33169(09-12-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n° 33169  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

                            Magistrado Ponente:   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No.382   

Bogotá, D. C., nueve (9) de diciembre de dos  mil nueve (2009).   

VISTOS  

La  Sala  resuelve el impedimento manifestado  por   las   doctoras  María  Teresa  García  Santamaría  y  Nilka  Guissella  del  Pilar Ortiz Cadena, y el  doctor  Luis  Guillermo Salazar Otero, Magistrados de la Sala Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de San Gil, para conocer en segunda instancia  del  proceso  adelantado  en  contra  de DIOMEDES ARIZA GUTIERREZ acusado de las  conductas  delictivas  de homicidio agravado y porte ilegal de armas de fuego de  defensa personal, en concurso heterogéneo de hechos punibles.   

HECHOS Y ANTECEDENTES  

1.  Los  primeros  fueron resumidos en el fallo de primer grado, así:   

“…[t]uvieron  ocurrencia  el  día 19 de julio de 2007, aproximadamente a las ocho de la noche  en  la  vereda el Porvenir del municipio de la Belleza, y concretamente sobre la  carretera  que  conduce  al corregimiento la Quitaz, lugar por donde transitaban  DUMAR  EGIDIO  PINEA  BELTRAN en una motocicleta, la cual era conducida por JOSE  AMID CARRILLO PALACIO.   

“En  un  paraje  solitario,  en  el sector Granadina, éstos fueron interceptados por dos sujetos  que  se  encontraban  agazapados  en  la  carretera también en una motocicleta,  quienes  procedieron  a  accionar  armas de fuego contra aquellos, impactando un  proyectil  en  el  muslo  de  la pierna derecha de DUMAR EGIDIO, razones por las  cuales  éste  y  su  compañero  se  lanzaron  a  un  barranco  para  eludir el  ataque.   

“En  el  momento  permanecieron  escondidos  hasta  aproximadamente  las tres de la mañana cuando  escuchó  JOSE  ADMID  CARRILLO  un  camión,  y  éste en compañía de algunos  moradores   del  sector  fueron  en  búsqueda  de  PINEDA  BELTRAN,  quien  fue  encontrado  herido  y  por ello fue trasladado al centro de salud de la Belleza,  luego  al  hospital  de  Vélez  y  finalmente  a la ciudad de Bucaramanga (sic)  falleció  el  22  de  julio  de  2007, estableciéndose como causa de la muerte  “tromboembolismo  pulmonar  severo  con  trombo  arterial  pulmonar  cabalgado, por retumbo arterial femoral  derecho”,   conforme  se  desprende del protocolo de necropsia incorporado al juicio.   

“En relación con  los  autores  del  atentado,  estos  fueron  identificados  y  señalados por el  testigo  JOSE  ADMID CARRILLO como DIOMEDES ARIZA y su hermano MANUEL ARIZA, con  quienes  habían  compartido  en  el  corregimiento  de (sic) la Quitaz el 18 de  julio de 2007.”   

2.  Por  los anteriores sucesos, el Juzgado Único Penal del Circuito de  Puente  Nacional,  Santander, el 27 de agosto de 2008, con anterioridad condenó  a  Manuel Antonio Ariza Gutiérrez a 34 años de prisión por haberlo encontrado  responsable  de  las conductas delictivas de homicidio  agravado   en   Dumar   Egidio   Pineda  Beltrán,  y  porte   ilegal   de   armas   de  fuego  de  defensa  personal.   

3. Esa sentencia fue  apelada  por  la  defensa y confirmada, el 28 de octubre de 2008, por la Sala de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  San Gil,  conformada  por  el  Magistrado  Luis  Guillermo Salazar Otero y las Magistradas  María   Teresa   García   Santamaría   y  Nilka  Guissella  del  Pilar  Ortiz  Cadena   

4. El Juzgado Segundo  Penal  del Circuito de Vélez, el 3 de noviembre pasado, en el proceso penal que  se  adelantó  por  separado,  condenó a DIOMEDES ARIZA GUTIERREZ a 36 años de  prisión  e  interdicción  de derechos y funciones públicas por el lapso de 20  años, por los mismos hechos y conductas delictivas.   

5.  Dicha sentencia  también   fue  apelada  por  la  defensa,  por  lo  que  fueron  remitidas  las  diligencias  al Tribunal Superior del Distrito Judicial de San Gil, en donde los  magistrados  que  integran  la  Sala  de  Decisión  Penal, con fundamento en el  numeral  6,  artículo  56 de la Ley 906 de 2004, manifestaron que se encuentran  impedidos  para  conocer  en  segunda  instancia del proceso, pues, afirman, que  cuando  desataron  la  apelación interpuesta en el proceso adelantado en contra  de  Manuel Antonio Ariza Gutiérrez, anticiparon su criterio, máxime cuando las  pruebas  en las cuales se fundamentó la sentencia dictada en contra de DIOMEDES  ARIZA  GUTIERREZ  son  las  mismas  que  se tuvieron en cuenta para sustentar la  condena impuesta a aquél.   

En  consecuencia,  advierten que “el  análisis  probatorio  realizado  dentro   del   proceso   que   se   adelantó  contra  Manuel  Ariza  Gutiérrez  indefectiblemente  será igual frente al caso de su hermano Diomedes Ariza, dada  la  identidad  fáctica  y  probatoria  en que se fundamenta su condena. Por tal  motivo  puede  decirse que ya comprometimos nuestro criterio en relación con la  asignación  del  valor  suasorio  de los mismos medios de prueba con los que se  cuestionará  la  sentencia  contra  éste  (sic)  último,  y  en  tal  sentido  difícilmente  podremos sustraernos al examinar su situación jurídica, lo cual  afecta  y  lesiona el principio de imparcialidad y objetividad que debe presidir  la función judicial.”   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.  Al  tenor de lo  preceptuado  por  el  artículo  57 de la Ley 906 de 2004, cuando el funcionario  judicial  se  encuentra  incurso  en  una  de  las  causales de impedimento debe  manifestarlo  a  la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia o a la Sala Penal  del  Tribunal  de Distrito Judicial, según corresponda, para que sea sustraído  del conocimiento del asunto.   

El canon 59 ibídem, dispone que si la casual  se  extiende  a  varios integrantes de las Salas de decisión de los Tribunales,  el  trámite  será  conjunto,  y el artículo 62 ordena suspender la actuación  procesal  desde  el  mismo  momento  en  que  se  presente  la  recusación o se  manifieste  el  impedimento  del  funcionario  judicial  hasta  que  se resuelva  definitivamente.   

Acorde   con   lo  dispuesto  en   los  artículos  57  y 341 de la Ley 906 de 2004, la Sala es competente para resolver  el  impedimento  planteado,  por  tratarse  de  un  proceso  adelantado bajo los  lineamientos  del  sistema penal acusatorio y de la manifestación efectuada por  los  tres  magistrados  que  integran  la  Sala  de Decisión Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  San Gil para inhibirse de conocer de este  asunto  por  vía  del  recurso  de  apelación  interpuesto por la defensora de  Diomedes  Ariza  Gutiérrez  contra la sentencia por medio de la cual el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de Vélez lo condenó a 36 años de prisión como  coautor     de    homicidio    agravado  en  Dumar Egidio Pineda Beltrán y porte  ilegal     de     armas     de    fuego    de    defensa    personal.   

2. Teniendo en cuenta  que  los  magistrados  del  Tribunal  fundamentan  su  impedimento  en la causal  prevista  en  el  numeral 6° del artículo 56 del ordenamiento en cita, la cual  señala  como  motivo  de  impedimento  que el funcionario judicial “hubiere   participado   dentro   del  proceso”  cuya  revisión  es  sometida  a su consideración, indispensable es  precisar que en torno a la misma la Sala tiene sentado:   

“La  expresión  “participado”,  no  debe  tomarse  en forma textual,  literal  ni  aislada  del  contexto  procesal  penal, pues de aceptarse así, se  llegaría   a  extremos  que  escapan  a  la  finalidad  de  salvaguarda  de  la  imparcialidad   contenida   en   las  normas  relativas  a  los  impedimentos  y  recusaciones.   

“Piénsese,  por  ejemplo,  que el Tribunal Superior conociese apelaciones sucesivas de diferentes  autos  emitidos  por  el  Juez Penal del Circuito dentro del mismo proceso; bajo  tal    supuesto,    la    participación  de  los  magistrados es innegable, pero ninguna razón existe para  aceptar  un  impedimento,  sin  argumentación específica de respaldo. También  habrían  participado ya los  magistrados  que  conocen  por vía de apelación de la providencia que niega la  práctica  de una prueba o del auto que se abstuvo de declarar una nulidad; pero  esa  intervención  en  el  proceso  nada  dice  por  sí misma de un pretendido  impedimento  para  conocer  después, en segunda instancia, la apelación contra  el fallo de primer grado.   

“En  especial,  cuando  se  produce la ruptura de la unidad procesal, por allanamiento a cargos,  total  o parcial, de todos o parte de los implicados, o por otras circunstancias  que         la         generen,         la         necesaria        participación   de   los   funcionarios  judiciales    (jueces   y   magistrados)  en  el  proceso  original  integrado  como  una  unidad,  o en los  procesos  derivados  del  anterior  con ocasión de la ruptura de esa unidad, no  debe  invocarse sin la fundamentación correlativa como causal de impedimento ni  recusación.   

“En efecto, así  como  no  es  motivo  objetivo  de  impedimento,  que  el  funcionario  judicial  “haya   manifestado  su  opinión     sobre     el     asunto     materia     del     proceso” (numeral 4°  del  artículo  56  de  la Ley 906 de 2004), tampoco se  erige  en  causal  objetiva  ni  automática  de impedimento, que el funcionario  judicial     “hubiere  participado    dentro    del   proceso”   (numeral   6°,  ibídem).   

“En tratándose de  impedimento,   es   necesario  que  en  cada  caso  particular  y  concreto  los  funcionarios       judiciales      –jueces    y    magistrados–  expliquen cuáles son las razones por las cuales su imparcialidad,  su  ecuanimidad,  su  independencia  o  su equilibro podrían afectarse frente a  cada   uno   de   los   implicados,   por   el   hecho   de  haber  participado ya en el proceso.   

“El  género  de  argumentación   que   se   exige,  incluye  especificar  las  circunstancias  o  condiciones       en       que       se       produjo       la      participación  del  funcionario judicial  en  el  proceso original o en alguno de los procesos derivados por la ruptura de  la    unidad    procesal;    y   si   la   actividad   del   Juez   –individual o colegiado- se extendió ya  a  la  valoración  de  elementos  probatorios  o de información susceptible de  convertirse   en  prueba,  se  precisa  indicar  cómo  y  de  qué  manera  las  apreciaciones  anteriores inciden en el ánimo del juzgador al conocer el asunto  en  ocasiones  posteriores,  frente  a  cada uno de los implicados o situaciones  concretas por resolver.   

“Lo  mismo puede  predicarse    –mutatis  mutandi- cuando se trata de recusación, aduciendo que  el  funcionario  judicial  ya  participó dentro del proceso.   

“4.    Las  instituciones    jurídicas   de   impedimento   y   recusación   se   vinculan  inescindiblemente  al  principio constitucional del debido proceso, en su amplia  concepción  garantista; pero no a la manera de una presunción peyorativa sobre  los  funcionarios  judiciales, respecto de quienes, por el contrario, se presume  su  imparcialidad;  presunción  que,  sin  embargo, puede desvirtuarse cuando a  ello  hubiere  lugar,  siendo  indispensable  que  el  interesado suministre los  elementos  subjetivos  que  cimentan  tal pretensión, pues como los motivos que  eventualmente   podrían   conspirar   contra   la  imparcialidad,  ecuanimidad,  equilibrio,  etc.,  a  menudo  pertenecen  al  fuero interno de las personas, la  corporación  llamada  a dirimir el incidente -en este caso la Sala de Casación  Penal-  debe  ser  enterada de aquellos motivos, para que pueda determinar si en  realidad  se  encuentra  ante  un  juez  subjetivamente  incompetente, por haber  emitido  juicios  anticipados  o  ser  sujeto de prevenciones que comprometan de  antemano  su  criterio,  al  punto  que  alguna  de  las partes pudiese resultar  perjudicada      o      favorecida”1.   

No  se trata, entonces, de una presunción de  impedimento,  ni  de  un  motivo  que  se active en forma objetiva, por el sólo  hecho     de     que    el    funcionario    judicial    hubiere    “participado” dentro del proceso, sino que surge de  acuerdo con la naturaleza de su intervención.    

3. Sin embargo, en el  caso  bajo  examen  no  se  configura  la  causal de impedimento manifestada, en  cuanto  los  magistrados  del  Tribunal no expresaron su criterio dentro de este  proceso,  sino  en  el  adelantado  por  los  mismos  hechos en contra de Manuel  Antonio  Ariza  Gutiérrez,  situación que da lugar a la causal señalada en el  numeral  4  del  artículo 56 de la Ley 906 de 2004, el cual dispone que procede  cuando:  “el funcionario  judicial  haya  sido  apoderado o defensor de alguna de las partes, o sea o haya  sido  contraparte  de  cualquiera  de  ellos, o haya dado consejo o manifestado    su    opinión   sobre   el   asunto   materia   del  proceso”,  la  cual  atendiendo  a  la  naturaleza  y  estructura  del  sistema  acusatorio  y  a  los  argumentos de los magistrados de Tribunal que se declaran  impedidos, la Sala concluye se configura en el caso en examen.   

Sobre  este  tema  en  particular, la Sala ha  dicho  que  “lo que obliga  a  aceptar la circunstancia de inhibición es que el funcionario haya incurrido,  con  ocasión  de  sus  funciones,  en  pronunciamientos  anticipados  acerca de  aspectos     sustanciales     que     […]  constituyen   auténticos  actos  de  prejuzgamiento,  que  implican  compromiso  indiscutible  de  su  criterio  y  pretenden  su  imparcialidad para resolver el  asunto     futuro”2.   

Oportunidad  en  la que también señaló que  “lo     sustancial  […],  en  asuntos jurídicos, se identifica  con  el  fondo  de  la  pretensión  o de la relación jurídico material que se  debate”3.   

4.  Los magistrados  del  Tribunal  fundan  el  impedimento  en  que  con  anterioridad conocieron el  recurso  de  apelación interpuesto por la defensa contra la sentencia proferida  por  el  Juzgado  Penal del Circuito de Puente Nacional, Santander, con función  de  conocimiento, mediante la cual fue condenado Manuel Antonio Ariza Gutiérrez  como  coautor  de  los  delitos de homicidio agravado y porte ilegal de armas de  fuego,  con  apoyo  en  los  hechos  y  pruebas por los que ahora se reprocha la  conducta de Diomedes Ariza Gutiérrez, hermano de aquél.   

Al  respecto, se observa, como lo refieren en  la  manifestación  de impedimento, que en dicha oportunidad hicieron alusión a  los  elementos  de  juicio  aportados,  mismos  que se tuvieron en cuenta por el  Juzgado   Segundo  Penal  del  Circuito  de  Vélez,  Santander,  para  proferir  sentencia  condenatoria  el 3 de noviembre pasado. En efecto, en la sentencia de  28  de  octubre  de 2008, se hizo referencia a la necropsia, a la inspección de  cadáver  y  fijación  fotográfica,  a  las  versiones  de José Amin Carrillo  Palacios,  conductor de la moto en la que se desplazaba con el occiso, con mayor  énfasis  en  éstas, debido a que fue el medio probatorio que soportó el mayor  número  de  críticas  por la defensa de Manuel Antonio Ariza Gutiérrez, pues,  alegó  que  el  juez  de instancia se fundamentó en la declaración que aquél  rindió  ante la Fiscalía, la cual no tiene el carácter de prueba autónoma, y  no en lo aseverado por el testigo en el juicio oral.   

También   hizo   alusión  al  estudio  de  balística  efectuado  por  Melba  Lucia  Villate  Zorro,  perito  del Instituto  Nacional  de  Medicina legal de Tunja, al proyectil recuperado en el cadáver de  Dumar  Egidio  Pineda Beltrán, en la cresta iliaca y la cabeza femoral derecha,  y  la  pistola  marca  CZ  No.  012230,  calibre 7.65 incautada por miembros del  Ejército  Nacional que la hallaron entre unos bultos de arroz suelto que Manuel  Antonio  y Nelson Ariza Gutiérrez transportaban en unos semovientes, en el cual  concluyó,  contrariamente  a  lo  afirmado  por el investigador criminalístico  Cristian  Villabona  Pérez,  del  área  de balística del C.T.I, que entre los  elementos  examinados  y  confrontados no sólo había correspondencia de clase,  sino  características  individuales  (micro  rayado),  con  base  en los cuales  aseguró  que  la  ojiva que se alojó en el cuerpo del ofendido se disparó con  la aludida pistola.   

Y  para  dar  mayor  crédito  al  peritaje  practicado  por la perito del Instituto Nacional de Medicina Legal, destacó que  en  el  efectuado  por  el  investigador  del  C.T.I  no  se tuvieron los mismos  cuidados,  toda vez que éste no logró, después de sumergir el proyectil entre  hipoclorito  y  alcohol,  limpiarle  las  manchas  oscuras  que  lo enmascaraban  superficialmente,   en  tanto  que  aquélla  en  el  informe  hizo  alusión  a  adherencias  compatibles  con  material orgánico, sugiriendo, por lo tanto, que  la  limpieza  que  hizo su colega no fue eficaz, pues tuvo que realizar un nuevo  proceso de enjuague con un equipo ultrasónico y al baño maría.   

Y, en consecuencia, concluyó:  

“…Lo  anterior  refuerza  la  incriminación  que  se  ha  hecho  a Manuel Antonio, porque si un  testigo  presencial  lo  sindicó  de haber participado en los hechos y después  aparece  el  arma  con la cual se disparó a la víctima en unos bultos de arroz  que  llevaban  unos  semovientes  a  cargo  de  él,  en  sana  lógica no puede  arribarse  a  conclusión  diferente a que está íntimamente relacionado con el  comportamiento del delito investigado.”   

El  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de  Vélez,  al  hacer referencia a los aludidos medios probatorios, destacó que el  proyectil  hallado  en el cadáver de Dumar Egidio Pineda Beltrán fue disparado  por  la  pistola calibre 7.65, marca CZ No. 012230, según lo dictaminado por la  perito  Melba  Lucía  Villate  Zorro,  y  que  si bien es cierto dicho elemento  bélico   fue   incautado   a   Manuel   Ariza,  también  lo  es  que  para  el  esclarecimiento  del suceso es relevante la declaración de José Amid Carrillo,  quien  narró a la Fiscalía que los hermanos DIOMEDES y Manuel Ariza fueron sus  autores,  desestructurando,  de  esa  forma,  los  argumentos de la defensa, que  persigue  capitalizar  jurídicamente  las  contradicciones  que denunció en el  debate    oral,    en   las   cuales   probablemente   insistirá   en   segunda  instancia.   

5.   El  proceso  acusatorio     “como  garantía  orgánica,  supone  la  configuración del proceso como una relación  triangular  entre  tres  sujetos,  dos  de  los  cuales están como partes en la  causa,  y  el  tercero  super  partes:  el acusador, el defensor y el juez. Esta  estructura  triádica  constituye,  como  se  ha  visto,  la  primera  seña  de  identidad  del  proceso acusatorio. Y es indispensable  que  se  garantice  la  ajenidad  del  juez a los dos  intereses      contrapuestos     ­─el  de  la  tutela  frente  a  los  delitos,  representado  por  la  acusación,  y  el  de la tutela frente a los castigos arbitrarios, representado  por    la    defensa­  ─ que además corresponde  a   los   dos   fines,  perfectamente  compatibles  en  abstracto  pero  siempre  conflictivos  en  concreto,  que,  como  se  ha  visto,  justifican  el  derecho  penal”4.     (Negrilla     de    la  Sala)   

La   imparcialidad,   en   el  sub  lite, se encuentra afectada en cuanto  la  sentencia  del  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Vélez  tienen como  fundamento  razones similares a las expresadas por el Tribunal para confirmar la  sentencia  condenatoria  proferida, por los mismos hechos, por el Juzgado Único  Penal  del Circuito Especializado de Puente Nacional en contra de Manuel Antonio  Ariza  Gutiérrez,  por lo tanto se trata de una situación acerca de los cuales  los magistrados que se declaran impedidos anticiparon su criterio.   

En consecuencia, para la Sala es claro que la  imparcialidad  de  los  magistrados del Tribunal se encuentra comprometida en la  medida  que  al  conocer del proceso adelantado respecto de Manuel Antonio Ariza  Gutiérrez  valoraron  los  elementos probatorios que actualmente fundamentan el  fallo  proferido  en  contra  de  DIOMEDES  ARIZA  GUTIERREZ,  como  coautor del  homicidio  agravado  de Dumar Egidio Pineda Beltrán, anticipando, por lo tanto,  su discernimiento.   

En   consecuencia,   como   el  impedimento  manifestado   se   encuentra   debidamente   documentado,   se  aceptará  y  en  consecuencia  se  dispondrá  que  los Magistrados de la Sala de Decisión Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de San Gil, sean sustraídos del  conocimiento de este proceso.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.  DECLARAR fundado  el  impedimento manifestado por las doctoras María Teresa García Santamaría y  Nilka  Guisilla del Pilar Ortiz Cadena,  y el doctor Luis Guillermo Salazar  Otero,  Magistrados de la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial  de     San     Gil,    y,    como    consecuencia    de    ello,    ORDENAR su separación del conocimiento de  este proceso.   

2.   DEVOLVER  de  inmediato  el proceso al Tribunal Superior del Distrito Judicial de San Gil, con  el  fin  de  que  integre  la  Sala de Decisión que deba conocer del recurso de  apelación  interpuesto  por  la defensora de DIOMEDES ARIZA GUTIERREZ contra la  sentencia  mediante  la  cual  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito Vélez lo  halló  responsable de los delitos de homicidio agravado y porte ilegal de armas  de fuego de defensa personal.   

Por  expresa prohibición del artículo 65 de  la   Ley   906   de   2004,   contra   esta   providencia   no  procede  recurso  alguno,   

Cúmplase  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ           SIGIFREDO  ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO               MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO        J.       IBÁÑEZ  GUZMÁN                      JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                            JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 CSJ  Penal, 13 Jun. 2007, e27497.   

2 CSJ  Penal, 7 Mar.2007, e26853   

3  Ibídem   

4  Ferrajoli,  Luigi,  Derecho  y  Razón,  teoría del garantismo penal, Editorial  Trotta, 2006, Pág. 581.     

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