31400(11-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31400  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 74.  

          Bogotá, D. C., once de marzo de dos mil nueve.   

VISTOS  

          Examina  la  Corte, en sede de apelación, las decisiones proferidas  por  el  Juzgado  Séptimo  de  Ejecución  de  Penas  y Medidas de Seguridad de  Bogotá  el  21 de octubre de 2008, mediante las cuales, de un lado, decretó la  acumulación  de  las  penas impuestas al condenado VÍCTOR MANUEL BOTERO GALLO,  y,  de  otro,  negó la rebaja de una décima parte de la pena con fundamento en  el artículo 70 de la Ley 975 de 2005.   

ANTECEDENTES DEL CASO  

         

          1.  A  VÍCTOR  MANUEL  BOTERO GALLO se le impusieron las siguientes  penas:   

    

* En  sentencia  proferida  el  25  de  agosto  de  2006  por  el Juzgado 55 Penal del  Circuito  de Bogotá y confirmada con modificaciones por el Tribunal Superior de  la  misma ciudad,  se le condenó a las penas principales de setenta y ocho  (78)  meses  de  prisión  y multa en cuantía de 62.5 salarios mínimos legales  mensuales  y  a  la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad,  como autor del delito de tráfico de migrantes.     

    

* En  sentencia  proferida  por  esta  Corte el 23 de agosto de 2007, se le condenó a  las  penas  principales de cien (100) meses y veintidós (22) días de prisión,  multa   en   cuantía   de   53.328   salarios   mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un lapso  de  cuatro  (4)  años,  como  autor  responsable  de  los  delitos  de falsedad  ideológica   en  documento  público  –en  cantidad  de  trece-,  y  tráfico de migrantes, cometidos en su  condición  de  cónsul  encargado  del  Consulado  Colombiano en Panamá. En la  misma  decisión  se  le negaron los subrogados de la suspensión condicional de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.     

          2.  La  vigilancia  y  ejecución  de  la  primera  sentencia estuvo  inicialmente  a  cargo  del  Juzgado Primero de Ejecución de Penas y Medidas de  Seguridad  de La Dorada-Caldas, despacho que en proveído del 6 de marzo de 2008  le  concedió  al  condenado BOTERO GALLO una rebaja de pena del 10%, por virtud  de  lo dispuesto en el artículo 70 de la Ley 975 de 2005, razón por la cual le  abonó  un  lapso  de  7  meses  y  24 días al tiempo que llevaba privado de la  libertad,  a  los  que  sumó otros 183 días por concepto de redención de pena  por   trabajo,  estudio  y  enseñanza,  declarando,  en  consecuencia,  que  el  sentenciado  había  purgado 3 años, 11 meses y 4 días de la pena impuesta por  el  Juzgado  55  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  y que por lo tanto se hacía  acreedor a la libertad condicional.   

          No  obstante,  el  condenado  permaneció privado de su libertad por  cuenta  del  Juzgado  Séptimo  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de  Bogotá,  a  quien  correspondió  la  vigilancia  de  la pena impuesta por esta  Corporación en la sentencia del 23 de agosto de 2007.   

          4.  Ante  el  último  juzgado, el defensor de VÍCTOR MANUEL BOTERO  GALLO  elevó  petición  solicitando  la  acumulación  jurídica  de las penas  impuestas;  la  rebaja equivalente al 10% de la pena establecida en el artículo  70  de  la  Ley  975 de 2005; la concesión de la libertad condicional por haber  cumplido   las   3/5   partes  de  la  pena  impuesta;  y,  subsidiariamente  la  sustitución  de  la pena intramural por domiciliaria en virtud de lo consagrado  en el artículo 461 de la Ley 906 de 2004.    

          5.  Las  anteriores peticiones fueron resueltas por el Juez Séptimo  de  Ejecución  de  Penas  y  Medidas  de Seguridad en dos autos distintos de la  misma  fecha  –octubre 21 de  2008-, en los siguientes términos:   

          5.1.  Sobre  la  acumulación  jurídica de las penas reseñadas, la  encontró  viable,  razón  por  la  cual entró a redosificar la nueva sanción  conforme  a  los  criterios  señalados  en  el  artículo 31 del Código Penal.   

          En  ese  propósito,  el  juez  partió  de la pena de prisión más  grave,  esto  es,  la  de  cien (100) meses y veintidós (22) días impuesta por  esta  Corte,  la cual incrementó en cincuenta y dos (52) meses por razón de la  segunda  condena,  para  fijarla,  finalmente,  en  ciento cincuenta y dos (152)  meses  de  prisión.  La  multa  se  estableció en 98 salarios mínimos legales  mensuales  y  la pena accesoria se redujo al mismo término de la pena privativa  de la libertad.   

          Anunció   que   la  anterior  dosificación  se  sustentaba  en  la  naturaleza  y  modalidad  del hecho por el cual fue condenado BOTERO GALLO, así  como la reiteración en el mismo tipo de conductas delictivas.   

          5.2.   En  relación  con  la  libertad  condicional,  la  encontró  improcedente  tras  considerar  que  el  condenado  no había cumplido el factor  objetivo,   pues   sumando   los   tiempos   que  había  descontado  de  manera  independiente  por  cada  una de las sentencias, alcanzaba un tope de 54 meses y  17  días, inferior a 91 meses y 19 días, que correspondían a las tres quintas  partes                      de                      la                      pena  acumulada.                 

          5.3.  Sobre  la  rebaja  del  10%  de  la  pena con fundamento en el  artículo  70 de la Ley 975 de 2005, también la encontró improcedente, pues la  sentencia  proferida por la Corte no se encontraba ejecutoriada cuando entró en  vigencia la Ley 975 de 2005, esto es, el 25 de julio de 2005.   

          6.  Contra  las  anteriores  determinaciones,  el  condenado VÍCTOR  MANUEL  BOTERO  GALLO  interpuso  los  recursos  de reposición y subsidiario de  apelación, que fundamenta así:   

          a)  La ley procesal que le favorece para el análisis de la prisión  domiciliaria  no  es  la Ley 600 de 2000 como se afirma en uno de los proveídos  impugnados,  sino  la  Ley 906 de de 2004, pues la primera exige en su artículo  38  un  presupuesto  objetivo  para la concesión del subrogado, a saber, que la  pena  mínima  prevista  para  la  conducta  punible por la cual se condenó, no  exceda  de  cinco años de prisión, límite que no exige el artículo 314 de la  Ley 906 de 2004.   

          b)  Para  efectos  de  la  dosificación de la pena por razón de la  acumulación,  aduce  que  el “otro tanto”  a  que  se  refiere  el  artículo 31 de la Ley 599 de 2000, es  indicativo      de      “proporción”,  que  puede  ir  de un (1) día hasta cien (100) meses, sin que  pueda superar la suma aritmética de las dos penas.   

          En   el  presente  caso,  el  juez  de  primera  instancia  decidió  imponerle  una  pena de 152 meses, la cual solicita que se le rebaje, pues en su  caso   se  vio  perjudicado  por  la  entrada  en  vigencia  del  sistema  penal  acusatorio,  ya que por las mismas conductas ocurridas en diferentes épocas -24  de  diciembre de 2004 y 23 de febrero de 2005-, se le impusieron distintas penas  -100  y  78  meses, respectivamente-, so pretexto de una ruptura procesal por la  entrada en vigencia del aludido sistema.   

          Alega  que se trataba de un delito continuado que debió fallarse en  un  solo  proceso,  y  no  en  la  forma  en  que  se  hizo, en perjuicio de sus  garantías  procesales.  Pide,  en  consecuencia,  que se le redosifique la pena  impuesta,   reduciendo   la   misma   al   mínimo   legal   posible.     

          Sostiene  que  se encuentra en la cárcel, no por ser un delincuente  nato,  sino  porque  cometió  errores  de  naturaleza  culposa,  por desconocer  ciertas  normas particulares del sector diplomático y porque terminó siendo el  “chivo expiatorio” de una  estructura criminal de la cual nunca hizo parte.   

               c) Sobre la negativa de la rebaja  de  pena  del 10%, señala que aunque la sentencia proferida por la Corte quedó  ejecutoriada  con  posterioridad  a  la declaratoria de inconstitucionalidad del  artículo  70  de la Ley 975 de 2005, el principio de favorabilidad viabiliza su  aplicación.   

          Después  de  citar  algunos antecedentes jurisprudenciales sobre la  aplicación  del aludido principio afirma que tanto las personas condenadas como  las  procesadas  en vigencia de la Ley 975 de 2005, ostentan “igual situación  fáctica”,  cual  es  la  intervención  del  Estado  por razones de política  criminal,  por  lo  que  el  beneficio punitivo para el grupo de los condenados,  debe  ser  reconocido  a los procesados como consecuencia de la ultractividad de  la ley penal más favorable.   

          Como  consecuencia  de ese reconocimiento, pide que se le conceda la  libertad condicional.     

          7.  El recurso de reposición fue resuelto adversamente en proveído  del  16  de  diciembre  de  2008,  mismo  en  el cual se concedió el recurso de  apelación interpuesto como subsidiario.   

          No  obstante,  el  proceso  sólo  se  remitió a esta Corte el 2 de  marzo de 2009.   

                                              CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

          1.  Sobre  la redosificación punitiva por razón de la acumulación  de penas.   

          Tanto  el artículo 470 de la Ley 600 de 2000, como el artículo 460  de  la  Ley  906  de  2004,  regulan  en  idéntica  forma  el  instituto  de la  acumulación jurídica de penas, estableciendo que:   

“Las normas que regulan la dosificación de  la  pena,  en  caso  de  concurso  de conductas punibles, se aplicarán también  cuando  los  delitos conexos se hubieren fallado independientemente. Igualmente,  cuando  se hubieren proferido varias sentencias en diferentes procesos. En estos  casos  la  pena  impuesta  en  la  primera decisión se tendrá como parte de la  sanción a imponer”.   

          De  manera  que  por  expreso  mandato  del  legislador, sea que las  conductas  imputadas  a una persona se investiguen o no conjuntamente, operarán  las  reglas  de dosificación del concurso de delitos, el cual se sustenta en la  acumulación  jurídica  de penas y proscribe la suma aritmética de las mismas.   

          Pero  la  remisión  a  ese instituto no supone, como lo pretende el  recurrente,  una  nueva  graduación  de  la  pena  tal  y como si ella nunca se  hubiese  fijado,  pues  un  correcto entendimiento del precepto lleva a señalar  que  la  tasación de la acumulación debe hacerse sobre las penas concretamente  determinadas,  como  ya  lo  ha dicho la Sala, entre otros, en el auto del 12 de  noviembre de 2002, que al respecto sostuvo:   

“Manda  la  disposición  atrás  referida  integrar  a  su  hermenéutica  el  artículo 31 del código penal que regula el  concurso  de  conductas  punibles,  naturalmente  en  su  parte pertinente, como  quiera  que  la suma jurídica no habrá de hacerse sobre las conductas punibles  imputadas  al  condenado en los procesos objetos de acumulación, sino sobre las  penas  concretamente  dosificadas  en  la  forma  y  términos  en  que  se haya  dispuesto  en  las sentencias, de modo que partir de la pena mas grave según su  naturaleza   …solo   sea   necesario   un  simple  ejercicio  de  comparación  matemática   entre  las  de  igual  naturaleza  para  saber  cuál  es  la  mas  grave.”1   

          En  igual  sentido,  en  auto del 17 de marzo de 2004, dijo la Sala:   

“…erróneamente  procedería  el Juez que  decretara  la  acumulación  jurídica  de  penas  si  lo hiciera disminuyendo o  aumentando  las  sanciones  impuestas  en las sentencias objeto de integración,  como  si  actuara  a  la  manera  de  un funcionario de instancia, puesto que se  extralimitará  en  las  funciones definidas en el artículo 31 de la ley 599 de  2000.  Su  labor  está limitada, que fue como procedió el Tribunal, a tomar en  cuenta  la  pena mas grave e incrementarla hasta en otro tanto, como lo autoriza  el    artículo   470   del   código   de   procedimiento   penal.”2    

          Y  si  ese  fue  el  procedimiento  aquí  utilizado  por el Juez de  Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad al acumular las penas que afectan al  condenado  VÍCTOR  MANUEL BOTERO GALLO, no evidencia la Sala desconocimiento de  sus   derechos,   ni   error   alguno   en   la   tasación  efectuada  por  esa  vía.   

          En  efecto,  como  quedó reseñado en los antecedentes del caso, en  la  decisión  impugnada  partió  el  juez  de  la pena más grave, a saber, la  impuesta  por  esta  Corte  en  la  sentencia  del 23 de agosto de 2007, la cual  incrementó  discrecionalmente  en 52 meses por razón de la acumulación, monto  que  no  rebasa  el  “otro tanto” y tampoco la suma aritmética de las penas  acumuladas,  razón  por  la  cual  se  encuentra  dentro  de los parámetros de  legalidad.         

          El  impugnante  no ofrece razón de peso alguna para sostener que el  Juez  de  primera  instancia  rebasó los parámetros de discrecionalidad que le  otorga la ley en esa función.   

          Además,  sus  alegaciones  en  el  sentido  de  que  en  su caso no  procedía  la  ruptura  procesal  en  la  investigación  y  juzgamiento  de las  conductas  objeto  de  cada  sentencia, carece de fundamento legal, pues deja de  lado  que  para  los  hechos  juzgados  por  el Juzgado 55 Penal del Circuito de  Bogotá,  el  condenado BOTERO GALLO no tenía fuero alguno, en la medida en que  en  su  ejecución  se desempeñaba como Canciller Grado 10AP en el Consulado de  Colombia  en  Panamá,  mientras  que en los hechos juzgados por esta Corte, los  delitos  cometidos  los ejecutó en su condición de Cónsul Encargado del mismo  Consulado,  con  fuero  especial  que  obligaba  necesariamente a su juzgamiento  independiente.      

            Por  todas  las  anteriores  razones,  se confirmará la decisión  tratada en este acápite.   

          2.  Sobre  la  rebaja  de pena por virtud del artículo 70 de la Ley  975 de 2005.   

El  artículo  70  de  la  ley  975  de 2005  preveía  una  rebaja  de  la  décima  parte  de la pena impuesta para aquellas  personas  que  al  momento de entrar en vigencia se hallaren cumpliendo pena por  sentencia  ejecutoriada,  con excepción de las condenadas por delitos contra la  libertad,    integridad    y    formación    sexuales,    lesa    humanidad   y  narcotráfico.   

El   mencionado  artículo  fue  declarado  inexequible  por vicios de forma en la sentencia C-370 del 18 de mayo de 2006 de  la  Corte  Constitucional.  Sobre  los  efectos de esta declaratoria, la Sala ha  sentado el siguiente criterio jurisprudencial:   

“En  las discusiones de las Comisiones de  Apelación  de  cada Cámara designada para estudiar la inclusión del artículo  relativo  a  la  rebaja  de  pena,  siempre  se consideró que la misma era para  personas  condenadas  antes de la vigencia de la ley, pues “La realidad social  del  país  y  los objetivos que se buscan con esta disposición, que son, entre  otros,  otorgar  una mayor protección a la dignidad de las personas privadas de  la  libertad  -artículo  1°  de  la  Carta  Política-, aliviar el problema de  sobrepoblación  que  se  presenta  en  los  establecimientos  de reclusión que  funcionan  en  el  país,  así  como  también  facilitar  la  búsqueda  de la  reparación,  reconciliación  y  convivencia  pacífica  al  permitir  una más  rápida  reincorporación  del  condenado  a la sociedad y a su medio familiar, ubica la presente iniciativa  dentro  de  una  política  criminal y penitenciaria razonada. Razonabilidad que  aconseja  predicar  una  rebaja  de  una  décima  parte,  mas  no de una quinta  parte”.3.   

“Más  adelante  se  agregó que “En el  presente  caso  no  se  trata  de  un  indulto ni de una amnistía, porque no es  ejercicio  del  derecho  de  gracia  -la  Corte  en  la Sentencia C-260 de 1993,  manifestó  que  “el  fundamento  del  indulto  es  el  ejercicio del derecho de  gracia”-,  sino  que  se  trata de un beneficio preciso y determinado, que no es  permanente  y  que aliviará la condición de todos los condenados -a excepción  de  los  que  considere  el  Legislador  que  no  deben  acceder a él- y de las  personas  que  dependen de ellos, otorgándoles una nueva oportunidad de rehacer  su   proyecto   de   vida,   lo   que   contribuirá  en  el  logro  de  la  paz  social.”4   

“Bajo   ese  entendido  se  aprobó  la  proposición  aditiva  al  proyecto  y se incluyó el artículo finalmente en la  ley,  de  tal  manera  que  de  acuerdo a su discusión en las Comisiones y a su  redacción  no  queda  duda  que  la  voluntad  del  legislador  no fue otra que  disponer  la  rebaja  de  una  décima parte de la pena impuesta para quienes al  momento   de   entrar   en   vigencia   la   ley   tuvieran   la  condición  de  condenados.   

“Las  expresiones  “cumplan  pena”,  “pena    impuesta”,   “sentencias   ejecutoriadas”   y   “condenado”  utilizadas  en  la  redacción  de  la  norma  y  conforme al lenguaje jurídico  propio,  no  dejan duda alguna que la rebaja de la pena prevista en el artículo  70   procede  únicamente  para  las  personas  que  al  25  de  julio  de  2005  –fecha de la vigencia de  la  ley-  se  hallaban  descontando  pena  en virtud de una sentencia que había  hecho transito a cosa juzgada material.   

“En efecto, un fallo causa ejecutoria una  vez  se hayan decidido todos los recursos legales y extraordinarios interpuestos  y  que  procedan  contra  él,  de  modo  que  antes  de  aquella no se tiene la  condición  de  condenado  como  tampoco  la privación de la libertad se reputa  como  pena, ya que la detención preventiva puede computarse como parte cumplida  de  la pena solo “en caso de condena –numeral 3º del artículo 37 de la ley 599 de 2000-.   

“Cualquier  otra  interpretación que se  haga  para extender la rebaja de pena mencionada es contraria al texto legal que  no  ofrece  oscuridad alguna en relación a sus eventuales beneficiados, como es  la  pretensión  del  impugnante,  siendo  oportuno  recordar  que  acorde  a lo  previsto  en  el  artículo  187  de la ley 600 de 2000, las providencias quedan  ejecutoriadas  tres  (3)  días  después de notificadas si no se ha interpuesto  recurso  alguno  contra  ella y que las que deciden la apelación el día en que  sean suscritas por el funcionario judicial correspondiente.   

“Luego  si  la disposición se refiere a  “sentencias  ejecutoriadas”  su  campo de aplicación no puede cobijar a los  procesados  por  delitos  cometidos antes de la vigencia de la ley 975 de 2005 y  respecto  de  los  cuales  no  existía  un  fallo  en  firme  que los declarara  penalmente      responsables     de     ellos”5.   

         Por  lo  tanto,  la rebaja de la pena prevista en el artículo 70 de  la  Ley  975 de 2005 procede únicamente para las personas que al 25 de julio de  2005   -fecha  de  la  vigencia  de la ley- se hallaban descontando pena en  virtud   de   una   sentencia   que   había   hecho  transito  a  cosa  juzgada  material”6.   

Como  esa  no  es  la  situación  del  hoy  condenado  BOTERO GALLO, porque la sentencia condenatoria proferida en su contra  por  esta  Corte  fue  dictada  con posterioridad al 25 de julio de 2005, cuando  entró  a  regir  la  Ley  975 de 2005 contentiva de la gracia punitiva, deviene  indiscutible  que  en éste caso no resultaba procedente la aplicación de dicho  descuento  punitivo,  como  lo  decidió  el  juez  de  primera  instancia en la  decisión  impugnada,  que  por  tanto también será objeto de confirmación en  este punto.   

         En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

RESUELVE  

         

         Confirmar  las  decisiones  de  fecha  y  contenido  indicados en la  motivación.   

         

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

         

Cópiese,   cúmplase  y  devuélvase  al  tribunal de origen.   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

Comisión de servicio  

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO               MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

AUGUSTO        J.        IBAÑEZ  GUZMÁN                       JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                             JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Radicado 14.170   

2  Radicado 21.936   

3  Gaceta del Congreso 289 de 2005.   

4  Ídem.   

5 Auto  de segunda instancia del 10 de agosto de 2006, radicado No. 25.705.   

6  Ibídem.     

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