30834(12-05-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso n.º 30834  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.  JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

Aprobado acta No. 152  

Bogotá,  D.C.,  doce  de  mayo  de  dos  mil  diez.   

La  Sala  decide  si  admite  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de Pedro Pablo  Yate  Rodríguez  y José Hugo  Carmona  Salinas,  contra  la sentencia con la cual el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Ibagué, confirmó la condena que  les  impuso  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado por los delitos de  homicidio agravado y rebelión.   

H E C H O S  

En  la  sentencia  censurada  el Tribunal los  declaró de la siguiente manera:   

“El 25 de octubre  de  2000,  un  grupo  de  hombres  pertenecientes  al  frente XXI de las Fuerzas  Armadas  Revolucionarias  de  Colombia  (FARC),  arremetió mediante disparos de  fusil    y    ‘cilindros  bomba’, contra miembros del  Batallón  de  Contraguerrilla  No.  6  ‘Pijaos’,  Compañía     ‘Cobra  II’,  que se encontraba en  la  vereda  Milicú  del  municipio  de  Chaparral (Tolima), en desarrollo de la  Operación                ‘Onix’.  Como  resultado  de  esta  incursión  armada,  resultó  gravemente herido el soldado  profesional  Jairo Ocampo Ramírez, quien momentos después fue ultimado por los  mismos    subversivos,    con    un   ‘tiro  de gracia’  en  la  región  frontal  que  le  produjo inmediatamente la muerte.”   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La Fiscalía 26 Seccional de Ibagué mediante  resolución  del  23 de mayo de 2001 ordenó la apertura formal de instrucción,  a  la cual vinculó a los procesados José Hugo Carmona  Salinas,          alias          “Guzmán”         o         “Machete”; Pedro Pablo  Yate      Rodríguez,      alias      “Roldán”;  Luis  Eduardo Montero Vargas, Alias  “Eliécer”;   y   Jerónimo   Mendoza,   alias  “Jairo”.   

La  actuación  se asignó a la Fiscalía 2ª  Delegada  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  Especializados  de Ibagué,  despacho  judicial  que con proveído del 27 de mayo de 2003 formuló acusación  en  contra  de los sindicados por el delito de homicidio agravado de conformidad  con  los artículos 103, 104-7, 8 y 10 de la Ley 599 de 2000. Adicionalmente, al  señor  Yate  Rodríguez  le  imputó el delito de rebelión (art. 125 D. 100/80).   

La resolución anterior fue confirmada por la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  el  11  de  agosto de 2003.1   

El   Juzgado   2º   Penal   del   Circuito  Especializado   de   Ibagué   mediante   sentencia   del   29   de   marzo   de  2009,2  condenó  a  Jerónimo  Mendoza y Luis Eduardo Montero Vargas a la  pena  de  25  años de prisión como coautores del delito de homicidio agravado;  por  la  misma  conducta  le   impuso a José Hugo  Carmona  Salinas  la pena de 28 años de prisión, y a  Pedro  Pablo  Yate Rodríguez  30 años por homicidio agravado en concurso con  rebelión.   

La  sentencia  anterior  fue  apelada por los  defensores  de  los  acusados  y  confirmada  por  el  Tribunal el 3 de abril de  2008.3   

DEMANDA DE CASACIÓN  

En  el cargo único que propone el demandante  al  amparo  de  la causal tercera del artículo 207 del Código de Procedimiento  Penal  (L.  600/00), afirma  que  la  sentencia  del  Tribunal  es  violatoria  del debido proceso, porque se  profirió      “…  sin  fundamentación con lo debatido en la actuación  judicial,     quebrantando     así     el     principio     de     Motivación  que  debe  acompañar  toda  sentencia.”   

Sobre  este punto recuerda que las decisiones  judiciales  deben  fundamentarse  en  los  hechos  acreditados  con  base en las  pruebas oportuna y legalmente allegadas al proceso, de manera que:   

“Todas   las  circunstancias   que  rodearon  la  conducta  de  mis  defendidos  deberán  ser  analizada  por  el  fallador  para  una  decisión  judicial,  antecedida de una  observación  probatoria,  pero  que en la presente condena no se construyó una  demostración  de  imputación  a  las  personas  sometidas  al  imperio legal y  además  no  hubo  censura  individual  de  la  conducta  de  PEDRO  PABLO  YATE  RODRÍGUEZ  y  JOSÉ  HUGO CARMONA SALINAS, resaltando que del señor YATE sólo  se  hace  referencia  en  la sentencia, para confirmar su condena en el Acápite  Resuelve…  La  sentencia  impugnada,  no  establece una certeza de la conducta de homicidio y rebelión en  concreto  contra mis defendidos, sólo se limita a reseñar unas consideraciones  generales y del grupo de las F.A.R.C.”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En  relación  con  el  tema planteado por el  recurrente  la  jurisprudencia  de  la  Sala  tiene dicho que, en el marco de un  Estado  adscrito  al  modelo social y democrático de derecho, los jueces están  supeditados  al  imperio  de  la  ley  según  lo  impone  el  artículo  230 de  Constitución   Política,   mandato  que  excluye  la  posibilidad  de  que  la  administración  de  justicia  se someta al querer o al arbitrio del funcionario  judicial,  garantizando que las actuaciones se verifiquen según las directrices  establecidas    para    cada    proceso   (art.   29  ejusdem),  en  el  que  se  incluya  el  ejercicio del  derecho  de  contradicción,  de manera que la persona involucrada en el proceso  pueda  presentar  pruebas,  controvertir  las  que  se  alleguen  en su contra e  impugnar las decisiones que le sean contrarias.   

Para    que   estas   garantías   puedan  materializarse  –  lo ha  dicho     igualmente     la    Corte    –   se  requiere  que  el  funcionario  judicial  exponga  con claridad las razones o los argumentos en los que sustenta  sus  decisiones,  porque  de  otra  forma  se  obstaculiza  el  ejercicio de los  derechos    procesales    aludidos,   reconocidos   también   en   Instrumentos  Internacionales  suscritos  por  Colombia  como  el artículo 14, numerales 1, 3  (a),  (d),  (e)  y 5 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de  Nueva  York (Ley 74 de 1968),  y  el  8º  numerales 1 y 2 (d), (f), (h) de la Convención Interamericana sobre  Derechos  Humanos  de  San José de Costa Rica (Ley 16  de 1972).   

En  el  desarrollo  de  ese   marco  de  garantías  la  Corte  ha identificado los siguientes defectos de motivación de  las  decisiones  judiciales,  capaces de vulnerar el debido proceso y el derecho  de   defensa:   i)   ausencia   absoluta  de  motivación,  ii)  motivación  incompleta  o deficiente, iii)  motivación  ambivalente o dilógica, y iv) motivación falsa, constituyendo los  tres   primeros   errores  in  procedendo     y     el     último     uno    in  iudicando.   

En la primera modalidad el fallador no expone  las  razones  de  orden  probatorio  ni los fundamentos jurídicos en los cuales  sustenta  su  decisión;  en  la  segunda, omite analizar alguno de los aspectos  señalados   o   los   motivos  aducidos  son  precarios;  en  la  tercera,  las  contradicciones  que  contiene  la motivación impiden desentrañar su verdadero  sentido  o  las  razones  expuestas  en  ella son contrarias a la determinación  adoptada  en  la resolutiva; y, en la cuarta, la motivación del fallo se aparta  abiertamente  de la verdad demostrada en el proceso.4   

De acuerdo con las afirmaciones del recurrente  en  la  sentencia  cuestionada  el  Tribunal,  de  forma simplemente conclusiva,  determinó  que  los  procesados  son responsables de los delitos por los cuales  fueron  convocadas  a juicio, sin motivar desde los planos fáctico y probatorio  esa manifestación de responsabilidad.   

Su proposición, sin embargo, desconoce que en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación,  opera el principio de unidad  inescindible  entre  las  sentencias de primera y segunda instancia en relación  con  todo  aquello  en que no se contradigan, lo cual significa que frente a los  aspectos  uniformes  existe  complementariedad,  por  manera que el censor está  compelido  a  derruir  todos  los  soportes  de  la  decisión que controvierte,  independientemente  de  si  se encuentran en la decisión del juzgador de primer  grado  o en la del de segundo, a riesgo de que si deja de atacar alguno de estos  tópicos  con  la  suficiente  entidad  para  mantener el fallo, el esfuerzo que  emprenda  frente  a  los  demás  se  torne  inane.5   

De  cara  a  estas  exigencias  la  censura,  paradójicamente,  denota  total  ausencia de fundamentación porque a desprecio  de  los razonamientos consignados por los juzgadores de instancia y sin acudir a  ningún  elemento  demostrativo  que  corrobore  sus  afirmaciones,  se limita a  sostener  que la sentencia, en forma inmotivada y ayuna de argumentos, establece  la  responsabilidad  de  los  acusados,  circunstancia que impide controvertirla  jurídicamente    porque,    asegura,    se    desconocen    las   razones   del  Tribunal.   

En contraste con esta afirmación el texto de  la  sentencia  del  Tribunal,  precisa que la responsabilidad de los acusados se  establece  a  través de “La  diligencia  de  inspección  judicial  realizada  a  la base de datos denominada  ‘Comando    Conjunto  Central’,  hallada  en  un  computador  portátil  incautado  a las ‘FARC’  el 7 de  marzo     de     2001,     en     la     operación     militar     ‘Agresor          II’,  realizada  en la vereda ‘Ventiaderos’  del municipio de Pijao (Quindío), en  donde  figuran  las  hojas  de  vida de 691 integrantes de dicho grupo armado al  margen  de  la  ley, entre ellas, las de…  José Hugo Carmona Salinas y  Pedro Pablo Yate Rodríguez,   en   las   que   se   registra,   entre  otra  información,  la  participación  de  aquellos  y  las  labores  desarrolladas  en  el  mencionado  enfrentamiento        contra       el       Ejército       Nacional”.   

De  igual modo, el Tribunal tuvo en cuenta el  testimonio  del  insurgente  Luis  Eduardo Montero Vargas, de conformidad con el  cual  “…  el  comandante  ‘Guzmán’         y/o        ‘Machete’,6   fue   quien   dirigió   el  hostigamiento  al  Ejército  Nacional  el 25 de octubre de 2000, ocurrido en la  verdad    Mulicú    del    municipio    de    Chaparral    (Tolima)…”  y ese día en desarrollo del mismo  suceso   “…   resultó  lesionado         alias         ‘Roldán’  y /o  ‘Piña’,7 segundo comandante al mando de  la  columna  ‘Jacobo Prías  Álape’,  al  recibir  una  esquirla      en      el      ojo…”.   

Por  otra  parte,  en  el  fallo  de  primera  instancia el juez consideró lo siguiente:   

“En lo que respecta  a    PEDRO    PABLO   YATE   RODRÍGUEZ  se  tiene  que existe evidencia, sin lugar a dudas, que el aludido  enjuiciado  hace  parte  integral  de  la  agrupación  subversiva  FARC,  a tal  conclusión  se  llega  si  se  tiene en cuenta, que la hoja de vida del aludido  encausado  hace parte de los archivos encontrados en un computador incautado por  parte  de  la  Octava  Brigada del Ejército, en un operativo militar denominado  Agresor  Dos,  el  7  de marzo de 2001 en la vereda Ventiaderos del municipio de  Pijao     (Quindío)…  información  que  goza  de  plena  credibilidad  ya que como se comprobó en la  misión  de  trabajo  No.  053 del 13 de enero de 2004 y la inspección judicial  realizada   por   expertos   del   CTI   tales   archivos   son   auténticos  e  inalterables.   

En  ese  registro  contenido  en  la base de  datos…    {se}    señala    que    PEDRO  PABLO  YATE RODRÍGUEZ, ingresó el  16  de octubre de 1991 a esa agrupación, perteneciendo al Comando Central de la  Columna  Jacobo  Prías  Álape  de  las  FARC,  con  el  código  400557,  cuyo  seudónimo        es        ROLDÁN…   igualmente   las  misiones  que  ha  cumplido     (traslado    de    dinero)…    ha    realizado   varios   cursos  político-militares;  relaciona  cada  una  de  las  sanciones a que se ha hecho  acreedor  como  subversivo  y  que  la acción ejecutada como insurgente fue una  emboscada    al    Ejército    en    Riomanso    Rovira    (Tolima)…”   

Agregó   el  juez  de  instancia  que  esa  información  aparece  corroborada  en  la  actuación  con  la  versión de los  procesados   Luis  Eduardo  Montero  Vargas  y  Jerónimo  Mendoza  “…  quienes  son  claros, enfáticos y  coherentes      en     reconocer     que,     YATE  RODRÍGUEZ  hace  parte de la organización insurgente  FARC,  para  tal efecto dijeron que lo conocían con el alias de ROLDÁN (nombre  de  guerra)  y/o  PIÑA y que se desempeñaba como Comandante, segundo al mando,  de  la  Columna  Jacobo Prías Álape…”   

Y,  frente  a  la  situación de José  Hugo  Carmona  Salinas,  el juez de  primer    grado   precisó   que   “…  no  es  diferente a la de los demás encartados llamados a juicio,  nótese   que   existe   suficiente   material   probatorio   que   señala   la  responsabilidad  del  citado  enjuiciado para ello remitámonos a la copia de la  documentación  magnética  en  donde  aparece  como  fecha  de elaboración del  registro  el  11  de  noviembre de 2000, su nombre, es decir, el de JOSÉ  HUGO  CARMONA SALINAS que pertenece  al  Comando  Central del Frente 21 de las FARC a las que ingresó el 20 de enero  de   1983   con   el   código  No.  400495,  cuyo  seudónimo  es  GUZMÁN…  igualmente  las  misiones que ha cumplido (traslado de  armas   y   de   dinero,   cuidado  de  retenidos  y  exploraciones)…   relacionándose  cada  una  de  las  acciones  ejecutadas  como insurgente, entre ellas, la ocurrida el 23 de octubre  de  2000  en el sitio Mulicú jurisdicción de Chaparral (T) en donde participó  en       la       emboscada       realizada       al       Ejército…”   Información   que   corroboró  igualmente  con las declaraciones rendidas por los acusados Luis Eduardo Montero  Vargas y Jerónimo Mendoza.   

De  lo  anterior  se  concluye  que  el cargo  propuesto  por el demandante al amparo de la causal tercera de casación, por la  supuesta  falta de motivación de la sentencia, carece de fundamento teniendo en  cuenta  que  el sentenciador con base en los hechos demostrados en la actuación  y  en  las  pruebas  que  los  acreditan,  expuso los argumentos a partir de los  cuales  estableció  que  en  el  proceso  aparece  demostrada  con  certeza  la  responsabilidad   de  los  acusados  en  las  conductas  ilícitas  que  se  les  atribuyen.   

Los  argumentos  de  fallador  son  claros  y  coherentes,   idóneos,  por  tanto,  para  el  ejercicio  de  los  derechos  de  contradicción  y  defensa, según corresponde en el contexto de un proceso como  es  debido.  Cosa diferente es que el censor, contrariando esa realidad, hubiere  optado  por  cuestionar  la  sentencia  del  Tribunal con vacías alegaciones de  nulidad que no estuvo en condición de demostrar.   

De esa manera, como la postulación desconoce  el  contenido  material  de la sentencia y, dado que la falta de motivación que  se  le  atribuye  no  pasa  de  ser un simple enunciado, la Corte inadmitirá la  demanda  de  casación  analizada teniendo además en cuenta que de la revisión  de  lo  actuado  tampoco  se  observa violación de garantías fundamentales que  tornen     viable     su     intervención    oficiosa    con    el    fin    de  reestablecerlas.   

Cuestión  final. Se  precisó   que   al   procesado   Pedro   Pablo  Yate  Rodríguez, a parte del punible de homicidio agravado,  se  le  imputó  el de rebelión, sancionado en el artículo 125 del Decreto 100  de  1980,  vigente  al momento de los hechos, con prisión por un lapso de 5 a 9  años y multa de 100 a 200 salarios mínimos mensuales.   

Por  otra parte, la resolución de acusación  en  esta  especie  cobró ejecutoria el 21 de agosto de  2003,  cuando  el  Fiscal  Delegado  ante  el Tribunal  suscribió  la  providencia  con  la  que  resolvió  el recurso de apelación a  través del cual había sido impugnada.   

De conformidad con los artículos 80, 83 y 84  de  esa  normativa (83, 84 y 86 L. 599/00),  la  prescripción  como causal de extinción de la acción penal,  opera  en  un  tiempo igual al máximo de la pena fijada en la ley; lapso que se  interrumpe  con  la  ejecutoria  de  la  resolución  de acusación y comienza a  correr  nuevamente  por  un  término  igual a la mitad del indicado, pero nunca  inferior a 5 ni mayor a 10 años.   

Los   5   años  en  los  que  se  fija  la  prescripción  para  el  delito de rebelión en la etapa del juicio (si  se  tiene  en  cuenta  que  el  máximo  es  de 9),   se   vencieron  el  21  de  agosto  de  2008  antes  de  que la actuación fuera remitida a la  Corte  para  el  trámite  del recurso de casación.8   

Esta   circunstancia   impone  declarar  la  prescripción  de  la  acción penal en este asunto, exclusivamente en relación  con  el  delito  de  rebelión  por  el  cual  se  acusó al señor Pedro  Pablo  Yate  Rodríguez,  a  quien,  además, se le cesará procedimiento por esa específica conducta.   

Como   consecuencia   de  lo  anterior,  se  readecuará  la  pena  que  se  le  impuso  deduciendo  los 2 años y 6 meses de  prisión,  junto  con  la  multa  de  50  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,   que   el   juez   de   instancia   le   fijó   por   el  delito  de  rebelión.   

Es  decir, la pena que debe cumplir el señor  Yate  Rodríguez  es  de  28  años por el delito de homicidio agravado.   

En  mérito  de lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia  en Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.    Declarar   prescrita   la   acción  penal exclusivamente por el delito de rebelión que en  este  asunto  se  le  imputó  al procesado Pedro Pablo  Yate Rodríguez.   

2.  En consecuencia,  DECRETAR  la  cesación  del  procedimiento  adelantado  en  contra  del  señor Yate  Rodríguez,  con  ocasión  de  la  conducta  punible  referida.   

3.  Readecuar  la  sanción  que  se le impuso descontando la proporción correspondiente al delito  de  rebelión  por  el  cual se le cesa procedimiento. Por consiguiente, la pena  que   debe   cumplir   el  acusado  Pedro  Pablo  Yate  Rodríguez,  es  la  de  28  años  de prisión que le  impuso   el   juez   de   primera   instancia   por   el   delito  de  homicidio  agravado.   

4.    INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  los procesados Pedro  Pablo  Yate Rodríguez y José  Hugo Carmona Salinas.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARÍA    DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

JOSÉ       LEONIDAS       BUSTOS  MARTÍNEZ    SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO               AUGUSTO J. IBÁÑEZ GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                  YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO  ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1 Fols.  6 a 14 c. 2ª instancia Fiscalía.   

2 Fols.  139 a 199 c. o. No. 6.   

3 Fols.  121 a 146  c. Tribunal.   

4 Ver  sentencias del 28-09-06 (Rad. 22041) y del 04-03-09 (Rad. 27910).   

5  Sentencia del 06-04-05 (Rad. 23053).   

6 Alias  con   el   que   se   identifica   en   la   guerrilla   a  José  Hugo  Carmona  Salinas.   

7 Alias  del procesado Pedro Pablo Yate Rodríguez en la subversión.   

8  El  oficio remisorio es del 4 de noviembre de 2008.     

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