32800(10-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32800  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

                                  Aprobado acta N° 073.   

Bogotá, D. C., diez (10) de marzo de dos mil  diez (2010).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de  ANTONIO  JOSÉ  VILLEGAS  ROLDÁN contra la  sentencia  del  19  de  mayo  de  2009  mediante la cual el Tribunal Superior de  Medellín,  al  revisar  por  vía  de  apelación  el  fallo proferido el 31 de  octubre  de  2008  por el Juzgado Tercero Penal del Circuito Especializado de la  referida  ciudad,  condenó  al  mencionado  procesado  a  las  penas  principales  de  34 meses de prisión y  multa  equivalente  a  50 salarios mínimos legales mensuales, al igual que a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso, como coautor penalmente responsable del delito de  estafa.   

HECHOS  

          Los resumió el Tribunal de la siguiente forma:   

          “…  fueron  denunciados  por  el  gerente  y  representante  legal  de  la  empresa Textiles  Fabricato  Tejicondor  S.A.  y  consistieron  en  que  Libardo Ortiz González y  Yadira  Marsiglia  Florián,  Jefe  de  taller  y analista contable de la firma,  respectivamente,  se concertaron con otras personas, pertenecientes unas a   la    empresa     y     otras              ajenas  a  ella,  para  defraudar  el  patrimonio  social.  Para  obtener  su cometido utilizaron varias  formas  de  delincuencia,  una  de  ellas  representada  en la falsificación de  facturas  a  las  que  incorporaban  valores  superiores  y  luego  las  hacían  efectivas;  otra tenía que ver con la presentación de cotizaciones por valores  superiores  a los reales que luego eran aprobadas por la empresa a través de la  gestión  de  uno  de sus empleados, con pleno conocimiento de la realidad de lo  acontecido;  una  tercera  forma de delincuencia estaba relacionada con el cobro  por     trabajos    no    realizados”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Inicialmente, la Fiscalía Especializada  adelantó  investigación previa, al término de la cual dispuso, en resolución  del  18  de  noviembre  de  2004,  la  apertura  de  instrucción penal, en cuyo  desarrollo   vinculó  mediante  indagatoria  a  Marco  Hernán   Angulo   Cabezas   y  ANTONIO  JOSÉ  VILLEGAS  ROLDÁN,  mientras  a  través  de  declaratoria de persona ausente vinculó a  Libardo  Ortiz  González,  Yadira  Esther  Marsiglia  Florián,  Sergio  Andrés Gómez Sierra y Alicia Rojas Velásquez.   

2.  Tras resolver la situación jurídica de  los  vinculados,  el  fiscal  clausuró  la  instrucción en decisión del 24 de  junio  de  2005  y, cumplidos los traslados de rigor, mediante providencia del 5  de  agosto  siguiente  calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución de  acusación  en  contra de Marco Hernán Angulo Cabezas,  ANTONIO    JOSÉ   VILLEGAS   ROLDÁN,   Libardo  Ortiz  González,  Yadira Esther Marsiglia Florián, Sergio  Andrés     Gómez     Sierra     y    Alicia   Rojas   Velásquez,   a  quienes  atribuyó  los  delitos  de  concierto  para  delinquir,  estafa  y  falsedad en  documento privado.   

3.  La  fase  del  juicio estuvo a cargo del  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado de Medellín, cuyo titular  realizó  las  audiencias  preparatoria  y pública de juzgamiento, tras lo cual  profirió   sentencia   de   primera   instancia,   condenando   a  ANTONIO    JOSÉ    VILLEGAS    ROLDÁN,  Libardo  Ortiz  González,  Yadira  Esther  Marsiglia  Florián  y  Sergio  Andrés  Gómez  Sierra  a las penas principales de 48 meses de  prisión  y  50  salarios  mínimos  legales  mensuales de multa, así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso,  como  responsables de los delitos de estafa y  falsedad en documento privado.   

Adicionalmente,   absolvió  a  los  antes  mencionados  acusados  respecto del delito de concierto para delinquir, mientras  a   Marco   Hernán   Angulo   Cabezas   y  Alicia  Rojas  Velásquez  por    razón    de   todos   los   punibles   atribuidos   por   la  Fiscalía.   

4. En virtud de la apelación interpuesta por  el    defensor    de    ANTONIO    JOSÉ    VILLEGAS  ROLDÁN,  el  Tribunal Superior de Medellín confirmó  la  condena  proferida  contra  éste  por  el  delito  de  estafa,  en tanto lo  absolvió  por  el  ilícito  de  falsedad en documento privado, por cuyo motivo  redosificó  la pena, imponiéndole las sanciones reseñadas el acápite inicial  de la presente decisión.   

6.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda     instancia,     la    representante    judicial    de    VILLEGAS   ROLDÁN   acudió  al  recurso  extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

          Precisando  que  el  recurso  lo  interpone por vía de la casación  excepcional,  la  impugnante  formula  un  solo  cargo  contra  la sentencia del  Tribunal,  el cual apoya en la causal tercera prevista en el artículo 207 de la  Ley 600 de 2000.   

          Para  sustentar  el  reproche empezó justificando la procedencia de  la  casación  discrecional,  señalando  que  su  pretensión  es  asegurar las  garantías  del  acusado  por  la  violación  del debido proceso derivada de la  falta  de  motivación  del  fallo  de  primera instancia, vicio que si bien fue  suplido  en  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de Medellín, convirtió la  actuación  en  un  trámite de única instancia, desconociendo otras garantías  como  “el libre acceso a la  administración     de     justicia”           o          “tutela  judicial  efectiva”.   

          Luego,  a  manera  de cuestión previa, la impugnante señala que en  este  caso  es  necesario  decretar la nulidad a partir, inclusive, del fallo de  primera   instancia,   pues   el  a  quo  no  dio  respuesta  a  los  alegatos  de  la  defensa  encaminados a  demostrar  la  ausencia de los elementos estructurales de la estafa, incurriendo  en  motivación  incompleta, cuyo vicio no es factible entender subsanado con el  fallo  proferido  por  el  Tribunal,  pues ello implica desconocer la estructura  lógica  del  proceso  y  lesionar  en forma notoria las garantías relativas al  contradictorio  y  a  la  doble instancia. Apoyó su criterio con doctrina, así  como  con  las  decisiones de esta Corporación proferidas el 4 de abril de 2006  (radicación   25011)   y   el   27   de   julio  del  mismo  año  (radicación  22329).   

          Acto   seguido   la   censora  emprendió  la  acreditación  de  la  irregularidad   aducida,   destacando  cómo  la  defensa  en  la  intervención  presentada  en  el  curso  de  la audiencia pública se esforzó por efectuar un  estudio  probatorio  y  dogmático  acerca de los delitos objeto de imputación,  abordando  en  especial el análisis de los elementos estructurales de la estafa  para  arribar a la conclusión acerca de la no existencia de inducción en error  a  través  de  las  facturas  adulteradas  y,  en  todo  caso,  de  la falta de  responsabilidad   del   procesado   VILLEGAS  ROLDÁN  en esa conducta punible.   

          Según  la  libelista,  no obstante dicho esfuerzo argumentativo, el  juez  de  primera instancia no analizó los alegatos de la defensa, limitándose  a  efectuar  una  valoración  probatoria  genérica  para todos los acusados, a  partir   de  la  cual  endilgó  en  abstracto  responsabilidad  a  VILLEGAS    ROLDÁN,    “sin   individualizar   en   qué   actos  de  despatrimonialización  (sic)  participó él, cuál  fue  su  exacto  aporte,  en  connivencia  con  quién  los  hizo  si es que los  cometió,  qué  procedimiento  empleó  él, especialmente porque fueron varias  las  modalidades  en  que  se  presentó  la  exacción  patrimonial…”.    

          Tras   reproducir   algunos   apartes  del  fallo  del  a  quo, la actora sostiene que esas son las  únicas  referencias  efectuadas allí con alguna precisión en relación con la  responsabilidad  del  procesado, pues las demás, insiste, constituyen glosas de  tipo  genérico  y abstracto, las cuales nada definen sobre su compromiso penal,  defectos  graves de motivación que resaltó el propio profesional del derecho a  cargo  de  la defensa en el memorial sustentatorio de la apelación, pero que el  Tribunal  sin  razón  pasó  por  alto,  pues  a  pesar de advertir la precaria  fundamentación  del  fallo,  lo  consideró  motivado  en grado suficiente para  admitir su controversia.   

          Reiteró  la casacionista que la falta de respuesta del a  quo  a las alegaciones de la defensa en  punto    a   la   ausencia   de   responsabilidad   del   acusado   VILLEGAS  ROLDÁN  y la corrección de ese  vicio  por  parte del ad quem,  implicó  la  vulneración  del debido proceso, en cuanto representó definir la  actuación  en  una  sola instancia, impidiendo a la defensa conocer los motivos  que  tuvo  el  juez de primer grado para considerar a aquél autor del delito de  estafa,  con lo cual terminó dificultando sobre manera el ejercicio del derecho  de  defensa,  consecuencias  constitutivas, en su sentir, del perjuicio concreto  causado con la irregularidad denunciada.   

          La  impugnante evocó nuevamente jurisprudencia de esta Corporación  para  finalizar  solicitando  casar  la  sentencia  recurrida,  en el sentido de  decretar  la  nulidad  a partir, inclusive, de la sentencia de primera instancia  en  lo  relativo  al  procesado  ANTONIO JOSÉ VILLEGAS  ROLDÁN.   

ALEGATO DEL NO RECURRENTE  

          El  apoderado  de  la  parte  civil respondió los fundamentos de la  demanda de casación en los siguientes términos:   

          (i)  Consideró  que  la  demanda  debe  inadmitirse  por  falta  de  personería  de  la  profesional  del  derecho  que  la  suscribió,  por cuanto  recibió  la  representación  del  procesado  el último día del término para  presentar el libelo, mismo día en que presentó éste.    

          (ii)    Estimó    insuficientemente    sustentada    la   casación  discrecional,  pues  el  argumento expuesto por la libelista en el sentido de no  ser  necesario  expresar  copiosas  razones  al  respecto  cuando  se  busca  la  protección   de   garantías   si   el   desarrollo   del   cargo   cumple  esa  fundamentación,  se  desestima  con  el  criterio  señalado  por  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia en el auto del 13 de mayo de  2009,  radicación 31124, cuyo texto el sujeto procesal no recurrente transcribe  in extenso.   

          iii)  Le  parece, finalmente, absurda la postura de la impugnante al  censurar  al  Tribunal por enmendar un “error”  del juez de primera instancia y, más aún, al afirmar  que  ambos  fallos  carecieron  de  argumentación,  cuando  en  el  primero  se  absolvió  al  procesado  por  el  delito  de  concierto  para delinquir y en el  segundo      por     el     de     “estafa”.  Sobre   el   particular,   es  del  criterio  que  la  pretensión  de  la  defensa  con  la  nulidad invocada es procurar la impunidad  mediante la obtención de la prescripción de la acción penal.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA  

Sea  lo  primero  desechar  el argumento del  sujeto  procesal  no  recurrente  referido  a  la  falta  de legitimación de la  demandante,  pues si la impugnante presentó el libelo casacional oportunamente,  acompañando  a  éste  el  poder  que la habilitaba para el efecto, inadmisible  resulta predicar carencia en su caso del derecho de postulación.   

Correctamente,  la  actora  acudió  a  la  casación  discrecional,  pues ninguno de los delitos por los cuales se adelanta  este  proceso,  considerando  que  los hechos ocurrieron en vigencia del Código  Penal  de  2000,  tienen  señalada pena de prisión cuyo máximo excede de ocho  (8)  años,  límite  a  partir  del  cual,  de acuerdo con lo establecido en el  artículo  205  de la Ley 600 de 2000, resulta procedente la casación ordinaria  o común.   

Se  precisa  que en el anterior análisis se  incluyen  los  dos punibles por razón de los cuales se profirió absolución en  las  instancias,  es  decir,  concierto  para  delinquir y falsedad en documento  privado,  conforme  al  actual  criterio  de  la  Sala expuesto con ocasión del  fenómeno  de  la  conexidad  previsto  en  el  inciso  segundo  de la precitada  disposición  procesal,  acorde  con  el  cual  la  modalidad de la casación se  evalúa  con  referencia a todas las conductas delictivas que hayan “sido    parte    del    objeto   del  proceso”1.   

En  ese  orden,  el ilícito de estafa está  sancionado  con  prisión  cuyo  máximo  es  de ocho (8) años, mientras los de  concierto  para  delinquir y falsedad en documento privado tienen señalada pena  máxima    de   seis   (6)   años   de   prisión2.   

Cuando  se acude a la casación discrecional  es  deber  del actor, conforme lo exige el inciso 3º del artículo 205 en cita,  precisar  si  su  pretensión  es buscar el desarrollo de la jurisprudencia o la  protección  de  los  derechos fundamentales, explicando adecuadamente el motivo  que selecciona.   

En el presente evento, la libelista invoca la  protección   de  las  garantías  fundamentales,  denunciando  al  respecto  la  violación  del  debido  proceso derivada del desconocimiento de los derechos de  contradicción  y  doble  instancia,  y si bien inicialmente no ofreció mayores  razones  acerca  de  la procedencia de la casación discrecional, al desarrollar  la  censura  que  formula contra la sentencia impugnada amplió adecuadamente la  fundamentación  orientada  a  justificar la necesidad de admitir la demanda, lo  cual   es   suficiente  para  afirmar  el  cumplimiento  de  la  referida  carga  argumentativa,  según  así  lo tiene dicho la Sala3,  sin que la decisión evocada  por  el  apoderado  de  la parte civil signifique, en modo alguno, modificación  del  citado  criterio  jurisprudencial,  sino  antes  bien,  reiteración  de la  obligación  del  actor  de  fundamentar  en  el  contexto  del libelo, al menos  sucintamente, el motivo escogido.    

Lo  anterior,  sin  embargo,  no  supone  la  admisión  de la demanda, pues para ello se requiere también, de acuerdo con lo  previsto  en  el  inciso  tercero  del  pluricitado  artículo 205, que la misma  “reúna   los   demás  requisitos   exigidos   por   la   ley”,  entre  los  cuales se encuentra el previsto en el numeral 3º del  artículo  212  del  estatuto  procesal penal, es decir que al censor le compete  atacar  la sentencia mediante la estructuración de cargos en los cuales enuncie  la  causal seleccionada, indique en forma clara, precisa y separada (si se trata  de   varios  reproches)  sus  fundamentos  y  mencione  las  normas  que  estime  infringidas,  cumpliendo  las  pautas  fijadas  por  la  jurisprudencia  de esta  Corporación para la sustentación de cada motivo de casación.   

          En  ese  sentido,  la  Sala  tiene  dicho  que  cuando se predica la  presencia  de  una  nulidad, le corresponde al demandante precisar el vicio y su  naturaleza,  explicando  si  es de garantía o de estructura, indicar las normas  violadas,  mencionar  el momento procesal en que se presentó la irregularidad y  las  actuaciones  afectadas con la misma, así como expresar la trascendencia de  la  anomalía  con  respecto  al  fallo, en orden a acreditar que su corrección  solamente se lograría mediante el remedio extremo de la nulidad.   

          También  constituye  jurisprudencia  consolidada  de  la  Corte que  cuando  se  denuncia la existencia de nulidad por falta de motivación, al actor  le  compete  demostrar  la presencia de uno cualquiera de los siguientes vicios:  (i)  que el fallo carece totalmente de motivación; (ii) que siendo motivado, es  dilógico  o  ambivalente; (iii) que su motivación es incompleta; o (iv) que la  motivación     es    aparente    o    sofística4.     

          En  el  caso  objeto  de  estudio, aunque la impugnante en el único  cargo  que  formula  aduce  la  existencia  de nulidad por falta de motivación,  incurre  en  imprecisiones cuando aborda la demostración de la censura, pues en  unas   partes   reprocha   al   a   quo  incurrir  en  motivación  incompleta  por  no  dar  respuesta a las  alegaciones  de  la defensa encaminados a demostrar la ausencia de los elementos  estructurales   de   la  estafa  y,  en  fin,  la  responsabilidad  del  acusado  VILLEGAS ROLDÁN, mientras en  otros  segmentos  de  la  demanda  le  atribuye  fundamentar esos aspectos de la  sentencia  con  glosas  de  tipo genérico y abstracto que nada definen sobre el  compromiso  penal del prenombrado, con lo cual deja entrever la presencia de una  falta absoluta de motivación.   

          La   precisión   del   vicio   imputado   al  sentenciador  resulta  trascendental  cuando  se aduce falta de motivación del fallo, pues los efectos  de  la irregularidad son distintos según se trate del primero de ellos o de los  otros  tres.  Es  decir,  solamente  hay  lugar a retrotraer la actuación si el  fallo  carece  totalmente  de  motivación,  caso  en  el  cual  entonces  será  necesario  devolver  el  proceso para que el vicio sea subsanado por el juez que  incurrió en el mismo.   

La  solución  es  diversa  si  la anomalía  deviene  de  una  motivación  dilógica,  incompleta  o  aparente, pues en esos  eventos  la  corrección  corresponde al juez de segunda instancia o a la Corte,  dependiendo  del  estado  de  la actuación, porque lo contrario implicaría dar  pautas  de  valoración  o análisis que conduciría a que la sentencia no pueda  ser proferida libremente por el inferior.   

          Ese  es  el  sentido  de  la  jurisprudencia  vigente  de la Sala de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia, como se puede apreciar en las  sentencias    del    4    de    marzo    de   20095,   del   19   de  febrero  de  20096,    del   27   de   julio   de   20067  y  del   22  de  mayo de  20038.    

          Al  observar  la  sentencia  dictada  por  el Juez Tercero Penal del  Circuito  Especializado  de  Medellín,  concluye  la  Sala que, en realidad, se  trató  apenas  de  una motivación incompleta o deficiente, pues el funcionario  no  se  limitó  a  consignar  meros enunciados genéricos y abstractos, como lo  sostiene  la  censora,  sino  a  analizar,  aun  cuando  precariamente,  algunos  elementos  de  prueba allegados a la actuación, a partir de los cuales edificó  la  sentencia  de  condena  en  contra de ANTONIO JOSÉ  VILLEGAS ROLDÁN por el delito de estafa.   

          En  efecto, tras reseñar los términos de la denuncia formulada por  el   gerente   de   la  empresa  afectada,  el  a  quo  se  refirió  a  la declaración rendida por el asesor  jurídico  de dicha firma, señor Carlos Mario Villegas  Jiménez,  señalando  que  esta persona hizo mención  “a  las  conversaciones  sostenidas  con  Marco  Hernán  Angulo y Luis Iván Pérez, en las que no sólo  admitieron  los  hechos  sino  que  explicaron  la manera de proceder de Libardo  Ortiz      y      Antonio     Villegas”.   

          Luego   destacó   que   al  expediente  se  allegaron  “las    colillas    o    recibos   de  consignaciones  que  Angulo  Cabezas  hacía  a  la  cuenta  de  Libardo  Ortiz,  Antonio  Villegas  y Yadira  Esther   Marsiglia,   entregadas  por  el  mismo  Angulo  a  las  directivas  de  Fabricato”.   

          Posteriormente,   sopesó  la  versión  ofrecida  por  Marco   Hernán   Angulo   Cabezas  en  su  indagatoria, resaltando que éste:   

          “Confesó  que  en  su  condición  de  proveedor    de    textiles    Fabricato,    LIbardo    Ortiz   y   Antonio  Villegas  le exigían el 10% del  valor  de  cada uno de los trabajos. Fue llamado para conformar una sociedad con  razón  social (Bareman) y por último le solicitaron la expedición de facturas  ficticias,  explicándole  que  las  requerían  porque los trabajos los estaban  realizando  algunas personas que no podían facturar porque tenían problemas de  impuestos”.   

          Con base en lo anterior concluyó:   

          “Es  por lo anterior, que la Judicatura  encuentra  que  se  cumple con todas las exigencias para declarar responsables a  los  acusados,  ya  que  es  comprensible  que  la  empresa  Textiles  Fabricato  Tejicondor  sufrió  un  gran  desfalco  mediante todas esas acciones que fueron  ejecutadas  por  los  enjuiciados,  esto  es  Libardo  Ortiz, Yadira Marsiglia y  Antonio  José Villegas y de  acuerdo  al acervo probatorio recaudado se vislumbra la intencionalidad no sólo  de  estafar,  sino  de  atentar  contra  la fe pública. Pues es cierto que para  lucrarse  económicamente,  falsificaron,  alteraron  y  simularon  facturas,  y  cobraron  cuantiosas  sumas  de  dinero  a  la  entidad  afectada por trabajos y  suministros  no  efectuados,  como así se estableció en el proceso mediante la  prueba        tanto        documental        como        testimonial…”   (las  subrayas   en   los   textos  antes  transcritos  son  de  la  Sala).   

          La  incompleta  motivación  apreciada  en  la  sentencia de primera  instancia,  como  lo reconoce la propia libelista, fue subsanada por el Tribunal  Superior  de  Medellín,  sin  que  debiera retrotraer la actuación, pues no se  trató de una falta absoluta de motivación.     

          Lo  expuesto pone entonces de presente la inadecuada fundamentación  del  cargo,  pues  la  libelista no sólo incurrió en imprecisión a la hora de  identificar  el  vicio  de motivación sustento de la nulidad invocada, sino que  acudió  a  afirmaciones distanciadas de la realidad, porque no es cierto que el  fallo   de  primera  instancia  se  sustentara  en  meras  glosas  genéricas  y  abstractas.    

          En  consecuencia,  por  no elaborarse de manera lógica y coherente,  la  Sala  inadmitirá  la  demanda  instaurada  por la defensora de ANTONIO    JOSÉ    VILLEGAS    ROLDÁN.   

          Al  margen  de  lo  anotado,  la  Corte no evidencia vulneración de  garantías  fundamentales  que  le impongan intervenir oficiosamente, en orden a  preservar su intangibilidad.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de  casación  interpuesta  por la defensora de ANTONIO  JOSÉ VILLEGAS ROLDÁN.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  estatuto  procesal  penal, contra esta decisión no procede  recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ               SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ             

    

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                        AUGUSTO                                J.                               IBÁÑEZ  GUZMÁN                            

               

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                YESID RAMÍREZ  BASTIDAS                                       

JULIO          ENRIQUE           SOCHA   SALAMANCA                        JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

              Secretaria     

1 Cfr.  Auto del 18 de noviembre de 2004, radicación 22693.   

2 Cfr.  Artículos 246.1, 340.1 y 289 del Código Penal de 2000.   

3 Cfr.  Auto  del  26  de abril de 2006, radicación 25175. Acorde con este criterio, la  fundamentación  del  motivo  de  la  casación  excepcional  seleccionado puede  efectuarse al momento de formularse el respectivo cargo.   

4  Sentencia del 18 de julio de 2007, radicación 26255.   

5  Radicación 27910.   

6  Radicación 30074.   

7  Radicación 22329.   

8  Radicación 20756.     

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