30872(02-12-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso     No  30872   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado    Acta  No.348   

Bogotá  D.C.,  dos (2) de diciembre de  dos mil ocho (2008).   

VISTOS  

Se   pronuncia   la   Sala  acerca  de  la  admisibilidad  de  los  fundamentos lógicos y de apropiada argumentación de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de DANIEL BRAVO QUINTERO,  contra  la  sentencia  de  23  de  julio  de  2008  mediante la cual el Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Cúcuta confirmó la emitida anticipadamente  por  el  Juzgado  Segundo  Penal  del Circuito con funciones de Conocimiento del  mismo  Distrito  Judicial,  por  cuyo medio lo condenó como autor del delito de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

En  el  puesto  policial  de Tibú (Norte de  Santander)  hacia  las cuatro de la tarde del 29 de febrero de 2008 al practicar  una  requisa  a quienes se transportaban en el vehículo de servicio público de  la  empresa  “Transan” de  placas  URD-447,  se  halló  en bulto con alimentos y en su interior un paquete  que  contenía cocaína en cantidad de 383.2 gramos cuya pertenencia admitió el  pasajero DANIEL BRAVO QUINTERO.   

El  1°  de  marzo  de  2008  ante  el  Juez  Promiscuo  Municipal  con  funciones  de  Control  de  Garantías  de Cúcuta se  realizó  audiencia  preliminar  en  la  cual  se legalizó la captura de DANIEL  BRAVO  QUINTERO,  así  como  la  incautación  de  la  sustancia estupefaciente  hallada.  El  ente investigador le formuló imputación por la posible comisión  del  delito  de  fabricación,  tráfico  o  porte de estupefacientes, a la vez,  pidió  le  fuera  impuesta medida de aseguramiento de detención preventiva. El  procesado  se  allanó  a la imputación y el juez accedió a la medida cautelar  de carácter personal solicitada.   

Presentado  el escrito de acusación con el  allanamiento  a  cargos,  el Juzgado Segundo Penal del Circuito con funciones de  Conocimiento  de  Cúcuta,  tras  verificar  la libre  aceptación  del  incriminado  al  cargo  imputado  e impartir aprobación a tal  allanamiento,     realizó    la    audiencia    de  individualización  de pena para finalmente condenar a  DANIEL    BRAVO    QUINTERO    como    autor    del   delito   de   fabricación,  tráfico  o  porte de estupefacientes previsto en el  artículo  376,  numeral 3° de la Ley 599 de 2000 (con las modificaciones de la  Ley  890  de  2004),  a las  penas  principales  de  cuarenta y ocho (48) meses de prisión y multa de un (1)  salario  mínimo  legal  mensual  vigente,  así como a la sanción accesoria de  inhabilidad  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el mismo  tiempo   de  la  pena  aflictiva  de  la  libertad,  negándole  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

En   virtud  del  recurso  de  apelación  promovido  por  el defensor del procesado anhelando la concesión de la prisión  domiciliaria,  el Tribunal Superior de Cúcuta mediante sentencia de 23 de julio  de 2008 confirmó la decisión en su integridad.   

Contra la sentencia de segunda instancia el  mismo  sujeto  procesal  impugnante,  en la oportunidad prevista en el artículo  183  de  la  Ley  906  de  2004,  presentó  demanda  de casación. Acerca de su  admisibilidad se pronuncia la Corte.   

DEMANDA  

El defensor formula un cargo al amparo de la  causal  prevista  en  el numeral 1° del artículo 181 de la Ley 906 de 2004 por  “Falta  de  aplicación, interpretación errónea o  aplicación  indebida  de  una norma del bloque constitucional o legal llamada a  regular el caso”.   

Indica  que el juez de primer grado negó la  sustitución  de  la prisión domiciliaria con base en el artículo 38 de la Ley  599  de  2000,  cuando  la  norma  a  aplicar  era  el  Decreto-Ley –sic-  1142 de 2007 que en su artículo  27  reformó  el  314 de la Ley 906 de 2004, yerro en el cual también incurrió  el Tribunal al impartir confirmación a la sentencia.   

Señala   que   la  prisión  domiciliaria  concedida  a  una  procesada  en  otro diligenciamiento (Yidis Medina), debe ser  aplicable    también    a   su   defendido   en   virtud   del   principio   de  igualdad.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

De acuerdo con el artículo 181 de la Ley 906  de  2004,  el  recurso  de casación está instituído como mecanismo de control  constitucional  y  legal  de las sentencias de segunda instancia en los procesos  adelantados   por   delitos   cuando   se  afecten  los  derechos  o  garantías  fundamentales,  de  acuerdo  con  las causales legal y taxativamente señaladas,  siempre  que se satisfagan los fines para los cuales está previsto de buscar la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a éstos, así como la  unificación de la jurisprudencia.    

Así,  la  pretensión  del demandante ha de  estar  demarcada  por  el  carácter  teleológico  del  recurso  acreditando la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales,  además de señalar la  causal  por la que opta con el desarrollo adecuado de cada uno de los cargos que  le  dan  sustento  demostrando  la necesidad del fallo de casación, so pena que  por  su  incumplimiento  el  libelo  no  sea  admitido, tal y como lo dispone el  artículo 184 de la ley en comento.   

El  control  constitucional  y  legal  de la  sentencia   de   segundo   grado   le   imprime   al  recurso  su  carácter  de  extraordinario,  de  ahí  que  no escapen a él la observancia de las reglas de  coherencia,  precisión  y  claridad  que  conduzcan  al cabal entendimiento del  reparo,  pues  además de los fundamentos de lógica, de debida argumentación y  de  contenido  que la Corte debe verificar al momento de estudiar la demanda, ha  de  analizar  la  necesidad de su intervención en sede de casación con miras a  cumplir  alguna  de las finalidades del recurso, porque si advierte la imperiosa  protección  o  restauración de un derecho fundamental y por ello precisarse de  fallo,  deberá  superar las falencias técnicas formales del libelo adquiriendo  prevalencia los fines del recurso, con su consecuente admisión.   

Las  anteriores precisiones conceptuales le  permiten  a  la Corte advertir que si bien el censor escoge la causal primera de  casación  para  postular  la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  no  haber  concedido  a  su representado el instituto  sucedáneo   de   la   prisión,   lo  exiguo  de  su  planteamiento  y  la  falta  de  demostración  de la incidencia del yerro en el  fallo, le resta al reparo la idoneidad necesaria para su admisión.   

Efectivamente  el  libelista,  alejado  del  principio  lógico  de razón suficiente, que conlleva la explicación metódica  del  error en que haya incurrido el juzgador con una argumentación que se baste  a  sí  misma, se queda en el simple enunciado del yerro de juicio que denuncia,  falencia   que   claramente  lo  lleva  a  no  acreditar  su  incidencia  en  la  decisión.   

De tiempo atrás la Sala ha precisado que la  violación  directa  de la ley sustancial versa exclusivamente sobre un yerro de  juicio  respecto  del  precepto  que se ocupa de regular el supuesto fáctico en  concreto.  Dicho  error  puede  ser  de  selección  normativa  al radicar en la  existencia  de la disposición (falta de aplicación o  exclusión  evidente),  por una equivocada adecuación  de  los  hechos  probados  a  los  supuestos que contempla la norma (aplicación   indebida),   o  bien,  de  carácter  hermenéutico  al darle a la norma un sentido que no tiene o errar en  su       significado        (interpretación  errónea).   

Al  recaer  el  error  de los juzgadores de  manera  directa  sobre la normatividad, el debate se circunscribe netamente a lo  jurídico,  para  de  esa  manera  evidenciar  que  se dejó de lado el precepto  regulador  de  la  situación  específica demostrada, que tal hecho se ajusta a  otra  disposición  normativa,  o  porque  se  desbordó  el alcance de la norma  aplicada  al caso concreto, lo cual exige necesariamente aceptar la apreciación  y declaración de los hechos realizada por los falladores.   

Pese   a   lo   anterior,  el  impugnante  simplemente  muestra  su desacuerdo con la negativa del juzgador de concederle a  su  defendido el  instituto de la prisión domiciliaria, sin dedicar algún  espacio  para evidenciar la forma cómo los operadores judiciales incurrieron en  la  exclusión  evidente  de  los  preceptos  que  lo  consagra,  en  manifiesto  desconocimiento  de  la  presunción  de  legalidad  y  acierto  de la que está  revestido el fallo objeto de su ataque.   

Además,   no   especifica  cuál  de  las  eventualidades  contempladas  en  el  artículo 314 de la Ley 906 de 2004 sería  predicable  para  su asistido a fin de hacerse merecedor a la sustitución de la  prisión  intramural,  y  parte  de  una  premisa  falsa al indicar que sólo se  analizó  el  artículo  38  de la Ley 599 de 2000 sin que fuera atendido aquél  precepto  (modificado  por la Ley 1142 de 2007), por cuanto el Tribunal para dar  respuesta  al disenso planteado por el defensor sobre tal tópico, se apartó de  la  consideración  del  funcionario  de  primer grado de haber negado la figura  acudiendo  para  ello  al  artículo  38  del Código Penal con el argumento del  impedimento  ante  la  no  concurrencia  del  factor  objetivo  al sobrepasar el  mínimo  legal  del  delito  en  estudio  los  cinco (5) años de prisión, para  seguidamente  con  apoyo  en  jurisprudencia de la Corte precisar que si bien la  Ley  906  de  2004 no modificó el citado artículo 38 del Código Penal, cuando  la  petición  apunta a las  exigencias respecto de la madre o padre cabeza  de  familia,  se  debe  acudir,  por  razón  de  favorabilidad al artículo 314  numeral 5° de la ley 906 en comento.   

Así,  el  juez  plural luego de destacar la  posibilidad  de  la  sustitución  de la detención preventiva en los eventos en  que  la imputada o acusada sea madre cabeza de familia de hijo menor o que sufra  incapacidad   permanente,   siempre  y  cuando  haya  estado  bajo  su  cuidado,  situaciones  predicables  también  para  el procesado, en una trascripción del  precepto  que corresponde al artículo 27 de la Ley 1142 de 2007 que eliminó el  límite  de  12  años  respecto  del hijo menor que preveía el numeral 5° del  artículo 314 de la Ley 906 de 2004 concluyó:   

“…sí es viable analizar la sustitución  de  la  pena  cuando  se invoca la condición de madre o padre cabeza de familia  conforme  a las exigencias preceptuadas en los artículos 461 y 314 numeral 5 de  la  ley  906/2004  sin  el  límite objetivo consagrado en el artículo 38.1 del  Código penal   

(…)  

“En  el  caso  sub-lite,  con  base en la  información  registrada  en la carpeta y el registro de la audiencia de lectura  del  fallo, se desprende que el estado civil del procesado DANIEL BRAVO QUINTERO  es  unión  marital  de  hecho  con  su  compañera  permanente María Torcoroma  Suárez  Delgado,  y ambos son padres de [O.D.B.S.] que registra un año de edad  recién  cumplido,  sin  embargo,  la defensa no alcanzó a demostrar con prueba  fehaciente  ya  sea  de  tipo  documental o testimonial que la madre del aludido  menor  padezca  de  una  enfermedad  que  le  impida  brindarle la manutención,  cuidado,  afecto  y  cariño  del menor, tampoco que a raíz de la privación de  libertad,  el  referido  niño  se  encuentre  en  completo estado de abandono o  desprotección  que haga vital la presencia de su padre DANIEL BRAVO QUINTERO en  el   hogar   o   que  no  exista  ayuda  de  los  demás  miembros  del  núcleo  familiar.   

“Es que ese ha sido el pacífico, uniforme  y  reiterado  pronunciamiento  emanado  de  la  Sala de Casación Penal de la H.  Corte  Suprema  de  Justicia,  al  puntualizar  que el mecanismo sustituto de la  prisión  domiciliaria  es  viable <‘siempre  que se demuestre que el padre ha quedado solo para cumplir  sus funciones en relación con el hijo menor de edad>.”   

Precisamente en aplicación del artículo 27  de  la  Ley 1142 de 2007 que introdujo modificaciones al artículo 314 de la Ley  906  de 2004 por la necesaria fundamentación y acreditación que se impone para  quien  solicita  la  concesión  del  instituto  de la prisión domiciliaria, el  Tribunal no encontró mérito probatorio para su otorgamiento.   

Finalmente, tampoco, en aras de evidenciar la  pretermisión  del  principio  de  igualdad,   el  libelista  se  detiene a  identificar  los  puntos  comunes  de  su  asistido  con  la  situación de otra  procesada  en  diferente  diligenciamiento  a quien se le sustituyó la prisión  intramural  por  domiciliaria,  falencia  que  en  manera  alguna puede la Corte  enmendar  en  virtud  del  principio  de  limitación  que  rige  para esta sede  extraordinaria.   

Confirma  la  improsperidad  del reproche la  ausencia  de  motivación  por  parte  del demandante acerca de la finalidad que  persigue  con  el  recurso,  ora  por  la  efectividad del derecho material y el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos a estos o la unificación de la jurisprudencia.   

Como        se    concluye    que     el   libelo   no   será   admitido,  es  necesario  señalar  que  no  se  observa  con ocasión del fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación violación de derechos o garantías del  procesado  DANIEL  BRAVO  QUINTERO,  tampoco  se  ve la necesidad de superar los  defectos  del  libelo  para  decidir  de  fondo, según lo dispone el inciso 3º  del   artículo  184  de la Ley 906 de 2004 que ameritaran la intervención  oficiosa de la Corte.   

Precisión final  

         

Contra   la  decisión de no admitir la  demanda de casación procede   

el  mecanismo  de insistencia de conformidad  con  lo  establecido  en el artículo 186 de la Ley 906 de 2004, y como allí no  se     regula     su     trámite,     la    Sala1  clarificó  su  naturaleza  y  definió  las  reglas  que  habrán  de  observarse  para  su  aplicación, como  sigue:   

1.               La  insistencia  es un mecanismo  especial,  ajeno  a la naturaleza impugnatoria que sólo puede ser promovido por  el  demandante,  dentro  de los cinco (5) días siguientes a la notificación de  la  providencia  mediante  la  cual  la  Sala  decide  no  admitir la demanda de  casación.   

2.              La solicitud de insistencia puede  elevarse  ante  el  Ministerio  Público  a  través  de  sus  Delegados para la  Casación  Penal, ante uno de los Magistrados que hayan salvado voto en cuanto a  la  decisión mayoritaria de no admitir la demanda o ante uno de los Magistrados  que  no haya intervenido en la discusión y no haya suscrito el referido auto de  no admisión.   

3.   Es facultativo del Magistrado  disidente, del que no intervino en   

los  debates  o  del Delegado del Ministerio  Público  ante  quien  se  formula la insistencia, optar por someter el asunto a  consideración  de la Sala o no presentarlo para su revisión, evento último en  que   informará   de   ello   al  peticionario  en  un  plazo  de  quince  (15)  días.   

4.     El auto a través  del  cual no se admite la demanda de casación trae como consecuencia la firmeza  de  la  sentencia  de segunda instancia contra la cual se formuló el recurso de  casación,  salvo  que  la  insistencia  prospere  y conlleve a la admisión del  libelo.   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE   

NO      ADMITIR     la   demanda de casación interpuesta  por el defensor   

del procesado DANIEL BRAVO QUINTERO, por las  razones anotadas en la anterior motivación.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición  de insistencia en los términos precisados por la Sala en la presente  decisión.   

Notifíquese y cúmplase.  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Comisión de servicio  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS               AUGUSTO   J.   IBÁÑEZ  GUZMÁN             

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE  SOCHA     SALAMANCA                   JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Sentencia del 12 de diciembre de 2005 Rad. 24322     

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