32955(14-12-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 32955  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                               

Magistrado Ponente  

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No. 419   

Bogotá,  D. C., catorce (14) de diciembre de  dos mil diez (2010).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos y de debida argumentación de la demanda de casación  presentada  por  el defensor de DIANA CAROLINA CAMACHO  URIBE   y   NELLY  URIBE  MONTAÑEZ  en  contra  del  fallo  de  segunda  instancia  proferido  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito de Descongestión Adjunto al  Juzgado    Cuarto    Penal    del    Circuito    de  Cúcuta,  mediante  el  cual  confirmó  la  pena  de  noventa  y  siete  meses  de  prisión  que el Juzgado  Promiscuo  Municipal  de El Zulia (Norte de Santander)  les  impuso  a  dichas  personas  como  coautoras  responsables de las conductas  punibles   de   lesiones   personales   y hurto calificado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  núcleo  fáctico  de  la  imputación  fue  sintetizado  por  la segunda instancia de la  siguiente manera:   

“Da  cuenta Luz  Karime  García  Toloza  que la génesis de este problema se remonta a la época  en  que  fue  asesinado  su  compañero  y  padre  de  su  menor  hija,  ya  que  encontrándose  en  la  velación  se  hizo  presente en el lugar DIANA CAROLINA  CAMACHO  URIBE,  manifestando frente a los asistentes que ella había tenido una  relación  sentimental  con  el muerto, por lo que la madre de Luz Karime debió  pedirle  que  desalojara el lugar, hecho que se repitió con posterioridad en la  tumba  del compañero de Luz Karime, pues en varias oportunidades se encontraron  en  ese  lugar  DIANA con la mamá de nombre NELLY URIBE MONTAÑEZ y Luz Karime,  donde   de   inmediato   empezaban   a   lanzarle   improperios   a  la  última  mencionada.   

”El   12  de  noviembre  de  2007,  Luz Karime debió llevar a un adolescente en su moto hasta  una  casa  frente  a  las de las hoy procesadas [en El  Zulia,  Norte de Santander], cuando de repente sintió  que  DIANA CAROLINA la tiraba por el cabello, la tumbó de la moto y le agredió  el  rostro, mientras que NELLY URIBE la sostenía por las manos para que su hija  maltratara   físicamente   a   la   denunciante,  momento  que  las  procesadas  aprovecharon  para  despojar  a  su víctima de una cadena de oro y unos aretes,  avaluados    en   la   suma   de   $2’000.000”1.   

2. Por lo anterior,  la  Fiscalía  Tercera  Local  de  Cúcuta ordenó la  apertura  formal  de  la actuación, vinculó mediante indagatoria tanto a DIANA  CAROLINA   CAMACHO  URIBE  como  a  NELLY  URIBE  MON-TAÑEZ,  les  definió  la  situación  jurídica y, una vez concluida la etapa de investigación, calificó  el  mérito  del  sumario  en su contra, en  el  sentido  de  acusarlas  por  los  delitos  de  lesiones   personales   y  hurto       calificado,  de  conformidad  con  lo establecido en  los  artículos 111, 112 inciso 1º, 113 incisos 2º y 3º, 239, 240 numeral 1º  e  inciso  siguiente  al  numeral  4º y 241 numeral 10º de la Ley 599 de 2000,  actual Código Penal.   

3.  Ejecutoriada  dicha  providencia,  correspondió  el  conocimiento  en  la  etapa siguiente al  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  El  Zulia  (Norte de Santander), despacho que  condenó  a  las  referidas  personas  por  los  delitos  en  comento  a la pena  principal  de  noventa  y  siete  meses  de  prisión, así como la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  idéntico periodo.   

Igualmente,  las condenó al pago de daños,  tanto  materiales  como  morales,  derivados  de  la  ejecución  de la conducta  punible  y,  por  último,  les  negó cualquier mecanismo de sustitución de la  sanción privativa de la libertad.   

4.  Recurrido  el  fallo  por  la defensa, las diligencias fueron remitidas al Juzgado Cuarto Penal  del  Circuito  de  Cúcuta,  pero  debido  a  una  medida  adoptada  por la Sala  Administrativa  del Consejo Superior de la Judicatura (Acuerdo 5626 de 2009), la  segunda   instancia   fue  proferida  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  adjunto  al  mencionado  despacho, en el sentido de confirmar la  decisión del a quo en su integridad.   

5.  En  contra de  esta  providencia,  el  defensor  de  DIANA CAROLINA CAMACHO URIBE y NELLY URIBE  MONTAÑEZ interpuso el recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

1. Primer cargo  

Al  amparo de la causal tercera de casación  propuso  el  profesional del derecho que la sentencia del ad quem fue dictada en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  pues  el  informe  medicolegal  acerca  de la  deformidad  física  de  carácter  permanente  jamás fue controvertido por los  sujetos  procesales,  ni  tampoco  se corrió el traslado para tal fin, ni mucho  menos  fue  subsanada dicha irregularidad, a pesar de  que  en  la  audiencia  pública  quedó claro que la  ofendida  no  presentaba  cicatriz  alguna  en el rostro, razón por la cual fue  vulnerado tanto el debido proceso como el derecho de defensa.   

En  consecuencia, solicitó a la Corte casar  la  sentencia  recurrida  y  declarar  la  nulidad  a  partir  de  la actuación  siguiente  al  dictamen  medicolegal, para que de esta  manera  el  organismo instructor ordene correr el traslado del mismo.   

2. Segundo cargo  

Planteó con fundamento en la causal primera  cuerpo  segundo  de  casación  la  violación  indirecta  de  la ley sustancial  proveniente  de  un  error  de hecho por falso juicio de convicción [sic] en la  valoración  de  la  prueba  atinente  a  la  conducta  punible  de lesiones personales [sic].   

Al respecto, sostuvo que no estaba probada la  existencia  del  objeto  material  del  delito  contra  el patrimonio económico  [sic],  debido a las inconsistencias que en tal sentido presentaron los testigos  de cargo.   

Por  lo  tanto,  pidió  a la Corte casar el  fallo  recurrido y, en su lugar, declarar a DIANA CAROLINA CAMACHO URIBE y NELLY  URIBE   MONTAÑEZ   inocentes   de   la   conducta   punible   de   hurto    calificado   o,   de   manera  subsidiaria, absolverlas por duda.   

CONSIDERACIONES  

1.  De conformidad  con  lo  señalado  en  el  inciso  1º  del artículo 205 de la Ley 600 de 2000  (Código   de  Procedimiento  Penal  aplicable  para  el  presente  asunto),  la  casación  procede  de  manera  regular  en  contra de las sentencias de segunda  instancia   que  (i)  sean  emitidas  por  los  tribunales  superiores de los distintos distritos judiciales  del   país   (e   incluso   el   Tribunal   Superior  Militar)  y  (ii) hagan parte de procesos adelantados  por  delitos  con pena privativa de la libertad cuyo máximo señalado en la ley  exceda de los ocho años de prisión.   

Si la decisión de segundo grado proviene de  un  juzgado  de  circuito,  o si la pena máxima es igual o inferior a los ochos  años  de  prisión,  la  casación  sólo  será viable de manera excepcional o  discrecional,  es  decir, en la medida en que la Corte lo considere necesario en  aras  de  respetar  las  garantías  de  quienes  intervienen  en  la actuación  judicial  o  de  desarrollar  la  jurisprudencia, tal como lo consagra el inciso  final de la norma en comento.   

En tales eventos, la Sala tiene dicho que al  demandante  le asiste la carga ineludible de presentar en forma clara, nítida y  coherente  las  razones  por las cuales esta Corporación debería conocer de un  asunto  en  el  que  no  concurrieron  los  presupuestos  de procedencia para la  casación  común,  bien  sea  porque  el  pronunciamiento  es necesario para el  progreso  de  la  jurisprudencia,  o  bien  porque  en  el  caso  concreto  hubo  vulneración a garantías fundamentales.   

Y  dado  que  el  recurso  extraordinario de  casación  obedece  al  principio  de  limitación, al igual que a la naturaleza  rogada  del  mismo,  la  demanda  también  tiene  que  elaborarse con el debido  acatamiento   a   los   requisitos   formales  establecidos  por  la  ley  y  la  jurisprudencia,  esto  es,  respetando  las reglas de formulación, desarrollo y  demostración  de  los  cargos  de  que  trata el artículo 207 ibídem, que por  obvias  razones  tienen  que  estar  en  consonancia  con los argumentos por los  cuales    se    fundamentó    la    solicitud   de   admisión   de   la   vía  discrecional.   

Lo  anterior,  por  cuanto  la casación, en  cualquier   caso,  es  un  recurso  de  ámbito  restringido  en  el que la  pretensión  de examinar tanto la legalidad como la constitucionalidad del fallo  impugnado  no  puede  estar  circunscrita  a  un  escrito de libre formulación.  Por  el  contrario,  debe  apoyarse  en  un  contenido  mínimo  de  claridad  y  coherencia  que permita  entender  el vicio o los vicios denunciados, así como la identificación de sus  consecuencias.   

2.  En el asunto  que  concita  la  atención  de  la Sala, la sentencia objeto del extraordinario  recurso  de  casación  fue  proferida  por un juzgado penal del circuito y, por  consiguiente,  el  demandante  debía  atenerse  a  las  obligaciones procesales  propias  de  la  casación  discrecional, en virtud de lo dispuesto en el inciso  final del artículo 205 de la Ley 600 de 2000.   

El defensor de DIANA CAROLINA CAMACHO URIBE  y  NELLY  URIBE MONTAÑEZ, sin embargo, no presentó  aseveración   o   análisis   alguno  tendiente  a  demostrar  la  procedencia  excepcional de la casación solicitada en el escrito  de  demanda, ni tampoco sustentó el cumplimiento de cualquiera de los fines que  la  justifican,  sino tan sólo se preocupó por desarrollar dos cargos (uno por  nulidad  y  el  otro  por  violación  indirecta  de la ley sustancial), como si  tratase  de  cumplir  únicamente  con  las obligaciones propias de la casación  común.   

Y si bien es cierto que, en el primer   cargo,   afirmó  que  a  su  protegido  le  fueron  desconocidos  los  derechos  de defensa y debido proceso,  también  lo es que al respecto el recurrente no demostró una violación en tal  sentido,  pues  su  reproche  obedeció  a  la particular postura de que no pudo  controvertir   ni   contradecir   el  informe  medicolegal  que  dictaminó  una  deformidad de carácter permanente en el rostro de la víctima.   

Frente  a  tal planteamiento, la Sala tiene  dicho  que  cuando  una  petición  de nulidad se relaciona de manera estrecha o  imposible  de escindir con los pasos graduales de solicitud, admisión, decreto,  práctica  y  contradicción  del  medio  de  prueba,  el  problema  en realidad  concierne  al llamado debido proceso probatorio de que trata el inciso final del  artículo  29  de la Carta Política, ya que implica como consecuencia jurídica  la    “nulidad   de   pleno   derecho”  del elemento de convicción y no la declaratoria de invalidez  de la actuación procesal.   

De  ahí  que  si  se  plantea  en  sede de  casación  un  error  de  tal  tipo,  éste  no sería de carácter in  procedendo (es decir, de trámite),  sino  in  iudicando (o de  juicio),  razón  por  la  cual sólo podría atacarse por la causal primera del  Código  de  Procedimiento  Penal  (por  la  vía del error de derecho por falso  juicio de legalidad) y de ninguna manera por la tercera (nulidad).   

Como si lo anterior fuese poco, el problema  jurídico  propuesto  por el demandante carece de fundamentos, máxime cuando la  Corte  ha  indicado que la contradicción del dictamen no sólo puede intentarse  dentro  del  término  de  traslado  del  mismo  (mediante  las  solicitudes  de  aclaración,  ampliación  o adición), sino además hasta antes de finalizar la  audiencia  pública  por  la  vía  de  la  objeción,  eventos en los cuales la  sustentación   de   la   petición   tiene   que   estar   motivada  de  manera  suficiente:   

“Implica  el  escrito  de contradicción de la pericia una sustentación de lo reclamado, pues  escapan  a  dicho trámite las solicitudes inmotivadas, abiertamente infundadas,  que  no  hagan  precisión  del  error  o lo que debe ser aclarado, adicionado o  enmendado,  o  que  se vinculen con aspectos que no tienen que ver con los temas  abordados  por  el  perito,  constituyéndose en hechos ajenos al mismo, así se  presenten  en apariencia relacionados con la prueba técnica, o que escapen a la  competencia       del       auxiliar       de       la      justicia”2.   

En    lo    que    al    segundo   cargo   se   refiere,   las  inconsistencias  son  aún  mayores. En primer lugar, el profesional del derecho  planteó  un  error  de  hecho  en  la  valoración  de  la prueba atinente a la  configuración     del    delito    de    lesiones  personales,  pero durante el desarrollo del discurso  se  limitó  a  cuestionar  la  existencia  del  objeto  material de la conducta  punible  contra el patrimonio económico, por la cual también fueron condenadas  DIANA CAROLINA CAMACHO URIBE y NELLY URIBE MONTAÑEZ.   

En  segundo  lugar,  confundió el error de  hecho  con  el  derecho,  pues  a  pesar de que invocó el primero, señaló que  éste obedecía a la figura del falso juicio de convicción.   

En  efecto,  cuando  se  propone  un  error  fáctico  en la apreciación de la prueba, la Corte ha establecido que éste tan  sólo puede encuadrarse en tres modalidades:   

(i) Falso juicio  de  existencia,  que  se  presenta  cuando  al  proferir la sentencia objeto del  extraordinario  recurso el juez o cuerpo colegiado omite por completo valorar el  contenido  material de un medio de prueba que hace parte de la actuación (y que  por  lo  tanto  fue debidamente incorporado al expediente) o también le concede  valor  probatorio  a  uno  que  jamás  fue recaudado y, por lo tanto, supone su  existencia.  (ii)  Falso  juicio  de  identidad,  que  ocurre  cuando  el  juzgador,  al  emitir  el fallo  impugnado,  distorsiona  o tergiversa el contenido fáctico de determinado medio  de  prueba,  haciéndole  decir  lo  que  en  realidad  no dice, bien sea porque  realiza  una  lectura equivocada de su texto, o porque le agrega aspectos que no  contiene,  o  porque  omite  tener  en  cuenta  partes  relevantes  del mismo. Y  (iii)  falso raciocinio,  que  se constituye cuando el Tribunal valora la prueba en su integridad, pero se  aleja  en  la  motivación  del  fallo de los postulados de la sana crítica, es  decir,  de  una  concreta  ley  científica,  principio  lógico o máxima de la  experiencia.   

En cambio, cuando la violación indirecta de  la  ley  sustancial  proviene  de  un  error  de derecho en la valoración de la  prueba,  éste  tan  sólo  contempla dos clases: (i)  Falso  juicio  de  legalidad,  que  se  da cuando el  juzgador  le otorga validez jurídica a una prueba, equivocándose al considerar  que  cumple  con  las  exigencias  formales  de  producción e incorporación, o  cuando  le  niega  validez  al  medio  de convicción, a pesar de que sí había  observado   los   requisitos   en  comento.  Y  (ii)  falso   juicio  de  convicción,  que  ocurre  cuando  el  juzgador  le niega a la prueba el valor que la  ley  le  asigna,  o  le  da  uno  que  legalmente  no  le corresponde, y como el  ordenamiento  jurídico colombiano obedece al sistema de la persuasión racional  o  de  libre  valoración de la prueba, sólo se presentaría en contados casos,  como  cuando  el  juez  desconoce  la  tarifa  legal  negativa que el legislador  consagra  en  el  artículo  314  de  la  Ley  600  de 2000, relacionada con los  informes  que  la  policía  judicial  elabora  dentro de las labores previas de  verificación.   

Por  supuesto,  cualquiera  de estos yerros  tiene  que  ser  trascendente,  lo  que  significa  que  frente a la valoración  conjunta  de  la prueba realizada por el Tribunal o por ambas instancias (según  sea  el caso), su exclusión debe conducir a adoptar una decisión distinta a la  que fue materia de impugnación.   

De cualquier manera, los problemas de fondo  que  la Sala extrae del discurso del demandante tienden a cuestionar la gravedad  del    resultado    típico    en    la   conducta   punible   de   lesiones   personales,  así  como  la  llamada    materialidad   del   delito   de   hurto  calificado,  aspectos  que  en  últimas  remiten  a  problemas  de  valoración  probatoria  y,  por  eso  mismo,  no son posibles de  plantear   de   manera   ordinaria   por   la   vía   discrecional,  a menos que se demuestren vínculos con una motivación que haya  quebrantado     las     garantías     invocadas3.   

3. Con fundamento  en  lo  analizado,  la Corte concluye que el defensor  de   DIANA   CAROLINA   CAMACHO   URIBE   y   NELLY  URIBE  MONTA-ÑEZ,  además  de no presentar argumento alguno por el cual habría  que  acceder  a  la casación discrecional, se alejó  de  los  principios  de  no  contradicción,  sustentación suficiente, crítica  vinculante  y  cohe-rencia,  que no sólo encuentran  arraigo  en  el  carácter  dispositivo del recurso,  sino  que  además  implican  que  la argumentación debe bastarse por sí misma  para   propiciar,   al   menos   teóricamente,  el  derrumbamiento  del  fallo.   

Por lo tanto, como la Sala tampoco encuentra  al  examinar el expediente vulneración alguna a las garantías fundamentales de  las  procesadas,  no  admitirá la demanda de casación interpuesta en contra de  la providencia dictada por el juez plural.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

NO  ADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el defensor de DIANA CAROLINA CAMACHO URIBE  y  NELLY  URIBE  MONTAÑEZ  en  contra  del fallo de  segunda   instancia   proferido  por  el  Penal  de  Descongestión    Adjunto    al   Juzgado   Cuarto   Penal   del   Circuito   de  Cúcuta.   

Contra esta providencia, no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                        SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                            AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

                                                                                           

                   

                           

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS             JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

          

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1 Folio 14 del cuaderno de segunda instancia.   

2 Sentencia de 18 de mayo de 2006, radicación 24012.   

3  Cf.  auto de 9 de febrero de 1995, radicación 23055. En el mismo  sentido,  autos  de 15 de agosto de 2007, radicación 27041, 19 de septiembre de  2007,  radicación  28127,  y  20  de  febrero de 2008, radicación 29008, entre  otros.     

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