 74 meses y 20 días de  prisión  y  a  la  sanción  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  plazo  de  la privativa de la  libertad,   como   autor   de   la   conducta   punible   de   hurto  calificado  agravado.   

HECHOS  

El juzgador de segunda instancia los resumió  de la siguiente manera:   

“El 20 de enero  de  2006,  luego  de  pasar  por  la  Plaza  Mayorista,  el señor José Alfredo  Castaño  Lopera  se  dirigió  a  su  casa  en  su vehículo de placas HZE 716,  cargado  con  varias cajas de cigarrillos y comestibles. Al llegar, escuchó que  reventaron  las  amarras  de la mercancía y observó al mismo hombre moreno que  había  visto subido en su camioneta cuando circulaba por la Avenida Nutibara, y  que  había  hecho  bajar,  con  una de las pacas de cigarrillos que llevaba, el  cual  abordó  una motocicleta que lo esperaba. El señor José Alfredo Castaño  emprendió  su persecución y logró alcanzarlos y arrollarlos con su vehículo,  haciéndoles  perder  el  equilibrio.  Aunque  aquél  que  sustrajo  la paca de  cigarrillos  logró  huir,  el conductor de la moto fue capturado e identificado  como   Javier   Mario   Ochoa   Zapata”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

1.  Por  los anteriores hechos, la Fiscalía  presentó  escrito  de acusación contra Javier Mario Ochoa Zapata por el delito  de hurto calificado agravado.   

2.  Celebradas las audiencias preparatoria y  del  juicio  oral  y  anunciado el sentido del fallo, el Juzgado Veintiuno Penal  del  Circuito  con  funciones  de conocimiento de Bogotá, el 21 de noviembre de  2008,  dictó  sentencia de primera instancia en la que absolvió a Ochoa Zapata  de los cargos atribuidos en el escrito de acusación.   

3.  Apelado  el  fallo  por la fiscalía, el  Tribunal  Superior  de  Medellín,  el 31 de agosto de 2009, lo revocó y, en su  lugar,  condenó  a  Javier Mario Ochoa Zapata a la pena principal de 74 meses y  20  días  de  prisión  y  a  la  sanción accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo plazo de la privativa  de  la  libertad,  como  autor  de  la  conducta  punible  de  hurto  calificado  agravado.   

Contra la anterior decisión, el defensor de  Ochoa Zapata interpuso recurso de casación.   

LA      DEMANDA   DE   CASACIÓN   

La  defensa técnica, al amparo de la causal  primera  de  casación,  presenta  un único cargo contra el fallo del Tribunal,  cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Único cargo  

Acusa  al  sentenciador de haber violado, de  manera  directa, la ley sustancial por falta de aplicación del artículo 27 del  Código Penal.   

Manifiesta  que  de  acuerdo  con los hechos  declarados  como  probados en la sentencia, encuentran adecuación típica en el  delito  de  hurto  pero en el grado de tentativa, habida cuenta que si se aplica  la  teoría  de  la disponibilidad respecto a la apropiación se arribará a esa  conclusión.   

Dice que el delito de hurto se consuma cuando  el  sujeto  agente  ejecuta  el desplazamiento de la cosa a su ámbito de poder,  con  lo  cual  destruye  de  hecho  la  relación  posesoria del sujeto pasivo y  establece una nueva de contenido fáctico.   

Acota que la anterior teoría vale para tipos  subordinados.  De  ahí  que  concluya  que  el  delito  de  hurto no se consuma  “si  la  cosa  mueble no  sale  de  la  esfera  de  dominio  del  titular de la relación posesoria por no  perderla  de  vista y ser rápidamente recuperada, en cuyo caso, se presentaría  el  hurto  en  modalidad  de  tentativa”.   

Después  de  insistir  en  lo expuesto y de  conceptualizar  sobre  la tentativa, aduce que el yerro fue trascendente, habida  cuenta  que  se  vio  reflejado  en  el proceso de determinación de la pena, en  tanto no se hizo la rebaja reglada en el citado artículo 27.   

Por  lo  expuesto,  pide a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  por  lo  mismo,  dictar  otra en donde se reconozca la  tentativa.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1. En el nuevo sistema procesal, la casación  se  concibe  como  un medio de control constitucional y legal que procede contra  las  sentencias  dictadas  en  segunda instancia en los procesos adelantados por  delitos  cuando afectan derechos o garantías procesales.  Por lo mismo, ha  de  concluirse  que  este  recurso,  concebido  como  un control constitucional,  es   consecuencia  natural  de  la  función que ejerce la Corte Suprema de  Justicia  como  Tribunal de Casación, según así lo prevé el artículo 235 de  la  Carta  y,  por  ende, guardiana de los fines primordiales contemplados en el  artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De   acuerdo   con   lo   que    estatuye    la   citada   Ley   906,  para   que   la  demanda   sea   admitida   se  requiere   que   el   libelista,   además   de   contar con   interés,  acredite la afectación de derechos o garantías fundamentales,   para    lo    cual    también    deberá   formular  y  desarrollar   los  correspondientes cargos y, por  supuesto, demostrar  la  necesidad  de  intervención  de  la  Corte para lograr algunos de los fines  establecidos  para  la  casación, según lo previsto en el artículo 180 de esa  normatividad,  es  decir, la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que, como lo tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Corte, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las causales de casación tengan un diseño dirigido a lograr esos  fines.   

Así,         “el          recurso   extraordinario    de    casación    no    puede    ser  interpretado  sólo  desde,  por  y  para  las causales, sino también desde sus  fines,  con  lo cual adquiere una axiología mayor vinculada con los propósitos  del   proceso   penal   y   con   el   modelo   de  Estado  en  el  que  él  se  inscribe.   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,    pues    ésta    debe    determinarse    por   la   manifiesta   configuración   de  uno  o  varios  de  los   motivos  normativamente  establecidos  para  lograr  el  desquiciamiento  de  la  decisión impugnada.   

“Claro  que  por razón de ésto no puede llegar a entenderse que el  recurso  haya sido morigerado en extremo, al punto de quedar librado a la simple  voluntad  de  las  partes  sin  referencia  a ningún parámetro legal, y que se  convierta  en  una  fórmula  abierta  para controvertir sin más las decisiones  judiciales  según  el  albedrío del casacionista, lo cual repugna a la noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite y la  prosperidad  de  la  pretensión  queda  condicionada  a  la  demostración  del  interés  en el censor, la correcta selección de las causales, la coherencia de  los   cargos  que  a  su amparo pretenda aducir, y la debida  fundamentación  fáctica  y  jurídica  de  éstos,  además de la necesidad de  acreditar  cómo  con  su  estudio se cumplirán uno o varios de los fines de la  casación”.1   

El   recurso   extraordinario   no  es  un  instrumento  que  permita continuar con el debate fáctico y jurídico llevado a  cabo  en  el agotado proceso, por lo que no es procedente realizar toda clase de  cuestionamientos  a manera de instancia adicional a las ordinarias del trámite,  sino  que  debe  ser  un  escrito claro, lógico, coherente y sistemático en el  que,  al  tenor  de los motivos expresa y taxativamente señalados en la ley, se  denuncian  errores  bien  sea  de  juicio  o de procedimiento en que haya podido  incurrir   el   sentenciador,  procediendo  a  demostrarlos  dialécticamente  y  evidenciando  su  trascendencia, para de esa manera concluir que la sentencia no  es  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  cuya  desvirtuación, se reitera,  compete al libelista.     

2. En el evento que ocupa la atención de la  Sala,  surge  nítido que el censor no cumplió con los anteriores presupuestos,  en  tanto  no  demostró  la  existencia del vicio y, menos, lo conectó con los  fines  que  informan  la casación de acuerdo con el nuevo sistema consagrado en  la Ley 906 de 2004.   

Como  se  ha  venido diciendo, el recurso de  casación  fue  estatuido  para  denunciar  vicios  de  derecho  o  de actividad  cometidos  en la construcción de la sentencia o en el trámite judicial, según  el  caso. De ahí que le compete al demandante que postule el yerro a través de  las  causales  contempladas  para  el  efecto,  demostrando cómo el mismo logra  resquebrajar  el  fallo, al punto que se impone su quebrantamiento con el objeto  de  cumplir  con  los  fines  estatuidos  en  el  artículo 180 de la Ley 906 de  2004.   

La casación no es el escenario natural para  increpar  el  grado de estimación probatoria sino para denunciar los anteriores  vicios,  en  la  medida en que se trata de una impugnación de carácter rogada,  correspondiéndole  al  libelista  la  postulación del vicio y la demostración  del mismo frente a las plurales conclusiones adoptadas en el fallo.   

Recuérdese que cuando la censura se postula  por  la  vía  de  la  infracción directa de la ley sustancial, el casacionista  está  aceptando  que  los  hechos  y las pruebas declaradas como probadas en la  sentencia  fueron  correctamente  apreciadas,  razón  por  la cual el debate se  circunscribe  a  la  aplicación  del  derecho,  sin  que tengan cabida aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los elementos de juicio y del acontecer  fáctico.   

La  labor de demostración del vicio deberá  estar  sustentada en evidenciar que el juzgador seleccionó una norma que no era  la  llamada  a  gobernar  el  asunto,  que  omitió  otra  que sí resolvía los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal  o,  que  habiéndola  escogido  correctamente  le dio un alcance interpretativo que no se deriva del texto de la  ley.   

En  consecuencia, si la demanda de casación  no  cumple  con  los anteriores parámetros de lógica y debida fundamentación,  sin duda, la decisión a adoptar es la inadmisión del libelo.   

En    lo    relativo   al   único  cargo  si  bien  su  enunciado  se  ajusta  a  las  previsiones legales, esto es, se señaló cuál fue la norma que  se   dejó  de  aplicar;  de  todos  modos  el  casacionista  no  evidencia  que  efectivamente  el  sentenciador  de  segundo  grado  incurrió  en la denunciada  infracción directa de la ley sustancial.   

La labor demostrativa de la censura, el actor  no  hace  otra  cosa que informar que si el Tribunal hubiese aplicado la teoría  de  la  disponibilidad para establecer la consumación de la conducta punible de  hurto,  habría  concluido  que  la  misma  se  cometió  en grado de tentativa,  situación   que   tuvo  incidencia  en  el  proceso  de  determinación  de  la  sanción.   

En  otras  palabras,  no  demuestra  que  la  teoría   que   aplicó   el  Tribunal  para  establecer  ese  aspecto  resultó  equivocada,  al  punto  que  se hace necesario la intervención de la Corte como  Tribunal  de  Casación  en  procura  de  reestablecer el agravio sufrido por el  procesado.   

Ahora  bien,  la  Sala  no  advierte ninguna  equivocación  frente  al  reparo  que  presenta  el  casacionista en esta sede,  habida  cuenta  que para el Tribunal fue claro que el apoderamiento que hicieron  los  sujetos  de  la  paca  de  cigarrillos condujo a que la misma saliera de la  esfera  y dominio de su propietario, puesto que los asaltantes lograron despojar  de ese bien a la víctima.   

En  efecto,  vale  destacar  que  cuando  el  vehículo  en  el  que  se desplazaba el denunciante por las vías de Medellín,  uno  de  los  sujetos  se subió al automotor rompió las amarraduras con que el  propietario  de la mercancía las aseguraba e, inmediatamente, se apoderó de la  caja y emprendió la huida.   

De tal manera que no hay ningún desatino en  el  juzgador por haber concluido que la conducta de hurto calificado agravado se  consumó,  pues,  sin  duda,  la caja que contenía los cigarrillos salió de la  esfera   de   dominio   de   la   víctima   en  tanto  fue  sustraída  por  el  coparticipe.   

Que  una  vez consumado el delito uno de los  acusado  haya  sido  aprehendido, tal situación no desdibuja que el hurto no se  haya  consumado,  habida  cuenta  que,  se  repite,  la  mentada caja salió del  dominio de la víctima.   

En tales condiciones, resulta fácil advertir  que   la   inconformidad   del  recurrente  radica  únicamente  en  el  aspecto  relacionado  con la consumación de la conducta punible por la que fue condenado  el  acusado,  sin  que  logre  demostrar  que  la  conclusión  del Tribunal fue  desacertada  al  haber  derivado  de  un  error  de  selección normativa.    

    

Así   las   cosas,   se   inadmitirá  el  libelo.   

Resta  señalar  que  no  se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaron derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los  defectos  del  libelo  para decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Acotación final  

En  la  medida en que contra la decisión de  inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  Javier   Mario  Ochoa  Zapata  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en el artículo 186  de  la Ley 906 de 2004, impera precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido las reglas que habrán de seguirse para su aplicación,2    como  sigue:   

a)  La  insistencia  es   un   mecanismo   especial   que  sólo  puede  ser  promovido    por   el   demandante,   dentro   de   los   cinco  (5)  días  siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación  Penal   -siempre que el  recurso  no  hubiera sido interpuesto por el Procurador Judicial-, el Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o suscrito la  providencia inadmisoria.   

b)   La  solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público,  a  través  de  sus Delegados para la  Casación  Penal, o ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto  a  la  decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la  demanda  o  ante  uno  de  los  Magistrados que no haya intervenido en la discusión.   

c)  Es  potestativo  del   Magistrado   disidente,   del  que  no  intervino   en   los    debates    o    del    Delegado   del   Ministerio    Público    ante    quien    se  formula   la    insistencia,    optar    por   someter   el   asunto   a   consideración   de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento  último en que informará  de  ello  al   peticionario    en    un    plazo    de    quince   (15)  días.   

d)   El  auto  a través del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de  Javier  Mario  Ochoa  Zapata, por las razones expuestas  en la anterior motivación.   

De   conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo  de  insistencia  en  los  términos  precisados   atrás  por la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARIA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                          SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                          AUGUSTO    J.   IBAÑEZ   GUZMÁN           

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS                       

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA                              JAVIER     ZAPATA  ORTIZ   

                                                                                                                                   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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