31359(11-05-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 31359  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 136   

Bogotá, D. C., once (11)  de mayo de dos  mil nueve (2009).   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Con  el  fin  de  verificar  si  reúne  los  presupuestos  que  condicionan  su  admisión,  examina  la  Sala  la demanda de  casación  presentada  por la defensora de DAVID OSPINA  OTÁLORA,  contra el fallo1      del      Tribunal   Superior   de  Distrito  Judicial  de  Tunja,      el      cual      confirmó  la  sentencia  adoptada  por el  Juez   Cuarto   Penal   del  Circuito  de  la  misma  ciudad2,    quien    lo    condenó3    a   la  pena  de  dieciséis  (16)  años  y ocho (8) meses de  prisión  y, a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, por el mismo lapso de la sanción  principal  y,  a  la  pena  de  multa equivalente a 800 smlmv, como coautor  de  los  punibles de secuestro     simple     en    concurso  con   fabricación,  tráfico  o  porte  de  armas  y  municiones.    

H   E   C   H   O  S   

Fueron  expuestos  por  las  instancias de la  siguiente manera:   

“La mañana del 27 de marzo de 2007 en las  instalaciones  del  matadero  de  la ciudad de Bogotá el señor ERNESTO HUERTAS  GONZALEZ  (sic),  propietario  del camión de placas VSE 134, fue contactado por  un  hombre,  que  después fue identificado como HENRY HERNÁNDEZ LUGO, quien le  propuso  efectuar  el  trasporte  (sic) de una carga de papa desde Samacá hasta  Villavicencio  y  acordó  el  flete de un millón de pesos, quedando en que esa  tarde   se   encontraría   en   compañía   de   otra   persona   –identificada   como   MILTON  JAVIER  SALAMANCA  MORENO, y emprendieron viaje a las cinco de la tarde en el camión en  el  que  iban  además  del  dueño,  el conductor LESTER CORREDOR MOSQUERA y la  compañera sentimental de este LINDA GORETTI ORTIZ VILLANUEVA.   

Después de cenar, entre las siete y las ocho  de  la  noche,  avanzaron  por  una vía que les iba indicando SALAMANCA MORENO,  quien  les  dio  la  voz  de alto cuando vio a un grupo de cinco personas que se  encontraba  esperando  a la orilla del camino manifestando que eran ellos los de  la  carga.  Al  detenerse,  los sujetos esgrimieron dos armas de fuego y un arma  blanca  para  obligarlos  a entregar el vehículo mientras que al mismo subieron  HERNÁNDEZ  LUGO,  SALAMANCA MORENO y otra persona, que resuelto  (sic) ser  DAVID  OSPINA  OTALORA  (sic),  que  partieron con rumbo desconocido. Una vez el  propietario,  el conductor y su compañera fueron atados de manos los condujeron  hacia  el monte aledaño, donde los mantuvieron retenidos y vigilados por cuatro  de  los  sujetos  hasta  las  cuatro  de  la  mañana.  A esa hora las víctimas  pudieron  soltar sus ataduras y salir a la carretera a procurar ayuda llegando a  un  puesto de vigilancia de una mina de carbón, donde el centinela les informó  que  el  camión  y  sus  ocupantes  estaban  en  control  de las autoridades de  Policía    del    municipio   de   Samacá”.    

A C T U A C I  Ó N    P R  O C E S A L   

1. El 29 de marzo de  2007,  ante el Juzgado Segundo Promiscuo Municipal con  Funciones   de   Control   de   Garantías,   de   Samacá  Boyacá,    en    audiencia    preliminar   concentrada,   la   Fiscalía     Sexta    (6)    Seccional  de  la  Unidad  de Reacción Inmediata, Uri, de Tunja  sustentó   contra   los   indiciados   DAVID   OSPINA   OTÁLORA,   Milton  Javier Salamanca Moreno y Henry Hernández Lugo:    (i)   legalización   de   la   captura,   (ii)      formulación      de      imputación,       (iii)   imposición  de  la medida de  aseguramiento   y   (iv)  la  incautación  de  elementos materiales probatorios (celulares); por los punibles  de    secuestro   simple   y   hurto   (agravado   y  calificado),  de  los cuales sólo aceptaron el delito  contra el patrimonio económico.    

3. El 23 de abril de  2007,   la   Fiscalía   Quince  (15)  Seccional  de  Tunja,  presentó  escrito de  acusación   contra   DAVID  OSPINA   OTÁLORA,   Milton  Javier  Salamanca  Moreno  y  Henry Hernández Lugo, en  calidad  de  autores materiales del delito de secuestro  simple.   

4. El 30 de mayo de  2007,  el  Juzgado  Cuarto (4) Penal del Circuito con  funciones   de   conocimiento   de  Tunja,  ante la adición de la imputación por el  ilícito  de porte ilegal de armas de fuego,  solicitada  por  el  ente instructor, determinó que la petición  era  improcedente  y,  por  tanto,  ordenó  suspender  la  diligencia, a fin de  tramitar todas las infracciones bajo la misma unidad procesal.   

5. El 18 de julio de  2007,  ante  el  Juzgado  Primero Penal Municipal con  Funciones  de  Control  de  Garantías,  de  Tunja, en  audiencia   preliminar,   la  Fiscalía  quince  (15)  Especializada  de  la  misma ciudad, formuló una nueva  acusación    contra    los   procesados   por   el   delito   de   fabricación,    tráfico    y   porte   de   armas   de   fuego   o  municiones.    

6. El 24 de julio de  2007,  el Fiscal asignado al caso, nuevamente acusó a los inculpados, pero esta  vez,  por  el  injusto  de  peligro  común  referido; siendo ello así, el 6 de  agosto  del  mismo  año,  el Juez de conocimiento, decretó la conexidad de las  dos  infracciones,  (tráfico y secuestro) con base en los artículos 50 y 51 de  la Ley 906 de 2004.     

7.   El   18  de  septiembre  de  2007,  se celebró la correspondiente audiencia preparatoria, en  donde  las  partes  descubrieron  los  elementos materiales y evidencia física,  solicitaron  pruebas, hicieron estipulaciones y se determinó la plena identidad  de los implicados.   

8.  El 6 de mayo de  2008,  las partes exhibieron la teoría del caso y sin dilación se dio inicio a  la  actividad  probatoria  en  tres (3) sesiones, luego presentaron los alegatos  finales  e  inmediatamente  después el Juez anunció que la decisión sería de  carácter  condenatoria,  la  cual  materializó  el  30 de julio de 2008, misma  recurrida por los procesados y sus respectivos defensores.   

9. El 24 de octubre  de  2008,  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial  de            Tunja,            confirmó    el    fallo    objeto    de  cuestionamientos.   La   representante  judicial  del  sentenciado  DAVID  OSPINA  OTÁLORA, inconforme con el  resultado,  lo  impugnó  en  casación  y,  una  vez  asignado el expediente al  Despacho, la Sala procede a calificar el libelo.   

R   E   S  U  M  E  N     D  E     L A    D E M A N D A   

Bajo  el  imperio  de  la Ley 906 de 2004, la  defensora  formuló  tres  ataques  contra el fallo expedido por el Tribunal   Superior   de  Distrito  Judicial  de  Tunja.   

Teniendo en cuenta que el libelo –en  sus diversas acometidas- contrario  a  lo  advertido  por  la  jurisprudencia  desde  antaño,  es  un  memorial  de  instancia,  confeccionado  de  manera  libre,  genérica  y  vaga,  en  donde se  ignoraron   presupuestos   mínimos   de  dialéctica  casacional,  la  Sala  lo  condensará  en  sus  aspectos  más  sobresalientes, tal y como se puntualiza a  continuación:   

Primer cargo:  

Lo fundamentó a través de la causal segunda  de  casación,  prevista  en  el  artículo 181 de la codificación instrumental  citada,  por  nulidad  al  debido  proceso,  teniendo  en  cuenta  “la equivocada  dualidad  que  la  Fiscalía  dio,  a  los  cargos  en  cuanto  a que durante la  Acusación  (sic)  hizo cargos al señor DAVID OSPINA OTÁLORA por los presuntos  delitos  de  Secuestro  Simple  y  Porte  Ilegal  de  Armas  en calidad de AUTOR  MATERIAL,  para luego durante el juicio Oral (sic) solicitar Sentencia (sic) por  los  mismos  delitos  pero  en  calidad  de COAUTOR, constituyendo una causal de  NULIDAD  por violación del Debido Proceso, violación que los jueces de Primera  y Segunda Instancia (sic) convalidaron”.   

La   afirmación  precedente,  anunció  la  abogada, se corrobora con los siguientes ítems:   

1)  Su  protegido  jurídico,  DAVID  OSPINA, el  día de los hechos, estaba conduciendo el vehículo hurtado.    

2) La captura a él  realizada  “se  hizo  en  flagrancia  para el hurto  agravado  y  calificado,  no  se  puede  predicar lo mismo en cuanto al presunto  delito  de  Secuestro  y  Porte  Ilegal de Armas, las que nunca fueron hechas en  flagrancia”.    

3) Siendo ello así,  a  la anterior defensora le asistía toda la razón, pues debió declararse nulo  el proceso.   

4) El ente instructor  no  tiene  ninguna  prueba  para  acusar  a  su  prohijado  por  los punibles de  secuestro  y  el  porte;  sin  embargo,  “opta  por  ejecutar  un  acto  contrario  al rito procesal”, sin  variar  los  delitos  ni  las  pruebas  lo  hace  como  coautores  en el juicio,  “y  así no va afectar la carencia probatoria, pues  solo  basta con que le pruebe a cada uno (sic) delito y es asícomod (sic) eciee  (sic)  que  lo  que  hay es una autoria impropia, en donde hay división e (sic)  funciones,  cada  uno ejecuta un acto diferente y así no deberá probar a todos  y  su  participación en cada uno de los delitos como lo requería en la autoria  material que planteó en la acusación”.   

5) Como la Fiscalía  incurrió   en   una   “contradicción   entre  la  acusación  y la sentencia”, deberá ser “invalidado     en     casación”.   

6) La nulidad tendrá  que   ser  declarada  a  partir  del  juicio,  pues  la  Fiscalía  “no     contaba     con     la     prueba     para    hacer    la  imputación”  a  su  mandante,  por  los  delitos de  secuestro   y   porte  de  armas,  “en  calidad  de  Coautor”.   

En   un   nuevo   apartado   denominado  de  “afectación        de       derechos       y  garantías”,  arremetió  la  libelista  contra  la  Fiscalía   cuando   le   solicitó:  “al  Juez  de  Garantías…  Fallo  de  Condena por los delitos de Secuestro sin contar con la  demostración  de todos los elementos probatorios… Para luego cuando entendió  que  no tendría jamás dicha prueba cambiar en el momento del juicio la calidad  en  que  llamaba  a  DAVID  OSPINA  haciéndolo  por  los mismos delitos pero en  calidad  de  COAUTOR,  en  donde  no  le  era  obligado  probar  cada una de las  conductas imputadas”.   

Indicó  que otro de los capturados de nombre  Milton    Javier    Salamanca    Moreno,  estaba  involucrado  en  un nuevo proceso por iguales o similares  hechos    ilícitos,    según    lo   dijo   la   Procuraduría,   “por   lo   mismo   es   obvio   que   aquí   sucede  los  mismo  (sic)”,    trayendo   a   colación   “la   extinta   peligrosidad,  diciendo  si  aquí  está  siendo  investiga  (sic)  MILTON es seguro que dos se pusieron de acuerdo, para ejecutar  los  hechos  y  por  lo  mismo se debe coadyuvar la errónea peticiónd (sic) la  Fiscalía”   

El  cambió  de  autor  material a coautor le  agravó  sus  garantías y “privó a mi Defendido de  la  oportunidad  de  oponerse  durante  todo  el  proceso a la Acusación de que  acordó,  pactó,  planeó  y conoció de antemano todos los delitos por los que  resultó investigado”.   

Sin ninguna prueba fue condenado su prohijado  como  coautor  de  los delitos de secuestro y porte ilegal de armas –insiste  la  demandante-, “en      donde      basta      que     a     sus     ‘compañeros’  se  les  prueben  todos los delitos  para  que  a  él lo cubra la misma condena, nada más violatorio del Derecho de  Defensa,  razón  por  la cual debe prosperar el cargo en contra de la Sentencia  declarando  la  NULIDAD  de  todo  lo  actuado  (sic)  partir de la sentencia de  primera instancia”.   

Al procesado DAVID, se le deberá aplicar los  principios  de  presunción  de  inocencia  e  in  dubio  pro  reo  “que  como  normar  (sic) rectoras prevalentes y que deben servir  como  criterio  de  interpretación  del artículo 7 del C.P.P. que expresamente  impone  a la Fiscalía ‘la  carga  de  la  prueba  de  la responsabilidad penal”.  Otros  postulados  vulnerados,  en  criterio  de  la  defensora  fueron  los  de  inmediación y contradicción  (controversia) de las pruebas.   

Indicó   que   su  poderdante  aceptó  la  consumación   del   delito   contra   el  patrimonio  económico,  “pero  en  ésta  (sic) caso ya nada se puede hacer en cuanto ala  (sic)  confesión  por  el  hurto,  cuando  es claro que ni siquiera conoció mi  defendido  el   presunto  huirto  (sic)  que  se iba a cometer… porque si  ahora  se aceptara la Coautoría (sic) para éstos delitos, entonces tendríamos  que  también la Aceptaciónd e (sic) Cargos (sic) por el Hurto está viciada de  NULIDAD,  pues  es  seguro  que  el Defensor (sic) de DAVID lo asesoró para que  aceptará  el  Hurto  en  calidad  de  autor material y no como uno de lso (sic)  delitos   de  la  presunta  coautoría”.     

Si  su  patrocinado  se  allanó al delito de  hurto  como  coautor,  “se debería concluir que la  decisión   de  DAVID  OSPINA  OTÁLORA  no  fue  libre  ni  conciente  y  menos  debidamente  informada  ni  correctamente  asesorada  y  que  por lo mismo éste  preacuerdo  no  puede  comprometer  la  presunción  de inocencia”;  no  existe  tipicidad, “en éste caso  se   ha   dado   toda   una   gama   de  violación  de  derechos  y  garantías  constitucionales  fundamentales  del  imputado  debe tenerse como inexistente, y  disponer  en ésta instancia también la NUILIDAD DEL FALLO ANTICIPAO (sic), que  en  éste momento se ejecuta en el Juzgadop (sic) Segundo de Ejecución de Penas  y   Medidas  de  Seguridad  de  Tunja  en  contra  de  los  (sic)  DAVID  OSPINA  OTÁLORA”.   

Segundo      cargo:      violación  indirecta.   

Elevado    por    falso    juicio  de  existencia. Se entiende, de los  cuatro  párrafos  en  los  que se sustentó que, lo basó en la vulneración de  derechos   y   garantías   “por   el   manifiesto  desconocimiento  de  la  reglas  de  existencia  de  la prueba por los Jueces de  Control  de Garantías que aprobó la imputación y del Juez 7° de Conocimiento  que  impartió  aprobación  al Preacuerdo y falló con fundamento en una prueba  inexistente”.   

Por  lo confuso del siguiente párrafo y para  conservar su fidelidad, también se transcribirá:   

“Pues, la Fiscalía en uso de la facultad  que  tiene de no exhibir los elementos probatorios al momento de la Imputación,  imputó  fácticamente  a  los  investigados  la existencia de unos elementos de  prueba  inexistentes,  púes (sic) cuando hace la imputación  y acusación  en  calidad  de  AUTORES  MATERIALES  manifiesta  tener  la  prueba  de  que los  investigados  participaron  en  las  conductas  de Secuestro, cuando avanzado el  proceso  la Fiscalía hace cargos por Porte Ilegal de Armas la Fiscalía asegura  tener  los  elementos y las evidencias en que basa la Acusación, los implicados  no aceptaron los cargos”.     

Por   tanto,   encontró   en   el  proceso  que:   

(1) No existe prueba  de  participación de su prohijado en los delitos de secuestro y porte ilegal de  armas.   

(2) Ninguna víctima  lo  reconoció  “como el que guió el vehículo, ni  como  el  que amenazó, ni el que portó armas, es decir durante todo e proce4so  (sic)  no  existe absolutamente ninguna prueba que pueda indicar en qué momento  comenzó  a conducir el vehículo que fuera hurtado”.   

Tercer cargo: violación directa.  

Dos  apartados le dedicó a la argumentación  de  la  presente  censura  a  fin  de demostrar una violación directa de la ley  sustancial,   “pues  no  existe  prueba  legalmente  aportada  al  proceso  que  haga  suponer  sin  lugar a duda razonable que DAVID  OSPINA  OTÉLORA  (sic)  es  coautor  o  partícipe  en los delitos de SECUESTRO  SIMPLE  y/o  PORTE ILEGAL DE ARMAS… Yerro que convierte la sentencia impugnada  en  violatoria  de  los  Derechos y las Garantías Legales y Constitucionales de  DAVID”.   

En  un  título diverso, sostuvo la defensora  que   la   Ley  906,  le  otorga  “unas  especiales  facultades  extraordinarias”  a la Sala “para  superar los defectos de la demanda… a las que acudo para  que  en  el  evento  de que ésta Honorable Corte estime una falla en la demanda  opte  por  su  estudio  dada  la  gravedad  en la vulneración de los derechos y  garantías  del  demandante”, con el objeto de que la  Fiscalía    al    momento    de    realizar    la    imputación   “cuente    con    los    elementos   probatorios   y   evidencias  suficientes”;   además,   se  siente  “una  posición  jurisprudencial con respecto a la contradicción  legal  de  que  todo imputado tiene derecho a la Defensa Técnica (sic) desde el  mismo  momento  de la imputación o de la Captura (sic) y no obstante exista una  norma  alterna  que  no  obligue  a la Fiscalía a la exhibición de las Pruebas  (sic)   hasta  la  Medida  de  Aseguramiento”.    

También  deberá  estudiar  la  Corte,  los  cambios   realizados   por   la  Fiscalía  “en  la  denominación    de   los   delitos   [o]  en  la calidad en que se llaman”, para  no  sorprender  a las partes  y “el hecho de no  contar  con  la  prueba  suficiente par (sic) aprobar la Acusación no es óbice  para  cambiar  la  calidad  o  el  delito  por que se llama… que corr (sic) el  riesgo de ser confirmatoria de los yerros de la Fiscalía”.   

C   O   N  S  I  D   E    R   A    C   I    O   N    E   S   

1.  La  Sala  viene  señalando,  que  con  la  entrada  en vigencia del  sistema  procesal  penal  acusatorio  previsto en  la  Ley  906  de 2004,   se    amplió    el   radio   de   acción  para  acceder  al  recurso  extraordinario   de   casación,  pues  en  la  actualidad  la  impugnación  es  susceptible  contra  decisiones  de  segunda instancia dictadas por los diversos  Tribunales    de    Distrito   Judicial  ubicados en el territorio nacional, atacando los fallos de condena  o  absolución,  sin  tener  en  cuenta  como  presupuesto para su selección el  quantum  mínimo  de  pena  descrito   en   cada  injusto  típico,  como  lo  imponían  las  legislaciones  anteriores.   

En  esencia, para ser admitida la demanda, el  censor  debe  tener  interés,  formular  y  desarrollar  los  ataques contra la  sentencia  de segundo nivel y, desde luego, acreditar la afectación de derechos  y  garantías  fundamentales.  Siendo  imprescindible,  además, materializar el  contenido  del  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004,  en el entendido que una de las obligaciones al  confeccionarla   es   demostrar   la   necesidad   de  intervención  de  la Corte para el logro de cualquiera  de  los  fines  establecidos por el instituto. Siendo ello así, el Principio  de  Intervención  debe  ser el  norte  del  jurista,  pues  integra  cuatro aspectos teleológicos los cuales se  traducen     en     el     espíritu     de     la     censura:     (i)  la  efectividad del derecho material,  (ii)  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  (iii)   la   reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  y  (iv)  la  unificación de la  jurisprudencia.   

Estos  propósitos  se  deben  conjugar,  en  armonía,  coherencia  total  y  avenencia  con  los progresos jurisprudenciales  cristalizados  en  punto de los supuestos requeridos para atacar y demostrar los  posibles  yerros  conculcados por los funcionarios judiciales, sin ser permitido  desligar,    apartar    o   separar   el   trípode   casacional:   fines,  causales  y  debida  sustentación;  excepto   cuando   la  Sala  advierta,  que  por  vigencia  de   garantías  fundamentales  constitucionales,  obviamente  quebrantadas, deba casar de oficio  el  fallo  del  Tribunal,  desde  luego,  con  base  en  motivos  diversos a los  expuestos en la demanda.      

El anterior criterio se consolida al entender  que  la  Corte  jamás  ha  predicado  la  inexistencia, ausencia o falta de los  requisitos  formales  para decidir de fondo el caso o el éxito de la demanda en  el      nuevo      esquema     procesal     penal  acusatorio;    en   otras   palabras,   el   recurso  extraordinario,   no  perdió  su  entidad  de  juicio  lógico-argumentativo, pues el libelo deberá observar  pautas    que   impidan   concebirlo   como   tercera  instancia,   donde   los  reparos  compilen  estudios  racionales  de  no  contradicción, coherencia y objetividad. No le corresponde,  por   ende,   interpretar   las   alegaciones   de  los  recurrentes4,   rehacer,  modificar, readecuar o transformar  los ataques.   

La Sala, por tanto, viene sosteniendo que para  admitirla  o  seleccionarla  a  fin  de  decidir  de fondo el problema jurídico  planteado,  ella  deberá sujetarse al cumplimiento de los presupuestos formales  consagrados  en  el artículo 184, ordinal 2°  de la Ley 906 de 2004, para  demostrar    la    evidente    vulneración   a   los   derechos   fundamentales  constitucionales  en  cabeza  de  los intervinientes en la actuación penal; por  tanto,     conviene     aprovechar     los     principios     de    taxatividad,          claridad,  autonomía,  razón  suficiente, limitación,  objetividad,  comprensión, precisión y  trascendencia,   entre   otros,   para   –de  la  mano  con ellos- presentar una  argumentación  puntual  y  razonable, habida consideración de compendiar en el  ataque,  aquellos  errores  de  juicio  o de actividad en los que pudieron haber  incurrido los falladores.   

También  ha  indicado  la jurisprudencia, en  múltiples    oportunidades    que    (i)    la    correcta    selección    de   la   causal,   (ii)  el  interés del actor, (iii)   la   coherencia   de  los  cargos  aducidos,  (iv)  la  puntual  fundamentación   fáctica  y  jurídica,    (v)   el  cumplimiento  de  al  menos uno de los fines del instituto; marcan la pauta para  declarar  la  inconstitucionalidad  o  ilegalidad  del  fallo  en  atención  al  artículo 184, 3 de la Ley 906 de 2004.   

2.     En  consecuencia,   la  censura  presentada   por   la   abogada   de   DAVID   OSPINA  OTÁLORA,  no  reúne  los  presupuestos  mínimos  de  coherencia  y  lógica-argumentativa  puntualizados por la Corte para admitir la  demanda,  pues si bien propuso como punto de partida para lograr la infirmación  del  fallo  de  segundo  nivel,  tres  cargos:  nulidad por violación al debido  proceso  y,  los  dos  últimos,  uno  por vía directa -aplicación indebida- e  indirecta  –falso juicio de  existencia-,  respectivamente;  en  su  desarrollo y demostración, incurrió en  graves  vicios  contra  la  filosofía  que  inspira  el recurso extraordinario.   

Siendo  ello  así,  como  metodología  se  examinarán  los  ataques  en bloque teniendo presente la vasta confusión de la  demandante,  con  el  objeto  de establecer los errores de mayor impacto legal y  jurisprudencial,      detectados      en     su     escrito-memorial.  Conjuntamente  y,  sin  ser entendidas  como  respuestas  de  fondo a sus pretensiones, se compendiaran algunos aspectos  primordiales   e  inherentes  al  caso  en  estudio,  en  virtud  del  ejercicio  pedagógico  que  viene  realizando  la  Sala,  adicional  a  sus funciones y en  garantía máxima a sus derechos.   

1.  Los  argumentos  soporte  de  la  nulidad  esbozada se sintetizan de la siguiente manera:   

(a) La formuló por  violación  al  debido proceso  porque  el  Fiscal varió la  imputación  de  autor  material  a  coautor  en  los  delitos  de  secuestro      simple     y   porte  ilegal  de  armas,  (b)  las  instancias  no  tenían  ninguna  prueba   para   condenarlo,  por  esos  punibles,  (c)  el  ente  instructor,  en esas condiciones, configuró  una   “contradicción”  entre  la  acusación y la sentencia y (d) aceptó  que  su prohijado estaba conduciendo el vehículo hurtado y  haber sido capturado en flagrancia.    

2. Yerros detectados:  

Primero: al final del  libelo,  la  abogada  –sin  mesura  alguna-  le  pidió  a  la  Sala  saltarse  las  falencias  que  hallara  “dada  la  gravedad  en  la  vulneración  de  los  derechos  y garantías”, y se pronunciara en el mismo  sentido     expresado     en     la     censura,     declarando     “superar  los  defectos…  para decidir de fondo… atendiendo a  los  fines  de  la  Casación”;  con  tal  proceder,  alteró  la  filosofía  que inspira el recurso extraordinario al desconocer los  más  simples  y  mínimos  presupuestos,  como  son  la obligada argumentación  lógica-jurídica  a  fin  de ser admitido, pues por ejemplo, si se aceptara una  tesis  tan  voluble,  por sustracción de materia, la demanda no tendría razón  de  ser y todos los fallos de última instancia, deberían ser asimilados por la  Sala  con  el  objeto  de  constatar  su  afinidad  y  correspondencia  con  las  garantías  fundamentales;  cuestión  claramente absurda, con base, entre otros  axiomas,  a  los  de  presunción  de  acierto  y legalidad como al de seguridad  jurídica,   teniendo   en  cuenta  que  las  actuaciones  de  los  funcionarios  judiciales,  son  legales,  imparciales  y  objetivas.  Cuando la Corte resuelve  casar  una  sentencia,  esa es, justamente, la excepción a la regla, motivo por  el  cual  se  restablece  la legalidad del proceso y los derechos quebrantados a  los intervinientes.          

La   defensora   señaló   también,   las  específicas  facultades  extraordinarias  (oficiosas)  asignadas  a la Sala, en  virtud  de  la cual le permitirán desentrañar otros aspectos importantes en el  momento   de   realizar  la  imputación  la  Fiscalía,  quien  deberá  contar  “con   los   elementos  probatorios  y  evidencias  suficientes”;     para     sentar    “una  posición  jurisprudencial con respecto a la contradicción  legal  de  que  todo imputado tiene derecho a la Defensa Técnica desde el mismo  momento  de  la imputación o de la captura”; con ese  actuar,  tampoco  satisfizo,  desde  ningún  punto de vista epistemológico, la  debida  motivación  para  arremeter contra las decisiones de los juzgadores, en  cuanto  la  selección  del  escrito  no se persigue con invitar o requerir a la  Sala  para suplir la labor a ella encomendada, menos aún, proponiendo de manera  genérica,  subjetiva e hipotética una variedad de temas sin ningún desarrollo  jurisprudencial  y,  de  contera,  en  forma  desatinada  pretende  abordar, por  ejemplo,   aspectos   concernientes  al  derecho  de  defensa,  los  cuales  son  indiscutibles,  en  donde  el indiciado debe contar con un letrado que lo asista  en   forma   permanente   desde  el  comienzo  y  hasta  el  final  del  devenir  procesal.     

Segundo:   la  profesional  del  derecho  ignoró  por  completo  el  postulado de trascendencia,  el  cual tampoco trabajó,  reflexionó  ni  pensó en ninguna de las tres censuras; con esa omisión, dejó  insubstancial  la  eficacia de los ataques. Siendo ello así, el daño propuesto  se  muestra  precario, por cuanto el aludido principio jamás se acredita con la  repetición  de  los argumentos diseñados en la parte motiva del libelo y menos  aún  –como en el presente  caso-   excluyéndolo;   será,  pues,  el  reflejo  latente  de  la  violación  correlacionándola   con  un  precepto  del  Bloque  de  Constitucionalidad,  la  Constitución o  la norma llamada a regular el caso.   

En   el   primer  cargo,   la   demandante  se  contentó  con  afirmar  efusivamente  que  el  ente instructor erró al variar la imputación de autor a  coautor,  desconociendo  todo  el  desarrollo  dogmático  sobre  la teoría del  delito  referida a los autores (artículo 29 de la Ley 599 de 2000), e ignorando  lo expresado por el Juez colegiado sobre el particular:   

“En  realidad  la  tesis de la defensa…  desconoce   que  la  coautoría  es  una  forma  de  autoría  material  que  se  caracteriza  por  la  concurrencia de varia personas en la ejecución del delito  que  puede  ocurrir por reparto de funciones sin que ninguno de los concurrentes  por  si  mismo  ejecute íntegramente la conducta típica o por simultaneidad en  la ejecución de la acción.   

Acorde  a  ese  entendimiento  en  nada  se  asaltó  a  la  defensa  ni a los procesados cuando se les condena en calidad de  autores  por  haber  ejecutado  conjuntamente  los  delitos de secuestro y porte  ilegal  de  armas  de  fuego,  con  división  de  funciones,  pues así les fue  formulada  la  acusación y si se trataba de imprimir mayor precisión jurídica  a  la  denominación  doctrinal  de esta forma de concurso en el delito, así se  hizo  y  se  desarrolló  en  las alegaciones conclusivas del Fiscal al pedir la  condena,  aspecto  este  que  integra el referente tripartita de la congruencia:  acusación, petición de condena y sentencia”.   

La  tutora jurídica, dejó de lado, en igual  forma,    todos    aquellos    aspectos    inherentes    a    la    coautoría   impropia,  aplicada  por  las  instancias  contra  su  mandante  en  los delitos de secuestro y porte ilegal de  armas.  De  ningún  modo,  desarrolló  los  elemento  de  constante reproducción jurisprudencial, como el  recíproco  convenio  ilegal, la división voluntaria y funcional del trabajo de  los  coimputados,  la  unidad  de  designio  y  la  realización  de  un  aporte  vinculante  en  la  consumación  del  hecho  antijurídico;  bajo ese rasero la  censura  se  muestra anodina de argumentación lógico-jurídica, con lo cual se  equipara   su  escrito-memorial  con  un  alegato  de  instancia,  desde  luego,  insustancial en sede extraordinaria.   

“ (…) HENRY HERNANDEZ (sic) LUGO, DAVID  OSPINA  OTALORA  (sic)  y  MILTON JAVIER SALAMANCA MORENO desarrollaron la parte  que  les  fue asignada en la distribución de sus funciones, de modo que si bien  no  fueron  ellos  quienes empuñaron las armas de fuego ni mantuvieron privados  de  su  libertad  a  las  víctimas, si participaron funcionalmente de ese porte  ilegal  y  de  ese  secuestro como que era el aporte que habían aceptado de sus  asociados  en  el delito; de ahí que se predique que el dominio del hecho es de  todos  los  concertados mediante una realización mancomunada y recíproca de lo  que  cada  uno  se  ha  comprometido  a  aportar… De tal modo para la Sala, el  análisis  de  la prueba aducida y producida en el juicio oral nos deja el pleno  convencimiento  de  que  efectivamente los procesados… participaron en calidad  de  coautores  impropios  de  los  delitos  contra  la  seguridad  pública y la  libertad personal por los que fueron enjuiciados”.   

Un  nuevo dislate se detecta al desconocer la  jurista     por    completo    el    principio    de  congruencia  que  rige  el sistema de derecho procesal  penal, a fin de demostrar su  inconformidad  normativa  mediante  la constatación de la inconsonancia alegada  entre  la resolución de acusación y el fallo de último nivel, pues el sistema  acusatorio  se  rige, entre  otros   preceptos,  por  el  artículo  448 de la Ley 906 de 2004: “El acusado no  podrá  ser  declarado  culpable  por hechos que no consten en la acusación, ni  por   delitos  por  los  cuales  no  se  ha  solicitado  condena”.   

Presenta  por  tanto  la demandante, una gran  confusión  dogmática  en  punto  de la teoría del delito, además ambiciona a  toda  costa  que  prevalezca  su  criterio  (vago  e  incierto)  sobre el de los  falladores, sin ninguna metodología casacional.     

Respecto a los cargos  segundo   (falso  juicio  de  existencia)   y   tercero   (violación  directa  por  aplicación   indebida  de  “la  prueba  legalmente  aportada        al        proceso”), como ya es un hábito del memorial, las  falencias      subsisten,      pero     más     sorprendentes.     (1)  ignoró  los  medios incriminatorios,  (2) el análisis cuidadoso y  detallado  de  los fallos de instancia, (3)  desconoció  los  hechos, (4)   presentó   su   propia   percepción   de  los  acontecimientos,  (5)  elevó  especulaciones  peregrinas  y  aventuradas  contra  lo aceptado procesalmente, como cuando adujo  que  si  su patrocinado se allanó al delito de hurto como coautor, “se  debería  concluir que la decisión de DAVID OSPINA OTÁLORA  no  fue  libre  ni  conciente  y  menos  debidamente  informada ni correctamente  asesorada  y  que  por  lo  mismo  éste  preacuerdo  no  puede  comprometer  la  presunción de inocencia”.   

Desde luego, registra la última motivación,  una  insalvable  objeción  contra  el  postulado  de  la  lógica denominado de  no contradicción, motivo por  el  cual  el  raciocinio  debe  guardar  una unidad conceptual proyectada en una  misma     línea     hermenéutica,     no     siendo    lógico    afirmar   y   a   la   vez   negar   alguna   circunstancia,  hecho  o  determinada  teoría;  habida  consideración que la conclusión sería producto  de  un  procedimiento  intelectivo  confuso,  ambiguo e impreciso al aseverar la  libelista  en  el mismo contexto de la demanda, que su prohijado sí consumó el  delito  contra  el  patrimonio económico, tanto más al haber sido capturado en  flagrancia,  para  después  afirmar:  él  jamás  realizó  el injusto típico  preacordado,  pues  su  mandante  no  tenía  en  esos  momentos  voluntad  y el  asesoramiento  jurídico,  de ese entonces, fue desatinado, sin algún argumento  adicional para justificar sus enunciados.   

Por   otro   lado,   el   error   de  hecho  por   falso   juicio   de  existencia,  se  presenta  cuando  los  falladores  omiten apreciar un específico  medio  probatorio  legalmente  aportado  al  proceso  o  suponen uno, que por el  contrario,  no fue validamente incorporada al expediente y, en esas condiciones,  fundamentan  la  decisión  de  responsabilidad penal o inocencia. Por tanto, es  imprescindible:     (i)  determinar  la  prueba  dejada  de  apreciar  o  imaginada  por los funcionarios  judiciales  (ii) acreditar la  trascendencia  del  daño,  expresándose los motivos de manera objetiva del por  qué  la  ausencia  de valoración de ese medio de prueba, presentada como tal o  aquella  objeto  de  fantasía,  incidieron  de forma decisiva en el sentido del  fallo.   

La  defensora jamás precisó alguna norma de  derecho   sustancial   quebrantada,   menos   aún,   identificó   las  pruebas  supuestamente   ignorados,  tampoco  realizó el inexcusable cotejo entre los diversos medios de persuasión  dejados  de valorar con las decisiones de instancia y la incidencia del error en  el  fallo  del  Juez  Plural;  entre  varios  supuestos  más.   La  única  manifestación   para  sustentar  la  censura,  la  plasmó  en  las  siguientes  términos:   “La  violación  de  los  derechos  y  Garantías  que  fundamentan  éste  cargo  y  causal,  se  da por el manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  existencia  de la prueba por los jueces de  Control  de garantías que aprobó la Imputación y del Juez 7° de Conocimiento  que  impartió  aprobación  al Preacuerdo y falló con fundamento en una prueba  inexistente    [por   la]  existencia de unos elementos de prueba inexistentes”.    

La  aplicación  indebida  de  un  precepto  constitucional  o  legal,  de  ningún  modo  se  puede  exponer  sin un mínimo  desarrollo   casacional.  Obsérvese  que  la  única  afirmación  soporte  del  reproche  elevado  por  la  abogada  se  contrae  a  la  siguiente: “no  existe  prueba  legalmente  aportada  al  proceso  que  haga  suponer  sin  lugar  duda razonable que DAVID OSPINA OTÉLORA (sic) es coautor o  partícipe   de   los   delitos   de   SECUESTRO  SIMPLE  y/o  PORTE  ILEGAL  DE  ARMAS”.   

Cuando  se  selecciona,  la  vía  directa,  ella   supone  como  criterio  orientador  para  desarrollar  el ataque, la  aceptación  de  los  hechos  y  las pruebas tal y como fueron sopesadas por los  falladores;  mínimo  presupuesto  para hacer una embestida normativa coherente.  Sin  embargo,  aquí  también  erró  la defensora al combatirlas por el cuerpo  primero  y  pretender  realizar  la  censura en dos párrafos, cuyo enunciado es  extremadamente  farragoso  por  la repetición de vocablos sin ninguna vocación  argumentativa  y  enmarañada  al  no  poder desentrañar su idea, puesto que al  parecer  quiere  atacar  los requisitos de valides de las medios de convicción,  pero  no  como  la  jurisprudencia  desde antaño lo enseña por falso juicio de  legalidad;  la  abogada,  por  tanto, se opuso y contradijo el criterio aplicado  por   las   instancias,   cuestión  vedada  en  el  recurso  extraordinario  en  estudio.       

Por  último,  el Juez Plural sobre la prueba  incriminatoria, relegada por la demandante sostuvo:   

“El impacto suasorio de los testimonios de  estas  dos  personas  LINDA  GORETTI ORTIZ VILLANUEVA y ERNESTO HUERTAS GONZALEZ  (sic),  a  través de la poderosa fuerza de una descripción enriquecida por los  detalles  y  la  vivencia personal, ajena a cualquier influjo pernicioso que los  pudiera  mover  a  falta  de   la verdad, sin agregados ni distorsiones, es  más  que  suficiente  para  recrear  en  el fallador la verdad histórica de lo  ocurrido  entre  la  noche del 27 y la madrugada del 28 de marzo de 2007, cuando  fueron  sometidos  por  la  fuerza  de  las  armas  al control de la voluntad de  terceros  que  los retuvieron privándolos de su libertad personal en retención  que  se  prolongó  entre siete y ocho de horas durante las cuales las víctimas  perdieron su libertad de locomoción y autodeterminación”.   

La  Sala advierte y lo repite ahora: no es un  alegato  deshilvanado  y  fuera  de  contexto  jurídico  con el que se pretenda  derrumbar  la  legalidad  de un proceso. Se requiere un mínimo esfuerzo lógico  argumentativo  a  tono  con  la ley y la jurisprudencia, en donde paso a paso se  vaya  derrumbando  la credibilidad otorgada por los falladores a las pruebas, si  se  selecciona  la  vía  indirecta;  o quizás la directa, cuando el impugnante  exponga  con  una temática jurídica contundente que las instancias desbordaron  la  aplicación  o  interpretación  del  derecho  en relación con los hechos y  pruebas aceptadas, entre otras alternativas.   

Así   las   cosas,   el   recurso   extraordinario  de  casación  está  regido,  entre  otros, por el principio  de  limitación,  en  donde las  deficiencias  de  la demanda jamás podrán ser remediadas por la Corte, pues no  le  corresponde  asumir  la  tarea  cuestionable  propia  del  recurrente,  para  complementarla,  adicionarla  o  corregirla,  máxime  cuando es antiquísimo el  criterio  de  la  Sala,  de  ser un juicio lógico-argumentativo regulado por el  legislador  y  desarrollado  por  la jurisprudencia, con el propósito de evitar  convertirla en una tercera instancia.   

Por  otra  parte,  no  se  advierte  que  con  ocasión  a  la  sentencia  impugnada  o  dentro  de la actuación hubiese existido violación de derechos o  garantías  del  sentenciado, como para superar los defectos y decidir de fondo,  según  lo impone la preceptiva del inciso 3º del  artículo 184 de la Ley  906 de 2004.   

Por  último,  estudiado  el  ataque,  sólo  conjeturas,  suposiciones  y especulaciones identifican las censuras: huérfanas  de  motivaciones coherentes con las propuestas casacionales; motivo por el cual,  la   Corte  inadmitirá  el  libelo   propuesto   a   nombre   de   DAVID   OSPINA  OTÁLORA.   

3. Mecanismo de insistencia:  

Teniendo en cuenta que contra la decisión de  no  selección del   libelo   procede   el  mecanismo  de  insistencia  de  conformidad  con lo establecido en el  artículo  186  de  la  Ley  906  de  2004,  cuyo  trámite  omitió  regular el  legislador,  para tornarlo operativo, la Sala ha definido las reglas que habrán  de      seguirse     para     su     aplicación5,      como      pasa     a  indicarse:   

1. La insistencia es  un  mecanismo  especial  que  sólo  puede  ser  promovido  por  la  demandante, dentro de los cinco (5) días  siguientes  a  la  notificación  de la providencia por medio de la cual la Sala  inadmitió  o  no  seleccionó  el  libelo,  con  el  fin  de  reconsiderar  lo  decidido. También podrá ser  provocado  oficiosamente,  en  el mismo término, por alguno de los Delegados    del    Ministerio    Público    para   la   Casación  Penal,      salvo      que     el     Procurador  Judicial Delegado ante el Tribunal Superior  fuese el actor. El instituto, entonces, opera para el Procurador   Judicial,  el  Magistrado  disidente o el que, por aluna  circunstancia  específica,  no  haya  participado  en los debates y suscrito la  providencia de rechazo.   

2. Es potestativo del  Magistrado   –en   los   casos   indicados-  o  del  Delegado    del   Ministerio   Público  ante quien se formula la insistencia optar por someter el asunto a  consideración  de  la  Sala o no presentarlo para su revisión. En este último  evento  informará  de  ello  al peticionario en un plazo máximo de quince (15)  días.   

3. El auto a través  del  cual  se inadmite el escrito de casación trae como consecuencia la firmeza  de  la  sentencia  de  segunda  instancia  contra la cual se formuló el recurso  extraordinario,  salvo que la insistencia prospere y conlleve a la selección de  la demanda.   

4.  También  viene  precisando            la            Corte6    que   la   audiencia   de  sustentación  prevista  en  el  artículo  185  de  la  Ley  906 de 2004, no se  dispondrá  su  celebración, por cuanto su procedencia está circunscrita a los  casos de admisión de la demanda.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la   Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero: Inadmitir la  demanda  de  casación elevada a nombre de DAVID OSPINA  OTÁLORA,  por las razones aducidas en la parte motiva  del presente proveído.   

Segundo:  Contra la  inadmisión     procede     el     mecanismo     de  insistencia  de  conformidad  con  el  inciso  2° del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, en los términos detallados en el acápite  final de esta determinación.    

Tercero:  Cópiese,  comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal de origen.   

JULIO    ENRIQUE    SOCHA    SALAMANCA   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ                                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                               MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ DE LEMOS   

AUGUSTO        J.       IBAÑEZ  GUZMÁN                                                                        JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                    

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                                                                                      JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Del  24 de octubre de 2008.   

2 El 30  -07-08.   

3  También  sentenció  a MILTON JAVIER SALAMANCA MORENO  y HENRY HERNÁNDEZ LUGO. (No recurrentes)   

4 Corte  Suprema de Justicia: radicado: 25.565 del 8 de junio de 2006.   

5 Corte  Suprema de Justicia. Radicado: 24.322 diciembre 12 de 2005.   

6 Corte  Suprema de Justicia: radicado 28.059 de agosto 23 de 2007.     

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