31430(18-05-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  31430   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 142.  

Bogotá,  D.C., dieciocho de mayo de dos mil  nueve.   

VISTOS  

Para  establecer  si reúne las exigencias y  condicionamientos  previstos  en los artículos 205 y 212 de la Ley 600 de 2000,  la  Corte  examina  la  demanda de casación por cuyo medio el defensor de GILMA  GÓMEZ  HERNÁNDEZ,  dice  sustentar  el  recurso  extraordinario  que interpuso  contra  la  sentencia  de segundo grado proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de Cúcuta (Norte de Santander), el 22 de septiembre de 2008, mediante  la  cual  confirmó  el  fallo condenatorio emitido por el Juzgado 5° Penal del  Circuito  de  esa ciudad, el 26 de junio del mismo año, en el que declaró a la  mencionada     procesada     responsable     del    delito    de    corrupción    de   alimentos,   productos   médicos   o   material  profiláctico,  imponiéndole,  en  consecuencia,  las  penas   principales   de   24   meses   de  prisión,  multa  por  el  valor  de  $38’100.000.oo de multa e  inhabilitación  para  el  ejercicio  del  comercio  por  el  mismo  lapso; y la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 26 meses.   

HECHOS  

En  la  sentencia  de primer grado, quedaron  consignados de la siguiente manera:   

“Según  el  informe  policivo,  el 14 de  junio  de  2005,  aproximadamente  a  las  tres  (3) de la tarde, miembros de la  Policía   Nacional   adscritos   al  CAI  del  Parque  Colón,  se  encontraban  patrullando  por  la  avenida 7 entre calles 11 y 12 del Centro de la ciudad, al  requisar  el vehículo que conducía GILMA GÓMEZ HERNÁNDEZ, encontraron que en  el   baúl  llevaba  dos  cajas  que  contenían  en  su  interior  etiquetas  y  medicamentos  etiquetados  como PHOSPO VITACEREBRINA H3 VITAMINAS, repartidas en  130  paquetes  por  30  sobres de 10 pastillas cada una, para un total de 39.000  capsulas  (sic),  que  no  tienen el laboratorio que las produce como tampoco el  registro del INVIMA”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  RELEVANTE   

Por  los  hechos  anteriores,  la  Fiscalía  Primera  de la Unidad de Reacción Inmediata de Cúcuta (Norte de Santander), el  15  de  junio  de  2005  dictó  resolución  de  apertura  de la instrucción y  vinculó  mediante  indagatoria  a  la  capturada GILMA GÓMEZ HERNÁNDEZ, quien  recobró su libertad en la misma fecha.   

Perfeccionada en lo posible la investigación  y  decretada  su clausura, por resolución del 3 de octubre de 2007 la Fiscalía  instructora   acusó   a  la  procesada  como  presunta  autora  del  delito  de  corrupción   de   alimentos,  productos  médicos  o  material  profiláctico, tipificado en el artículo 372  de la Ley 599 de 2000.   

De  la  etapa del juicio conoció el Juzgado  5°  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad,  despacho  que  luego de evacuar las  audiencias    públicas    de    preparación    y    juzgamiento   –el  8  de  abril y 13 de mayo de 2008,  respectivamente-,  profirió  sentencia  condenatoria  el 26 de junio siguiente,  declarando  la responsabilidad penal de la sindicada GILMA GÓMEZ HERNÁNDEZ, en  el ilícito por el cual se le acusó judicialmente.   

Consecuente   con  su  determinación,  el  A quo impuso a la sentenciada  las  penas  principales  y  accesoria  reseñadas  en  la  parte inicial de este  proveído,  y  le  concedió el subrogado penal de la suspensión condicional de  la ejecución de la condena.   

El  fallo en comento, que fue apelado por el  defensor  de  la  acusada, lo confirmó íntegramente la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Cúcuta  (Norte  de  Santander), mediante el que hoy es objeto del  extraordinario recurso.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Cargo único.  

Apoyado  en  la causal primera de casación,  prevista  en  el  numeral  1°  del  artículo  207  de  la  Ley 600 de 2000, el  demandante  acusa a las sentencias de instancia de haber violado directamente la  ley  sustancial,  por  falta de aplicación del ordinal 3° del artículo 39 del  Código   Penal,   “toda  vez  que  los  medios  de  convicción  demuestran  que  mi  defendida  no cuenta en realidad de verdad con  recursos  económicos a fin de sufragar la pena de multa impuesta”.   

A  juicio  del  defensor,  los  falladores  desatendieron  los  criterios  establecidos por dicho precepto para la fijación  de  la sanción pecuniaria, “razón por demás valida  (sic)  para  afirmar  que  tampoco  se  dio  aplicación  a  lo  dispuesto en el  artículo  59  del  Código  Penal,  vulnerándose  de  contera  el principio de  legalidad de las penas”.   

Según   el   casacionista,  la  sentencia  impugnada,  en  la  cual  se  cita descontextualizadamente una providencia de la  Corte  Constitucional  que  no alude a la aplicación del citado dispositivo, no  está  acorde  con  el  ordenamiento  jurídico,  siendo  la  Sala, entonces, la  competente para desvirtuarla.   

Pide,  por  consiguiente,  se case la misma,  “con  el  fin  de  redosificar  la  pena  de  multa  impuesta,   pero   dentro   del   marco   de   la  legalidad  de  las  sanciones  penales”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Critica,  el  recurrente, que los juzgadores  hayan  omitido aplicar, al momento de determinar la pena principal de multa, los  criterios  orientadores  del  numeral 3° del artículo 39 del Código Penal. En  razón  de  ello,  acusa  a  las  sentencias  de las instancias de haber violado  directamente  la  ley  sustancial,  por  falta  de  aplicación  de la susodicha  disposición.   

Para  empezar,  debe  reiterar  la  Sala que  respecto  de la vía casacional seleccionada por el actor, amparado en la causal  1ª,  cuerpo  1°  del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal de 2000,  fundamentalmente le corresponde:   

“2.1. Afirmar y probar que el juzgador de  2a.  instancia  ha  incurrido  en  error  por  falta  de aplicación (exclusión  evidente  o  infracción  directa),  por  aplicación  indebida (falso juicio de  selección)  o por interpretación errónea (sobre la existencia material, sobre  la validez o sobre el sentido o alcance) de la ley sustancial.   

2.2.  Abstenerse de reprochar la prueba, es  decir,  le  compete  aceptar  la apreciación que de ella ha hecho el fallador y  conformarse  de  manera  absoluta  con la declaración de los hechos vertida por  éste.   

2.3. Realizar un estudio puramente jurídico  de la sentencia.   

2.4.  Si  como  consecuencia de la errónea  interpretación  de la ley, ésta se deja de aplicar, o se aplica indebidamente,  debe  dirigir  su  acusación  hacia  una  de estas dos hipótesis y no hacia la  interpretación  equivocada  de  la  ley  pues lo importante, en últimas, es la  decisión   tomada   por   el   Juez:   no   aplicar   la   norma   o  aplicarla  indebidamente.   

2.5. Si predica aplicación indebida de una  norma,  tiene  que  precisar la norma inadecuadamente utilizada y aquella que en  su lugar debe ser atribuida.   

2.6.  Respecto  de  una  misma disposición  legal  no  puede  predicar  simultáneamente  falta de aplicación y aplicación  indebida.   

2.7.  Indicar  en forma clara y precisa los  fundamentos de la causal.   

2.8.  Citar  las  normas  que  se  estiman  infringidas.   

2.9. Si por esta vía el proponente reprocha  al  Juzgador  el tratamiento impartido al principio de duda, tiene que demostrar  que  en  la  sentencia  el fallador ha reconocido formalmente la presencia de la  incertidumbre  y  que,  sin  embargo,  ha condenado, con lo cual ha incurrido en  falta  de  aplicación  del  artículo  445  del  C.  de.  P.  P.”1.   

Suficiente,   la  reseña  jurisprudencial  traída  a  colación, para determinar que el defensor dejó el cargo en el mero  enunciado,  teniendo  en  cuenta  que  cuando  se  aduce  la  causal  primera de  casación,  uno  de  los  requisitos  que  en  seguimiento  de  claros preceptos  lógicos  reclama  la  fundamentación  del  extraordinario  recurso, para hacer  posible  la construcción del juicio sobre el cual pretendan los censores que la  Corte  realice  el  control  de legalidad de la sentencia impugnada, es indicar,  además  de  la  norma  o normas sobre las cuales supuestamente recayó el error  del   fallador,   exactamente   en  qué  consiste  el  mismo  y  cuál  fue  su  trascendencia en el fallo.   

Por consiguiente, la demanda que sustente el  recurso  extraordinario  de  casación  necesariamente  debe  caracterizarse por  permitir  colegir  sin  temor a equivocaciones los yerros en que, eventualmente,  incurrieron  los  juzgadores  de  instancia, razón por la cual el reproche a la  sentencia  acusada  debe ser de objetiva comprensión, dado que así lo exige la  naturaleza  y  alcance  de  las  normas  que  rigen el recurso extraordinario de  casación.   

En este caso, al revisar el contenido de la  demanda,  se  observa que el actor enuncia la clase de error y cita la norma que  estima  quebrantada  directamente,  pero  no  logra  demostrar la existencia del  yerro,  ni  mucho  menos  su  trascendencia,  ya  que  no  hace  ningún tipo de  análisis,  omitiendo  realizar  un  estudio puramente  jurídico  de  la  sentencia,  lo  cual  impide  conocer,  de  paso,  cuáles en  últimas,  fueron las razones que tuvieron los juzgadores para dosificar la pena  de   multa   en   la   suma   de   $38’100.000.oo.   

A  cambio de ello, el impugnante simplemente  hace  un  planteamiento  general,  dado  que entiende suficiente con formular la  solicitud,  sin  preocuparse  de  abordar  los argumentos de los falladores para  tomar   la   decisión   cuestionada,   como   es  exigencia  básica  en  estos  casos.   

Es  claro  que el censor no cumplió con los  rigorismos  de  fundamentación propios del recurso extraordinario de casación,  en  tanto,  debe  relevarse,  el  fallo  de segundo grado llega a este escenario  prevalido  de  una  doble  condición  de  acierto  y  legalidad  que solo puede  desvirtuarse  cuando de forma lógica, con argumentos suficientes sustentados en  los  hechos,  el decurso procesal y las normas jurídicas aplicables al caso, se  demuestra  un  error evidente, con la trascendencia suficiente como para revocar  o modificar lo decidido por las instancias.   

Lo  relacionado  por  el  libelista  en  su  escrito,  además  de  carente  de  argumentación  mínima,  ni  siquiera puede  entenderse  alegato de instancia, habida cuenta que no sustenta su pretensión y  mucho  menos  da  a  conocer  qué  es  lo  no compartido de la decisión de las  instancias,  pues,  itérese, se limita a hacer afirmaciones genéricas, con las  que  lejos  está  de  demostrar el error de juicio en  que incurrió el sentenciador.   

Además,   del  recuento  objetivo  de  la  actuación  puede  desprenderse,  sin  duda alguna, que el casacionista parte de  una  premisa  equivocada,  si  en  cuenta  se  tiene  que el juzgador de primera  instancia,  en  decisión  avalada  por  el  superior  funcional,  determinó la  mínima sanción pecuniaria.   

En efecto, parte por decir que no se aplicó  el   numeral   3°   del   artículo   39  de  la  Ley  599  de  2000,  el  cual  señala:   

“3. Determinación. La cuantía de la multa  será  fijada  en forma motivada por el juez teniendo en cuenta el daño causado  con  la  infracción,  la intensidad de la culpabilidad, el valor del objeto del  delito  o  el  beneficio  reportado  por  el mismo, la situación económica del  condenado   deducido   de   su   patrimonio,  ingresos,  obligaciones  y  cargas  familiares,   y   las  demás  circunstancias  que  indique  su  posibilidad  de  pagar”.   

Sin  embargo,  no  transcribe  los  apartes  pertinentes  del  fallo  en  las cuales están consignadas las disquisiciones de  los  juzgadores  en  torno  a  la  fijación de la multa que, se itera, de todos  modos, se sabe que fue fijada en su proporción mas baja.   

En  efecto, de acuerdo con lo previsto en el  artículo    372    del    Código    Penal,    el    delito   de   corrupción    de   alimentos,   productos   médicos   o   material  profiláctico,  consagra tres penas principales, entre  ellas    multa   de   100   a   1000   salarios   mínimos   legales   mensuales  vigentes.   

Se aclara sí, que si bien el citado precepto  fue  modificado  por  el  artículo  5°  de  la  Ley  1220  de  2008, continúa  aplicándose  la  norma  antes de su reforma, pues, era la vigente al momento de  los  hechos  y  además  consagra  una  pena  principal  de  multa inferior a la  contenida  en la citada legislación, en la que la misma es fijada de 200 a 1500  salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

Los hechos materia de juzgamiento ocurrieron  en  2005,  año  en  el  cual  el  salario  mínimo  legal estaba determinado en  $381.500.oo.   

Luego,  si en el fallo se dosificó una pena  de       multa       de       $38’100.000.oo,  la  conclusión  obvia  y lógica es que los falladores  aplicaron   la   pena  mínima  prevista  para  el  efecto,  es  decir,  de  100  smlmv.   

De  ahí  que no se entienda la postura del  actor,   pues  una  sanción  pecuniaria  inferior  a  la  determinada  por  las  instancias sería, ni más ni menos, una pena ilegal.   

Por  lo  anterior, es menester aclararle al  casacionista  que  el numeral 3° del artículo 39 que cita, lejos que consagrar  algunos  criterios modificadores de los límites de la sanción de multa, lo que  señala  son  las  directrices  para  su  fijación,  o  mejor,  la  guía  para  “una fundamentación explícita sobre los motivos de  la  determinación  cualitativa  y  cuantitativa”, en  los  términos  del  artículo  59 Ibidem, igualmente traído a colación por el  libelista.   

Así, independientemente de las razones que  esbozaron  los  sentenciadores  para  dosificar  la sanción pecuniaria (que, se  repite,  no  fueron  dadas a conocer por el demandante), lo cierto del asunto es  que  aplicaron  la  mínima legalmente posible, razón suficiente para descartar  la  incursión  en  yerro  alguno  y  la denunciada violación directa de la ley  sustancial por falta de aplicación.   

Acorde  con  lo  anotado,    entonces,    inexorable    se   presenta   la   inadmisión  de  la  demanda  presentada  a  favor  de  la  procesada GILMA  GÓMEZ HERNÁNDEZ.   

Por  último, ha de señalarse que revisada  la  actuación  en  lo pertinente, no se observó la presencia de ninguna de las  hipótesis  que  permitirían  a  la Corte obrar de oficio de conformidad con el  artículo 216 del Código de Procedimiento Penal de 2000.   

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE  

        INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  la  procesada GILMA GÓMEZ  HERNÁNDEZ,  conforme  con las motivaciones plasmadas  en el cuerpo de este proveído.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Juzgado de origen.   

Cúmplase.  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  L.   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                          JAVIER   DE   JESÚS  ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Auto  del 30 de noviembre de 1999, Radicado 14.535.     

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