32146(24-03-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32146  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No. 89  

Bogotá D. C., veinticuatro (24) de marzo de  dos mil diez (2010)   

VISTOS  

Decide  la Sala el recurso extraordinario de  casación  que  por  vía  discrecional  presentó  el  defensor de DALYS  DEL  CARMEN  SÁNCHEZ ARRIETA contra  el  fallo  del  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de Cartagena (Bolívar),  que  confirmó,  excepto  en  cuanto  a  la pena, el emitido en el Juzgado Promiscuo Municipal de Turbana, por  el   cual   fue   condenada  como  coautora  responsable  del  delito  de  hurto  agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En  Cartagena  (Bolívar),   DALYS  DEL  CARMEN SÁNCHEZ ARRIETA y Sixta  Vásquez  Puello,  en  su  condición  de  asistente  de  sistemas  y  cajera de  DISSANTAMARIA    S.   A.,  respectivamente,  entre  enero  y  noviembre  de 1996 se apoderaron de pequeñas  cantidades  de dinero mediante la adulteración de facturas y asientos contables  de  los productos comercializados por esa entidad, hasta alcanzar una suma, para  cuando  fueron  descubiertas  y retiradas de la empresa, de tres millones ciento  ochenta   y   tres   mil   seiscientos   treinta   y  siete  pesos  ($             3’183.637),  según hechos denunciados el 10  de  enero  de  1997 por un asistente administrativo del área de contabilidad de  la   compañía   quien  descubrió  el  latrocinio1.   

2.  Con base en la  noticia  criminal,  el  6  de  octubre  de  1997  se ordenó abrir la respectiva  investigación  penal  y la vinculación de las sindicadas mediante indagatoria,  diligencia  que  se  llevó a cabo respecto de SÁNCHEZ  ARRIETA  el  27 de dicho mes, en la cual ella confesó  la  ejecución del comportamiento delictivo, e incriminó a Vásquez Puello como  copartícipe  del mismo, motivo por el que con pronunciamiento de 20 de marzo de  1998  le  fue  resuelta  provisionalmente  su situación jurídica con medida de  aseguramiento  de  detención  preventiva, con excarcelación, por las conductas  punibles   de   falsedad  en  documento  privado  y  hurto  agravado2.   

3. Una vez se obtuvo  la  vinculación  al  proceso  de  Vásquez  Puello a través de declaración de  persona  ausente,  el  mérito  probatorio  del  sumario fue calificado el 25 de  abril  de  2003  con  resolución  de  acusación contra aquélla y SÁNCHEZ  ARRIETA, por la conducta punible  de  hurto agravado de acuerdo con los artículos 349 y 350-2 del Decreto Ley 100  de  1980, Código Penal vigente al tiempo de los hechos, y en la misma decisión  se  les precluyó la investigación respecto del delito de falsedad en documento  privado,  debido a que frente a ese comportamiento se configuró el fenómeno de  la    prescripción    de    la    acción   penal3.   

4.  El  pliego  de  cargos,  tras  subsanarse  el equivocado trámite de notificación advertido por  el  funcionario  de conocimiento, alcanzó ejecutoria material el 8 de agosto de  2005,  y  una  vez  surtido  el  juicio,  el  28  de  septiembre de 2007 el Juez  Promiscuo  Municipal  de  Turbana  emitió  sentencia  condenatoria  contra  las  acusadas,  en  la  que  le  impuso  a  cada  una  la pena principal de veintiún  (21)  meses de prisión como  coautoras  responsables de hurto agravado, así como la accesoria de inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo lapso, y les  concedió  la  condena  de  ejecución  condicional4.   

5. Del citado fallo  apeló  el  defensor  de  SÁNCHEZ ARRIETA,  inconforme  porque  el  a-quo  omitió  pronunciarse acerca de la  solicitud  de  sentencia  anticipada presentada en el trámite de corrección de  la  notificación del pliego de cargos, disenso que fue resuelto en sentencia de  10  de  marzo de 2008 por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Cartagena, en  el  sentido  de  acoger  la  pretensión  del  recurrente, procediendo además a  corregir  la equivocada dosificación de la pena hecha por el fallador de primer  grado,  y con base en ello impuso a la procesada una sanción principal de siete  (7) meses de prisión, previa  advertencia  de  que  no  le concedía a la acusada la rebaja por confesión por  cuanto  ésta  no  fue  el  fundamento de la condena5.   

6.   Contra  la  sentencia   de  segunda  instancia,  por  vía  discrecional,  el  apoderado  de  SÁNCHEZ  ARRIETA formuló y  sustentó  en  tiempo el recurso extraordinario de casación, respecto del cual,  una  vez  ajustada  la  demanda,  el  Delegado de la Procuraduría General de la  Nación    emitió    el    concepto    de    ley6.   

LA DEMANDA  

Un cargo postula el demandante con fundamento  en  la causal primera de casación, cuerpo primero (Ley  600  de  2000,  artículo  207), alegando la violación  directa  de  la  ley  sustancial  por falta de aplicación del artículo 283 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  relativo  a  la  disminución  de  pena  por  confesión  (Decreto  2700  de  1991,  artículo  299,  modificado    por    el    38    de    la    Ley    81    de   1993).   

Sostiene el actor que en el presente caso se  hace  necesario el restablecimiento de las garantías fundamentales vulneradas a  su  protegida  por la falta de activación del precepto inaplicado, y con el fin  de  unificar  o desarrollar la jurisprudencia, dado que con el escueto argumento  del  ad-quem  para  negar  la  reducción  punitiva  en comento, se desconoce el  criterio  decantado  por  la  Corte  y  reiterado en sentencia de 26 de enero de  2005, dentro de la radicación 19429.   

Luego de precisar que en el asunto examinado  se  reúnen los requisitos condicionantes, tanto legales como jurisprudenciales,  de  la  norma inaplicada a efectos de otorgar la rebaja por confesión, solicita  casar  la  sentencia  y  otorgar  a su prohijada el descuento de una sexta parte  respecto de la pena señalada por el ad-quem.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURÍA  

La  Procuradora  Segunda  Delegada  para la  Casación  Penal  en  su  concepto propone no casar la sentencia impugnada, pues  considera  que le asistió la razón al ad-quem para negar la reducción de pena  solicitada,  ya  que según el agente del Ministerio Público, para sustentar la  condena  era suficiente con la denuncia y correspondiente ampliación, así como  con  los  dos  testimonios que en la indagación previa, antes de la indagatoria  de  la  procesada,  se recibieron a instancia del denunciante para corroborar su  queja.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. El principio de  estricta  legalidad  como garantía fundante del debido proceso, traducido en el  mandato   Constitucional   (artículo  29)  y  legal (Decreto 2700 de 1991, artículo  1,    Ley    600    de    2000    y    Ley   906   de   2004,   artículo   6°,  respectivamente)  de  ser  juzgado  de acuerdo con las  leyes  preexistentes al acto que se imputa, compele no sólo a la observancia de  las  reglas establecidas previamente para el adelantamiento de la investigación  y  encausamiento  de una conducta punible, sino también a la aplicación de los  preceptos  erigidos  con  antelación  al  acto  reprochado y que lo definen con  carácter  de injusto punible (Decreto Ley 100 de 1980,  artículo  1°,  Ley  599 de 2000, artículo 6°), así  como  de  aquellos que inciden directamente en las consecuencias punitivas o que  acarrean cualquier otro efecto sustancial.   

Acerca del principio de legalidad tiene dicho  la  Corte  que en un Estado social y particularmente democrático, participativo  y  pluralista,  como  es  reconocido  el  nuestro  en  el  artículo  1º  de la  Constitución  Política,  se  impone  que sólo el órgano legislativo, elegido  popularmente  y  que  representa  al pueblo, tiene la facultad de expedir leyes,  esto  es,  le asiste la potestad de determinar las conductas sujetas a sanción,  siempre  que  proceda  a definirlas de manera clara, expresa, estricta, escrita,  inequívoca   e   indubitable,   atribución   en  cuyo  ejercicio  también  le  corresponde   señalar  la  consecuencia  jurídica  asignada  a  cada  supuesto  fáctico  y  establecer  el trámite y garantías que en sede de investigación,  acusación    y    condena   se   deben   observar7.   

El  artículo  4º de la Declaración de los  Derechos   del   Hombre  y  del  Ciudadano  de  1789  dispone  que  “La  libertad  consiste en poder hacer  todo  lo  que  no  dañe a otro; así, el ejercicio de los derechos naturales de  cada  hombre  no  tiene  más límites que los que aseguran a los miembros de la  sociedad  el  goce  de  estos  mismos  derechos.  Estos  límites  no  se pueden  determinar    sino    por    la   ley”,  y  como  reiteración de ese axioma universal el artículo 6º de  la    Constitución    Política    de   Colombia   señala   que   “los    particulares    sólo    son  responsables   ante  las  autoridades  por  infringir  la  Constitución  y  las  leyes”,   de  donde  es  válido  concluir  que,  por regla general, a los ciudadanos les está permitido  todo  aquello  que  no se encuentre expresa y diáfanamente prohibido, no pueden  ser  obligados  a  hacer  lo que no mande la Constitución o la ley, y no pueden  ser  privados  o  violentados,  sin  justa causa, en los derechos que aquélla o  ésta les conceden.   

2. La confesión es  una  institución  de  larga  tradición  en el ordenamiento penal adjetivo, que  para  la  época  en  que  ocurrieron  los  hechos  aquí debatidos (entre  enero  y noviembre de 1996), estaba  prevista  en  el artículo 299 del Decreto 2700 de 1991, modificado por el 38 de  la   Ley   81   de   1993,   norma   de   acuerdo   con   la  cual  “[a]  quien,  fuera   de  los  casos  de  flagrancia  durante  su  primera  versión  ante  el  funcionario  judicial  que  conoce de la actuación procesal confesare el hecho,  en   caso   de   condena,   se   le   reducirá  la  pena  en  una  sexta  (1/6)  parte”.   

En  relación  con la hermenéutica de dicho  precepto  la  jurisprudencia  de  la  Corte fue siempre unánime en cuanto a que  para la concesión del beneficio allí previsto:   

“…[es]  indispensable que la confesión sea  fundamento  de  la  condena, así el nuevo texto legal (art. 299) no lo mencione  expresamente,  porque  sólo  de  esta manera es entendible y justa la rebaja de  pena  que  en  él  se  consagra. Interpretarlo de otra forma, sería otorgar un  beneficio  gratuito, sólo porque se confesó cuando ello no era necesario, pues  obraban  otras  pruebas, distintas de la confesión, que permitían afirmar, sin  dudas,  la  responsabilidad  del  procesado.  Por  otra  parte,  esta  manera de  interpretar  la  entidad  y  finalidad de la confesión, se refuerza al observar  que  por esta misma razón, inutilidad de la confesión, el legislador pone como  exigencia  para  el  otorgamiento  de  la  rebaja  de  pena,  que no se trate de  “casos      de  flagrancia”,   porque  precisamente  en estos eventos, ante el conocimiento que del hecho y de su autor  tienen  las  personas  que  lo han presenciado, la confesión es de casi ninguna  utilidad  para  la investigación, porque de antemano el instructor ya conoce lo  que     a     través    de    éste    se    le    ha    comunicado…[Criterio  sustentado en sentencias de  29  de septiembre de 1993 (M. P. Guillermo Duque Ruiz), y 3 de marzo de 1999 (M.  P.  Carlos  Augusto  Gálvez  Argote)]…”8.   

La omisión legislativa acerca del requisito  exigido  por  vía  jurisprudencial  para  hacer  operante la rebaja de pena por  confesión,  fue  solucionado de lege data  con  la  entrada en vigor del artículo 283 de la Ley 600 de 2000,  al  contemplar  expresamente  en  el precepto los mismos condicionamientos de la  legislación      anterior      y,      además,     que     la     “confesión  fuere el fundamento de la  sentencia”.   

Respecto  de la figura de la confesión como  comportamiento  post-delictual  con repercusión en las consecuencias punitivas,  el  desarrollo  jurisprudencial  de  la  Corte  ha  sido  profuso y se encuentra  compendiado,  sin que se avizore necesidad de aclararlo, extenderlo o recogerlo,  en los siguientes términos:   

“Encuentra  la  Sala      oportuno      señalar      que     la     expresión     “confesare     su     autoría    o  participación   en   la   conducta   punible   que   se   investiga”,  consagrada en el artículo 283 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000,  no  guarda  correspondencia con la  locución  “confesare el  hecho”   prevista  en  el  299 del Estatuto de 1991 y en concordancia con la  cual  la Corte ha concluido que no opera la rebaja de pena por confesión cuando  ésta  sea  calificada  por  circunstancias  excluyentes  de  la responsabilidad  penal.   

”Esa  modificación  no  la  cree  gratuita  la  Corte.  Si la expresión “confesare    el   hecho”,  como efectivamente se interpretó,  permitía  identificar  hecho  con  hecho punible y por ende descartar la rebaja  punitiva  frente  a  casos  en  los  que  no  confesara el imputado una conducta  típica,   antijurídica   y   culpable,  la  circunstancia  cierta  de  que  la  jurisprudencia  anterior  a la reforma penal de 20009  admitiera  la posibilidad de  rebaja  de  pena  en  casos de confesión calificada10,  cuando  sin  ella  no  se  hubiera  podido  condenar  al procesado, aunado a la circunstancia de que una de  las  pretensiones del cambio legal fue la adecuación de las normas procesales a  los  desarrollos  de  la  jurisprudencia,  conduce  a  deducir que el querer del  legislador  estuvo en la orientación de permitir la rebaja punitiva aún frente  a  eventos  de  confesión  calificada,  cuando  la  misma resultara de utilidad  decisiva para la justicia.   

”Son  ilustrativos  de  esa conclusión los siguientes apartes de las decisiones de la  Sala  antes citadas, del 29 de septiembre de 1993 y del 20 de noviembre de 1996.  Se dijo en la primera:   

”“…tampoco  procede la rebaja de pena  en  comento,  cuando  se  trata  de  una confesión calificada o cualificada, en  virtud  de  la  cual sólo se admite la autoría de la  conducta,  pero  se  niega toda responsabilidad penal  aduciendo  cualquier  circunstancia  excluyente de ésta, porque en tal caso, se  ha  sostenido antes y se reitera ahora, si la confesión hubiera sido fundamento  de  la sentencia, ésta forzosamente habría tenido que ser absolutoria. Pero si  es  condenatoria,  ello  se  debe  a  que los encargados de administrar justicia  acudieron  a  otros  elementos  de  juicio  que  les  permitieron  establecer la  materialidad  del  hecho  y  la  responsabilidad  de  su  autor,  desechando por  completo  la  confesión  vertida. Y si esto es así, claro es que la confesión  también  en  este  caso  es inútil para la investigación, y por ello no puede  beneficiarse  a  un  confesante  que en vez de colaborar con la justicia, por el  contrario  le  exigió  un  mayor  desgaste y esfuerzo, ya que tuvo que entrar a  desvirtuar  todas  las  afirmaciones mentirosas que planteaban una circunstancia  excluyente   de   responsabilidad   que   a   la   postre   se   desestimó  por  inexistente.   

”“Mas   a  lo  anterior  estima  la  Sala  que  debe  hacérsele  una  consideración  adicional:  si  el  Juez  para proferir su condena, no podía de  ninguna  manera  prescindir  por  completo de la confesión, no es posible negar  que  esta  sirvió  de  sustento  a la sentencia y que por tanto fue de decisiva  utilidad    para    la    justicia,    que    sin   ella   no   habría   podido  condenarlo.   

”“La  anterior  situación  —finaliza     la    cita—  podría  presentarse,  por  ejemplo,  en  la  hipótesis  de  una  confesión   calificada  con  excluyentes  de  responsabilidad,  si  únicamente  gracias  a  la asunción de autoría hecha por el acusado pudo condenársele, ya  que  sin  este  reconocimiento,  la justicia sólo habría podido establecer las  circunstancias  del  hecho  pero  jamás la identidad del responsable. Es verdad  que  en  este  caso  también  los funcionarios judiciales tuvieron que hacer un  mayor  esfuerzo  para  desvirtuar  la  excluyente  mentirosa  planteada  por  el  procesado,  pero  también  es cierto que el esfuerzo no resultó inútil porque  gracias  a  éste  y  a la colaboración del acusado, así haya sido parcial, se  pudo  condenar  al  responsable.  Para  la  Sala  es  claro que en este caso, la  confesión  fue  fundamento  de  la  sentencia,  porque  sin  ella, así   fuera   sólo   en  lo  atinente  con  la  admisión  de  la  autoría,   no   se   habría   podido  proferir  la  condena”.   

”Y lo que sigue  es lo que se dijo en la segunda:   

”“…es  oportuno evocar que la Sala ha  dicho  que  en  algunos  casos,  pese  a  tratarse  de  confesiones  calificadas  en  donde se acepta la autoría del hecho  pero  se  niega  su  antijuridicidad o culpabilidad, es  posible reconocer la rebaja de pena por confesión si gracias a  ella  fue  que  se  pudo  establecer  quién  fue el autor del hecho…”.   

”Confesar  la  autoría   o   la  participación  en  la  conducta  punible,  entonces,  no  es  equivalente  a  confesar  la  responsabilidad  penal, de lo cual no deja ninguna  duda  el contenido del inciso 2º del artículo 324 del Código de Procedimiento  Penal11.      Y     si     se     tiene     en     cuenta     —como  se  extrae  de los antecedentes  jurisprudenciales      transcritos—  que  lo  que  tradicionalmente  se  ha  discutido es si la rebaja  punitiva  procede  solamente  cuando  se  admite  la  comisión  de una conducta  típica,  antijurídica  y  culpable,  o  si  es posible hacerlo también cuando  únicamente  se  acepta  la  realización  de  la  conducta típica, que es como  usualmente  se  ha entendido la autoría, se deduce que el legislador adoptó la  opción  de  permitir  la  rebaja  de pena frente a los dos tipos de confesión,  aunque condicionándola al hecho de que se constituya  en     el     fundamento     de     la     sentencia    condenatoria.   

”Y   debe  advertirse  que  se  trata  de una decisión legislativa adecuada. Sin perder de  vista  que la razón para disminuir la sanción con sustento en la confesión es  la  colaboración  con  la  justicia  y  el  ahorro  consecuencial  de  esfuerzo  jurisdiccional  en  la reconstrucción de lo sucedido, esos mismos efectos, así  sea  excepcionalmente,  se  obtienen  cuando  una persona confiesa su autoría o  participación  en  su  primera  versión  ante el funcionario judicial y aunque  aduce  una circunstancia de exclusión de responsabilidad, sin esa confesión no  hubiera podido ser condenada.   

”Piénsese, por  ejemplo,  en  todos  aquellos  casos  en  los cuales se desconocen los autores o  partícipes  de  la  conducta  punible y donde la investigación preliminar, que  tiene  como  una  de  sus  finalidades  recaudar las pruebas indispensables para  lograr  su  individualización  o identificación, no ha logrado ese cometido. Y  que  en  tales  circunstancias,  mucho  después  del  cometimiento  del hecho y  quizás  ya  archivado  el  caso por falta de pistas para seguir, una persona se  presenta  ante  el  Fiscal  y  confiesa  la  autoría  del crimen, aduciendo una  circunstancia  excluyente  de  responsabilidad.  El  funcionario,  ceñido  a lo  dispuesto  por el artículo 281 del Código de Procedimiento Penal, practica las  diligencias  pertinentes  para determinar la veracidad de ese relato y averiguar  las  circunstancias de la conducta punible, arribando a la conclusión a través  de  medios  de  prueba  logrados  gracias  a  la  confesión,  de que la persona  –en  efecto—  realizó la conducta típica y que,  además, es responsable penalmente de ella.   

”Es indiscutible  que   en   un   evento  así  la  confesión  calificada  ha  sido  “de   decisiva   utilidad   para   la  justicia”  en  cuanto ha  permitido  su  realización  y  resultaría injusto en tales circunstancias, por  ende,   no   rebajarle  la  pena  a  quien  sin  duda  alguna  ha  prestado  una  colaboración  definitiva  para  la solución del caso. Y esta posibilidad, como  se  advirtió, no la impide el actual artículo 283 del Código de Procedimiento  Penal,  en  el  cual  no  quedó  limitada  la  rebaja  de  pena a la denominada  confesión  simple,  sino  que  la  permite  igualmente  frente  a la confesión  calificada,  a  condición,  eso sí, en los dos casos, que sea el fundamento de  la  sentencia.  De  esta  manera  la  Corporación  recoge  los  antecedentes en  contrario,  debiendo  entenderse que se opera un cambio de jurisprudencia en los  precisos términos aquí expuestos.   

”Esta  última  exigencia,  que  finalmente  es  la  que  determina  la  concesión de la rebaja  punitiva   cuando   se   reúnen  las  demás  exigencias  legales,  merece  una  aclaración.  Que  la confesión sea el fundamento de la sentencia no significa,  como  a veces se entiende, que constituya su soporte probatorio determinante. Si  así  fuese,  la norma de la reducción punitiva sería virtualmente inaplicable  pues  si  la  ley impone verificar el contenido de la confesión (art. 281 cpp),  es  normal  que  al  hacerlo  se  logren  otros  medios de prueba con la aptitud  suficiente  para  fundamentar  el  fallo.  El  significado de la exigencia legal  está  vinculado  es,  como  lo  ha  señalado  la  Corte,  a  la utilidad de la  confesión.  Y si se considera que su efecto reductor de la pena se condiciona a  que  tenga  ocurrencia  en  la  primera versión y en casos de no flagrancia, la  lógica  indica  que  fundamenta la sentencia si facilita la investigación y es  la  causa  inmediata  o  mediata  de  las  demás  evidencias  sobre  las cuales  finalmente     se     construye     la     sentencia    condenatoria”    (las  negrillas        son        del        texto)12.   

3.  En  el  caso  analizado  el actor pregona la violación directa de la ley sustancial, debido a  que  el  ad-quem  negó  a la procesada la rebaja por confesión con base en que  ese  acto no fue el fundamento de la sentencia, no obstante, enfatiza el censor,  que  la  condena  sí tuvo como sustento el libre y voluntario reconocimiento de  la  autoría  y  responsabilidad  en el comportamiento delictivo por parte de su  representada.   

Como   las  exigencias  que  gobiernan  la  acreditación  de  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  impiden  al  recurrente  cualquier  discusión  de  orden  probatoria  o  fáctica,  debiendo  circunscribirse   al   desarrollo   de  un  cuestionamiento  de  estricto  orden  jurídico,  impera  aclarar  que  en  el asunto analizado el demandante cumplió  sólo  de  manera  parcial aquellas exigencias, pues aun cuando no se inmiscuyó  en  críticas  de  orden  probatorio o en relación con los hechos, y ofrece una  disertación  del  por  qué,  según  la  jusrisprudencia, debió concederse la  rebaja  por  confesión,  omitió referirse a las consideraciones del ad-quem en  las  que  no  obstante otorgar trascendencia a la aceptación de responsabilidad  de  la  acusada,  termina por negarle el efecto previsto en la norma que reclama  como inaplicada.   

Sin  embargo, la aludida omisión no condena  al  fracaso  el  reproche,  pues  entendiendo,  de  una  parte, que el motivo de  apelación  se  circunscribió a la falta de reconocimiento de la rebaja de pena  por  sentencia  anticipada  y  por  lo  tanto  el  ad-quem  ninguna  valoración  probatoria  consignó acerca de las categorías objetiva y subjetiva del delito;  y  de  otra,  que las sentencias de primero y segundo grado conforman una unidad  jurídica  inescindible  en  todo aquello que no se contradigan, al observar las  consideraciones  expuestas  por  el  a-quo acerca de los aludidos extremos de la  conducta  punible,  resulta  palmar  que  la  confesión  de la procesada fue el  elemento  probatorio  que  permitió  dar  crédito  en  grado  de  certeza a la  imputación  expresada  en la denuncia y en los testimonios traídos en apoyo de  esta antes de la indagatoria de aquélla.   

Así,  tras  sintetizar  el contenido de los  elementos  probatorios  recaudados,  el  fallador  de  primer  grado plasmó las  siguientes consideraciones:   

“Como quiera que  la  prueba  sobre  la  responsabilidad  de  las  procesadas  es fundamentalmente  testimonial,  es  preciso  entonces establecer si dicha prueba resiste el examen  de  veracidad  implícita  en  la  presunción según la cual el hombre tiende a  decir  la  verdad  en  sus  declaraciones,  o si por el contrario no resiste tal  análisis y la presunción resulta desvirtuada.   

”La resolución  mediante  la  cual  la  Fiscalía  resolvió  acusar  a las procesadas DALYS DEL  CARMEN  SÁNCHEZ ARRIETA y SIXTA VÁSQUEZ PUELLO, se fundamentó en primer lugar  en  la  denuncia  y  posterior  ampliación  por  parte de HERNANDO LUIS MENDOZA  CUELLO,  Asistente  Administrativo  de  DISSANTAMARIA  S.  A.;  en  el  acta  de  inspección  judicial  practicada  por el CTI sobre las facturas canceladas a la  citada  empresa durante el año 1996; en las copias y fotocopias de las facturas  otorgadas   por  DISSANTAMARIA  a  varios  clientes  en  las  que  se  comprueba  documentalmente  el desfase que existe entre el precio realmente consignado y el  modificado  por las procesadas; en la declaración jurada de JOSÉ (sic) EDUARDO  CALLE  MESA, gerente de DISSANTAMARIA, quien explicó de manera sucinta cómo se  enteró  del  ilícito  perpetrado en su empresa; la propia indagatoria de DALYS  DEL  CARMEN  SÁNCHEZ  ARRIETA  en la cual confiesa su participación directa en  los  hechos  y  señala como coparticipe de su actuar a la cajera SIXTA VÁSQUEZ  PUELLO.  Pruebas  estas  que  convergen  en  identificar  y  señalar  de manera  inequívoca  a  las aquí procesadas como las autoras responsables del delito de  HURTO  AGRAVADO.  Lo  cual  nos  permite  concluir  que  las irregularidades que  observó  el  Asistente  Administrativo  de  DISSANTAMARIA, señor HERNANDO LUIS  MENDOZA  CUELLO,  al momento de hacer la revisión en el área de caja en el mes  de  noviembre de 1996, han quedado plenamente demostradas y que las responsables  de dicha defraudación no son otras que las aquí procesadas.   

”Según  lo  señalado  en  el  Art.  277 del Código de Procedimiento Penal, podemos afirmar  aquí  sin  lugar  a  duda,  que  no  obstante  el  interés  que  le  asiste al  denunciante  en  las  resultas  del proceso, su dicho es verosímil y coherente,  guardando  una  estrecha  relación  con  la  versión de la procesada DALYS DEL  CARMEN  SÁNCHEZ  ARRIETA,  quien  confesó y aceptó  haber  cometido  el  ilícito  que  se  le  imputó  y si bien no se escuchó en  versión  a  SIXTA  VÁSQUEZ  PUELLO,  no  por  ello  deja  de  ser  creíble la  acusación  que  en  ese sentido le hace su compañera SÁNCHEZ ARRIETA, pues el  haber  aceptado  pagar  lo  apropiado  y  haber firmado un pagaré en blanco, es  prueba  suficiente de su participación y responsabilidad en los hechos, todo lo  cual  nos permite otorgarle la credibilidad suficiente para tener por demostrada  la    responsabilidad    de    las   procesadas   en   este   asunto”  (negrillas  ajenas             al             texto)13.   

De lo transcrito resulta diáfano que fue la  versión  sincera,  espontánea y desinteresada de la procesada la que permitió  la  declaración  de  responsabilidad  penal,  no  sólo  de ella, sino la de su  compañera  de  ilicitud,  quien jamás compareció ante la justicia a responder  por  sus  actos,  como  sí  lo  hizo  voluntariamente  la aquí acusada, en una  actitud  que  se identifica con el fin pragmático con el que se ha concebido la  figura  de la rebaja por confesión, institución que encuentra como sustento la  agilidad  que se quiere imprimir a la administración de justicia, con el fin de  evitar y de disminuir su congestión.   

En  efecto,  a  este  respecto,  obligatorio  resulta    aquí    destacar    que    luego   de   la   denuncia   (presentada  el  10  de  enero de 1997), la  ampliación   de   la   misma   (de   18   de   marzo  siguiente),  en  la  que  el quejoso aportó copias de  algunas  facturas  del  mes  de  octubre de 1996 y los correspondientes asientos  contables  en los que se evidenciaba la diferencia entre el valor facturado y el  registrado  contablemente,  así  como el testimonio de Jorge Eduardo Calle Mesa  (de  la  misma  fecha  de  la  ampliación)  y  la  inspección  a  la  documentación  contable de la empresa  (realizada   el   4  de  abril  de  1997),  fueron  actos  probatorios  efectuados  durante  la  indagación  previa dirigidos a establecer  la  efectiva  realización de la conducta denunciada, tras lo cual se ordenó la  apertura  de  la  investigación  el  6  de  octubre  de  1997,  y  se obtuvo la  presentación  voluntaria  de  la  procesada  SÁNCHEZ  ARRIETA  el  27 del mismo mes, fecha en la que rindió  indagatoria  y  reconoció  sin  evasivas  su participación en los hechos, y su  responsabilidad  en  los  mismos,  momento  a  partir  del cual el camino estaba  expedito para la consecuente acusación y posterior condena.   

En  otras palabras, el acto de la confesión  de  la  precitada  satisfizo  también  la  teleología  práctica  que nutre la  consagración  de  aquella como circunstancia de disminución punitiva, dado que  la   confesión,  como  otros  mecanismos  procesales  ideados  por  la  llamada  “justicia  consensuada”, forma parte  del    generalmente    denominado    “derecho   penal   premial”     o     de    los    “arrepentidos”,  en  el  cual  se  prevén  estímulos,  como en este evento, para  quien,  fuera  de  los  casos  de  flagrancia,  en  su  primera versión ante el  funcionario  competente,  reconoce  su  autoría o participación en la conducta  punible   investigada,   comportamiento   que,   además,   facilita  el  acopio  probatorio,  reduce  la  tramitación,  hace  más  certero y expedito el camino  hacia  la  verdad  real,  evita  demoras  procesales, disminuye la congestión y  atenúa el desgaste judicial.   

Finalmente,  no resulta vano subrayar que si  el  presente  asunto  hasta  ahora  viene  a  ser finiquitado, no ha sido por la  necesidad  de verificar aspectos disuasivos invocados por la procesada, sino por  la  falta  de  diligencia  de  los  funcionarios,  pues,  empezando porque en la  instrucción  se  declaró  persona  ausente,  inexplicablemente, a SÁNCHEZ  ARRIETA, y no a Vásquez Puello,  irregularidad  que  detectada  obligó  a  invalidar lo actuado para corregir el  yerro14.   

Con  posterioridad,  la  calificación  del  mérito  del  sumario  sólo tuvo lugar hasta el 25 de abril de 2003, fecha para  la  cual ya había operado la prescripción de la acción penal frente al delito  de  falsedad en documento privado, y luego la notificación del pliego de cargos  emitido  en esa fecha se concluyó por parte de la Fiscalía de manera irregular  respecto  de  Vásquez  Puello,  circunstancia  que  advertida  por  el  juez de  conocimiento  el  6  de  octubre  del  citado año, obligó a la devolución del  expediente  al  instructor, funcionario que únicamente vino a conjurar el vicio  hasta  el  mes  de  agosto de 2005, es decir, faltando unos pocos días para que  también  prescribiera  el  delito  de hurto gravado15.   

Y  sin que en la instrucción o en el juicio  se  hubiesen  practicado  pruebas distintas de las relacionadas atrás, recibida  nuevamente  la actuación por el juez de conocimiento, el respectivo funcionario  se  tardó  dos  años  para concluir el juzgamiento y dictar la correspondiente  sentencia   condenatoria   (el  28  de  septiembre  de  2007).   

4.  De acuerdo con  las  anteriores  consideraciones,  el  cargo  propuesto  por el demandante está  llamado  a  prosperar,  pues  no  obstante  que  en  las sentencias de primero y  segundo  grado,  integradas  como  unidad  jurídica  inescindible, se tuvo como  fundamento   de   la   condena   la  confesión  de  la  procesada  SÁNCHEZ  ARRIETA, le fue negado a ésta el  derecho  al correspondiente descuento punitivo, constituyendo ello la violación  directa  de  una norma de contenido sustancial, esto es, del artículo 283 de la  Ley  600  de  2000  (Decreto  2700  de 1991, artículo  299),  con  repercusión  en la pena que legalmente le  correspondía  de acuerdo con las normas preexistentes para el juzgamiento de la  conducta punible imputada.   

Por  lo  tanto  en  relación  con los siete  (7)  meses de prisión a los  que  fue condenada la precitada en segunda instancia, se le otorgará una rebaja  de   una   sexta   parte,   equivalente   a   treinta   y   cinco   (35)  días,  obteniendo  así un guarismo  total  definitivo de cinco (5)  meses   y  veinticinco  (25)  días  de  prisión,  monto  al que igualmente se ajustará la pena accesoria de  inhabilidad para el ejercicio de derechos y funciones públicas.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE  

CASAR parcialmente  la  sentencia  impugnada  con  base  en el cargo propuesto por el recurrente. En  consecuencia:   

Atendida la rebaja por confesión, se fija a  la    procesada    DALYS    DEL    CARMEN   SÁNCHEZ  ARRIETA  una  pena  principal  de  cinco  (5)   meses  y  veinticinco  (25)  días  de  prisión,  como  coautora  responsable  del  delito  de hurto agravado. A ese mismo lapso queda reducida la  pena  accesoria  de  inhabilidad  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas.   

En los demás aspectos permanece incólume la  sentencia atacada.   

Contra  esta  providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Despacho de origen.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                              SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                                                AUGUSTO   J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE  LUÍS  QUINTERO  MILANES                              YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                                                                      JAVIER         ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Cuaderno original, folios 1-42.   

2  Ídem, folios 63, 68-72 y 75-77.   

3  Ídem, folios 100-102, 110 y 113-117.   

4  Ídem, folios 117 vto., 157, 158 y 275-286.   

5  Ídem,  folios  155,  156,  294-297,  y  Cuaderno  de  segunda instancia, folios  4-9.   

6  Cuaderno de segunda instancia, folios 24-29.   

7 Cfr.  Sentencia   de   casación   de   12  de  diciembre  de  2005,  radicación  Nº  23899.   

8 Cfr.  Sentencia   de   casación   de   11  de  noviembre  de  1999,  radicación  Nº  10915.   

9 Los  proyectos  de Código Penal y de Procedimiento Penal, cada uno con su respectiva  exposición  de  motivos,  fueron  presentados  al Presidente del Senado el 4 de  agosto de 1998 por el Fiscal General de la Nación de entonces.   

10  Corte   Suprema   de   Justicia.  Sent.  Casación  –  8.012,   sep.  29  de  1993,  M.  P.  Dr.  Guillermo  Duque  Ruiz;  sent.  Casación, jul. 28 de 1994, M. P.  Dr.   Guillermo   Duque   Ruiz;   Sent.  Casación  –  9.869,  nov.  20  de  1996,  M.  P.  Dr.  Ricardo  Calvete  Rangel; Sent.      Casación     –  9.602,  ago.17  de  1999, M. P. Dr.  Jorge E. Córdoba Poveda.   

11   Dice   la   norma:   “La  aceptación  de  la  autoría  o coparticipación por parte del  imputado  en  la  versión  rendida  dentro  de la investigación previa tendrá  valor        de        confesión”.   

12  Sentencia  de  10  de abril de 2003, radicación Nº 11960. En el mismo sentido,  sentencias  de  15  de septiembre de 2004, radicación Nº 19932, 26 de enero de  2005,  radicación Nº 19429, 9 de febrero de 2005, radicación Nº 19869, 16 de  marzo  de  2005,  radicación  Nº  18440,  25  de mayo de 2006, radicación Nº  21757,  29  de  octubre  de 2008, radicación Nº 22047, 2 de diciembre de 2008,  radicación  Nº  27839,  y  6  de  mayo  de  2009, radicación Nº 24055, entre  otras.   

13  Cuaderno original, folios 280 y 281.   

14 Cuaderno original, folios 42, 100 y 101.   

15  Ídem, folios 157 y 158.     

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