32934(26-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 32934  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 168.  

Bogotá  D.C.,  mayo veintiséis (26) de dos  mil diez (2010)   

VISTOS  

La   Sala  acomete  el  examen  sobre  los  requisitos  de crítica lógica y sustentación suficiente del libelo casacional  presentado  por el defensor del procesado JUAN DE DIOS  URQUIJO  RUA, contra la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  12  de junio de 2009,  mediante  la cual lo condenó, junto con otros acusados, como coautor penalmente  responsable  del  delito  de  extorsión  agravada,  providencia  por cuyo medio  revocó  el  fallo  absolutorio  dictado el 23 de octubre de 2008 por el Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Armenia (Acuerdo PSAA07-4143 de la Sala  Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura).   

HECHOS  

Según  se  consigna  en el fallo de segundo  grado,    los    sucesos   que   motivaron   este   averiguatorio   fueron   los  siguientes:   

“En diciembre de  1995,  varios  individuos,  entre  ellos  Francisco  Javier Suárez Prado, quien  habitaba  en  arriendo  un  apartamento  de  propiedad  de  Josefina Restrepo de  Pineda,  ubicado  en la calle 7 No. 39 –  43  del Barrio El Poblado de Medellín, bajo amenazas de muerte y  en  razón  a  que  su  hija  Yamile Restrepo Pineda había sido detenida en los  Estados  Unidos de Norteamérica con estupefacientes, la obligaron a trasladarse  hasta  la  Notaría  Tercera  del  Círculo de Envigado (Antioquia), lugar donde  hicieron  que  firmara  una  promesa  de  compraventa  por  valor  de doscientos  millones  de  pesos  ($200.000.oo)  en lo atinente al inmueble citado a favor de  Juan  Ignacio  Zarrabe,  pues  la  droga decomisada en USA era de su propiedad y  como    madre    tenía    que    responder    con   sus   bienes   ”.   

“Posteriormente,  cuando  la  señora  Pineda  de  Restrepo tuvo los documentos necesarios, dichos  individuos  se  hicieron presentes en su apartamento y la trasladaron nuevamente  a  dicha  Notaría,  donde firmó la escritura de venta del inmueble a nombre de  Juan    de    Dios    Urquijo,    cuñado   de   Francisco   Suárez”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  fundamento en la denuncia formulada por  la  ofendida,  la  Fiscalía  Regional  de  Medellín dispuso la correspondiente  indagación  preliminar  y  luego  de  practicadas  algunas diligencias declaró  abierta  la  instrucción,  en desarrollo de la cual vinculó mediante injurada,  entre  otros,  a  JUAN DE DIOS URQUIJO RUA,   resolviéndole   su   situación   jurídica   con   medida   de  aseguramiento  de detención preventiva sin derecho a libertad provisional, como  posible   autor   del   delito   de   extorsión   agravada   en  razón  de  la  cuantía.   

Concluida  la  etapa  de  instrucción,  el  sumario  fue  calificado el 4 de diciembre de 2000 con resolución de acusación  en  contra,  entre  otros,  de URQUIJO RUA  como  presunto  autor  del  delito  que  sustentó  la  medida  de  aseguramiento.   

Impugnada  la  acusación  por el Ministerio  Público,  mediante  proveído  del  9  de  enero de 2001 la Fiscalía adicionó  dicha  decisión  en  el  sentido  de  precisar  que la extorsión consistió en  constreñir      a     la     señora     Josefina  Restrepo a hacer la escritura de venta del apartamento  de su propiedad.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado de Medellín, despacho  donde  se  surtieron  las audiencias preparatoria y de juzgamiento, pero el 2 de  febrero  de  2006  se  remitió  la  actuación al recién creado Juzgado Quinto  Penal  de  la  misma  ciudad,  el  cual a su vez envió el expediente al Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado de Armenia de conformidad con lo establecido  en  el  Acuerdo  PSAA07-4143  proferido  por  la Sala Administrativa del Consejo  Superior de la Judicatura.   

El  último  de  los  despachos  judiciales  mencionados  profirió  fallo  el  23  de  octubre  de  2008, a través del cual  absolvió  a  todos  los procesados por el delito objeto de acusación y dispuso  su libertad provisional garantizada mediante caución juratoria.   

Al  conocer de la impugnación del fallo del  a  quo  presentada  por  el  apoderado  de  la  parte  civil,  el  Tribunal  Superior de Medellín lo revocó  mediante  sentencia  del  12  de junio de 2009, para en su lugar condenar, entre  otros,   a   JUAN  DE  DIOS  URQUIJO  RUA  a  la  pena  principal  de  setenta  (70)  meses de prisión, a la  accesoria  de  inhabilitación  de  derechos  y funciones públicas por el mismo  lapso  y  al  pago solidario de la correspondiente indemnización de perjuicios,  como  coautor  material del delito de extorsión agravada por la cuantía. En la  misma  providencia le fue negada tanto la condena de ejecución condicional como  la prisión domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

Entonces,   el   defensor  del  mencionado  ciudadano  interpuso  recurso  de  casación  y allegó la respectiva demanda en  tiempo, cuya admisibilidad se estudia en esta providencia.   

EL LIBELO  

El  censor  formula  dos reproches contra el  fallo  de  segundo  grado,  los  cuales  postula  y desarrolla en los siguientes  términos:   

          1.        Primer  cargo: Violación indirecta de la ley sustancial derivada de  falsos raciocinios y falsos juicios de identidad por omisión   

Al amparo de la causal primera de casación,  cuerpo  primero,  el impugnante afirma que el Tribunal aplicó indebidamente los  artículos  355  y  372  numeral  1º del Decreto 100 de 1980, modificado por el  artículo  32  de la Ley 40 de 1993, e inaplicó el inciso 2º del artículo 232  de  la  Ley  600  de  2000,  así como el inciso 2º del artículo 7º del mismo  ordenamiento,   que   se  ocupa  del  “in   dubio   pro  persona”.   

          En  el  desarrollo  de  la  censura  comienza  por  señalar  que el  ad   quem   incurrió  en  “falso   juicio   de  existencia    por    pretermisión    de    un    indicio    de    descargo    o  contraindicio”  en cuanto  se     acreditó     probatoriamente     que     su     asistido    “continuó  figurando como propietario  del  inmueble  del  que  supuestamente  fuera  despojada  la señora Restrepo de  Pineda,  y  asimismo  continuó  ejerciendo  actos  de  señor y dueño sobre la  referida  propiedad  y  adquiriendo obligaciones sobre el mismo inmueble a favor  de   uno   de   los   miembros   del   núcleo   familiar   afectado”,  circunstancia  de  la cual concluye  que  URQUIJO RUA sólo fue un  adquirente  de  buena fe, en cuanto conservó el bien y no ocultó su propiedad,  comportamiento  diverso  de  quien  delinque,  pues  quien  así procede procura  desprenderse  del  bien y obtener el consiguiente provecho económico, con mayor  razón  si  solicitó  prórrogas  respecto  del crédito hipotecario que pesaba  sobre  el  apartamento  y  acudió  a  un  prestamista  para cancelar la deuda a  Hugo      de      Jesús     Arboleda.   

          Agrega  que  si  el Tribunal hubiera efectuado la ponderación de la  conducta  de  su  procurado  conforme  a  las  reglas de la experiencia, habría  concluido  que  no  se comportó como un delincuente y que por tanto carecía de  compromiso penal alguno.   

          También   dice   que   no   se   tuvo  en  cuenta  el  “contraindicio    del    pago    del  precio”,  pues  desde  la  indagatoria   JUAN   DE   DIOS   URQUIJO  dijo  que  pagó  el valor del apartamento y señaló la fuente de  sus  ingresos, esto es, con el pago realizado por el Párroco de Ciénaga de Oro  y  otros ingresos como reconocido comerciante de mármol, lo cual fue demostrado  con  la  declaración  del  Sacerdote  José  Gustavo  Botello  y  los  certificados  expedidos  por  varias  empresas que acreditan sus altos ingresos.   

          Con  fundamento  en lo anterior dice el casacionista que si conforme  a  las  reglas  de  la  experiencia, sólo una persona con ingresos altos podía  comprar  un  apartamento  como  el  involucrado  en este asunto, es “altamente     probable”  que  su  prohijado  haya  pagado  el  precio  de  dicho  inmueble,  conclusión contraria a la que sobre el particular  arribó el Tribunal.   

          De  otra  parte afirma el censor que se incurrió en falso juicio de  existencia    respecto    de    la   declaración   rendida   por   Luis  Fernando  Trujillo  Bedoya, quien en  su   condición   de   hermano   de   Jhon  Trujillo  Bedoya,  se  enteró del negocio del apartamento entre  éste       y       URQUIJO      RUA.   

Igualmente señala que uno de los argumentos  del     Tribunal     fue     la     “supuesta  inverosimilitud  de la negociación, atendido el hecho de  que  para  el  año  1995  ya  las prenderías se habían liquidado, en tanto la  actividad  finalizó  en el año 1992, a raíz del secuestro del señor Fernando  Trujillo  Bedoya,  y  si se encontraban en apuros económicos, la justificación  de  que  Jhon Jairo tuvo las joyas durante tres años, resulta torpe”;  no  obstante, advera que el testigo  refirió  que la economía de la familia quedó algo lastimada con su secuestro,  pero todavía estaban los negocios de las prenderías.   

          Infiere   que  la  compraventa  del  inmueble  correspondió  a  una  transacción    lícita    entre    JUAN   DE   DIOS  URQUIJO  y  Jhon  Trujillo  Bedoya, pues el negocio de las prenderías no culminó  en  1992, dado que para 1995 aún funcionaba, de modo que no era necesario, como  equívocamente  lo  señaló  el  Tribunal,  guardar  las  alhajas  durante tres  años.   

          De  la  misma  forma,  considera que se incurrió en error por falso  juicio   de   existencia   respecto   de   la   declaración   de   Patricia  Trujillo  Bedoya, quien confirma  que  a  la  señora  Pineda  de  Restrepo  se  le entregaron unas joyas en razón de la venta del apartamento  y   que   la   promesa   de   venta   se   realizó  a  nombre  de  Juan  Ignacio  Zarrabe Giraldo, persona de  su  confianza,  toda  vez  que  ella  y  su  familia  se  irían  a  los Estados  Unidos.   

          Con   base   en   lo   dicho,   encuentra  acreditado  que  no  hubo  irregularidad  alguna  en  la promesa de venta del apartamento, pues quien allí  aparece  como  prometiente comprador era una persona de absoluta confianza de la  familia  Trujillo Bedoya, sin  el  propósito  de ocultar la negociación a fin de conseguir la seguridad de la  familia,   con  mayor  razón  si  Patricia  Trujillo  suministró  detalles sobre su ida hasta la casa de la  señora  Pineda Restrepo, de  donde   emergen   “dudas  acerca  de  la  inexistencia  de  aquella  referida  negociación  de las joyas,  cavilaciones   que   deben   resolverse  a  favor  de  los  acusados”.   

Considera  pretermitido  el  testimonio  de  Jorge    Alberto    López   Hernández,  quien  declaró  sobre la informalidad de las negociaciones en el  comercio  de  las  prenderías,  circunstancia  que  descarta la conclusión del  Tribunal  al  considerar  que  la  transacción  no se realizó en cuanto no era  creíble  la  entrega  tal  cantidad  de  joyas sin un respaldo económico o una  garantía,      lo      cual      “marcaría    más    aún    las    dudas    sobre    la   probable  responsabilidad”.   

          En   suma,   asevera   el  impugnante  que  los  yerros  mencionados  condujeron  al  Tribunal  a conclusiones equivocadas, y que las pruebas omitidas  imposibilitan  descartar  las  dudas que sobre la materialidad y responsabilidad  de  JUAN  DE  DIOS  URQUIJO  “quedaron  flotando”.   

          A  partir de lo anterior, solicita a la Sala casar el fallo atacado,  para  en  su  lugar proferir fallo de reemplazo de carácter absolutorio a favor  de su representado.   

          2.        Segundo   cargo   (subsidiario):   Violación   directa  de  la  ley  sustancial   

          Bajo  la  égida  de la causal primera de casación, cuerpo primero,  el  demandante  refiere que se aplicó indebidamente el artículo 23 del Decreto  100  de  1980,  y  no  se  aplicó  el  artículo  24,  en  concordancia con los  artículos 61 y 67 del mismo ordenamiento.   

          En  la  demostración  del  reproche  asevera  que  se probó que la  conducta    de    su    asistido    “consistió  en  haber suscrito el documento público con el cual se  transfería  el  dominio  del bien de la señora Restrepo de Pineda al coacusado  Urquijo  Rua”  el  26  de  diciembre  de 1995, inmueble que estuvo en su poder hasta el mes de mayo de 1997  cuando    lo   vendió   a   Gloria   Cecilia   Mesa  Sierra.   

Además,  aduce  que  en  el  “fallo  de segunda instancia se afirma  que  como entre todos se planeó el hecho, y que como se fijaron esa meta y cada  uno  de  ellos cumplía diferentes tareas, hay que reputarlos como coautores del  atentado    contra    el   patrimonio”,    pese    a    lo    cual,    no   se   dijo   que   URQUIJO    haya    efectuado   llamadas  amenazantes  o hubiera asistido a la reunión en el Centro Comercial Oviedo para  hablar  de  la  droga  decomisada  en Estados Unidos, ni que haya recogido en su  vehículo   a   la   ofendida   para   llevarla   a   la   Notaría  Tercera  de  Envigado.   

          Concluye  que  el  Tribunal  acogió  la  figura  de  la  coautoría  material  impropia  por  división  de  trabajo,  sin  tener  en  cuenta  que la  actividad  de  su  patrocinado  fue  de  mera  coadyuvancia,  esto es, de simple  cómplice, sin que su aporte fuera importante.   

          De  otra parte destaca que el dolo de JUAN  DE  DIOS URQUIJO no corresponde al de un autor, sino al  de  un  cómplice,  al  realizar  una  actividad  de ayuda o colaboración en la  realización  del delito contra el patrimonio, sin que el acuerdo previo permita  concluir que se trata de una situación de coautoría.   

También  dice  que  si  la  acción típica  nuclear  consistió  en constreñir a la víctima para lograr que compareciera a  la  notaría  a suscribir la escritura de venta del apartamento, es evidente que  si    tal    conducta   fue   realizada   por   otras   personas,   URQUIJO   RUA  intervino  cuando  ya  el  constreñimiento  se  había  efectuado,  de  modo que tendría la condición de  cooperador  posterior,  con  mayor  razón  si  su  aporte  no  se  revela  como  importante,  amén  de  que  carecía del dominio del hecho, el cual radicaba en  cabeza de quienes realizaron las llamadas extorsivas.   

          Añade       que       en       su       criterio,      “cuando  a  alguien  se  le sanciona a  título  de  coautor  impropio,  o  coautor  funcional, o coautor por reparto de  funciones,  se  viola  el  principio lógico de no contradicción, en virtud del  cual  ‘una cosa no puede  ser   y   no   ser   al   mismo   tiempo   bajo  el  mismo  respecto’.  En estos eventos en que se condena  a   una  persona  como  coautor  impropio  se  deja  un  doble  mensaje  que  es  abiertamente  contradictorio:  de una parte de le está diciendo que propiamente  no  es  autor  pero, de otra parte, se le está diciendo que impropiamente si lo  es,  resquebrajando  el  ya citado principio, pues alguien no puede ser y no ser  al  mismo  tiempo  y  bajo  el  mismo respecto, autor de una acción”.   

          Finalmente  argumenta  que  conforme  a  la doctrina, si su asistido  realizó  actos  posteriores de cooperación, sin que fuera la figura central de  la    acción,    tiene   que   ser   reconocido   como   cómplice,   no   como  coautor.   

          Advera  el recurrente que el Tribunal se apartó de las teorías del  acuerdo  previo, el dominio del hecho y la importancia del aporte, para proceder  equivocadamente  a  condenar  a  JUAN DE DIOS URQUIJO  como  coautor  del  delito  investigado,  yerro que se  tradujo  en  una  mayor  punibilidad  que  se  impone  enmendar  a través de la  casación   parcial   del   fallo   y   la  consecuente  redosificación  de  la  pena.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Tiene  suficientemente decantado la jurisprudencia que en el estudio  sobre  los  requisitos  de  admisibilidad  de  las demandas de casación, es del  resorte  de  la  Sala  verificar  que los recurrentes formulen sus reproches con  sujeción  a  los  requisitos  de  crítica  lógica  y sustentación suficiente  definidos  por el legislador y desarrollados por la jurisprudencia, a fin de que  este    recurso   extraordinario   no   se   convierta   en   una   tercera  instancia.  Tales  exigencias se  orientan  a  conseguir  libelos enmarcados dentro de unos mínimos lógicos y de  coherencia  en  la postulación y desarrollo de los cargos propuestos, en cuanto  resulten  inteligibles  por ser precisos y claros, pues no corresponde a la Sala  en  su  función  constitucional  y  legal  develar o desentrañar el sentido de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los impugnantes en  casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si el demandante carece  de  interés  o  la  demanda no reúne los requisitos se inadmitirá”.   

Advertido lo anterior, en cuanto se refiere a  la  primera censura observa la  Sala  que  el  defensor dedica su actividad a cuestionar que se omitió ponderar  un  indicio,  pero  no  es  preciso  en señalar si la equivocación se cometió  respecto  de  los  medios demostrativos de los hechos indicadores, la inferencia  lógica,  o  en el proceso de valoración conjunta al apreciar la articulación,  convergencia  y  concordancia de los varios indicios entre sí, o entre éstos y  las    restantes    pruebas,    para   llegar   a   una   conclusión   fáctica  desacertada.   

Tampoco  tiene  en  cuenta  que  si el error  recayó  en  la  apreciación  del  hecho  indicador,  dado que debe acreditarse  necesariamente  con otro medio de prueba, imprescindible le resultaba establecer  si  se  trató  de  un yerro de hecho o de derecho, a qué especie corresponde y  cómo se acredita su ocurrencia en el asunto.   

Ahora, olvida que si el error se ubica en el  proceso  de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del  medio  con  el que se acredita el hecho indicador y demostrar que el juzgador en  su  apreciación  se  apartó  de  las leyes de la ciencia, los principios de la  lógica  o  las  reglas  de  la  experiencia, para acto seguido señalar en qué  consiste  y  cuál  es su aplicación correcta, así como su trascendencia en la  decisión impugnada.   

Igualmente,  no atiende que si lo pretendido  es  denunciar  un  error de hecho por falso juicio de existencia de un indicio o  un  conjunto  de  ellos, lo primero que debe acreditar es la existencia material  en  el proceso del medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la validez  de  su aducción, qué se establece de él, cuál mérito le corresponde y luego  de  realizar  el  proceso  de inferencia lógica a partir de tener acreditado el  hecho  base,  exponer el indicio que se estructura de conformidad con las reglas  de  la  experiencia,  para  ahí  sí,  poner  de  presente  su  articulación y  convergencia con los otros indicios o medios de prueba.   

En punto de los yerros respecto de la prueba  indiciaria  se  tiene, que el demandante omite precisar si estos se presentan en  la  labor  de  análisis  de  la  convergencia y congruencia entre los distintos  indicios  y  de éstos con los demás medios, circunstancia que permite advertir  serias incorrecciones lógicas y de acreditación en el reproche.   

El  censor  únicamente procede a plasmar su  criterio  personal  y  afirma  sin  demostración  alguna  que existen dudas que  imposibilitaban  un fallo de condena en contra de su patrocinado, sin adentrarse  a  especificar,  como  era  su  obligación, qué aspectos no fueron debidamente  dilucidados  y probados en la actuación y dan lugar a la conformación de dudas  trascendentes  sobre  la  materialidad  del  ilícito  o  la  responsabilidad de  aquél.   

          Impera  señalar  que si bien el demandante alude a las reglas de la  experiencia,  no  procede  a explicar por qué razón su propuesta corresponde a  una  de  tales  máximas,  y  tanto menos explica de qué manera la ponderación  conjunta  de  las  pruebas conduce a una conclusión diversa a la establecida en  las  instancias, en cuanto no basta decir que si el acusado no se comportó como  un  delincuente  o  tenía  el dinero suficiente para comprar el apartamento, es  necesariamente inocente de la conducta que se le imputa.   

          En  efecto,  en  manifiesto  olvido  de  la presunción de acierto y  legalidad  del  fallo  impugnado,  el  impugnante pretende que sólo se tenga en  cuenta  su  personal  apreciación  del asunto, pero nada dice respecto de otras  pruebas,  como  por  ejemplo,  lo  expuesto  por  el  empleado  de  la  notaría  José  Julián  Toro  Ortiz,  así  como  lo narrado por la propia víctima Josefina  Restrepo    de    Pineda,   su   hija   Yamile  Pineda Restrepo,  amén de lo  declarado    por    Hugo    de    Jesús   Arboleda  Álvarez  y  Javier Hernando  Pineda   sobre   las   llamadas   amenazantes   y  la  suscripción  de  la  escritura  pública  de  compraventa  del  apartamento con  URQUIJO RUA.   

          Finalmente  es  pertinente  señalar que si se procede por el delito  de  extorsión,  el cual vulnera el bien jurídico del patrimonio económico, el  defensor  no  dice, ni la Sala advierte, por qué aquél afirma que el aporte de  su  asistido  no fue importante, como que vino a concretar de manera efectiva el  quebranto  del  objeto  de  tutela  penal  en  cabeza de la señora Josefina  Retrepo  de  Pineda, propietaria  del inmueble, circunstancia que descarta su pretendida nimiedad.   

Las  razones  expuestas son suficientes para  inadmitir el reparo.   

          En  punto  del  segundo  cargo   constata   la  Sala  que  en  su  pretensión  de  reclamar  para  JUAN  DE  DIOS  URQUIJO  la  condición  de  cómplice  posterior, y desechar la de coautor material impropio  por  la cual fue condenado, el recurrente no atina a señalar por qué razón el  actuar  de  su  asistido  es ajeno a la fase ejecutiva del delito de extorsión,  cuando lo cierto es que sobre el particular ha señalado la Sala:   

“Esta conducta  punible,  implica  que  el  sujeto  activo  constriñe a otro a hacer, tolerar u  omitir  alguna  cosa,  con  el  propósito  de  obtener  un  provecho ilícito o  cualquier  utilidad  ilícita o beneficio ilícito, necesariamente de naturaleza  económica,  para sí o para un tercero”.   

“Aunque  es  evidente  que  en  la  extorsión se socava la autonomía personal a través del  constreñimiento,   hasta   la   aniquilación   de  la  voluntad,  el   bien   jurídico  principalmente  tutelado  es  el  patrimonio  económico, a juzgar por la ubicación del tipo en el  Código  Penal.  Tan  es  así, que el delito de extorsión puede quedarse en el  estadio  de  la  tentativa  cuando  se  embate  contra la libre determinación a  través  de  amenazas,  pero  no  se  logra el hacer,  omitir  o  tolerar  aquello  que  al  sujeto  activo  reportaría  la  finalidad  económica”1    (subrayas    fuera    de  texto).   

Al respecto, de tiempo atrás ha puntualizado  la Colegiatura en posición que sigue reiterándose:   

“Darle  otro  alcance     a     esa    expresión    (‘El  que  constriña  a  otro  a hacer,  tolerar  u  omitir  alguna  cosa, con el propósito de obtener provecho ilícito  para    sí   o   para   un   tercero’,     se     precisa),    es  considerar  consumado  el  delito  con  la sola amenaza del mal  futuro,  lo  cual  ciertamente  no estuvo en la mente del legislador,   ni   es   el   alcance   que   le   dan   otras   legislaciones  similares”2    (subrayas    fuera    de  texto).   

Posteriormente   se   dijo   en  el  mismo  sentido:   

“En   la  extorsión,  además  de  quebrantarse  la  autonomía personal por el ejercicio  ilegal  del  constreñimiento, de manera principal, se  afecta   el  patrimonio  económico,  que  en  últimas  es  el  bien  jurídico  tutelado”3    (subrayas    fuera    de  texto).   

          A  partir  de los apartes jurisprudenciales trascritos, encuentra la  Sala  que el recurrente no cumple con su obligación de ofrecer en el libelo una  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente,  en la medida en que orienta su  discurrir  a  abordar  los  planeamientos  dogmáticos  en sede de la coautoría  material  impropia y la complicidad subsiguiente o posterior, para luego exponer  su   particular  valoración   del   caso,   pero   no   se  detiene  a ponderar los   

desarrollos  que sobre el delito por el cual  se  procede  ha  efectuado esta Corporación, con mayor razón si la resolución  acusatoria  fue adicionada a instancia del Ministerio Público, en el sentido de  precisar  que  la extorsión consistió en constreñir a la señora Josefina  Restrepo a hacer la escritura de  venta del apartamento de su propiedad.   

          Para  concluir  se  tiene  que si el censor no está conforme con la  figura  de  la  coautoría material impropia, no es este el foro para que debata  su desacuerdo con el legislador.   

          Por   lo   anterior,   el   segundo   reparo   también   debe   ser  inadmitido.   

En suma, encuentra la Sala que si el actor no  ajusta  su  demanda  a  las  mencionadas  exigencias  dispuestas para postular y  demostrar  los  reproches  que  presenta  contra el fallo de segundo grado y, en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se  encuentra  facultada  para enmendar las falencias de aquella, de conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000 el libelo debe ser  inadmitido de plano.   

          Para  concluir  es  necesario  señalar que no se observa dentro del  trámite  o  en el fallo objeto del recurso, violación de derechos o garantías  del  procesado,  como  para  que  tal circunstancia impusiera el ejercicio de la  facultad  oficiosa  que sobre el particular le confiere el legislador a la Corte  en punto de asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por el defensor del procesado JUAN DE DIOS  URQUIJO  RUA, por las razones expuestas en la anterior  motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                            AUGUSTO    J.    IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia de casación del 25 de mayo de 2005. Rad. 17666.   

2  Sentencia  de  casación del 23 de agosto de 1995. También sentencias del 29 de  octubre   de   2001.   Rad.   13292   y   del   19  de  febrero  de  2009.  Rad.  27274.   

3  Sentencia de casación del 2 de septiembre de 2008. Rad. 25120.     

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