30319(04-03-09)

2009

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  30319   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 061.  

          Bogotá,  D.C., marzo cuatro (4) de dos mil  nueve (2009).   

VISTOS  

          Una  vez  promovido sin éxito el mecanismo de insistencia por parte  del  defensor  de  GLORY DIANA HENAO RUIZ  contra  la providencia de esta Sala adoptada el 24 de noviembre de  2008,  a través de la cual se inadmitió la demanda de casación interpuesta en  su  nombre  contra el fallo de segundo grado dictado por el Tribunal Superior de  Medellín  el  28  de  abril  de  2008,  por  cuyo  medio  revocó  la sentencia  absolutoria  proferida  en  primera  instancia  por el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  con  funciones  de conocimiento de la misma ciudad el 13 de febrero de  dicho  año,  para  en  su  lugar condenarla como autora del delito de homicidio  culposo   en   la   señora  Martha  Lucía  Vásquez  Marín,  procede  la  Sala, conforme se decidió en el  numeral  segundo  de dicha providencia inadmisoria, a pronunciarse oficiosamente  “en  punto  de  de los derechos y garantías de las  víctimas”.   

En  la  sentencia  de  primera  instancia se  refieren  los  hechos  que  dieron lugar a este averiguatorio, en los siguientes  términos:   

“El 22 de mayo de  2006  la  señora  Martha  Lucía Vásquez Marín, de 48 años de edad, ingresó  por  el  servicio de urgencias a la Clínica León XIII Rafael Uribe Uribe de la  ciudad  de  Medellín,  con  un diagnóstico de carcinoma gástrico. A partir de  esa  fecha  fue  hospitalizada  y  el  30  de  mayo  se  le  practicó  cirugía  consistente   en   gastrectomía   total,   esplenectomía,   coleccistectomía,  omentectomía,   esófago   yeyuno   anastosmósis  y  catéter  venoso  central  subclavio.  Su  evolución  fue  de leve intolerancia inicial a la alimentación  enteral.  El  día  7  de  junio  se  le  inició  ingesta de poco líquido y se  disminuyó  la  alimentación enteral para observar tolerancia. Sucedió que esa  misma  fecha,  a  eso de las 11:45 de la mañana, la enfermera Glory Diana Henao  Ruiz  a cuyo cargo estaba la atención integral de la paciente durante ese día,  pasó  nutrición enteral vía parenteral, aproximadamente en 10 cc (pese  a  las  advertencias  de  la  progenitora  de la paciente, se  puntualiza).  En  vista de lo anterior el cirujano de  turno  de  forma urgente evaluó a la señora Vásquez Marín y diagnosticó por  los  síntomas  que  presentaba,  entre ellos dificultad respiratoria aguda, una  reacción   analfilactoide  sin  compromiso  hemodinámico.  Luego  de   lo  anterior  se  procedió  a la realización de algunos procedimientos para tratar  de  contrarrestar  lo  ocurrido,  manteniéndose  a  la paciente en observación  constante       para       vigilar      posibles      complicaciones”.   

“Al   día  siguiente,   a  las  12:10  horas,  la  señora  Vásquez  Marín  fue  evaluada  nuevamente  por  hipotensión  y  dificultad  respiratoria.  Estaba en manejo de  descomposición  hemodinámica y no respondía a líquidos venosos. Por parte de  los  galenos se procedió a aplicar el tratamiento que consideraron pertinente y  necesario.  Esa  tarde  fue llevada al quirófano para cambio de catéter, a las  18:40  horas  ingresó  en la Unidad de Cuidados Intensivos, con un diagnóstico  de  sepsis  de  catéter,  síndrome  de  dificultad  respiratoria  del  adulto,  compromiso  hemodinámico  y  oliguria.  Allí  permaneció hasta el 11 de junio  fecha  en  la cual a las 3:30 horas se produjo su fallecimiento. El diagnóstico  fue  sepsis severa con choque, síndrome de dificultad respiratoria aguda, falla  renal  aguda, coagulación intravascular diseminada, falla metabólica, acidosis  metabólica    severa    y    disfunción    miocárdica    moderada”.   

“Lo anterior fue  comunicado  al  administrativo  de turno para autorización de necropsia, la que  en  efecto  se  hizo  por  parte  de  patóloga forense adscrita al Instituto de  Medicina  Legal y Ciencias Forenses, Regional Noroccidente, Seccional Antioquia,  luego  de  que  por  parte de funcionarios del CTI se realizase la diligencia de  levantamiento  del  cadáver. La conclusión de la médico legista, en su primer  informe,  fue  que  la  muerte  de  la señora Martha Lucía Vásquez Marín fue  consecuencia  natural  y directa de falla orgánica multisistémica, cuyo origen  hasta  ese momento no se había podido definir. En su segundo informe manifestó  que  dicha  falla  orgánica  multisistémica se había producido por sepsis, la  cual    atribuyó    al    ingreso    del    material   extraño   al   torrente  sanguíneo”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El 21 de junio de 2007 la Fiscalía Seccional  de   Medellín   imputó   a   GLORY   DIANA   HENAO  RUÍZ  la  comisión  del  delito de homicidio culposo  ante  el  Juzgado  Catorce Penal Municipal con función de control de garantías  de dicha ciudad, la cual no aceptó.   

El 28 de junio la Fiscalía presentó escrito  de   acusación   señalando   a   la  señora  HENAO  RUÍZ  como  presunta  autora  del delito de homicidio  culposo.  El  día  5  de  julio  del  mismo año se realizó la correspondiente  audiencia de acusación.   

Una  vez concluida la etapa del juicio oral,  el  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito con funciones de conocimiento profirió  fallo  el  13  de febrero de 2008, por medio del cual absolvió a la acusada por  el delito imputado.   

Interpuesto  recurso de apelación contra la  sentencia  de  primera  instancia  por  parte  del  apoderado de la víctima, el  Tribunal  Superior  de  Medellín  la  revocó mediante fallo del 28 de abril de  2008,  para  en  su lugar condenar a GLORY DIANA HENAO  RUÍZ a la pena principal treinta y seis (36) meses de  prisión  y  multa  de  26.66 salarios mínimos legales mensuales vigentes, como  autora  penalmente  responsable  del delito de homicidio culposo, concediéndole  la suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

Contra   el   fallo   del   ad  quem el defensor interpuso recurso de  casación,  cuyo  libelo  fue  inadmitido  por esta Sala mediante auto del 24 de  noviembre   de   2008,   oportunidad   en   la  cual  se  dispuso  oficiosamente  “constatar si el Tribunal violó las reglas propias  del  debido  proceso, así como las garantías de las víctimas, en la medida en  que  al  resolver  el  recurso  de apelación interpuesto por el apoderado de la  víctima  contra  el  fallo  absolutorio de primer grado, procedió a revocarlo,  para  en  su lugar proferir sentencia de condena, pese  a   lo   cual   no   dio   curso   al   respectivo   incidente   de  reparación  integral” (subrayas fuera de texto).   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Para comenzar impera recordar que respecto de  la  protección  a  los  derechos  y  garantías  de las víctimas se dijo en la  exposición  de motivos del proyecto que a la postre culminó con la expedición  de la Ley 906 de 2004:   

“Esta concepción  limitada   de   los  derechos  de  las  víctimas  (la  establecida  en la Ley 600 de 2000, se aclara), común  en  los  sistemas  penales  tradicionales  en  cuanto las relega a una posición  marginal  de  cara  al  proceso  penal,  ha venido sufriendo una transformación  sustancial  al  punto  que  en  la actualidad el derecho de las víctimas de los  delitos  surge  como  uno  de  los  desafíos de la comunidad jurídica, el cual  exige      cambios      estructurales     tales     como     la     implementación  de  instrumentos que les otorgue espacios dentro y  fuera  del  proceso a través de métodos alternativos  para    la    solución    de    conflictos   como   la   mediación”.   

“Esta tendencia  sin  duda  tiene  acogida  en  el  sistema acusatorio de procesamiento criminal,  implantado  con  el Acto Legislativo 03 de 2002 y desarrollado en el proyecto de  Código  de  Procedimiento  Penal  que  hoy  se  presenta a consideración de la  Cámara  de  Representantes,  a  través  del  tratamiento que aquí se da a las  víctimas  (…) pueden  acceder a la justicia en  condiciones  de  igualdad  para  la  determinación de sus derechos de carácter  civil  (restablecimiento  del  derecho  y el resarcimiento de los perjuicios), a  través  de  la  solicitud de las medidas patrimoniales instauradas a su favor o  del  incidente  de  reparación  integral;  tienen derecho igualmente, a conocer la realidad de los hechos o  a  ser  debidamente informadas sobre el desarrollo de  averiguación,  el  juicio,  la  sentencia, la dosificación de la pena y cuanto  sea  de  su interés a efecto de promover el incidente  de reparación integral”.   

“De  manera que  las  víctimas  y  los perjudicados, adquieren con el  nuevo   sistema   penal   el   status   de   protagonistas   activos,  acorde  con  los  principios  de protección y promoción de los  derechos  humanos  y de la lucha contra la impunidad”  (subrayas fuera de texto.   

          Como  viene  de  verse,  es claro que si la víctima ha recobrado un  papel  protagónico  dentro  del proceso penal, corresponde a los funcionarios y  en  especial  en  cuanto se refiere a la temática tratada en esta decisión, es  decir,  con  ocasión de los fallos de condena, abrir de inmediato espacios para  asegurar  una  oportunidad  en  la  cual  aquella pueda promover el incidente de  reparación,  pues  de  otra  manera  no  se están desarrollando los principios  tutelares  de la normativa procesal de 2004 que se ocupan de los derechos de las  víctimas,  especialmente  regulados  en  el artículo 11 de tal legislación al  referirse   al   derecho  que  les  asiste  a  “una  pronta   e   integral   reparación  de  los  daños  sufridos,  a cargo del autor o partícipe del injusto  o   de   los   terceros   llamados   a   responder  en  los  términos  de  este  código”   (subrayas  fuera  de  texto).   

Ahora,  dado  que  la  temática  objeto  de  abordaje   en  esta  decisión  se  circunscribe  a  verificar  si  el  Tribunal  quebrantó  los  derechos  y garantías de las víctimas, pues pese a revocar el  fallo    absolutorio   y   proferir   sentencia   de   condena   “no    dio    curso   al   respectivo   incidente   de   reparación  integral”,   es  oportuno  señalar  que  sobre  el  particular   la   Colegiatura  venía  manifestando1  que en tales casos, era deber  del  ad  quem  anunciar  el  sentido  de  su pronunciamiento, para acto seguido remitir el expediente al juez  de  primera  instancia a fin de que surtiera el trámite propio del incidente de  reparación.   

Lo anterior, con el propósito de dotar a la  víctima  de  una  oportunidad para proponer tal incidente dentro de los treinta  (30)  días  siguientes,  y  una  vez  transcurrido  dicho  lapso,  el  Tribunal  dictaría  sentencia  en  el sentido anunciado y teniendo en cuenta las resultas  del  incidente2.   

Por  tanto,  en  sede  casacional  la  Sala  declaraba  la  nulidad del fallo de condena proferido por el Tribunal en segunda  instancia,  para  que,  una  vez  dicha  Corporación anunciara el sentido de la  sentencia, se procediera en la forma indicada.   

          No  obstante,  mediante providencia proferida por esta Sala el 19 de  febrero  de  2009  dentro del radicado 30327, se propuso una solución jurídica  diversa,  acogida  mayoritariamente,  en  el  sentido  de  no  casar el fallo de  segundo  grado,  sino surtir el término legal de treinta (30) días para que la  víctima  por sí o a través de la Fiscalía o del Ministerio Público promueva  el  correspondiente  incidente  de  reparación integral ante el juez de primera  instancia,  todo  ello  en  procura  de asegurar los criterios moduladores de la  actividad   procesal   consagrados   en  el  artículo  27  de  la  Ley  906  de  2004.   

          Básicamente,  los  argumentos  expuestos por la Sala para variar su  posición son los siguientes:   

1.            “La nulidad,  en  ese  caso,  se  convierte en un remedio demasiado excesivo que no consulta a  cabalidad  los criterios moduladores de la actividad procesal, especialmente los  de  necesidad,  ponderación y legalidad, pues si la actuación se ha adelantado  con  sujeción  a  la  regulación  procedimental establecida en el ordenamiento  jurídico   y   al   amparo   de   ello   el   procesado,   en  justa  contienda  jurídico-probatoria,  ha sido vencido en juicio, emerge desproporcionado que se  invalide  la  ritualidad para dar paso a un trámite de carácter subsidiario al  penal  como  lo  es  el relacionado con los perjuicios, con los riesgos para los  intereses    de    la    propia    víctima    que    ello   acarrea”.   

“La solución de  anular  la actuación puede conducir eventualmente a que, al final, los derechos  de  la  víctima  sean  burlados.  Porque  con esa orden el proceso se retrotrae  jurídicamente  a  un  estado en el cual no existe sentencia, razón por la cual  imperioso  es  para  el  ad  quem  rehacer la actuación desde ese momento. Pero  piénsese  que, leídos nuevamente los registros contentivos de las pruebas y la  argumentación  oral  de  las  partes expuestas tanto en primera como en segunda  instancia,  el  Tribunal cambie de opinión y decida entonces confirmar el fallo  absolutorio.  Tal  resultado, con mayor riesgo de ocurrir, es posible que se dé  si  hay  cambio  de  alguno  o  varios  de los miembros de la respectiva Sala de  decisión”.   

2.              “Otra  situación  negativa  para  la  víctima es la posibilidad de que se presente el  fenómeno  de  la prescripción de la acción penal, porque al dejarse sin valor  la  sentencia  de  segunda  instancia  desaparece  de  inmediato  la suspensión  regulada   en   el   artículo   189   de   la   Ley   906  de  2004”.   

“De modo, pues,  que  so  pretexto  de  pretenderse garantizar los derechos de las víctimas, sus  intereses  pueden  verse  afectados si se invalida la actuación con el único y  exclusivo   objetivo   de  dar  paso  al  incidente  de  reparación”.   

3.            Se  pretende  entonces,  “abrir  la  oportunidad  de  promover  el  incidente  de reparación  integral  con posterioridad a la ejecutoria del fallo. Esta no es ni mucho menos  una  solución  exótica,  pues  obsérvese  cómo la misma fue propuesta por la  comisión                  redactora3  del  proyecto con fundamento  en  el  cual  se  adelantaron  los  debates  en el Congreso de la República que  culminaron   con   la   aprobación   de   la   Ley   906   de  2004”.   

4.             “Sea  como  fuere,  advierte  la Sala que el recientemente expedido Código de la Infancia y  Adolescencia  (Ley  1098  de  2006)  autoriza  en  su artículo 197 adelantar el  incidente    de    reparación   con   posterioridad   a   la   ejecutoria   del  fallo”.   

“Este  ejemplo  ratifica  la  consistencia  de  la solución aquí propuesta, pues significa que  para  el  legislador  no  es  ni  mucho menos absurdo o descabellado promover el  incidente   de   reparación  integral  después  de  la  ejecutoria  del  fallo  condenatorio”.   

5.            Finalmente  se precisó: “El   hecho  de  que  la  decisión  definitoria  del  incidente  de  reparación  adquiera  la  naturaleza  de auto no es obstáculo para prohijar la  solución  aquí  propuesta, pues es la propia normatividad procesal penal (art.  181.4  Ley  906 de 2004) la que consagra la posibilidad de acudir a la casación  cuando  se  trata de atacar lo relacionado con la reparación integral decretada  en  la  providencia  definitoria  del  incidente.  Es decir, se trata de un caso  excepcionalísimo  en  el  cual  procede  la  casación  contra  un  auto,  cuyo  proferimiento   en   segunda   instancia,   desde  luego,  para  posibilitar  la  interposición  del  recurso  (consagrado  por  la  ley  de  manera  expresa, se  insiste)  corresponderá  siempre  al  respectivo Tribunal, así la decisión de  primer  grado  la  emita un juez penal municipal cuando se trata de un asunto de  su    competencia    (art.    37    de   la   Ley   906   de   2004)”.   

          Conforme  a  la  referida  variación  jurisprudencial, considera la  Sala  que como en este asunto el Tribunal Superior de Medellín revocó el fallo  absolutorio,  para  en  su  lugar  proferir  sentencia  de  condena en contra de  GLORY  DIANA HENAO RUIZ, sin  que,  en  consecuencia,  permitiera  a  las victimas la posibilidad de concurrir  para  promover  el incidente de reparación, se impone proceder a enmendar dicha  irregularidad en protección de sus derechos.   

En  virtud del inciso 5º del artículo 10º  de   la   Ley   906   de  2004,  según  el  cual,  los  jueces  “estarán  en  la  obligación  de corregir los actos irregulares no  sancionables  con  nulidad,  respetando siempre los derechos y garantías de los  intervinientes”,  la corrección que debe adoptar la  Sala  no  es  la  de declarar la invalidación del fallo de segundo grado, sino,  como  atrás  de  precisó,  de  una parte, abstenerse de casar oficiosamente la  sentencia  impugnada  y,  de otra, disponer que dentro de los treinta (30) días  siguientes  a  la  firmeza de esta decisión, la víctima por sí o a través de  la  Fiscalía  o  del  Ministerio  Público  podrá  promover  el  incidente  de  reparación integral ante el juez de primera instancia.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.          NO  CASAR  la  sentencia  impugnada  de  conformidad con las razones  expuestas en la anterior motivación.   

2.            DISPONER  que,  dentro  de  los treinta (30) días siguientes a la firmeza de esta decisión, la  víctima  por  sí  o a través de la Fiscalía o del Ministerio Público podrá  promover   el   incidente  de  reparación  integral  ante  el  juez  de  primer  grado.   

Notifíquese y cúmplase.  

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                              SIGIFREDO     ESPINOSA  PÉREZ   

Aclaración de voto  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES           

       Salvamento    de  voto   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                      JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

Excusa justificada  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con  el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de la Sala, y si bien comparto la decisión en su fondo, dado que no  se   declaró  la  nulidad  para  permitir  la  realización  del  incidente  de  reparación  integral  supuestamente  obviado  por  la segunda instancia, estimo  necesario  hacer unas cuantas precisiones respecto de varias afirmaciones que se  efectúan  en  el  proyecto  aprobado,  por  entender  que  no se avienen con la  sistemática  acusatoria  regulada  en  la Ley 906 de 2004, y como quiera que se  transcribe  gran  parte de lo expresado en la sentencia proferida por la Sala el  19  de  febrero  de  2009,  radicado  30327, donde por las mismas razones aclare  también el voto.   

A   este   efecto,   considero   bastante  problemático  confundir  lo  que  sucede  en  primera  instancia,  en punto del  incidente  de  reparación  integral,  con la solución que se propone cuando en  segunda  instancia o casación, cabe agregar, se revoca la sentencia absolutoria  para proceder a la condena del procesado.   

Ello,  por  cuanto,  debe  precisarse,  el  legislador   claramente  estableció  un  trámite  y  términos  precisos  para  desarrollar  el  incidente en mención cuando la decisión es condenatoria en la  primera  instancia,  sin  que  por  vía  jurisprudencial sea necesario cubrir o  superar lo que la ley expresamente menciona.   

Sobre  el  particular,  el Capítulo IV del  Título  II  de  la  Ley  906  de  2004,  regula lo concerniente al incidente de  reparación  integral,  estableciendo  como  hito central de su postulación, el  anuncio  del  sentido  del  fallo  condenatorio  por  parte  del juez de primera  instancia,  ya que el artículo 106 delimita como término de caducidad el de 30  días, contados a partir del anuncio en cuestión.   

En los casos de terminación anticipada por  el  camino  del  allanamiento  a cargos o de lo preacuerdos, también se despeja  necesario  ese  término  de  caducidad,  que  comienza a contar, para el primer  caso,  cuando  el  juez  de  conocimiento recibe la carpeta para la emisión del  fallo;  y  en  el  segundo,  al  momento de aprobar el acuerdo, como ya se dejó  sentado  en  la decisión de tutela traída a colación en el fallo que ahora se  aclara4.   

Y  ello  es natural, debe agregarse, porque  claramente  la  Ley  906 de 2004 estableció que en los casos de condena emitida  en  primera  instancia,  el  incidente  de reparación integral ha de operar con  anterioridad  a la ejecutoria de la sentencia. Incluso, antes de que se profiera  formalmente la misma.   

No   se   entiende  por  qué,  en  estas  condiciones,  sin  mayores  precisiones  argumentales  se  dice  en  el fallo de  casación  citado  para reforzar esta nueva decisión, que en los eventos en los  cuales  se  ha terminado extraordinariamente el proceso por virtud de acuerdos o  allanamiento  a  cargos,  cuando  el  juez  de  primera  instancia  no  ha  dado  oportunidad  a  la  interposición  del  incidente de reparación integral, este  puede solicitarse por la víctima luego de la ejecutoria del fallo.   

Si  así se hace, no me cabe duda, se viola  el  debido  proceso  de  manera  flagrante,  pues,  reitero,  el  legislador  ya  estableció  perentoriamente,  para  la  primera  instancia,  unos  términos de  caducidad  que  no  pueden  ser  ampliados  o  modificados  por  el  funcionario  judicial.   

Y  si bien, lo deseable es que el incidente  de  reparación  integral  opere  para  todos  los  casos con posterioridad a la  ejecutoria  del  fallo  –y  así  se  solucionan  muchas  de  las  cuestiones  problemáticas  que  ahora se  detectan,  entre  ellas  esa posibilidad de que los ingentes recursos destinados  al  desarrollo  del  incidente terminen siendo inanes si en segunda instancia se  revoca  el  fallo  y  absuelve al procesado-, frente a lo cual se hace imperiosa  una  reforma  legal  que  haga valer esa postura inicial del proyecto de ley, no  puede  soslayarse  que  al  presente la normatividad penal define esos plazos de  caducidad  insoslayables,  razón  por la cual, si el juez pasa por alto, en los  casos  de  allanamientos  y  acuerdos,  y  desde luego, cuando se trata de fallo  condenatorio  ordinario  de primera instancia, permitir el pronunciamiento de la  víctima  en  pro  de  sus  deseos  reparatorios,  la  única  solución  es  la  nulidad.   

Asunto  diferente,  ha de resaltarse, es el  referido   al   pronunciamiento   de   segunda   instancia,   o   el   fallo  de  casación,   en  los  cuales  se  revoca  la  sentencia  absolutoria, pues,  respecto  de  esta  hipótesis  la Ley 906 de 2004 no consagra la obligación de  adelantar,   previo   a   la  decisión  formal,  el  incidente  de  reparación  integral.   

Y  no  es,  estimo,  que el legislador haya  pasado  por  alto  el  asunto  y  sea  menester  encontrar un mecanismo adecuado  similar  al  existente  en  primera instancia, como originalmente lo planteó la  Sala  en  la  posición  que ahora se recoge, sino que simplemente, precisamente  por  las  dificultades anejas a ello, se entendió mejor dejar de lado esa   tabulación  de la pretensión indemnizatoria, previo a la ejecutoria del fallo,  cuando   se   trata   de   condenas   de   segunda   instancia   o  en  sede  de  casación.   

Basta  verificar el trámite contemplado en  la  ley  respecto  de  la  segunda  instancia  de  los  fallos  y  el  mecanismo  extraordinario  de casación, para advertir que no existe ninguna posibilidad de  retrotraer  el  asunto  al  juzgador  de  primer  grado a fin de que adelante el  incidente  de  reparación  integral,  mucho  menos  a  través del mecanismo de  suspender  en  la  práctica  el  procedimiento,  para lo cual se hace necesario  dejar  de  lado  los  términos  legales,  quebrantando  de manera ostensible el  debido proceso.   

Ya  el fallo objeto de aclaración anterior  señaló  ampliamente  las  dificultades  de todo orden que comporta la anterior  solución,  por  lo  cual,  para no incurrir en farragosas reiteraciones, a esas  motivaciones me remito.   

He  de  precisar,  eso  sí,  para  evitar  confusiones  o  interpretaciones sesgadas, que lo decidido por la mayoría en la  sentencia                   citada5,   desde   luego  compartido  íntegramente  por  mí,  es  que  en  todos  los casos en los cuales la segunda  instancia  o  el  fallo  de  casación revocan la sentencia absolutoria, se hace  necesario  esperar  la  ejecutoria  del  fallo  para  que  pueda  adelantarse el  incidente  de  reparación  integral, cuya postulación por el interesado caduca  treinta días después.   

Entonces,  no  es  posible,  y  por ello se  supera  la  postura  anterior  de  la Corte, que en esos casos puntuales se haga  algún      tipo     de     “anuncio”  del  sentido  del  fallo  por  parte  de la segunda instancia,  únicamente  establecido  por  la  Ley  906  de 2004 para la decisión de primer  grado,  ni  mucho  menos  que  se  devuelva la carpeta a la espera de la posible  solicitud y trámite del incidente de reparación integral.   

Por ello, resulta innecesario significar en  la  decisión que pudo haberse presentado algún tipo de irregularidad cuando el  Tribunal  omitió  devolver  el  asunto  a  efectos de adelantar el trámite del  incidente.  Está claro, se repite, que no es irregular continuar con el decurso  propio  de  la  segunda  instancia  (dado que lo insinuado en la decisión de la  Corte  como  adecuado  viola el debido proceso al crear una tramitación ajena a  lo  dispuesto  en  la  ley),  pues,  precisamente  lo  regular es esperar que se  ejecutoríe la sentencia para tramitar la pretensión civil   

   

No  entiendo por qué, si es función de la  Corte  no  solo  unificar  la  jurisprudencia sino, por ese camino, facilitar la  tarea  a los jueces ofreciendo soluciones prácticas, se decide por el argumento  simplemente  teórico, a efectos de ponerlos en un verdadero predicamento, pues,  no  me  cabe duda que para el funcionario de segunda instancia, cuando revoca la  decisión  absolutoria  de  primer  grado,  representa  mejor  posibilidad la de  continuar  con  la  tramitación  ordinaria, en lugar de devolver el asunto a su  inferior,  debiendo  esperar  hasta  que este decida adelantar el incidente, con  todas   las   vicisitudes   propias   del   mismo,   para  después  expedir  el  fallo.   

Y,  en  lo  que  toca con el funcionario de  primer  grado,  no  se  ve cuál puede ser su empoderamiento con el trámite del  incidente  de  reparación  integral, cuando precisamente estimó inexistente la  responsabilidad penal del procesado.   

Además,  y  este es un asunto de fondo, si  todavía  la  segunda  instancia  no  ha  expedido  formalmente  la sentencia de  condena,  en  la cual concretamente refiera cómo se define la intervención del  acusado,  resulta  bastante  problemático discutir, solo para traer a colación  un  ejemplo  pertinente  de  los tantos pasibles de plantear, cuál puede ser el  monto  de  la indemnización a pagar por el acusado de un delito culposo, cuando  se  determina  que  la  víctima  también  incidió con su comportamiento en el  resultado   –recuérdese  que   en   estos   casos   la   reparación  se  tasa  teniendo  en  cuenta  ese  factor-.   

Ocurrirá normalmente, dado que ya la Corte  decide  no  declarar la nulidad, que los Tribunales, cuando revocan la sentencia  absolutoria  de  primera  instancia, simplemente omitirán devolver el asunto al  juez  para que previo a la formalización del fallo de segundo grado adelante el  trámite  del incidente, y en su lugar continuarán con el proceso consagrado en  la  ley,  facultando  que,  finalmente,  esa  pretensión  civil  opere  una vez  ejecutoriada la sentencia.      

De  otra  parte, considero que del hecho de  que  el  incidente de reparación integral se adelante después de la ejecutoria  de  la  sentencia  no  se  sigue,  como se postula en el fallo, que la decisión  resolutoria del mismo adquiera la naturaleza de auto.   

Si  es  evidente  que  el trámite del  incidente  de  reparación  integral, consagrado en el Capítulo IV, del Título  II,  de  la  Ley  906  de 2004, representa un verdadero pronunciamiento de fondo  respecto  de la responsabilidad civil y el monto, o mejor, forma de reparación,  para  lo  cual se establece un procedimiento claramente formalizado en el que se  tabulan  pretensiones  concretas  y  respecto  de  ellas  se presentan pruebas y  argumentos,  hasta  culminar  con  la  decisión que pone fin a la controversia,  apenas  es  dable  concluir  que lo dicho por el juez no comporta un simple auto  interlocutorio, sino una verdadera sentencia judicial.   

En  este sentido, no puede olvidarse que en  última  instancia  el  incidente  en  cuestión  representa la decisión de las  víctimas  de buscar que el mismo juez encargado de verificar la responsabilidad  penal,  examine  la  civil,  con  plenas  facultades y dentro de un trámite que  suple,  o  debe  suplir,  aquel  adelantado  ante  la jurisdicción civil.    

Por  esa razón, la definición reparatoria  comporta  una  esencia  subsidiaria  del proceso penal, en virtud de lo cual, su  diligenciamiento  no  puede ir en contra del objeto principal de aquel, esto es,  la  verificación  de  responsabilidad  penal, al punto de afectar su estructura  básica,  desde  luego inserta en el concepto de debido proceso, a cuyo cargo se  detallan  fases  o etapas consecuenciales, dentro del sistema de compartimientos  estancos,    dotadas    de    objeto    específico    y   límites   temporales  propios.      

No es, la definición del tópico civil por  el  camino  del  incidente  de  reparación  integral  desarrollado  en  primera  instancia,  la sentencia penal en sí misma, sino que se integra a ella, como lo  establece  la  Ley  906  de  2004,  sin que pierda su connotación eminentemente  civil,   bajo  la  cual  se  advierte  que  constituye  también  una  verdadera  sentencia,  pues,  define por vía judicial las pretensiones de una parte, en un  adelantamiento  procesal de clara estirpe declarativa, dado que obliga demostrar  a  esa  parte  que  se  le  ha  causado un verdadero daño y además, su monto o  alcance.   

          Al  respecto,  la  Sala  de  Casación  Civil  de  esta  Corte, ha dicho6:   

               “Por  otra  parte,  el  artículo  366  del  C. de P.C. indica que el recurso de  casación  procede  contra  las  precisas  y determinadas sentencias dictadas en  segunda     instancia     por    los    Tribunales    Superiores    ‘en  los  procesos  ordinarios  o  que  asuman  este  carácter’,  siempre  que  se  cumplan  los demás requisitos de procedencia de la mencionada  impugnación,  y  a  su  vez  el  artículo  367  de  la  misma  obra  admite la  procedencia  de  este  recurso para las sentencias de primera instancia dictadas  por  los  jueces  del  circuito,  cuando  las partes así lo acuerden. Es decir,  todos  los  artículos  del capítulo que ese Código dedica a la regulación de  este  medio de impugnación, con excepción del 373, hacen expresa alusión a la  procedencia del recurso contra sentencias, no contra autos.   

             “El   artículo   302  ibidem  indica  que  debe  entenderse  por  sentencia  la  providencia  que  decide  sobre las pretensiones de la demanda o las excepciones  que  no tengan el carácter de previas, cualquiera que fuere la instancia en que  se  pronuncien,  y  las  que  resuelven  los  recursos de casación y revisión,  estableciendo  por exclusión que son autos las demás providencias, de trámite  o interlocutorias.   

            “La  Corte  en  reiterada jurisprudencia y apoyada en razones de índole formal y sustancial  ha  reiterado  que la ley no consagra el recurso de casación frente a cualquier  tipo  de resoluciones judiciales, sino sólo lo permite frente a sentencias, sin  que  sea posible asimilar a ellas otro tipo de decisiones judiciales que, aunque  parecidas    en    su    contenido,    formalmente    les    es    negado    tal  carácter”.   

Y se denomina incidente en la ley penal, no  en  atención  a  que  se  desnaturalice  su condición declarativa de derechos,  claramente  inserta  en  las  postulaciones propias de un proceso civil, si esta  hubiese  sido  la  vía querida por el afectado con el delito, sino por ocasión  de  que se halla adscrita, la pretensión, por el camino de la subsidiaridad, al  proceso  penal  que  le  sirve  de  base  y  tiene  un objeto central diferente.   

De  esta  forma,  si  la  tabulación de la  pretensión  civil ante esa jurisdicción representa un pronunciamiento de fondo  transmutado  en  sentencia,  nada permite concluir que en sede del proceso penal  la  decisión que pone fin al litigio reparatorio, comporte naturaleza demediada  de auto.   

Por  este  mismo  camino argumental, en los  casos  en  los  cuales  se  adelanta  el  incidente  de reparación integral con  anterioridad  al  proferimiento  formal  de la sentencia penal, integrándose la  decisión  al fallo, no se duda de que ese pronunciamiento puntual acerca de los  perjuicios constituye una verdadera sentencia por sí misma.   

Ahora, del hecho de que el artículo 181-4,  de   la  Ley 906 de 2004, contemple la posibilidad de interponer recurso de  casación  contra lo decidido en relación con la reparación integral, no puede  deducirse que esa decisión es o puede entenderse un simple auto.   

Porque, es menester precisar, ello además  genera  una  enorme  dificultad  en  torno  de  esa  posibilidad  de recurrir al  mecanismo   extraordinario   de   impugnación,   si  se  toma  en  cuenta  que,  precisamente,  al  inicio  de  la  norma  en  mención se señala que el recurso  procede   “contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  en  los  procesos  adelantados por delitos…”.   

Si  se tratase, acorde con lo señalado en  el  fallo  de  casación, de un auto la providencia que resuelve el incidente de  reparación  por  fuera  de  la  sentencia  penal, en principio resulta bastante  problemático  argumentar  en  pro  de  la  posibilidad  de  acudir al mecanismo  casacional,  dada la evidente limitación contemplada en el artículo 181 arriba  citado.    

Y el asunto desborda ya los límites de la  simple  interpretación  cuando  se observa que los autos proferidos por un Juez  Penal  Municipal,  son  susceptibles  de  apelación  ante  el  Juez  Penal  del  Circuito,  como  expresamente lo señala la ley (ordinal 1°, artículo 36 de la  Ley  906  de  2004),  dado  que  respecto  de  los  Tribunales  sólo se permite  competencia  para  resolver  respecto  de  sentencias  proferidas por los Jueces  Penales  Municipales  (ordinal  1°,  artículo 34 de la Ley 906 de 2004).    

Entonces, para que lo decidido por el Juez  Penal  Municipal  en el que se dice auto, pueda ser objeto de casación, habría  que  decir  que  ésta  opera  no  solo respecto de las sentencias proferidas en  segunda  instancia  por  los  Tribunales, sino de autos de segundo grado obra de  los Jueces Penales del Circuito.   

Junto  con  lo  anotado,  mírese  que ese  numeral  cuarto,  dentro  de  la  contextualización  que  el  legislador dio al  incidente,  únicamente  regulado para la primera instancia, como se dijo antes,  y  desde  luego  adelantado  previo  a la expedición formal del fallo, al cual,  entre  otras  cosas, se ordena integrarlo (Artículo 105 de la Ley 906 de 2004),  no  debe  entenderse,  por  la  potísima razón que la interpretación no puede  conducir  al  absurdo,  como si de verdad a la culminación del trámite el juez  profiriese  una  decisión  formalizada que de entrada permita la interposición  de recursos.   

De  ser  así, entonces, no habría razón  para  que  una vez integrada al fallo de primera instancia, pudiera interponerse  el recurso de apelación respecto de esa condena civil.   

De  esa forma, habría que concluir que si  se  interponen  al  término  del incidente y previo a su integración al fallo,  los  recursos  de reposición y apelación propios de esa condición de auto que  se  quiere  defender, es menester adelantar independientemente, cuando menos, la  segunda    instancia    ante    el    Juzgado    del    Circuito    –cuando  se  trata  de  una  decisión  interlocutoria  del  Juez  Penal  Municipal- y esperar el pronunciamiento de ese  funcionario  superior  para  después integrar a la sentencia penal lo decidido,  sin  posibilidad  de  que,  cuando  se  expida  formalmente la sentencia con sus  componentes  penal y civil, pueda apelarse, ahora ante el Tribunal, por tratarse  de un fallo, lo correspondiente al apartado reparatorio.   

La mejor forma de entender lo consignado en  los  artículos  105  y 181-4 de la Ley 906 de 2004, es concluyendo que eso  decidido  durante  al  última  audiencia  del  incidente  no  es vinculatorio o  formal,   vale  decir,  como  sucede  con  la  responsabilidad  penal,  una  vez  practicadas   las   pruebas   y  escuchados  los  argumentos  de  las  partes  e  intervinientes,  el juez “anuncia” o señala cómo se decide la pretensión,  pero  su  formalización  opera  cuando  se  integra  a  la  sentencia y esta se  profiere,  momento  en  el  cual  tanto  la  resolución del aspecto penal, como  aquella  del  tópico  civil, pueden ser objeto, en su calidad de sentencia, del  recurso  de  apelación y luego de la impugnación extraordinaria por vía de la  casación.   

No   conozco,  sobre  el  tema,  ningún  antecedente  jurisprudencial  que  permita  interponer  el  recurso de casación  respecto  de  autos,  y  no  creo  que este sea el momento para que así ocurra,  cuando  los  argumentos  que  respaldan esa posición, lo digo con todo respeto,  son bastante precarios.   

Basta, para respaldar mi posición, remitir  a   lo   expresado   por   la   Corte   desde  antaño,  reiterado  en  reciente  jurisprudencia7:   

“Desde la vigencia de Ley 61 de 1886, que  desarrolló  el  postulado constitucional sobre las funciones de la Corte,   el  recurso  extraordinario  de  casación,  en el artículo 37 de la misma obra  instrumental,  consagró  que “la Corte Suprema como Tribunal del Casación…  conocerá       en       lo       criminal       de       las       sentencias  que  se  pronuncien  por  la  comisión  de  delitos  designados  en  el  artículo  29  de  la  Constitución  nacional…”;  hasta  hoy,  cuando la Ley 600 de 2000, precepto 205 ordena que  “la        casación        procede        contra       las       sentencias   proferidas   en   segunda  instancia…”;  y,  no  sobra  advertir que, la Ley 906 de 2004, dispone en el  artículo  181  que  “el  recurso  como control constitucional y legal procede  contra      las      sentencias      proferidas  en segunda instancia…”; inclusive, el Decreto 2.700  de  1991,  219  al  enseñar  que  los  fines  de la casación, entre otros, son  “(…)  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las  partes  por  la  sentencia recurrida” o el  220     de     la     misma     normatividad,    “cuando    la    sentencia sea violatoria de una norma de  derecho sustancial”. (Subrayados fuera de textos).”   

Además, para que no quepa duda respecto de  la  imposibilidad  de  que  los  autos  permitan  el  recurso  extraordinario de  casación,    hace    poco    afirmó    la   Sala8:   

“En cuanto al segundo punto planteado por  el  apoderado  de  la  parte  civil,  es  decir,  que el recurso de casación no  procede  contra  autos  interlocutorios,  motivo  por el cual en este caso no es  viable  la  impugnación  extraordinaria,  es  un  argumento jurídico que tiene  vocación de éxito.   

En  efecto,   la  jurisprudencia de la  Corte  ha  sido  clara y reiterativa en indicar que la naturaleza interlocutoria  de  una  decisión,  sea  que  se adopte en forma separada o en el cuerpo de una  sentencia  de instancia, impide que en su contra pueda plantearse censura alguna  en  sede  de  casación, pues el recurso extraordinario solamente procede contra  sentencias,  específicamente contra fallos de segunda instancia, según así lo  establece  el  artículo  205  del  Código  de  Procedimiento Penal (Ley 600 de  2000),    norma    aplicable    a    este    caso.9   

Al  respecto, en providencia del 3 de julio  de 1996, la Sala dijo:   

“Es frecuente, ha dicho la Corte, que por  razones  de  economía  procesal,  se  incluya  dentro  de una misma providencia  decisiones   de   carácter   distinto,  como  ocurre  cuando  en  un  proveído  interlocutorio  se  ordenan  pruebas,  o cuando en una sentencia de instancia se  decretan  nulidades o se declara la extinción de la acción penal por un delito  o   respecto   de   uno   de  los  procesados,  sin   que   ello   traduzca     modificación     de     la    naturaleza   jurídica    de    la    decisión    de    menor   entidad,   la   cual   continúa  definiéndose por su contenido,  conforme  a  la  clasificación  que  de  las  providencias  judiciales  trae el  artículo 179 del Código de Procedimiento Penal.   

“Dicho carácter impide que en su contra  pueda  plantearse  censura  alguna  en  sede  de  casación,  pues  este recurso  extraordinario  solamente  procede  contra  sentencia,  específicamente  contra  sentencia      de      segunda     instancia”.10   

Mediante  providencia  del  30  de junio de  1999, la Sala nuevamente se refirió sobre el tema, así:   

“El  hecho  de que en el mismo proveído  formalmente  entendido  se  haya  decidido  el  objeto final de la acción penal  profiriéndose  el  fallo  respectivo  respecto  de  los  acusados  y, asimismo,  declarado  la  nulidad  de  lo  actuado en relación con el delito de rebelión,  esto  no  está  significando  que analizado el acto desde el punto de vista del  contenido  su  naturaleza  permanezca  igual  para  las dos clases de decisiones  tomadas,  pues  la que declara la invalidez en ningún momento puede equipararse  a   un   fallo,   sólo   se  trata  de  una  decisión  motivada  de  carácter  interlocutorio  que  si  bien resuelve un aspecto sustancial del proceso como es  su  propia  legalidad,  lo  cual  precisamente  le  da  esta  naturaleza, no del  pronunciamiento  por  medio  del  cual,  el  juez competente, una vez agotado el  procedimiento  previamente  establecido por la ley, decide finalmente la acción  penal  con efectos de cosa juzgada, formal mientras se surten los recursos a que  hubiere lugar y material, una vez decididos.     

“En  este  caso,  entonces,  al  haber  incluido  el  Tribunal  las  dos clases de decisiones en el mismo acto, es claro  que  la  declaratoria  de nulidad respecto al delito de rebelión no forma parte  de  la  sentencia y por ende, no podía ser recurrida en casación, toda vez que  este  recurso  extraordinario  por disposición del artículo 218 del Código de  Procedimiento  Penal,  únicamente  procede  contra  las  sentencias  de segunda  instancia  dictadas  por  el  Tribunal  Nacional,  los  Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  y  el  Tribunal  Penal Militar, o en el caso de la casación  excepcional  contra  la  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por los  Juzgados  Penales  del  Circuito,  no contra las decisiones de simple naturaleza  interlocutoria   como   la  reseñada,  como  tampoco  contra  las  Resoluciones  acusatorias,  como  igualmente  lo trata de enfocar el demandante, pues por más  que  en  ella  se  formulen  los  cargos base de la sentencia en ningún momento  puede  equipararse,  ya  que  precisamente  el  hecho  de corresponder a su acto  antecedente  sustentado  en  diversas exigencias formales y probatorias, menores  desde  luego,  necesariamente  excluye tan inusitada posibilidad”.11   

Más    recientemente,    la    Corte  indicó:   

“Reitera la Sala en este punto, entonces,  que  ‘resulta evidente que  las  providencias  judiciales  se  clasifican  en  sentencias  y  autos,  siendo  aquellas  las  que  ordinariamente  ponen  fin  a  una  actuación  procesal con  reconocimiento   expreso  de  la  culpabilidad  del  procesado   -sentencia  condenatoria-,  o  de  su  inocencia -sentencia absolutoria-, si de instancia se  trata,  o  definen  la casación o la acción de revisión; y éstas, decisiones  que  si  resuelven  algún  incidente  o  aspecto  sustancial  del  proceso,  se  denominarán    ‘autos  interlocutorios’,  para  diferenciarlos  de los de sustanciación que se ocupan de meros trámites. Sólo  por   excepción   la  ley  denomina  ‘sentencia’ a  una  decisión  que  en  sede  de  casación  invalida el proceso, en los demás  casos,  la determinación que en tal sentido tomen los jueces en las instancias,  es     naturalísticamente    un    ‘auto     interlocutorio’,  así  se  haya  pronunciado,  como  ocurrió  en  este caso, con  ocasión   de  la  revisión  de  una  sentencia.  Ha  dicho  la  jurisprudencia  pacíficamente  que  no  porque  se tomen diversas decisiones dentro de un mismo  cuerpo  de  sentencia,  cambia  la  naturaleza jurídica que la ley le da a esas  determinaciones;  es  apenas,  una  práctica  que  por economía procesal suele  usarse   en  los  estrados  judiciales’.   

“Así   mismo,   que   la   naturaleza  interlocutoria  de  una providencia, sea que se adopte en forma separada o en el  texto  de  una sentencia de instancia, ‘impide  que en su contra pueda plantearse censura alguna en sede de  casación,  pues este recurso extraordinario solamente procede contra sentencias  de        segunda       instancia’”.12   

No  sobra  recalcar  que  los antecedentes  transcriptos   tienen   plena   operancia  en  tratándose  de  la  sistemática  acusatoria,  pues,  la  Ley  906  de  2004,  como  arriba  se reseñó, sigue la  tradición   de   reclamar   la   existencia   de  sentencia  para  facultar  la  interposición del extraordinario recurso de casación.    

Y,  si  se  dijera que en este específico  campo  opera, acorde con la norma de integración prevista en el artículo 25 de  la  Ley  906  de  2004,  lo  normado  por  el  procedimiento  civil, habría que  responder  mucho  más  contundentemente, dado que en esa tramitación ordinaria  ni  por  asomo  se  permite  la casación contra autos. Incluso, debe agregarse,  cuando  se decide favorablemente una propuesta de excepciones previas, ello pone  fin  al  proceso,  pero,  dado que la decisión se determina auto, no es posible  interponer recurso de casación.    

Así  lo  ha reiterado la Sala Civil de la  Corte,        del        siguiente       tenor13:   

        “son  las formalidades externas de cada acto procesal  las  que  verdaderamente  contribuyen  a distinguir los autos de las sentencias,  tal   como   lo   ha  pregonado  la  Corte  desde  antaño  puesto  ‘….  que el hecho de tener fuerza de  sentencia  un auto interlocutorio en el caso del artículo 467, no lo reviste de  la  calidad  de  sentencia  ni  con  ésta  lo  identifica,  pues  aún entonces  permanecen   en   pié   las   restantes   diferencias   legales   entre  una  y  otro’  …  ‘El  artículo  1761  del  C.  C., por  ejemplo,  da  fuerza  de  escritura pública al documento privado reconocido por  quien  lo  suscribió,  y  sin  embargo,  no  puede  decirse  por esto que quede  convertido  en  escritura  pública  con  la calidad, formalidades y modalidades  peculiares   de  éstas’  (auto de 11 de abril de 1946. G. J. T. LX, pág. 383)”.   

        “Basta  recordar  entonces, que las sentencias difieren de los autos por rasgos formales  que  permiten  ubicarlas  sin  equivocación  como  tales, entre los que precisa  destacar  por  ejemplo,  los términos y formas para notificarlas (artículo 323  ib.);  la improcedencia del recurso de reposición frente a ellas (artículo 348  ib.);  el  trámite  diferente  que  corresponde  a la apelación (artículo 360  ib.);  y  por  qué  no  decirlo, el empleo de la frase sacramental ‘administrando  justicia  en nombre de  la   República   de   Colombia   y   por   autoridad   de   la  ley’ (artículo 304 ib.)”.   

           2) CASACION  –  Improcedencia  contra  autos.  EXCEPCION PREVIA: La ley ordena fallar el  trámite    especial    de    excepciones    previas    mediante    ‘auto’.  “el recurso extraordinario de  casación  por ministerio de la ley se encuentra reservado para las ‘sentencias’  (artículo  366 ib.), razón por la  cual  no  puede  extenderse a ninguna clase de autos, así sea el interlocutorio  que  decide  las  excepciones de mérito propuestas como previas en el ejercicio  del  derecho  que  para  el  efecto  confiere  al  demandado el inciso final del  artículo 97 ib”   

Lo  anotado,  para  no  penetrar  en otras  aristas  también  problemáticas  de  lo consignado en la providencia objeto de  aclaración,  como  aquella que remite a la posibilidad de interponer el recurso  de         reposición,         si         se         trata         de        un  auto.              

Véase,  entonces,  que la consideración,  entre  otras  cosas,  respetuosa  de  la  naturaleza  del pronunciamiento, de la  condición  de  sentencia  que reviste la decisión del incidente de reparación  integral, elimina todas las dificultades antes reseñadas.   

De   esta  manera,  dejo  sentado  mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

    

1  Sentencia  de casación del 28 de mayo de 2008. Rad. 29542 y fallo de tutela del  7  de  diciembre  de  2005.  Rad. 22920.   

2  Providencia del 28 de mayo de 2008. Rad. 29542.   

3  Comisión creada mediante el Acto Legislativo 003 de 2002.   

4  Radicado 22.920, del 7 de dicidembre de 2005   

5  Sentencia del 19 de febrero de 2009, radicado 30327   

6  Sentencia del  14 de julio de 1998,  radicado 7208   

7  Radicado 29.090 del 10 de julio de 2008   

8  Radicado  23.078, del 20 de abril de 2007   

9   Ver  sentencia  de  casación  12663  del 30 de junio de 1999, auto de casación  16545  del  18  de abril de 2001, sentencia de casación 16534 del 31 de mayo de  2001,  sentencia  de  casación  11632 del 4 de septiembre de 2001, sentencia de  casación  del  29  de  octubre de 2001 y sentencia de casación 22565 del 17 de  agosto de 2005, entre otras.   

10  Casación radicada con el número 11186.   

11  Casación radicada con el número 12663.   

12   Ver sentencia de casación 16534  del  31 de mayo de 2001, sentencia de casación 15570 del 29 de octubre de 2001,  entre otras.   

13  Sentencia del 24 de agosto de 1988, radicado 7274     

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