30933(26-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 30933  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado acta N° 168.  

Bogotá,  D. C., veintiséis (26) de mayo de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

Mediante sentencia del 14 de julio de 2005 el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito  de  Cartagena  absolvió  a  NICOLÁS  FRANCISCO  CURI  VERGARA respecto  del  delito  de  celebración  de  contratos  sin  el cumplimiento de requisitos  legales,  imputado  por  la  unidad  Nacional  Anticorrupción  de  la Fiscalía  General de la Nación.   

Por apelación interpuesta por el Ministerio  Público,   la   Sala   de   Justicia   y   Paz   del   Tribunal   Superior   de  Barranquilla1,  en decisión del 27 de enero de 2008, revocó el fallo de primera  instancia  y,  en  su  lugar,  condenó  al procesado a las penas principales de  cuatro  (4) años de prisión y 10 salarios mínimos legales mensuales de multa,  así  como  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo lapso determinado para la sanción privativa  de la libertad.   

                    

          Contra  la  decisión  de  segunda instancia la defensa interpuso el  recurso  extraordinario  de casación, cuya demanda fue admitida por la Corte en  auto del 15 de diciembre de 2008.   

          Obtenido  el  concepto  de  rigor,  la  Sala  procede  a  emitir  la  sentencia que en derecho corresponda.   

HECHOS  

          Los   resumió  el  ad  quem  de la siguiente manera:   

          “Por   informe   que  la  Contraloría  General  de  la  República  presentó –en  el  mes  de  julio  de  1999-  ante  la  Fiscalía  Seccional de  Cartagena,  se  denunció  al entonces alcalde de la citada ciudad Nicolás Curi  Vergara  por  la  celebración  indebida  de  contratos.  Siete contratos fueron  firmados  el 21 de enero del citado año y dos más suscritos ulteriormente, uno  el  25  del  mismo  mes y otro el 5 de marzo siguiente. La contratación se hizo  con  diferentes  contratistas  y  con el mismo objeto que denominó ‘ejecución  por  el sistema de precios  unitarios   de   las   obras   de   reparcheo   en   diferentes   sitios  de  la  ciudad’,  en uno de tales  contratos  se  estipuló  como  objeto  el  suministro  y transporte de material  seleccionado.   

          Que    sumado    el    valor    de    los   contratos   –que   la   Contraloría  calculó  en  $646.908.5352   

–  y  como  había  disponibilidad  de  los  recursos,   el   alcalde   denunciado   violó  el  principio  de  transparencia  –art.  24 Ley 80 de 1993-  al  optar  por  la  excepcional  modalidad  de contratación directa en lugar de  someterla  a  la  regla  general  de la licitación pública. Y que el mecanismo  empleado  limita  el acceso de todas aquellas personas que quieran contratar con  el        ente        territorial”.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

          1.  La investigación la inició el 21 de julio de 1999 la Fiscalía  Seccional  de  Cartagena,  en  cuyo  desarrollo  vinculó mediante indagatoria a  NICOLÁS    FRANCISCO    CURI    VERGARA,  resolviendo su situación jurídica el 20 de agosto siguiente con  medida   de   aseguramiento   de   detención  preventiva,  que  sustituyó  por  domiciliaria.   

          2.  En  decisión  del 10 de julio de 2002 el instructor decretó el  cierre  de  la  investigación, calificando  el mérito del sumario el 5 de  marzo  del  año  siguiente cuando profirió resolución de acusación contra el  indagado,  por  el  delito  de  contrato  sin  el cumplimiento de los requisitos  legales, en concurso homogéneo.   

          3.  Por  vía de apelación, el 13 de noviembre de 2003 la Unidad de  Fiscalía   Delegada   ante   el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó  la  providencia  calificatoria,  precisando  que la acusación procede por un único  delito y no por concurso.   

          4.  El  trámite  del  juicio correspondió al Juez Quinto Penal del  Circuito  de  Cartagena,  cuyo  titular  realizó  las audiencias preparatoria y  pública  de  juzgamiento, tras lo cual puso fin a la instancia con la sentencia  absolutoria  que  el Tribunal Superior de Barranquilla, en su Sala de Justicia y  Paz, revocó para condenar al procesado.   

          5.  Contra  la  sentencia  de segundo grado, la defensa interpuso el  recurso  extraordinario de casación, demanda que la Magistrada sustanciadora de  la  Corte  admitió  en  auto  del  15  de diciembre de 2008, por cuya razón el  proceso  se  remitió  al  Ministerio  Público  para la emisión del respectivo  concepto,  labor  que  correspondió al Procurador Primero Delegado en lo Penal,  quien  lo  presentó  el  pasado  28  de enero del cursante año, solicitando no  casar la sentencia impugnada.   

LA DEMANDA  

          El  recurrente  formula  tres  cargos,  el  primero  por  violación  directa  de  la ley sustancial y los dos restantes por violación indirecta. Sus  fundamentos medulares se reseñan a continuación.   

          Primer cargo:   

          La  infracción directa de la ley que denuncia la radica en el hecho  de  interpretarse  indebidamente  el  artículo  146  del Código Penal de 1980,  modificado  por  el Decreto 141 del mismo año y por los artículos 57 de la Ley  80  de  1993  y  32  de  la  Ley  190  de 1995, en cuanto se refiere al concepto  “requisitos   legales  esenciales”,  cuyo  error  impidió al Tribunal concluir que la conducta es atípica.   

          Al  desarrollar  el  cargo  sostiene  que  aun cuando la licitación  pública  constituye  uno  de  los requisitos esenciales de la contratación, en  este  caso  el  procesado  no  pretermitió esa exigencia, pues si contrató por  separado          el          “reparcheo” de  la  red  vial  de Cartagena, tal proceder obedeció al deterioro de las vías de  la ciudad, su costo disímil y la urgencia de su realización.   

         

          Dichas  motivaciones, en sentir del actor, muestran a las claras que  los  distintos  contratos  no  versaron  sobre  el  mismo  objeto.  Al respecto,  entiende  que  unidad de objeto, en tratándose de esa clase de obras, solamente  ocurre  cuando  se  divide  una  sola vía o una calle, lo cual no aconteció en  este  caso,  pues  la  ciudad se escindió en grupos debidamente singularizados,  ofreciéndose  la  motivación  pertinente  por  parte  del  secretario de obras  públicas,  conforme  aparece  en  el documento obrante al folio 85 del cuaderno  del juzgado.   

          Por   lo  anterior,  estima  que  los  dos  requisitos  establecidos  jurisprudencialmente  por  la Corte Suprema para configurarse el fraccionamiento  indebido   de   un   contrato   no  se  presentan  en  este  caso,  “pues  de  un  lado no existe unidad de  objeto    porque   el   denominado   ‘reparcheo” de  toda  una  ciudad  compuesta  por  diversas  vías  y  sectores,  con disímiles  trabajos  a  realizar,  así se encuentre bajo la misma denominación por unidad  de  presupuesto  a  destinar,  no  puede  ser  un (sic)  objeto de un único contrato, porque se desconocerían  otros  principios de contratación tan importantes como el económico y el de la  eficiencia  de la administración pública, o como dice la sentencia de la Corte  a   la   cual   se   aludió  anteriormente,  existían  criterios  ‘razonables       de      interés  público’ no para incurrir  en   fraccionamiento,  sino  para  realizar  múltiples  contratos  con  objetos  distintos  pero  sobre el mismo género”.   

          Considerando  de  esa  manera  que  las normas permitían al alcalde  procesado  realizar  la contratación directa, solicitó casar la sentencia para  en su lugar proferir sentencia absolutoria en su favor.   

          Segundo cargo:   

          Predica  la  presencia  de  un  error  de  hecho por falso juicio de  existencia  al  omitirse  la  valoración  de  pruebas legalmente aportadas, las  cuales  acreditan  causal excluyente de responsabilidad por falta de imputación  objetiva o por error de tipo.   

          Para   el   libelista,  las  pruebas  omitidas  son:  testimonio  de  Jorge  Pino  Ricci,  abogado  experto  en  materias  contractuales,  quien  declaró haber sido consultado por  CURI  VERGARA  acerca  de la  viabilidad  de  celebrar  los contratos objeto hoy de cuestionamiento; documento  suscrito  por  el secretario de obras públicas de la alcaldía de Cartagena, en  el   cual   formuló  la  propuesta  de  dividir  la  ciudad  para  efectos  del  “reparcheo”;  testimonio del propio secretario de  obras  públicas,  señor Luis Sierra Samer,  quien  confirmó  que  suscribió dicha propuesta, explicando las  razones  para  hacerlo;  y,  finalmente,  testimonio  del  abogado  Eduardo  Vizcaíno  Zagarra, secretario de  asuntos  jurídicos  de  la  alcaldía de Cartagena, quien manifestó que avaló  los referidos contratos luego de establecer su viabilidad.   

             

          En  criterio  del  casacionista,  de  los  reseñados  elementos  de  convicción  se  deduce  claramente  la  no  responsabilidad del procesado, bien  porque  en  virtud del principio de confianza se excluye la imputación objetiva  o porque se estructura un error sobre el tipo subjetivo doloso.   

          Lo  primero,  según expresa, porque la prueba omitida demuestra que  el  ex  alcalde  tenía  razones  suficientes  para  confiar en las personas que  desempeñaban   cargos   en   la   institución,  quienes  ostentaban  funciones  relacionadas  con el agotamiento de la etapa precontractual, siendo responsables  de  la  legalidad  de  todo el proceso, sin que el funcionario procesado tuviera  motivos  para  desconfiar  del  concepto  de  sus  asesores,  máxime  cuando su  profesión es la medicina.   

          En  relación  con lo anterior, el demandante estima que el Tribunal  también  olvidó  valorar  las aseveraciones del propio acusado, quien explicó  que  el  alcalde  nunca  participa  en la preparación de un contrato, labor que  pertenece  a  las  secretarías,  pues esa es la razón de ser de su existencia.   

         

          Sobre  el error de tipo, sostiene que el ad  quem   dio   por  demostrado  el  dolo  a  partir  de  irregularidades  ocurridas  en la contratación y por razón de la condición de  ordenador  del  gasto del procesado, pero pasó por alto la actividad desplegada  por  éste  antes  de celebrar los contratos, en cuanto consultó primero con un  experto   en   la   materia   y   atendió  luego  las  recomendaciones  de  sus  colaboradores,  quienes  le confirmaban la viabilidad y legalidad del proceso de  contratación.   

          En  esas  condiciones, considera que si se predica la existencia del  tipo  objetivo  por  la  celebración  de  los múltiples contratos, el Tribunal  debió  reconocer  el  error  invencible  excluyente del tipo subjetivo, pues el  acusado  agotó  todos  los  recursos  a  su  disposición   para  tener un  conocimiento  adecuado  acerca del cumplimiento de los requisitos esenciales del  contrato,  aun  cuando de estimarse que no los agotó todos, se estaría ante un  error  vencible  que  de  todas formas excluye la responsabilidad, por cuanto el  delito imputado no admite la modalidad culposa.   

          De  esa  manera,  pidió casar la sentencia y, en su lugar, proferir  fallo absolutorio.   

          Tercer cargo:   

          Acusa  también  al Tribunal de incurrir en error de hecho por falso  juicio  de  existencia,  esta  vez  por  suponer  una  prueba  que no obra en el  proceso.   

          Al  respecto,  refiere  que  el juzgador dio por establecida en este  caso  la  necesidad  de  la  licitación  pública  para  la  escogencia  de los  contratistas  a  partir de simples suposiciones, pues consideró que el monto de  los  contratos  superaba  el  tope  de  la  menor  cuantía,  excluyendo así la  contratación  directa,  sin  que  en  la  actuación  se  haya  establecido  el  presupuesto  anual  de  la  ciudad  de  Cartagena,  aspecto  indispensable  para  determinar  la modalidad de la contratación, conforme lo establece los Decretos  2150 de 1995 y 62 de 1996.   

          Al  considerar,  de  esa  manera, que el ad  quem   supuso  la  prueba  de  uno  de  los  elementos  estructurantes  del  tipo  penal,  solicitó casar la sentencia y proferir en su  reemplazo fallo absolutorio.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          Primer cargo:   

          Considera  desacertado  el  sentido  de la violación aducido por el  actor,  porque  al  afirmar  que  la  conducta  desplegada  por  el  ex  alcalde  NICOLÁS  CURI  VERGARA  es  atípica,   en  cuanto  el  estado  de  las  vías  de  la  ciudad  “hacían  aconsejable desde el punto de  vista  técnico  y económico, sectorizar el trabajo para asegurar la eficacia y  respuesta   adecuada  a  la  comunidad”,  en  realidad  lo  que  postula  es  una  indebida aplicación del  artículo    146   del   Código   Penal   de   1980,   mas   no   su   errónea  interpretación.   

          De  todas  formas,  estima que la conclusión del censor parte de la  base  de  una  particular  e  interesada  visión  de  los  hechos,  la  cual no  desvirtúa  la  decisión contenida en el fallo, cuyos fundamentos el Procurador  Delegado  juzga  acertados, pues en los autos aparece claro que el procesado, al  fraccionar  el  objeto  único  de  la  contratación,  denominado  “ejecución  por  el sistema de precios  unitarios   de   las   obras   de   reparcheo   en   diferentes   sitios  de  la  ciudad”,  violó  la legalidad que rige la materia y con ella los principios  de  transparencia,  responsabilidad,  moralidad  y  selección  objetiva  de los  contratistas,   los   cuales  irradian  en  todo  momento  el  ejercicio  de  la  contratación pública, conforme lo ha expuesto esta Corporación.   

          En  ese  sentido,  no  le  parece  objetivo  ni  transparente que el  burgomaestre  hubiese  celebrado  dos contratos que tenían idéntico objeto con  la  misma firma, como ocurrió con los contratos 600674 y 600099. Esa división,  en  su  criterio,  revela el fraccionamiento y el favoritismo por dicha empresa.   

Igual  situación,  añade, sucedió con los  contratos     600169     y     602192,     el    primero    para    “reparcheo   de  vías  en  diferentes  sitios   de   la  ciudad”  y el segundo para el suministro y transporte de 17.500  mtrs.       cúbicos      de      “zahorra”.  Sobre  este  particular,  encuentra  que  si  los contratos se celebraron por el  sistema   de   precios   unitarios,  en  donde  cada  uno  de  los  contratistas  suministrarían  los  materiales necesarios para la reparación de las vías, le  parece  que esa última contratación no resulta favorable a los intereses de la  ciudad,  pues  se  dividió  su  objeto  y  se  contrató  el  transporte  de la  “zahorra” con la misma  firma     escogida    para    el    “reparcheo”, y  ello  a  pesar,  además,  de que en el primero de esos contratos (el 600169) se  consagró  que  el  contratista se haría cargo del suministro de los materiales  necesarios para la construcción y mantenimiento de las obras.   

          Para   el   Delegado  de  la  Procuraduría,  la  existencia  en  el  presupuesto  de  la  ciudad  de  Cartagena  de un ítem específico destinado al  mejoramiento  de  la infraestructura urbana de la ciudad, obligaba a celebrar un  solo  contrato.  De  ahí,  añade,  que  en  seis  de  esos  contratos  se haya  estipulado    como    objeto    el   “reparcheo    en   diferentes   sitios   de   la   ciudad”,  especificándose  solamente en uno,  el  número  600099, que su objeto era “el    reparcheo    en    el    barrio    los   caracoles”.   En  su  criterio,  si  la división de la contratación tenía como finalidad garantizar  la  eficacia  y  la  respuesta adecuada a las necesidades de la comunidad, no se  entiende  por  qué  la  administración  se abstuvo de señalar en cada caso el  sector donde se adelantarían las obras.   

          Más  aún,  considera  que  la  falta  de mención en los distintos  contratos  de  las circunstancias por las cuales se realizó el fraccionamiento,  impide  analizar  si a la luz de la jurisprudencia de la Corte Suprema esa forma  de  contratar  estaba  cimentada  en  criterios razonables de interés público.  Sobre  el  particular,  le  parece  infortunado  aducir que la eficacia y pronta  realización   de   las   obras   de  “reparcheo”  quedaban  mejor  garantizadas  con  la  contratación  directa  de  9  convenios  similares,  “pues  es  evidente que de haberse efectuado una licitación pública  con  esa única finalidad, en las condiciones fijadas en la ley, muy seguramente  se  habría  tenido  la  oportunidad  de  escoger una gran empresa dotada de los  elementos  técnicos necesarios y suficientes para el cabal cumplimiento de esas  precisas           finalidades”.   

          Tras  poner  de presente, según lo informado por el proceso, que el  ex  alcalde  suscribía  los  contratos  sin  conocer la oferta más favorable y  cuando   aún   no   se  habían  aportado  los  certificados  de  existencia  y  representación  legal de las empresas contratistas, concluyó en la ausencia de  transparencia  y  objetividad hasta en la selección de las personas contratadas  directamente,  conforme  lo  dedujo  el  Tribunal.  Por tanto, consideró que el  cargo no está llamado a prosperar.   

          Segundo cargo:   

          Solicita  también su desestimación porque, contrario a lo afirmado  por  el  actor, el juzgador de segundo grado sí ponderó la expresión material  u objetiva de la prueba echada de menos por aquél.   

          En  apoyo  de  su  criterio  el Ministerio Público encuentra que el  Tribunal,   al   no  acoger  las  conclusiones  del  a  quo,  fundadas  en  las  pruebas  cuya  no valoración  atribuye  a  la  referida  colegiatura,  examinó  rigurosamente cada uno de los  contratos  cuestionados,  encontrando  que  8  de  ellos  tenían  por objeto la  ejecución     de     las     obras     necesarias    para    el    “reparcheo  en  diferentes sitios de la  ciudad”,  sin especificar  el  lugar  exacto donde debería efectuarse esas obras, salvo en uno, en el cual  se  indicó  que  la  labor  se realizaría en el barrio Los Caracoles, amén de  haberse  pactado  en  todos ellos el sistema de precios unitarios, a pesar de lo  cual  el  alcalde  celebró  otro  contrato  para el suministro y transporte del  material requerido para la realización de dichas obras.   

          El  examen  de dichos documentos, así como de la propia indagatoria  del   procesado,   estimó   el  Delegado,  permitió  colegir  al  ad  quem  que el alcalde primero suscribía  los  contratos  y después examinaba las minutas en donde el secretario de obras  públicas  le  indicaba  cuál  había  sido  la  oferta más favorable. Para el  Procurador,  ello  prueba que el funcionario procesado, independientemente de la  opinión  de  sus colaboradores, ya tenía seleccionados a sus contratistas. Tal  situación,  añade,  puede  observarse  en  los  contratos 674, 678, 674 y 099,  situación  que  también  se  refleja frente a los certificados de existencia y  representación    legal    de   los   contratos   698   y   169,   “cuya   expedición   fue   autorizada  después     de     la     suscripción     de     los     contratos”.   

          Más  aún,  al Tribunal no le mereció credibilidad la explicación  de  CURI  VERGARA, según la  cual  su  conducta  obedeció  a  la presión de la comunidad y la prensa que le  reclamaban  gestión  por razón del deterioro de las calles, porque de ser así  habría  dado  prelación a las vías situadas en los sectores críticos, mas no  contratar   en   una   misma   fecha  con  siete  contratistas  el  “reparcheo” indeterminado en diferentes sitios de  la ciudad.   

             En esas condiciones, consideró que varios hechos declarados  probados     por    el    ad    quem    demuestran  que el ex alcalde no atendió los informes técnicos del  secretario     de     obras     públicas    de    la    ciudad,    “en  tanto suscribió algunos contratos  antes   de  que  éste  le  presentara  las  correspondientes  minutas  con  las  recomendaciones  del  caso  y,  además, no dio prelación al arreglo de algunos  sectores            críticos”.   

         

          Reitera  así  que el Tribunal sí valoró el contenido de la prueba  que  se  dice omitida, aun cuando apoyado en otros elementos de juicio arribó a  una  conclusión  diversa  a  la  planteada  por  el  casacionista,  la  cual el  Ministerio  Público  juzga  coherente  y  ajustada  a derecho, porque si quedó  demostrado    que   el   procesado   “en   algunos  casos  ya  tenía  de  antemano  seleccionados  a  sus  contratistas,  ello  significa  entonces que deliberadamente dejó de atender la  ‘propuesta’  o  recomendación  técnica  de  sus  colaboradores  inmediatos,  por  lo menos en el punto de la selección objetiva,  es  decir,  no  confió  en ellos y, en tales circunstancias, mal puede alegarse  ausencia  de  responsabilidad  por virtud del principio de confianza o por error  de         tipo        subjetivo”.   

          Tercer cargo:   

          Estima  intrascendente  la  no  aportación de copia del presupuesto  general  de  la  ciudad  de Cartagena para el año 1999, pues a la actuación se  recaudaron  otros  elementos  de  juicio  que permiten establecer el monto de la  cuantía,  como  el  informe  presentado  por  la  Contraloría  General  de  la  República,  así como los certificados de disponibilidad presupuestal expedidos  por  la  Secretaría de Hacienda, en los cuales se señala, como lo concluyó el  Tribunal,  que  en  la  mencionada vigencia fiscal existía un rubro específico  por  valor  de  $1.737.701.794 distribuido en dos cuentas, ambas destinadas para  “el  mejoramiento  de  la  infraestructura  urbana  del  Distrito”.   

          En  esas  condiciones,  sostiene que si de acuerdo con el Decreto 62  de  1996, para efectos de la contratación se entendía por menor cuantía hasta  el  valor  equivalente a 1.000 salarios mínimos legales mensuales para aquellas  entidades  con  un  presupuesto  superior  o igual a 1.200.000 salarios mínimos  legales  mensuales  y  si, además, la primera de esas cifras correspondía a la  máxima   posible  respecto  de  la  cual  podían  contratar  directamente  las  entidades  públicas,  era  hasta  ese último monto que el alcalde de Cartagena  estaba  autorizado para realizar contratación de esa naturaleza, valor superado  ampliamente  en  este  caso, pues los 1.000 salarios equivalían a $236.460.000,  en     tanto     los     nueve     contratos    fraccionados    ascendieron    a  $732.602.035.   

          Para  el  Procurador  Delegado,  en  el  remoto evento de haber sido  posible  la  contratación  directa,  de  todas maneras en este caso se violaron  flagrantemente  los principios de transparencia y selección objetiva, porque el  alcalde  CURI  VERGARA en  algunos  casos  “tenía de  antemano  seleccionados  sus contratistas, se  aportaron  certificados  de  existencia  y representación legal  después  de  haberse  firmado  los  convenios  y adicionalmente se contrató el  suministro  y  transporte de material seleccionado (zahorra), no obstante que en  todos   los   contratos   se   pactó   que  los  contratistas  a  su  costa  lo  aportarían”.   

          Por  tal  razón,  pidió  considerar también impróspero el tercer  cargo.   

          A  manera  de cuestión adicional, el Ministerio Público plantea su  desacuerdo   con  el  Tribunal  por  haber  concedido  al  acusado  la  prisión  domiciliaria,  no obstante la gravedad de la conducta cometida, que incluso hace  pensar  en  la  posibilidad  de  un peculado por apropiación porque el material  seleccionado      para      el     “reparcheo”  se  habría  cancelado dos veces. No obstante, observa  que  aquel  desacierto  no  puede  corregirse  por virtud del principio de la no  reformatio in pejus, amén de  encontrar  que  la  Contraloría  General  de la República certificó que dicho  comportamiento   no   ocasionó   detrimento   patrimonial   a   la   ciudad  de  Cartagena.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La  Sala  examinará  los  reproches  en  el  orden  que  se  vienen  resumiendo.   

          1.  Cargo primero. Violación directa por  interpretación    errónea   del   artículo   146   del   Código   Penal   de  1980:   

Según  el  actor,  el  Tribunal interpretó  erróneamente     el    elemento    “requisitos               legales              esenciales” exigido para  la  estructuración  del  delito  de  contrato  sin  cumplimiento  de requisitos  legales,  al  entender  que los distintos contratos celebrados por el ex alcalde  NICOLÁS      CURI      VERGARA      obedecían  a  un  mismo  objeto,  por lo cual su fraccionamiento se  realizó  con  el  único fin de eludir la licitación pública. En su criterio,  dicho  error  le  impidió  advertir  que  la conducta del procesado es atípica  porque en realidad los contratos tenían objeto diverso.   

          Así  confeccionado  el reproche, es evidente que, como atinadamente  lo  pone  de  presente el Ministerio Público, el demandante no debió aducir la  presencia  de una interpretación errónea de la ley sustancial sino predicar su  aplicación   indebida,   pues,  conforme  lo  tiene  ampliamente  precisado  la  jurisprudencia  de la Sala, el primero de esos sentidos de la violación directa  se  presenta  cuando  el  juzgador  selecciona  bien  y  adecuadamente  la norma  aplicable  al  caso,  pero  desacierta  al  interpretarla  porque le atribuye un  alcance  jurídico  que no tiene o le asigna efectos distintos o contrarios a su  real contenido.   

La  indebida  aplicación, en cambio, ocurre  cuando  el  funcionario  desatina  en  el  proceso  de adecuación de los hechos  probados,  en tanto el aspecto fáctico reconocido no coincide con los supuestos  contemplados  por el precepto. En el caso analizado, lo apropiado era afirmar la  aplicación  indebida  del  artículo  146  del Código Penal de 1980, norma que  tipificaba  el  delito de contrato sin cumplimiento de requisitos legales cuando  ocurrieron  los  hechos,  pues  el  error  habría  consistido  en seleccionarse  indebidamente   esa   norma   sustancial  a  pesar  de  resultar  atípicos  los  hechos.   

El reseñado desacierto técnico, empero, no  impide  estudiar  el mérito del reparo, pues constituye ya criterio consolidado  de  la  Corte  que  la  admisión  de la demanda hace surgir en el impugnante el  derecho a obtener la respectiva respuesta de fondo.   

          Uno  de  lo  principios que informan la contratación administrativa  es  el  de  la  transparencia, el cual está consagrado en el artículo 24 de la  Ley  80  de  1983.  De  conformidad  con  esa  disposición,  la  escogencia del  contratista  se efectuará siempre a través de licitación o concurso público,  salvo en los casos en los cuales procede contratar directamente.   

          La  licitación o concurso público, en aquellos casos en los cuales  se  torna  legalmente  indispensable,  se  erige  así en requisito esencial del  contrato   administrativo,  en  su  fase  pre-contractual,  cuyo  incumplimiento  comporta  la  configuración  del  tipo  penal  previsto en el artículo 410 del  Código   Penal   (antes   146   del   estatuto  punitivo  de  1980)3.   

          La  modalidad  del  ataque  seleccionado  por el libelista, esto es,  violación  directa,  le  implicaba  aceptar  la  situación  fáctica declarada  probada   por  el  ad  quem,  consistente   en   que   el  procesado  NICOLÁS  CURI  VERGARA,  en  su condición de alcalde de la ciudad de  Cartagena,  celebró  nueve  contratos  administrativos,  cuya suma total hacía  necesaria la licitación pública.   

          Así,  ciertamente, procedió el actor. La controversia que presenta  apunta  a  demostrar  que  los  nueve contratos tenían diverso objeto, por cuya  razón  el  ex  funcionario  procesado  estaba  autorizado  para celebrarlos por  separado,   sin   estar   obligado   a   abrir   licitación  pública  para  el  efecto.   

          La  propuesta  del  actor conduce a dilucidar si en el presente caso  se  presentó  o  no  el fenómeno del fraccionamiento indebido de contratos, el  cual    tiene    lugar,   como   lo   ha   precisado   la   Sala,   “en  los  eventos  en  los  cuales  la  administración  para  eludir  el  procedimiento de licitación pública, divide  disimuladamente  el  objeto  del  contrato  con  el  ánimo  de  favorecer a los  contratistas.   En   su   demostración,   deben   confluir  las  circunstancias  siguientes:  i)  Que sea posible pregonar la unidad de  objeto  en relación con el contrato cuya legalidad se cuestiona y, de ser así,  ii)   determinar   cuáles   fueron  las  circunstancias  que  condujeron  a  la  administración  a  celebrar varios contratos, pues solo de esta manera se puede  inferir  si  el actuar se cimentó en criterios razonables de interés público,  o  si  por  contraste,  los motivos fueron simulados y orientados a soslayar las  normas  de  la  contratación  pública”4.   

          Con   acertada   cita   jurisprudencial5,   el   Procurador   Delegado  destaca  cómo por unidad de objeto se entiende la especie de los bienes u obras  contratadas  de  un  mismo  género,  sin  que la ley entonces prohíba celebrar  varios  contratos cuando se trata de bienes o servicios de esa naturaleza (mismo  género),  pero  sí  cuando  corresponden  a  la  misma especie. Y refiere como  ejemplo  de los primeros los contratos que recaen sobre obras públicas o bienes  muebles,  mientras  considera  prototipo  de los segundos el arreglo de la malla  vial  de  una  ciudad,  cuando  se  realiza en un lapso determinado, tal como lo  concluyó el Tribunal.   

          La  Sala encuentra que siete (7) de los contratos (rotulados con los  números  600698,  600675,  600676,  600169, 600678, 600674 y 600099) celebrados  por  el ex alcalde de Cartagena se suscribieron el 21 de enero de 1999, mientras  uno  más  (identificado con número 600231) el 25 de los mismos mes y año y el  último (radicado con el número 602192) el 5 de marzo siguiente.   

Adicionalmente,  se  tiene que cuatro (4) de  ellos  tenían  una  vigencia  de 90 días y un plazo de ejecución de 60 días,  cuatro  (4)  más  una  vigencia de 60 días y un plazo de ejecución de 30 y el  restante,  precisamente  el  celebrado el 5 de marzo de 1999, una vigencia de 45  días  y  un  plazo  de  ejecución  de  15  días.  Es  decir, en su vigencia y  ejecución existía simultaneidad.   

          A  lo  anterior  se  suma  que  todos  tenían  como  propósito  el  mejoramiento  de  la  malla  vial  de  la  referida ciudad, como expresamente se  estipuló  en  ocho (8) de los contratos, pues en siete (7) de ellos se señaló  que    su    objeto    era    el    “reparcheo    en   diferentes   sitios   de   la   ciudad” y en otro (el 600099) se indicó como  objeto  del  mismo  la realización de “reparcheo     en     el     Barrio     Los     Caracoles”.  Por  lo  demás,  en el último (el  celebrado  el  5  de  marzo)  se  especificó  que su objeto era el suministro y  transporte          de         “zahorra” para  diferentes  sitios  de  la  ciudad,  la  cual,  como  lo  refirió  el Tribunal,  constituye    el    material   utilizable   en   las   obras   de   “reparcheo”.   

          Siendo  así  la situación, no surge la menor duda acerca de que se  trató  de una contratación celebrada respecto de una obra de la misma especie,  en otras palabras, existía unidad de objeto.    

          La  precedente  conclusión se confirma, como lo puso de presente el  ad  quem, al observar que los  contratos  estaban  subordinados  a  las  apropiaciones  presupuestales del año  fiscal  1999,  la  mayoría  de  ellos  (seis)  con cargo al rubro 031007100119,  mientras  otros  dos  al  031007100106,  uno  de  los  cuales  correspondía  al  relacionado    con    el    suministro   y   transporte   de   la   “zahorra”.   Finalmente,  el  noveno  contrato  pertenecía  a  ambos  rubros  presupuestales,  y éstos, por lo demás, estaban  destinados  al  mejoramiento  de  la  infraestructura  urbana  del  distrito  de  Cartagena.   

          Visto,  pues,  que  en los contratos existía unidad de objeto, debe  ahora  analizarse  si  las  circunstancias  que  llevaron  a  la administración  distrital  a  dividir  la  contratación  tenían  o no como finalidad eludir la  licitación pública.   

          El  demandante  sostiene  que  la división contractual obedeció al  deterioro  de  las  vías  de  la  ciudad, su costo disímil y la urgencia de su  realización,  cuyas  motivaciones quedaron expresadas en documento suscrito por  el  secretario  de  obras  públicas,  el  cual  fue  aportado  a la actuación.   

         

          El  documento  aludido por el actor registra fecha del 6 de enero de  1999  y  aparece  dirigido al entonces alcalde de Cartagena, doctor NICOLÁS  CURI  VERGARA.  Allí se señala  que  por  razones  técnicas  y económicas resulta más rentable distribuir las  calles   de  la  ciudad  en  varios  grupos  en  orden  a  que  su  “reparcheo” se adjudique  entre    varios   contratistas,   quienes   harían   las   obras   “con     celeridad      y    al  unísono”.    

          Al  respecto,  no  advierte la Sala que el procesado haya seguido la  recomendación  de  su  secretario  de  obras  públicas,  pues siete (7) de los  contratos     los     celebró     “para   reparcheo  en  diferentes  sitios  de  la  ciudad”  y otro más  para     ejecutar     en     el     “barrio   Los   Caracoles,   sin  entonces  especificar,  en  los  primeros, cada una de las zonas en las que se dividió la  ciudad.  Por  su  parte,  en  el  último tampoco se indicaron las calles en las  cuales  se  realizarían  las  obras, aspecto que había sido precisado en dicho  documento.   

          Aparte  de  lo anterior, se tiene que si el propósito de dividir la  ciudad  era  agilizar  los  trabajos,  asignando  a  distintos  contratistas  el  “reparcheo”  de  cada una de esas zonas, no tiene  explicación  alguna  que  dos de los contratos hubieran sido adjudicados por el  alcalde  a  la  misma  empresa,  tal  como  ocurrió  con los contratos 600674 y  600099,  suscritos  con la firma F. Gómez y Cia. Ltda., incluso, el mismo día,  esto es el 21 de enero de 1999.     

          Tampoco  se  entiende que si ocho (8) de los contratos se celebraron  por  el  sistema de “precio  unitario”,  en virtud del  cual  los  contratistas  se  obligaron  a suministrar y aportar los materiales y  “los demás elementos para  la    construcción    y    mantenimiento    de    las   obras,   temporales   y  permanentes”, “sin  que  por estos hechos el Distrito  adquiera    responsabilidad    alguna”,  a  pesar  de  ello el procesado suscribió contrato adicional con  una  de  las  firmas  a  las  cuales,  precisamente,  se le adjudicó uno de los  contratos          de          “reparcheo” (se  trata  de la compañía Cicon S.A. E.S.P.) para el suministro de la “zahorra”,   escindiendo   el   objeto  de  la  contratación  que,  por  lo  menos,  en  ese  aspecto  había  quedado  a salvo  inicialmente,  sin  que  aquel  proceder  hiciera  parte  de las recomendaciones  incluidas    en   el   documento   suscrito   por   el   secretario   de   obras  públicas.   

          Las    comentadas    circunstancias   permiten   concluir   que   el  fraccionamiento  de  la  contratación no se cimentó en criterios razonables de  interés  público. Contrariamente, su finalidad estuvo enderezada a soslayar la  licitación  pública,  en  orden  a  abrir  paso  a  la  contratación directa.   

La  anterior conclusión se fortalece cuando  se  observa  que  algunos  de  esos contratos los suscribió el burgomaestre sin  saber  cuál  era  la  oferta  más  favorable  y  sin  contar si quiera con los  certificados  de  existencia  y representación de las firmas contratistas. Así  ocurrió  con  los  contratos  600698  y  600169, en el primero de los cuales el  referido  certificado  tiene  fecha  3  de  febrero  de 1999, no obstante que su  suscripción  ocurrió  el  21  de  enero  anterior,  fecha  en  que también se  celebró  el  segundo, pero el certificado data del 22 de enero del citado año.  La  primera  de  las  referidas  situaciones  (no conocimiento de la oferta más  favorable)  aconteció también con los contratos 600678 y 600674, en los cuales  la  respectiva minuta con la mención de la propuesta más favorable fue enviada  al alcalde al día siguiente de su suscripción.   

No erró entonces el Tribunal cuando predicó  que  en el proceso de contratación se violó el principio de transparencia y de  paso  el  de  selección objetiva, este último consagrado en el artículo 29 de  la  Ley  80 de 1993, conforme al cual la escogencia se hace al ofrecimiento más  favorable   a   la  entidad  y  a  los  fines  que  ella  busca,  sin  tener  en  consideración  factores  de afecto o de interés y, en general, cualquier clase  de motivación subjetiva.   

          No prospera el cargo.   

          2.  Cargo  segundo.  Violación indirecta  proveniente   de   error   de   hecho   por   falso  juicio  de  existencia  por  omisión:   

          Sostiene  el  casacionista  que  el ad quem  dejó  de  apreciar  los  testimonios  de Jorge   Pino  Ricci,  abogado  experto  en  materias    contractuales,    Luis   Sierra   Samer,  secretario  de  obras  públicas  de  la  alcaldía de  Cartagena   y  Eduardo  Vizcaíno  Zagarra,  secretario  de asuntos jurídico del mismo ente territorial, así  como  documento  suscrito por Sierra Samer el  6  de  enero de 1999 y, finalmente, las aseveraciones del propio  acusado.   

Esos  elementos  de  prueba, en su criterio,  acreditan  que  el  procesado suscribió los contratos porque previamente dichas  personas  le  conceptuaron acerca de la legalidad del proceso de contratación y  de  su  viabilidad, de modo que en su condición de médico obró amparado en el  principio    de   confianza   o,   en   todo   caso,   bajo   error   del   tipo  subjetivo.   

          El  falso  juicio  de  existencia  por omisión se presenta, como lo  tiene  precisado  la  Sala,  cuando  el  juzgador  fundamenta  la  decisión sin  apreciar  uno  o  más  elementos  de  prueba legal y oportunamente aportados al  proceso.  Para  su  demostración es necesario que el actor identifique el medio  de  convicción  dejado  de  valorar  y  luego  fundamente  la trascendencia del  yerro.   

          Según  la  jurisprudencia  de  la  Corte,  no  hay  falso juicio de  existencia  cuando el fallador aprecia el contenido del elemento de juicio, así  no    haga    referencia    expresa    al    mismo6. Esta situación, como lo pone  de  presente  el  Ministerio  Público,  fue  exactamente lo ocurrido en el caso  materia de análisis.   

          En  efecto,  las pruebas echadas de menos por el libelista sirvieron  de   base   al  a  quo  para  concluir  que  el  ex  alcalde  de  Cartagena  no  actuó dolosamente, en cuanto  suscribió  los  contratos por la recomendación recibida de sus asesores. Sobre  el particular, el juzgado reflexionó en los siguientes términos:   

          “Por  manera  que  siendo  una conducta  eminentemente  dolosa el alcalde, aunque limitadamente conocía la Ley 80 porque  no   es   abogado   sino   un   médico,  por  su  conocimiento  y  por  la  orientación  de  sus  asesores,  particularmente  por  la  oficina  jurídica y la secretaría de obras públicas,  consideró  particularmente aplicable el procedimiento de contratación directa,  y  por  lo  mismo no se observa que haya querido realizar el tipo objetivo de la  conducta    atribuida,    esto    es,    omisión   de   licitación…”  (subraya  la    Sala)7.   

          Frente   a  tal  modo  de  razonar  del  a  quo,  la  Corporación  de  segunda instancia opuso el  siguiente análisis:   

          “…   el  Tribunal  no  le  halla sentido a la deducción contenida en la sentencia cuando  considera  que  la  división  de  la malla vial, a la que dice haber acudido el  mandatario  acusado,  no  tuvo más propósito que el de sectorizar las obras de  reparcheo  y  clasificar  en grupos las distintas vías que requerían esa clase  de  mantenimiento. Si tal era la intención del alcalde, cuál la razón para no  incluir  en  cada  contrato  el sector específico y tampoco la extensión de la  vía  que  correspondía  reparar  a  cada  contratista.  De  qué manera podía  entonces  el  alcalde  exigir el cumplimiento de cada contrato y cómo creer que  con  tal proceder el mandatario local estaba realmente protegiendo los intereses  del     distrito     de    Cartagena”8.   

          Como  se  observa,  el ad quem desechó  tácitamente  el  alcance  dado  por el fallador de primer  grado  a  las  mencionadas  pruebas,  concluyendo  que realmente el procesado no  actuó  movido  por  la recomendación de sus asesores sino con el propósito de  eludir  el requisito de la licitación pública. Para ello partió de evidenciar  cómo  en  los  contratos en ningún momento se especificó el sector ni tampoco  la  extensión  de  la  vía  en  la  cual  se haría la respectiva reparación,  conforme  se  indicaba  en  el  documento  suscrito  por  el secretario de obras  públicas.   

          Aparte  de lo anterior, el Tribunal aludió a otros aspectos con los  cuales  reforzó  su  razonamiento,  como  el hecho de que, si de acuerdo con el  referido  documento,  la  finalidad  de la propuesta de sectorizar la ciudad era  agilizar  la realización de las obras, para lo cual se requería asignar éstas  a  distintos  contratistas,  por  qué –se  preguntó  la  Colegiatura  de  segunda  instancia-  dos de esos  contratos  fueron  adjudicados  a  la misma empresa, tal como aconteció con los  rotulados  bajo los números 600674 y 600099, suscritos con la firma F. Gómez y  Cia. Ltda.   

          Adicionalmente,  resaltó  cómo  después  de celebrar los primeros  ocho  contratos por el sistema de unidad de precios, en los que cada contratista  se   encargaba   de  suministrar  la  “zahorra”  necesaria   para   la   realización   de  las  obras,  el  doctor  CURI  VERGARA  resultó celebrando un nuevo  contrato  con  una  de  las  empresas  contratistas  con  el  exclusivo  fin  de  suministrar dicho material.   

          Esas  circunstancias,  sumadas al hecho de que algunos contratos los  suscribió  antes  de conocer la propuesta más favorable, como ocurrió con los  números  600698,  600169,   600678  y  600674  e  incluso  sin  la  previa  aportación  de los certificados de existencia y representación de las empresas  contratistas,  conforme  aconteció  con  los  dos  primeros  antes mencionados,  permitió  al  ad  quem,  se  insiste,  concluir  que  el  acusado, lejos de obrar con criterios razonables de  interés   público,   encaminó  su  conducta  a  soslayar  deliberadamente  la  licitación  pública  para  poder adjudicar los contratos a personas y empresas  que  ya  previamente  había  escogido,  sin observar entonces los principios de  transparencia y selección objetiva.   

          Como  el  yerro  denunciado, según lo antes analizado, no existió,  pues  el  Tribunal  sí  sopesó las pruebas echadas de menos por el demandante,  ninguna  razón  le  asiste a éste cuando sostiene que su falta de apreciación  impidió  dar  por  demostrada causal excluyente de responsabilidad por falta de  imputación objetiva o por error de tipo.   

          Tampoco  prospera  el  cargo.            

3.  Cargo tercero.  Violación  indirecta  proveniente  de  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia por invención:   

Como  se  recuerda,  el  censor cuestiona al  Tribunal  por  inventar  la  prueba  demostrativa  de  la  necesidad de realizar  licitación  pública  para  la escogencia del contratista, porque en el proceso  no  está  establecido  el presupuesto anual de Cartagena, aspecto indispensable  para determinar la modalidad de la contratación.   

          El   reproche   carece   de   fundamento   porque   el  ad  quem  no  supuso  el  medio  de prueba  aludido  por  el  libelista.  En  efecto,  aun cuando no lo anotó expresamente,  resulta  evidente  que la conclusión del Tribunal tuvo como fundamento tanto el  valor  total de los nueve (9) contratos, como el contenido del artículo 1º del  Decreto 62 de 1996.   

          Dicha  norma,  la cual corrigió el artículo 38 del Decreto 2150 de  1995,  establecía  para  la época de los hechos los valores correspondientes a  la  menor  cuantía  que  permitía  la  contratación  directa en las entidades  públicas.  El  texto  legal  del precepto primeramente citado era el siguiente:   

          “Corrígese el artículo 38 del Decreto  Extraordinario  2150  del  5 de diciembre de 1995, en el sentido de que su tenor  literal   únicamente   modificó   la   menor   cuantía  para  efectos  de  la  contratación  pública  de  las  entidades públicas cuyos presupuestos anuales  sean  inferiores a 12.000 salarios mínimos legales mensuales. En tal virtud, el  artículo corregido es del siguiente tenor:   

‘Artículo  38º.-  Menor  cuantía  para  la  contratación. Para  efectos  de  la  contratación  pública  se  entenderá  por menor cuantía los  valores  que  a  continuación  se  relacionan,  determinados en función de los  presupuestos   anuales  de  las  entidades  públicas,  expresados  en  salarios  mínimos legales mensuales.   

   

“Para las entidades que tengan un presupuesto  anual  superior  o  igual  a  1.200.000  salarios mínimos legales mensuales, la  menor  cuantía  será  hasta 1.000 salarios mínimos legales mensuales; las que  tengan  un presupuesto anual superior o igual a 1.000.000 e inferior a 1.200.000  salarios  mínimos legales mensuales, la menor cuantía será hasta 800 salarios  mínimos  legales  mensuales;  las  que  tengan  un presupuesto anual superior o  igual  a  500.000 e inferior a 1.000.000 de salarios mínimos legales mensuales,  la  menor  cuantía será hasta 600 salarios mínimos legales mensuales; las que  tengan  un  presupuesto  anual  superior  o igual a 250.000 e inferior a 500.000  salarios  mínimos legales mensuales, la menor cuantía será hasta 400 salarios  mínimos  legales  mensuales;  las  que  tengan  un presupuesto anual superior o  igual  a  120.000  e  inferior a 250.000 salarios mínimos legales mensuales, la  menor  cuantía  será  hasta  300  salarios mínimos legales mensuales; las que  tengan  un  presupuesto  anual  superior  o  igual a 12.000 e inferior a 120.000  salarios  mínimos legales mensuales, la menor cuantía será hasta 250 salarios  mínimos  legales  mensuales;  las  que  tengan  un presupuesto anual inferior a  12.000  salarios  mínimos  legales mensuales, la menor cuantía será hasta 125  salarios  mínimos  legales  mensuales’”.   

   

          Como  se  observa, la disposición contempla como menor cuantía una  gradualidad  de  montos  en  forma  descendente,  cuyo máximo es 1.000 salarios  mínimos  legales mensuales y el mínimo 125 del mismo valor nominal, aplicables  dependiendo  del  presupuesto anual de la entidad pública, de modo que si éste  es  igual  o supera la cifra de 1.200.000 salarios mínimos legales mensuales la  menor  cuantía  será  hasta el monto primeramente mencionado (1.000 salarios),  en  tanto  si  el  presupuesto  es  inferior  a 12.000 salarios mínimos legales  mensuales   la   menor   cuantía  no  excederá  de  125  salarios.     

          Se  sigue  de  lo  anterior  que,  con independencia del presupuesto  anual   de  la  entidad  pública,  el  valor  máximo  posible  para  contratar  directamente  será  en  todo caso de 1.000 salarios mínimos legales mensuales.  Si  el  valor del contrato excede esa cifra, tendrá que necesariamente acudirse  a la licitación pública.   

          En  el  caso  sometido  a  estudio de la Sala, el monto total de los  nueve  (9)  contratos  ascendió  a  $732.602.035. En el año de 1999 el salario  mínimo  legal  mensual  equivalía  a $236.460, lo cual significa que los 1.000  salarios  mensuales  correspondían  a $236.460.000, cifra muy inferior al valor  integral de la contratación realizada por el alcalde de Cartagena.   

          En  ningún  yerro, por tanto, incurrió el Tribunal cuando infirió  que  el  procesado  debió adelantar licitación pública en orden a celebrar la  contratación       requerida       para      realizar      el      “reparcheo”  de  la  malla  vial  de  la referida  ciudad.   

          Como,  en  consecuencia,  el  tercer cargo está también llamado al  fracaso, la Corte no casará la sentencia impugnada.   

          Al  margen  de  lo  anterior, debe anotarse que la Sala no considera  pertinente  hacer  referencia  a los aspectos comentados de manera adicional por  el  Procurador  Delegado, pues éstos no están contemplados en la demanda, cuyo  contenido,  en  virtud  del principio de limitación que rige en esta sede, fija  el  ámbito  de  competencia  del  juez  de  casación, a menos de advertirse la  vulneración  de  garantías  fundamentales,  lo cual no acontece en el presente  caso.  Sobre el particular, la jurisprudencia de la Corte tiene dicho que cuando  tal  quebranto no ocurre, al Ministerio Público no le es permitido “complementar  o  enmendar  el  libelo  objeto   del  concepto,  ni  formular  sus  propios  cargos,  pues  se  estaría  atribuyendo  la  calidad  de  impugnante  de la que carece y desnaturalizando la  razón    de    ser    del   traslado”9.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

NO  CASAR el fallo  impugnado.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                        AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                       

JULIO          ENRIQUE           SOCHA   SALAMANCA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

              Secretaria     

1  Actuó  en  desarrollo  de  la medida de descongestión dispuesta por la Sala Administrativa  del  Consejo  Superior  de la Judicatura mediante Acuerdo 3935 del 22 de febrero  de 2007.   

2  En  realidad,     el    valor    de    los    nueve    contratos    ascendieron    a  $732.602.035.   

3  Cfr.  Sentencia  del  6  de octubre de  2004, radicación 16066.   

4  Sentencia  del  28 de noviembre de 2007, radicación 26857. En el mismo sentido,  sentencia del 23 de marzo de 2006, radicación 21.780.   

5  Se  trata  del concepto emitido el 18 de diciembre de 1989 por la Sala de Consulta y  Servicio Civil del Consejo de Estado, dentro de la radicación 328.   

6  Cfr.  Sentencias del  3 y 24 de octubre de 2002,  radicaciones  15927  y  15298.  En el mismo sentido auto del 30 de mayo de 2007,  radicación  27174,   sentencia  del  1º de noviembre de 2007, radicación  25236 y sentencia del 21 de julio de 2009, radicación 32099.   

7 Pág.  39 del fallo del Juzgado Quinto Penal del Circuito de Cartagena.   

8 Pág.  19 del fallo de segunda instancia.   

9  Sentencia del 10 de noviembre de 2004, radicación 18428.     

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