30966(16-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30966  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

Aprobado Acta No. 359.  

Bogotá  D.C.,  diciembre dieciséis (16) de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

La   Sala  emprende  el  examen  sobre  el  cumplimiento  de las exigencias de lógica y suficiente acreditación dispuestas  por  el  legislador,  respecto  de  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor   de   EVERARDO   VEGA   PÉREZ,  contra el fallo de segundo grado dictado por el Tribunal Superior  de  Ibagué  el  26 de junio de 2008, confirmatorio del proferido por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  del Espinal el 13 de diciembre de 2004, por medio  del  cual condenó al mencionado ciudadano como autor del concurso de delitos de  homicidio      culposo     en     Omar     Guevara  Sánchez   y   lesiones   personales   culposas   en  Jhon     Jairo    Villafañe    Correa.   

HECHOS       Y       ACTUACIÓN  PROCESAL   

En  el fallo de segundo grado se resumen los  sucesos   que   dieron   lugar   a   este   averiguatorio   en   los  siguientes  términos:   

“Sucedieron a eso  de  las  6:45 de la tarde del 18 de septiembre de 2000 sobre la variante Espinal  – Flandes a la altura de  la  finca El Recuerdo, vereda Dindalito, jurisdicción de Espinal, Tolima, donde  los  señores  Omar  Guevara  Sánchez y Jhon Jairo Villafañe fueron arrollados  por  la  motocicleta Suzuki TS 125 modelo 1999 de placas RAP-71 A de propiedad y  conducida  por  EVERARDO  VEGA PÉREZ, cuando se dedicaban a cambiar la pacha de  llantas  traseras izquierdas del camión de placas TIJ-683 conducido por ORLANDO  DE  JESÚS  VARÓN  ELEJALDE.  Producto  del impacto, Guevara Sánchez falleció  horas  más  tarde,  al  tiempo  que  Villafañe  y  el  motociclista resultaron  lesionados”.   

          La  Fiscalía Seccional de Ibagué declaró abierta la instrucción,  en   curso   de   la   cual   vinculó   mediante   indagatoria  a  EVERARDO  VEGA  PÉREZ  y declaró persona  ausente     a     Orlando    de    Jesús    Varón  Elejalde.   

          Cerrada  la etapa instructiva, el mérito del sumario fue calificado  el  11  de  abril de 2003 con resolución de acusación en contra de  EVERARDO VEGA PÉREZ como presunto autor  del  concurso  de delitos de homicidio culposo y lesiones personales culposas. A  su  vez  se  dispuso  proferir  preclusión  de  la  investigación  en favor de  Varón  Elejalde, decisión  confirmada  en  segunda  instancia  por  la Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  de  Ibagué  al  conocer  del recurso de apelación interpuesto por el  defensor del primero de los nombrados.   

El  ciclo  del  juicio fue adelantado por el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito del Espinal, despacho que una vez realizado  el  rito  dispuesto  por  el  legislador, dictó sentencia el 13 de diciembre de  2004,  a  través  de la cual condenó a EVERARDO VEGA  PÉREZ  a la pena principal de veinticuatro (24) meses  y  doce (12) días de prisión, prohibición de conducir motocicletas por un (1)  año  y  multa  por  valor  de  mil  pesos  ($1.000.oo),  y  a  la  accesoria de  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo  lapso   de   la   sanción   privativa   de  libertad,  amén  del  pago  de  la  correspondiente  indemnización de perjuicios, como autor penalmente responsable  del concurso de delitos objeto de acusación.   

          En  la  misma  decisión  le  fue  otorgado el subrogado penal de la  condena de ejecución condicional.   

          Al  conocer  del  recurso  de apelación interpuesto por el defensor  del  acusado,  el  Tribunal  Superior de Ibagué confirmó el fallo condenatorio  mediante  sentencia  del  26  de  junio  de  2008,  la  cual  es ahora objeto de  impugnación  extraordinaria  propuesta  por un nuevo mandatario de EVERARDO VEGA.   

EL LIBELO  

El  demandante  propone  un cargo único por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada de falso raciocinio, en  cuanto  los  falladores faltaron a las “reglas de la  experiencia,  la  lógica  y el sentido común” en la  apreciación  de  la  credibilidad de los declarantes, todo lo cual condujo a la  aplicación  indebida  de  las  normas  que  se ocupan de establecer los delitos  imprudentes.   

          En  el  desarrollo  del  cargo  plantea  que  en  este  asunto no se  configuran  los  punibles  culposos, pues “no había  señalizaciones   apropiadas   que   indicaran   el  estacionamiento”  del  camión  que  era  arreglado  por las víctimas en la vía  pública.   

          Resalta  que conforme a las reglas de la experiencia “unos  mecheros  mal armados” no resisten  el  ímpetu del viento y por tanto no eran suficientes para indicar a los demás  vehículos  que  había  un camión estacionado en la carretera, amén de que si  se  colocó  también una llanta en llamas, tal convención no permitía suponer  que más adelante estaba aparcado el referido automotor.   

          Considera  el  actor  que  quien violó el deber objetivo de cuidado  que  a  la  postre se concretó en los resultados contra la vida y la integridad  fue  Orlando  de  Jesús  Varón Elejalde,  conductor del camión, quien no tomó las precauciones necesarias  para   señalar   a   los   demás   que   su  automotor  se  encontraba  en  la  vía.   

          También  añade  que  no hay relación entre la ingesta de licor de  primer    grado    establecida   a   EVERARDO   VEGA  PÉREZ  y el resultado finalmente producido, con mayor  razón  si técnicamente se estableció que la motocicleta transitaba entre 62 y  74  kilómetros  por  hora,  de  manera  que  así  el  procesado hubiera estado  totalmente  sobrio,  la  colisión  se  había presentado, en atención a que el  vehículo  estacionado  no contaba con las señales de precaución necesarias en  tales casos.   

          Considera   que   se   condenó   a   su  procurado  “a   espaldas   de   la  lógica  y  el  sentido  común”,  sin  tener  en  cuenta  que  los  policías  de  carreteras no  obligaron  al  conductor  del  camión  a  orillarse  por  completo  y  sólo le  entregaron  unos  mecheros  inservibles  para anunciarse y prevenir a los demás  conductores que transitaban en una vía del orden nacional.   

Insiste  en  que el estado de embriaguez del  acusado  no  fue  la  causa  del  accidente,  pues  aún  si  se  suprimiese tal  condición  el  resultado  sería  el  mismo dada la falta de señalización del  camión  estacionado,  pues  EVERARDO VEGA  no  transgredió  ninguna  norma del tránsito automotor como para  que pudiera serle imputado el homicidio y las lesiones personales.   

Agrega que si bien es cierta la presencia de  los  mecheros  en  el  lugar  de los hechos, también lo es que por el viento se  apagaban   constantemente,   luego  no  eran  aptos  para  brindar  señales  de  precaución a los otros automovilistas.   

          Advera  que  no  se consiguió con las declaraciones de los testigos  arribar  al  grado  de  certeza  requerido  para  condenar,  de  manera  que  la  presunción de inocencia de su asistido se encuentra indemne.   

          Resalta   que   según   lo   declaró   el   médico   Alberto  Rivera  la  ingesta  de licor en  primer  grado  no  es  suficiente  para  perder  la  visión,  el equilibrio, la  capacidad  auditiva  o  la  sensibilidad,  de  manera  que  no fue tal factor el  determinante  en  la  producción  de  las  lesiones  y muerte, sino la falta se  señalización del automotor varado al borde de la vía.   

Igualmente afirma que el testigo Héctor   Fabio  Murillo  declaró  haber  visto  como señalización una llanta encendida a la orilla de la carretera, que  solamente    cubría    o    alumbraba   tenuemente   la   parte   trasera   del  camión.   

          Acto    seguido,    el    casacionista   pregunta:   “¿No  será  que los policiales debieron imponer multa al conductor  del  vehículo  por  no  contar con medidas de protección para carreteras y por  eso  supuestamente  prestaron unos mecheros inservibles para mantener el fuego y  advertir  a otros conductores?, ¿Por qué no retiraron el vehículo fuera de la  carretera  o  obligaron  a salir de la carretera al vehículo varado y en vez de  eso  prendieron  mecheros  inservibles  por  lo expuestos al viento en carretera  nacional?”.   

          A  partir  de los planteamientos precedentes, el recurrente solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo  atacado,  para  en  su  lugar  proferir sentencia  absolutoria    en    favor    de    EVERARDO   VEGA  PÉREZ.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Tiene  sentado  la  Sala  que en el examen sobre la admisibilidad de  los  libelos  casacionales le corresponde constatar que los recurrentes formulen  sus   censuras   con   sujeción  a  las  exigencias  de  lógica  y  pertinente  argumentación   definidas   por   el   legislador   y   desarrolladas   por  la  jurisprudencia,  a fin de que este recurso extraordinario no se convierta en una  instancia  adicional  a  las  surtidas. Tales requisitos se orientan a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación   y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten  inteligibles,  es  decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación  (Inciso 3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000).   

          Además,  de  conformidad  con  el  artículo  213  de la mencionada  legislación  “si el demandante carece de interés o  la    demanda    no    reúne    los   requisitos   se   inadmitirá”.   

Según el inciso 1º del artículo 205 de la  Ley  600 de 2000, este recurso extraordinario es viable contra las sentencias de  segunda  instancia  proferidas  “por los tribunales  superiores  de  distrito  judicial  y  por el Tribunal Penal Militar”,     siempre     que     se    proceda    por    “delitos   que  tengan  señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo   máximo   exceda  de  ocho  años” (subrayas fuera de texto).   

Tratándose  de  fallos  de segundo grado no  proferidos  por  los  mencionados  tribunales  o cuando el delito por el cual se  procede  tiene  pena  privativa  de la libertad inferior al quantum señalado en  precedencia  (como  acontece  en  este  caso)  o  sanción  no restrictiva de la  libertad,  el inciso 3º del artículo 205 del estatuto procesal penal faculta a  esta  Sala  para admitir discrecionalmente los libelos de casación presentados,  “cuando  lo  considere necesario para el desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales, siempre que  reúna    los    demás    requisitos    exigidos    por    la   ley”.   

          Para  acudir al recurso de casación por la vía discrecional es del  resorte  del  impugnante  señalar con claridad y precisión las razones por los  cuales  debe intervenir la Corte, ya para pronunciarse con criterio de autoridad  respecto   de  un  tema  jurídico  específico,  bien  para  unificar  posturas  conceptuales  o  actualizar  la  doctrina,  ora  para abordar un tópico aún no  desarrollado,  con  el  deber  de indicar de qué manera la decisión solicitada  tiene  la  dual  utilidad  de brindar solución al asunto y servir de guía a la  actividad judicial.   

Si el censor pretende asegurar la garantía  de  derechos  fundamentales, tiene el deber de acreditar la violación e indicar  las  normas  constitucionales  que  protegen  el  derecho  invocado,  así  como  demostrar    su    desconocimiento    en    el    fallo    recurrido.   

Es improcedente plantear simultáneamente las  dos  especies  de casación (ordinaria y discrecional), pues son excluyentes, en  cuanto  la  segunda  es  sucedánea de la primera, es decir, sólo procede en la  medida en que no resulte viable la casación ordinaria.   

         En  el  caso  examinado  advierte  la Sala que en punto del recurso  extraordinario  de  casación  se  impone acudir a la vía discrecional, pues se  procede  por  los  delitos  de homicidio culposo y lesiones personales culposas,  cuya  pena  máxima  privativa  de  la libertad no supera los referidos ocho (8)  años dispuestos para acceder a la casación común.   

         No  obstante,  el censor no se refiere de  manera  alguna  a  las  razones dispuestas por el legislador para que proceda la  intervención   excepcional   de   la   Corte   en   el   asunto.   Así  pues,  no identifica en concreto la temática que debe abordar  el  pronunciamiento,  no dice si sobre el particular ya hay jurisprudencia y, de  ser  así,  cuáles  son  las  decisiones  que  se  ocupan del asunto y cómo se  relacionan  con  el  caso  objeto de estudio, omisión que a la postre le impide  identificar  el  punto  dudoso, la existencia de providencias contradictorias, o  el  vacío  que corresponde dilucidar jurisprudencialmente y cómo el desarrollo  del  concepto  reclamado  tiene  la  doble  utilidad  de servir, tanto para este  trámite,  como  para  la solución de casos similares, de modo que de   entrada   se  advierten serias falencias en la presentación del libelo.   

Adicional  a lo expuesto, tampoco del cuerpo  de  la  demanda  consigue advertirse el quebranto de las garantías del acusado,  como sigue:   

Dado  que  en  el desarrollo del reproche el  defensor  plantea  la  violación  indirecta  de  la  ley sustancial derivada de  errores  de  hecho por falso raciocinio, era su obligación establecer qué dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  proceder que no asumió.   

          En  efecto,  el  defensor  orienta  su  labor  a plasmar su personal  aprehensión  fragmentaria  de  algunos  medios  de  convicción  obrantes en el  diligenciamiento,  pero no señalar errores de los falladores, quedándose en el  simple   cotejo   de   su  valoración  probatoria  con  la  efectuada  por  los  sentenciadores.   

          Por  ejemplo, si bien el censor es reiterativo en que los mecheros y  la  llanta  colocados  en  la vía eran insuficientes para advertir al procesado  que  allí  se  encontraba  un  camión,  no  tiene  en  cuenta  otros elementos  destacados  por  el  Tribunal  al  decir  que “en el  lugar  del  accidente  se encontró una llanta que estaba quemando, un mechero a  20  metros  de  la  llanta  y otro a 10.22 al centro del carril, también había  unas  ramas  como  señal  y  adicionalmente  el  señor  Jhon  Jairo  Villafón  (sic)   Correa   con  una  linterna   enviando   señales   de   luz   (…)   demostrando   la  suficiente  señalización    existente    en    el   lugar   del   accidente…”.   

          Acerca  del  mismo  tema  se  precisó en el fallo de segundo grado:  “se  tiene  la  prueba  testimonial rendida por los  sobrevinientes  del  accidente  como  lo  es  el señor ORLANDO DE JESÚS VARÓN  ELEJALDE  quien  da  cuenta  de haberse pinchado, procediendo a orillarse no muy  bien,  llegando  en  ese  momento  la  policía  de  carreteras  obligándolo  a  estacionarse  mejor. Ayudándolo a estacionar bien el camión, habiendo recibido  de  manos  del  personal  de  carreteras  dos  mechones,  la  misma  policía de  carreteras  atravesó  un  palo  y  ordenaron  que atravesaran ramas”.   

          Sin  dificultad  encuentra la Corte que el actor se limita a exponer  en  desorden su particular valoración de las pruebas en pro de los intereses de  su  representado,  pero  no  atina a señalar en qué consistieron los yerros de  los  juzgadores,  pues  como  ya  de  antaño  ha  sido  dicho, no basta en este  trámite  extraordinario  anteponer la ponderación de los medios de convicción  por  parte  del  censor  a  la apreciación que de los mismos hayan plasmado los  falladores,  dada  la presunción de acierto y legalidad de la cual se encuentra  revestida la sentencia objeto del recurso.   

De   acuerdo   con   las  consideraciones  precedentes,  habida  cuenta  que  el  libelo  de  casación no corresponde a un  alegato  de  libre  e  informal elaboración, su presentación con base en meras  apreciaciones  personales e indemostradas del recurrente y sin atenerse a alguna  de  las reglas lógicas y argumentativas que gobiernan el mecanismo impugnaticio  extraordinario,  como  ha  ocurrido  en este asunto, impone la inadmisión de la  demanda  de  acuerdo con lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  porque  en  virtud  del principio de limitación propio del trámite casacional,  la Corte no se encuentra facultada para enmendar tales falencias.   

          Finalmente    es    pertinente   indicar   que   no   se  advierte  en  el  curso  del  diligenciamiento  o en la sentencia  objeto  del  recurso,  violación  de  derechos  o  garantías  de  EVERARDO  VEGA PÉREZ, como para que ello  determinara   ejercer   la  facultad  oficiosa  que  en  punto  de  asegurar  su  protección   le   confiere   el   legislador   a  la  Corte.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda   de   casación   interpuesta   por   el   defensor   de   EVERARDO  VEGA  PÉREZ,  por las razones  expuestas en la parte motiva de esta decisión.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES                                YESID      RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                                 JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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