33699(07-07-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 33699  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado  Acta:  216       

Bogotá, D. C, siete  (7) de julio de dos  mil diez (2010).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la Sala las demandas de  casación presentadas por los  defensores  de  GUSTAVO  CÁCERES  FERRO  y   RODRIGO  BORRERO  PASTRANA,  contra el fallo expedido por el Tribunal  de   Bogotá1,   el   cual  revocó        la  sentencia        absolutoria        adoptada  por  el  Juzgado  Treinta y Ocho  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad y,  en su  lugar,   los   condenó,  en  calidad  de  coautores por el  punible   de  estafa,  a  la  pena  principal  de  26 meses de prisión, entre otras sanciones.   

A N T E C E D E N T E S  

1.  La  Sociedad  Fiduciaria    Cáceres   y   Ferro   S.A.,  fue  constituida  el  26  de  marzo  de 1985, mediante escritura  pública   2.203,  ante  la  Notaría  Novena  del Círculo de Bogotá, con la finalidad de proveer servicios  financieros.   

              

2. Por otro lado, la  Unión  Temporal  A.  Muñoz,  conformada  por  las  sociedades  Alfredo Muñoz y Cia.  Ltda.,   y  Alfredo  Muñoz  Construcciones  S.A.,  se  crearon  con  base  en  las  escrituras  públicas otorgadas por las Notarías Primera y Cuarenta de Bogotá,  números  7.423  y  262  de 27 de octubre de 1973 y de 15 de abril de 1991,  respectivamente.   

3.   El   25  de  septiembre  de 1997, entre la citada Unión Temporal A.  Muñoz  y  la Corporación de  Abastos  de  Bogotá,  S.A.  Corabastos  (sociedad  de  economía  mixta  del  orden  nacional, vinculada al Ministerio de Agricultura y  Desarrollo  Rural),  signaron  el   contrato  de  concesión  No.  047-97,   por   valor  de  $  14.032’581.798.44   mil   pesos,  con  un  plazo de ejecución de 52 meses; el mismo fue adjudicado  mediante  la Directiva de Gerencia No. 095 de septiembre 18 de 1997, cuyo objeto  se especificó en los siguientes términos:   

“Realizar  por  el  sistema de concesión,  bajo  su  propio  riesgo, la revisión de los estudios y diseños entregados por  CORABASTOS,       para       la       bodega,       denominada      ‘BODEGA       POPULAR’;   elaboración   de  los  diseños  definitivos,   su  construcción,  explotación,  conservación,  suministro  de  equipos,  operación  técnica  y administrativa; elaboración de los estudios y  diseños   y  construcción  de  la  vía  semiperimetral de tráfico de la  bodega  y  estudio,  diseño y construcción del sistema de alcantarillado de la  Bodega,  que  se  conectará  con el colector de la matriz del sector de acuerdo  con  el  Plan  Maestro  de  la  Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá  E.S.P.;   por  el  sistema  de  precio  global  y  plazo  fijo  para  diseño  y  construcción.  La  bodega  estará  situada  en  predio  de  la propiedad de la  CORPORACIÓN  DE  ABASTOS  DE  BOGOTA S.A., CORABASTOS… PARAGRAFO PRIMERO: Con  miras  a  desarrollar  el objeto del contrato, EL CONCESIONARIO deberá realizar  las  siguientes  actividades.  1.-  ETAPA  DE  REVISION  (sic) DE LOS ESTUDIOS Y  DISEÑOS  ENTREGADOS  Y  ELABORACIÓN  DE  LOS  DISEÑOS  DEFINITIVOS… Una vez  cumplidos  los  requisitos  de  perfeccionamiento  y  ejecución del contrato de  concesión  y  se  haya  constituido  el  fideicomiso se dará inicio… En esta  etapa  el  concesionario  debe,  entre  otras  obligaciones,  en  particular; a)  Constituir  un  fideicomiso  para  el  manejo  y administración de los recursos  financieros   del   proyecto   correspondientes   a  las  etapas  de  diseño  y  construcción                  (…)2”.    

4.  Con base en las  cláusulas  contractuales referidas, la Unión Temporal  A.            Muñoz,           celebró     con    la    Fiduciaria  Cáceres  y Ferro S.A., el 5 de  agosto  de  1988,  “contrato  de  fiducia mercantil  irrevocable  de  administración  y  fuente de pago”,  donde se indicó que:   

“El  objeto  del  presente  contrato es la  constitución  de  un  patrimonio autónomo, con la finalidad de administrar los  recursos  y  bienes  que  se  transfieren  a  título de fiducia mercantil y ser  fuente  de pago de las obligaciones que tenga contraídas y/o llegare a contraer  el  FIDEICOMITENTE [Unión Temporal A. Muñoz], cualquiera de sus miembros, o la  FIDUCIARIA  en  desarrollo  del  presente  patrimonio  autónomo,  en  favor  de  terceros,  quienes  serán llamados BENEFICIARIOS, todo en los términos  y  condiciones   previstas  en  los  respectivos  documentos  en  que  consten  las  obligaciones,  cualquiera que sea la causa de la respectiva obligación, sea que  estén  incorporadas  en  documentos  de  carácter comercial, civil, otorgados,  girados,  avalados,  endosados,  aceptados o firmados por el FIDEICOMITENTE o el  presente   patrimonio   autónomo,   asumidos  ya  sea  individual,  conjunta  o  solidariamente a favor de cada uno de LOS BENEFICIARIOS”.   

En  la  cláusula  tercera,  de veintiuna, se  acordó que el fideicomitente transfiere a la fiduciaria:   

“a título DE FIDUCIA MERCANTIL IRREVOCABLE  DE  ADMINISTRACIÓN  Y  FUENTE DE PAGO, la totalidad de los derechos pecuniarios  que  a  la  fecha  de  la  firma  del presente contrato de concesión No. 047-97  Bodega  Popular, los cuales aparecen señalados en el flujo de caja del proyecto  presentado  en  la  propuesta aceptada por CORABASTOS S.A., como arrendamientos,  ingresos,  servicios,  cobro administración y reparto (garantía Corabastos)…  acreedor  prendario… así como todos los derechos que le corresponden en todas  las         garantías        constituidas”3.   

   

En la cláusula 10ª se convino:  

“CESIONES:  El  CONCESIONARIO  no  podrá ceder total o parcialmente el presente contrato sin el  previo  consentimiento  escrito  de  La  CORPORACIÓN DE ABASTOS DE BOGOTA S.A.,  CORABASTOS”   

5. Los días 28 y 31  de  agosto  de  1998,  la  Unión Temporal  le comunicó a la Corporación de Abastos  de  Bogotá, que suscribió contrato con la Fiduciaria  Cáceres  y  Ferro S.A., para  el  recaudo  de  capitales  generados  por  cánones  de arrendamientos y demás  ingresos propios a la administración Bodega Popular.   

6.   El   16  de  septiembre  de  1998,  la  Corporación  de Abastos de  Bogotá           S.A.,          “Corabastos”,   le   notificó  a  la  Unión  Temporal  A.  Muñoz,  que  rechazaba  la  cesión  de  derechos  pecuniarios  a  favor  del patrimonio  autónomo  constituido  mediante  el contrato de fiducia mercantil celebrado con  la    Fiduciaria    Cáceres   y   Ferro,     porque   “muchas   de   las  obligaciones  pactadas en el Contrato de Cesión 047-97, respecto de la etapa de  operación… no protege la operación misma de la concesión”.   

7. A su turno, el 23  de    septiembre    de    1998,    las   empresas   Asesorías  y  representaciones  Pardilla    Ltda.,    y   Schmedling   &   Asociados   Ltda.,   constituidas  por  medio de las escrituras públicas números 2152 y  678,  otorgadas el 3 de junio de 1988 y el 11 de abril de 1990 por las notarías  7ª  y  24  de  Bogotá;  se  integraron  en “UNIÓN  TEMPORAL  OPERACIÓN  BODEGA  POPULAR  ‘CORABASTOS”,  por un lapso de duración  específico  de  42  meses; cuyo acuerdo se plasmó en los siguientes términos:   

“Será   objeto  de  este  convenio  la  obligación  de  las partes de ejecutar en forma mancomunada la Operación de la  Bodega  Popular  “Corabastos”.  Así  mismo,  será  objeto de este convenio  todos  los  actos  y  contratos  que  incluyan  actividades para la Operación y  Mantenimiento    de   la   Bodega   Popular   “Corabastos”   y   las   obras  exteriores” de la misma.   

En  la última fecha aludida, la Unión         Temporal        A.        Muñoz,        cedió   los  derechos   del   manejo   financiero   de   la  etapa  operación   del   contrato   de   concesión  047-97  denominado  Bodega Popular, a la citada Unión temporal  Operación  Bodega Popular Corabastos, representada por  Germán Pradilla Méndez, por  un  precio de tres mil trescientos setenta y siete millones ($ 3.377.000.000) de  pesos.    

8. El 27 de Noviembre  de  1998,  la  Unión  Temporal  A. Muñoz,  la  Unión  Temporal  Operación Bodega  Popular  y  la  Corporación  Corabastos,  convinieron  en  prorrogar  el  contrato  047-97, respecto al término  de  duración  de  la  Etapa de Operación  señalada  en  el mismo, por el término equivalente a un (1) mes;  “toda vez que… a la fecha no se han perfeccionado  las   condiciones   para   estar   en   capacidad   de   desarrollar   una  apta  comercialización   en  beneficio  de  los  comerciantes,  siendo  la  fecha  de  terminación   de  la  etapa  de  operación  el  día  30  de  junio  del  año  2002”.   

9.   El   25  de  septiembre     de     1998    el    representante    Legal    de    Corabastos, indicó:   

“En  la  fecha y en mi calidad de Gerente  General  de  la  Corporación  de  Abastos de Bogotá, S.A. “CORABASTOS”, me  notificó  y  acepto  la cesión del presente contrato de Concesión No. 047-97,  realizado  por  la  Unión  temporal  A.  Muñoz  a  favor de la Unión Temporal  Operación  Bodega  Popular  Corabastos, dejando constancia que dicha cesión no  libera   a   la   cedente   de   su  responsabilidad  por  el  cumplimiento  del  contrato”.   

10. El 13 de mayo de  1999,     la     Superintendencia    Bancaria    de  Colombia,   mediante   la   Resolución  0721,  tomó  “posesión  inmediata  de  los  bienes,  haberes  y  negocios   de   la   sociedad   fiduciaria   CÁCERES  Y  FERRO  S.A.,  para  su  liquidación”,  con  base en las motivaciones que la  Sala  –por su importancia-  resalta a continuación:   

“a-    Suscribiendo    pagarés obligando al fideicomiso frente  a  cada uno de los inversionistas. Es de anotar que la  suscripción  del  título  valor no da cliente la calidad de fideicomitente, es  decir,  no  se le vincula de ninguna forma al negocio fiduciario. La entrega que  se  hace  del dinero persigue exclusivamente la consecución de una rentabilidad  y    no    hacerse    beneficiario    del    proyecto   inmobiliario.   

b-    A    través    de   ofertas   comerciales   de   inversión  realizadas  por el constructor del proyecto inmobiliario, la sociedad fiduciaria  vincula  a  sus  clientes,  quienes entregan el dinero al fideicomiso respectivo  aceptando  dicha oferta. Es de resaltar que el cliente  en  ningún  momento  firma  un  contrato  de  inversión,  ni se hace parte del  fideicomiso, toda vez que conforme a los términos de  la  oferta  lo  que se da como contraprestación por la entrega del dinero es la  obtención      de      una      rentabilidad     y     no     unos     derechos  fiduciarios.      

En  efecto,  del  análisis  del  modelo de  contrato  de fiducia inmobiliaria utilizado, se pudo observar que se vinculan en  calidad   de   fideicomitentes  aquellas  personas  cuyo  propósito  es  el  de  participar  a  través  de  sus  aportes  en  la  construcción  de  un proyecto  inmobiliario,      obteniendo      como     contraprestación     una     unidad  inmobiliaria,  sin  que  se  prevea la posibilidad de  vincular  en  la misma calidad (fideicomitentes inversionistas) a otros terceros  que     entregan    su    dinero    con    propósitos    diferentes.   

Sin  pretender desconocer que en desarrollo  de  un  contrato  de  fiducia inmobiliaria pueden llegarse a vincular terceros a  efectos  de apalancar el proyecto, como sería a través de contratos de fiducia  de  inversión o cualquier otro mecanismo legalmente autorizado, para el caso en  estudio,   esta   posibilidad   no   se   previó   expresamente   en   el  acto  constitutivo.   

De esta manera la vinculación que realizó  la  fiduciaria  a  través  de  las ofertas comerciales, además de desbordar el  objeto  mismo  del  negocio  fiduciario,  daba  la  apariencia  de celebrarse un  negocio   de  fiducia  de  inversión  sin  que  se  presentaran  los  elementos  esenciales  de  la misma, en la medida en que en ningún momento se conformó un  patrimonio  autónomo  diferente para la administración de estos recursos, pues  el  dinero  ingresaba  directamente al fideicomiso inmobiliario correspondiente,  nunca  se  cumplió  con  la obligación de rendir periódicamente cuentas de la  gestión  y,  en  consecuencia,  no  se  elaboraba una contabilidad aparte sobre  dichos  recursos,  desnaturalizándose  de  esta manera el negocio de fiducia de  inversión con destinación específica.   

No  obstante  lo  anterior,  la  sociedad  fiduciaria  presentó el negocio a sus clientes como si en realidad existiera la  figura  antes  mencionada,  a  tal  punto  que  en  la  oferta  se  les denomina  fideicomitentes  inversionistas,  sin  que  en  realidad  tuvieran dicha calidad  según  los términos y condiciones del contrato constitutivo, ni en la supuesta  fiducia   de  inversión…  En  este  orden de ideas, para el caso que nos ocupa,  encontramos  que  efectivamente  la  fiduciaria  a  través  de  cada uno de los  fideicomisos  ante  señalados  vinculó,  en cada caso particular, a más de 20  personas.  Tales  vinculaciones  efectivamente dieron  ocasión  a  que  se  generara  un  pasivo  para con el público, toda vez que a  cambio  de  la  entrega  del  dinero  que  realizaba cada uno de los clientes no  recibían  un  bien  o  un servicio, pues como antes se anotó, no tomaban parte  del  fideicomiso  en  calidad de fideicomitentes o beneficiarios sino como meros  ahorradores”.  (Resaltado  en el texto de origen y subrayado por la Sala).   

La Superintendencia Bancaria entendió que las  operaciones   celebradas   por  Cáceres  y    Ferro,  contrario  a  lo  manifestado  por  ella, eran de mutuo, para captar dineros del  público.   

11.  El  12  de  diciembre  de  2001,  se  constituyó  el Tribunal       de      Arbitramento4 para dirimir las controversias  surgidas  entre  la  Unión Temporal Operación Bodega  Popular  y la Corporación de  Abastos   de   Bogotá   S.A.,  “Corabastos”,  con  ocasión  al  contrato  047-97, celebrado por ellas el 25 de septiembre de 1997.   

En el citado laudo se declaró que la última  empresa   citada   “incumplió   el   contrato  de  concesión  047-97  celebrado  el  día  25  de septiembre de 1997 con la Unión  Temporal  A. Muñoz, conformada por las sociedades Alfredo Muñoz y Cía. Ltda.,  y  Alfredo  Munoz  Construcciones  S.A.,  cedido a la Unión Temporal Operación  Bodega   Popular   Corabastos   integrada   por   las  sociedades  Asesorías  y  Representaciones    Pradilla    Ltda.,    y    Schmedling   Asociados   y   Cía  Ltda.”;  por  tal  razón,  condenó  a Corabastos  a  pagar,  dentro de los cinco  días    siguientes    a   la   ejecutoria   de   la   decisión,   “la  suma  de SEIS MIL CUATROCIENTOS TRES MILLONES CIENTO SETENTA  Y  SEIS  MIL  CINCUENTA  Y  SEIS  PESOS  MONEDA  CORRIENTE  (6.403.176.056), por  concepto  de  saldo  insoluto  de  las sumas que de acuerdo con el flujo de caja  contractual,   debía  recibir  el  concesionario  por  arriendos,  servicios  y  administración  de  la Bodega Popular, durante el período comprendido entre el  1  de  noviembre  de  1999  y  el  31  de  mayo  del  año  2001”.   

Y,  “por concepto  de   saldo   insoluto  e  intereses  sobre  los  aportes  que  debía  hacer  la  CORPORACIÓN     DE     ABATOS     DE     BOGOTÁ      S.A.    ‘CORABASTOS”  atendiendo  el  aludido contrato 047-97 y su adición “la  suma  de  MIL  QUINIENTOS NOVENTA Y OCHO MILLONES DOSCIENTOS  NOVENTA  Y  TRES  MIL  NOVECIENTOS  TREINTA  Y  CINCO  PESOS MONEDA CORRIENTE ($  1.598.293.935)”.   

12. El 17 de enero de  2002,  el  aludido  Tribunal de Arbitramento, en las instalaciones de la Cámara  de  Comercio  de  Bogotá, nuevamente se constituyó en audiencia, con el fin de  resolver  las  solicitudes  de  aclaraciones,  correcciones y adiciones al Laudo  Arbitral  atrás  citado;  en esta ocasión resolvió: corregirlo exclusivamente  en  su parte motiva, sustituyendo los valores descritos en las páginas 74 y 112  por  otros,  así  como,  el  literal  a)  del numeral 4 de la parte resolutiva,  cambiando   el   mes  de  “noviembre”   por   el   de   “enero”  y  el punto  11 resolutivo, dejando el año de 2000 por 2001;  entre otraS decisiones.   

13. El Consejo  de  Estado, Sala de lo Contencioso  Administrativo,  Sección Tercera, el 22 de agosto de 2002, resolvió el recurso  de  apelación  interpuesto  por  los  representantes jurídicos de Corabastos  contra el laudo reseñado y su  auto  adjunto,  en el sentido de negar la solicitud de aclaración y corrección  formulada por la parte recurrente.   

14.  Se halla en la  actuación  un  nuevo  contrato de cesión   suscrito   por   la   Unión  Temporal  Operación  Bodega  Popular  (sociedades cedentes) y la  Firma    comercial    ROMUZ   S   EN   C.,  (constituida por escritura pública No. 7.7.95 y otorgada por la  notaria  14 de Bogotá el 7 de diciembre de 1993) -cesionaria- en los siguientes  términos:     

“LAS  CEDENTES  por  medio  del  presente  documento  ceden  a título de compraventa a favor de LA CESIONARIA la totalidad  de  los  derechos  y/o  créditos  a  favor  de  LAS  CEDENTES  y  a cargo de LA  CORPORACIÓN  DE  ABASTOS DE BOGOTA (sic) S.A. CORABASTOS, originados en el Ludo  Arbitral  de  fecha  12  de  Diciembre  de  2001,  proferido  por el Tribunal de  Arbitramento  de  Asesorías  y  Representaciones  Pradilla  Ltda., y Schmedling  Asociados  y  Cía,  Ltda.,  contra  la  Corporación de Abastos de Bogotá S.A.  Corabastos.   

LAS  CEDENTES  adquirieron los derechos y/o  créditos  objeto  de  este  contrato  por medio del Laudo Arbitral Proferido el  día  12  de  Diciembre  de  2001 dentro del Tribunal de Arbitramento legalmente  constituido,  mencionado  anteriormente;  adelantado  en  las  dependencias  del  Centro  de  Conciliación  y Arbitraje de la Cámara de Comercio… El precio de  la  presente  cesión es la suma de OCHO MIL TRECE MILLONES OCHOCIENTOS CUARENTA  Y  CUATRO  MIL  NOVECIENTOS NOVENTA Y UN PESOS M/L ($8.013.844.991.oo), cantidad  que      LA     CESIONARIA     pagará     a     LAS     CEDENTES”.   

15.  La  Fiduciaria  Cáceres   y   Ferro  S.A.,  en  liquidación  forzosa,  demandó  por  la vía civil a la “CONSTRUCTORA AMCO  LTDA.,   ALFREDO   MUÑOZ  CONSTRUCCIONES  S.A.,  ASESORIAS  Y  REPRESENTACIONES  PRADILLA  LIMITADA,  SCHMEDI  INEG. ASOCIADOS & CÍA LTDA. Y CORPORACIÓN DE  ABASTOS     DE    BOGOTA    S.A.    –CORABASTOS-“.    

H    E    C    H   O   S   

El  21 de mayo de 1999, el Superintendente de  Intermediación   Financiera,   Francisco  Arciniegas  Andrade,   denunció   a  los  señores  GUSTAVO   CÁCERES  FERRO  y  RODRIGO  BORRERO  PASTRANA, representantes  legales    de    la    Fiduciaria   Cáceres   Ferro  S.A.,  por  cuanto,  sus  actividades  en  el  sector  mercantil,  implicaban un ejercicio ilegal; siendo ello así, fue intervenida la  aludida  Firma  por la “Superintendencia Bancaria de  Colombia”,        mediante        Resolución  0721 de 13 de mayo de 1999, en  donde  resolvió,  entre  otras  decisiones:  “Tomar  inmediata  posesión de los bienes, haberes y negocios de la sociedad fiduciaria  CACERES  (sic)  Y FERRO S.A.”, la cual tiene por objeto la liquidación de los  bienes, haberes y negocios de la sociedad fiduciaria”   

Se    resalta    de    la    resolución  citada:   

“Adicionalmente,  se  pudo establecer que la sociedad fiduciaria en la ejecución de sus proyectos  inmobiliarios  que  administraba  inicia  la  etapa  de  construcción  sin  los  recursos   suficientes   para   cubrir   los   costos  del  proyecto,  ya  que  el  punto  de  equilibrio financiero se obtenía con la  suscripción  de  una  letras  de  cambio por parte de los fideicomitentes a los  cuales  no  se  les  realizaba  un  estudio  de  capacidad  de pago adecuado que  permitiera concluir que el futuro cumplirían sus compromisos.   

El no cumplimiento de las obligaciones antes  descritas  generó  iliquidez de los fideicomisos, situación que dio lugar a la  captación   masiva   de   dineros  del  público  para  apalancar  el  proyecto  inmobiliario,  lo que significa que el recibo de dinero de terceros se realizaba  cuando   el  citado  fideicomiso  ya  presentaba  situación  de  iliquidez,  en  consecuencia,  resulta  inaceptable la posición de la fiduciaria, en el sentido  a  que  tal  circunstancia  obedeció a situaciones ajeas a su gestión, pues es  evidente  la  falta  de  previsión  en  la  estructuración  misma  del negocio  fiduciaria  y  la  ausencia  absoluta  de  un  adecuado  análisis  de  riesgos.   

De   otra   parte  se  encontró  que  la  fiduciaria   CACERES  (sic)  Y  FERRO S.A., recibió dineros del público a  través    de    13   fideicomisos   por   un   monto   de   $71.058’565.598.oo     de    los    cuales  $64.573’524.925   se  realizaron  a  través  de  pagarés,  $3.983´723.058.oo  a  través de ofertas  comerciales  y  $2.501´317.615.oo con la expedición  de   certificados   de   beneficio   fiduciario  en  el  fideicomiso  denominado  Corabastos”.  (Subrayado  fuera de texto).   

Por  lo  tanto,  las  personas  que  fueron  acreedoras  de  la mencionada Firma Fiduciaria Cáceres  Ferro,          fueron:          (1)    José  Bautista   Gil5,  en  la  suma  de  $  30’000.000    de    pesos,   (2)   José   Agustín  Pulido  y     su     hijo    Hernando    Pulido  Osuna6,  en  cuantía  de  $  250’000.000,   (3)  Nohora  Sánchez  Cuellar  y  Natalia Jaramillo Sánchez7,    por   $   60’000.000       y      (4) Stella Vargas  de    Tisnes8  y Martha Inés  Tisnes     Vargas,     en     $     160’000.000;  para  un total de quinientos  millones  ($  500’000.000)  de   pesos,   los  cuales  nunca  les  fueron  devueltos  a  los  inversionistas  enunciados.   

El  modo  utilizado  por  los inculpados para  apropiarse  de  esos dineros se hizo efectivo mediante artificios y engaños con  la  finalidad  de  convencer  a  los incautos inversionistas de entregar grandes  sumas  dinero,  las  cuales  iban  a  parar,  según los inculpados GUSTAVO   CÁCERES  FERRO  y  RODRIGO  BORRERO  PASTRANA, a un patrimonio  fiduciario  autónomo  de la Bodega Popular  Corabastos, por  tal  razón, la Fiduciaria Cáceres y Ferro,  expidió,  conociendo  de  ante  mano que no podía, Certificados  de  Beneficio  Fiduciario  a  terceros      (hoy      partes     civiles),     puesto     que     Corabastos  no  autorizó  la  cesión  de  derechos   acordada   con   la   Unión  Temporal  A.  Muñoz y ellos.   

Y,  bajo la promesa de aumentar sus recursos,  la    Fiduciaria    Cáceres   y   Ferro,  convenció  a  los afectados referidos de una nueva y maravillosa  inversión     relativa     al     Fideicomiso    de  Corabastos,   con  la  cual  cancelarían  todos  sus  compromisos financieros y les incrementarían sus ganancias.   

Fueron  del siguiente tenor, los Certificados  de  Beneficio  Fiduciario,  librados  por la Fiduciaria  Cáceres  y  Ferro  S.A.  para respaldar o legalizar la  entrega  de  dineros,  por  ejemplo, a Stella Vargas de  Tisnes9, el número 10071021, así:   

“FIDEICOMISO  CORABASTOS.  El  suscrito  representante  legal  de la FIDUCIARIA CACERES Y FERRO S.A., sociedad que actúa  nen  desarrollo  y  como  titular  del patrimonio autónomo de administración y  fuente  de  pago  constituido  mediante  contrato  suscrito el día cinco (5) de  agosto  de  1998  entre la Unión Temporal A. Muñoz en calidad de concesionaria  del  contrato  de  concesión  No.  047-97-Bodega  Popular de la Corporación de  Abastos  de  Bogotá  S.A.,  y  la  Fiducia  Cáceres  y  Ferro S.A., CERTIFICA:  PRIMERO: Que en el presente  documento  obra  en  desarrollo  del  patrimonio  autónomo constituido mediante  contrato   arriba   citado,   el   cual   se   encuentra  vigente.  SEGUNDO:  Que  la  sociedad FIDUCIARIA  CACERES  Y  FERRO  S.A.,  se  encuentra  facultada  para  expedir  Certificados  de  Beneficio  Fiduciario  de  conformidad  con  lo  establecido en la cláusula Novena del contrato de fiducia  antes  citado.  TERCERO: Que  como  consecuencia de lo anterior, LA FIDUCIARIA expide el presente CERTIFICADO  DE  BENEFICIO  FIDUCIARIO a  favor   de   STELLA   VARGAS  DE  TISNES,  con  domicilio  en santafé de Bogotá, identificada con la C.C.  No.  41.333.949  por  la  cuantía  de  CINCUENTA  MILLONES  DE  PESOS  MCTE  ($  50.000.000.00).  CUARTO: La  FIDUCIARIA  deja  constancia de las siguientes características de la inversión  cuyo  retorno será surtido con los recursos del patrimonio autónomo: Monto del  beneficio:  $  50.000.000.00. Tasa nominal del: 37.42%. Tasa efectiva anual del:  43%.  Fechas  de  amortización de rendimientos: T.V. Fecha de vencimiento de la  inversión:  mayo 15 de 2000. QUINTO: Que el valor del patrimonio autónomo a la  fecha  de  expedición  del  presente  certificado  asciende  a la suma DOCE MIL  TRESCIENTOS  TREINTA  Y  UN  MILLONES  QUINIETOS  OCHENTA Y OCHO MIL NOVECIENTOS  SESENTA   Y   SIETE   PESOS   MCTE   de   ($   12.331.588.967.00).  SEXTO:  Que  sobre  el  valor  total del  patrimonio  autónomo, el porcentaje de participación del presente certificado,  incluidos   capital   e   intereses   de  plazo,  es  de  %0.4686.  SEPTIMO:  El patrimonio autónomo podrá  efectuar   pagos   anticipados.   OCTAVO:  El beneficiario del presente certificado deberá presentarlo para  su  pago  con  30  días  de  antelación a su vencimiento, o de lo contrario se  entenderá  prorrogado  por  un  término  igual al inicialmente pactado y a los  rendimientos  que  en  el momento de la renovación este otorgando la Fiduciaria  para   este   tipo  de  negocios.  NOVENO:  Que deja constancia que la aceptación del presente CERTIFICADO  por parte del Beneficiario,  implica  la  aceptación del contrato de fiducia, del flujo de rentas presentado  por  el  Fideicomitente la Unión Temporal A. Muñoz, y de las condiciones de la  obligación  aquí  señaladas.  Expedido  en  la  ciudad de Santa Fe de Bogotá  D.C.,  el  día  quince  (15)  de  diciembre  de  mil novecientos noventa y ocho  (1998)”.                       

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1. El 19 de octubre  de   2004,   el   Fiscal  72  Seccional  de  Bogotá,  dictó   resolución   de  acusación  contra  GUSTAVO  CÁCERES   FERRO  y  RODRIGO  BORRERO   PASTRANA,  por  el  delito  de  estafa.   En  la  misma  providencia,  les  precluyó  la  acción por el punible de captación masiva y habitual de dineros  (Artículo 208, numeral 3, Decreto 633 de 1993).    

2.   El   30  de  septiembre  de  2005,  la  Fiscal  42 Delegada ante el  Tribunal,  confirmó  la acusación motivo de censura,  elevada  por  la  defensa  técnica  de  los  procesados; en el mismo proveído,  ordenó  compulsar  copias  contra  el  Fiscal  de  primer  grado,  para  que se  investigara  su  conducta  “respecto de la indebida  aplicación  de  la  ley  procesal,  al  decretar prescripción por el delito de  captación    masiva”.   

3. El 28 de agosto de  2008,  el  Juzgado  38  Penal del Circuito,  absolvió a los  acusados por la infracción imputada.     

4.  El 8 de julio de  2009,    El   Tribunal   de   Bogotá,   por  apelación  de  los  apoderados de la parte civil, resolvió:   

a)   Revocar  la  sentencia recurrida.   

b)   Condenó  a  GUSTAVO  CÁCERES  FERRO  y  RODRIGO  BORRERO PASTRANA, en  calidad   de  coautores  del  delito  de  estafa, a la pena  de       veintiséis      (26)      meses      de  prisión,   multa, para cada uno de $ 1.170 pesos  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones  públicas,  por  igual  término  y  al  pago  de  perjuicios  en  la  suma de $  80’000.000 a Nohora    Sánchez    Cuellar;    de   $  80’000.000 a Natalia    Jaramillo   Sánchez;   de   $  60’000.000 a Stella  Vargas  de  Tisnes  e  hijas  Martha  Inés y Silvia Eugenia  Tisnes       Vargas;      de      370’000.000       a      Hernando  Pulido  Osuna y $ 53’983.067 a Ana  Lucía  Escobar Castro, en atención a los certificados  de  beneficio  fiduciario expedidos a favor de ellos, entre el 18 de agosto y 15  de  diciembre  de  1998; más los intereses legales vigentes desde el momento de  expedición de los títulos referidos.   

c)  Declaró  el  Tribunal  de Bogotá, que los  condenados,  una  vez  ejecutoriada  la  decisión,  no  tenían  derecho  a  la  suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  ni  a  la  prisión  domiciliaria,   por  lo  cual,  en  ese  momento  procesal,  se  librarían  las  correspondientes órdenes de captura.    

5.   La  defensa  técnica  de los inculpados, inconformes con el fallo referido, lo impugnaron y,  a  su  turno,  mediante la presentación de los respectivos libelos, sustentaron  el recurso de casación, que hoy examina la Corte.   

D E M A N D A S  

1.  La presentada a  nombre de Gustavo Cáceres Ferro.   

Bajo  el  imperio  de  la  Ley  600  de 2000,  artículo  207,  el actor atacó la decisión de segundo nivel, por cinco    cargos,    todos    por    vía  indirecta.   

a) Primer cargo.  

Denunciado      por      “apreciación   probatoria,  cometido  por  el  sentenciador,  al  considerar  que la cesión de rentas y flujos de caja a la Fiduciaria Cáceres y  Ferro  por  parte  de  la  Unión  Temporal  Alfredo  Muñoz, era la cesión del  contrato  de  concesión  que  requería  aprobación  de  Corabastos,  Y no una  cesión  de rentas de arrendamiento, que es apenas una cesión de créditos pero  no de un contrato en cuanto tal”.   

Por  ello,  adujo  que  si  el  contrato  de  “concesión  estaba  cumplido completamente como lo  reconoce  la sentencia”, es imposible entender que la  Fiducia  sobre los cánones de arrendamiento mensuales de la bodega, sucrito por  la    Unión    Temporal   y   la   Firma   Cáceres   y   Ferro,   “produjo  una  cesión  del  contrato  de  cesión”.   

A  renglón  seguido  anunció:  “Es   tan   protuberante   el   yerro,   que   la   sentencia  se  contradijo”, en lo atinente a las fases relacionadas  con  la Bodega Popular Corabastos (revisión, estudio y diseño definitivo, una,  construcción,  dos  y  operación,  tres);  aclaró  que las dos primeras ya se  habían  superado,  sólo  faltaba   la última; por ello, el concesionario  Muñoz  Roa, en atención al  convenio  47-97,  “estaba  obligado  a ‘construir  un  fideicomiso  para  la  captación    y    administración    de    los    recursos    financieros   del  proyecto”.   

Se  aplicaron, por ende, de manera deficiente  las  reglas  de  la  sana  crítica, pues “tal yerro  constituye  un evidente error de apreciación probatoria, que llevó a la Sala a  plasmar      inferencias     erróneas    sobre    la   totalidad   de   la   situación   fáctica   del  fideicomiso”,     signado     por    Cáceres   y  Ferro  con  la  Unión  temporal  Alfredo Muñoz, de cara a  la  aceptación  implícita  del  fallo, en punto a las etapas señaladas, en el  sentido      que      “YA      HABIAN      SIDO  SUPERADAS”, solo restaba la ejecución de la tercera  o  su  “operación”, lo  cual  significa  para  el  actor  “que   la   concesión   para  construir  la  Bodega  ya  se  había  cumplido   igualmente,   pues   tal   fase   estaba  ‘superada’, y por lo mismo los actos de cesión  sobre  las  rentas y flujos de caja generados por los contratos de arrendamiento  de  la  misma  bodega  ya  construida  no  pueden  constituir,  en  sana lógica  probatoria,  cesión  del  contrato  que  ya  había  finalizado”.    

Acto   seguido,   afirmó   el   libelista:  “es  imposible  que  un contrato de concesión para  construir   la   Bodega   Corabastos  en  que  ya  se  ha  cumplido  su  objeto:  construirla…  pueda  ser cedido como tal contrato de concesión, por lo que al  razonar  en  ese  sentido  contrario  sobre  tales  hechos  se  exige  la previa  aprobación  de  Corabastos  que,  como  es  evidente,  no aplica en el caso por  cumplimiento  del  objeto  contractual,  y  por  tanto  de  la  terminación del  contrato de cesión”.    

Indicó  que Alfredo  Muñoz  en  su  calidad  de Gerente de la Unión  Temporal,  le  remitió  el  31 de  agosto  de  1998,  una  carta  a Corabastos,  de  la  cesión  al  fideicomiso  administrado  por  Cáceres  y Ferro; y a partir de ahí, cree  el     recurrente    que    “ese    aspecto    es  definitivo”,   porque   se   entiende  “que  la  concesión  había  terminado  y  que  lo  cedido  eran  arrendamientos   pero  no  de  la  concesión,  y  otros  ingresos  –que son peajes en la zona de bodega-,  como  créditos  a cargo de Corabastos y a favor de la Unión Temporal, y que la  fiducia    sobre    esos    recursos    se   hizo   en   forma   irrevocable   y  permanente”.   

Estimó  que  la sentencia atacada presentaba  otro  dislate  al  afirmar  “que  todavía existía  contrato   de   concesión,   y  no  otro  contrato  tan  evidente  como  el  de  arrendamiento   de   las   bodegas   cuyas   rentas   se   transferían   en  el  fideicomiso”,   por  tal  motivo,  el  sentenciador  apreció  en  forma  errada  el  caudal probatorio, al decir que la Unión   Temporal,  no  podía  ceder  el  contrato  sin la autorización de la Corporación de Abastos; aquí –agregó-  se  contradijo  el Tribunal,  “con  la  primera  afirmación  que  consideraba ya  superada  la  etapa  de  construcción  de  la  bodega,  que  era  el  objeto de  concesión 047-97”.     

Explicó  que el error consistió en tomar la  cláusula  10  del contrato y aplicarla a la cesión de arrendamientos mensuales  de  la  bodega,  requisito  que  solo  era  aplicable  a  la  concesión  misma,  “pero  obviamente  no  a la cesión de las rentas y  pagos   periódicos   derivados   del   alquiler   de  la  bodega”,  que  son  contratos  diferentes como lo enseña el artículo 1621  del Código civil.   

El   Tribunal  en  el  fallo,  “aprecia   erróneamente”   que   la  concesión  estaba  aún  vigente para el convenio de arrendamiento “y  por lo mismo infiere erradamente que debe darse aplicación a  la  cláusula  10ª  que  corresponde  a  la  concesión, y que deviene entonces  aplicada  como  no  debía  a  un  contrato  distinto: el de arrendamiento de la  bodega de Corabastos”.    

Tras      continuar      –en    criterio    del    demandante-  demostrando  los  yerros  del  Juez  Colegiado,  en  páginas  precedentes sigue  tratando  de  verificar  el  galimatías  sobre  la naturaleza de los contratos,  citando apartes del fallo de segundo nivel, para luego, afirmar:   

“Naturalmente   cuando   se   alude   a  “dicho    contrato”  se  refiere  la  Sala al contrato de concesión, no a  los  de arrendamiento, y esto es precisamente el error  de  apreciación en que incurre al confundir la concesión YA “SUPERADA” con  el  arrendamiento que era el contrato que vinculaba a los usuarios de Corabastos  y  de  los  cuales provenían los flujos de caja y las rentas transferidas en la  fiducia  con  Cáceres y Ferro, que Corabastos debía consignar en la cuenta del  fideicomiso administrado por la fiduciaria Cáceres y Ferro”.   

Discrepó  también  el abogado sobre el aval  requerido  para  la  cesión  del contrato de concesión, el cual no fue doloso,  como lo entendieron los magistrados.   

En  el  fallo  del  Tribunal  se “incurre  en  un  nuevo  error  conectado  con el ya señalado…  simplemente  se  presupone  en  la  argumentación  que  la  aprobación  de  la  cláusula  10ª  es  requisito  de perfeccionamiento de la fiducia celebrada con  Cáceres,  lo  cual  es  completamente  falso…  y para mantener el error en el  desarrollo  del  argumento,  que ha confundido la concesión ya terminada con la  fiducia  sobre  las rentas del arrendamiento de bodegas, supone imaginariamente,  SIN  CONSULTAR LA LEY DE LA FIDUCIA, por si y ante si, que la fiducia tiene como  requisito  de  perfeccionamiento  del contrato la aprobación que establece otro  contrato   distinto   para   los   eventos   de   cesión   de   la   concesión  047-97”.   

No  se está ante la cesión de la concesión  sino  de  los  contratos  de  arrendamiento de la Bodega Popular de Corabastos,  pero  ni  siquiera  ellos  se  transfirieron  “sino el producido de los cánones de  arrendamiento   y  los  dineros  de  los  peajes  de  esa  bodega” o de los derechos pecuniarios.   

Afirmó   el   defensor   que  “El  error  inicial  se  traduce  en argumentos falsos en todo el  curso  del  fallo”, pues por un lado se encuentra el  convenio  mercantil  suscrito  entre la Unión Temporal  A.   Muñoz   y  Cáceres  y  Ferro    –administrador  del  encargo  fiduciario-  de  terceros, “se  constituye, sin forzar la lógica  ni  la  naturaleza  de  los contratos que el concesionario Corabastos nada tiene  que  ver  con  la fiducia constituida sobre las rentas de los arrendamientos que  pertenecen  a  la  Unión  Temporal. Ningún apartado de la fiducia se refiere a  cesión      de     contratos”.     (Subrayado fuera de texto).   

Como   es   un   nuevo   contrato   (el  de  arrendamiento,  si  se  quiere), Corabastos  no  se  puede oponer, “según la ley y  doctrina”  para  su aceptación o aval; por ello, no  podía  decir  la  sentencia  cuestionada,  que  la  aprobación  de  esa  Firma  “es   imperativo  para  el  perfeccionamiento  del  contrato”, pues superada la  construcción,  viene la ejecución de nuevos contratos como el de arrendamiento  de  las  bodegas,  de cancelación mensual por el uso de sus espacios y derechos  pecuniarios como los peajes.   

Agregó:   “es  evidente  que  si  las rentas debían pagarse a la Unión Temporal por 42 meses,  el  lapso de los arrendamientos iniciales, era precisamente la Unión Temporal y  no  Corabastos la propietaria de tales recursos, que fueron los transferidos con  completa  legitimidad  por la Unión Temporal a la fiducia con Cáceres y Ferro.  Resumiendo:  la  aprobación  previa  de  la  clausula (sic) 10 era solo para el  contrato de concesión”.   

En  forma  posterior,  transcribió  varios  apartes  del  fallo  del Tribunal y en seguida informó que se presenta un yerro  de    “violación    indirecta    de    la    ley  sustancial”,  al  adecuar las instancias la conducta  de     su     prohijado     en     el    delito    de    estafa,    “omisión en  virtud  de la cual supuestamente no se ‘perfeccionó’  la  fiducia,  lo  tomó  la  sentencia incorrectamente como parte  fundamental  del  engaño  que  indujo  en  error  a  los  inversionistas en los  certificados  de  beneficio  fiduciario  del  fideicomiso  de  Corabastos,  como  elemento  estructural  del  delito,  al  suponer  que el contrato de fiducia era  invalido, y que no tenía existencia cierta”.   

En   cuanto   a  la  incidencia  del  yerro  denunciado,    sostuvo   el   libelista   que   de   no   existir   “dicho  error  de apreciación, la Sentencia (sic) hubiera venido  a  concluir  que el negocio era un contrato válido, real, en virtud del cual la  Fiduciaria  era  la propietaria de las rentas de los arrendamientos de la Bodega  Corabastos  que  respaldaban  válidamente   los  certificados de beneficio  fiduciario,  y  que  ello  no  fue  un  artificio ni engaño. Si el sentenciador  hubiera  apreciado  correctamente las pruebas y los hechos, la sentencia hubiera  sido contraria a la impugnada”.   

Agrego, en consecuencia:  

“la  sentencia  aplicó  indebidamente  el   artículo  356  del  Código Penal (ley 100 de  1980),  vigente  para  la época, ya que se sustenta en un error de apreciación  de  los  hechos en si mismos según su naturaleza, que  le  llevaron a inferir con error que el contrato de fiducia no surgió a la vida  jurídica,  ni  se  perfeccionó, ante la falta de aprobación de Corabastos que  no  debía  intervenir, y que solo aplicaba para la concesión ya superada, pero  no  para  los  arrendamientos  de  la Bodega, que son una cuestión de créditos  provenientes   de   los  contratos  de  arrendamientos  de  la  Bodega  Popular.  Ni  siquiera  es  posible  decir  de  cesión  de los  contratos  de arrendamiento, pues los cánones los recaudaba Corabastos y debía  girar   al   Fideicomiso   según   contrato  de  fiducia  de  5  de  agosto  de  1998”.  (Subrayados por la Sala).   

b) Segundo cargo.  

Adujo,  por  tanto,  que lo presentaba por la  vía    indirecta   del   artículo   207,   un   nuevo   dislate   “sobre  la  prueba  en  virtud de un falso juicio de apreciación  sobre los hechos del proceso”.   

Acto  seguido  indicó que en la sentencia se  mintió   al   decir  que  la  Fiduciaria  Cáceres  y  Ferro,   no  poseía  los  recursos  suficientes,  ni  solvencia  económica  como  fiduciaria,  para  respaldar  los  certificados  de  beneficio  fiduciario  por  ellos  expedidos,  pues tales títulos no los podía  otorgar  a  cargo  de su propio peculio “sino contra  el  patrimonio autónomo del fideicomiso Corabastos”.   

El Juez Colegiado no entendió que son dos los  patrimonios  que  manejaba  la  fiduciaria  Cáceres y  Ferro:  uno,  el de ellos -o propio y en crisis por el  sector  inmobiliario  de  los  años  1983  y 1984-; el otro, representado en el  Fideicomiso   de   la   Bodega  Corabastos;  los  cuales no se podían confundir, ni mezclar con el patrimonio  autónomo  de  Corabastos; debía existir pues, total independencia.     

Siendo  ello  así,  indicó:  “por   esa  inferencia  errada,  concluyó  equivocadamente,  que  también     su     patrimonio     –el  de  la  Fiduciaria  Cáceres  y  Ferro-  debía  responder como  garantía  de todos los certificados de beneficio fiduciario que se expidieron a  cargo  de  un  patrimonio  completamente  distinto y autónomo según la ley: el  Fideicomiso   Bodega   Popular   Corabastos   celebrado   el   5  de  agosto  de  1998”.   

Son dos aspectos esenciales del cargo. Uno, la  comprensión  de  la  independencia  de  los  patrimonios y, dos, nunca  se  podía  tomar  como  un  elemento  de  la estafa “la  insuficiencia  patrimonial  y  la falta de información sobre la misma por parte  de  la  Fiduciaria”; para lo  cual,  citó varios apartes del fallo atacado y el artículo 1233 del Código de  Comercio, que regula la autonomía de los bienes fideicomitidos.   

Con   lo   expuesto,   pretende   demostrar  “un  error  de estructura lógica de la motivación  del fallo”.   

1) “Se interpreta  incorrectamente  la  expresión  de una acta de la Junta Directiva de Fiduciaria  Cáceres   y   Ferro”,   en   cuanto  a  la  fecha:  “30   de  junio  del  año  aludido”,  al  imprimirle  vigencia o eficacia al Fideicomiso que aún no se  había  realizado,  pues  lo  que  allí se anunció fue la preocupación por el  flujo   del   balance  de  la  Fiduciaria  Cáceres  y  Ferro,  lo cual nada tiene que ver con la “fiduciaria  Corabastos  ni del flujo de caja de ese fideicomiso,  como erróneamente dice la sentencia”.   

Luego   se   refiere   a  una  nueva  acta:  “del    28    de   agosto   de   1998”,  pero  ésta  si  la ubica dentro del  contrato  de  Fiducia  Bodega  Popular,  para  concluir  que lo realizado por la  Firma,    que    por    antonomasia    defiende,   no   era   por   “capricho   del   fiduciario   sino   voluntad   contractual  del  fideicomitente,  que  debía cumplirse”, en atención  a  los seis mil millones de pesos, resultado del aprovechamiento de la Bodega, y  que  esos  recursos  debían  ser  utilizados para cancelar las cuotas iniciales  “en mora de otros fideicomisos inmobiliarios en los  que  aquel  era promotor’,  es  decir  se  refiere  a  Alfredo  Muñoz,  representante  legal  de  la Unión  Temporal,   que   constituyó   el   fideicomiso   a   favor   de   Cáceres   y  Ferro”.   

Su  prohijado  tenía  fijos  los compromisos  contractuales,  los  cuales fueron definidos por la voluntad del fideicomitente;  “No   por   un   antelado  propósito  de  emplear  indebidamente  los recursos, como al parecer lo ha entendido el sentenciador por  el yerro que se comenta”.   

2) Del anterior error  –nació  otro-  por  la  confusión  del  concepto  de  patrimonio  autónomo,  en  atención al contrato  047-97,   que   le  mandaba  a  Alfredo  Muñoz  a  constituir  un  “fideicomiso  con  las  rentas  de  la  bodega Corabastos con una  fiduciaria   autorizada   por   la   Superintendencia   Bancaria”.Allí  jamás se dijo “que la Fiducia de  Corabastos    abarcaba    recurso    ‘propios’ de  la   fiduciaria  Cáceres  y Ferro, pues ello es la negación de la esencia  del  fideicomiso:  la autonomía patrimonial”. Con la  interpretación   sobre   los   patrimonios   de   las  sociedades  –que son distintos e independientes- se  configuró  el  delito  de  estafa,  “en un acto de  desinformación  sobre  un  patrimonio que no podía respaldar la colocación de  certificados  de beneficio fiduciario, que solo podían ser garantizados con los  flujos  de  caja  de la Bodega Corabastos por mandato legal, y tal como lo viene  reconociendo el fallo impugnado”.   

3) Como el Tribunal  apreció     mal     los     “hechos    en    si  mismos”,         conserva        “inferencias  erróneas  en la motivación de la sentencia cuando  aprecia  una  expresión  de la prueba sobre la existencia de recursos atribuida  al  representante  legal de la Fiduciaria Cáceres y Ferro. Se lee: ‘la  Sociedad  Cáceres  y  Ferro S.A.  manifestó        al        mencionado        fideicomitente        ‘que    había   recurso’  razón que motivo al fideicomitente  a   realizar   la  fiducia  con  ellos”.   

Para    el    libelista,    “una  valoración  correcta de los hechos objetivamente vistos, y  admitida  por  el fallo la autonomía de los patrimonios en estos caos, no puede  ser  otra que la que deviene de dicho presupuesto: la referencia a la existencia  de    recursos   (‘hay  recursos’)  no  es a los  recurso  propios  de la Fiduciaria… Error ostensible sobre los hechos: Alfredo  Muñoz  era  quien  debía  aportar  los recursos  y bienes fideicomitidos,  puesto  que deben ser suyos para que pueda transferirlos a la fiducia, como dice  el  artículo  1225  del c. de co… Por ello Alfredo Muñoz no podía ni debía  esperar  a  que  al (sic) fiduciaria tuviera recursos, pues estos los tenía que  colocar   el   mismo  fideicomitente  –como  manda  la ley- y por tanto era él quien sabía si se contaba  con    recursos    para    el    propósito    de   la   fiducia”.    

A     la     sociedad     Cáceres   y   Ferro  no  le  era  posible  cancelar  los  títulos de beneficios fiduciarios con patrimonios distintos. Por  ende,  el  error  de  apreciación  de  los  hechos  en  punto  de la autonomía  patrimonial,  llevó al Tribunal a ver “un artificio  o  un  engaño” en la estafa, artículo 356, vigente  para la época de los acontecimientos.    

4)  Con  el  mismo  argumento,  descartó  las  afirmaciones  del Juez Colegiado, sobre la solvencia  económica    de    la    Fiduciaria    Cáceres   y  Ferro  y  el  aprovechamiento de su imagen para atraer  clientes;  en  donde resaltó que, lo de verdad importante eran los recursos del  fideicomiso,  estimados  en $12.331.588.967 producto de los arrendamientos de la  bodega  durante  42 meses continuos, “y por lo tanto  los  bienes por administrar por el fiduciario son esa misma cantidad transferida  por  el  fideicomitente,  y  ese es el respaldo de los certificados de beneficio  fiduciario:  el  monto  de recurso de arrendamientos contemplado en la cláusula  7ª  del  contrato  de  fiducia  mercantil,  como dice la sentencia que impugno.  Inexplicablemente  no mira ese aspecto, para considerar en cambio que se ocultó  información  sobre  el  patrimonio  de la fiduciaria que no podía mezclarse ni  responder por los certificados”.   

En cuanto a la reputación y buen nombre de la  Firma,  “todo lo cual indica que de lo que se ocupa  el  fallo  no  es  de  su  prestigio  como  fiduciaria, sino de la reticencia en  informar  sobre  su  patrimonio  y  capital  como  fiduciaria,  que por ley debe  permanecer  separados de los bienes patrimoniales del fideicomiso. Tan cierto es  lo  afirmado,  que  en el Juzgado 33 Civil del Circuito la Fiduciaria Cáceres y  Ferro  en  liquidación  ha  presentado una demanda para recuperar estos valores  que   pertenecen   a  la  Fiduciaria  de  la  Bodega  Corabastos”.   

Sobre la incidencia del yerro alegado, sostuvo  que  la  ausencia  de  información de la situación patrimonial de Cáceres     y    Ferro,    “cualquiera  que sea su volumen, no puede entrar en el patrimonio  del  fideicomiso  Corabastos  so  pena  de  confusión de patrimonios ilegal, se  apreció   como  argucia  y  ardid  para  defraudar  para  ocultar  –reticencia-  el  estado  real  de  su  capital  y  patrimonio  como  sociedad  fiduciaria”.   

En  la  sentencia se desconoció “que la fiduciaria Corabastos tenía a  partir  de  la  firma  del  fideicomiso unos recursos y flujos de caja de 12 mil  millones,  más  que  suficientes  para  cubrir  los  certificados, que quedaron  cubiertos  y  se  habrían pagado correctamente, de no mediar el acto de mala fe  del  propio  Alfredo Muñoz y Corabastos, que defraudó el fondo del fideicomiso  que  el  mismo  había  constituido para provecho de sus propios intereses. Pero  este     aspecto     no    fue    analizado    en    la    sentencia”.      (Subrayados      de      la  fuente).   

c) Tercer cargo.  

Lo     elevó     por     “error  de  apreciación  en  que  incurrió el sentenciador, que  valoró  equivocadamente  en su expresión objetiva el hecho de la acreditación  del  flujo  de  ingresos “suficientes”  por el fideicomitente”. Y, a partir de  esta   enunciación   agregó   que   en   el   fallo  atacado  se  “infirió… que la Fiduciaria Cáceres  y    Ferro    no    podía   expedir   ‘todavía’   los   certificados  de  beneficio  fiduciario    previstos    en    la    cláusula    9ª   del   mismo   contrato  fiduciario”. (Resaltado de origen).   

Entonces,   presenta   una   “interpretación     equivocada    la    sentencia”,   en  el  sentido  “que  como  no  se  acreditó  el  flujo  de  ingresos  por  arrendamiento  y  peajes  de  la Bodega  Corabastos,  por  parte  del  fideicomitente,  la Fiduciaria Cáceres y Ferro no  podía  expedir  certificados  de  beneficio  fiduciario  contra  el  patrimonio  autónomo  fideicomitidos por Alfredo Muñoz. Como no esperó la Fiduciaria esas  circunstancias   y   se   apresuró  a  expedirlos  antes  de  la  acreditación  mencionada,  ello constituye un artificio para defraudar a los inversionistas en  dichos  documentos,  según  razona  la  sentencia”.   

Anunció  que el error aparece evidente si se  lee   la   cláusula   9   del   contrato   celebrado   entre   la  Unión  Temporal  A.  Muñoz y Corabastos,  pues allí se estableció que  una     vez     determinado     el     flujo     de     recursos    “suficientes”  la nombrada fiduciaria  “debía   expedir   certificados   de   beneficio  fiduciario  contra  esas  rentas  para  desarrollar  el  fin  señalado  por  el  fideicomitente Alfredo Muñoz”.   

Para el libelista, la misma fiducia acreditó  la    transferencia   del   “flujo   de   recursos  suficientes,  que  se  avaluó en $12.331.588.967.oo en la clausula (sic) 7ª…  por  lo  que  es extraño y contradictorio que ahora se afirme  en el mismo  fallo  –ser y no ser- que  no  se acreditó el flujo de recursos suficiente”, lo  cual  es  aceptado  por  la sentencia en las páginas 25 y 26. No tiene sentido,  entonces,   lo  afirmado,  pues  el  fideicomitente  si  acreditó  “un  flujo  de  recursos suficiente para expedir los certificados  de   beneficio   fiduciario”,  cuando  Alfredo  Muñoz constituyó el fideicomiso  y  “transfiere  uno  o  más bienes especificados a  otra,  llamado fiduciario’  por  lo  tanto  es  forzoso admitir que en el acto de constitución ya tenía el  fideicomitente  que  ACEPTAR  el  flujo  de  recursos  propios  del fideicomiso,  DETALLADAMENTE  Y  CON  PRECISION  (sic) DE MODO QUE NO CUPIERA OSCURIDAD ALGUNA  SOBRE    LA   CONFORMACION   (sic)   DEL   PATRIMONIO   EN   FIDUCIA”. (Mayúsculas en el texto).   

Por otro lado, indicó que la citada cláusula  7ª,   “acredita  el  flujo  de  recursos  que  se  transfieren  al  fideicomiso”,  en  el entendido que  “acreditar” según  el  DRAE “es dar la seguridad de  que   una   persona   o   cosa   es  lo  que  representa  o  aparece”;  lo cual muestra que, con base en los  contratos  de  arrendamiento  de  la  bodega,  la  ejecución  periódica, pagos  mensuales  de  los  mismos  por el término de 42 meses y aceptada la autonomía  personal  del  fideicomiso  y,  no  es  lógico para el demandante, mantener los  cánones  mensuales  de  arrendamiento  de  manera  estática hasta arribar a la  cifra  de  los  doce  mil millones de “momento en el  cual,  sólo 42 meses después, estaría facultado para expedir los certificados  de  beneficio  fiduciario,  y  comenzar entonces sí a cumplir lo mandado por el  fideicomitente  respecto  de  pagos de obligaciones del constituyente, según se  dispuso  en  el  contrato  de  fiducia  mercantil de administración y fuente de  pago”.   

El anterior, es un razonamiento ilógico para  el  actor,  quien aseguró que es imposible esperar todo ese tiempo para iniciar  su  “verdadera función de fiduciario para los pagos  que     le     ordena    el    constituyente    en    el    contrato”;  por ello, el fallo no podía afirmar  lo   expresado   ni   menos  aún  tenía  sentido  esperar  la  aprobación  de  Corabastos  para  ceder  la  concesión, “sin concurrir  ninguna  de  las  circunstancias aludidas la Fiduciaria Cáceres y Ferro S. A. a  través  de  sus  representantes  y  asesor  jurídico  en  representación  del  fideicomiso…    procedieron    a    expedir    certificados    de    beneficio  fiduciario”.   Con  tales  afirmaciones   pretendió  descartar  el  “ardid  o  maniobra  para  defraudar” imputado a los procesados.   

d) Cuarto cargo.  

Lo     presentó    por    falso  juicio  de  identidad, “respecto  de  la  fiducia irrevocable constituida el 5 de agosto  de  1998,  condición de irrevocabilidad que emana de su texto, que la sentencia  misma  repite…  el  sentenciador  desdibujo  completamente  el  sentido  de la  característica  de  irrevocable,  que  es  establecida  por  el  fideicomitente  mismos,  y  se halla en el tenor literal del contrato de fiducia”.   

Con ese actuar, desconoció el hecho cierto de  la   “irrevocabilidad”  determinado    en   el   contrato,   “con  lo cual convalidó la simulación realizada por Alfredo Muñoz  a  través  de  una  fingida  a unas empresas suyas que no eran unas fiduciarias  autorizadas  por la Superintendencia Bancaria como exigía la concesión 047-97,  para  apoderarse  ilegalmente  de  las  rentas  ya  transferidas en dominio a la  Fiduciaria    Cáceres    y    Ferro”.   

La  sentencia de segunda instancia, desconoce  el   “verdadero  sentido  que  muestra  la  prueba  respecto  de la irrevocabilidad”, la cual situó a la  Firma  cuestionada  “en una posición de legitimidad  y  conformidad  con  las  exigencias  del  derecho,  para  darles  una posición  antijurídica   contraria,   para   atribuirles  maniobra  de  engañó  que  no  efectuaron.   Este  yerro,  a  la  vez,  desvía  la  atención   del  verdadero  autor  del  artificio  de  defraudación  contra  la  fiduciaria   Cáceres   y   Ferro   y   los  inversionistas  en  el  Fideicomiso  Corabastos”.   

Continuó  sosteniendo  que  la  simulación  realizada  por  Alfredo   Muñoz,  le  dio  un  tinte  de  legalidad  a  un comportamiento “avieso, ilegal y de  mala  fe, que genera la defraudación a los inversionistas. Pero no por actos de  los  representantes  legales  de  la  Fiduciaria… El  error  de  identidad desvía la atención sobre el verdadero autor de la estafa,  para  tratar  de  colocarla a cargo de otros, -Cáceres y Ferro- que no son sino  autores  del  fraude  sino  también  víctimas  del procedimiento de mala fe de  Alfredo  Muñoz,  que  queda  encubierto  por  el  error  de  identidad sobre la  irrevocabilidad    de    la   fiducia”.   

Después  de  citar  un  nuevo párrafo de la  sentencia  cuestionada,  se  ratificó en sus argumentos en atención al tema de  la   “irrevocabilidad10”;  luego   para   él,   no   se   puede  estimar  que  su  prohijado  “engañó  a  terceros  sobre  contratos  y  rentas  irreales. Al  contrario:  es evidente la posición de artificio y engaño de Alfredo Muñoz al  comportarse  en  forma  contraria  a  su  voluntad  contractual  expresada en la  fiducia irrevocable”.   

Informó     que     la    simulación,   llevó   a   Alfredo  Muñoz  a  conseguir “testaferros”  para ceder el contrato  a    una   sociedad   no   autorizada   por   la   Superbancaria,   “para  apoderarse de los recursos ya transferidos a la fiduciaria  Cáceres  y Ferro, lo que llevo a la imposibilidad de cubrir los certificados…  que  ahora  han  de  ser  pagados  en  el  proceso  ordinario  adelantado por la  Fiduciaria  Cáceres  y  Ferro en liquidación, que cursa en el Juzgado 33 Civil  del Circuito”.   

Por   tanto,   su  mandante  y  los  demás  representantes  de la Firma aquí controvertida, actuaron en derecho, sin que se  les  pueda señalar por “un acto doloso posterior de  un  tercero que simula una nueva cesión de rentas ya cedidas… Es prohibición  de  regreso que se basa en el hecho de que la causalidad opera hacía adelante y  no  hacía  atrás,  de  lo  cual solo se deduce que solamente a partir del acto  doloso  de  simulación  debe  encontrarse  el  artificio  reprochable.  En pura  lógica  este  aspecto  desplaza  el  núcleo  de  la  imputación del delito de  engaño a otra persona”.   

Afirmó que “solo  quebrantado  un  principio de la lógica, que nutre el principio de prohibición  de  regreso  en  el  campo teórico, y en virtud de una apreciación errónea de  los  hechos”  se  demuestra que el incumplimiento de  Alfredo  Muñoz  para  con  los  inversionistas  “es  irrelevante”.   

Razona, además, que se presentó petición de  principio  por cuanto, no se requería la aprobación de la cesión del contrato  de  concesión,  por  cuanto ya había terminado y tampoco podían esperar a que  se  materializara  el traslado del flujo de caja al fideicomiso, por la conducta  fraudulenta  de  un  tercero,  es por esa razón que infiere el libelista que el  incumplimiento  para  cancelar las obligaciones fiduciarias que había adquirido  Cáceres  y  Ferro  con  los  diversos  inversionistas  es “irrelevante, y por eso  no  se  analiza,  en el fallo es de mala fe, pues resulta ostensiblemente ser un  acto  posterior  doloso  que  defrauda  las expectativas en el mundo del derecho  frente al desarrollo de la fiducia irrevocable”.   

Citó  el  artículo  1236  del  Código  de  Comercio,  con  el  fin  de  sostener  que  el fiduciante renunció a revocarlo:  “es     decir,     aquel     que    simuló un nuevo contrato de cesión que  no   podía   hacer   contraviniendo   la  que  ha  había  celebrado  en  forma  irrevocable…  De  haber  dado la relevancia que el hecho de la irrevocabilidad  tiene  en  la fiducia, el sentido de la sentencia sería el de imputar la estafa  al     verdadero     defraudador     de     las     expectativas    –Alfredo Muñoz- por su comportamiento  para  burlar  los recursos ya transferidos a la fiducia con evidente mala fe, en  contra   de   su   propio   hecho,   y  no  hubiera  considerado  que  resultaba  irrelevante”.    

e) Quinto cargo.  

Sustentado  por  vía indirecta, por error de  hecho,  “consistente en la apreciación errónea de  la  situación  fáctica  a la notificación a Corabastos y sus efectos desde el  punto  de  vista  material y legal, en relación con la cesión de las rentas de  arrendamientos  y  otros  flujos  de  caja  generados  por la Bodega Popular”.   

En su concepto, “  La  notificación  se  hace  al tercero cedido, para que se oponga o impruebe el  contrato  de  fiducia  por el cual se le ceden las rentas, y tenga la existencia  jurídica  a partir de la cual se pueden entonces si expedir los certificados de  beneficio   fiduciario,   lo   cual   no   es   cierto   según   la  ley  y  la  doctrina”.   

Como  el  contrato de concesión –en  concepto  del libelista- ya había  finiquitado   con   la   construcción   de   la   bodega   entre   Corabastos     y     la    Unión  Temporal  A.  Muñoz, “es  obvio  que  en  esa relación contractual nada tiene que ver  Cáceres  y  Ferro… que por eso mismo no requiere de la notificación de dicha  cesión  puesto que ya se cumplió el contrato y resulta imposible cederlo total  o  parcialmente”;  otro  convenio  diferente  fue el  signado  entre la Unión Temporal A. Muñoz    y    Cáceres   y   Ferro,  con base “a unos derechos de crédito  (las  rentas  de los arrendamientos y peajes de la bodega Popular)… La fiducia  existe  perfecta  desde el momento de su constitución y no requiere en si misma  notificación alguna”.   

Los    actos   comerciales   –agregó- concebidos desde la firma del  contrato  de  concesión 047-97, no son notificables11;  tal afirmación le generó  al  actor  una  serie de interrogantes: “Por qué se  requiere  notificación  en  este  caso  de  la fiducia con Cáceres y Ferro? Es  requisito  de  existencia de la fiducia o de validez de la misma?”,  cuestionamientos  que  no  se plasmaron en el fallo del Tribunal,  “sino           que           [los]  dio  por  supuestos  de validez, o  condición  preestablecida  para la expedición de los certificados de beneficio  fiduciario”.    

Sigue  insistiendo  que  el  sentido  de  la  “notificación”  no  da  cuenta  de  la  existencia  y  validez  de  la cesión de créditos sino como lo  sostiene  la  jurisprudencia y la doctrina sobre cedente y cesionario. Por ello,  la   “notificación”,  realizada     por     Alfredo    Muñoz,  “obliga al  deudor    Corabastos    a    girar    los    recursos    a    la    cuenta   del  fideicomiso”,  para  que  una  vez  enterado  de  la  cesión  de  las  rentas  a  la  Fiduciaria  Cáceres y  Ferro,  “a  lo cual está  obligado  a partir de la notificación de la cesión que en este caso se produjo  el   31   de   agosto   de   1998   mediante   carta   de   Alfredo   Muñoz   a  Corabastos”.   

Según  algunos  tratadistas  citados  por el  demandante,  la  “notificación es en beneficio del  deudor,  y  crea  vinculo  entre  cesionario  y  deudo nada más”;   no   tiene   como  fin,  en  este  caso,  para  que  “se  oponga,  o  discuta  la validez de la cesión”.   

Una   vez  determinó  que  no  es  posible  comunicarle  a  ningún inversionista o tercero diverso al deudor el contrato de  cesión  047-97  y  menos  en  la  fase  de  operación,  según  lo  sostuvo la  sentencia;  hace un recuento del recorrido de las comunicaciones que se cruzaron  las       Firmas      Corabastos      y      Unión     Temporal     Alfredo  Muñoz, para concluir: “la  notificación  no tendía a dar aprobación al contrato de cesión de créditos,  sino  enterar  a  Corabastos  de  que  el  giro de las rentas de arrendamiento y  peajes  debía  hacerse  a  la cuenta del fideicomiso constituido por Cáceres y  Ferro”.   

La  respuesta  de  Corabastos  a Alfredo   Muñoz,  no  tenía  por  objeto  rechazar  a la fiduciaria Cáceres y Ferro, “sino la  adaptación  de  ella  a  algunas observaciones… Por  vía  de hipótesis: cada cuanto se girarían los arrendamientos al fideicomiso,  en  qué  forma  u otras semejantes… Pero se infiere  erradamente  la  prueba,  en la sentencia, dándole un alcance que objetivamente  no  tiene  la  notificación…  De no haber caído en  este  error de apreciación sobre la notificación y su efecto en la colocación  de  los  certificados  de  beneficio  fiduciario,  la  sentencia habría sido en  sentido   diversa  a  la  proferida,  ante  el  hecho  evidente  de  que  ello no tenía relación con terceros ni podía constituir un  engaño  para  ellos  pues es el modo operativo de la fiducia, ni incidía en la  obligatoriedad  de  colocar  los  certificados  como  parte  de  la  gestión  y  obligaciones    de    la   clausulas   (sic)   del   fideicomiso   perfectamente  celebrado”.   (Subrayado  fuera de texto).   

Solicitó,   por   último,   casar  el  fallo  impugnado,  para  en  su  lugar,  “se profiera sentencia absolutoria para los  mismos  procesados,  pues  su  conducta  es  completamente atípica en cuanto no  utilizaron  artificios  o  engaños, como se ha demostrado, sino que procedieron  funciones  a  derecho  y  en  el  marco  de  la  ley,  en  forma estricta, en el  desempeño  de  su  (sic) funciones como fiduciarios en la Fiduciaria Cáceres y  Ferro”.   

2. Demanda exhibida  a nombre de Rodrigo Borrero Pastrana.   

El  defensor,  con  base en el artículo 207,  numeral  3°  de  la Ley 600 de 2000, presentó seis (6) ataques contra el fallo  del  Tribunal  de  Bogotá;  los  cuales  se  sintetizan de la siguiente manera:   

a)  Primer  cargo:  nulidad por violación al  derecho de defensa.   

Anunció  que  la  infracción  se  concretó  “bajo  dos  modalidades, que no permitieron obtener  un  total  esclarecimiento  de  los hechos, lo cual era perfectamente posible en  desarrollo  de  la actividad probatoria que se venía desarrollando (sic) dentro  de la Audiencia Pública”.   

Una: para el actor,  “la nulidad consistió en  no  haber  ordenado  la declaración bajo juramento del Dr. LUIS FERNANDO LÓPEZ  ROCA”, solicitada por él  en   el   trámite   del   juicio,  con  el  fin  de  saber  cómo  “los  procesados se enteraron de que CORABASTOS finalmente no iba  a  hacer  efectiva  la  cesión de los derechos pecuniarios a favor de la citada  Fiduciaria”,  pues  ese  era  uno  de  los objetivos  principales  de  su defensa, por ello requirió en la audiencia preparatoria, se  allegaran  copias  auténticas  de  las actas de Junta Directiva de Corabastos,  para constatar la buena fe de  los inculpados.   

Después de apelar la negativa probatoria, se  trajeron   a  la  actuación  los  citados  documentos,  en  donde  el  referido  Luis  Fernando  López  Roca,  dejó  constancia  sobre  la  “necesidad  de  hacer  cumplir  el  contrato del Fideicomiso Corabastos”, el  18  de  noviembre  de  1988  (No.  142);  con  lo cual demostró la vigencia del  contrato celebrado el 5 de agosto del mismo año.   

Como el Tribunal, confirmó la denegación de  la  practica  del  testimonio del abogado Luis Fernando  López  Roca, “le cercenó  a  la  defensa  el  derecho  a  demostrar plenamente, cuando y en qué forma los  sindicados  se  enteraron  que  CORABASTOS no iba a hacer efectiva la cesión de  derechos  pecuniarios  y por ende demostrar que dicho conocimiento fue posterior  y  no  anterior  a  las  fechas  de expedición de los Certificados de Beneficio  Fiduciario”,    de    agosto    a   diciembre   de  1998.   

Con  base  en  ello,  afirmó:  “De  esta  manera  se frustró el legítimo derecho de la defensa  tanto  material  como  técnica  a  tener  un  conocimiento  pleno,  completo  y  suficiente  acerca  de  que  paso  ese primero (1° de marzo de 1.999) y de qué  manera  o  forma  los  procesados  se  enteraron de que el negocio fiduciario se  había  arruinado”,  contrario  a  las  suposiciones  contenidas en el fallo atacado.   

Para  apoyar su tesis, citó una decisión de  esta  Sala  del 20 de febrero de 2003, sin mencionar radicado alguno, con el fin  de  insistir  en  la  vulneración  al  derecho  de  defensa,  toda  vez que las  instancias,  “no  permitieron  que através de esta  prueba  se dejara plenamente esclarecido y establecido el hecho en análisis con  todas sus circunstancias”.   

Dos:  la  segunda  modalidad  de violación, al derecho de defensa argumentada por el libelista, la  hizo    consistir   en   el   Juez   “haber  cerrado  el  ciclo o la actividad probatoria de la Audiencia  Pública,   sin  haber  recaudado  los  documentos  de  contabilidad”,  respecto  a  los  comprobantes  de  ingreso  y  egreso  del Fideicomiso Corabastos, “con  los  cuales  se  hubiera demostrado con toda claridad y precisión, cuál fue el  destino  de  los  dineros que ingresaron al Fideicomiso Corabastos, para  dejar  plenamente comprobado que los procesados ni recibieron  dichos  dineros…  ni  se  apoderaron  de  los  mismos  y  por ende no existió  provecho  ilícito  alguno  para  sí  ni  para un tercero como lo exige el tipo  penal”.   

Como la Fiscalía de segunda instancia indicó  que  los inculpados se había apoderado de dineros provenientes del fideicomiso,  el  defensor  solicitó  un  perito  contador  con  el  fin   de establecer  “si   los   procesados   aparecían   retirando  o  recibiendo      dineros      provenientes      del      llamado      Fideicomiso  Corabastos”. Prueba que le fue admitida y, por ello,  se  nombró  a  la  doctora  Isabel Pachón,  quien  informó  “que no fue posible  verificar  si  hubo  desvío  de  los dineros administrados por la Fiduciaria…  [o] mezclas de dineros de un  fideicomiso  a  otro, o con dineros de la Fiduciaria… no fue posible verificar  si  las inversiones relacionadas con los certificados de beneficio fiduciario de  que  dá  (sic)  cuenta  el  proceso  fueron utilizadas en beneficio personal de  alguno de los gerentes procesados”.   

Dictamen  del  que  solicitó  ampliación,  aclaración  y  adición, en relación con el punto seis, que fue contestado por  la  auxiliar  de  la  justicia  nombrada,  anunciando  que  no  tenía  soportes  contables  en  los  libros  auxiliares –por  estar  clasificados  como  archivos  muertos,  por ser de años  anteriores-  en  las  bodegas  de  Fontibón;  como al abogado no le fue posible  conseguir  los  mentados  documentos  –agregó-  se configuró la nulidad, “por  no  habérsele permitido a la defensa la obtención de dichos documentos con los  cuales  se  habría comprobado plenamente que los procesados no se apoderaron ni  de  un  peso  del  citado  Fideicomiso  Corabastos”.   

Con  todo,  consideró  que  la  “inercia   o   inactividad  probatoria  en  la  fase  de  Juicio,  obviamente  vulneró el derecho de defensa,  consistente  en  obtener  la  prueba clara y completa de que sus  defendidos  no  se  habían  apoderado de dinero alguno, impidiéndosele a dicha  defensa  buscar  y  declarar  la verdad real de los hechos, quedando a merced de  las   suposiciones   y  distorsiones  de  la  prueba  existente  como  finalmente  lo  hizo  el Tribunal de  Bogotá en su fallo”.   

Se  violaron,  en su concepto, las siguientes  normas:  el  artículo 29 de la Carta Política, “no  se   permitió  obtener  la  verdad  completa  y  suficiente  de  los  hechos…  cercenándose   el   derecho   constitucional   a   una  verdadera  controversia  probatoria”;  el derecho a la verdad, que no es solo  de  las víctimas. El inciso 8 del canon 338 de la Ley 600 de 2000, “que  le  ordena al juzgador, ordenar las pruebas necesarias para  comprobar   las   citas   las  aseveraciones  de  los  procesados”  y  el  409  de  la misma normatividad, en el entendido que el Juez  debe buscar la verdad real de lo acontecido.   

Adujo  el  libelista, a renglón seguido, que  demostrada  la  trascendencia  de  la  nulidad alegada, solicita su declaratoria  desde    la    sección    8ª    de   la   audiencia   pública,   “quedando   reabierta   dicha   fase   probatoria   del   juicio,  ordenando la práctica de las pruebas relacionadas en  ese  cargo,  como  la  mejor  manera de garantizar el  efectivo  ejercicio  del derecho a la defensa”.    

b)  Segundo  cargo: nulidad por violación al  debido proceso.   

La     sustentó    por    “no  haberse  dado  trámite  a  la  formulación de ampliación,  aclaración  y  adición  al dictámen (sic) de la perito María Constanza Páez  presentada  en  tiempo  por  el suscrito, con la cual se pretendía demostrar el  error  grave  en  que  se  incurrió  en este peritazgo, al haberse reconocido y  liquidado  intereses  bancarios  corrientes  sobre los Certificados de Beneficio  Fiduciario  de  las  hoy  parte civiles… los (sic) cual se encuentra prohibido  expresamente por las normas especiales que regulan la materia”.   

Para  el  actor,  la  liquidación  de  los  intereses  bancarios sobre los Certificados de Beneficio Fiduciario números 14,  15,  16,  17,  46,  55,  59, 60 y 68, desde cada fecha de expedición y hasta el  momento  de  su  objetiva cancelación, se hizo “sin  habérsele  permitido  a  la  defensa  demostrar  pericialmente…  la  errónea  liquidación   del   lucro   cesante  de  los  títulos  aludidos”,  pues  solo  está permitido pagar “la  llamada   desvalorización   monetaria”,  según  lo  dispone  el  artículo  18  Dto.  2418 de 1999; “mas  (sic)  no  reconocer intereses bancarios corrientes que resultan más onerosos y  por  ende  más  lesivos  del  patrimonio  de los hoy procesados”.     

Le adicionó otras motivaciones para reforzar  su  tesis,  para  luego  concluir:  “La magnitud del  perjuicio  ocasionado a los procesados es evidente ya que no es lo mismo, que se  liquide  un  lucro  cesante  sobre  un  capital  o  daño  emergente,  educiendo  intereses  bancarios  corrientes…  que  calcular  sobre  el  mismo capital, la  desvalorización  monetaria”,  entendiendo  que  los  acriminados  no  actuaron  a  título  personal,  sino  en representación de la  Fiduciaria   Cáceres  y  Ferro,  “además  de  que  resulta  absurdo  e injusto cobrarles un capital y unos rendimientos comerciales  a  unas  personas que no incurrieron en provecho ilícito ni para sí ni para un  tercero”.   

Solicitó,  por  lo  expuesto,  se decrete la  nulidad  de  lo  actuado,  desde  la  sección  8ª  de  la  audiencia pública,  “ordenando  se  le  dé  trámite a la solicitud de  ampliación,  aclaración  y  adición  al  dictamen  formulado  por el suscrito  defensor  en  el  memorial  del  22 de marzo de 2.009 y se restablezca el debido  proceso”.   

c)   Tercer   cargo:   falso   juicio   de  existencia.   

Indicó  que la violación consistió en que  el  Tribunal  “no tuvo en  cuenta  toda  la  prueba incorporada y debatida en el  juicio  que  demostraba claramente la atipicidad de la  conducta    de   los   procesados,   procediendo   a  distorsionar  los  hechos  materia  de  juzgamiento,  deduciendo  un pretendido engaño o artificio de parte de los procesados a todas  luces  inexistente,  como inexistentes resultaron los  demás    elementos   típicos   del   delito   de   estafa.   La   trascendencia de la prueba ignorada o no  tenida  en  cuenta  es  tal,  que su sola apreciación  hubiera  llevado al claro reconocimiento del carácter atípico de las conductas  de  los  procesados,  tal  como  se  hizo en el fallo  absolutorio  de  primera  instancia”.  (Subrayado fuera de texto).   

En      primer     lugar,  afirmó  que los derechos pecuniarios  derivados  del  contrato  047-97,  cedidos a favor de la fiduciaria Cáceres  y  Ferro (cláusula tercera) el  5   de  agosto  de  1998,  “fueron reales, existentes, mas (sic) no fueron una  falacia,  ni  un  ardid  o  engaño  como  se supuso por las partes civiles y se  sostuvo  en  el  Fallo  (sic)  censurado”.  De  tal  capital  dan  cuenta  las  certificaciones expedidas por Corabastos, en donde se  dijo  que  ella  “pagará  a  la Unión Temporal A.  Muñoz”,    las    sumas    allí    establecidas      ($9’898.365.325);  y  como  la “bodega popular Corabastos fue terminada  y  recibida  a  satisfacción  por  Corabastos”, la  cual,   con   base  en  tal  ejecución,  tenía  presupuestada  la  entrega  de  “a   31   de   noviembre  de  1.998,  la  suma  de  $991.204.729;  y que para el año de 1.999 se pagará la suma de $2.626.532.404,  oo  pagaderos trimestralmente. Que estas sumas corresponden al flujo de caja que  forman  parte  del  contrato 047”.    

En esas circunstancias, el negocio fiduciario  si  era  como  lo  presentaron  los  inculpados  a los  inversionistas,   por  cuanto  el  flujo  de  fondos,  “constituían  una renta fija y real”  y,  por  lo  tanto,  no  se  presentó  ninguna  falacia, ardid o  mentira,  “como  erradamente  lo  supuso  el  fallo  censurado.  Esta  prueba  desvirtúa  el  primer  elemento  del tipo referido al  despliegue de artificios o engaños”.   

La  sentencia  no  diferenció  los posibles  problemas   que   podía   tener   “el   flujo  de  caja”,  -los cuales estaban siendo atendidos por la  Junta  Directiva  de  la  Fiduciaria-,  con  un  estado de quiebra: todo esto lo  pretende  demostrar  con  el siguiente “desconocimiento probatorio”:   

El  acta  138 (de  julio  31  de  1998),  punto  3, en donde la citada Junta dejó constancia de su  “preocupación  por  lo  apretado del flujo de caja  para  lo que resta del año, y solicitaron efectuar un  seguimiento    permanente    con    el   fin   de   prevenir   complicaciones…  Este  es  el  contenido que el fallo deliberadamente  omite  tener  en  cuenta,  el  cual  indica  a las claras la buena fe con la que  procedieron   los   directivos   de  la  empresa”.  También  omitió  el  Tribunal  lo expresado en tal  reunión     por     Claudia    Sáenz,  quien  sugirió la tramitación de un crédito para resolver la  situación  del  flujo  de  caja;  y,  se  ignoró,  así mismo, la respuesta de  Gustavo  Cáceres a ella,  al  manifestar que poseían “inversiones en papeles  por  valor  cercano  a los Quinientos Millones de Pesos, los cuales ayudarían a  manejar    las    dificultades    de   liquidez”;  sin  embargo,  para  el  libelista,  entonces,  el  conflicto  sobre   el   faltante   capital  que  debía  poseer  el   flujo   de   caja,  “no  era  tan  extremo,  que  tenía  manejo entre otros, con el  trámite  de  un  crédito  como  es  lo  común  en  estos casos”.   

Con  el fin de corroborar que la fiduciaria  Cáceres   y  Ferro  no  estaba     en     quiebra,    debió    el    Juez    Colegiado,    “haber    tenido    en   cuenta   entre   otros   elementos   de  prueba”,    el    dictamen    de    Avelino   Rosas   Rodríguez  revisor  fiscal,  las  notas  a  los  estados  financieros,  incorporadas  por  la perito  Pachón, en donde resulta  relevante   “la  constancia  de  que  ‘el  capital pagado de la Fiduciaria  ha  venido incrementándose gradualmente como consecuencia de la capitalización  de  los  ajustes  integrales  por  inflación.  A  diciembre  31  de  1.998 este  incremento  es el orden de  $875.568.600”.     

Allí  destacó  los rubros que hacen parte  del   activo,   motivo  por  el  cual,  sostuvo  que  “no  existió  ningún  engaño  de  aparentar una  presunta  solidez  frente  a  una sociedad en quiebra, ya que esto (sic) último  hecho  no  era  cierto  como  lo  supuso  el  fallo  censurado  y  por  ende  la  inferencia  de  presunta  inducción   en   error   por   este   aspecto   es   igualmente  artificiosa  e  inexistente”.             (Subrayado fuera de texto).   

El  Tribunal  no  entendió  la separación  patrimonial     y     contable    que    tiene    que    existir    –por  mandato  comercial-  entre  el  patrimonio  de  una  sociedad  fiduciaria, el cual no se puede presentar como de  respaldo  o  garantía  a  los inversionistas o terceros de varios fideicomisos,  como  él lo demostró en  el  juicio,  detallándose  que  no  hubo  desvió  de  dineros entre uno y otro  convenio mercantil.    

En  el posterior  párrafo,                agregó      el      demandante:        “A  este  respecto  se debe tener en  cuenta   mi   memorial   de  petición  de  pruebas  en  juicio…  solicite  la  designación  de  un perito contador y le formulé el  correspondiente  cuestionario”.  Con  él    determinó    lo   siguiente:  (a)    “Que  dentro  del  proceso  no  hay  documentos,  ni informes de  auditoria   de   los   cuales   se   evidencia   la  ocurrencia  de  los  hechos  denunciados”,             (b)  “Que  de  acuerdo  con  la  información que se tiene en el  proceso,     no     fue     posible     verificar     si    hubo    desvío  o  mezclas  de  dineros de un  fideicomiso  a  otro,  o  de  un  fideicomiso  para  con  el  patrimonio  de  la  Fiduciaria”,   para  lo  cual  citó  el  escrito  presentado  por  la  perito Isabel Pachón.   

Y,  mediante  aclaración solicitada por el  libelista,    se   despejó   la   duda   la   aludida   experta,   en  el  sentido  que los rubros de cada  negocio  no  se habían  combinado; regla que se  reitera  en  todos los contratos de fiducia, tal como lo autorizaba la cláusula  octava  de  la  cesión pecuniaria y se corroboró con la carta DJ-0548 DE 1993,  remitida      a      la      Superbancaria      con      el      “nuevo   formato   de   contrato  para  vinculación   de   fideicomitentes   en   algunos  proyectos  inmobiliarios”.   

La separación patrimonial obligada por las  sociedades  “fue  analizada  y  reconocida  en  el  fallo…          absolutorio”,             como  el  Tribunal  desconoció  estas  pruebas,  edificó  “la  hipótesis  de  la  pretendida  inducción  en  error  con  base  en  la  pretendida iliquidez de la  Fiduciaria”, por cuanto  los   activos   superaban   más  de  los  doce  mil  millones   de   pesos,  “que  fueron  burlados  a través de las maniobras  que  realizaron  ALFREDO  MUÑOZ  y sus asociados”,  señores Germán Pradilla  Méndez     y    Alejandro    Francisco    Schmedling    Escobar    y   Roberto   Muñoz  Roa,   con  las  dos  cesiones  sucesivas  realizadas  una el 23 noviembre de 1998 y la última el 21 de diciembre de 2001,  “neutralizaron…  la  efectividad de la primera y  legítima  cesión  de  derechos pecuniarios” del 5  de agosto de 1998.   

Por   tanto,  para   el  actor,    la    magistratura   dejó  de valorar los siguientes medios:   

(1) El   contrato   047-07   de   fiducia  celebrado    entre    la    Unión   Temporal   A.  Muñoz  con  Cáceres  y  Ferro,  sobre  cesión de derechos pecuniarios, cuya  notificación  se  hizo  a  Corabastos  para comunicarles su permanencia e irrevocabilidad.   

(2) La    inconformidad    de  Corabastos  (que  no  fue  rechazo,  enfatiza        el        defensor),  solo  le indicó a la Unión  Temporal,  que se procediera a  ajustar    la    cesión   al   espíritu   de   la  misma.   

(3) Se     constituyo     otra     Unión  Temporal     por     parte     de    Germán   Pradilla   Méndez   y  Alejandro  Francisco  Schmedling  Escobar,   “para  que  supuestamente…             recaudara    las   rentas  fijas  previstas en el contrato de concesión 047-97.   

(4) Esta   “cesión  que  hizo  Alfredo  Muñoz  Roa  el  23 de septiembre de 1998, era de todo el contrato incluyendo la  calidad  de concesionario, la cual requería consentimiento previo y por escrito  de  Corabastos de conformidad a la cláusula DÉCIMA del contrato 047-97, el que  no   obtuvo…   de   manera   previa,   sino  de  manera  posterior”.   

(5) Satisfecha la  segunda  cesión  a  favor  de  la  Unión  Temporal  Operación    Bodega    Popular   Corabastos,   las  discrepancias   surgidas   entre   la   sociedad   citada   y   la  Corporación    Corabastos,   fueron  dirimidas  por  un  Tribunal  de  Arbitramento  a  favor  de  la primera; mismos  derechos  que  a su turno fueron cedidos a la Firma ROMUZ S. EN C., representada  por  Roberto  Muñoz  Roa  (tercera         cesión).        “Estas  dos  (2)  cesiones  sucesivas  y  en fraude al legítimo  derecho  de  la  Fiduciaria  Cáceres  &  Ferro  de  obtener  el pago de los  derechos  pecuniarios por virtud del contrato de fiducia mercantil irrevocable y  debidamente  perfeccionada  con  la  suscripción  del  contrato  citado el 5 de  agosto  /98  (sic),  se  convirtió en el poderoso factor que impidió la debida  ejecución  de la citada  cesión  de derechos, contrariamente a lo sostenido en el fallo censurado de que  este  incumplimiento  por  parte  de  Alfredo Muñoz Roa no es relevante para el  proceso  penal…  cuando  es  precisamente  el  factor central que demuestra la  buena  fé  (sic)  con  que actuaron los procesados procurando la efectividad de  los  derechos  pecuniarios  con base en la ley y en el contrato, la cual resulta  excluyente  del  primer  elemento del tipo del injusto referido al despliegue de  artificios  y  engaños,  factor  eximente  de  responsabilidad  de  la supuesta  estafa”.     

Las  inversiones  hechas por el Fideicomiso  Corabastos,  según  el  actor,  así  hubiesen  sido  mínimas, en cuantía y  número,   son   “reales,  ciertas  y  existentes,  amparadas   no   solo   en   los  CERTIFICADOS   DE  BENEFICIO  FIDUCIARIO  que  se  le  expidió  a  cada  inversionista”,  las cuales fueron reconocidas por  el   liquidador   de  Cáceres  y  Ferro;  por  tanto,  faltan  aún muchos bienes y derechos “de la masa de la Liquidación de la  entidad…    como    es    el   de   recaudar    los    Doce    Mil   Millones   de   Pesos…  más  rendimientos,  del  proceso  civil ordinario que se les  sigue  a las entidades que burlaron la efectividad de la cesión de los derechos  pecuniarios  del  5  de  agosto  de 1.998. Por eso no tiene sentido haber armado  semejante    proceso    penal,    frente    a    unos    hechos    totalmente    atípicos”;  y,  según  el  estatuto  Orgánico Financiero, Decretos 633 de  1993  y  2418 de 1999, artículo 18, para enfrentar las situaciones de iliquidez  se  tiene  previsto  el  reconocimiento  de  las inversiones y su cancelación a  cargo  de la masa. Por ello, “el negocio fiduciario  es  de  medio  y  no  de resultado, y que en consecuencia la Fiduciaria no asume  responsabilidad  alguna  (ni civil ni penal) cuando el Fideicomiso no cuente con  los    recursos    para    el    cumplimiento    del    respecto   contrato   de  fiducia”,  tal y como se estipuló en la cláusula  décima  del  contrato  de  cesión  de derechos pecuniarios, pues todo se asume  como  una  condición  de riesgo, luego “el engaño  es sencillamente inexistente”.    

Cáceres y Ferro  si  estaba  autorizada  por  la  Superbancaria  para suscribir contratos con los  fideicomitentes  o  inversionistas,  por  ello,  los  Certificados de Beneficio,  estaban  amparados  en  la ley, lo expresado no es un  “acto engañoso, ya que llegar a dicha conclusión  es  sencillamente contrario a derecho”;  como también se equivocó la resolución 0721 del 13 de mayo de  1999,   la   cual   intervino   a   la  Fiduciaria,  “y  es  por  ello que el funcionario judicial debe  analizar los mismos con total independencia de criterio   

El   Tribunal   no   tuvo   presente  las  comunicaciones  que  se  remitieron Cáceres y Ferro,  Corabastos  y  la Unión  Temporal  A.  Muñoz,  ni  las  actas  de  la  Junta  Directiva,  “con  las  cuales  se demuestra que el  comportamiento  de  los  procesados,  lejos  de estar movido por el engaño o el  ardid,   por   el   contrario   estuvo   movida   por  la  buena  fe…  sino  que  por  el  contrario  a  marzo  y  abril de 1999 los  procesados  seguían  creyendo  fundadamente  en  la  vigencia  del  contrato de  Fiducia  del  5  de agosto /98 (sic), e incluso a así lo daban a entender tanto  al  señor  ALFREDO  MUÑOZ ROA, su apoderado comercialista, como los directivos  de CORABASTOS”.   

El  contrato  047-97,  por la cláusula  10ª,     no     fue     cedido,     total          ni          menos          parcialmente,  sino sus derechos pecuniarios sobre  el  mismo,  por  ello,  los  directivos de Cáceres y  Ferro,  se  reunieron  varias veces y comisionaron a  Luis     Fernando     López     Roca,     para     que     los    representara    ante    Corabastos,   para   efectivizar   la  cesión  de  derechos,  para lo cual destacó varias  comunicaciones, actas, la nueva cesión “fraudulenta”   a   Romuz  S.  En    C.   

Tampoco  el  fallo cuestionado “tuvo  en  cuenta la autorizada declaración del abogado ANDRÉS  GOUFFRAY,  quien  como  apoderado  de  la  Fiduciaria En (sic) Liquidación y de  varios  inversionistas  conoció  de  cerca  la  problemática presentada con el  Fideicomiso   Corabastos”;   para  ello  destacó  algunos  puntos  ya  tratados  por  él,      como     el     contrato     047-97,     la     “ilegal”   y  “simulada” cesión  de   derechos,   para   evitar   que   Cáceres    y    Ferro   acumulara  los  más  de  catorce  mil  millones   de   pesos,   que  hoy  se  pretenden   ante   el   Juzgado      33      Civil     del  Circuito     y     en     donde     Gouffray  reconoce la legalidad del  convenio  de  fiducia  citado y corrobora la versión  de  los  inculpados  sobre  los   hechos   materia  de  juzgamiento.      

Así      mismo,      “esta       inexistencia      de      presunto      desvío  de dineros del Fideicomiso Corabastos y por ende ausencia  de   un   estado   de  engaño  hacía  las  hoy  partes  civiles”,  según  afirmó,  la  acreditó  con  el  dictamen de la perito  Isabel     Pachón,  a    quien    tampoco  le   “fue   posible  verificar  si  hubo desvío de dineros, o mezclas de dinero entre los activos de  los      diversos     fideicomisos…”,  en  atención   a   los   documentos  contables,  según  el  estudio  y   relación  de  los  ingresos y  egresos  del  Fideicomiso  Corabastos,  el  cual  no  fue  complementado con los  comprobantes  de  egreso  por  la  Firma,  para  determinar  con  exactitud qué  personas   fueron   las   beneficiarias   de  los  pagos  del  mismo.   

Tan  real fue  toda   la   operación   de  su  prohijado  que  el  inversionista  Hernando       Pulido       Osuna,  recuperó  su  dinero cuando constituyó  el  Certificado  de Beneficio no. 46 de 8 de septiembre de 1998,  con    sus    respectivos    intereses,    por   la   suma   de   $7’172.625,        “obviamente    no    tenido    en    cuenta    en    el    fallo  censurado”;  lo  mismo  sucedió   con   Ana   Lucía   Escobar,     quien     recibió    un    pago    de    $    1’719.750:        “Es  una  lástima  que no se hubiesen incorporado al juicio los  correspondientes  comprobantes  de  egreso  del  citado Fideicomiso Corabastos a  pesar  de  saberse  dónde  estaban  y  por  ello la razón de ser de la nulidad  formulada en el cargo segundo de esta demanda”.   

Tampoco es cierto que los representantes de  la    sociedad    Cáceres   y   Ferro,  “hubieran llevado a los  inversionistas citados (hoy partes civiles) a un convencimiento  errado  a cerca de las dificultades por las que atravesaba la Fiduciaria para la  época   en  que  éstos  aceptaron  hacer  los  traslados  de  sus  inversiones  inmobiliarias  antiguas  al  Fideicomiso  Corabastos,  como  el  agregar dineros  nuevos  o  frescos al citado Fideicomiso”. Con base  en   esto,   existen   dos   factores   excluyentes  de  responsabilidad  penal:  a)  el  traslado  de las  inversiones     inmobiliarias    (antiguas)    al    fideicomiso    “con  lo  cual se excluye el quinto elemento del tipo referido a  la  necesaria  causalidad  que debe existir entre la inducción en error y luego  la  disposición  patrimonial  y no a la inversa” y  b)   y   “dichas  partes  civiles” sabiendo  “de  las  dificultades  económicas  por  las  que  atravesaban  sus  inversiones  en  los Fideicomisos Inmobiliarios y de la propia  Fiduciaria,  deciden  trasladar  su inversión al fresco. (Ausencia de un estado  de engaño)”.   

Anunció   a   continuación,  que con  la  declaración de Hernando Pulido Osuna,  se  demostraba la precedente       afirmación,  por los años que llevaban con la Firma, que cuando fueron a  la   fiduciaria   con   su  padre  “a  obtener  su  redención  o  pago  y  ello  no fue posible porque la Fiduciaria no contaba con  esos               recursos”,   por  lo  que  les  propusieron  trasladar  la  inversión  a  Corabastos,  entre otros hechos, con los cuales el  libelista  sostiene  que  el  inversionista  citado  era  conocedor de todos los  problemas  de  la  sociedad  y,  a  pesar  de  ello,  le  agregan  más  dinero.   

En  términos  similares, trajo a colación  los  testimonios  de  Ana Lucía Escobar  y Nohora  Sánchez    Cuellar,  resumiendo   aquellas   partes   que   según  el  actor,  demuestran  el  total  conocimiento  del  estado  patrimonial  en  el  que  se  encontraba Cáceres y Ferro.   

Sostuvo   además   que,   “tampoco  se configura el tercer elemento del injusto de estafa,  ya  que  todos  los  pagos  que  hizo  el  Fideicomiso Corabastos a favor de sus  legítimos   beneficiarios,   tuvieron  una  causalidad  jurídica,  un  título  legal”   y   el   capital   pendiente   de  pago,  “fueron    objeto   de   una   contraprestación  equivalente  representada en la Resolución No. 01 de septiembre 24 de 1.999 del  Liquidador  de  la Fiduciaria, que reconoció su inversión con los rendimientos  que  preve (sic) la ley y  que  se  pagaran  en  los términos y condiciones del decreto ley 2418 de 1.999.  art.  18. Entonces el provecho ilícito en los precisos términos exigidos en el  tipo  de estada, es sencillamente inexistente”; por  tanto,  no  hubo, como lo afirmó el fallo del Tribunal, provecho ilícito     a     favor    de    los    inculpados:    “Esta  conclusión,  conforme  a  la prueba citada es totalmente  contraria     a     la     realidad     de    los    hechos    y    comporta   una   grave   distorsión         de  los  mismos,  ya  que  como  se  demostró  no  hubo tal desvío de dineros que entraron  al  Fideicomiso  Corabastos… Si el fallo censurado  hubiere  tenido  en  cuenta las pruebas relacionadas al punto 8° de este cargo,  no   hubiera  distorsionado  los  hechos            materia           de           juzgamiento”.     (Subrayado     por     la  Sala).   

   

En    cuanto    a    la    trascendencia,  ella la identificó el  demandante  por  “haber elaborado artificiosamente  el  delito  de  estafa,  no  obstante  que  la  prueba  en  mención  demostraba  plenamente  su  inexistencia  y  por  ende atipicidad de todos los elementos del  tipo  penal de estafa, como se ha analizado y demostrado a todo lo largo de este  cargo”.   

d)   Cuarto   cargo:   falso   juicio   de  identidad.   

Se    relacionan,    a   continuación,  las   pruebas   que   en   concepto   del   demandante  fueron  distorsionadas:   

1) El contenido  de  las  actas  138 y 139 de la Junta Directiva de la Fiduciaria, por cuanto, no  es   cierto,   como   lo   pregona   el  Tribunal,  que  la  Firma  “presentaba   serios   problemas   de   iliquidez”,   si   se   tiene   en   cuenta  la  preocupación  de  los altos funcionarios de la misma  “por  el  apretado  flujo de caja” y “obsérvese    que    el  Tribunal deliberadamente             omitió  tener  en  cuenta el párrafo  final  del  folio  58  del  Acta  138, en el cual se deja constancia que la Dra.  Claudia  Saenz  (sic), sugirió tramitar un crédito que contribuya a manejar la  situación,  si  el  flujo  de caja llegare a ofrecer inconvenientes”.   

Se        refirió, también,  a      la     respuesta     que     proporcionó        Gustavo  Cáceres,  en el “Acta  138 quien anotó que se poseen inversiones en papeles por  valor  cercano  a  los  Quinientos  Millones  de  Pesos, los cuales ayudarían a  manejar        las        dificultades        de        liquidez”.   El  Juez         Colegiado         –sostuvo-          generalizó  los diversos fideicomisos  administrados   por   la   Firma,   al   decir  que  “también       se       encontraban       en  iliquidez”, lo cual no es cierto, pues los únicos  que  tenían  ese  problema  eran  los  del  sector inmobiliario, más no los de  administración    y    fuente    de    pago    como    el    de    Corabastos, celebrado por más de doce  mil     millones    de    pesos    –contrato    de   fiducia   mercantil   irrevocable-   entre    el   fideicomitente   Unión  Temporal     A.     Muñoz     y     Cáceres  y Ferro; para el actor, en la  sentencia,  no  se  entendió la diferencia entre unos y otros fideicomisos, por  ello,  se  “incurrió  en  graves distorsiones del  Fideicomiso  del  5  de  agosto/98,  para deducir un  presunto  desvío  de dineros inexistente y por ende  llegar  a la conclusión equivocada de la    concurrencia    de   un   artificio   o   engaño, igualmente inexistente”.   

2)  Presentó  como           otras           “distorsiones”  probatorias, cuando se dijo en el  fallo  atacado que “se contempló la posibilidad de  utilizar  los  recursos  de  Seis  Mil  Millones de pesos que provendrían de la  explotación  y  construcción  de  locales de Corabastos realizados por algunas  empresas  de  Alfredo Muñoz para sufragar las cuotas  iniciales  en  mora  de  otros  fideicomisos inmobiliarios… (A la manera de un  ilegal  desvío de dineros) (Lo subrayado es el hecho  materia      de     distorsión     del     medio     probatorio)”.   

Lo  expresado  por el Tribunal no es cierto  por  cuanto  todos  los  bienes  y  activos  de  la  Fiduciaria  se “mantuvieron   efectivamente   separados   entre  sí…  y  por  consiguiente  no  hubo  desvío  de dineros de un fideicomiso a otro, ni a favor  del  patrimonio  de  la fiduciaria”; tal y como él  lo   acreditó   en  su  “memorial  de  petición  de  pruebas”   y  lo   demuestra   en   varios  ítems:  a)             No   existe   dentro   del   proceso  documentos  o  informes  de  auditoria  que demuestren el traspaso de capitales,  b)    “que  de  acuerdo  con  la  información  que  se tiene…no fue  posible  verificar  si  hubo  desvío  o  mezclas de dineros de un fideicomiso a  otro”  o al patrimonio de la empresa, c)   él   formuló   una   serie  de  cuestionamientos  al  dictamen  y  en  la  contestación aclaró el asunto en el  entendido  que  cada fideicomiso llevaba una contabilidad separada, d)   los  dineros  que  salieron  del  fideicomiso  de Corabastos  llegaron  a  las  manos de los mismos beneficiarios de la cesión como se había  pactado  en  las  cláusulas  segunda y novena.    

3)    Los  magistrados  incurrieron “en varias distorsiones de  los   medios   probatorios…   afirmando   que   dicho  fideicomiso  se  había  constituído  (sic)  precisamente como una fuente de financiamiento para  construír   (sic)  y  poner  a operar la citada Bodega  Popular   Corabastos”.  (Subrayado     de  origen).   

Explicó   el   actor  que  los  recursos  pecuniarios  del contrato de cesión 047-97, no provenían exclusivamente de esa  fuente  en  atención  a la construcción de la bodega, sino que con base en las  cláusulas    9ª    y    3ª,    además   del   fideicomitente   (Unión    Temporal    A.    Muñoz),  “también   quedaron  vinculados  como  aportantes de dineros o recursos y por ende como beneficiarios  del  mismos (sic), los llamados TERCEROS O BENEFICIARIOS, de conformidad con los  certificados      de     beneficio     fiduciario     que     respaldaban     su  inversión”.   

Nuevamente  se  refiere  al  procedimiento  de  las  sociedades  para  efectivizar el convenio y  controvertir  lo  manifestado  en  el  fallo,  pues  el   fideicomiso no se  constituyó  –dijo- como  fuente   de   financiamiento  para  construir  y  operar  la  bodega;  con  lo  cual se distorsionó la cláusula SEGUNDA del contrato  de  fiducia  de  5  de  agosto de 1.998, por cuanto la fiduciaria no tenía como  función  entregarle a la Unión Temporal  los  recursos  para  que ella adelantará las etapas de estudio,  diseño  y construcción de la bodega: situación que no consagra el contrato de  fiducia.   

“En consecuencia, La (sic) fiduciaria no  necesitaba  tener  en  su haber los supuestos dos mil millones, o mil millones o  un  peso  en  su  haber  ya  que la Fiduciaria no tenía por función inyectarle  dinero  a  dicho  fideicomiso  Corabastos,  como  maliciosamente y faltando a la  verdad  lo  dice Alfredo Muñoz en su declaración, ya que la Fiduciaria era por  el  contrario  la  administradora  de  los  recursos  que  llegaran  a colocar o  inyectar…  tanto  el  FIDEICOMITENTE,  como  los  TERCEROS  BENEFICIARIOS.  La  distorsión de los hechos no pudo ser mayor”.   

4)  Una  nueva  distorsión  traída por  el  actor,  tiene  que  ver  con  la  cláusula  10ª del convenio de concesión  047-97,  la  cual  establecía que la Unión Temporal  A.  Muñoz,  no podía cederlo total o parcialmente,  “sin   el   previo   consentimiento   escrito  de  CORABASTOS”   y   como   se  suscribió  sin  ese  presupuesto,   “resulta   inadmisible   que   los  procesados hubieran obtenido la cesión del contrato”.   

El  Tribunal no entendió que se  trataba de dos cesiones:            una, la del contrato 047-97 y,           otra,  se  relaciona  con  las  rentas  o  derechos  monetarios,  que sin entregar su calidad de concesionario la      Unión     Temporal     A.  Muñoz,  las hace a favor  de  un  tercero,  las cuales regula los artículos  1959  y  1960  del  Código  Civil,  por  ello,  la  “cesión  de  rentas  o de  derechos  patrimoniales  o  pecuniarios  a  favor de un tercero, luego de que se  firmó  el  contrato  de  concesión  No.  047-97  en  septiembre 25 de 1.997 no  requería  de una nueva autorización previa y por escrito de CORABASTOS, ya que  este  tipo  de  cesiones  son  de  su esencia o naturales entratándose (sic) de  contratos de concesión”.   

La  distorsión  de  los  hechos  no hubiera sido si los funcionarios  tienen  en  cuanta  las  cartas  del  29  de septiembre de 1998 que Gustavo   Cáceres   le   dirigió  a  Iván  Alexis  Páez y la  de    Luis    Fernando   López   Roca  remitió a Corabastos (Fernando pager  Chadis),  el  25  de  febrero  de  1991.   

5) Se    dijo    en    la    sentencia    también   que   “la  Fiduciaria  sólo  podía expedir Certificados de Beneficio  hasta  el  momento  en  que  el FIDEICOMITENTE le acreditara la existencia de un  flujo  de  ingresos suficiente para la oportuna atención de las obligaciones de  un  flujo  de  ingresos  y  se  notificara  a CORABASTOS para girar los recursos  directamente  a  las  cuentas  del  patrimonio  autónomo;  y  que a pesar de no  concurrir   dichas   circunstancias   los   procesados   procedieron   a  emitir  Certificados  de Beneficio Fiduciario como los que expidieron el 18 de agosto de  1.998…  cuando  para  esta  fecha  la  UNIÓN  TEMPORAL A. MUÑOZ no le había  acreditado  a  la  FIDUCIARIA  la  existencia  de dicho flujo dinerario y que la  cesión  de  los derechos a favor de la FIDUCIARIA solo ocurrió el 31 de agosto  de 1.998”.    

Para    el    defensor    “más  grande no pudo ser la distorsión y el desconocimiento de  las  evidencias  probatorias  relacionadas  con ese tema, a saber”:  nada  de  lo anotado en el fallo es  cierto  –afirmó-, pues  se  puede constatar con las cláusulas del contrato, con el valor del patrimonio  autónomo  de  doce  mil  millones de pesos, el flujo de dinero suficiente, como  también  lo  hizo Corabastos el 30 de junio y el 10 de diciembre de 1998, donde  acreditó  los dineros del flujo de caja del contrato 047-97; los inversionistas  o   “beneficiarios”  conocieron   “el   flujo  de  caja”,    entonces,    se   pregunta  ¿cuál  engaño? “Es que con  todo  respeto,  los  contratos hay que leerlos de manera completa e integral sus  cláusulas  armónicamente,  para  no incurrir en las graves tergiversaciones de  las  pruebas  que  venimos  analizando  en este cargo y que llevó al Tribunal a  elaborar   un   pretendido   engaño  o  ardid  a  todas  luces  inexistente”.   

Comunicó que la  ausencia  de  notificación  de  la cesión de derechos pecuniarios “no    era   condición   necesaria   para   la   existencia   y  perfeccionamiento   del   citado   contrato   de  administración  y  fuente  de  pago”,  el que jamás se puede tomar como engaño,  porque  los  derechos  transferidos  eran dineros en  efectivo  o  títulos valores, por eso era un fideicomiso de administración, no  inmobiliario;  para  lo  cual,       se  apoyó   el  libelista,  en  la  Circular Externa 007 de enero 19 de 1996, de  la     Superbancaria     y    el    Decreto  847  de  1993  (los  contratos  de  fiducia  mercantil  no  requieren de solemnidades).   

La  cualidad de  irrevocable, “el    fallo    [la]    soslayó    y   distorsionó”,  puntualizada en las cláusulas 13  y    15,   en   donde   la   Unión   Temporal   A.  Muñoz,   “no  tenía  derecho  o facultad de revocación unilateral del contrato, a la cual renunciaba  desde  ya  (desde  la  firma  del  contrato) en razón a la naturaleza jurídica  irrevocable   de  éste  contrato”.,   razón   por   la   cual,  les  era  perfectamente  válido  expedir  los  certificados  de  beneficio  fiduciario, a  partir  de las rubricas del mencionado convenio, esto es, el 5 de agosto de 1998  y  por  ello,  no  se  debía  esperar  a  la notificación de la cesión de los  derechos  pecuniarios  “como erradamente lo tomo el  fallo  censurado,  para  elaborar  un  factor  de  engaño o ardid a todas luces  inexistente”.   

6)  La sentencia  atacada   –según  el  defensor-  cita apartes de la declaración de Gustavo  Cáceres  “de  manera  descontextualizada”.   Para   ello,  trajo  a colación varios apartes de la  misma,  con  el  objeto  de  desmentir  la  decisión  judicial  y demostrar que  “a  pesar  del  estado  de  insolvencia por la que  atravesaba   la   FIDUCIARIA,   ello   no  afectaba  para  nada  al  FIDEICOMISO  CORABASTOS”,  por  su  calidad  de  patrimonio  autónomo,     la     separación    patrimonial    y    contable    que    rigen    las    sociedades;  además, la fiduciaria no  podía  cancelar  con  su  propio  dinero  o de otros  fideicomisos    el    de    Corabastos,   por   ser  prohibido.      

Anunció    que    la    “distorsión   del   fallo   en  este  punto  es  equiparar  dos  exigencias  diferentes,  ya  que  una  cosa  es acreditar cierto flujo de fondos  (como  ocurrió)  y  otra  muy  diversa es la incorporación del citado flujo de  fondos  a  la entidad destinataria, que en este caso es LA FIDUCIARIA CÁCERES Y  FERRO,  distorsión que le sirve de falso argumento al Tribunal para elaborar un  presunto artificio o engaño a todas luces inexistente”.   

7)  En cuanto a  las    “declaraciones    de   las   hoy   partes  civiles”,    las    cuales    manifestaron   que  fueron  engañadas  por los inculpados con el fin de  entregar  su  peculio  con destino al fideicomiso de  Corabastos,   estando  ilíquidos;     sin     embargo,     no          se          presentó         tal         artificio    por    parte   de   los  enjuiciados,  pues  el  patrimonio  de  la fiduciaria no lo podían utilizar para respaldar obligaciones  de  Corabastos,  recordando,  por  enésima  vez,  el  dictamen  pericial.    

8)  Vuelve  a  controvertir  lo  precisado  con  los  inversionistas  Hernando  Pulido  Osuna,  Ana Lucía Escobar Castro y  Stella  Vargas de Tisnes,  en  el  sentido  que  se  les convenció para   que   trasladaran   su   capital  a  Corabastos,  momento  en  el  cual,  ya  tenían  pleno  conocimiento que la  cesión  no  había  sido  aceptada;  para  lo cual se refiere a cada uno de los  procedimientos  utilizados  por  la  fiduciaria  para  ubicar  el  dinero de los  inversionistas.   

En     el     punto     anotó:  “La     conclusión    es    obvia,  si  para  el  primero  de  marzo  de  1.991 no se había tomado por CORABASTOS una postura  negativa  o  de rechazo de hacer la respectiva cesión de derechos pecuniarios a  que  estaba  obligada por  ley…   es  falsa  la  conclusión    del    Tribunal    de    que    para    las    fechas    de   las  inversiones…  era más  que  notable la no aceptación de la cesión por parte de Corabastos…  deducción  que  hace  con notable distorsión de esos medios  probatorios,  para  elaborar un pretendido engaño a todas luces inexistente, ya  que    se    elabora    con    base    en    una    indebida    ANTEDATA  (sic)  del  momento  en  que los  procesados  se  enteran que el negocio fiduciario se había arruinado, cuando se  enteraron  que  ALFREDO  MUÑOZ  ROA  hizo  la  cesión del contrato… y todos sus derechos a la sociedad  UNIÓN  TEMPORAL  OPERACIÓN  BODEGA  POPULAR.  Aquí  los engañados fueron los  procesados  a  quienes se  les  ocultó entre otras esta cesión”.  (Subrayado  fuera de texto).   

9) Para el actor,  nuevas  y  “graves tergiversaciones”  se  presentaron sobre “específicos  medios   probatorios   en   el   fallo   acusado”,  cuando  en  él se dijo y  se  concluye  que  a  los inversionistas se les hizo  creer  que  ellos  hacían parte del fideicomiso de Corabastos, al expedírseles  los   certificados  de  beneficio  por  un  porcentaje o cupo inmobiliario, con  apariencia de verdad sin serlo.   

Ante   esta  aseveración  del  Tribunal, replicó el defensor que  la    empresa    Cáceres    y   Ferro  estaba  facultada  para  expedir  los  certificados de beneficio  fiduciario,  a  tono  con las cláusulas segunda y novena del contrato celebrado  el  5  de  agosto  de  1998;  en  segundo  lugar, comentó que el Juez Colegiado  confundió  un  fideicomiso inmobiliario con otro de administración y fuente de  pago      y,     todo     esto,     “llevó  al  fallo acusado… a pretender aplicar… las normas,  como  los  modelos  de  contratos  aprobados  por  la  entonces Superintendencia  bancaria al Fideicomiso Inmobiliario denominado PARQUE 94”.   

Por  tanto,  se  tergiversaron  las  cartas  números  2010  de 31 de  enero   de   1994   y   DJ-0548/93  de  septiembre  10,  sobre    la  aprobación  de  formatos  para  inversionistas       en       el       fideicomiso      inmobiliario:             “en  ningún  momento  se engañó a  los  terceros  beneficiarios  en  relación  con  la  naturaleza jurídica de su  inversión,  claramente  definida  en  las  normas y cláusulas contractuales…  Por   ello,   resulta   totalmente   inexistente  y  artificioso  el  presunto  engaño  a las hoy partes  civiles  cuando  se  concluye  de  manera ligera que se les engañó al hacerles  creer  que  eran  inversionistas  inmobiliarios?  Ni  más  faltaba,   pura  temeridad,   distorsión   y   desconocimiento  de  los  hechos  y  las  pruebas  analizadas”,  por  esta  situación  se aplicó en  forma  indebida  el  delito  de  estafa. (Subrayado fura de texto).   

En     consecuencia,    solicitó  casar  la  sentencia recurrida y en su lugar absolver  a los procesados del delito imputado.   

e) Quinto cargo.  

Lo  propuso  por  falta  de  aplicación  del  artículo  63  de  la ley 599 de 2000, subrogado de  ejecución condicional de la pena.   

En su concepto, el ataque se encuentra   demostrado  por la ausencia de antecedentes penales y  por  la  excelente reputación familiar y  social de su prohijado. Auguró  que se incurrió “obviamente  en  una  grave contradicción por falta de petición de principio”   al  mezclarse  los  requisitos  del  numeral  2º; luego explica tales normas, informando  que  “los procesados no tienen en su contra condena  alguna”, su mandante es  “un       destacado      profesional      del  derecho”                que estuvo vinculado con Avianca S.A.,  “el   Tribunal   no  tuvo  en  cuenta  la  prueba  documental   No.  10  que  aporté  en  mi  memorial  de  pruebas”;   ni   las   identificadas  en  los  numerales     8º     y    3º    “referidas  al  estado  patrimonial  de  mi asistido”,  que  lo  califican  como  una  persona  de  bien y apegado a la  ley.    

Por  otro  lado,  respecto a la modalidad y  gravedad  del hecho punible, la prueba acreditó que  los  inculpados  “hicieron todo lo que estuvo a su  alcance,  dentro del marco de la ley y el contrato, para procurar hacer efectiva  la  cesión  de  derechos  pecuniarios…  es  más, en el proceso se acreditó,  además  de  que  no  hubo  tal  apoderamiento  de  los  dineros del Fideicomiso  Corabastos   por   parte   de   los   procesados”.   

En  apoyo  a  su  tesis,  afirmó  que  los  juzgadores  no tuvieron presente la prueba documental, como extractos de bancos,  e  hipotecarios, certificados de tradición y libertad, copia demanda de colmena  contra  su  poderdante  por cesación de pagos, ni el hecho que su prohijado una  vez  intervenida la Fiduciaria quedó sin empleo, para luego conseguir uno nuevo  en  Avianca y retirarse después, lo cual generó, la  mora    reclamada    por    la    entidad   bancaria   citada.     

f) Sexto cargo.  

Lo  presentó  por falta de aplicación del  artículo  38  de la Ley  599    de    2000    (prisión   domiciliaria).   

Adujo  que  el  requisito   de   la   pena   se  encuentra  más  que  satisfecho,  “ya  que  el  numeral 1º… exige que el mismo no exceda de los  cinco  (5)  años  y  en  el caso concreto la pena mínima es tan solo de un (1)  año”.   

Como en la anterior censura, sostuvo que el  Juez  Colegiado  no  tuvo  en  cuenta  la  prueba  documental  por él allegada,  “demostrativa   del  buen  desempeño,  personal,  social,  familiar  y laboral que ha observado mi asistido… Las pruebas dejadas  de    tener   en   cuenta   por   el   Tribunal,   son   las   mismas relacionadas en el cargo anterior, a  cuyo  texto  me  remito  en  aras  de  la  brevedad  y síntesis”.   

Afirmó   que  “a  manera  de  argumento  común  para  estos dos  últimos        cargos”,        todo  se debe valorar con “datos  objetivos  que  informan  el proceso… para cerrarle el  paso  a  la valoración subjetiva y caprichosa como ha acontecido en el caso que  nos  ocupa”,  para  lo  cual,  se  apoyó  en  una  jurisprudencia de esta Sala del 10 de mayo de 1998.   

N  O         R             E             C             U             R             RE             N             T             E             S   

a)   Escrito  presentado   por   la   parte   civil   en   representación   de   Nohora Sánchez Cuellar.    

En  cuanto a la  demanda    presentada   en   defensa   del acusado  Gustavo       Cáceres       Ferro,        el        representante  de  la  parte  civil, se  opuso  a  su  admisión  por  deficiencias  formales  que le impedirían a la Sala ocuparse del      análisis      de    los   cinco   cargos   elevados  y,  de  contera,  presentó  otros  argumentos  que  desestiman el fondo de las pretensiones.   

Dejó de atacar  los  dos  últimos  ordinales de la parte resolutiva del fallo condenatorio, con  dicho actuar censuró parcialmente el fallo.   

En el primer cargo, sostuvo el actor que se  aplicó  el  artículo  356  del  Código  Penal,  D.  L.100  de 1980, de manera  indebida,  sin  mencionar  ninguna otra norma sustancial vulnerada, “el  impugnante  no manifiesta en qué consistió la aplicación  indebida…  solamente menciona el supuesto error de  apreciación  en el cual incurrió el Ad-quen, respecto de la prueba, más nunca  la      consecuencia      de     ese     supuesto     error     frente  a  la norma sustancial”.    

Aclaró que “el  artículo  357  del  Código vigente para la época en que se cometió el delito  investigado  no  hace  referencia al delito de ESTAFA, por el cual fue condenado  GUSTAVO  CÁCERES  FERRO,  sino  que  dicha  norma  regula  la conducta ilícita  denominada  en  el  estatuto  penal  ‘FRAUDE MEDIANTE CHEQUE”.   

En el   cargo   segundo,  guardo  silencio  respecto  a  las  normas  sustanciales violadas, “es  decir,  que  ni  siquiera  considera  violado el Artículo 356 del Código Penal  vigente   para   la   época   en   que   se  cometió  el  ilícito…   luego,   hay  ausencia  absoluta  de  señalamiento  de  los  preceptos   violados   por  el  Tribunal,  según  las  motivaciones  del  cargo  presentado”.   Igual  aconteció  en  las demás censuras: “La situación  anómala  invocada  trae  como  consecuencia  el  hecho de que la… CORTE… se  abstenga de estudiar en el fondo la demanda”.   

En  atención  a  los  aspectos  esenciales  cuestionados  por  el no recurrente, en donde puntualiza que no le asiste razón  jurídica   en   ninguno   de   los   ataques   al   defensor   de  Gustavo  Cáceres; la Sala se referirá  a  ellos,  concretando los aspectos más relevantes en las consideraciones, para  no   hacer   aún   más   extenso   –de lo que ya es- el presente proveído.   

Sin  embargo, se  resaltarán     algunos     aspectos,  en  garantía  de  sus derechos, como no recurrente:   

1)        (…)       “si en el  contrato  de  CONCESION  (sic) numero (sic) 047-97 no  se  hubiera  establecido  como  objeto  del mismo la fase o etapa OPERACIONAL es  lógico  que  la CESION (sic) de RENAS y FLUJO… no necesitaría la aprobación  previa  por  escrito  de  CORABASTOS  como  quedo  convenida  en  el contrato de  CONCESION             (sic)”.   

2)   Cáceres   y   Ferro,  jamás  recibió para integrar el patrimonio de la fiduciaria,  las     rentas     provenientes    de    la    Bodega    Popular    Corabastos.   

3) El    Tribunal   se   ajustó   a   las   estipulaciones  contractuales.   

4)  Los   inculpados   conocían   plenamente   de  la  existencia    real   de   las   rentas   y   del   flujo   de   caja.   

5) La  cesión  de la fase operacional,  como  lo  dedujeron  los  funcionarios,  “era una  simple  expectativa,  que  jamás  se  concretó,  por  la  negativa  tácita de  CORABASTOS”.   

6) (…)    “era    necesario   que  CORABASTOS  aceptará  y aprobara la CESION (sic), no de otra manera se entiende  lo    estipulado   en   la   cláusula   10a   del  contrato…   CONCESION  (sic)  047-97”.   

7)   (…)  “para  lograr  apropiarse  de  los dineros de las  víctimas  presentaron  como  fachada  de  garantía el nombre y las ejecutorias  anteriores  de la sociedad FIDUCIARIA CACERES Y FERRO S.A., con lo cual lograron  engañar  a  los  inversionistas,  luego, la confusión de garantía patrimonial  que    erige    como    error    el    casacionista   no   existe”.   

8)   El  Juez  Colegiado  nunca  consideró       que       los       diversos      patrimonios      constituyeran  uno mismo,     como    lo    alegaron    los  demandantes.   

9) Los  condenados  no  podían expedir  los  certificados  de  beneficio  fiduciario, “por  cuanto  en  esa fecha aún no habían ingresado al patrimonio autónomo el FLUJO  DE  CAJA Y DEMAS (sic) INTERESES ECONOMICOS (sic)”  de Corabastos.   

10)  “En   cuanto  a  la  IRREVOCABILIDAD…  tampoco  cometió  error  alguno  el  Juzgador  de  Segunda  Instancia,  puesto  que,  la  trasferencia  del  FLUJO  DE  CAJA  DE  LA BODEGA POPULAR CORABASTOS A FAVOR DEL  FIDEICOMISO  CORABASTOS,  en  donde invirtieron los dineros mi representada y su  hija,   jamás   existió   en   la  realidad,  solamente  fue  una  hipotética  expectativa,  como  sabiamente  lo intuye el Tribunal… toda vez que, la CESION  (sic)  de  dicho flujo dependía de la autorización para tal fin de la Sociedad  CORAABASTOS  y  esta nunca dio tal autorización por escrito, como lo exigía…  el        contrato”.      

b)  Escrito  presentado  por  la parte civil en representación de Hernando Pulido Osuna, Ana  Lucía Escobar Castro y Stella Vargas de Tisnés.    

El  representante  judicial de             los       mencionados      inversionistas,  cuestionó  los  libelos  presentados  por  los defensores de  Gustavo   Cáceres  y  Rodrigo      Borrero      Pastrana;  en  su escrito solicitó no casar  el       fallo      impugnado,      pues      los      ataques      –condensados  en las dos demandas-  en    el    fondo,    no    tienen   vocación  de  prosperidad,  por  estar  ausentes  de     fundamento    jurídico    y,  contravenir, variados postulados de la lógica.   

Entre algunas de sus afirmaciones se pueden  anunciar, las siguientes:   

1) “Es  evidente que no incurrió el Tribunal en error de hecho en  la   apreciación   de   la  prueba”.   

2) (…)          “los  recursos  de  los  inversionistas  eran precisamente para  terminar       la       construcción      de      la      bodega”.   

3) (…)   “no  existen  confusiones  fiduciarias”.   

4) (…)         “era  innegable  la  aprobación  de  Corabastos,   conforme   a   la   cláusula   10ª  del  contrato”.   

5) Los    procesados    “al  redactar  y  luego  suscribir el contrato de fiducia, como  consecuencia  del  de  concesión  para  la  construcción de la Bodega Popular,  tuvieron   pleno   conocimiento  de  la  necesidad  de  obtener  aprobación  de  Corabastos  y,  al  no  contar con ella, era ilegal recaudar dinero y constituir  certificados           de           beneficio          fiduciario”.   

6) “De  igual  manera,  se  ha  expresado en el proceso que Alicia  Ferro  de  Cáceres,  recibió,  de  este patrimonio autónomo, un desembolso de  dinero,    como    no    lo   recibió   ninguna   otra   persona”.   

7) La  iliquidez  de  la fiduciaria, si  bien  no  incidía  en  la  eventualidad  de  restituir  capitales, “precisamente  por  la  diferenciación  de patrimonios, si era  esencial  para logar la convicción necesaria para lograr el recaudo del dinero,  precisamente  fundados  en  la  trayectoria  y  supuesta  solidez  de  la  firma  fiduciaria”.   

8) (…)   “el  contrato  de  Fiducia  Bodega  Popular,  no  había nacido a la vida jurídica cuando se recaudaron los  dineros  de  Hernando  Pulido  y  su padre, de Nohora Sánchez Cuellar y Natalia  Jaramillo  Sánchez,  peor  aún,  cuando  se sabía que Corabastos no lo había  aprobado  se  recaudaron  los  dineros  de  Stella Vargas de Tisnes y Ana Lucía  Escobar             Castro”.   

9) “Nunca    se    ha    pretendido    que    se   confundan   los  patrimonios”,       sino       que  el  ocultamiento de la ausencia  de    liquidez   de  Cáceres  y  Ferro fue  determinante     para     convencer     a    los  inversionistas.   

10)  Para  el  Tribunal  es  claro  que  los  fideicomisos  constituyen  patrimonios autónomos  “que     no     se     pueden    mezclar    ni  confundir”;      entre      muchas      más  aseveraciones.       

C O N S I D E R A C I O N E S  

1.  La Corte  advierte que los ataques formulados  contra  la  sentencia  de segundo nivel, no reúnen los mínimos presupuestos de  coherencia  y lógica-argumentativa descritos por la jurisprudencia para admitir  las  demandas,  pues si bien alegaron los profesionales del derecho en nombre de  los  inculpados  GUSTAVO  CÁCERES  FERRO y   RODRIGO  BORRERO  PASTRANA,  nulidades  y  errores  por  vía indirecta de violación a la ley  sustancial,  como punto de partida para lograr su infirmación; en el desarrollo  y  demostración  de cada ataque incurrieron en graves, múltiples y exacerbadas  falencias,  las  cuales  atentan  contra  la  filosofía  que inspira el recurso  extraordinario de casación.   

2. Menos aún puede  entenderse  las  censuras  como  nueva  ruta para confeccionar escritos de libre  importe  y, ensayar, por ese camino, derrumbar la doble presunción de acierto y  legalidad  inherente a las conclusiones contenidas en el fallo de segundo nivel;  tampoco  consiste  en  presentar  un  cúmulo  de  ideas desarrolladas de manera  sofística  en  búsqueda  de  fines  jurídicos  subjetivos o hipotéticos para  asegurar  un  posible  éxito,  tal  como  lo  plasmaron  los  recurrentes  y lo  advirtieron los representantes de la parte civil.    

3. Como metodología,  la    Sala    abordará    el    estudio    de    los    libelos    –once    (11)    cargos-,   los   cuales  contestará  por  separado  y  otros  en  bloque,  atendiendo  los  motivos  establecidos  para  cada  causal  de  casación, en el  artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000;  determinando  aquellos  puntos más  preponderantes,  a  fin  de  fijar  de  manera  precisa  los  desatinos de mayor  impacto,  con el objeto de brindarle a los juristas suficiente claridad en torno  a los dislates exhibidos en sus escritos.    

4.  Y,  sin que se  entienda  como  una  respuesta de fondo sino en virtud del ejercicio pedagógico  que  viene  realizando  la  Sala,  como  una  garantía  más  de  los  derechos  constitucionales  fundamentales  de  las  partes,  se  puntualizaran  en  varias  censuras  algunos  aspectos  inherentes  al  caso  en  estudio,  para lo cual es  menester  traer a colación apartes del fallo de segundo nivel, con el objeto de  imprimirle mayor claridad y precisión a lo expuesto.   

Con  tal finalidad, la Corte se referirá al  escrito  confeccionado  por  el  defensor  de  Rodrigo  Borrero   Pastrana,  en  atención  al  postulado  de  prioridad  que  rige  el  recurso  de  casación,  en  cuanto  a  las  nulidades  propuestas  por  él y, a renglón seguido sobre los demás cargos subsidiarios;  luego,   destinará  su  atención  al  libelo  proyectado  por  el  abogado  de  Gustavo Cáceres.   

4.1.  Son múltiples y complejos los errores  detectados  en  el  escrito  presentado  a  favor  de  Rodrigo Borrero Pastrana.   

a) Sobre las nulidades propuestas.  

(i) El primer   yerro   tiene  que  ver  con  la  vulneración  del  postulado  de  claridad  que  gobierna el recurso de casación, al presentar el profesional  del  derecho  el  ataque  por infracción al derecho de  defensa  y  sustentarlo  por  ausencia de práctica de  pruebas  de los funcionarios que administran justicia; unas porque habiendo sido  solicitadas   fueron  descartadas   (declaración  jurada  de  Luis  Fernando  López)  y  otras  por  la  omisión,   “ausencia  de  recaudo  probatorio  de  algunos  documentos de contabilidad” en su desarrollo  para   eliminar   –en  su  concepto-  el  injusto  de estafa denunciado y por el que el Tribunal condenó a  los procesados.   

El  derecho  que  estimó  vilipendiado  el  recurrente   se  garantiza  mediante  actos  de  postulación,  consistentes  en  notificarse  de  las  decisiones judiciales, elevar peticiones probatorias a los  funcionarios,  contradecir  los  medios  allegados  legalmente  a la actuación,  impugnar  las  determinaciones adversas a sus intereses jurídicos y plasmar los  fundamentos  en los que sustenta sus tesis; siendo imprescindible aclarar que en  el  sistema procesal de la Ley 600 de 2000, su ejercicio no se agota al realizar  total  o  parcialmente los eventos procesales aludidos, pues bien pueden algunas  de   las   partes  en  litis  asumir  las  riendas  del  asunto  en  calidad  de  observadores,  con el objeto de sacar ventaja por sus conocimientos especiales y  de  aquellas circunstancias probatorias, las que, preparadas de esta forma en un  proceso  dado, podrían generarle suntuosos beneficios jurídicos al abogado que  así  lo  hace;  es  cuestión,  como  lo  ha  entendido la jurisprudencia desde  antaño,   de  estrategia,  más  no  –con  tal  proceder-  se  violenta el derecho de defensa, sino por el  contrario, se fortalece.     

Los   actos   defensivos  aludidos,  fueron  realizados  por  el  togado,  como  él mismo lo reconoce en el cargo, luego, su  censura  es  una  simple confrontación con lo aseverado por las instancias que,  como  es  obvio,  violenta  el postulado de no contradicción en su explicación  ontológica,  puesto que, en un mismo tiempo y sentido nada puede ser y no ser a  la  vez, lo cual genera, en esas precisas condiciones, una conclusión destinada  al  fracaso, al presentarla como violación al derecho de defensa y aducir en la  motivación  el  gran  ejercicio  jurídico  realizado  en  pro  de su mandante,  justamente,   para   sustentar  la  falencia  demandada:  lo  cual  es  absurdo.   

De manera reiterativa viene afirmando la Sala  que  los  ataques,  además  de  lo  expuesto,  deben  respetar  el principio  de  autonomía, con el inmediato  objeto   de   entender   que   cada   censura   no  puede  invadir  motivaciones  hermenéuticas  seleccionadas  para  otras  causales, pues ello genera criterios  ilógicos,  encontrados  y  por fuera de los lineamientos jurisprudenciales; por  ello,  si  se  combate  la  vulneración  al  derecho  de  defensa, jamás puede  –como  aquí  lo  hizo el  demandante-  mezclarla  con infracciones al postulado de investigación integral  y  menos  aún con errores de hecho por falso juicio de identidad o el axioma de  contradicción  probatoria,  inmiscuyéndose  en ámbitos de ataques autónomos,  aunque todos inescindiblemente estén vinculado al debido proceso.   

Por  ejemplo,  el  postulado  de investigación   integral,   comporta  al  administrador  de  justicia  la  carga procesal de investigar tanto lo favorable  como  lo  desfavorable a las pretensiones del indagado, imputado o procesado, en  conexión   a   la   facultad  de  ordenar  pruebas  de  oficio,  a  fin  de  ir  progresivamente  aclarando  todos los puntos oscuros no revelados por los hechos  o  pruebas;  en  tanto que se pasa de la ignorancia procesal (ausencia o escasez  de  pruebas)  a  la  certeza  probatoria que permite demostrar tanto la conducta  punible como la responsabilidad del procesado.    

Ahora  bien:  el  concepto  en  estudio  de  violación  al  principio  de  investigación  integral  no  se traduce sólo en  mostrar  un  listado  hipotético  y  subjetivo  de   pruebas: (i)   que   se   dejaron   de  practicar,  solicitadas      y      negadas      –como     es     el     caso     en  estudio-, (ii)  o  las  que  el  recurrente  piense que han debido ser realizadas,  inactividad     probatoria     de    los    sujetos  procesales,              (iii)  o  aquellas  pedidas por la defensa,  decretadas     y     no     practicadas12 y               (iv)  las  que  de  verdad demostraban los  hechos  materia  de  investigación  o  juzgamiento, no  requeridas  ni ordenadas por los funcionarios. Se debe,  en   ilación   con  lo  precedente,  proponer  en  casación,  aquellos  medios  probatorios  rechazados, ignorados, no detectados por las partes, ni desplegados  en  instancia,  con  el  objeto  de indicarle a la Sala: su fuente, conducencia,  pertinencia y utilidad de los mismos.    

Tiene un alto significado lo expresado, en el  entendido  que todas aquellas propuestas probatorias que sean demandadas en sede  extraordinaria  al amparo del principio de investigación integral deben excluir  pruebas  inconducentes,  inútiles,  insuficientes,  dilatorias,  superficiales,  vanas  e  ineficaces,  toda  vez que un ataque sustentado en cualquiera de tales  hipótesis,  no  evidencia el menoscabo al referido postulado. Por otro lado, el  ejercicio  intelectual  del  libelista  no  cesa  ahí:  es  menester,  además,  argumentar  la incidencia favorable, decisiva e incontrovertible de tales medios  contra    las   valoraciones   y   conclusiones   del   fallo   que   se   está  atacando.   

Además   de  lo  anterior,  es  deber  del  demandante   demostrarle  a  la  Sala  que las pruebas, según su criterio,  dejadas  de practicar por los falladores, al ser sopesadas con las que sirvieron  de   fundamento   para   edificar   la   sentencia   condenatoria,  derribarían  –en  un momento dado, por  su  importancia,  eficacia  y  trascendencia- el grado de certeza construido por  las  instancias,  a  fin  de  que en sede extraordinaria se valoren –al   retrotraer  la  actuación-  las  requeridas,  con  el objetivo fundamental que impere la verdad, la justicia y la  ecuanimidad en la administración de justicia.   

Sin embargo, esta garantía no es ilimitada o  desmedida  como  para  aducir  o  realizar todo tipo de pruebas, sin atender los  precisos   marcos   legales   fijados  por  el  artículo  235  del  Código  de  Procedimiento  Penal -artículo 250 del Decreto 2700 de 1991-, cuyos fundamentos  de  razonabilidad y posibilidad legal o física para desarrollarlas, no se deben  desconocer  en  ningún  momento  procesal,  esto  es,  que  las  mismas  estén  encaminadas  a  acreditar el thema probandum, en el entendido que sean útiles y  necesarias  en  la investigación o en el juicio, pudiendo entonces rechazar los  funcionarios  que  administran justicia, aquellos medios probatorios prohibidos,  inconducentes,  impertinentes  o superfluos, al tiempo que ha de ser factible su  realización.   

En  el  caso  concreto, pretender traer a la  actuación  las  actas de las Juntas directivas de Corabastos, catalogadas desde  el  momento  de su petición como “archivo muerto…  por  tratarse  de  años  anteriores” y, por esa vía  aducir  que,  “se  frustró el legítimo derecho de  una  defensa  tanto  material  como técnica”, por no  haber  allegado los documentos de contabilidad (comprobantes de ingreso y egreso  del  fideicomiso  de  Corabastos), para demostrar que no hubo provecho ilícito,  puesto  “que  los  procesados  no recibieron dichos  dineros…   ni   se   apoderaron  de  los  mismos”,  contrario  a  lo  establecido  en  el  fallo;  no deja de ser una manifestación  retórica  en  el  entendido  que  la  ruta de ataque es equivocada, como atrás  quedó  establecido  y,  menos,  si  se tiene en cuenta los ataques –como  efectivamente  lo  hizo-  a  los  elementos  descriptivos  y subjetivos del tipo penal por el cual fue sentenciado  su  mandante; lo cual como es obvio, lo ubica lejos de la nulidad deprecada y en  otra causal de casación.   

Respecto  a  la  defensa técnica y material  argumentadas  en  un  mismo  texto,  puede  decirse  que  estas  dos  garantías  constitucionales  conforman un bloque que trabajan en equipo, en la persecución  y  búsqueda  de  un  mismo  fin  jurídico,  pero  ello no significa que puedan  argumentarse   en  una  homogénea  carga  jurídica,  porque  en  esencia,  son  diferentes,  tanto  así  que  la  una  puede subsistir sin la otra, pero jamás  podrá  aceptarse  la  ausencia  de  defensa  técnica, así impere la material.  Amén  que  el  abandono  de  la  última puede constituir una táctica, escape,  huída  o  evasión  de  la  justicia,  sin  que ello sea óbice para nulitar lo  actuado,  justamente,  porque  la  defensa  técnica,  en  todo momento, decide,  dirige  y  coordina  todos  los pormenores y detalles inherentes a su ejercicio.   

(ii) El debido  proceso  fue  materia  también de  ataque  por  el  togado,  porque  en su discernimiento no se le dio “trámite   a  la  formulación  de  ampliación,  aclaración  y  adición  del  dictamen  pericial”  de  María   Constanza   Páez,  persona  que  liquidó   en   su   calidad   de   perito,  reconoció  y  liquidó.   

Tal garantía elevada a rango constitucional,  como   vicio   de   estructura,   es  una  concatenación  de  actos  procesales  establecidos  previamente por la Ley, a fin de orientar a la comunidad jurídica  y  en  general  a  la  sociedad,  sobre  aquellas  pautas  normativas  a las que  obligatoriamente   debe   ceñirse  la  judicatura,  que  tiene  como  tarea  la  investigación  y  juzgamiento  de  los  comportamientos  antijurídicos, con el  objeto  de  preservar  en  todo  momento  su  vigencia  y  jamás  inadvertir su  ejercicio.  Por  ello  está  cimentado  en  magnos  pilares procesales, como la  iniciación  de  investigación,  la  calificación  del  sumario, la apertura a  juicio,   la   audiencia   de  juzgamiento,  el  fallo;  siendo  éstos  algunos  presupuestos  ineludibles  que  no  pueden  ser  ignorados  por  los  servidores  públicos, cuando administren justicia.   

Siendo  ello  así, la infracción al debido  proceso,  debe  ser de bulto, considerable y mayúscula, que pretermita, omita o  prescinda  de  un acto procesal distinguido por la ley y al que obligatoriamente  los  funcionarios  deban  prever  su  no  conculcación.  Con  este panorama, el  libelista  desde  ningún  punto  de  vista  demostró  el  daño irreparable al  derecho  cuestionado,  pues  no  es  de  recibo  ni  mucho  menos  suficiente la  identificación de la supuesta falencia.     

Por  tanto,  para  desarrollar una censura de  nulidad,  se  hace  imperioso,  entonces,  discernir  ¿cómo se fracturaron las  bases  procesales,  ya  sea  en su aspecto formal o conceptual?, ¿cuál acto de  entidad  procesalmente  relevante  fue  pretermitido?,  ¿en  qué  fase  de  la  actuación  se  ubica?, ¿de qué manera?, ¿por qué habría de retrotraerse lo  actuado?,    y    ¿quién?,    consumó    en   instancias   una   vulneración    a    las    garantías  constitucionales  fundamentales  puntualizadas   en   alguno   de  los  sentidos  expresados  por  la  ley  y  la  jurisprudencia;  además,  le  corresponderá  motivar la influencia dañina del  yerro   alegado   en   la   decisión   impugnada   al  amparo  de  instrumentos  internacionales  o  normas nacionales potencialmente vilipendiadas; presupuestos  que  no  se  satisfacen  por  el  sólo  hecho  de  haber sido insinuados por el  jurista,  como  en el caso en estudio, dejando al vaivén todo lo concerniente a  su debida argumentación.   

Menos  aún  puede  olvidar  el  defensor los  principios  que  rigen la declaratoria de las nulidades, como el de taxatividad,  protección,  residualidad,  finalidad  de los actos, entre otros, con el objeto  de  constatar  la  infirmación  de  la  sentencia atacada, puesto que si aplica  alguno,  como el de convalidación, la acometida se torna insustancial; por otro  lado,  el  cargo  quedó  plasmado  como  un  simple  enunciado: sin proyección  jurídica alguna.   

(iii) Falso juicio de existencia.  

Fueron    múltiples    las    falencias  advertidas:   

a) Generalizó gran  parte  de  la  prueba,  cuando  era  su  deber  individualizarla  en  forma  puntual,   al  decir,  por  ejemplo,  que  la  sentencia  atacada:  “no  tuvo  en  cuenta toda  la  prueba  incorporada y debatida en el juicio   que   demostraba   claramente  la  atipicidad      de     la     conducta     de     los     procesados”.  (Subrayado fuera de texto).   

Por otro lado, desconoció que la sentencia  si  se  refirió  de  manera expresa en su contexto objetivo al contrato 047-07,  cuando  los  magistrados aseveraron, por ejemplo: “De  manera  que  a  partir de tal contrato frente al convenio 047-97 y el recaudo de  los  dineros  de  los inversionistas afectados corresponde examinar si el actuar  de  los  acusados… se enmarcó en la buena fe que de sus sendas actuaciones al  unísono  han esgrimido”. En otro apartado afirmó el  Juez   Plural:   “De  lo  anterior  deviene  lógico  inferir…  para  obviar  la  satisfacción de la cláusula 10ª del contrato de  concesión 047-97”.   

b) Mezcló el vicio  alegado   con   el  falso  raciocinio,  al  plasmar  en  la  censura  que  “no existió ningún engaño  de  aparentar una presunta solidez frente a una sociedad en quiebra, ya que esto  (sic)  último  hecho no era cierto como lo supuso el fallo censurado y por ende  la   inferencia   de  presunta  inducción  en  error  por  este  aspecto  es igualmente artificiosa e  inexistente”.   Si  se halla una inferencia  lógica  construida  por  el Juzgador, es  deber  del   libelista,  demostrar  la  equivocación  del  juicio,  precisamente,  de  la mano del error de hecho por falso raciocinio,  por  vía  indirecta;  buscando  desacreditar la valoración probatoria asignada  por  la  judicatura  a los diversos medios aportados en forma legal y       regular       a      la  actuación;     nada     de     lo     expresado  realizó.   

También  cuando indicó en la sustentación  de   la   presente   censura:   “procediendo   a  distorsionar  los  hechos  materia  de juzgamiento,  deduciendo  un pretendido engaño o artificio de parte de los procesados a todas  luces  inexistente, como inexistentes resultaron los  demás     elementos     típicos     del     delito    de    estafa”.   

c)  Expresó en el  contexto  argumentativo  un  juicio  subjetivo,  como  cuando  dijo que la Junta  Directiva    de    la    Fiduciaria    Cáceres    y  Ferro,  “estaba preocupada  por  lo  apretado  del  flujo  de  caja” y, por esto,  solicitó   su   seguimiento;  en  igual  forma  al  enunciar  que  Claudia  Sánchez,  sugirió  adelantar un  crédito  para  proveer  los  dineros  necesarios;  de ahí la aceptación de un  problema  en  el  “flujo  de  caja”, pero   le   resta   importancia,   porque   sus  directivos  estaban  preocupados  por  tal hecho o por la expectativa de un capital que podría ser o  no,  facilitado  por  alguna  entidad  financiera,  debido  a sus inconvenientes  económicos:  lo  cual,  se  muestra  insustancial,  para  derrumbar el grado de  certeza acreditado en el fallo atacado.   

d)  Es un verdadero  escrito  de instancia, donde las propuestas las lanzó indiscriminadamente y sin  ninguna  temática  casacional,  al  indicar,  entre  muchos otros párrafos, lo  siguiente:  “A  este  respecto  se  debe  tener  en  cuenta  mi  memorial  de  petición de pruebas en  juicio…  solicite  la  designación  de  un  perito  contador y le formulé el  correspondiente     cuestionario”.         En         donde         estableció        “Que  dentro  del  proceso  no hay  documentos,  ni  informes  de auditoria de los cuales se evidencia la ocurrencia  de    los    hechos    denunciados”. (Subrayado por la Sala).   

e)  Ignoró  los  sentidos  desarrollados  por la jurisprudencia para demostrar el falso juicio de  existencia,   ya   sea  por  omisión  o  suposición,  con  todos  sus  efectos  cognoscentes.  Por  tanto:  el  yerro  de  hecho  aludido,  debe  ser elevado en  atención  a  específicas  pautas,  sin  las  cuales  la  censura se muda en un  alegato   ligero,   general   y   espontáneo,   de   ningún   recibo  en  sede  extraordinaria.    En    ese   orden,   se  presenta,  cuando  los  falladores omiten apreciar un determinado  medio  probatorio  legalmente  aportado  al  proceso  o  suponen uno, que por el  contrario,   no   fue   válidamente   incorporado  al  expediente  y,  en  esas  condiciones,  fundamentan  la  decisión  de  responsabilidad penal o inocencia.   

Siendo   ello   así   es  imprescindible:  (i)  determinar  la  prueba  dejada  de  apreciar  o imaginada por los funcionarios que administran justicia,  (ii)   sopesarla   en   su  integridad,  sin fraccionarla  o  limitar su contexto hermenéutico, (iii)  valorarla  en cuanto a su convergencia o divergencia junto con los  demás    medios   probatorios   y   (iv)  acreditar  la  trascendencia  del  daño expresando los motivos de  manera  objetiva del por qué la ausencia de valoración de ese medio de prueba,  presentada  como tal o aquella objeto de fantasía, incidieron de forma decisiva  en el sentido del fallo.   

Estos  precisos  criterios jurisprudenciales  fueron  ignorados  por  el  recurrente,  dejando fuera de contexto la integridad  material  de  la  prueba  o  mejor aún sopesándola a su propio acomodo y en su  exclusivo    beneficio,    por    ejemplo,    cuando    indicó:    “Estas    dos    (2)    cesiones   sucesivas   y   en  fraude  al  legítimo derecho de la Fiduciaria Cáceres &  Ferro   de   obtener   el  pago  de  los  derechos  pecuniarios   por  virtud  del  contrato  de  fiducia  mercantil  irrevocable  y  debidamente  perfeccionada  con  la  suscripción  del  contrato  citado el 5 de  agosto  /98  (sic),  se  convirtió  en el poderoso  factor   que   impidió   la   debida   ejecución   de  la  citada  cesión  de  derechos, contrariamente a lo sostenido en el fallo  censurado  de  que  este  incumplimiento  por  parte de Alfredo Muñoz Roa no es  relevante   para  el  proceso  penal…  cuando  es  precisamente  el  factor  central  que  demuestra  la  buena  fé  (sic) con que  actuaron  los  procesados procurando la efectividad  de  los  derechos  pecuniarios  con  base  en  la  ley y en el contrato, la cual  resulta  excluyente  del  primer  elemento  del  tipo  del  injusto  referido al  despliegue  de  artificios  y engaños, factor eximente de responsabilidad de la  supuesta  estafa”.  (Resaltado  por  fuera  de la  fuente)   

f)   Pretendió  imprimirle  a sus anímicas afirmaciones, criterios de verdad, por encima de las  expuestas  por el Tribunal, sin el menor apego a la temática extraordinaria que  impide  un ejercicio de ese talante, como el hecho de acusar en varias ocasiones  a    la   Unión   Temporal   A.   Muñoz,      representada     por     Alfredo  Muñoz,  de  estar  infringiendo la ley penal, sin que  exista    decisión    judicial    que   amerite   una   afirmación   de   esas  magnitudes.   

g)   Plasmó  manifestaciones     especulativas     como    cuando    sostuvo:    “de  la  masa de la Liquidación de la entidad… como es el de  recaudar  los Doce Mil Millones de Pesos… más rendimientos, del proceso civil  ordinario  que  se  les  sigue a las entidades que burlaron la efectividad de la  cesión  de  los derechos pecuniarios del 5 de agosto de 1.998. Por eso no tiene  sentido    haber    armado    semejante    proceso    penal,    frente   a   unos   hechos   totalmente  atípicos”;  dando  por  sentado  esos  hechos.  De  verdad,  lo  impreso  en la demanda, son simples expectativas que se pueden o no  convertir  en realidad; sin embargo, el togado las toma como si de verdad fuesen  a  suceder o ya hubiesen ocurrido y, de ahí, trata de fundamentar la ilegalidad  del fallo condenatorio, lo cual es insólito.    

h) Cuando sostiene  el  libelista  que  en  los  fideicomisos  los  inversionistas asumen un riesgo,  motivo  por  el  cual,  “no  habrá  nunca acciones  civiles  ni penales”; desmiente su propia afirmación  y,  por  esa  vía,  vulnera  el  postulado  de la lógica de no contradicción,  atrás  precisado;   ¿cómo podría esperar el resultado de una actuación  civil, si en su concepto ello no puede hacerse?   

(iv) Falso juicio de identidad.  

1)  Plasmó  en  el  libelo  su  exclusiva  disquisición de los hechos y pruebas, contra la expuesta  por  el  Tribunal,  sin  atender  precisos  lineamientos  jurisprudenciales,  en  atención  al  defecto  anunciado;  allí sostuvo, entre otras cosas que, no era  cierto,       como       lo       divulgó   el   Tribunal,   que  la  sociedad  “presentaba   serios   problemas   de  iliquidez”,   si   se   tiene  en  cuenta  la  preocupación  de los altos funcionarios de la misma  “por  el  apretado  flujo de caja”. En  este punto, es importante destacar que el impugnante pretende  desvirtuar     la     legalidad     de    la    sentencia    atacada,  porque  los  representantes de la  Firma  Cáceres y Ferro  estaban         “preocupados”  de  los  problemas  que  yacían al  interior   del   manejo   de  dineros:  lo  cual  es  absurdo.    

2) También   violentó   en     este     cargo     el     postulado     de    autonomía  que  rige  el recurso de  casación,  al  combinar  el  desafuero enunciado  con  el de falso juicio de  existencia,   por   ello,   su  pretensión  está  destinada    al    fracaso,    cuando   expreso,   por   ejemplo:   “obsérvese   que   el   Tribunal  deliberadamente             omitió  tener en cuenta el párrafo  final  del folio 58 del Acta 138, en el cual se deja  constancia  que  la  Dra. Claudia Saenz (sic), sugirió tramitar un crédito que  contribuya  a  manejar  la  situación,  si  el  flujo de caja llegare a ofrecer  inconvenientes”.   

3)   Nuevamente  realizó  conjeturas  y,  a  través de ellas, redujo la demanda a un escrito de  libre  factura,  sin  que  lo  afirmado, pueda demoler la prueba incriminatoria,  pues  indicó  que  no es cierto lo sostenido por el  Tribunal,  por  cuanto  todos    los    bienes    y   activos   de   la   Fiduciaria   se   “mantuvieron   efectivamente   separados  entre  sí…  y  por  consiguiente  no  hubo  desvío  de dineros de un fideicomiso a otro, ni a favor  del patrimonio de la fiduciaria”.   

Obsérvese lo  que dijo el Juez colegiado al respecto:   

“Añádase  que  a  los inversionistas  afectados  se  les  hizo  creer que con la inversión dineraria a través de los  certificados  de  beneficio  que  realizaban  al fideicomiso Corabastos quedaban  integrados    al    mismo    en   calidad   de   fideicomitentes;   sin   embargo,   en   la   resolución   071   de   1999   de  la  Superintendencia  Bancaria  se  precisó  en cuanto a las ofertas comerciales de  inversión  que  ‘la  vinculación  que  realizó  la fiduciaria a través de las ofertas comerciales,  además  de desbordar el objeto mismo del negocio fiduciario, daba la apariencia  de  celebrarse  un  negocio  de fiducia de inversión sin que se presentaran los  elementos  esenciales  de  la  misma,  en la medida en que en ningún momento se  conformó  un  patrimonio  autónomo  diferente para la administración de estos  recursos,  pues  el  dinero  ingresaba  directamente al fideicomiso inmobiliario  correspondiente’, es  decir,  se  desnaturalizó  el negocio de fiducia de inversión con destinación  específica.  Tanto  es  así  que en el informe de  inspección  de la Superintendencia Bancaria 01-99 se advirtió que ‘las   operaciones  de  mutuo  se  instrumentaron  también  a  través  de  certificados  de  beneficio fiduciario  firmados  por  el  presidente  de  la Fiduciaria… Este instrumento se utilizó  únicamente  en  el  fideicomiso  de  administración  y  fuente de pago llamado  CORABASTOS”.           (Subrayado fuera de texto).   

4)  Para  el  profesional  del derecho casi todo lo acreditado por los  funcionarios  de  segundo  grado,  fue  distorsionado,  pero  sin desarrollar el  cargo,  como lo tiene sentado la doctrina de la Sala, ignorando los presupuestos  mínimos  que  deben guiar ese ejercicio jurídico; por tanto, el error de hecho  por    falso    juicio    de   identidad,   debe   ser   motivado   teniendo  en  cuenta,  precisamente,  la  identidad de las pruebas; las  que  –por esta vía- pueden  socavarse  de tres formas distintas e incompatibles: a)  por falso juicio de identidad  por            tergiversación,  al  cambiarle  el  juzgador el sentido  literal   al   medio   probatorio,   b)  falso       juicio      de      identidad      por      adición,  consistente  en  que  se  le  añade  a  la  prueba  aspectos  fácticos no comprendidos en ella, c)   falso   juicio   de   identidad  por  cercenamiento,  exteriorizándose  cuando  se  exime del  contexto    probatorio   hechos   o   circunstancias   esenciales   –incluidos    ,    como   es   obvio,  objetivamente  en  el  medio-  que  al  haber  sido  suprimidos,  desquician  la  decisión del juzgador.   

En las tres modalidades se muda textualmente  la  prueba  para  ponerla a decir lo que ella, en su propia naturaleza no dice o  enuncia,  vicio  que conlleva a la declaratoria de una verdad fáctica diversa a  la  revelada  por  los falladores; estos supuestos fueron ignorados por el actor  en  toda  su  amplitud,  pues  no se trata de extraer suposiciones con el fin de  constatar  un  desatino judicial sino demostrar el error en su exacta dimensión  objetiva.  Y  si  se pretende combatir todo el plexo probatorio por distorsión,   ello  no  debe hacerse  como  lo  realizó  el  libelista, a manera de conclusiones generales, sin tener  presente,  la  concreta  realidad  procesal  de  todos los medios atacados, para  luego explicitar la transcendencia.   

Siendo  ello así, se precisaran algunas de  las  aseveraciones  esbozadas por el defensor, las cuales no tuvieron en cuenta,  por  ejemplo,  ¿cómo  se  presentó  concretamente  la  falencia?, ¿Cuál era  exactamente  la  parte  objetiva de tal error vertida en la prueba?, ¿dónde se  ubica  fielmente en el fallo cuestionado? y desde luego cuál es su contundencia  y  eficacia  para  lograr  quebrar  la  presunción de legalidad y acierto de la  decisión judicial cuestionada.   

Por   tanto,   el   actor   trabajó  una  multiplicidad     de     temas     –que  fue  extrayendo  de  manera  confusa  e  indiscriminada  de  la  sentencia  condenatoria-,  con  miras  a derrumbar su grado de certeza, pero sin  atender  ninguna  pauta  disciplinada  en la jurisprudencia, pues se refirió de  manera  libre a una generalidad de ideas, como si fuese un escrito de instancia,  simplemente  por   estar en total desacuerdo con el criterio impreso por el  Juez  Colegiado;  entre  algunos  contenidos,  se  refirió  a  los  siguientes:   

1) Desvío ilegal  de  dineros, 2) separación de  patrimonios,   3)   en  el  Fideicomiso  de  Corabastos  también  quedaron  como  aportantes de capital los  llamados   beneficiarios  o  terceros,  4)  el  dinero  no se constituyó como fuente para la financiación de  la  bodega,  5) “la  fiduciaria no necesitaba tener en su haber los supuestos dos  mil  millones, o mil millones o un peso en su haber”,  pues  no  tenía  “por función inyectarle dinero al  fideicomiso”,              6) el Tribunal entendió que se trataba de  dos  cesiones de contratos, 7)  nada   de   lo   afirmado   en  la  sentencia  censurada  es  cierto,  pues  los  inversionistas  conocían  el  estado  del “flujo de  caja”     de     la     sociedad     Cáceres   y  Ferro;  luego,  entonces  se  preguntó,   ¿cuál   engaño?,  y  en  seguida  se  respondió,  que  todo  es  “inexistente”,  8)  la  notificación  de la  cesión  de  derechos  no  era  una  condición necesaria para la existencia del  contrato     de    administración    y    fuente    de    pago,    9) la cualidad de irrevocable del convenio  no  era  unilateral,  10) a la  fiduciaria  le  era  perfectamente válido expedir los certificados de beneficio  fiduciario,   11)  el  fallo  descontextualizó    la    versión    de    Gustavo  Cáceres,   12)    a    pesar   de   estar   insolvente   la   Firma   Cáceres  y  Ferro,  tal  eventualidad  no  afectaba  el fideicomiso de Corabastos, 13)  trajo  a  colación todo el trámite que realizó la sociedad para  recibir    el    dinero    de    los    aquí    denunciantes   y   14)  se distorsionaron las cartas números  2010  y  DJ-0548,  sobre  la  aprobación  de  formatos, sin poderse explicar en  dónde  exactamente  se  ubicaba  el  defecto,  en  el entendido que desde luego  Cáceres  y  Ferro,  podía  estar  autorizada  para  generar  los  títulos  de  beneficio  fiduciario a los  intervinientes,  pero no en las condiciones en las que lo hicieron con los aquí  demandantes,  esto,  entre  múltiples aspectos, fueron trabajados, además, con  criterios    individuales    y    alejados    de    las    mínimas   exigencias  jurisprudenciales.     

Como  puede  observarse,  se  arriba  a  la  conclusión  objetiva,  en punto de la ausencia total de presupuestos que acusan  los  cargos  construidos  por  el  recurrente;  quien  lo  único  que  hace  es  controvertir  los  argumentos  esgrimidos por el Juez Plural, sin mediar ninguna  temática  que  acredite  la  demostración de los yerros planteados, por cuanto  –en principio y en contra  de  la debida sustentación en casación-, acudió a su exclusivo conocimiento y  percepción   de   los  acontecimientos,  dejando  sin  cuestionar  –en  segundo  lugar-  una  variedad  de  medios  incriminatorios,  base  del  fallo,  como  se anunció atrás, sobre las  pruebas practicadas por la Superintendencia Bancaria.    

(v)   Ejecución   condicional   de   la  pena.   

La  Sala  desde  antaño,  respecto al tema  propuesto,  viene puntualizando la debida argumentación que se requiere para la  demostración del error denunciado.   

Véase  como el 8 de febrero de 2000, en el  radicado 11.203, se expreso:    

“En  el  examen  de  la  procedencia  o  improcedencia  del  subrogado  deben  contar  la  buena  conducta  anterior  del  procesado,  las  actitudes  posteriores al hecho delictivo que tiendan a detener  sus  efectos  perjudiciales,  la  indemnización y la presentación voluntarias,  como  elementos  expresivos  de  una  personalidad positiva del acusado, pero de  igual  manera  deben examinarse juntamente con ésta la naturaleza y modalidades  del  hecho  punible,  como lo indica el artículo 68 del Código Penal.  Si  en  gracia  de  discusión  se  admite  que  todas  aquellas  manifestaciones de  personalidad  están  probadas en el proceso, el demandante debió indicar cuál  fue  el  tratamiento  que a ellas se dio en la sentencia acusada; si en realidad  fueron  menospreciadas  o  resultaron  opacadas por otras de mayor trascendencia  dentro    del    obligado    examen    integral    de   los   presupuestos   del  sustituto.   

De  igual  manera,  la petición final del  demandante  en  punto  al reconocimiento del subrogado es equívoca, dado que no  basta  afirmar  como  en  la  instancia  que en realidad se dan los presupuestos  objetivos  y subjetivos de la respectiva norma, sino que en casación es preciso  señalar  que  dicho precepto sustancial fue vulnerado por falta de aplicación,  a  pesar  de que el Tribunal declaró probado el supuesto del mismo; o que no se  hizo  por influencia marcada de los yerros de hecho o de derecho cometidos en la  apreciación de las pruebas”.   

En el radicado 26.944 del 6 de junio de 2007,  se explicó:   

“Ya la Sala ha señalado que para lograr  el  reconocimiento  de  la  condena  de  ejecución  condicional,  no  basta, en  casación,  afirmar,  como  en  la  instancia,  que en el proceso se cumplen los  presupuestos  objetivos  y  subjetivos  establecidos  por  el  artículo  63 del  Código  Penal,  sino que es preciso demostrar que dicho precepto sustancial fue  vulnerado  por  falta de aplicación a pesar de que el Tribunal declaró probado  el  supuesto del mismo, o que hubo exclusión evidente por razón de los errores  de  hecho  o de derecho cometidos en la apreciación probatoria, sin que resulte  posible  invocar  simultáneamente  las  dos  vías  de  ataque  o  entremezclar  argumentos  relacionados  con  cada  una de ellas, pues la lógica argumentativa  que  rige  el extraordinario recurso impone que en el primer caso se acepten las  pruebas  tal  y  como  las  estimó  el juzgador girando el debate en torno a la  norma  misma,  y,  en  el  segundo,  los  errores  de selección del precepto se  demuestran a través del rechazo a la apreciación probatoria.   

Por  manera  que  el  defensor aquí también  desatendió  los  presupuestos enunciados y de paso ignoró lo acreditado por la  magistratura, en este especificó tema.    

Sostuvo   el   Tribunal  de  Bogotá,  al  respecto:   

“Teniendo  en  consideración,  que  la  acreditación  del  requisito  objetivo,  vale  decir,  la  clase  de  pena y su  duración  constituye presupuesto necesario para avanzar en la constatación del  sujetivo,  se  tiene  que tal exigencia se cumple en el presente caso, pues como  se  hiciera  mención,  la  sanción  impuesta a los acusados fue de 26 meses de  prisión  para  cada  uno,  de  manera  que corresponde avanzar en el examen del  aspecto subjetivo.   

Dicho  factor  de  acuerdo  a  la norma en  mención   cobija   aspectos   como  los  antecedentes  personales,  sociales  y  familiares  del  acusado,  al  igual  que la modalidad y gravedad de la conducta  punible,  de  manera  que  tales circunstancias deben conjugarse positivamente a  favor  de los implicados, para que sea viable la concesión del sustituto penal.   

Además,  el  análisis  del  aspecto  subjetivo  para  el  funcionario  judicial debe realizarse con discrecionalidad,  racionalidad  y buen juicio, frente a la persona y conducta punible en concreto,  a  efectos  de  decidir  fundadamente si existe necesidad de la ejecución de la  pena,   obviamente   concordante   con   los  fines  que  el  legislador  le  ha  señalado.   

Al  respecto  es importante resaltar que  las  repercusiones  de  la  conducta  desplegada  por  Cáceres  Ferro y Borrero  Pastrana  resultan  de  ostensible  magnitud,  pues  aprovecharon la prestancia,  pulcritud  y  capacidad  que  emanaba  de  la  sociedad  que  dirigían,  lo que  evidencia  carencia  de valores; por ende, se emite un juicio desfavorable sobre  sus antecedentes personales y sociales.   

Las  circunstancias en mención, aunadas  al  cumplimiento  de los fines de la pena, en especial, la real protección a la  colectividad   contra   futuros   atentados   al   patrimonio  económico  y  la  reinserción  social  de  los  encausados,  luego  del  balance  integral de sus  comportamientos,   implican   que   se   hace  necesaria  la  ejecución  de  la  pena.   

De  manera  que,  en  ese evento resulta  evidente  que  no se configuran las exigencias señaladas en el artículo 63 del  Código  Penal,  por  lo  que  no se les concede el citado mecanismo”.      (Subrayado     fuera     de  texto).   

En  esas  condiciones,  se  evidencia  en  la  censura  un  criterio  individual, personal y subjetivo del defensor, quien solo  atina  a manifestar que su protegido jurídico no tiene antecedentes penales, su  reputación  social  y  familiar  es  “excelente”  contra lo advertido por la judicatura.   

No obstante, para combatir la negativa de los  funcionarios,  sostuvo  el  jurista  que “censuro la  Sentencia  (sic)  de  segunda  instancia,  por  violación  indirecta  de la ley  sustancial,  por  falta de aplicación del subrogado de la Condena de Ejecución  Condicional  previsto  en  el  art.  63  de  la  ley 599 de 2.000”.   

Obsérvese  que el ataque, desde su inicio se  muestra  insustancial,  si se tiene en cuenta lo expuesto por el Tribunal, quien  sí  aplicó  el  artículo  63 del Código Penal actual, pero no a favor de las  pretensiones    del    enjuiciado,    como    cuando    afirmó:    “De  manera  que, en ese evento resulta  evidente  que  no se configuran las exigencias señaladas en el artículo 63 del  Código  Penal,  por  lo  que  no se les concede el citado mecanismo”,  luego,  no  podía  ser  motivado el  reproche  afirmando que el fallador superior ignoró el precepto 63 objeto de la  supuesta  violación  de la ley sustancial, justamente, porque un proceder así,  vulnera  el  varias  veces prenombrado aquí principio de la lógica13   de   no  contradicción,  pero en esta ocasión en su acepción filosófica, en virtud de  la  cual,  en  una misma línea hermenéutica de tiempo y espacio no se puede, a  la  vez,  afirmar  y  negar un tema, proposición, argumento, pues tal ejercicio  cognoscente conduce, necesariamente, al absurdo.    

Por  último,  es  importante  aclarar que el  defensor  pretende  a  toda  costa  que  impere  su  criterio  sobre  el  de los  funcionarios  –como cuando  dijo   que   “los  procesados  se  apegaron  a  la  ley”,  y jamás hubo por parte de ellos “apoderamientos   de  dinero”  de  la  Fiduciaria  Corabastos-,  para  combatir  la  argumentación  realizada sobre el  factor  subjetivo  plasmada por la instancia,  e invita a la Sala, para que  halle  las  pruebas  con  las  que  pretende  demostrar su tesis; y, de contera,  mencionó  el  axioma  de  petición  de  principio,  sin  llenarlo de contenido  epistemológico, como era su compromiso jurídico.    

(vi) Prisión domiciliaria.  

Lo presentó “por  violación  indirecta de la ley sustancial, por falta de aplicación del derecho  a   la   prisión   domiciliaria   prevista   en   el   art.   38   ley  599  de  2000”.   

En  el  mismo  sentido que el cargo anterior,  supuso  el  recurrente que estaba demostrado con la exclusiva cita del precepto,  en   donde   le  añadió,  por  ejemplo,  que  “la  violación  indirecta  consistió  en  no  tener  en cuenta la prueba documental  obrante  en  el  proceso”,  las  cuales –adujo-,   relacionó   en   el  cargo  anterior,  para  con  ellas,  “cerrarle el paso a la  valoración  subjetiva  y  caprichosa  como  ha  acontecido  en  el caso que nos  ocupa”.   

El    Juez    Colegiado,    explicó   al  respecto:   

“El  artículo  38 de la Ley 599 de 2000  establece  los  presupuestos  para la procedencia de la prisión domiciliaria…  La   primera   exigencia   se  cumple  cabalmente…  No  obstante,  sirve  como  pronóstico  desfavorable  el  análisis  aludido  para imponer el mínimo de la  pena  y  se  complementa  en  el  sentido  de  cómo la preparación académica,  calidades   humanas   y   financieras  que  ostentaban  los  mencionados  fueron  utilizadas  como  treta  para  generar  un falso juicio a las personas y obtener  fines   ilícitos,   de  manera  que  en  conjunto  los  acusados  reflejan  una  personalidad  inescrupulosa,  carente  de  valores  y  proterva que demuestra un  desempeño  personal  y  social  indebidos,  lo  que  no  permite garantizar que  Cáceres  Ferro  y Borrero Pastrana no colocarán en peligro a la comunidad y no  evadirán  el  cumplimiento de la pena, de donde se deduce que dichos individuos  requieren       tratamiento       penitenciario       para      su      adecuada  resocialización.   

Por  lo  anterior, la pena privativa de la  libertad  impuesta…  la  deberán  cumplir materialmente en un establecimiento  penitenciario”.   

Las   alegaciones   del   memorialista   se  circunscriben  a  resistirse  a  la  apreciación  compendiada  en  la sentencia  condenatoria  y,  sin  el  más mínimo esfuerzo jurídico, pretende que la Sala  ampare  su  errado  criterio,  demeritando  las  circunstancias  que rodearon la  consumación  del  injusto  de  estafa  por  el  que  se le responsabilizó a su  prohijado,  a  las  cuales  se opone sin medir elementos de juicio válidos  como  para  siquiera  pensar  en  optar  por  una  decisión  diversa; amén que  traslada  la  escasa  motivación  del cargo anterior al presente, con todos sus  defectos  y  contrariedades allí expuestas, mismas que son válidas aquí, como  es  el  caso  del  artículo  38  de la Ley 599 de 2000, que fue aplicado por el  juzgador pero se demandó su falta de aplicación.   

El   actor  jamás  probó  los  desafueros  demandados,  sino  expuso  su propia valoración del caso sobre la formulada por  la  instancia  superior,  lo cual es inadmisible en sede extraordinaria y genera  su rechazo inminente.   

3.    Demanda  presentada     a     nombre     de     Gustavo     Cáceres    Ferro.   

Son   múltiples  y  complejos  los  yerros  detectados.   

3.1. Primer cargo.  

a)   El  fallo  expedido  por  el  Tribunal  de  Bogotá  fue  atacado por el libelista por vía  indirecta  –“apreciación  probatoria”  o “caudal probatorio”-,  sin  inmiscuirse  como era su deber por alguno de los sentidos de  ataque,  ya  sea  error  de  hecho  o  de  derecho;  no  obstante,  en gracia de  discusión,  por  el lenguaje utilizado por el actor, debe entenderse que es por  el  primer  defecto de violación, inmediatamente aludido. Pero aquí no cesa la  insuficiencia  sustancial  de  la demanda ni esta circunstancia es ínfima, como  podría  pensarse,  pues  ignoró de plano el jurista adecuar su inconformidad a  los  diversos  falsos juicios desarrollados por la jurisprudencia desde antaño,  en  atención  a  la  identidad  de  los  medios allegados a la actuación, a su  existencia  material  o no en el proceso o quizás al juicio judicial construido  por los funcionarios que administran justicia.   

La arremetida, en forma inexcusable, tiene que  ir   atada   a   los   sentidos   de   correlacionarse   el  error  –falso   juicio  de  identidad,  falso  juicio   de   existencia   o  falso  raciocinio-  con  los  supuestos  fácticos  supuestamente  controvertidos  en  sede  extraordinaria; de no ser así, ella se  perfila  confusa, enmarañada e indefinida y sin ningún sentido jurídico, como  en  el  presente  caso, que huelga decir, por la ausencia de tales presupuestos,  se  muestra  engorrosa  y  sofistica  a la vez, como cuando invocó –al parecer- el principio de la lógica  de  no contradicción, sin que sus premisas fueran producto de tal vulneración,  sino  sopesadas  en  sus  cavilaciones  individuales  de cómo se puede entender  legalmente la actuación del Juez Colegiado.   

Expresó, siguiendo esta línea argumentativa,  que  cumplido  el  objeto  del  contrato  de  concesión, el mismo no podía ser  cedido  como  tal,  sino  como  lo  hizo  la  Firma cuestionada, solamente sobre  derechos  pecuniarios  en  relación con la parte operativa; pero fundamentó su  afirmación  en  su  criterio  subjetivo  del momento de terminación del mismo;  pues   para   él   se   finiquitó   cuando   Alfredo  Muñoz  le  remitió  carta  -31  de agosto de 1998- a  Corabastos de la cesión del  fideicomiso   de   administración   a   Cáceres   y  Ferro.  Obsérvese  que la edificación del raciocinio  no  se  acopla  a ninguna de sus vertientes explicativas: ontológica, lógica o  filosófica,  toda vez que, para sostener una conclusión de ese talante, jamás  puede  ser  soportada  sobre  un  criterio  alejado  del  mismo  axioma lógico;  además,  el  Tribunal  de  Bogotá,  no cimentó esas consideraciones sobre una  misma   línea   cognoscente   de   espacio  y  tiempo  como  para  predicar  su  vulneración.   

En  otros  términos:  válido es reflexionar  como  también  lo  hicieron  los  no  recurrentes,  que  el  Juez  Colegiado no  entendió  que  se  debía fragmentar el contrato de de concesión 047-97 con el  de  cesión de derechos pecuniarios signado con Cáceres y Ferro, como lo quiere  imponer    el    demandante,    porque    el    ciclo   operativo   –que   es   la   conclusión   de  las  anteriores  fases:  revisión,  estudio,  diseño  definitivo  y construcción-,  hacen  parte esencial del mismo contrato de concesión 047-97, como lo entendió  el Juez Plural.    

b) Un nuevo yerro  se  descubre  en  el libelo, el cual tiene que ver con las pruebas supuestamente  atacadas:   no   las   individualizó,  concretó  o  especificó  como  era  su  obligación  en  sede  extraordinaria,  simplemente  se  refirió a algunas, sin  ubicar  objetiva e independientemente el vicio de cada una; ello le imprime a la  censura,   ni  más  ni  menos,  una  presentación  genérica,  amplía  y  sin  virtualidad  de  explicación  convergente;  teniendo en cuenta, además, que la  instancia  de  segundo nivel, trajo para su examen de responsabilidad integrados  medios  incriminatorios  que  no  fueron  puntualizados por el actor, dejando el  reparo,  en  esas  condiciones,  huérfano  de  contundencia y en el plano de lo  absurdo,  como  por  ejemplo,  cuando  el  Tribunal  sopesó  lo  actuado por la  Superintendencia  Bancaria,  para  de  ahí generar el dolo directo estructurado  contra su prohijado.     

c)  El  supuesto  falso  raciocinio  que  parece  haber  invocado  el jurista en dos cargos, si se  acepta   como   tal,   tampoco   se  suple  con  aserciones  como:  “se  aprecia  erróneamente”,  puesto  que  también con ese mismo significado puede estarse refiriendo al falso juicio  de  identidad;  lo  cual,  genera  una  confusión  y desconcierto al no poderse  desentrañar  de  verdad,  cuál de los dos vicios es el que a la final propone,  pues  es  obvio  que  los  dos  no  pueden  concurrir  en  un  mismo  ataque por  afectación de los axiomas de claridad y autonomía.   

d) Cuando el defensor  afirmó   en   la   motivación   del  supuesto  falso  raciocinio  –el cual jamás identificó, en ninguno  de  los  ataques-, que “el  error   inicial   se   traduce  en  argumentos  falsos  en  todo  el  curso  del  fallo”, ello significa que  trasladó  todos  sus reproches al campo de la nulidad por falsa motivación, la  cual  tiene  en  esencia,  unos  presupuestos  totalmente diversos a los por él  expuestos  en  la  demanda,  luego  entonces,  todo lo jurídicamente pretendido  cede, ante tan ambiguo planteamiento.     

e) Cuando informó  que   se   presentaba   un  yerro  por  “violación  indirecta  de  la  ley  sustancial”,  al adecuar las  instancias   la   conducta   de  su  prohijado  en  el  delito  de  estafa y, acto seguido,  explicar que  ello      significa      una      “omisión   en   virtud   de   la   cual  supuestamente      no      se      ‘perfeccionó’  la  fiducia…  lo  tomó la sentencia incorrectamente como parte  fundamental     del     engaño”,    se  trasladó  el  actor  nuevamente  a otro sentido de ataque, pero  esta  vez,  al falso juicio de existencia, siendo su esencia todas las omisiones  probatorias, mismas aquí demandadas.   

f) En los ataques  quiere  imponer  su  voluntad sobre la expuesta por la magistratura, con juicios  hipotéticos     y     subjetivos,     como     por     ejemplo,    (i)  el  Tribunal interpretó la cláusula  10ª  del  contrato  de  concesión  047-97,  mal  porque  ella solo aplica a la  cesión  del  mismo  convenio  y  no  a la  cesión de derechos pecuniarios  celebrada    con    Cáceres   y   Ferro,   por   ello   no   se  requería  autorización  de  Corabastos  para  legalizar  el  acuerdo;  (ii)   La   Unión   Temporal   A.   Muñoz   era  la  propietaria  de  todos  los  dineros  por 42 meses y no Corabastos; (iii)   la   aprobación   previa  de  la  cláusula   10ª   era   sólo   para   el  contrato  de  cesión,  (vi)  el contrato de fiducia era válido y  no  invalido  como  lo  supuso  el Tribunal; entre muchas más afirmaciones, las  cuales  no  fueron soportadas como lo viene desarrollando la jurisprudencia para  el vicio seleccionado por el libelista: falso raciocinio.   

g)  Gran  parte del  ataque  la  destinó  en  hacer  hincapié sobre la existencia de dos contratos:  uno,  el  de  concesión  número  047-97  y,  dos,  el  de  cesión de derechos  patrimoniales  (arrendamiento y peajes) celebrado con la fiduciaria Cáceres  y Ferro; sin embargo, al final de  la  censura  afirmó:  Ni siquiera es posible decir de  cesión  de  los  contratos  de  arrendamiento,  pues los cánones los recaudaba  Corabastos  y  debía  girar  al  Fideicomiso según contrato de fiducia de 5 de  agosto  de  1998”; con lo  cual  violentó  el  principio  de la lógica de no contradicción, varias veces  aquí  explicado  en  sus  diversas  manifestaciones,  pues  en  un  mismo texto  argumentativo  colisionaron  sus  argumentos  (positivos  y  negativos) en igual  tiempo,  espacio y con idéntico propósito; pues dedicar todo el cargo y muchos  de  los otros, para afirmar que aquí se presentaron dos contratos diversos, con  modalidades  jurídicas  diferentes  para  al final aceptar que el celebrado con  Cáceres     y    Ferro  “Ni  siquiera  es  posible  decir de cesión de los  contratos “, es dejar las cosas como estaban y estar  de  acuerdo,  en el fondo, con lo sostenido por el Tribunal de Bogotá, en otras  palabras:  quiso  convencer  a  la  Sala  de  lo  que  ni él estaba persuadido.  (Subrayados por la Sala).   

3.2. Segundo cargo.  

a)  Los  defectos  reseñados  en el anterior apartado, aplican para el presente, pues el libelista  jamás  identificó  la  clase  de  yerro  que elevó, ni su sentido; menos aún  construyó,  el  ataque  como  lo tiene previsto la jurisprudencia para el falso  raciocinio,  el  cual  parece  es  el  que  identifica  su  censura.     

No se percató el abogado que el falso  raciocinio, indiscutiblemente tiene  que  enunciarse  con  el  fin  de  guiar  las premisas lógicas posteriores; sin  embargo,  ahí  no  termina  el  ejercicio  demostrativo ni con ello se suple la  debida  argumentación  y,  menos aún, se entiende vulnerada la ley sustancial;  además,  es  obligación  constatar  que  los  medios  probatorios allegados al  proceso  legalmente,  al  ser  sopesados  por  los funcionarios judiciales en su  precisa  dimensión fáctica, le asignaron un mérito persuasivo contrario a las  pautas  legales  y  jurisprudenciales. En esta censura, solo realizó un listado  de  afirmaciones  engullidas  en  los  diversos  párrafos  de corte subjetivo e  individual, sin el menor apego a la debida sustentación.    

   

Habida  consideración,  tendrá  como  meta  didáctica  el  demandante  determinar: (i)   qué   dice   de   manera   objetiva   el   medio,  (ii)  qué  infirió  de  él  el juzgador,  (iii) cuál valor persuasivo  le  fue otorgado, (iv) indicar  la   regla   de   la   lógica   omitida   o  apropiada  al  caso,  (v)   o   señalar   la   máxima  de  la  experiencia  que debió valorarse, con el objetivo de probar que el fallo motivo  de impugnación tuvo que ser sustancialmente opuesto.   

Por último, es deber intelectual del actor  mostrar   cuál   es   el  aporte  científico  correcto  y,  por  supuesto,  la  trascendencia del error, para  lo  cual  tiene que presentar un nuevo panorama fáctico, contrario al declarado  en  instancias;  por  tanto,  el  jurista  incumplió  todos  los  pasos  atrás  reseñados  y,  por  consiguiente,  inundó  su  argumentación  de conjeturas y  suposiciones  propias  de  un escrito elaborado en forma libre y genérica. Amen  que  al  atacar  los hechos, los cuales dedujo que fueron mal entendidos, en tal  acto   jamás   desvirtuó  los  jurídicamente  relevantes  para  la  instancia  superior,  justamente,  porque  presentó  la  censura  con una gran variedad de  hipótesis  y  creencias  por  fuera  de los lineamientos extraordinarios que le  restaron contundencia y eficacia, como cuando afirmó:   

1)   El  fallo  mintió porque la fiduciaria  no    podía    responder    sino    con    los    recursos    de   Corabastos;  pero  se le olvidó explicar,  en  ilación con el delito de estafa, ¿por qué a los diferentes inversionistas  no  se  les reintegró su capital?, suma que superó los seiscientos millones de  pesos,  ¿por  qué  se les convenció de reinvertir su dinero en un fideicomiso  del  que  no llegaron a ser verdaderos titulares?, así lo quiera justificar por  vía  comercial  o  civil, el caso penal, es bien distinto, como sofísticamente  lo quiere hacer ver el actor.   

2) La insuficiencia  patrimonial    de    Cáceres   y   Ferro   no   se   podía   tomar   como   elemento   de  la  estafa;  aquí  también dejó de explicar  el  actor,  la  reflexión  del  Tribunal  y de uno de los no recurrentes, en el  sentido  que la Fiduciaria Cáceres y Ferro,  jamás  recibió  dineros  de Corabastos, por la fase operacional  del  proyecto  Bodega  Popular, pues para haber adquirido ese derecho tenía que  contar  con  la aprobación “previa y por escrito de  la  empresa Corabastos”, según la cláusula 10ª del  contrato  de  concesión  047-97;  misma  que  le  aplica  otra interpretación,  pero       apartándose      –como  en  toda  la  demanda- de los actos dolosos de los procesados:  declarados  por  el  Tribunal,  los cuales ignoró desarrollar para demostrar la  pregonada inocencia de su prohijado.      

3)  Por último, el  libelista  adujo  una  serie  de afirmaciones, basadas en una realidad que no se  concretó  en  el  proceso, pues para recibir el monumental capital –como  se pactó en el convenio 047-97-  debía  prevalecer  la  autorización  de  Corabastos  para  tal fin, ella no se  realizó,    luego    la   fiducia   –en  esas  condiciones-  dependía  de la aceptación de Corabastos,   para   nacer   a   la  vida  jurídica,  como  tantas  veces  lo  replicó  el  Tribunal de Bogotá; y hoy el  demandante,       pretende       –obviando    la    debida    argumentación    requerida    en   sede  extraordinaria-,   convencer   de   lo   contrario,   mediante  un  memorial  de  instancia.   

Como atacó los hechos, por estar –en  su criterio- mal entendidos por el  Juez  Colegiado,  de la mano de un posible falso raciocinio, jamás enunciado ni  mucho  menos demostrado en atención a las pautas tantas veces aquí precisadas;  en  tal ejercicio jamás indicó en forma concreta, por ejemplo, cuál postulado  de  la  lógica  se  vulneró,  para  enderezar, si se quiere, el sentido de los  acontecimientos  plasmados  por  el  Tribunal:  labor  que  tendría  que  haber  corroborado  con  las pruebas obrantes en el expediente, pero sin variarle, como  lo  intenta,  su  expresión  fáctica, como cuando a toda costa sostiene que la  cláusula  10ª  del contrato de concesión presenta una interpretación diversa  a la declarada por el Juez de segundo nivel.   

Expresó el tribunal:  

“Agréguese la  manifestación  del  cesionario  Alfredo  Muñoz  Roa  en  el  sentido  de haber  constituido     el     fideicomiso     Corabastos     con     el    ‘único  objeto de levantar recursos  para  Corabastos,  basada en la concesión de Corabastos, esos recurso eran para  terminar  de  construir  Corabastos,  se  firma el contrato, se hace el trámite  ante  Corabastos,  pero  ese contrato desconocía las obligaciones contractuales  que  se tenía con Corabastos, o sea que al momento de  elaborar  el  contrato  no se entendió lo que era el contrato de Corabastos, de  ahí  se  formó  la dificultad, se firma y se manda a Corabastos, pero ellos no  aceptan    porque   desconocía   las   obligaciones   contractuales…   porque  el  contrato  matriz  dice que cualquier acción debe  ser   aprobada   por   la   asociación  de  Corabastos  de  Bogotá…  al  no  estar  aprobado este contrato se procedió a ceder ese  contrato  a la unión Temporal Cooperación Bodega Popular, que si fue aprobado,  porque  la  concesión  necesitaba recursos, de lo contrario iba a ser declarado  incumplido.  En Cáceres y Ferro se me manifestó que  había  recursos,  por  eso yo necesitaba hacer la fiducia con ellos, pero luego  no  hubo  recursos  al  no  haber  los recursos y al ver que lo que se me estaba  diciendo   no   era   verdad   me  toco  buscar  otras  alternativas…  El  compromiso  para  llevar a la Fiduciaria Cáceres y Ferro,  era  que ellos tenían los recursos, yo recuerdo era que se necesitaban unos dos  mil millones, pasó el tiempo y esos recursos no llegaron”   

“Quiere  lo  anterior   relevar   que   desde   el  inició  de  la  negociación  entre  los  representantes  de  la  Fiduciaria  Cáceres y Ferro S.A., y la Unión Temporal,  los  primeros  a  fin  de  acceder  al fideicomiso Corabastos mintieron sobre la  capacidad   económica  que  supuestamente  la  sociedad  ostentaban  pues  lejos  estaban  para  ese  momento -5 de agosto de 1998- de  tener  en  su  haber  los  algo  más  de  dos mil millones de pesos que debían  inyectarse al fideicomiso.   

De  otro  lado deviene lógico inferir que  esa  fue la razón no sólo para no esperar el perfeccionamiento del contrato de  fiducia  mercantil  de  administración  pecuniaria,  esto  es,  contar  con  la  existencia  material  del  flujo  de  caja  y  notificación de Corabastos, sino  además  para  obviar  la  satisfacción  de  la  Cláusula 10ª del contrato de  concesión   047-97   de   la  Corporación  Abastos  y  en  su  lugar  proceder  inmediatamente  a  expedir los certificados de beneficio fiduciario a efectos de  lograr   el  recaudo  dinerario  que  debían  situar  para  el  desarrollo  del  fideicomiso  Corabastos y aunque alcanzaron a recoger más de $2.500’000.000,oo  estos  se  destinaron a  sufragar   obligaciones   de   otros   fideicomisos  de  carácter  inmobiliario  constituidos como patrimonios autónomos.   

Añádase   que   a  los  inversionistas  afectados  se  les  hizo  creer que con la inversión dineraria a través de los  certificados  de  beneficio  que  realizaban  al fideicomiso Corabastos quedaban  integrados     al    mismo    en    calidad    de    fideicomitentes”. (Subrayados  fuera de texto).   

Obsérvese  que  el recurrente sustentó su  inconformidad      mediante      conjeturas     al     sostener     “que la fiduciaria Corabastos tenía a  partir  de  la  firma  del  fideicomiso unos recursos y flujos de caja de 12 mil  millones,  más  que  suficientes  para  cubrir  los  certificados, que quedaron  cubiertos  y  se  habrían pagado correctamente, de no mediar el acto de mala fe  del  propio  Alfredo Muñoz y Corabastos, que defraudó el fondo del fideicomiso  que  el  mismo  había  constituido para provecho de sus propios intereses. Pero  este     aspecto     no    fue    analizado    en    la    sentencia”;  en  tanto  rechaza  los  argumentos  expuestos    por   el   Tribunal,   responsabilizando   tanto   a   Alfredo  Muñoz  y  los  representantes de  Corabastos de delitos de los  que  no  existe  evidencia  en  el plenario de condena alguna y, de paso, da por  sentado    que    todos    los    compromisos    financieros   de   Cáceres  y  Ferro  no  hubiesen ocurrido,  justamente,  por  las  infracciones  a la ley que les imputa el demandante a los  mismos: sofisma que socava la estructura de sus mismas premisas.   

3.3. Tercer cargo.  

De manera manifiesta el recurrente vuelve a  incurrir  en  los  mismos  vicios  detectados  en  las  anteriores censuras, los  cuales,   por   sustracción   de   materia,   no   se   traerán   a  colación  nuevamente.     

Además, plasmó lo que para él constituye  un  defecto  de lógica “ser y no ser”,          por          cuanto          estaba          acreditada  la  trasferencia del flujo de  caja  de   $12.331.588.967  con  la celebración del contrato de concesión  047-97,  con Cáceres y Ferro,  según  las  cláusulas  7ª y 9ª, momento en el cual, dicha Firma autorizó el  dinero   suficiente  para  expedir  los  certificados de beneficio fiduciario y en la sentencia se dice que  no, en las páginas 25 y 26.    

Huelga decir, que el actor invita a la Sala  a  desentrañar,  en  los  folios  citados  del  fallo, la contradicción que se  imaginó,  por cuanto para construir el juicio contradictorio, creó su personal  premisa,  por  fuera o contra lo declarado por la instancia y, a partir de ahí,  dedujo  que  las  cláusulas  7ª  y  9ª,  les  dio  vía  libre a Cáceres  y  Ferro para emitir los títulos  de certificado de beneficio fiduciario.     

Pero sin entrar al fondo del asunto, como se  explicó   al   inicio  de  las  consideraciones,  también  aquí,  es  forzoso  distinguir  algunos  apartes  de  lo  aseverado  en  la  sentencia condenatoria.   

“Así mismo, conviene relievar (sic) que  en  la  cláusula  10ª  del  contrato  de  concesión  047-97 Bodega Popular se  estipuló   que   el  concesionario  Unión  Temporal  A.  Muñoz,  Alfredo      Muñoz     no  podía  ceder  total  o  parcialmente dicho contrato sin previo  consentimiento   escrito   de   la  Corporación  de  Abastos  de  Bogotá  S.A.  Corabastos,  parámetro  innegable  del  ámbito  de  conocimiento al momento de  signarse  el  contrato  de fiducia mercantil irrevocable y fuente de pago con la  Unión  Temporal A. Muñoz, el 5 de agosto de 1998, de  los  representantes  legales de la Fiduciaria Cáceres y Ferro S.A., esto es, de  Gustavo  Cáceres  Ferro y Rodrigo Borrero Pastrana, el primero porque fue quien  lo  suscribió  y  el  segundo  por ser quien se encargó de la redacción en su  calidad  de  asesor  jurídico;  de  manera que desde  dicha  perspectiva  deviene  inadmisible  considerar el actuar de los procesados  enmarcado   en   la   buena   fe  como  han  querido  hacer  creer,  pues  surge  incomprensible  que sabedores de dicha limitante obviaron la obtención del aval  escrito  de  aceptación  por  parte  del representante legal de la Corporación  atrás  mencionada  por ser imperativo para el perfeccionamiento del contrato de  fiducia   mercantil   de   administración  de  recursos  monetarios.   

Agréguese  que  el  contrato  de  fiducia  mercantil  de  administración  y  fuente  de  pago con el que se constituyó el  fideicomiso  o patrimonio autónomo Corabastos consagró en su cláusula 9ª que  la  fiduciaria  solo  podía expedir ‘certificados   de   beneficio   hasta   el   momento   en   que  el  fideicomitente’  acreditara  la  existencia  de un flujo de ingresos suficientes para la oportuna  atención  de  las obligaciones amparadas con tales certificados y se notificara  a  Corabastos  para  girar los recurso directamente a las cuentas del patrimonio  autónomo.   

No  obstante, sin concurrir ninguna de las  circunstancias  aludidas  la  Fiduciaria  Cáceres y Ferro S.A. a través de sus  representantes  y asesor jurídico en representación del Fideicomiso Corabastos  procedieron  a  expedir certificados de beneficio fiduciario… a pesar que para  esta  fecha  el  fideicomitente  Unión  Temporal A. Muñoz no había acreditado  presencia  de  flujo  dinerario  y  menos había concretado la notificación del  contrato   de   cesión   respecto   a   la   dase   de   operación…  en  la medida que ésta sólo ocurrió el 31 de agosto de 1988  conforme  evidencia la comunicación dirigida a dicha entidad por Alfredo Muñoz  Roa,  empero, sin aceptación de ésta”. (Subrayado fuera de texto).   

El mismo defensor creó la contradicción y  la  convirtió en un sofisma para generar confianza en sus manifestaciones, pues  partió   del   vocablo   acreditar   –solo  con la firma de la cesión y sin tener presente la aceptación  o  no  de  Corabastos-, quien  tenia  la  última  palabra  por ser la empresa  donde debían forjarse los  dineros  con  destino  al  fideicomiso; pero el recurrente tampoco supo explicar  para  fundar  la  vulneración  al   aludido  axioma  lógico  –si  así  se  le  puede denominar a la  sola  enunciación  del  mismo-  ¿por  qué  debía  aceptarse una tesis de ese  talante   erigida   contra  las  cláusulas  contractuales?,  de  por  sí,  muy  específicas  y  claras  sobre  el  particular.  Entonces  hace  depender  de su  sutileza  una  real  trasferencia  de  fondos,  donde  no  existe para lograr su  propósito  contradictorio,  cuando la refutación en esencia se encuentra en la  edificación del mismo raciocinio.      

3.4. Cuarto cargo.  

Lo   propuso   por   falso   juicio  de  identidad, pero lo combinó con  el  falso  raciocinio:  “Luego  solo quebrantado un  principio  de  lógica,  que nutre el principio de prohibición de regreso en el  campo  teórico,  y  en virtud de una apreciación errónea de los hechos, puede  decirse  que  el incumplimiento de Alfredo Muñoz es irrelevante”;  fomentando  la  vulneración  del  postulado de autonomía, varias  veces  aquí  tratado.  Amén  que  no  soportó  el  reproche por alguno de los  sentidos  determinados  por  la  jurisprudencia,  como  se  verá más adelante.   

Sumado  a  ello,  se advierte en la censura  innumerables  afirmaciones subjetivas carentes de respaldo probatorio; ambiguas,  genéricas  y  expuestas  como si fuese un escrito de libre factura, lo cual, es  inadmisible en casación.    

Véanse   algunas   suposiciones   con  sus  correspondientes          defectos          argumentativos:         (1)   se   presentó   una   “fingida    fiducia”,   (2)   “para  apoderarse    ilegalmente    de   una   rentas   ya   trasferidas”,      (3)  “Este  yerro,  a  la  vez, desvía la atención del  verdadero  autor del artificio  de defraudación de defraudación contra la  Fiduciaria    Cáceres   y   Ferro”,   (4)    se    introducen    “todas  las apreciaciones equivocadas de la sentencia, puesto que  la  simulación  de  Alfredo  Muño  (sic)  en connivencia con Corabastos, queda  cubierta  por  un  cariz  de  legalidad  aparente,  cuando  es un comportamiento  avieso,  ilegal y de mala fe, que genera la defraudación de los inversionistas.  Pero  no  por  acto  de los representantes legales de la Fiduciaria, sino por la  actuación  contraria  a  derecho de Alfredo Muñoz”,  (5)     “El  error  de  identidad desvía la atención sobre el verdadero  autor  de  la  estafa,  para  tratar  de colocarla a cargo de otros, -Cáceres y  Borrero-  que  no  son  sino  autores  del  fraude  sino  también víctimas del  procedimiento  de  mala fe de Alfredo Muñoz, que queda cubierto por el error de  identidad    sobre    la    irrevocabilidad    de    la   fiducia”.     

Como  el  Tribunal  de  Bogotá  no estuvo de  acuerdo  con  su  criterio  jurídico, lo combatió con denuncias y afirmaciones  incriminatorias   contra   Alfredo  Muñoz,    de   quien   dijo   –en  pocas palabras- que era un delincuente de talla mayor, y por eso  se  desdibujó la característica de irrevocable. Con tal actuar, vulneró todos  los  postulados  que  sostienen  el  recurso de casación, como los de claridad,  objetividad,  precisión,  entre  otros,  y dejo vacía de contenido la censura,  por  sustentarla  en un sinnúmero de especulaciones sin estar acreditadas en el  plexo   probatorio,   pues   sostiene   que   son   también  testaferros.    

Cuando  citó  el  sofisma  de  petición  de  principio  para  referirse  a  un tema tratado en otros cargos, como es el de la  aprobación   por   parte   de  Corabastos  de  la  cesión  de  los  derechos  pecuniarios  a  la  fiduciaria  Cáceres   y   Ferro,  para  sostener  que  no  se  requería; es el mismo defensor quien cae en sus amaños,  pues  él  es  quien  debió  demostrar  que  su  simple  y llana afirmación se  corresponde  con  la  realidad  probatoria,  como  no  lo  hizo  así, en tanto,  también  desconoció  la  prueba  valorada  por  el  Tribunal,  que sostiene lo  contrario;   entonces,   en   principio   su  petición  cae  en  el  campo  del  absurdo.    

Finalmente,  en  lo  que  concierne  a  esta  censura,   es  tan  contradictoria  la  argumentación  presentada  –también  en  el  resto  de los cargos  elevados    a    favor    del    inculpado    Gustavo  Cáceres-,   que   el  propio  defensor  –con    sus   palabras-   acepta   la  responsabilidad  penal  del  mismo:  “El  error  de  identidad  desvía  la  atención  sobre  el  verdadero autor de la estafa, para  tratar   de  colocarla  a  cargo  de  otros,  -Cáceres  y  Ferro-  que  no  son  sino  autores  del fraude sino también víctimas del  procedimiento  de mala fe de Alfredo Muñoz, que queda  encubierto   por   el   error  de  identidad  sobre  la  irrevocabilidad  de  la  fiducia”.   

3.5. Quinto cargo.  

Parece  ser  que  también lo sustentó por  falso  raciocinio, pues este ataque presenta los mismos vicios de los anteriores  que  fueron  motivados por la misma ruta, los cuales aplican en todo su contexto  aquí;  en  donde  indicó  que  la  cesión   de  derechos  pecuniarios no  requería  ser  notificada  a  Corabastos,  que  esa no es la naturaleza de esos  actos  comerciales,  por  ende, aterriza en una supuesta atipidad de la conducta  al  no  hallar ningún artificio o engaño, motivo suficiente para absolver a su  prohijado.      

Contra todo lo manifestado por el Tribunal y  las  pruebas  traídas para su valoración, el actor hizo caso omiso de ello, al  indicar  que  ya  se  había  terminado la fase de construcción, cuando el Juez  Colegiado  afirmó  lo  contrario  con  base  en  el  testimonio de Alfredo   Muñoz   y   demás   elementos  probatorios,  de  los  cuales  ninguno  trabajó el recurrente para demostrar el  yerro  del análisis judicial-, en donde también desconoció las cláusulas del  contrato  de  concesión  047-97, en donde se pactó de manera diversa a como la  entiende el jurista.         

3.6.  Vicios  comunes  a los once (11) cargos  presentados   por  los  defensores  de  Rodrigo  Borrero  Pastrana  y Gustavo Cáceres Ferro:   

a)     Sobre     el     principio    de  trascendencia.   

En  la  exhibida  a  favor  de  Borrero,   en  punto  del  tercer  ataque  elevado por falso juicio de existencia, el defensor expuso:   

“La  trascendencia  de  la  prueba ignorada o no tenida en cuenta es tal, que su sola  apreciación  hubiera  llevado al claro reconocimiento del carácter atípico de  las  conductas  de  los  procesados, tal como se hizo en el fallo absolutorio de  primera           instancia”.   

b)  Respecto  de la  sustentada    a    nombre   de   Cáceres,  se  expuso,  en  la  primera censura, lo siguiente:   

“Incidencia total del error en el sentido  de  la  sentencia:  De  modo  H. Magistrados, que, como es lo cierto,  de  no  mediar  dicho  error de apreciación, la Sentencia (sic)  hubiera  venido  a  concluir  que  el  negocio  era un contrato válido, real…  hubiera  sido la contraria a la impugnada… coherente  con la prueba y una sana interpretación probatoria y jurídica”.   

En        la        segunda censura:   

“De manera que  la  incidencia del error en el fallo es ostensible pues la falta de información  sobre  la  situación  patrimonial  de  Cáceres  y  Ferro que cualquiera sea su  volumen,  no  puede  entrar en el patrimonio del fideicomiso de Corabastos… el  hecho  económico  que  si  incide  en  la  situación del fallo, cual es que la  fiducia  Corabastos  tenía  a partir de la firma del fideicomiso unos recurso y  flujos  de  caja  de  12  mil  millones,  más  que  suficiente  para cubrir los  certificados,  que  quedaron cubiertos y se habrían pagado correctamente, de no  mediar  el acto de mala fe del propio Alfredo Muñoz y Corabastos, que defraudó  el  fondeo  del fideicomiso que el mismo había constituido para provecho de sus  propios    intereses.    Pero   este   aspecto   no   fue   analizado   por   la  sentencia”   (Subrayado  fuera de texto)     

En       el       tercer cargo indicó:   

“De  no  haber  tenido esta equivocada  apreciación  de los hechos definidos en los contratos, y la situación fáctica  en  estudio,  que  involucraba  a  la fiduciaria y al fideicomitente,  no  hubiera podido afirmar que expedir los certificados fue un  ardid  o  maniobra  para  defraudar,  en  cambio  de  lo  que  realmente  es: el  cumplimiento  estricto  del contrato según la ley, las cláusulas convenidas, y  la   experiencia   y   la   lógica”.   

En       la       cuarta,    también   sostuvo   el  defensor:   

“De haber  dado  la  relevancia  que el hecho de la irrevocabilidad tiene en la fiducia, el  sentido  de la sentencia sería el de imputar la estafa al verdadero defraudador  de      las     expectativas     –Alfredo  Muñoz-  por  su comportamiento para burlas los recursos  ya  trasferidos  a  la  fiduciaria  con evidente mala fe, en contra de su propio  hecho,  y  no  hubiera  considerado  que  resultaba  irrelevante  con  lo  que  de  haberlo  observado  sin  error  hubiera preferido  confirmación   a   la   sentencia  absolutoria  de  Cáceres  y  Borrero  ahora  condenados, por los errores enunciados y explicados”.   

Por   último,   en   la   quinta, dijo:   

“De  no  haber  caído  en  este error de apreciación sobre la notificación y su efecto  en  la  colocación  de  los  certificados de beneficio fiduciario, la sentencia  habría  sido  en  sentido  diversa  a la proferida,  ante  el  hecho  evidente de que ello no tenía relación con terceros ni podía  constituir  engaño  para  ellos  pues  es  el  modo operativo de la fiducia, ni  incidía  en  la  obligatoriedad  de  colocar  los certificados como parte de la  gestión   y   las   obligaciones   de   las  clausulas  (sic)  del  fideicomiso  perfectamente celebrado”.   

Con tal actuar  los   profesionales   del   derecho   desbordaron       los  contenidos  lógicos  requeridos  en  sede  extraordinaria  y  los acomodaron          –a  propósito  del  tantas  veces  citado por ellos- sofisma   de   petición  de  principio14,  el  cual  enseña,  en sus  diversas  manifestaciones  epistemológicas,  que no se puede dar por probado lo  que  es  obligación demostrar, dejando sin sentido y en el vacío la estructura  más   fundamental   de   todos   los   ataques,   como   es   la   trascendencia     de     los     yerros  denunciados.     

En  atención  a  las  restantes cinco censuras del libelo motivado a favor  de  Rodrigo Borrero Pastrana,  los  dislates  plurales  son de alcances jurídicos intensos y mayúsculos, pues  en  ninguno  de  los  ataques  se  plasmó  las  consecuencias  inmediatas de la  violación  a  la  ley  sustancial  demandada,  tanto  como  para  constatar los  razonamientos esgrimidos al presentar los yerros como tal.   

En  efecto:  los  profesionales  del  derecho  ignoraron      por      completo      el      postulado      de     trascendencia,  del  que  no  se ocuparon,  reflexionaron  ni pensaron en ninguno de los reproches como lo tiene establecido  la  jurisprudencia;  con esa omisión sustancial, dejaron anodina la eficacia de  las  mismas;  motivo  por  el  cual,  los  agravios  propuestos  contra el fallo  expedido  por  el  Tribunal  de  Bogotá,  se  muestran efímeros, por cuanto el  aludido  principio  jamás  se  acredita  con  la  repetición de los argumentos  diseñados   en   la   parte   motiva  del  libelo  y  menos  aún  –como  se  advierte  en  las  demandas  objeto  de  estudio- dándolos por acreditados o excluyéndolas en forma total o  parcial  de  la  argumentación.  Por tanto, la demostración del yerro evocado,  será,  pues, el reflejo latente de las consecuencias objetivas de la violación  correlacionándola   en   su   esencia   con   un   precepto   del   Bloque   de  Constitucionalidad,  la  Constitución  o   la  norma  llamada a regular el  caso:  nada de lo expuesto realizaron los juristas, razón por la cual, aunado a  lo   fundamentado   por   la   Sala   en   esta   decisión,   se   inadmitirán   las   demandas   elevadas   a   favor  de  Rodrigo   Borrero  Pastrana  y  Gustavo  Cáceres  Ferro.    

b)  Sobre  el  delito  de estafa.   

La  descripción  típica  consagrada  en  el  Decreto  Ley  100  de  1980,  en  atención  a  la infracción por la que fueron  condenados los inculpados, era del siguiente tener:   

“ARTICULO  356. ESTAFA. El que  induciendo  o  manteniendo  a otro en error, por medio de artificios o engaños,  obtenga   provecho   ilícito   para   sí  o  para  un  tercero  con  perjuicio  ajeno”   

La  Sala  en  el  radicado  31.663,  de 28 de  septiembre   de   2006,   con   ocasión   al   injusto   aludido,   plasmó  lo  siguiente:   

“En  atención  al  texto  legal,  como  elementos  integrantes  del  tipo  penal  suelen  enumerarse:  (i)  El empleo de  artificios  o engaños; (ii) la inducción en error; (iii) el provecho ilícito;  y, (iv) el perjuicio.   

Frente a este tipo penal la jurisprudencia  ha  sostenido que la inducción en error debe preceder al provecho ilícito y al  daño, porque en relación con este:    

“nuestra  legislación (lo) coloca al lado  de  los  artificios  como  medios  de la estafa, pues si bien en este caso no se  requiere  una representación ni una apariencia material externa para inducir en  error  a  la  víctima  si se necesita presentar ante ésta una falsa apariencia  lógica  o  sentimental  para  moverla a engaño, como cuando se hace creer, sin  otro  recurso  que las palabras, en la existencia de grandes empresas o de poder  económico  o  en  créditos  que  no  existen  o  en  la  segura  ocurrencia de  acontecimientos que se sabe no van a tener lugar, etc.   

Todo  esto  debe  ir  acompañado  por  un  elemento  subjetivo  adecuado  consistente  en  la  conciencia  de  estar usando  artificios  o  engaños  con  el  propósito  de inducir a alguien en error para  procurarse así mismo o a otro un provecho injusto.   

Es  obvio  que  ese  dolo  tiene  que  ser  anterior  al momento en que el sujeto pasivo es engañado y también a aquél en  que   éste   se   despoja  de  la  cosa  y  la  entrega  al  agente  o  a  otra  persona.   

También debe existir un nexo de causalidad  entre  la  acción  del culpable y el error producido en la mente de la víctima  así  como entre éste y la entrega de la cosa y entre todos esos elementos y el  daño que se produce a la víctima del error o a un tercero.   

Faltando cualquiera de esos eslabones de la  cadena  causal  viene  a menos la estafa, lo mismo que cuando se altera el orden  de ellos.   

Significa lo anterior que la inducción en  error debe preceder al provecho ilícito y al daño.   

Cuando las maniobras engañosas, consisten  o  no  en  una “mise en scene”, son posteriores a la entrega de la cosa no puede  hablarse de estafa”. (Cas. Sep. 19 de 1978)   

Volviendo  sobre el mismo tema en reciente  oportunidad  se  reitero  que  “el  precepto”, además de exigir la presencia de  ciertas   modalidades   conductuales  previas  a  la  obtención  del  resultado  (provecho  ilícito),  demanda  que las mismas se presenten en específico orden  cronológico  (primero el artificio, luego el error y después el desplazamiento  patrimonial),  y que entre ellas exista un encadenamiento causal inequívoco, es  decir  que  el  uno  conduzca  necesariamente  al  otro,  de suerte que si estos  requerimientos  conductuales  no  se  presentan,  o  presentándose concurren en  desorden,  o  la cadena causal se rompe, trastoca o invierte, no podrá hablarse  del   delito   de   estafa.   (Radicado:   24729,   casación   de  Junio  8  de  2006).   

Los   defensores   se   contentaron   con  replicar     los   artificios   y  engaños,  desde  puntos  de  vista  individuales   y   apartados   de   la  realidad  probatoria  valorada  por  los  funcionarios  de segundo grado, sin ocuparse, además, de abordar el resto de la  dogmática  inherente  al  injusto  imputado  de estafa, con esta omisión fatal  dejaron  incólume  toda  la  estructura  del  punible,  como  lo  evidencia  la  jurisprudencia citada.     

c) Expuso el Tribunal:  

“Tales  conceptos  aluden  a  la  misma  finalidad,  cual  es  mantener  en  error  por  medio  de  artificios, engaños,  maniobras  hábiles,  astutas,  maquinaciones  sutiles,  refinadas,  verbales  o  escritas  a  la  víctima al producir en ella yerro o representación equivocada  de algo. (…)   

Acorde  con  las anteriores precisiones se  tiene  que  el acervo probatorio permite evidenciar la  existencia  de  medios  artificiosos  o  engañosos desplegados por los acusados  Cáceres  Ferro  y  Borrero  Pastrana  para  generar  error  en  las víctimas y  aprovecharse      ilícitamente      de      sus     respectivos     patrimonios  económicos.   

Innegablemente los acusados disponiendo el  camino  para  la  ilicitud  y  apoyados  en  el  renombre  que  antecedía  a la  Fiduciaria  Cáceres y Ferro S.A. a través de la cual se administraban diversos  fideicomisos  constituidos  como patrimonios autónomos exhibieron una solvencia  económica  empresarial  que  lejos  estaba  de  ostentar  la  sociedad,  en ese  momento,  dada  su iliquidez e inadecuado manejo, lo que se infiere realizando a  fin  de  llevar  a  las  víctimas  a un convencimiento errado sobre la realidad  patrimonial  de  la empresa y lograr el desprendimiento dinerario como evidencia  las  manifestaciones  de algunos de los afectados hechas anteladamente e incluso  la  resolución  0721  de 13 de mayo de 1999 al enunciar como uno de los motivos  determinantes  de  la  posesión de la Fiduciaria Cáceres el manejo inseguro de  los  negocios  fiduciarios toda vez que a pesar que los difeicomisos presentaban  graves  situaciones  de  iliquidez,  la  fiduciaria  recibía  los  dineros  del  público  a sabiendas que no les iba a poder retomar ni el capital y mucho menos  sus  intereses,  lo  cual  constituye,  a  todas  luces,  un manejo inseguro del  negocio fiduciario.   

Acorde con lo dicho surge que los acusados  dado  el estado de iliquidez en que se encontraba la Fiduciaria Cáceres y Ferro  S.A.   que   representan  y  que  administra  varios  fideicomisos  optaron  por  acudir como modus operandi para hacer caer en error a  las  víctimas  en  el aprovechamiento de la imagen empresarial que ostentaba la  sociedad  aunque  para  el  momento de los hechos ya no correspondía a la real,  pues  se  encontraba  en quiebra lo que no se dio a conocer a los inversionistas  que  convencidos  de  las excelsas condiciones monetarias de aquella, terminaron  accediendo  a  entregar  grandes  sumas  dinerarias  atraídos  no  solo  por la  presunta  solidez  de  la empresa sino por las bien montadas argucias respecto a  los  magníficos rendimientos que obtendrían durante 42 meses y el respaldo que  representaba  el fideicomiso en el que iban a invertir al involucrar una empresa  de  economía  mixta  de  la  que  se  derivaba  respaldo  estatal,  como era la  Corporación    de    Abastos    de    Bogotá    S.A.    Corabastos”.     

Tal  y como se desprende de lo anotado por la  instancia  superior,  los demandantes dejaron un amplio sector de evidencias sin  cuestionar,  menos  aún,  acometieron  los diversos indicios construidos contra  sus  prohijados  –como se  indicó  en páginas anteriores-; además, inundaron sus escritos de conjeturas,  hipótesis,  suposiciones  y  figuraciones  de  estirpe  subjetiva,  propias  de  memoriales   elaborados   de  manera  libre,  genérica  y  vaga,  desde  luego,  inadmisible  en  sede  extraordinaria; por último, obviaron trabajar los demás  elementos  descriptivos y normativos del tipo penal por el que fueron condenados  los  procesados,  y a los que ampliamente hizo alusión el Juez Colegiado, en el  fallo  condenatorio,  mismo  que  revocó la absolución dictada por el 38 Penal  del Circuito de Bogotá.     

Así   las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio de limitación, las  deficiencias  de  la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable  propia  del  recurrente,  para  complementarla,  adicionarla  o  corregirla,  máxime  cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Sala,  de  ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

La  Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con  la ley y la jurisprudencia, en donde paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el recurrente  exponga  con  una temática jurídica contundente que las instancias desbordaron  la  aplicación  o  interpretación  del  derecho  en relación con los hechos y  pruebas aceptadas, entre otras alternativas.   

Otro   de   los   postulados   del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por  esta  potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera  la  exclusiva  voluntad  de los libelistas, más no se exponen de  manera  trascendente  la  injuria,  vilipendio  o  afrenta  a  la  ley, la   Constitución o al Bloque de Constitucionalidad.   

No    es    que    la    “técnica” por si misma tenga como fin  enervar  los  derechos  adquiridos a los intervinientes o sujetos procesales, ni  pueda  reflexionarse  siquiera  que  los yerros conducen a la Corte a desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego  entrar  a decidir el problema de fondo: lo cual es absurdo, inconveniente  e incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que los recurrentes  presentaron  una  alegación  producto de su propia percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por los funcionarios judiciales, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto casacional.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo  impone la preceptiva consagrada en el artículo 116 de la Ley 600 de  2000.   

Finalmente,   estudiado  el  ataque,  sólo  conjeturas,  suposiciones  y especulaciones identifican las censuras, sin que se  hubiese  presentado  una  motivación coherente con las propuestas casacionales,  circunstancia     por     la     cual,    la    Sala  inadmitirá   los   libelos   presentados   por   los  defensores   a  nombre  de  GUSTAVO  CÁCERES  FERRO  y  RODRIGO       BORRERO       PASTRANA.   

Con fundamento en lo expuesto, la Sala    de    Casación    Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:  Inadmitir               las         demandas    de   casación   presentadas    a    nombre   de   GUSTAVO   CÁCERES  FERRO  y  RODRIGO  BORRERO  PASTRANA, en virtud de lo  argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo: Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Tercero:  Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                            

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO          GÓMEZ  QUINTERO                                               AUGUSTO                                J.                                IBAÑEZ  GUZMÁN                   

                                               

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS                                                 YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

                  

JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA                                                                                                              JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

                                                                         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria     

1  Las  sentencias de primera y segunda instancia fueron  proferidas  el  38  de  agosto  de  2008 y   8  de  julio  de  2009, respectivamente.   

2 Ver  c.o. No. 2, folio 5.   

3 Ver  folio 236, c.o., número 4.   

4  En  acatamiento  al  pacto  arbitral  generado  por el contrato de concesión 047 de  19997,  al  tenor  de  la  cláusula  No.  26:  “Las  diferencias  que  se  susciten  en  relación con el Contrato distintas a las de  carácter  eminentemente técnico, serán sometidas a árbitros colombianos, dos  (2)  de  los cuales serán designados uno (1)  por cada una de las partes y  el  tercero (3°) por la Cámara de Comercio de Santa Fe de Bogotá. Se fallará  siempre  en derecho y el domicilio del Tribunal será en Santa Fe de Bogotá. En  todo   caso   habrá   lugar   al   recurso   de   anulación   previsto  en  la  Ley”.   

      5  Anunció:  “mediante  el  presente  escrito  formulo (sic) denuncia penal en  contra  del  Señor  (sic)  Gustavo  Cáceres  Ferro,  exgerente  de la Sociedad  Fiduciaria  Cáceres  y  Ferro S.A., y contra todas las demás personas que como  autores  intelectuales  y materiales, cómplices y encubridores, puedan resultar  responsables  del  delito  de  Captación  Ilegal  de  Fondos del Público… La  Fiduciaria  Cáceres  y  Ferro  quedó  obligada  a  construir  sobre el lote de  terreno  más  de  10  torres  de  edificios de conformidad a lo convenido en la  Escritura  de  constitución  del Fideicomiso FENIX 2505… pero esta empresa no  dio  cumplimiento  a  lo  pactado”.  C. O. 2, folio  3.   

     

        6   Hernando  Pulido  Osuna, el 4 de julio de 2003, declaró bajo la  gravedad    del    juramento    ante   la   Fiscalía   72   que:   “Poco  tiempo  después,   (Agosto de 1.998) los CACERES nos  presentaron  un  negocio  en  el  cual  el  señor  ALFREDO  MUÑOZ, cedía a la  fiduciaria   una   concesión   de   arriendos  y  peajes  que  poseía  por  la  construcción  de  unas  bodegas  en  Corabastos,  contra  la captación de unos  dineros  adicionales,  exhibieron el contrato entre ALFREDO MUÑOZ y CORABASTOS,  y  el  correspondiente  a  la  cesión del mismo a la Fiduciaria, en el que todo  parecía  perfecto;  ellos  (Los  Cáceres)  nos aseguraron que dicho negocio ya  estaba  en  plena  operación  con todas sus seguridades vigentes. La Fiduciaria  nos  pagaría  intereses  por  42  meses  sobre la suma total de los dineros que  provenían  de  los  certificados fiduciarios anteriores y las plata frescas que  aportamos  en  ese  momento.  En  vista de la confianza que les teníamos, de la  insistencia   de  ellos  para  que  participaramos  (sic)  en  este  Fideicomiso  presentado  como un magnifico negocio y de los documentos que nos presentaron en  ese  momento,  yo  personalmente  aporté el día 8 de septiembre 60 millones de  pesos  más o menos y me expidieron un título el cual fue allegado a la demanda  que  pretendo  en  acción civil, llamados certificados de BENEFICIO FIDUCIARIO,  por  la  suma  de  250  millones  que englobaba los títulos anteriores y los 60  millones  que  estaba  aportando en ésta fecha. Ante las magnificas condiciones  planteadas  para  esa  transacción  y  de  las seguridades que nos dieron en el  sentido  de  que  con  este  negocio además se superarían los tropiezos de los  otros  fideicomisos”.  C. O., 4, folio 84-85.    

       

        7  En  la  denuncia penal elevada por el  apoderado  judicial  de  las señoras indicadas se dijo, entre otras cosas, que:  “DOS  DE  LOS  CLIENTES  QUE  LA  FIDUCIARIA LOGRÓ  ATRAER  A  INVERTIR  EN EL FIDEICOMISO CORABASTOS, ES BUENO RECALCARLO DESDE YA,  FUERON  PRECISAMENTE,  NOHORA  SÁNCHEZ  CUÉLLAR  y, a través de ella, su hija  NATALIA  JARAMILLO  SANCHEZ.  Pues  bien a dona Nohora la Sociedad Fiduciaria NO  TUVO  INCONVENIENTE ninguno en afirmarle y reiterarle, hasta convencerla, de las  ventajas  y  seguridades  que  ofrecía  el Fideicomiso CORABASTOS; que el mismo  estaba  en plenas marcha y ejecución y, además, que de el (sic) se obtendrían  jugosas  ganancias  ya  debidamente  garantizadas,  en resumen, que era un HECHO  CUMPLIDO   e   “in  crecendo”.  Fue  solo  POR   y  EN  razón  de  ese  convencimiento,  y  de  tacitas y expresas manifestaciones sobre la rentabilidad  que  ofrecía  el  negocio  y  sobre  la  SALUD  FINANCIERA de la entidad, viles  mentiras  utilizadas  para  captar  fondos,  actividad  PARA  LA  QUE  NO ESTABA  AUTORIZADA  LA  FIDUCIARIA,  (por  lo  que  procedieron  a  dar  a  negocio  una  apariencia  diferente  a  la  de  su verdadera esencia, Fiducia de inversión en  lugar  de MUTUO), que lograron determinar a mis poderdantes para invertir allí,  en  su  nombre  y  en el de su hija, en total, la NO DESPRECIABLE SUMA DE CIENTO  SESENTA   MILLONES   DE   PESOS  ($160’000.000.oo)”.   C.   O.   3,   folio  8.   

     

       8 El 19 de febrero de 2002, la Fiscalía  162,  le  recibió declaración jurada a Stella Vargas  de  Tisnes,  quien  en  uno  de  sus apartes afirmó:  “hace  7  años quede (sic) viuda habiendo heredado  de  mi  esposo  una casa… eso lo herede (sic) para mi y para mis dos hijas, la  casa  se vendió porque se iba a construir un edificio de oficinas… en la obra  intervino  la  Fiduciaria  CACERES  (sic) Y FERRO que eran los interventores, en  aquella  ocasión me insinuaron el doctor FERNANDO BORRERO PASTRANA directivo de  CEDERES  (sic)  Y FERRO que colocara esa plata a interes (sic)… yo volvi (sic)  y  endose los cheques o sea los ciento cincuenta millones de pesos, los endose a  CECERES  (sic) Y FERRO, noventa millones fueron decomisados (sic) al decomiso de  Bella  Vista…  al  cabo de dos años me devolvió (sic) mi hermana los sesenta  millones  que le preste, me dirigi (sic) a las oficinas de CECERES (sic) Y FERRO  para  dejarlos  consignados, en el proyecto de corabastos, en diciembre del año  98  me  recibieron los sesenta millones de pesos que yo le preste a mi hermana y  ella  me  devolvió (sic), y yo entregue los sesenta millones de pesos a CECERES  (sic)  Y  FERRO y ellos me lo recibieron estando ya liquidados, yo no sabía que  ellos  estaban  iliquidos (sic) o sino yo no dejo la plata, nunca me devolvieron  mi  plata  ni  intereses  ni  nada…  la estafa consistio (sic) en recibirme la  plata”. C. O. 1, folio 102-203.   

      9 En uno de los apartes de  la   denuncia   afirmó   el   representante  jurídico  de  ella:  “BONITA  Y  ELEGANTE  MANERA PARA DENOMINAR LA ESTAFA, PIENSO YO.  Con  este  tipo  de  conclusiones  se  enmarca  directamente  la gestión de los  directores  de  la  sociedad  Fiduciaria  dentro  de  los límites generales del  Derecho  Penal  y  particulares de la estafa… en primer lugar la fiduciaria le  ofrecía  a  su (sic) clientes inversiones en las que ostentarían calidades que  en  realidad NO se presentaban por ausencia absoluta de sus elementos esenciales  (Fiducia  de  inversión)  y,  en segundo lugar al asegurar… que la Fiduciaria  animaba  a  sus clientes a invertir, A SABIENDAS que no iba poder cumplir con el  pago  de intereses que pactaba, mucho menos con el retorno del capital, teniendo  además  en  cuenta  que  los  clientes  no  recibían a cambio de su inversión  ningún  bien  o servicio, lo que resalta el carecer de MUTUO de cada una de las  operaciones  y  que  la  fiduciaria NO estaba autorizada para ello, aspectos que  SIEMPRE    LE    FUERON   DISFRAZADOS   A   LOS   INVERSIONISTAS”. C.O, 1, folios 4-5.   

10  También  se  equivocó  el  Tribunal  cuando  anunció  que  el  citado vocablo  (irrevocabilidad)  “no tiene transcendencia alguna,  ‘no  resulta  relevante  dentro del proceso penal”.   

11 Lo  único  que  requiere notificación, en su concepto, es la cesión de créditos,  por  medio  del  cual  se  constituyó  el patrimonio autónomo del fideicomiso.   

12  Evento  que  debe  ser  atacado  como  violación  al derecho de defensa y no al  principio de investigación integral.   

13  Obra  “Metafísica” de Aristóteles, “Nada puede  ser   y   no   ser  al  mismo  tiempo  y  en  el  mismo  sentido”.   

14  ARISTÓTELES,  “Tratado  de la Lógica” (EL ORGANÓN), Primeros Analíticos,  Editorial  Porrúa,  Número  124,  año 2004, México D.F., Pág. 191; allí el  gran  filosofo  enseña:  “Por tanto, si incurrir en  una  petición  de principio consiste en demostrar únicamente por sí misma una  cosa  que  por  sí  misma no es evidente, y si no se la demuestra, ya porque el  objeto  que ha de demostrarse y los objetos mediante los que se quiere demostrar  son  igualmente desconocidos, ya porque se atribuyen cosas idénticas a un mismo  término,  o el mismo término lo sea a cosas idénticas, siempre resulta que en  la  figura  media  y  en  la  tercera  se puede igualmente incurrir de estas dos  maneras  últimas  en  una  petición de principio”.     

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