32148(10-02-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.° 32148  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

                                     Aprobado Acta # 38   

Bogotá  D.C.,  febrero diez (10) de dos mil  diez (2010).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación presentada por el apoderado de las víctimas.   

ANTECEDENTES:  

1. El 14 de marzo de  2008,  aproximadamente  a  las  7:15 de la noche, en un lugar aledaño al Centro  Comercial  Panamá  de  Bogotá  donde  se  llevaba  a  cabo una feria artesanal  (autopista  norte  con  diagonal  182),  se  enfrentaron  con  palos,  botellas,  “tambos”  y cuchillos,  integrantes de los grupos juveniles denominados  tercera  fuerza –de      orientación      nacional  socialista— y rash              –de     izquierda,     obrerista    y  antirracista—. El resultado  fue  el  fallecimiento  de  Luis  Felipe  Toquica  Buitrago,  a  causa de choque  hipovolémico  secundario  a herida con arma cortopunzante localizada en la base  del cuello.   

Rafael    Acosta,    de    tercera  fuerza, le dijo a la policía que  el  autor  del crimen fue un líder de rash      apodado      “faro”,   quien  resultó  ser  FREDY  ALEXÁNDER  RAMÍREZ  OTÁLVARO,  aprehendido posteriormente.   

2.  En la audiencia  de  legalización  de  captura,  formulación  de  imputación  y definición de  situación  jurídica,  llevada  a  efecto  el  17  de  marzo  de 2008, RAMÍREZ  OTÁLVARO  no admitió el cargo de homicidio simple atribuido, respecto del cual  se le profirió detención preventiva.   

3.   Tras   la  celebración  de  la  audiencia  de  formulación de acusación el 5 de junio de  2008,  se  llevó  a  cabo  la  preparatoria  el  17  de julio siguiente y la de  juzgamiento  los  días  20  de  agosto  y 25 de octubre del mismo año. En esta  última  sesión, finalizadas las intervenciones de las partes, el Juez 25 Penal  del  Circuito  de  Bogotá  a  cargo del caso, anunció sentido condenatorio del  fallo  y,  a  solicitud  del apoderado de las víctimas, dispuso la apertura del  incidente de reparación.   

Así  las  cosas,  se  realizó la audiencia  correspondiente  al tema indemnizatorio los días 31 de octubre, 14 de noviembre  y  5  de  diciembre de 2008. En la última sesión el despacho judicial declaró  que  no  se  probaron  los  perjuicios  reclamados en el incidente y dispuso, en  consecuencia, no condenar al procesado a pagarlos.   

4.  También en la  última  fecha mencionada el juzgado del conocimiento dictó sentencia. Condenó  al  acusado,  por  homicidio  simple,  a 208 meses de prisión e inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 20  años.  Se incorporó a la providencia la decisión que le puso fin al incidente  de reparación integral.   

5.  El  defensor  apeló  ese  pronunciamiento  y  el  Tribunal Superior de Bogotá, a través del  fallo  recurrido  en  casación,  expedido  el 20 de marzo de 2009, lo revocó y  absolvió al procesado.   

LA DEMANDA:  

El   censor,   luego   de  reproducir  las  consideraciones  de  la sentencia de primera instancia y presentar una síntesis  de  aquellas  en  las  cuales  se  apoyó la recurrida en casación, anunció la  formulación  de  tres cargos al amparo de la causal 3ª del artículo 181 de la  Ley  906  de 2004, por manifiesto desconocimiento de las reglas de producción y  apreciación   de   la  prueba  sobre  la  cual  se  ha  fundado  la  sentencia.   

Primer  cargo.  Error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

Se  equivocó  el  Tribunal  al apreciar los  testimonios  de Juan Sebastián Valbuena, Laura Daniela Echeverri Marín, Rafael  Acosta   y   José   Edilberto   Piraquive   Quiroga,  produciendo  –por          tanto— un fallo equivocado.   

Desconoció   la   corporación   judicial  “claramente  la inmediación efectuada por el señor  Juez  de  conocimiento  quien  estando  presente pudo determinar que los relatos  efectuados  por  los testigos presenciales en la audiencia de juicio oral fueron  de  cargo  y  de  señalamiento de responsabilidad en contra del procesado y sin  dubitación  alguna  lo  señalaron  y  lo reconocieron como la persona o por lo  menos  una  de  las  personas  que  agredieron al hoy occiso.  Acá resulta  evidente  el  error  cometido  por  el  Tribunal  de  falso raciocinio cuando no  verifica  ni  da  crédito  a  la  credibilidad  de  estos  testigos”.   

El error de raciocinio condujo a la indebida  aplicación del principio de in dubio pro reo.   

Segundo  cargo.  Error  de  hecho  por falso  juicio de identidad.   

Las  razones  para absolver orientaron a una  sentencia  desacertada.  Si bien es cierto no existe coincidencia en los relatos  de  los testigos presenciales, también lo es “que la  diferencia  de  detalles  en  las  narrativas no arrojan siquiera asomos de duda  respecto  de  lo  que sucedió, ya que el eje central de todas esas versiones es  el  señalamiento  que todos y cada uno de los testigos presenciales hicieron en  contra  de RAMÍREZ OTÁLVARO, como el autor de ese homicidio; obviamente, claro  está,  sin  dejar  de lado la participación de otra u otras personas, teniendo  en  cuenta  que el grupo agresor estaba conformado por varias personas, casi una  veintena, según se aseveró”.   

No  se  podía  colegir  la  inocencia  del  procesado,   ni  la  duda  en  relación  con  su  participación  en  el  hecho  investigado.   

Incurrió el Tribunal en el error denunciado  “cuando  produce  efectos  de  la  prueba  que no se  desprenden  de  ella,  como es el caso de los testimonios de la defensa rendidos  por  Zully  Alejandra  Cardozo  y Carlos Vladimir Rodríguez, contratistas de la  Subsecretaría  de  Gobierno  de la Alcaldía Mayor de Bogotá, quienes trabajan  en  procesos  de  generación  de  convivencia  entre grupos o culturas urbanas,  quienes  también  conocen  al  grupo  ‘tercera        fuerza’,  indicando  que es un grupo nacional socialista y que ‘normalmente   se  les  cataloga  como  fachos’, en palabras de la  testigo Zully Cardozo”.   

Dijeron  esos  testigos  que  el día de los  hechos  FREDY  RAMÍREZ  OTÁLVARO los llamó varias veces telefónicamente para  informarles  de  la  situación  de confrontación entre los grupos de jóvenes,  pidiéndoles  comunicar  lo pertinente a la policía para intervenir en el caso.  No  obstante,  “no  quedó  establecido  ni  probado  dentro  del  juicio  la  hora  exacta  de  las llamadas y si las mismas tuvieron  ocurrencia  antes  o  después  de  los acontecimientos; es decir, que estos dos  testimonios  no prueban ni desvirtúan nada relevante, como pretendieron hacerlo  a  favor  del  implicado  y el Tribunal frente a esto se limita a decir que hubo  ausencia  de una investigación adecuada. Además no se debe perder de vista que  estos  testigos  no  fueron presenciales de los hechos, como sí los testigos de  cargo”.   

Tercer  cargo.  Falso  juicio de existencia.   

Cometió  ese  error el Tribunal al echar de  menos  el  testimonio  del  líder  de  ‘tercera        fuerza’  Alfredo  Devia  y  asegurar  que en el Centro Comercial Panamá el  grupo  rash  tenía su sede,  cuando  simplemente  abrieron  allí un local para la venta de las boletas de un  concierto musical.   

Se presentó la equivocación, igualmente, al  asegurar     la     corporación     judicial     desconocer     “quiénes    eran    los   cuatro   muchachos   coprotagonistas   del  insuceso”,  siendo  que uno fue el occiso y los tres  restantes los declarantes en el juicio oral.   

Expresó enseguida el censor:  

“Afirma   el  honorable  Tribunal que ‘la  prueba  de cargo se redujo al testimonio de cuatro personas que logró contactar  el      agente      investigador…’.   Cabe  preguntarse  no  son  suficientes  cuatro  testimonios  de  personas  que presenciaron el hecho y lo narraron desde sus propias perspectivas  a  las autoridades correspondientes, donde convergen en un mismo sentido y es el  de  señalar  sin  dubitación, a por lo menos, uno de los autores del homicidio  de un menor de edad?   

“A  propósito,  en  relación con el otro  presunto  autor  o  coautor,  mencionado  por  algunos  testigos con el alias de  CONAN,  tiene  conocimiento  esta  representación  que  la  Fiscalía  adelanta  investigación  en  su  contra  y con ello se verifica que el honorable Tribunal  incurrió  nuevamente  en un error por falso juicio de existencia al asegurar en  su  decisión que el ente investigador ‘no    se   interesó   por   averiguar   siquiera   de   quién   se  trataba’,   pudiéndose  verificar   que   si   se  extendió  hacia  él  la  investigación”.   

Finalizó   advirtiendo  que  la  indebida  apreciación  probatoria  determinó el proferimiento de la sentencia recurrida,  cuya  casación se persigue, lo mismo que la causación  de “daño      y      agravio      a      las      víctimas”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA:  

1.  En el capítulo  IX  de  la  Ley  906  de  2004  dedicado  a regular el recurso extraordinario de  casación,  exactamente  en el inciso 2º del artículo 184, se contemplaron las  siguientes  cuatro  posibilidades  para  no seleccionar o admitir una demanda de  casación:  carencia  de  interés,  no  señalamiento  de  la  causal, falta de  sustentación  debida  de  los  cargos  y  cuando  de  su  contexto  se advierta  fundadamente  que no se precisa del fallo de la Corte para cumplir alguna de las  finalidades del recurso.   

2.  En el presente  caso,  pese  a  ser evidente que el impugnante, en su condición de apoderado de  las  víctimas,  cuenta  con  interés  para discutir ante la Corte la sentencia  absolutoria  dictada  en  segunda instancia a favor del procesado, no consiguió  determinar  cuáles yerros en concreto le atribuye al Tribunal y mucho menos las  razones  para  acreditarlos,  como  claramente  lo  revela  la  síntesis  de la  demanda,  en  la  cual  está  reflejado  fielmente  su  contenido íntegro, sin  modificar el orden de las ideas expuestas.   

3.  Es palpable en  cada  censura,  en efecto, la inconformidad del censor con el alcance dado a los  medios  de  convicción  por  el juzgador, al cual contrapone el propio, dejando  ver  con ello su idea errada de entender la casación como una tercera instancia  del  proceso penal a la cual es dable acudir en procura de que la Corte medie en  un   debate   probatorio   agotado   en  el  Tribunal  de  segundo  grado.    

El recurso extraordinario, por el contrario,  como  en  muchas  oportunidades  lo  ha  señalado  la Sala frente al Código de  Procedimiento  Penal  de  2000  y  lo  reitera en esta oportunidad de cara a las  normas  de  la  Ley  906  de  2004,  no  es un escenario apto para desaprobar de  cualquier   forma   las   conclusiones   de   la   sentencia   o   el   trámite  procesal.       El  mismo1  se  encuentra  limitado  a  los  posibles  errores susceptibles de  cometerse  en  un  proceso,  los  cuales  se  sintetizan  en los motivos legales  previstos para su procedencia.   

Si  la  legalidad  de  la  sentencia  está  condicionada  a  una  actuación  surtida  con  observancia del debido proceso y  respeto  de  los  derechos  fundamentales  de  las  partes,  las irregularidades  lesivas  de  la  estructura procesal o de esas garantías hacen parte del objeto  del  recurso  extraordinario  y,   de  acuerdo  a como lo tiene definido la  Corte,  deben  plantearse  individualmente si son varias las ocurridas (teniendo  en   cuenta  que  el  orden  lo  determina  la  capacidad  invalidatoria  de  la  irregularidad),   definiéndose  en  cada  caso  el  tipo  de  vicio  denunciado  –si  de  trámite  o  de  garantía—,  el  carácter  sustancial  del  mismo,  el  momento  procesal  desde  el cual se debe anular el  proceso   y   la   razón   por   la   cual   debe   acudirse   a   ese  remedio  extremo.   

Las   demás  incorrecciones  posibles  de  discutirse  en  casación  están  vinculadas  al  contenido  de  la  sentencia,  probatorio y jurídico.   

Al examinar los medios de prueba el juzgador  puede  incurrir  en  errores de hecho o de derecho. Los primeros ocurren si deja  de   apreciar  pruebas  válidas  que  obran  en  el  proceso  o  supone  medios  demostrativos  (falso  juicio  de  existencia),  cuando  tergiversa su contenido  haciéndoles  decir algo que objetivamente no dicen (falso juicio de identidad),  o  al  apreciarlas  con  desbordamiento de las reglas de la sana crítica (falso  raciocinio).  Y los segundos, cuando toma en consideración pruebas inválidas o  tiene  como  tales  pruebas  válidas (falso juicio de legalidad) o  estima  que  la  prueba  tiene  tarifa  legal,  no  teniéndola, o estando sujeta a ella  desconoce  el  valor  o la eficacia probatoria asignada por la ley (falso juicio  de convicción).   

En todos esos casos la eventual violación de  la  ley  sustancial  es  indirecta  pues  se  produce  a través del yerro en la  apreciación  probatoria  y  es  deber  de  quien la postula precisar el tipo de  error,  identificar  la  modalidad  y  acreditarlo,  sin  soslayar  la  carga de  demostrarle  a  la  Corte  que  si  no se hubiese presentado la orientación del  fallo   habría   sido   distinta,   lo   cual   equivale   a   desvirtuar   sus  fundamentos.   

Pero  si  es  el  contenido  jurídico de la  sentencia  el   objetado  por  el  recurrente,  le está vedado discutir la  apreciación  probatoria  porque en esa hipótesis la transgresión de la ley es  la  consecuencia  directa  de un error estrictamente de derecho, originado en la  aplicación  indebida de la norma sustancial, en su falta de aplicación o en su  interpretación errónea.   

Por fuera de las comentadas irregularidades,  previas  al  fallo  o  derivadas  de  él,  resulta  improcedente  el recurso de  casación  y  por  tal  razón  es importante para el sujeto procesal demandante  entender  la  lógica  del  proceso, reflejada toda ella en las causales legales  dispuestas  para  la  utilización del medio de impugnación extraordinario, las  cuales,  a  diferencia  de  como  se  piensa,  no sugieren la idea de un recurso  técnico  y  hostil   a  la realización de sus propias finalidades sino de  uno  que  en  atención  a su naturaleza rogada exige un mínimo de precisión y  coherencia  en  la manera de la presentación del caso al Tribunal de Casación,  ante  el  cual  no  puede  venirse  con  vaguedades  o  a buscar  análisis  probatorios  de  instancia,  sino  con  la claridad suficiente para expresar con  toda  naturalidad  qué  error  trascendente  cometió el juzgador y aportar los  argumentos pertinentes para persuadir acerca de su ocurrencia.   

Comprender  lo precedente llena de contenido  la     exigencia     legal    de    “claridad    y  precisión” en la formulación del cargo contemplada  en  el  artículo  212-3  de  la Ley 600 de 2000, o la equivalente de desarrollo  debido  de  los reproches dispuesta en el artículo 184, inciso 2º, de  la  Ley  906  de 2004 e insatisfecha en el presente caso como sin ninguna dificultad  se concluye.   

4.  Cierto  que en  cada  censura el recurrente señaló el sentido de la violación indirecta de la  ley  sustancial  planteada:  falso  raciocinio  en  la  primera, falso juicio de  identidad  en  la  segunda  y  falso  juicio  de  existencia  en  la última. Al  sustentarlos,    sin    embargo,    no    acreditó    los    errores    ni   su  trascendencia.   

Omitió  especificar  en  el cargo inicial,  ciertamente,  si  la vulneración denunciada fue de una regla de experiencia, de  lógica  o  ley  científica.  Mucho  menos  la  particularizó,  limitándose a  señalar  como  tal  una  circunstancia  por  completo  marginal  al  recurso de  casación  consistente  en  el  hecho  de  que  el Tribunal haya atribuido a los  testimonios  de  Juan Sebastián Valbuena, Laura Echeverri Marín, Rafael Acosta  y  José  Edilberto  Piraquive  unos  alcances  distintos  a los otorgados en la  primera instancia.   

En  la  presentación  del segundo reproche  insistió  en  desaprobar la apreciación de los medios de convicción realizada  en  el  fallo  impugnado,  enfrentando  a ella la propia aunque sin pasar por la  obligada  demostración  del  falseamiento  del  contenido  testimonial que a su  parecer  provocó  la  emisión  de una sentencia ilegal. Le bastó, en lugar de  ello,  con  remarcar  que debía creerse a los testigos de cargo y desecharse la  perplejidad    probatoria    deducida   por   el   ad  quem   del  examen  de  otras  evidencias,  como  las  declaraciones  de  los  contratistas  de la Alcaldía Mayor de Bogotá Alejandra  Cardozo   y   Carlos   Rodríguez,  a  quienes  RAMÍREZ  OTÁLVARO  llamó  con  insistencia  el  día  de  los  hechos para ponerlos al tanto del enfrentamiento  entre  las  agrupaciones de jóvenes y pedirles conseguir la intervención de la  policía.   

No cambió la situación en la censura final  donde  aparte  de relacionar el casacionista,  sin comprobación ninguna de  su   trascendencia,  algunas  imprecisiones  del  Tribunal  y  la  omisión  del  testimonio  de Alfredo Devia, hizo hincapié nuevamente desde su visión parcial  del  asunto  y  al  margen  del acucioso examen de las pruebas hecho en el fallo  recurrido,  en  la  suficiencia  para condenar de las declaraciones rendidas por  los  simpatizantes  de  “tercera  fuerza”  que  acompañaban  a  la  víctima,  a  través  de  las cuales  señalaron  como responsable del crimen al líder más visible de su agrupación  enemiga               “rash”.   

5.  El  escrito  presentado  como  demanda, en conclusión, no reúne en lo formal las exigencias  mínimas  para  considerar  su  admisibilidad de cara a los fines del recurso de  casación.  Se inadmitirá, por tanto, advirtiéndose que no hay lugar a superar  sus  defectos  para  hacer  uso de la facultad oficiosa contemplada en el inciso  3º del artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004.   

6. Cabe   advertir,  para  finalizar,  que  contra   la  presente     decisión    procede  el  mecanismo de insistencia de  conformidad  con lo establecido en la norma acabada de  mencionar,  cuyas  reglas  ha  definido la Sala en los  siguientes términos:   

         

         6.1.   La  insistencia  es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede ser promovido por el demandante, dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  notificación de la providencia por cuyo medio la  Corte  decida no seleccionar la demanda de casación, con el fin de provocar que  reconsidere  lo  decido.  También podrá ser propuesto oficiosamente por alguno  de   los  Delegados  del  Ministerio  Público  para  la  Casación  Penal   –siempre que el recurso de  casación  no  haya  sido  interpuesto  por  un  Procurador Judicial—,   el   Magistrado   disidente  o  el  Magistrado  que  no  haya  participado  en los debates y suscrito la providencia  inadmisoria.   

         6.2.  La solicitud se puede presentar ante  el  Ministerio  Público  a  través de sus Delegados para la Casación Penal, o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  haya salvado voto en cuanto a la decisión  mayoritaria  de  inadmitir  la demanda o ante uno de los Magistrados que no haya  intervenido en la discusión.   

         6.3.   Es   potestativo   del  Magistrado  disidente,  del  que  no  intervino en los debates o del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

         

         6.4.  El  auto  a  través  del cual no se  selecciona  la  demanda  de  casación  trae  como consecuencia la firmeza de la  sentencia  de  segunda  instancia  contra  la  cual  se  formuló  el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia prospere y conlleve a la admisión de la  demanda.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  demanda de casación presentada por el apoderado de las víctimas.   

         Contra  esta  determinación  procede el mecanismo de insistencia en  los términos a que se hizo alusión en las motivaciones.   

NOTIFÍQUESE   Y   CÚMPLASE.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ                           SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                    

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                     AUGUSTO             J.             IBAÑEZ  GUZMÁN                            

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS                                         YESID       RAMÍREZ  BASTIDAS                                                    

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                                     JAVIER         ZAPATA         ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  .  Así  lo  sostuvo  la  Corte  en  el auto de casación del 14 de febrero de 2006  (radicación  23.639)  y  se  recordó  en el del 6 de mayo de 2009 (radicación  30.557).     

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