32886(14-04-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32886  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta: 114  

Bogotá,  D.  C, catorce (14) de abril de dos  mil diez (2010).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación        discrecional       presentada  por  el  apoderado de la parte  civil,  contra el fallo proferido en segunda instancia  por   el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Chocontá  (Cundinamarca)1,  quien confirmó  la  absolución  decretada  por  el  Juzgado Tercero Penal  Municipal    de    Zipaquirá,   a   favor   de   los  procesados GILBERTO CAMPUZANO  OSPINA  y  RICARDO  CAMPUZANO  CLAVIJO, quienes fueron  vinculados  a  la actuación por el punible de abuso de  confianza.   

H    E    C    H   O   S   

El  25 de septiembre de 2000, la Fiscalía  Local  de  Zipaquirá, recibió  escrito   presentado  por  la  señora  Leonor  Ospina  Malagón,  quien  dijo  actuar  a  nombre  propio y en  representación  de sus hermanos Manuel, Nohora, Jairo,  Jorge  Hernando, Carlos Agustín, Javier y Gloria Aide;  herederos     del     señor     Antonio     Ospina  Cubillos,  quien falleció el 9 de septiembre de 2000.   

La  referida señora instauró denuncia penal  contra    GILBERTO    CAMPUZANO   OSPINA,  de  quien  dijo  arribó  a  su  casa  en el año 1990 donde ella  convivía     con    su    padre    Manuel    Ospina  Cubillos       y       mediante      “maniobras   y   engaños”,  desde  el  año   1997,   aquél  influyó  en  su  progenitor2,  conquistando  su  confianza,  motivo  por  el  cual, él disgustó con todos sus hijos, hasta el punto que les  prohibió   la   administración  de  sus  negocios3.   

También  logró  el  inculpado  referido, el  traspaso  a  su  nombre  de las cuentas bancarias durante el año señalado y el  2000,  apropiándose  de  altas  sumas  de  dinero  allí depositadas y de otros  bienes  de  propiedad  de  Ospina Cubillos.   

Todo  esto  lo  realizó  en  complicidad con  RICARDO  CAMPUZANO  CLAVIJO,  quienes  sustrajeron ganado, leche y pasto, sin rendir cuenta a ninguna persona.   

A C T U A C I Ó N    P R O C E  S A L   

1.  El 24 de febrero  de  2004,  la  Fiscalía 006 Delegada ante los Juzgados  Penales  Municipales de Zipaquirá, dictó resolución    de    acusación   contra  GILBERTO  CAMPUZANO  OSPINA,  como    presunto    autor  responsable     del     punible    de    abuso    de  confianza.  En  la  misma  decisión,  le precluyó la  instrucción      a      RICARDO     CAMPUZANO  CLAVIJO.   

2. El 22 de agosto de  2005,   la   Unidad  Delegada  ante  el  Tribunal  de  Cundinamarca,               resolvió:           a)  negar  la declaratoria de caducidad de  la   querella   como   la   prescripción  de  la  acción  penal,  b)   confirmar   la   imputación  contra  GILBERTO     CAMPUZANO     OSPINA     y  c)  revocar la  preclusión,   para  en  su  lugar,  dictar  resolución  de  acusación  contra  RICARDO  CAMPUZANO CLAVIJO, a  título  de  coautor  del  delito  de abuso  de confianza4   

3. El 29 de enero de  2008,  el Juzgado Tercero Penal Municipal de Zipaquirá  (Cundinamarca),              absolvió  a  los  procesados  del  delito  imputado.   

4. El 20 de abril de  2009,  El  Juzgado  Penal  del  Circuito  de Chocontá  (Cundinamarca),   por   apelación   elevada  por  el  representante  de la parte civil, confirmó la providencia aludida.   

6.  El mismo sujeto  procesal,  inconforme  con  la  decisión  de  segundo  grado,  la  recurrió en  casación  y  la  defensa técnica anexó a la actuación escrito oponiéndose a  las pretensiones del libelo que hoy califica la Sala.   

D   E   M   A   N   D  A    

Bajo   el   imperio   de   la  Ley  600  de  2000,  el  actor  atacó  la  sentencia  condenatoria de segundo nivel por falso raciocinio. Siendo ello así,  anunció    que    “la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  consiste  en que el juzgador de  segunda  instancia  dejó  de aplicar lo dispuesto en el artículo 249 del C.P.,  que   dice   ‘Abuso  de  Confianza’… desconoció  en  su  totalidad  el  verdadero  contenido  de  la prueba documental legalmente  aportada  al  investigativo,  como son los diferentes extractos bancarios que en  forma  detallada  muestran  cada  una  de  las  consignaciones  y retiros que en  efectivo   realizó   el   incriminado   GILBERTO  CAMPUZANO  OSPINA”.   

Como  el  escrito  se  asimila  a un memorial  confeccionado  de  manera  libre, genérica y subjetiva, la Sala lo resumirá en  varios  ítems, con el objeto de facilitar su entendimiento y claridad, el actor  afirmó:   

Falso raciocinio:  

a)  El  procesado  “se  apropio de sumas de  dinero  exorbitantes  que  no  le  pertenecían  y  que fueron entregadas por su  dueño      a      título     no     traslaticio     de     dominio…  para  depositarlos  en  la  cuenta  particular   de   Fusagasuga   perteneciente   a   su   hijo   RICARDO   ALBERTO  CAMPUZANO”.   

b) Luego se refirió  el  actor  al  dinero  que  en  su  sentir fue motivo del ilícito: “todos  estos  dineros que ascienden a  la    suma    de    $   25.000.000.oo…      En      resumen     el     sindicado     GILBERTO…  en  esta  sola cuenta bancaria hizo  movimientos  por  $  92.879.641.oo para al final quedar en la inopia”.   

c)  Todo  ese  gran  capital  fue  derrochado  por  los  inculpados,  como  lo aceptó GILBERTO en la  injurada   “en  gastos  personales…  En  suma, y  está  plenamente  demostrado  a  través  de  la  abundante prueba documental y  testimonial,  que  el  procesado  de la noche a la mañana, sin tener de dónde,  sabiendo  que  según  su dicho su salario mensual solo era de 300.000.oo que le  pagaba  su  tío  y  uno  que  otro  ingreso  por  concepto de su sastrería, se  apropió  en  provecho suyo de los dineros de su tío que le fueron entregados a  título   no   traslaticio   de   dominio   en   una   cantidad   superior  a  $  197.041.737.oo”.   

d)  Con  base en lo  precedente  alegó que sin la menor duda estos acontecimientos van contra la ley  y   “queda  a  cabalidad  demostrado  el elemento requerido por la norma que tipifica y sanciona el delito  de      abuso      de     confianza”.   

e) Los falladores le  creyeron  al  incriminado  por  cuanto  fue  nombrado albacea de tales bienes y,  sobre  los  constantes  retiros de dineros, fue el mismo procesado quien aceptó  tales  movimientos  financieros por cuanto su familiar lo autorizó para hacerlo  así,  debido  a  su  edad  y  los  problemas de salud que padecía Ospina Cubillos.   

f)  Cuestionó  el  demandante  a las instancias al decir: “entonces  [¿] por qué no aplicar la norma que tipifica y sanciona  el  delito  de  abuso de confianza, cuando precisamente el elemento esencial que  la  configura esta plenamente demostrado y en esa norma jurídica es donde se ha  encuadrado  la  conducta  investigada?”.   

g) El funcionario de  segundo  grado,  “a pesar  de  haber ojeado el caudal probatorio, no le atribuyó a la prueba documental el  valor  probatorio que legalmente merece…   por   eso,   incurre   en  la  violación  indirecta”.   

h) En conclusión el  profesional  del derecho en representación de la parte civil, consideró que la  gran  variedad de pruebas documentales, conducen a la certeza del hecho punible,  de  la  mano  de la acusación realizada por la Fiscalía contra los procesados,  que no puede desconocerse.     

Finalmente,   indicó   que   “la   presente   demanda…  es  viable de manera excepcional de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  205 inciso final del C.P.P.,  concordante   con   el   artículo  209  de  la  misma  norma  (sic)”.  Motivo  por  el  cual solicitó casar la sentencia recurrida para en su lugar condenar a  los procesados por el delito de abuso de confianza.   

N  O    R  E  C  U  R  R  E N T E  S   

El  defensor afirmó que la demanda elaborada  por  el apoderado de la parte civil, contiene variados yerros como apreciaciones  personales,   mezcla  de  sentidos  de  ataque  por  la  vía  indirecta  y  que  “resulta contrario a toda  técnica  entremezclar  en  la  invocación  de  la  causal  primera, como en el  presente  caso  se  hace,  al  señalar errores de hecho (violación directa), y  seguidamente  afirmar  que  la  violación  indirecta  se  basa  en  la falta de  aplicación   de   una   norma   sustancial   (violación   directa)”.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

1.  La Corte  advierte que los ataques formulados  contra  la  sentencia  de segundo nivel, no reúnen los mínimos presupuestos de  coherencia  y lógica-argumentativa descritos por la jurisprudencia para admitir  la  demanda,  pues  si  bien  alegó el profesional del derecho en nombre de los  inculpados   GILBERTO   CAMPUZANO  OSPINA  y  RICARDO  CAMPUZANO   CLAVIJO,  un  error  propio  de  la  vía  indirecta  de  violación de la ley sustancial como punto de partida para lograr  su  infirmación;  en  el  desarrollo  y  demostración  del ataque incurrió el  defensor  en  graves,  múltiples  y  exacerbadas  falencias, las cuales atentan  contra  la  filosofía  que  inspira  el  recurso  extraordinario  de casación.   

2. Menos aún puede  entenderse  las  censuras  como nuevas rutas para confeccionar escritos de libre  factura  y, ensayar, por ese camino, derrumbar la doble presunción de acierto y  legalidad  inherente  a  las  decisiones  concebidas  en los proveídos; tampoco  consiste  en añadir un cúmulo de ideas disgregadas y fragmentadas en el libelo  en  búsqueda  de  fines  jurídicos  subjetivos o hipotéticos para asegurar un  posible éxito, tal como lo plasmó el recurrente.    

3. Viene afirmando la  Sala,   que  tratándose  de  la  casación  presentada  por  vía  discrecional          –en  este  caso, por cuanto el fallo de  segundo  nivel fue expedido por el Juzgado Quinto Penal  del  Circuito  de Chocontá-, la lógica argumentación  exigida  para tal eventualidad, guarda aún mayores requerimientos tanto legales  como  jurisprudenciales,  que la ordinaria, con el inmediato objeto de persuadir  a  la  Corte para aceptar unos planeamientos que, en principio, no proceden para  determinadas  actuaciones  extraordinarias;  por  tanto, la debida sustentación  debe  ir  avalada  por  situaciones  de  flagrantes vulneraciones a los derechos  constitucionales  fundamentales  o  a  la  imperiosa necesidad de desarrollar la  jurisprudencia,  casos  en los cuales, al demandante se le brinda la oportunidad  de  manifestarlos,  a  condición  de  apropiarse  de  una  verdadera  temática  casacional.   

4. Como metodología,  la  Sala  abordará  el  estudio  del libelo, estableciendo aquellos puntos más  preponderantes,  a  fin  de  determinar de manera precisa los desatinos de mayor  impacto,  con  el  objeto de brindarle al jurista suficiente claridad en torno a  los dislates presentados en su inconformidad.    

4.1.  Son  múltiples y complejos los errores  detectados en la demanda.   

El           primer yerro se constata en haber olvidado  el  libelista  sustentar  uno  de  los  dos  motivos  que por ley se exigen para  admitir  el  libelo,  contenido  en  el artículo 205, inciso 3 de la Ley 600 de  2000,       al       disciplinar       que       la       Sala      discrecionalmente podrá admitir demandas  de  casación  contra  sentencias  expedidas  por  funcionarios  diversos  a los  Magistrados    de    Tribunales,    “cuando   lo   considere   necesario   para   el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales, siempre   que   reúna   los  demás  requisitos  exigidos  por  la  ley”. (Subrayado fuera de texto)   

Se  hace  imperioso,  entonces,  motivar  y  discernir     que     se     consumó    en    instancias    una    vulneración    a    las   garantías  fundamentales,  puntualizadas  en  alguno  de  los  sentidos  expresados  por la ley y la jurisprudencia; desde  luego,  deberá  realizarse  tal  labor  intelectual,  en  el mismo contexto del  libelo  pero  delimitándolo  en  un  capítulo  aparte,  para  después, atarlo  coherentemente   a   la   argumentación  propia  de  una  casación  ordinaria:  presupuestos  que  no se satisfacen por el sólo hecho de haber sido citados por  el actor.   

Entraña,  en segundo lugar, el desarrollo   de  la  jurisprudencia,  una  ponderación  aquilatada  de  las tesis jurídicas que en juicio del profesional  del  derecho  deban  ser  perfeccionadas y mejoradas, naturalmente, tomando como  punto  de partida los criterios jurisprudenciales que se pretenden modernizar y,  como es obvio, aterrizados al caso cuestionado.   

El   segundo  error    –deviene  del  anterior-  el  cual  se  concretó  con  la  escueta e  insustancial   afirmación   del   actor   en   la   que  sostuvo:  “la  presente  demanda de casación es  viable  de  manera  excepcional  de conformidad con lo dispuesto en el artículo  205  inciso final del C.P.P., concordante con el artículo 209 de la misma norma  (sic)”,    sin    que  sustentará  el enunciado como lo tiene establecido la jurisprudencia; con tales  aserciones,  jamás  se  puede entender satisfecha la motivación requerida para  tales  temáticas  casacionales,  máxime  si  el recurso en sede extraordinaria  tiene   como   característica   esencial,   entre   muchas  otras,  el  de  ser  rogado.     

Desde  ya  se  advierte  que  con los yerros  atrás  anotados,  el  libelo  se  torna  insustancial,  pues  la omisión en la  explicación  y  demostración  de  los  presuntos vicios alegados, así como la  ausencia  de  precisión  de  la  ruta  que  debería  guiar  todo  el escenario  argumentativo,  confirman  que  el escrito fue ideado en un interregno netamente  subjetivo  y  en  contra  del  criterio  expuesto por los juzgadores: cuestiones  inadmisibles en sede extraordinaria.     

El           tercer  dislate  del  abogado  de la parte  civil,  esta  vez  se halla unido al desarrollo de la demanda, al ignorar que la  vía  indirecta,  por  él seleccionada, en cuanto al falso raciocinio, presenta  unos    condicionamientos    especiales   que   deben   orientar   el   discurso  epistemológico generado contra las decisiones cuestionadas.   

No   se   percató   que   el  falso  raciocinio  con sólo enunciarlo no  se  vulnera,  además  de ello, es su deber demostrar que los medios probatorios  allegados  al  proceso  legalmente,  al  ser  sopesados por los falladores en su  exacta  dimensión  fáctica,  le  asignaron  un  mérito  persuasivo  en  total  transgresión  a los principios de la lógica, leyes de la ciencia o máximas de  la experiencia.    

Habida  consideración,  tendrá  como  meta  didáctica  el  impugnante  determinar:  a)   qué   dice   de   manera   objetiva   el   medio,   b)  qué  infirió  de  él  el  juzgador,  c) cuál valor persuasivo le  fue  otorgado,  d) indicar la  regla    de   la   lógica   omitida   o   apropiada   al   caso,   e) o señalar la máxima de la experiencia  que  debió  valorarse,  con  el  objetivo  de  probar  que  el  fallo motivo de  impugnación tuvo que ser sustancialmente opuesto.   

Además,  es  deber  intelectual del jurista  revelar   cuál   es   el  aporte  científico  correcto  y,  por  supuesto,  la  trascendencia  del  error,  para  lo  cual tiene que presentar un nuevo panorama  fáctico,  contrario al declarado en instancias; nada de lo expuesto realizó el  actor,  solo  propuso  su  especial  manera  de  entender  el acervo probatorio,  extrayendo  conclusiones  jurídicas  previamente  rechazadas por la judicatura,  para  solicitar  la  condena de los procesados por una errada valoración de los  medios,  pero  acomodándola  a  su  propio  criterio  por  encima  del  de  los  falladores,  sin  ninguna temática casacional; pues la respuesta a los variados  interrogantes  que se hizo fueron materia de análisis por los juzgados, quienes  infirieron que los procesados no vulneraron la ley penal.   

El    cuarto  desafuero   tiene   que   ver   con   el  cúmulo  de  suposiciones,  conjeturas  e  hipótesis alejadas de una verdadera sustentación  en  sede  extraordinaria,  como  cuando  indicó:  (1)  las instancias desconocieron el verdadero contenido de  la  prueba  documental  y  no  la  valoraron tal y como se lo merece,  (2)   Gilberto Campuzano Ospina, se  apropió   de   sumas   de   dinero   “exorbitantes”  entregadas  por  el  dueño  a  título  no traslaticio de dominio, (3)  todo el capital fue derrochado por los  inculpados  y  (4)  el mismo  inculpado  Gilberto “de la  noche  a  la  mañana” no  podía  tener  dinero más que su sueldo y algunos pesos más provenientes de su  negocio de sastre.   

Como  se puede apreciar son innumerables los  desatinos  del  demandante,  al presentar como argumentos opiniones subjetivas y  abstractas  sin  ninguna  posibilidad  de  transformar  el  fondo  del asunto de  acuerdo  a sus pretensiones: en oposición del criterio de los funcionarios. Por  ello,  la  Sala  tiene  el deber jurídico de recordar que en temas de casación  ningún  supuesto  de hecho o de derecho puede ser abordado desconociendo la ley  y  los  presupuestos jurisprudenciales que la vienen desarrollando, pues hacerlo  así  desquicia  el  sentido, existencia y finalidad del recurso extraordinario;  relegando,  precisamente,  los  postulados  que lo rigen como el de claridad,    taxatividad,   coherencia,   precisión,   objetividad,  entre  otros,  los  cuales,  fueron ignorados en forma  absoluta     por    el  censor.   

Sin  que  se  entienda como una respuesta de  fondo  sino  en  virtud  del ejercicio pedagógico que viene realizando la Sala,  como  una  garantía  más de los derechos constitucionales fundamentales de las  partes,    se   puntualizaran   algunos   aspectos   inherentes   al   caso   en  estudio.   

a)  El Juez      de     Segunda     Instancia,  afirmó:   

“Este  aspecto  nos  permite  inferir,  que  si  fue  su  voluntad, la del señor MANUEL ANTONIO  OSPINA,   permitir  que  únicamente  su  sobrino,  GILBERTO  CAMPUZANO  OSPINA,  administrara  sus  bienes,  ya que además se ha dado  cuenta  igualmente,  que  don  MANUEL  ANTONIO  no  le  permitía a nadie que se  inmiscuyera  en  sus  asuntos  personales  y  de  negocios,  luego  tanta fue su  confianza  en  el acá incriminado que llegó a delegarlo como albacea según el  citado documento testamentario.   

Estas  particularidades  nos  permiten así  mismo  inferir,  que  no  se  configura,  a ciencia cierta, el elemento de orden  subjetivo  del  delito  por  el cual se procede, como lo es la intención dolosa  del  sindicado  de  apropiarse o aprovecharse de los bienes, dineros, o parte de  ellos,  de  propiedad  del  señor  MANUEL  ANTONIO  OSPINA,  pues  que  toda la  acusación  proviene  de  las  manifestaciones de sus hijos, especialmente de la  denunciante,  quienes tienen obvio y natural interés en que la totalidad de los  bienes   de   su  padre  les  sean  asignados,  sin  interferencias  de  ninguna  índole, pero sin que hubiesen puesto lo más mínimo  de  su  parte  en  su  atención  y cuidado cuando este lo necesitó, por lo que  debió  recurrir  a  su sobrino GILBERTO para desempeñar tales labores, bajo la  también  natural  y  obvia recompensa de índole económica, aspectos estos que  no fueron del agrado de sus hijos.   

De  esta  manera,  la  solicitud del señor  Apoderado  de  la Parte Civil, será despachada negativamente, toda vez que para  efectos  de proferirse sentencia de carácter condenatorio es imprescindible que  exista   certeza,   más   allá  de  toda  duda  o  probabilidad,  al  no haberse probado en forma alguna que los sindicados CAMPUZANO  OSPINA  y  CAMPUZANO  CLAVIJO,  se hayan apropiado o aprovechado, para usufructo  personal,  de  los  bienes  y  dineros  entregados  por el señor MANUEL ANTONIO  OSPINA,  pues  que los mismos, siendo parte de sus negocios y demás ingresos, y  ante  la  imposibilidad  física  de  dicho  ciudadano,  debían ser manejados a  través  de  cuentas  personales  por  parte  de  este,  sin  que exista ninguna  evidencia  de  que  finalmente,  tales  bienes  y  dineros,  no los restituyó a  quienes  correspondían,  excluyendo lo que le pertenecía por virtud al mandato  mismo       contenido       en       el       citado      testamento”. (Subrayado  fuera de texto).   

Como  se  puede  apreciar,  el actor destacó  algunas  sumas  de  dinero  arguyendo  que  fueron  a  parar  al  peculio de los  procesados  sin  ninguna  autorización para ello. Cuestión diversa encontraron  las  instancias,  cuando  valoraron  el  testamento  otorgado  por  Ospina  Cubillos y la calidad de albacea en  la   que   se   encontraba   el   inculpado   Gilberto  Campuzano  para  el  manejo  y  administración de sus  bienes,  por  lo que ambos funcionarios judiciales los absolvieron del delito de  abuso  de  confianza  por  el  que  fueron  denunciados;  por ende, solamente se  identifica  en  el  libelo  su particular criterio individual contra el expuesto  por  los  juzgadores,  en  franco desconocimiento, además, de toda la temática  casacional  –se  repite-,  para confrontar tales situaciones jurídicas.    

Así   las  cosas  y  como  quiera  que  el  recurso   extraordinario  de  casación  está  regido, entre otros, por el  principio de limitación, las  deficiencias  de  la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable  propia  del  recurrente,  para  complementarla,  adicionarla  o  corregirla,  máxime  cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Sala,  de  ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

La  Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con  la ley y la jurisprudencia, en donde paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el recurrente  exponga  con  una temática jurídica contundente que las instancias desbordaron  la  aplicación  o  interpretación  del  derecho  en relación con los hechos y  pruebas aceptadas, entre otras alternativas.   

Otro   de   los   postulados   del  recurso  extraordinario        de        casación        es        el       dispositivo,  con el cual, lo acometido en  el  libelo  convoca  inexorablemente  a  su delimitación. Sin que pueda ni deba  hacerse,  una readecuación de las censuras y sus fundamentos, para así cumplir  con  la  forma  y  luego  de  fondo,  dictar  la sentencia correspondiente. Esto  concitaría  a  actuar  en  dos  extremos  excluyentes y exclusivos, en donde se  unificarían   las  pretensiones  contenidas  en  el  escrito  con  el  criterio  jurídico  de  la  Sala al enmendarlas, perfeccionarlas y, desde luego, dejarlas  trascendentes  para  fallar  en  consecuencia. Por tanto, si se admite un libelo  que  incumpla elementales presupuestos de lógica y debida argumentación, no se  combate  ningún  agravio sino se promueve la impugnación, usurpando facultades  inherentes  a las partes, en una actuación penal, lo cual es inadmisible.    

Por  esta  potísima razón, se insiste en la  consagración  de  algunos  requerimientos  sin  los  cuales el recurso se torna  inane  y  queda  convertido  en  un  simple  alegato  de  instancia –como  en  el  caso de análisis- donde  sólo  impera la exclusiva voluntad del demandante, más no se exponen de manera  trascendente  la  injuria, vilipendio o afrenta a la ley, la  Constitución  o al Bloque de Constitucionalidad.   

No     es    que    la    “técnica”  por  si misma tenga como fin enervar  los  derechos  adquiridos  a  los  intervinientes o sujetos procesales, ni pueda  reflexionarse  siquiera  que  los  yerros  conducen  a  la  Corte  a  desconocer  situaciones  fáctico-jurídicas  de  mayor  relevancia;  por  tanto, si la Sala  entra  a  solucionar  todos  los  defectos  contenidos en el libelo –admitiéndolo-  se  le irrogaría a la  Judicatura  un  poder  absoluto  y  arbitrario al reconfeccionarlo y adecuarlo a  posturas  argumentativas  decantadas  por los intervinientes en el proceso, para  luego  entrar  a decidir el problema de fondo: lo cual es absurdo, inconveniente  e incorrecto.   

Se  verifica,  entonces,  que  el  recurrente  presentó  una  alegación  producto  de  su propia percepción del derecho, los  hechos  y  las  pruebas  contra lo afirmado por los funcionarios judiciales, sin  ninguna   prevalencia  en  la  lógica-jurídica  requerida  para  sustentar  la  censura,  con lo cual sus pretensiones se alejan de la filosofía que irradia el  instituto casacional.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo  impone la preceptiva consagrada en el artículo 116 de la Ley 600 de  2000.   

Por  último,  estudiado  el  ataque,  sólo  conjeturas,  suposiciones  y especulaciones identifican las censuras, sin que se  hubiese  presentado  una  motivación  coherente  con  las propuesta casacional,  circunstancia     por     la    cual,    la    Corte  inadmitirá  el  libelo presentado por el defensor   a   nombre   de   GILBERTO  CAMPUZANO  OSPINA  y RICARDO CAMPUZANO CLAVIJO.   

Resta,  por último, aclararle al defensor de  los  no  recurrentes  que se  equivoca   cuando  aduce  que  por  vía  indirecta  de  violación  de  la  ley  sustancial,  jamás  se  puede  o  debe proponer una falta de aplicación de una  norma   porque  “resulta  contrario  a toda técnica entremezclar…  errores  de  hecho  (violación indirecta) y seguidamente afirmar  que  la  violación  indirecta  se  basa en la falta de aplicación de una norma  sustancial    (violación    directa)”, lo cual no es así.   

Nada más alejado de la realidad judicial tal  aserción,  cuando  lo  obvio  es  que  la  aplicación  o  inaplicación de una  determinada  norma  de  carácter sustancial tenga sustento en los dos sentidos,  cuerpos   o  vías  de  ataque  para  conformar  lo  que  la  jurisprudencia  ha  denominando  la  proposición  jurídica  completa;  por  tanto,  el  primero se  refiere  al derecho acoplado por la judicatura a los hechos y en donde jamás se  cuestionan los medios.   

No  pasa  lo mismo en la segunda alternativa,  por  ser de recibo la confrontación de las pruebas bajo precisas pautas legales  y  jurisprudenciales: coexistiendo diversidad de temas que pueden ser propuestos  por  ambos caminos por aplicación e inaplicación de la ley, tal es el caso del  in  dubio  pro  reo,  cuando  el  juzgador a pesar de reconocer la duda sobre la  responsabilidad  penal  de  los  implicados  los  condena, aquí el ataque será  siempre  por  vía  directa.  No  obstante,  si  al  sopesar el plexo probatorio  anteceden   elementos   probatorios   que  demuestren  la  razonabilidad  en  la  aplicación  de  la  duda, por cuanto las decisiones judiciales no les prestaron  la  debida  atención para su deducción, la censura será por el cuerpo segundo  o  vía  indirecta,  ya sea por errores de hecho o de derecho, de la mano de los  sentidos  que  complementan  y  adicionan en forma concluyente la argumentación  requerida,  como  el falso juicio de existencia, entre otros; para enrostrarle a  los  funcionarios  los  yerros  conculcados  al  no  aprovechar  el instituto en  comento.    

Con fundamento en lo expuesto, la Sala    de    Casación    Penal    de    la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:     Inadmitir    la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  GILBERTO  CAMPUZANO  OSPINA  y RICARDO CAMPUZANO CLAVIJO, en virtud de lo argumentado en párrafos precedentes.   

Segundo:  Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Tercero:  Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Comisión de servicio  

                            

             

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                                               AUGUSTO   J.   IBAÑEZ   GUZMÁN                                       

                                                                                          

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                                        YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

                    

JULIO     ENRIQUE    SOCHA     SALAMANCA                                                                                                                    JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

                                                                           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Las  sentencias  condenatorias  de  primera  y segunda instancia fueron proferidas el  29  de  enero  de  2008  y  20 de abril de 2009, respectivamente.   

2  Según     informó,  su  padre  para  ese  entonces,  tenía 82 años y un  inestable estado de salud.   

3  Aclaró  que  en  vida  su  ascendiente  gozó  de  prestancia  económica en el  municipio de Cogua.   

4  Aplicó  el  funcionario  Fiscal  a los hechos el artículo 249 de la Ley 599 de  2000,  pues  el  358  del  Decreto Ley 100 de 1980, tenía prevista una sanción  mayor.      

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