33370(18-11-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33370  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta Nº  373  

Bogotá, D.C., dieciocho (18) de noviembre de  dos mil diez (2010)   

V    I   S   T   O  S   

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el  defensor   

de  CARLOS ALBERTO  TINTINAGO  CASTILLO,  en  contra  del fallo de segundo  grado  proferido  el  15  de  septiembre  de 2009  por la Sala de Decisión  Penal  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali, el cual confirmó la  decisión  de  primera  instancia del 24 de julio anterior, por medio de la cual  la  Juez  Décima  Penal  del Circuito con funciones de conocimiento de la misma  ciudad     condenó     al     mentado     TINTINAGO  CASTILLO  a  la pena principal de 70 meses de prisión  como  autor de la conducta punible de actos sexuales con menor de catorce años,  agravada.     

H    E   C   H   O  S   

Fueron resumidos por el Tribunal en el fallo  impugnado, así:   

“Dio origen a la  presente  actuación  la denuncia interpuesta [el 2 de noviembre de 2007 ante la  Fiscalía  General  de  la Nación] por la señora Carol Edith Castro Rico en la  que  daba  cuenta  que  el  profesor  de sistemas del colegio de su hija de diez  años   de   edad,   CARLOS  ALBERTO  TINTINAGO  CASTILLO,  realizó  en  varias  oportunidades  tocamientos  libidinosos  en  el  cuerpo  de  la niña, según su  propio  dicho,  siendo  la última vez a finales de octubre de 2007.”    

ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES  

1.    La    captura    de   CARLOS   ALBERTO  TINTINAGO  CASTILLO  fue  legalizada  en  audiencia preliminar celebrada el 4 de noviembre de 2007 ante el  Juez  15  Penal  Municipal con Función de Control de Garantías de Cali, según  petición  elevada  por  el  Fiscal  106  de la Unidad de Reacción Inmediata de  turno.   El  funcionario de control de garantías, a instancias del fiscal,  le  formuló  al  indiciado  cargo por la conducta punible de actos sexuales con  menor  de  catorce años, agravada (artículos 209 y 211-2-4 del Código Penal),  los  cuales  no  fueron  aceptados por aquél, al tiempo que le impuso medida de  aseguramiento de detención preventiva intramural.    

2.  El  escrito de  acusación  fue radicado el 3 de diciembre de 2007 por  la  Fiscal  113  Seccional de Cali; fue así como el 29 de febrero de 2008, ante  la  Juez  Décima  Penal  del Circuito con Funciones de Conocimiento de la misma  ciudad,  se  llevó a cabo audiencia de formulación de  acusación   en   contra  del  imputado  CARLOS  ALBERTO  TINTINAGO  CASTILLO  como  autor  del  comportamiento punible de actos sexuales con menor de catorce años,  agravado, en concurso homogéneo y sucesivo.   

3.  La  audiencia  preparatoria  tuvo  lugar  el   6  de febrero de 2009; en ella se enunciaron los medios de convicción  sobre  los  cuales  operó  estipulación  entre  el acusador y la defensa. A su  turno,  la  vista  pública tuvo lugar en sesiones del 27 de marzo, 4 de junio y  21  de  agosto  de  2008;  terminada  esta  última, la juez anunció el sentido  condenatorio de la sentencia.    

4.   Con   ocasión  de  la  audiencia  de  reparación  integral,  la  cual se realizó el 10 de junio de 2009 ante la juez  de  conocimiento, el apoderado de las víctimas anunció la falta de interés de  los  representantes  legales  de  la  ofendida  en  emprender el correspondiente  incidente,  no  obstante  lo  cual,  y  en  atención  a que dicha actuación es  obligatoria  por  tratarse  aquella  de  una menor de edad, solicitó perjuicios  morales  por cuantía de mil salarios mínimos legales mensuales vigentes. Así,  el  despacho  judicial  fijó los perjuicios morales en la suma equivalente  a 20 salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

5.  Cumplido  lo anterior, el 24 de julio de  2009  fue proferido y leído en audiencia pública el fallo de primera instancia  por  medio  del cual la Juez Décima Penal del Circuito de Cali con Funciones de  Conocimiento   condenó  a  CARLOS  ALBERTO  TINTINAGO  CASTILLO  a la pena principal 70 meses de prisión y a  las  accesorias  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  término  igual  al  de  la  pena privativa de la libertad, como  también  a  la  prohibición para el ejercicio de la docencia por el lapso de 6  años.    

Así  mismo, la juez de la causa condenó al  procesado  al pago de los perjuicios morales derivados de la comisión del hecho  punible  por  cuantía  equivalente  a  20  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes,  le  negó el subrogado de la suspensión condicional de la ejecución  de la pena y su sustitución por la prisión domiciliaria.   

6. La anterior determinación fue apelada por  el  defensor  del procesado y confirmada en su integridad el 15 de septiembre de  2009  a  través  de  fallo  de  segundo  grado  proferido por la Sala Penal del  Tribunal Superior de Cali.   

7.  Inconforme con lo resuelto, el apoderado  judicial  del  procesado  interpuso  oportunamente  el recurso extraordinario de  casación y presentó la correspondiente demanda.   

LA      DEMANDA     DE   CASACIÓN   

“Cargo”.   

A través de una demanda imprecisa y confusa,  el  defensor  del  procesado  cita el numeral 1 del artículo 181 del Código de  Procedimiento  Penal –norma  que,  según  dice,  debe aplicarse por favorabilidad de la ley penal- y pregona  la  existencia de una violación de la norma sustancial, proveniente de un error  de derecho en la apreciación de las pruebas.   

Así, estima vulnerados los artículos 380 y  381   de   la   Ley   906   de   2004  (criterios  de  valoración    de    la  prueba,  conocimiento  para  condenar),  considera  que  el proceso incurrió en el  vicio  de  no  buscar  la  verdad  real ni investigar tanto lo favorable como lo  desfavorable  al  procesado  y  alega  que  el  material  probatorio  no permite  alcanzar  la  certeza  del hecho punible; por lo anterior, dice, el sentenciador  cometió      “un      error     de     derecho  sustancial”,  el cual violó los artículos 6, 7 y 3  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2004,  en particular el principio de  presunción    de   inocencia   e   in   dubio   pro  reo.   

En  apoyo  de su crítica, insiste en que el  juzgador  incurrió  en  “la vulneración sustancial  en  la  apreciación  de la prueba” como consecuencia  de  edificar  la  sentencia  sobre  la  interpretación  errónea   de  las  declaraciones    de    menores    de    edad,   quienes   fueron   testigos   de  referencia.   

Así,  asegura que la conclusión del perito  sicólogo   “no   puede   ser   fuente   para   la  condena”,  pues   éste  no  se  refirió a los  hechos  “limitándose al delito como tal”  y, además, formuló conceptos y conclusiones deducidas por él  y  no  por el entrevistado. Califica de irregular el dictamen, en razón a que a  la  niña  “se le coloca de presente una muñeca con  rasgos  de  una  mujer  formada…  siendo  que  una  niña de 10 años no se ha  formado   aún”,  lo  cual,  dice,  incidió  en  la  versión de la niña.   

Enseguida pasa a criticar la Ley de Infancia  y  Adolescencia  por  cuanto,  en  su sentir, protege los derechos de los niños  pero  viola  los del acusado, y porque el peritaje finalmente resulta manipulado  por   el   sicólogo   y   el   asistente  social.  Agrega  que  “nuestras  cárceles  están  llenas  en  muchos de los casos por la  mentira  de  un  niño,  no  se  agota  científicamente  la  parte  emocional ,  sicológica  de  la  menor en torno a su familia, porque hay hechos que el menor  observa   en   su   casa   y   lo   transmite  a  nivel  social  como  un  hecho  cierto”.   

Aduce  que  no  existe  prueba de que el hoy  procesado  hubiese  tocado  a  la  menor;  y si acaso tal cosa ocurrió de todos  modos  no  hubo  testigos  directos;  fue por ello que la fiscalía se apoyó en  ‘declaraciones  fantasiosas’  de  otros  menores  quienes ya habían sido sugestionados y confundieron el trato afectuoso  del procesado con su intención de atentar contra el pudor sexual.   

Dice que nunca se probó que el hoy procesado  hubiese  permanecido  solo  con  sus  alumnas  toda  vez  que las clases no eran  personalizadas,  y  califica  como  imposible  de  creer  que los actos abusivos  hubieran  ocurrido  en  público.  Agrega  que  no es cierto lo expresado por la  ofendida,    quien    con    su    dicho    solamente    busca   “dañarle  la  vida  a  un  ser  humano  que  lo  único que hace es  dedicarse a enseñar a unos menores”.   

En  conclusión,  afirma, el procesado se ha  visto    comprometido    por   “las   mentiras   y  fantasías    de  una  menor   malcriada”   y   un  niño  “problema”.  Asegura que la niña debió  sostener  la  mentira por temor a las retaliaciones de su familia y terminó por  creerla;  echa  de  menos el examen mental de los menores entrevistados e indica  que el dicho de éstos no es suficiente para condenar.   

Así  mismo,  manifiesta que “no   podemos   sentar   por   real”  lo  expresado  por  la  ofendida,  como también que el fallador omitió analizar la  personalidad y antecedentes laborales y sociales del enjuiciado.   

Termina  el  escrito  con  el  que  pretende  sustentar    el    recurso   extraordinario   con   la   siguiente   reflexión:  “me  pregunto: entonces uno para qué se porta bien  ante  la sociedad, si [a] los representantes de ésta no les interesa, será que  no vale la pena ser buena persona”.   

Así las cosas, el demandante pide a la Sala  que  cese  el fallo recurrido y, en su lugar, absuelva al procesado CARLOS    ALBERTO    TINTINAGO   CASTILLO  “toda  vez  que hubo una violación indirecta de la  ley  sustancial   por  error  de  hecho  en  la  apreciación  de la prueba  generando  ineficacia  del  estado,  puesto que la prueba recaudada no permitía  descartar  la  duda  razonable,  se desconoció en su conjunto la prueba, puesto  que  si  se analiza conjuntamente se llega a la conclusión que la menor […] y  […]  mienten,  generan  grandes  dudas,  sus  dichos  en la entrevista, con lo  declarado  en el juicio oral debiéndose aplicar el art. 29 C.N. el cual ha sido  vulnerado  por  las  diferentes  instancias”  (sic).   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  A  la  Sala de Casación Penal le asiste  competencia  para  resolver  sobre los requisitos de admisibilidad de la demanda  de  casación,  conforme la competencia que fija el artículo 32-1 de la Ley 906  de   2004,   en   asocio   con  el  inciso  1º  del  artículo  184  del  mismo  Estatuto.   

Naturaleza   y   finalidades  del  recurso  extraordinario de casación.   

2. Ahora bien, antes de entrar a ocuparse la  Corporación  en  concreto  de  la  demanda  que  concita  su  atención, estima  conveniente  detenerse  para insistir en la naturaleza y fines de este instituto  extraordinario,  así  como en los deberes que todo recurrente debe cumplir para  tener éxito en sus pretensiones.   

Dígase  inicialmente  que  en  el  nuevo el  sistema   procesal,   la   casación   se  concibe  como  un  medio  de  control  constitucional  y  legal  que  procede contra las sentencias dictadas en segunda  instancia  al término de las actuaciones procesales, a través de las cuales se  investigan  y juzgan comportamientos punibles, cuando las decisiones proferidas,  o  bien  el  trámite surtido, afectan derechos de los intervinientes.  Por  lo  tanto,  la  finalidad  del  recurso  extraordinario no es otra que lograr la  efectividad  del  derecho  material desconocido, el respeto de las garantías de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los agravios sufridos por éstos y la  unificación  de  la  jurisprudencia,  propósitos  que,  como lo tiene dicho la  jurisprudencia  de  la  Corte, son los mismos del proceso penal; así se explica  que  las  causales  de  casación  tengan  un  diseño  encaminado a lograr esos  fines.   

Lo  dicho en precedencia permite afirmar que  este  recurso  extraordinario  es   consecuencia natural de la función que  ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia  como  Tribunal de Casación, según lo  determina  el  artículo  235  de  la  Carta y, por ende, guardiana de los fines  primordiales  contemplados  en  el  artículo  180  del Código de Procedimiento  Penal de 2004.   

Deberes     del     demandante     en  casación.   

3.  Respecto  de  las  exigencias  que  debe  cumplir  la demanda que sustenta la impugnación extraordinaria, la Corporación  ha   señalado   que   si  bien  el  nuevo  estatuto  procesal  no  las  enumera  rigurosamente  como  lo hacía el artículo 212 de la Ley 600 de 2000, lo cierto  es  que  de  los  artículos  183  y  184  se  pueden  deducir  los  siguientes:  a) que se señalen de manera  precisa      y      concisa     las     causales     invocadas,     b) que se desarrollen los cargos, esto es,  que  se  expresen  sus  fundamentos  o  se  ofrezca una sustentación mínima, y  c)  que  se demuestre que el  fallo  es  necesario  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del recurso.   

Esto es así y encuentra su razón en que, de  conformidad  con  lo  establecido  en  el  inciso 2° del artículo últimamente  citado,  no  será seleccionada la demanda que se encuentre en cualquiera de los  siguientes  supuestos:  i) Si  el     demandante     carece     de     interés     jurídico;     ii)  Si  prescinde  de señalar la causal;  iii)  Si  no  desarrolla los  cargos    de    sustentación,    y   iv)  Cuando  de  su contexto se advierta fundadamente que no se precisa  del fallo para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

De lo anterior se desprende, entonces, que de  acuerdo    con   la   Ley   906  de  2004,   para   que    la  demanda   sea   admitida  ,  el   libelista  debe  acreditar  el  interés  que le asiste para recurrir a esta sede extraordinaria,  así  como  la real afectación de los derechos o garantías fundamentales; para  ello,  deberá   formular  y  desarrollar  los  correspondientes  cargos y,  por   supuesto,  demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte para  lograr  algunos de los fines establecidos para la casación, según lo reseñado  más arriba.   

Por    lo   tanto,   “el       recurso       extraordinario       de   casación   no   puede   ser interpretado sólo desde, por y para  las  causales,  sino  también  desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con  los  propósitos  del  proceso penal y con el  modelo     de     Estado    en    el    que    él    se    inscribe.”   

“En   otros  términos,  las  causales  determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar la  ilegalidad  o  inconstitucionalidad  del  fallo  y  de  conducir el debate   en    sede    extraordinaria,   pero   ellas   no   son   un   fin   en   sí  mismo para la viabilidad del  recurso,  pues  éste  debe  determinarse  por  la  manifiesta configuración de  uno    o    varios   de   los   motivos  normativamente  establecidos    para    lograr    el    desquiciamiento    de    la    decisión  impugnada.”   

“Claro  que por  razón  de esto no puede llegar a entenderse que el recurso haya sido morigerado  en  extremo,  al punto de quedar librado a la simple voluntad de las partes, sin  referencia  a  ningún  parámetro  legal,  y  que  se convierta en una fórmula  abierta  para controvertir sin mas las decisiones judiciales según el albedrío  del   casacionista,   lo   cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al  trámite  y  la  prosperidad de la  pretensión  queda condicionada a la demostración del interés en el censor, la  correcta  selección  de  las  causales, la coherencia de los  cargos   que   a   su   amparo   pretenda  aducir,  y   la   debida  fundamentación  fáctica y jurídica de éstos, además de la  necesidad  de  acreditar  cómo con su estudio se cumplirán uno o varios de los  fines  de  la  casación”1.   

En  consecuencia, el recurso extraordinario  no  es un instrumento que permita continuar el debate  fáctico  y  jurídico  llevado a cabo en el agotado proceso y, por lo tanto, no  es  procedente  realizar  toda  clase  de cuestionamientos a manera de instancia  adicional  a  las  ordinarias  del  trámite, sino que  debe  ser  un  escrito  claro,  lógico,  coherente y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de  los  motivos  expresa y taxativamente  señalados  en  la  ley,  y  conforme  el interés que  legalmente  le  asista al recurrente, se denuncian errores, bien sea de juicio o  de  procedimiento  en  que  haya  podido incurrir el sentenciador, procediendo a  demostrarlos  dialécticamente, con estricta sujeción a los lineamientos que la  naturaleza  de  cada  una de las causales de casación y la jurisprudencia de la  Sala han impuesto de tiempo atrás.   

El caso concreto.  

4.  Ahora  bien,  desde  ya  la Corporación  adelanta  su  postura  en  el sentido de que inadmitirá la demanda de casación  por razón de las numerosas falencias que padece.   

5. Dígase, en primer lugar, que el motivo de  casación  que orienta el razonamiento del libelista es en verdad incierto, pues  del  deshilvanado,  confuso,  antitécnico y poco jurídico discurso plasmado en  el  escrito,  no  es  posible  determinar a ciencia cierta cuál es la verdadera  causal   que   busca   demostrar.  De  allí  que  no  sea  viable  –como suele hacerlo la Corporación con  fines  pedagógicos  al  estudiar  los presupuestos de debida fundamentación de  las  demandas  de  casación-  identificar  la causal invocada por el recurrente  para  enseguida  recordar  sus  elementos constitutivos y la manera en que deben  postularse y desarrollarse en esta sede extraordinaria.   

Para  no  ahondar en todas y cada una de las  inconsistencias  de  lógica y debida fundamentación que campean a lo largo del  escrito  que  ocupa  la atención de la Corte, véase cómo el censor enuncia la  causal  de  casación de que trata el numeral 1 del artículo 181 del Código de  Procedimiento    Penal   de   2004   –norma  que, de manera incomprensible, asegura que debe aplicarse por  favorabilidad-  y menciona de forma genérica la violación de la ley sustancial  como  consecuencia  de  un  error  de derecho en la apreciación de las pruebas.   

Es así que ya desde la mera postulación de  reproche  surgen  ostensibles  yerros que hacen la demanda inadmisible, pues, en  primer  lugar,  es  del todo infundado predicar la aplicación por favorabilidad  del  artículo  181-1  de  la  Ley  906 de 2004; además, el error de derecho se  refiere  a  los  yerros  que tienen que ver con las ilegalidades en la aducción  probatoria,  así  como  a  su apreciación por fuera de la tarifa fijada por al  ley   (falso   juicio   de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción).    

Por  otra  parte, lo anterior nada tiene que  ver  con  las  equivocaciones judiciales de apreciación probatoria que han sido  suficientemente  fijadas y decantadas por la jurisprudencia de la Colegiatura en  sus  diferentes  modalidades  de  falso  juicio  de  existencia, falso juicio de  identidad  y  falso  raciocinio.  Por  último,  recuérdese  que estas últimas  formas   en  que  se  presenta  el  error  de  hecho  exigen  necesariamente  la  identificación  del  precepto  sustancial  vulnerado,  lo que tampoco cumple el  impugnante  pues  se equivoca al plantear como violados los artículos 380 y 381  de la Ley 906 de 2004, normas de claro contenido procesal.   

6.  Y  avanza en el dislate argumentativo al  lamentar  el  incumplimiento  del  deber de investigación integral, la supuesta  condición  de  testigos  de  referencia  de algunos declarantes, la hipotética  mala   práctica   de  una  entrevista  o  dictamen  sicológico,  para  rematar  pregonando una violación indirecta de la ley sustancial.   

Con semejante confusión, el casacionista no  hace   cosa   distinta   que   invocar   en   el   mismo  reproche  –que  no cargo- casi todas las causales  y  modalidades  de  casación posibles –todas  ellas  naturalmente  excluyentes  entre  sí-  dado  que, sin  necesidad  de  profundizar  en  los  razonamientos  esbozados, con dificultad se  asoman  críticas  que,  de  haber sido correctamente enfocadas, lo serían como  violación  al  debido  proceso,  falso juicio de convicción, falso juicio  de    legalidad,   falso   juicio   de   existencia   por   omisión   y   falso  raciocinio.   

7.  Ahora  bien,  aún  cuando  –no  sin  gran  dificultad  y  en claro  desconocimiento  del  principio de limitación- la Corporación interpretara que  la  verdadera  intención del censor es la de atacar la errónea apreciación de  las  pruebas  y,  por  lo  tanto,  le  fuera  dado  admitir que se halla ante un  reproche  de  falso  raciocinio,  de  todos  modos  lo  poco  que  se  alcanza a  vislumbrar  del  pobre  escrito  -ni  siquiera  admisible  como  un  alegato  de  instancia-  no  es  más que una personal apreciación de la prueba –muy  cuestionable,  por demás- con la  cual  el  libelista,  en  lugar  de acreditar un yerro ostensible y trascendente  según  los  lineamientos  que para ello ha fijado la jurisprudencia de la Sala,  no  logra nada diferente a oponerse a la estimación del juzgador, la cual llega  a    esta    sede   amparada   por   la   doble   presunción   de   acierto   y  legalidad.   

Conclusión.  

8. Así las cosas, por no encontrar la Corte  en  la  demanda  de  casación  un  material  idóneo  que le permita avanzar en  reflexiones  adicionales,  reitera  su postura inicial en el sentido de disponer  su  inadmisión, tras advertir  que  no se precisa de un pronunciamiento en esta sede para cumplir con los fines  del proceso.   

Acotación final.  

9. Habida cuenta que contra la decisión de  inadmitir  la demanda de casación procede el mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con  lo establecido en el artículo 186 de la Ley  906  de  2004,  es  necesario  precisar que como dicha legislación no regula el  trámite  a  seguir  para que se aplique el referido instituto procesal, la Sala  ha  definido  las reglas que habrán de seguirse para su aplicación2,    como  sigue:   

a)    La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el  demandante,  dentro  de  los cinco (5) días siguientes a la notificación de la  providencia  por  cuyo  medio  la  Sala  decida  no  seleccionar  la  demanda de  casación,   con   el  fin  de  provocar  que  ésta  reconsidere  lo  decidido.  También    podrá    ser    provocado   oficiosamente   dentro   del   mismo   término  por  alguno de los Delegados del  Ministerio   Público   para   la   Casación    Penal    –siempre    que    el   recurso   no   hubiera  sido  interpuesto por  el   Procurador         Judicial–,   el   Magistrado  disidente  o  el   Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

b)    La  solicitud  de  insistencia puede elevarse ante el Ministerio Público, a través  de  sus  Delegados  para  la  Casación Penal, o ante uno de los Magistrados que  hayan  salvado voto en cuanto a la decisión mayoritaria de inadmitir la demanda  o   ante   uno   de   los   Magistrados   que   no   haya   intervenido   en  la  discusión.   

c)    Es  potestativo  del Magistrado disidente, del que no intervino en los debates o del  Delegado  del  Ministerio  Público  ante quien se formula la insistencia, optar  por  someter  el  asunto  a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su  revisión,  evento último en que informará de ello al peticionario en un plazo  de quince (15) días.   

d)  El auto a  través   del   cual  no  se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como  consecuencia  la  firmeza de la sentencia de segunda instancia contra la cual se  formuló  el  recurso de casación, salvo que la insistencia prospere y conlleve  a la admisión de la demanda.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E:   

PRIMERO:  INADMITIR  la demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado  CARLOS   ALBERTO   TINTINAGO   CASTILLO.   

SEGUNDO:   De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es  viable la interposición del mecanismo de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ     LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                                                                                                      SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Permiso  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                    AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

Permiso  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                                       JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Casación  24026  del 20 de octubre de 2005, casación 24610 del 12 de diciembre  de 2005, entre otras.   

2  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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