28892(09-06-10)

2010

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     n.º  28892   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA    DEL    ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

          Aprobado Acta N° 178.   

Bogotá D.C., junio nueve (9) de dos mil diez  (2010).   

  VISTOS  

Resuelve  la  Sala  el recurso de casación  interpuesto  por  la  Fiscalía General de la Nación contra el fallo de segundo  grado  proferido  por  el  Tribunal Superior de San Andrés, Providencia y Santa  Catalina  el 17 de julio de 2007, por medio del cual confirmó el dictado por el  Juzgado  Único  Penal  del Circuito Especializado de la misma sede el 7 de mayo  anterior  que absolvió a los procesados ÓSCAR JAVIER  BENT  WILSON,  JUAN CARLOS  BARKER  GUERRERO  y  ELMER  HUDGSON  COTHBERT  por el delito de lavado de activos.   

HECHOS  

Hacia  las 10:00 a.m. del día 6 de mayo de  2006,  un  avión  C-90  de  la  Fuerza  Aérea Colombiana que sobrevolaba aguas  territoriales  nacionales  en  proximidad  a la isla de San Andrés, divisó una  embarcación  sospechosa.   De  ello  dio  parte  al  Guardacostas  que  de  inmediato  dispuso  el  envío  de  la  unidad  ARC NIRVANA, al mando del señor  teniente    de    corbeta   Diego   Andrés   Vieira  Echavarría,  procediendo  a interceptar, a la altura  del  meridiano  82,  con  latitud 12 grados, 28 minutos y longitud 81 grados, 56  minutos,  con  rumbo  oeste  hacia  la  isla  (110°),  la  motonave  de  nombre  “The    Gun”,   de  matrícula CP O7 0395-b.   

Al  ser requeridos por las autoridades, los  tripulantes     de   la   nave   se  identificaron  como  ÓSCAR  JAVIER BENT WILSON, aludiendo ser  su  capitán, JUAN CARLOS BARKER GUERRERO y   ELMER  HUDGSON  COTHBERT,   quienes   manifestaron   estar   desarrollando  actividades  de  pesca.   Inspeccionada  la nave se halló, en la parte inferior del timón,  una  bolsa de lona de color negro contentiva de moneda extranjera en billetes de  diversas  denominaciones  y,  en  un  pequeño  orificio  ubicado  en  la  misma  sección,  se  encontraron  más  billetes  de la misma moneda, ante lo cual los  uniformados  optaron  por  suspender  el  registro  y  proceder, en tierra, a la  respectiva  diligencia de inspección judicial en presencia de la Fiscalía y el  Ministerio  Público.             

En su desarrollo, que contó también con la  asistencia  de  un defensor, se procedió a extraer la totalidad de los billetes  de  la  cavidad  referida,  para  lo  cual  fue  necesario perforar el casco del  bote.   En  definitiva,  se  logró  la  incautación de sesenta y seis mil  cuarenta  dólares  americanos  (US  66.040).  Como  implementos de pesca fueron  encontrados  dos  arpones  y  un  nylon,  sin  encontrar  producto alguno de esa  labor.      

ACTUACIÓN PROCESAL  

Por  razón  de  los  hechos  narrados,  se  dispuso  la  apertura  formal  de  instrucción,  dentro de la cual se vinculó,  mediante  diligencia  de  indagatoria, a ÓSCAR JAVIER  BENT  WILSON,  JUAN CARLOS  BARKER  GUERRERO  y  ELMER  HUDGSON     COTHBERT,  a  quienes se resolvió su situación jurídica el 19  de  mayo  de  2006  con  medida  de  aseguramiento de detención preventiva, sin  beneficio de excarcelación, por el delito de lavado de activos.   

Cerrada  la fase sumarial, su mérito fue  calificado  el  10  de  agosto siguiente con resolución de acusación en contra  de        los  procesados   “como   presuntos  coautores  de  una  conducta    punible   de   lavado   de   activos”.   

Ejecutoriada la anterior determinación, al  Juzgado  Único Penal del Circuito Especializado de San Andrés le correspondió  adelantar  la fase del juicio, el cual, tras evacuar las audiencias preparatoria  y  de  juzgamiento,  dictó fallo de primer grado el 7 de mayo de 2007, por cuyo  medio  absolvió  a los procesados de los cargos formulados en la resolución de  acusación.       

Contra esta decisión interpusieron recurso  de  apelación  los  representantes  de  la Fiscalía y del Ministerio Público,  sobre  los  cuales  se pronunció el Tribunal Superior de la misma sede el 17 de  julio  ulterior  modificándola  parcialmente en cuanto declaró que los dineros  incautados  “tienen la calidad de mostrencos, razón  por  la  cual se ordena dar aviso al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar,  para lo de su competencia…”.    

Inconforme  nuevamente  con  el  fallo  de  segundo   grado,   la   fiscalía,   en   forma   exclusiva,  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  mediante  demanda  que  fue  admitida  el  10 de  diciembre  siguiente,  motivo  por el cual se dispuso, en atención a lo normado  en  el  artículo  213  de  la Ley 600 de 2000, surtir el traslado al Procurador  Delegado  en  lo  Penal  para  la  emisión  del  concepto  de ley en torno a su  viabilidad.  Obtenida  la opinión del Ministerio Público, se procede a decidir  de fondo.   

  LA  DEMANDA   

         Formula  un  único cargo contra el fallo de segunda instancia, con  sustento  en  la  causal primera de casación prevista en el artículo 207 de la  Ley  600  de  2000, por violación indirecta de la ley sustancial a consecuencia  de  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  en  la apreciación  probatoria  que  desencadenó  la  aplicación  indebida de los artículos 9 del  C.P.  y 232 del C.P.P. y la falta de aplicación de los preceptos 323 del C.P. y  238 del C.P.P.        

          Expone  el  representante  de  la  Fiscalía  que  se incurre en la  causal    de    casación    invocada    porque    el    juzgador   “sectorizó  o parceló el contenido de las pruebas habidas en el  sumario” ignorando su contexto fiel.   

         En  tal sentido, discrepa de la apreciación del Tribunal según la  cual  no  se  demostraron  los  nexos  de  los  procesados  con  el  tráfico de  estupefacientes,  porque  si  bien  la  Fiscalía  no aportó una prueba directa  “sí existía una voluminosa prueba indirecta de la  cual  se  desprende  con  absoluta  certeza  que  los dineros transportados eran  producto   de   actividades   de   concierto   para   delinquir   con  fines  de  narcotráfico”.   

         Así,  afirma,  se  cuenta  con  la  que emerge de los documentos y  elementos  hallados  en poder de los implicados, la gran cantidad de informes de  la  Armada  Nacional, el DAS y la DIJIN relacionados con rutas de narcotráfico,  los  nexos  de  los  implicados  con  motonaves que se han visto involucradas en  excesos   de   combustibles   para  surtir  otras  motonaves  en  el  mar  y  la  documentación  hallada  a  los  sindicados  que  se  relaciona  con  la  prueba  trasladada  desde el proceso 70450 adelantado por la Fiscalía 10 de la UNAIM en  Bogotá,  “permitiéndonos predicar con certeza que  las  divisas  incautadas,  es decir los 66.040 dólares se encuentran vinculados  con   un   concierto   para   delinquir,   relacionado   con   el   tráfico  de  estupefacientes,  dejando  claro  que  para llegar a este grado de certeza no se  requiere  que  provengan  de  un  sujeto  condenado previamente por un delito de  concierto   para  delinquir  o  narcotráfico  o  que  exista  previa  decisión  declarativa    de    la    ilegalidad    de    las    actividades”.   

         De  ese  modo, enfatiza que en el proceso abundan informes del DAS,  la  Armada Nacional y la DIJIN, ignoradas por el Tribunal, en donde se consignan  las  actividades  ilícitas  relacionadas con el aprovisionamiento de gasolina a  lanchas  rápidas  que  cruzan el archipiélago cargadas de estupefacientes y en  relación     con    el    señor    ÓSCAR    BENT  WILSON,   quien   figura  como  propietario  de  las  embarcaciones   The   Gun,  Capitán  T,  Pescado  1  o  La sierra, Osky, Rebell  y      otras,      inmiscuidas      en      estos  incidentes.       

         

Esa  misma  corporación  pasó por alto el  informe  098  del  DAS y los oficios 062 y 078 del Comando de Guardacostas y las  fotocopias  allegadas  como  prueba trasladada desde la investigación 167372, a  partir  de los cuales se colige que ÓSCAR JAVIER BENT  acostumbra  a  tramitar  “permisos  fachada” para  justificar   sus   actividades  delictivas  y  que  ha  protagonizado  episodios  relacionados  con  el  transporte  de  grandes  cantidades de gasolina, como los  ocurridos  los  días  4 de mayo de 2002, 25 de enero, 19 de mayo y 10 de agosto  de 2004 y 9 de octubre de 2005.   

         Igualmente,  dejó  de considerar abundantes informes de las mismas  autoridades  que  corroboran  la alarmante utilización del archipiélago de San  Andrés,  Providencia  y  Santa  Catalina  en las rutas de los narcotraficantes,  así  como  la  acostumbrada  inmovilización  de motonaves que transportan gran  cantidad  de  gasolina  para  surtir  a  las   lanchas rápidas cargadas de  estupefacientes.   

         Después  de  recordar el criterio de la Corte en torno al elemento  del  tipo penal de lavado de activos “actividades ilícitas”, señala que el  Tribunal  tampoco  tuvo  en  cuenta  lo  demostrado a través de la agenda verde  incautada  y el GPS, en punto de demostrar que el sujeto activo de esta conducta  puede  ser  diferente  de  los  directamente  responsables  de  las  actividades  ilícitas  que  les  dan  origen  “y  por  ello  es  perfectamente  admisible  que  realicen  otras  labores,  así sean menores, las  cuales  deben  ir encaminadas al mismo propósito de la organización y por ello  caben  perfectamente  todas las actividades que realicen los intervinientes, los  que  hacen  contactos  telefónicos,  los  que  aprovisionan  de  gasolina a las  lanchas  rápidas,  los  que  sirven de campaneros en los muelles o aeropuertos,  los  que  se  hacen  los  de  la vista gorda para pasar la mercancía y así una  serie  de  actividades  afines  y  conexas,  sin  participar  llanamente  en  el  transporte    o    distribución    directa    del   estupefaciente”.   

         Dejó  de  considerar,  igualmente,  el  nexo  demostrado  entre el  procesado  BENT  WILSON  y  Fermín  Samuel Paterson, a  quien   el   primero   niega   conocer,  no  obstante  capitaneaba  una  de  sus  embarcaciones  el  27 de agosto de 1996 cuando se le encontraron en su poder 800  kilos de cocaína.   

         De  otro  lado,  no  se  tuvo  en  cuenta  que  en  la agenda verde  decomisada  al  procesado  en  mención aparecía escrito el número telefónico  315  7703227,  cuyos  vínculos con el narcotráfico quedaron acreditados con la  prueba  trasladada desde la causa 2007-1, adelantada en el Juzgado Especializado  de  San Andrés Islas por concierto para delinquir con fines de narcotráfico en  contra   de   Donis   Oliveros  y  otros.   

         Igualmente,  continúa,  se  inadvirtió  la enorme importancia del  peritaje  practicado  al  equipo  GPS, marca GARMIN MAP 76 serie 91023931, donde  quedaron  al descubierto los constantes y recientes viajes del mismo sindicado a  aguas  extranjeras,  al reportar cinco puntos en aguas nicaragüenses y uno más  en  Honduras,  así  como  el hecho de que las coordenadas anotadas en la agenda  verde  corresponden  a  aguas  del  primer  país,  muy  cerca  de  la posición  registrada  por  la  embarcación The Gun el día de los hechos.   

         Con  base  en lo expuesto, encuentra plenamente demostrado el error  de   apreciación   probatoria   endilgado,   pues   el   Tribunal  “actuó  con  miopía  al circunscribir y parcelar el contexto de  lo  que  dichas  pruebas  demostraban  hacia  un  solo  aspecto:  las  sospechas  derivadas  de  las  mentiras  de los encausados, de las labores que emprendieron  para  ocultar  la  moneda  que  pretendían  ingresar  al  país  y el exceso de  combustible”.  Desconociendo, además, que los  implicados  no  sólo  han  sido  protagonistas  de  un delito de concierto para  delinquir  con  fines  de  narcotráfico sino que tienen estrechos vínculos con  otros   individuos  inmersos  en  las  mismas  actividades  y  que  los  dineros  incautados son producto de ese comportamiento.   

         Con   fundamento   en  lo  expuesto,  depreca  casar  el  fallo  y,  consecuentemente,  condenar  a  los procesados “como  autores    materiales   del   delito   de   lavado   de   activos”.   

  CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

         La  Procuradora  Tercera  Delegada para la Casación Penal comienza  por    transcribir    in    extenso    el  criterio  de  la Corte en relación con la naturaleza autónoma  del  delito  de lavado de activos, así como la exigencia probatoria frente a la  actividad  ilícita  matriz,  para  luego  precisar  que  las pruebas recaudadas  dentro del proceso permiten inferir que:   

        1.   Los  procesados  fueron  interceptados  a  la altura del meridiano 82, con latitud 12  grados,  28  minutos, longitud 81 grados, 56 minutos, y con rumbo oeste hacia la  isla (110°).   

2.  En  la  autorización de zarpe aparecen  cuatro  tripulantes, pero sólo fueron encontrados tres de ellos y a    pesar  de  que  el  patrón de bote ÓSCAR JAVIER BENT  WILSON refirió que se encontraban en faena de pesca,  la  Unidad  de  Guardacostas sólo encontró 2 arpones, 2 caretas, 2 chalecos, 2  pares  de aletas, escasos víveres y carnadas, ningún producto de esa actividad  y  un  bolso  de  lona  con  varios  miles  de  dólares en billetes de diversas  denominaciones.   

3.   La   declaración   de  Alejandro  Estrada  Vásquez, comandante  de Guardacostas, permite inferir:   

a.   La  zona  geográfica  donde  fueron  interceptados  los  procesados  no  es  visitada para efectuar faenas de pesca y  está  muy lejos y en dirección distinta del lugar en donde según BENT   WILSON   iban   a  realizar  tal  actividad.   

b. Acorde con el conocimiento que les otorga  su  experiencia  no es creíble que los procesados se devolvieran desde el sitio  donde  iban  a pescar a las pocas horas de haber zarpado porque el arpón estaba  dañado,  por  cuanto los costos de desplazamiento de la motonave son muy altos,  lo  cual  indica  que los sindicados “se dedicaban a  otras actividades”.   

c.  La  motonave  transportaba el triple de  combustible que requería para su desplazamiento.   

d.  El  sitio  geográfico  donde  fueron  interceptados  es  sitio de abastecimiento de gasolina de otras lanchas rápidas  que  sirven  a  redes  de  narcotráfico y pagan el combustible con dinero o con  armas.   

4.   El  peritaje,  practicado  por el  teniente   de   fragata  Javier  Currea  Martínez,  sobre el manuscrito en la agenda verde y el GPS Garmin,  incautados  a  BENT WILSON,  revelan  que  las  ubicaciones  geográficas que contienen son cercanas al sitio  donde  fueron  interceptados los sindicados, por parte del avión de la FAC y el  Guardacostas.   

5. Los procesados no brindaron una respuesta  satisfactoria   a   la   tenencia   de   la   suma   de  dinero,  advirtiéndose  inconsistencias en sus dichos.   

6.  La  historia  ofrecida  por  los  tres  sindicados  del  hallazgo  del  dinero  en  una  bolsa es poco creíble, máxime  cuando  el  capitán  del  bote  ÓSCAR  JAVIER  BENT  WILSON  ya ha incurrido en múltiples irregularidades  en  la  cantidad  de combustible transportado, incluso, con violación de normas  reglamentarias,  viéndose  involucrado  en  otras investigaciones penales, así  mismo  por  el  hecho  de  ser propietario de otras embarcaciones inmiscuidas en  problemas de narcotráfico.   

Todo  lo  anterior permite a la Procuradora  Delegada  colegir  que  los  sindicados no se dedicaban a actividades de pesca y  que  los  dineros  incautados  tienen  origen  ilícito,  estando acreditada, en  consecuencia,  su  responsabilidad  penal  por  la conducta de lavado de activos  “por  el  conocimiento  y  voluntad  de realizarla,  puesto  que  pretendían  transportar  e  ingresar  ilegalmente  una cantidad de  dinero   que  provenía  de  actividades  delincuenciales,  dándoles  visos  de  legitimidad      al      presentarla     como     un     hallazgo”.   

Concluye así que el cargo formulado contra  el  fallo  debe ser acogido, por lo cual solicita casarlo y, en su lugar, dictar  sentencia    condenatoria    en    contra   de   los   procesados   “y   se   ordene   el   comiso   de   la   motonave  ‘The          Gun’  y  la  disposición  de los dineros  incautados  conforme  a  la  ley” imponiendo la pena  correspondiente.   

     CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

         Previo   a   abordar   el   debate   probatorio  promovido  por  el  representante  de  la Fiscalía, pertinente resulta ahondar  en cuanto a la  naturaleza  de  la  conducta  de  lavado  de  activos  o  de  capitales fruto de  actividades  delictivas en el contexto de los instrumentos internacionales sobre  la  materia,  de cuya concepción derivó su represión como delito autónomo en  el  ámbito  interno, como así lo ha reconocido la jurisprudencia de esta Sala,  análisis  que  provee  los  elementos  indispensables para descender en el caso  particular.   

1.-  El primer gran esfuerzo de la comunidad  internacional  orientado  a  reprimir la conducta de lavado de activos, tras ver  impávida  la  forma  como dineros y en general recursos producto de actividades  ilícitas,   principalmente   provenientes   del  tráfico  de  estupefacientes,  ingresaban  con  total  facilidad  al  mercado de bienes y servicios mundial sin  ningún  tipo  de  control,  germinó  con la Convención de las Naciones Unidas  contra  el  Tráfico  Ilícito  de  Estupefacientes  y Sustancias Sicotrópicas,  suscrita  en Viena el 20 de diciembre de 1988 (Convención de Viena), de la cual  hizo  parte  Colombia,  cuyo  propósito  fundamental,  según  su  artículo 2,  numeral    1,    era    el    de    “promover  la  cooperación  entre  las  Partes  a fin de que puedan  hacer  frente  con  mayor eficacia a los diversos aspectos del tráfico ilícito  de   estupefacientes  y  sustancias  sicotrópicas  que  tengan  una  dimensión  internacional”.   

Entre las diversas obligaciones contraídas  por  los  Estados Parte del Convenio estaban las de adoptar medidas legislativas  y   administrativas  tendientes  a  sancionar  conductas  relacionadas  con  esa  actividad  delictiva,  tal  como se precisó en el mismo artículo: “En  el  cumplimiento de las obligaciones que hayan contraído en  virtud   de   la   presente  Convención,  las  Partes  adoptarán  las  medidas  necesarias,   comprendidas   las  de  orden  legislativo  y  administrativo,  de  conformidad   con   las   disposiciones   fundamentales   de   sus   respectivos  ordenamientos jurídicos internos”.   

         El  más  importante  de  los  correctivos  legislativos, sin duda,  consistió  en “tipificar como delitos penales en su  derecho    interno,   cuando   se   cometan   intencionalmente”   (art.  2), conductas relacionadas con la represión del tráfico de  narcóticos  objeto  de  la Convención, pero también, conforme al artículo 3,  numeral  1,  las  relacionadas  con  las  utilidades obtenidas de esa actividad,  así:   

“b) -i) la conversión o la transferencia  de  bienes  a  sabiendas de que tales bienes proceden de alguno o algunos de los  delitos  tipificados de conformidad con el inciso a) del presente párrafo, o de  un  acto  de  participación en tal delito o delitos, con el objeto de ocultar o  encubrir  el  origen  ilícito de los bienes o de ayudar a cualquier persona que  participe  en  la  comisión de tal delito o delitos, a eludir las consecuencias  jurídicas de sus acciones.   

–  ii) la ocultación o el encubrimiento de  la  naturaleza,  el  origen,  la  ubicación,  el  destino,  el  movimiento o la  propiedad  reales de bienes, o de derechos relativos a tales bienes, a sabiendas  de  que  proceden  de alguno o algunos de los delitos tipificados de conformidad  con  el  inciso  a)  del presente párrafo o de que un acto de participación en  tal delito o delitos.   

c)   Con   sujeción   a  sus  principios  constitucionales   y   a   los   conceptos   fundamentales  de  su  ordenamiento  jurídico.   

–  i)  la  adquisición,  la posesión a la  utilización  de  bienes, a sabiendas, en el momento de recibirlos, de que tales  bienes  proceden  de  alguno o algunos de los delitos tipificados de conformidad  con  el  inciso  a)  del presente párrafo o de un acto de participación en tal  delito o delitos.   

         (…)   

–  iv) la participación en la comisión de  alguno  de  los  delitos  tipificados  de  conformidad  con  lo  dispuesto en el  presente  artículo,  la  asociación  y  la  confabulación para cometerlos, la  tentativa  de  cometerlos y la asistencia, la incitación, la facilitación o el  asesoramiento      en      relación     con     su     comisión”.   

         A  partir  de ese momento, se puede colegir, el delito de lavado de  activos  o  blanqueo  de capitales sufrió una mutación trascendental, en tanto  dejó   de   ser   una  conducta  subordinada  para  adquirir  una  connotación  independiente    de    las    actividades   de   carácter   ilícito   que   la  originan.      

Este  esfuerzo  encaminado  a  lograr  la  sanción  interna  como  delito autónomo de la conducta de lavado de activos se  vio  revalidado  posteriormente  con  la  suscripción  de la Convención de las  Naciones  Unidas  contra  la  Delincuencia  Organizada  Transnacional en Palermo  (Italia),   celebrada  el  15  de  noviembre  de  2000  (Convención  de  Palermo),  signada por 147 Estados,  entre       ellos      igualmente      Colombia1, en donde no sólo se otorgó  al  delito  de  lavado de activos carácter transnacional, sino que, conforme al  artículo  6,  se  insistió  en  la  obligación  de  tipificar  el blanqueo de  capitales  ampliando  su  radio  de acción a actividades ilícitas diversas del  tráfico  de  estupefacientes,  reforzando,  de  esa  forma,  su  naturaleza  no  subordinada.      

El compromiso adquirido en esta oportunidad  por los Estados parte fue el de sancionar:   

         “a)  i)  La conversión o la transferencia de bienes, a sabiendas  de  que  esos  bienes  son  producto  del delito, con el propósito de ocultar o  disimular  el  origen  ilícito  de  los  bienes  o  ayudar  a cualquier persona  involucrada  en  la comisión del delito determinante a eludir las consecuencias  jurídicas de sus actos;   

ii)  La  ocultación  o disimulación de la  verdadera  naturaleza,  origen, ubicación, disposición, movimiento o propiedad  de  bienes  o  del  legítimo derecho a éstos, a sabiendas de que dichos bienes  son producto del delito;   

b) Con sujeción a los conceptos básicos de  su ordenamiento jurídico:   

i) La adquisición, posesión o utilización  de  bienes, a sabiendas, en el momento de su recepción, de que son producto del  delito;   

ii)  La  participación  en la comisión de  cualesquiera  de los delitos tipificados con arreglo al presente artículo, así  como  la  asociación  y  la  confabulación  para  cometerlos,  el  intento  de  cometerlos,  y  la ayuda, la incitación, la facilitación y el asesoramiento en  aras de su comisión”.   

         Ahora  bien,  en la lucha contra el desbordado fenómeno del lavado  de  activos  existen otros importantes estándares  internacionales. En tal  sentido  se  cuenta  con  las  recomendaciones  específicas para constituir los  sistemas  antilavado  internacionales,  emanadas del Grupo de Acción Financiera  Internacional  contra  el  Lavado  de  Activos y la Financiación del Terrorismo  -GAFI-     del    20    de    junio    de    20032  y,  desde  mucho  antes, los  denominados  principios  de  Basilea  o Principios Básicos para la Supervisión  Bancaria                   Efectiva3.   También  se  cuenta,  más  recientemente,  con  la  Convención  de  las  Naciones  Unidas  contra la  Corrupción4,  ratificada  por  Colombia mediante la Ley 970 del 13 de julio de  20055.   

    

A pesar de los compromisos suscritos por los  Estados  a  través  de  los  referidos  instrumentos  internacionales,  se  han  detectado  múltiples  obstáculos  en la implementación de medidas para frenar  el  avance  de  esta  práctica, como así quedó consignado en el recientemente  celebrado  Doceavo  Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito  y             Justicia             Penal6.     

2.-   Colombia,   en   desarrollo  de  la  obligación  asumida  como  signataria de la aludida Convención de las Naciones  Unidas   contra   el   Tráfico   Ilícito   de   Estupefacientes  y  Sustancias  Sicotrópicas  de  1988, la cual fue debidamente ratificada con la Ley 67 del 23  de  agosto  de 1993, dispuso modificar el artículo 177 del Decreto 100 de 1980,  ubicado  dentro  de  los  comportamientos contra la administración de justicia,  bajo  el  título  “receptación,  legalización  y  ocultamiento   de   bienes   provenientes  de  actividades  ilegales”,  con  el  fin  de  sancionar  a  quien  fuera  de los casos de  concurso  en  el delito y siempre que el hecho no constituyera punible castigado  con  pena  mayor,  “asegure,  transforme, invierta,  transfiera,  custodie, transporte, administre o adquiera el objeto material o el  producto  del  mismo,  o  les  de  a  los bienes provenientes de dicha actividad  apariencia   de   legalidad,   o   los   legalice”,  incrementando  la  pena  de  la  mitad  a las tres cuartas partes, cuando, entre  otros,   “los  bienes  que  constituyen  el  objeto  material  o el producto del hecho punible provienen de los delitos de secuestro,  extorsión,  o  de  cualquiera  de  los  delitos  a  que se refiere la Ley 30 de  1986”.   

Posteriormente,  tipificó  el  delito  de  lavado  de  activos  incluyéndolo dentro de aquellos que atentan contra el bien  jurídico  del  orden  económico y social, en el artículo 9° de la Ley 365 de  1997,  “por la cual se establecen normas tendientes  a     combatir    la    delincuencia    organizada    y    se    dictan    otras  disposiciones”,   refiriéndolo   a   bienes   con  “origen  mediato  o  inmediato  en  actividades  de  extorsión,   enriquecimiento   ilícito,   secuestro   extorsivo,  rebelión  o  relacionadas  con  el  tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias  sicotrópicas”  y  precisando  los  verbos rectores  así:  “oculte  o  encubre la verdadera naturaleza,  origen,  ubicación,  destino,  movimiento  o  derechos  sobre  tales  bienes, o  realice    cualquier   otro   acto   para   ocultar   o   encubrir   su   origen  ilícito”.   

Con el advenimiento de la Ley 599 de 2000 se  sancionó  la conducta en el artículo 323 del capítulo quinto, nuevamente como  delito    contra    el   orden   económico   social,   a   quien   “adquiera,  resguarde, invierta, transporte, transforme, custodie  o  administre  bienes que tengan su origen mediato o inmediato en actividades de  extorsión,  enriquecimiento  ilícito, secuestro extorsivo, rebelión, tráfico  de  armas,  delitos contra el sistema financiero, la administración pública, o  vinculados  con  el  producto  de  los  delitos  objeto  de  un  concierto  para  delinquir,  relacionadas  con  el tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes o  sustancias  sicotrópicas,  o  les  dé  a  los  bienes  provenientes  de dichas  actividades  apariencia  de  legalidad  o  los  legalice,  oculte  o  encubra la  verdadera  naturaleza,  origen, ubicación, destino, movimiento o derechos sobre  tales  bienes,  o  realice cualquier otro acto para ocultar o encubrir su origen  ilícito”.   

En  el artículo siguiente, se establecieron  como   circunstancias   específicas   de  agravación  cuando  la  conducta  se  desarrolle  por  quien  pertenezca  a  una persona jurídica, una sociedad o una  organización  dedicada  al  lavado de activos y, en una proporción mayor, para  cuando  sea  perpetrada  por  los  jefes,  administradores  o  encargados de las  referidas personas jurídicas, sociedades u organizaciones.   

         Luego,  el  artículo  8°  de  la  Ley  747 de 2002 incluyó en la  descripción  típica  los  bienes  que  tuvieran  origen mediato o inmediato en  actividades  de  tráfico  de  migrantes  y trata de personas y, el 17 de la Ley  1121  de  2006, en la financiación del terrorismo y administración de recursos  relacionados  con  actividades  terroristas, previendo esta última normatividad  un incremento de su punibilidad.        

         La  tipificación  del  delito  en  la  Ley  599  de  2000  generó  dificultades  en  torno  a su naturaleza, básicamente en orden a precisar si se  trataba  de  un  delito autónomo o derivado de la actividad ilícita subyacente  o,  lo  que  es lo mismo, si para su concreción era indispensable una decisión  judicial  antecedente  que lo demostrara.  El debate fue abordado de manera  profusa  tanto  por  la Corte Constitucional como por esta Sala, concluyéndose,  acorde  con  su  regulación  en los instrumentos internacionales, que no es una  conducta  subordinada  a  las  actividades  ilícitas que le dan origen. Así lo  entendió  el  Tribunal  Constitucional  cuando  efectuó el estudio del tipo al  analizar su exequibilidad:   

          “…el   lavado   de   activos  y  su  repercusión  no  sólo  en el ámbito nacional sino internacional, ha llevado a  los  distintos  Estados y organizaciones internacionales a elaborar una serie de  instrumentos   tendientes   a  prevenir,  controlar  y  reprimir  esta  conducta  delictiva,  de alcances transnacional, que durante algunos años estuvo asociada  a  delitos  como  el de tráfico de estupefacientes y sustancias sicotrópicas y  tóxicas,  y  que  en  el  año  de  1988,  con la Declaración de Principios de  Basilea   y   la   Convención   de  Viena,  pasó  a  convertirse     en     un     delito    de    carácter    autónomo”7 (subraya fuera de texto).   

         Dado  ese  carácter,  basta  para  su  estructuración  con que se  infieran   dentro   del   proceso   las  actividades  ilícitas  antecedentes  o  subyacentes  y  no,  como  lo  pretendía un sector de la doctrina nacional, que  esas  conductas  estuvieran  plenamente demostradas mediante decisión judicial.  En esa dirección, coligió esta Sala:   

“No  es  dable  asociar  la demostración  ‘con certeza’    de    la   actividad   ilícita  antecedente,       o      la      ‘prueba’  de  la  conducta  subyacente  o  el  requerimiento de una declaración judicial  ‘en  firme’ que declare la existencia del delito  base  para  fundamentar  el elemento normativo del tipo en la conducta de lavado  de  activos.   La  Sala  reitera la tesis de que  lavar   activos   es  una  conducta      punible      autónoma      y      no      subordinada.   

El lavado de activos, tal como el género de  conductas   a   las   que   se  refiere  el  artículo  323,  es  comportamiento  autónomo8  y  su  imputación  no  depende  de  la  demostración,  mediante  declaración  judicial  en  firme,  sino  de  la mera  inferencia  judicial  al  interior  del proceso, bien en sede de imputación, en  sede  de  acusación  o  en  sede de juzgamiento que fundamente la existencia de  la(s)  conducta(s)  punible(s)  tenidas  como  referente en el tipo de lavado de  activos”  9 (subrayas fuera de texto).   

Más  aún, para su adecuada configuración  es  suficiente  con  que  las explicaciones ofrecidas por el incriminado no sean  satisfactorias  en orden a demostrar la procedencia lícita de los dineros, como  en providencia ulterior se afirmó:   

“Con base en las  explicaciones   dadas   por   los  procesados   los   juzgadores   construyeron   los  indicios  de  mala justificación,   de   ocultamiento  y  de  la  manera  ilegal   como   se   pretendía introducir  el  dinero  al   país,   elementos   de   juicio   que   examinados   de  manera mancomunada permitieron concluir que las  divisas  eran  de  procedencia ilícita”10  (subrayas  fuera de texto).   

         Además,  no  se  debe perder de vista que el tipo penal ofrece una  gran  variedad  de verbos alternativos, apenas compresible frente a la inmensa e  ingeniosa  gama de formas que los delincuentes han concebido para introducir los  recursos  provenientes  de  actividades  delictivas  al  tráfico común. De esa  forma,  en  la  legislación  nacional  se incurre en la conducta punible cuando  simplemente  aparecen  demostrados  actos  de ocultamiento o encubrimiento de la  verdadera  naturaleza, origen, ubicación, destino, movimiento o derechos de los  bienes  o  que  se realice cualquier otro acto para ocultar o encubrir su origen  ilícito11.                              

         3.-   Desde   la  anterior  perspectiva,  esto  es,  atendiendo  la  naturaleza  del  delito  en  cuestión  en  el  ámbito internacional e interno,  procederá  la Corte a establecer si  fue acertada la decisión de absolver  a    los   procesados    ÓSCAR   JAVIER   BENT  WILSON,  JUAN CARLOS BARKER  GUERRERO  y  ELMER HUDGSON  COTHBERT  por los juzgadores de instancia o si, por el  contrario,  le asiste razón al libelista y al Ministerio Público al oponerse a  esa  determinación  por haber incurrido dichos juzgadores en serios defectos de  valoración probatoria.   

         Sin  lugar  a  duda  la  Sala  se inclina por la segunda postura al  encontrar   que  los  sentenciadores,  cuyas  decisiones  conforman  una  unidad  jurídica,  incurrieron  en  evidentes  falencias  de  valoración probatoria al  desconocer  y  minimizar  elementos de juicio relevantes que demostraban que los  dineros   transportados  en  la  embarcación  “The  Gun”  el  día  6  de  mayo  de 2006, cuando fueron  interceptados  por  las  autoridades  en proximidades de la isla de San Andrés,  provenían  de  una  actividad  ilícita  y,  específicamente,  del tráfico de  narcóticos.                        

         Bastaría,  incluso,  para  arribar  a  esa  conclusión,  como  se  señaló  en  precedencia,  con  advertir  que  los  sesenta y seis mil cuarenta  dólares  americanos  (US  66.040)  transportados  en  la referida motonave iban  ocultos,  tanto  los  hallados en la bolsa negra de lona como los encontrados en  el  orificio  ubicado cerca al timón, y que las explicaciones brindadas por sus  ocupantes  en el sentido de que el dinero fue encontrado a la deriva flotando en  el  mar,  contradictorias  en muchos aspectos, como más adelante se reseñará,  no resultan creíbles.   

         Estos  elementos  de  juicio,  a  la luz de la jurisprudencia de la  Sala,  en  los  términos  anunciados,  son  de  suyo  suficientes  para inferir  razonablemente  que  los dineros incautados provenían de una actividad ilícita  y,  consecuentemente,  para  condenar  por el delito de lavado de activos.   Sin  embargo,  en  este  caso  particular  la  Sala tiene un convencimiento aún  mayor,  en  cuanto  advierte  que  los  dineros provienen específicamente de la  actividad   de   narcotráfico,  en  consideración  al  cúmulo  de  evidencias  procesales  que  convergen  en ese sentido y que los juzgadores desconocieron de  manera inexplicable.   

En efecto, múltiples medios de persuasión  obrantes  en el proceso, no valorados adecuadamente por los juzgadores, permiten  colegir  que  los sindicados no desarrollaban el día de la incautación labores  de  pesca  como  lo  pretenden hacer creer con el objeto de ocultar su verdadera  actividad.   

         De  acuerdo  con lo aseverado por los uniformados que intervinieron  en   la   incautación   y   los   informes   rendidos  al  respecto12, en el bote  no  se transportaba producto alguno de esa faena y ni siquiera estaban provistos  de  los  implementos necesarios, ni de las provisiones requeridas, para llevarla  a  cabo,  como  con  amplitud  lo  ilustra  el  Comandante  de  Guardacostas del  archipiélago  de San Andrés, Providencia y Santa Catalina en ese entonces, Ct.  Alejandro      Estrada      Vásquez13.              

         Pero,  lo que es peor, como lo señala este mismo oficial, el lugar  en  donde  fue  divisada  e  interceptada  la  motonave  por  las autoridades no  corresponde  a un sitio apto para la pesca. Según los implicados, procedían de  Alburqueque,  zona  que,  como  se  ha  verificado  en  el  proceso,  reúne las  condiciones  para  ese  efecto;  no  obstante,  se  logró constatar  en la  actuación  que  no fueron interceptados cerca de allí, ni su ubicación en ese  momento   es  compatible  con  el  rumbo  de  esa  área  de  pesca.     

Sobre ese mismo tópico quedó en evidencia  la  inveracidad  de  las  afirmaciones  de los procesados cuando, en el afán de  justificar  su prematuro retorno a la isla, a las pocas horas de haber zarpado y  a  pesar  de  contar con una autorización de 5 días expedida por la Dirección  General                   Marítima14,  adujeron problemas con el  motor  de  la  embarcación,  hecho  que  quedó  desvirtuado  totalmente con el  peritaje   practicado  dando  cuenta  de  sus  óptimas  condiciones15.    

También  se pretextó por los justiciables  problemas  con  el arpón, y aun cuando tal situación no se logró establecer a  través  de  un  experto  por  cuanto no fue posible su designación16,  se trata  de  una  excusa  que  pierde  todo  asidero  no sólo por la contundencia de los  reseñados  elementos  de convicción, sino porque en la nave, según obra en el  informe   de   incautación,  contaban  con  otro  implemento  igual17, resultando  absurdo  comprometer  la  labor  y el consecuente desplazamiento, además de los  costos que acarrea, cuando tenían uno de reemplazo.   

         Descartado,  entonces,  que  los  acusados se hubieran ocupado a la  faena  de  pesca  el día de la incautación, surge el interrogante de cuál era  el  real  propósito  que  perseguían  al  trasladarse  hasta el sitio en donde  fueron  interceptados.  Para la Corte resulta innegable que el objetivo era  aprovisionar  de  combustible  en  el  mar  a lanchas rápidas que transportaban  narcóticos,    también    conocidas    como    go  fast,  a  cambio  de  lo  cual  obtenían un provecho  económico,  en  este  caso  representado  por las divisas extrajeras que fueron  encontradas  en  su  poder,  como  se  infiere  de  los  múltiples elementos de  convicción existentes en el proceso.   

         Como  bien  lo  precisa  el  casacionista,  en  el  expediente obra  informe  detallado  suscrito por el comandante de Guardacostas, Ct. Alejandro      Estrada     Vásquez18,  coincidente   con su  testimonio  ya  referido  rendido  dentro  de la actuación, y de otra autoridad  competente    como   la   Dirección   de   la   Policía   Nacional19, según los  cuales   el   archipiélago   es  utilizado  por  el  narcotráfico  como  punto  estratégico   de   aprovisionamiento   de   combustible   de   las  mencionadas  embarcaciones  en  la  ruta  para exportar alcaloide, fundamentalmente en lindes  con  las aguas del vecino país de Nicaragua, cuya localización es opuesta a la  del  banco  de pesca situado en Alburqueque en el archipiélago de San Andrés y  Providencia.   

Pues  bien,  la  ubicación  de la motonave  “The Gun” al momento de  ser  interceptada  por el guardacostas a la altura del meridiano 82, con latitud  12  grados,  28  minutos  y  longitud  81 grados, 56 minutos, corresponde con el  rumbo  de  los  corredores  marítimos en donde según los mencionados medios de  prueba se desarrollan estas  operaciones ilícitas.   

Puntos  que,  además,  eran frecuentemente  visitados  por  el  citado  navío,  como  así  se  logró establecer merced al  análisis  pericial efectuado a la unidad GPS GARMIN, serial 2110565, encontrada  en   su   interior   el   día   de   los   hechos20,  y  no precisamente con el  fin  de  desarrollar  labores  de  pesca,  para  lo cual en algunas ocasiones se  tramitaban  los respectivos permiso de zarpe expedidos por la Dirección General  Marítima21.   

         Además,  como  acertadamente  lo  refieren  el  casacionista  y la  Procuradora  Delegada,  el expediente arroja prueba concluyente en el sentido de  que  el patrón o capitán del bote ÓSCAR JAVIER BENT  WILSON  es  propietario  de  otras embarcaciones como  “Capitán     T”,  “Pescador    1”   o  “La     Sierra”,    “Osky”    y  “Rebel”,  las  cuales   también  se  han  visto  involucradas  en  problemas  con el  transporte     de    combustible,    lo    que    ha    dado    lugar    a    su  inmovilización22.   

         Pero  no  es  todo,  porque al analizar pericialmente una agenda de  color  verde  incautada  al  mencionado, cuya propiedad éste admite23,    se  encontraron  anotadas  unas coordenadas que también coinciden con la misma zona  de abastecimiento de las lanchas usadas por el narcotráfico.   

Adicionalmente,  en  el  mismo  documento  aparece  escrito  el  número  del  abonado  celular 3157700327, el cual ha sido  relacionado   con   actividades   de   tráfico  de  estupefacientes24, según lo  ratificó  ampliamente  el  detective  del  DAS  Johan  Alejandro   Garzón   Babadilla  en  su  declaración  rendida    durante    la    audiencia    pública   de   juzgamiento25, precisando  que  tal hecho se logró establecer dentro la investigación radicada con el No.  2007-001  adelantada  por  el  delito  de  concierto para delinquir con fines de  narcotráfico  en  contra  de Donis Oliveros Salalzar,  O’Neil  Pacheco Britton,  Norman  McRae  Pomaer y Greg Britton Livingston, cuyas  copias  fueron  aportadas  como  prueba trasladada a esta actuación26         

         Y  si  a  todo ello se suma que las explicaciones ofrecidas por los  procesados  sobre  el  hallazgo “casual” del dinero flotando en una bolsa en  el  mar  se tornan poco creíbles y hasta fantasiosas, amén de que en todo caso  no  justifican  el  decomiso  del restante dinero escondido en un orificio de la  embarcación,  máxime  cuando  la cantidad encontrada en este último lugar fue  mucho  mayor,  pues  mientras que en la bolsa fueron hallados US 11.000 dólares  en  el  orificio  se  encontraron US 55.040 dólares27,    y   que   sobre   las  circunstancias  que rodearon este hallazgo los procesados incurren en múltiples  contradicciones,   como   por  ejemplo  en  cuanto  al  lugar  exacto  donde  la  encontraron,  el  sitio  preciso  dentro  de la embarcación donde la ocultaron,  quién  se  encargó  de  ello  y  lo  que  pensaban  hacer con el dinero, surge  incontrastable  probatoriamente que la suma decomisada era fruto de la actividad  de  narcotráfico,  razón  por  la  cual  debe  declarárselos responsables del  delito  de  lavado  de activos por el que fueron acusados, al estar colmados los  requisitos  legales  previstos  en  el  artículo  232  de  la  Ley 600 de 2000.   

         

        De  este  modo,  la  Corte  se  aparta  radicalmente  del  criterio  expuesto   por   el   juzgador   a   quo  para  quien  bastó,  para  arribar  a conclusión contraria, con  señalar  que  no  obraba  prueba directa en el proceso demostrativa en grado de  certeza  de  que  los  dineros  transportados  eran  producto  de actividades de  narcotráfico,   despreciando   la   vasta   prueba   indiciaria   destacada  en  precedencia,  y  todavía  más  del  consignado por el Tribunal, confirmando la  decisión  del  anterior, en cuanto adujo que no aparecía plenamente demostrada  la  comisión  del delito subyacente, desconociendo por igual la prueba referida  y  la  visión ecuménica del delito que inspiró la jurisprudencia de esta Sala  y de la Corte Constitucional sobre su carácter autónomo.   

Las razones expuestas permiten concluir que  el  reproche  formulado  debe  prosperar  y, en tal medida, se impone, como así  también  lo  depreca  la  Procuradora Tercera Delegada en su concepto, casar la  sentencia  impugnada  para,  en  su  lugar,  proferir  sentencia condenatoria en  contra   de  ÓSCAR  JAVIER  BENT  WILSON,    JUAN   CARLOS   BARKER   GUERRERO  y    ELMER    HUDGSON  COTHBERT  por el delito de lavado de activos por  el   cual   fueron   acusados.   Como  corolario  de  tal  declaratoria  de  responsabilidad   penal,   en   el   siguiente   acápite   se  dispondrán  las  consecuencias inherentes a esa determinación.   

        Consecuencias jurídicas de la conducta punible:   

    

1. Determinación de la punibilidad:     

En  virtud  a  que  el  delito ocurrió en  vigencia  del  artículo  323  del  actual  estatuto  penal  (Ley  599 de 2000),  modificado  por  el  8°  de  la  Ley  747 de 2002, pero esta decisión debe ser  adoptada  en vigencia de la ulterior modificación introducida a esta preceptiva  con  el  artículo  17  de  la Ley 1121 de 2006, la cual entró a regir el 30 de  diciembre      de      ese      mismo      año28,  es  necesario  verificar,  ante  este  tránsito  legislativo, el precepto que resulte más favorable a los  procesados.   

         Pues  bien,  de conformidad con el inciso primero del artículo 323  del  actual  estatuto  penal  (Ley 599 de 2000), modificado por el 8° de la Ley  747  de  2002,  el  delito de lavado de activos se sanciona con prisión de seis  (6)  a quince (15) años de prisión y multa de quinientos (500) a cincuenta mil  (50.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

Con  la  modificación  introducida por el  aludido   artículo 17 de la Ley 1121 de 2006 se incrementó la punibilidad  a  un  ámbito  de  ocho  (8)  a  veintidós  (22)  años de prisión y multa de  seiscientos  cincuenta  (650) a cincuenta mil (50.000) salarios mínimos legales  vigentes,  de donde deviene nítido que es favorable el precepto vigente para la  época  de comisión de la conducta, a cuyos términos se sujetará la Sala para  individualizar  la pena a los procesados ÓSCAR JAVIER  BENT  WILSON,  JUAN CARLOS  BARKER  GUERRERO  y  ELMER  HUDGSON COTHBERT.      

1. Determinación de la pena:     

a.  Pena de prisión:  

Según  ya señaló, el inciso primero del  artículo  323  de  la  Ley  599 de 2000, modificado por el 8° de la Ley 747 de  2002,  reprime  el delito de lavado de activos con una pena de seis (6) a quince  (15)  años de prisión.  Ello significa, en atención a los derroteros del  artículo  61  del mismo estatuto sustantivo, que la sanción estaría compuesta  por  un  primer  cuarto  de movilidad entre setenta y dos (72) meses y noventa y  nueve  (99)  meses;  el segundo cuarto entre noventa y nueve (99) meses y un (1)  día  y  ciento  veinte  seis  (126) meses; el tercer cuarto entre ciento veinte  seis  (126) meses y un (1) día y ciento cincuenta (153) meses y el cuarto final  entre  ciento  cincuenta  (153)  meses  y  un  (1)  día  y ciento ochenta (180)  meses.   

Como   en   este  asunto  no  se  dedujo  circunstancia  alguna  de  mayor  punibilidad  en la resolución acusatoria y se  advierte  que  concurre  la circunstancia de menor punibilidad concerniente a la  ausencia  de  antecedentes penales de los acusados (numeral 1º del artículo 55  de  la  Ley  599  de  2000),  el ámbito de movilidad estará determinado por el  primer  cuarto,  esto  es, entre setenta y dos (72) meses y noventa y nueve (99)  meses.   

        Ahora  bien, partiendo de los fundamentos contemplados en el inciso  tercero  del referido artículo 61 del Código Penal, estima la Sala que en este  caso  no  es  viable  imponer  el quantum mínimo   allí   previsto   dada   la   gravedad  de  la  conducta  investigada,  pues  tuvo  por  objeto  sacar  provecho de una de las actividades  ilícitas  que  mayor  desestabilización y corrupción ha generado en el país,  promoviendo,  además, una forma alterna de obtención de recursos como medio de  vida  que  suplanta  las  tradicionales de los habitantes de la región, como la  pesca,  y en cuanto se pretendió introducir al tráfico ordinario de bienes una  importante cantidad de recursos.   

        Así  las  cosas,  el  mínimo  de  la  pena  se  incrementará  en  veinticuatro  (24)  meses,  para  un  total  de  pena a imponer a los procesados  ÓSCAR  JAVIER BENT WILSON,  JUAN    CARLOS    BARKER    GUERRERO   y   ELMER  HUDGSON  COTHBERT   de   noventa  y  seis  (96)  meses  de  prisión.              

b. Pena pecuniaria:  

El  inciso primero del artículo 323 de la  Ley  599  de 2000, modificado por el 8° de la Ley 747 de 2002, también castiga  el  delito  de lavado de activos con pena principal de multa de quinientos (500)  a  seiscientos  cincuenta  (650)  salarios  mínimos  legales mensuales, lo cual  implica  que  la  sanción estaría conformada por un primer cuarto de movilidad  entre  quinientos  (500)  y  doce  mil  ochocientos  setenta  y  cinco  (12.875)  s.m.l.v.;  el segundo cuarto entre doce mil ochocientos setenta y cinco (12.875)  y  veinticinco  mil  doscientos  cincuenta  (25.250)  s.m.l.v.; el tercer cuarto  entre  veinticinco  mil  doscientos  cincuenta  (25.250)  y  treinta y siete mil  seiscientos  veinticinco  (37.625)  s.m.l.v.  y  el cuarto final entre treinta y  siete   mil   seiscientos   veinticinco   (37.625)   y  cincuenta  mil  (50.000)  s.m.l.v..   

Con  fundamento  en  las  mismas  razones  expuestas  en  el  acápite  anterior  para  imponer  la  sanción  principal de  prisión,  adviértase  que  aun cuando se debe partir de la pena establecida en  el   primer  cuarto  de  movilidad  no  se  tomará  su  mínimo,  sino  que  se  incrementará  en  proporción  idéntica  a  la  allí  señalada, para  un  total  de  pena pecuniaria de diez mil ochocientos noventa  (10.890)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  para  la  época  de  comisión de la conducta.   

c. Pena accesoria:  

De  conformidad  con  lo  reglado  en  el  artículo  51  del estatuto sustantivo se impondrá a los procesados   ÓSCAR   JAVIER   BENT   WILSON,  JUAN  CARLOS  BARKER  GUERRERO  y    ELMER    HUDGSON  COTHBERT  la  pena accesoria de inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la sanción  principal   privativa  de  la  libertad,  esto  es,  por  noventa  y  seis  (96)  meses.     

2.            Determinación  de  la  responsabilidad  civil   

No   se   condenará   a   ÓSCAR   JAVIER   BENT   WILSON,   JUAN   CARLOS   BARKER  GUERRERO  y    ELMER    HUDGSON  COTHBERT   por  este  concepto  en  tanto  no  está  demostrado  que  con  su conducta hubieran ocasionado daños y perjuicios en los  términos  precisados  en  el  artículo  56  de la Ley 600 de 2000.   

3.            Mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa de la libertad   

Como quiera que la pena impuesta supera los  tres  años de prisión previstos en los artículos 68 del Decreto 100 de 1980 y  63  de  la  Ley  599  de  2000,  se  negará  el  otorgamiento  de la condena de  ejecución  condicional  a  los  procesados;  igualmente,  no  es  procedente la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva de la pena de prisión, dado que, para  su  concesión,  es  preciso que se encuentre acreditado el factor objetivo y el  subjetivo señalados en la legislación punitiva.   

De  ahí  que  si  el  delito de lavado de  activos  en  virtud  del  cual  se impone la sanción tiene establecida una pena  mínima  de  seis  (6)  años  de  prisión, y el artículo 38 del Código Penal  vigente  establece  que la prisión domiciliaria como sustitutiva de la prisión  procede  para  conductas punibles “cuya pena mínima  prevista  en  la  ley  sea  de  cinco  (5) años de prisión o menos”,  es  evidente que los procesados no pueden beneficiarse con el  referido     instituto    por    no    encontrarse    satisfecho    el    factor  objetivo.   

Según  lo  señalado  en  precedencia, se  ordena  librar  la  correspondiente orden de captura para hacer efectiva la pena  impuesta  a  ÓSCAR  JAVIER  BENT WILSON, JUAN CARLOS  BARKER  GUERRERO  y  ELMER  HUDGSON   COTHBERT,   disponiendo  que  en  caso  de  cumplirse  lo  ordenado,  los  procesados deben permanecer en el establecimiento  carcelario   que   determine   el   INPEC.   

         4.  Comiso  de  los  bienes                

         Habida  cuenta  que  los  artículos 100, inciso segundo, de la Ley  599   de   2000   y  67,  inciso  ibídem,   de   la  Ley  600  del  mismo  año,  disponen  que  el  comiso  “…se aplicará en los delitos dolosos, cuando los  bienes,  que tengan libre comercio y pertenezcan al responsable penalmente, sean  utilizados  para  la  realización  de  la  conducta  punible, o provengan de su  ejecución”, la Corte así lo ordenará en relación  con  la    embarcación “The  Gun”,  matrícula  CP  O7 0395-b,  cuya  propiedad,  aparece  acreditado  en  el  proceso,  pertenece  al procesado  ÓSCAR JAVIER BENT WILSON29  y  en  tanto fue utilizada  para la comisión de la conducta punible.   

         Lo  mismo se decretará respecto de los sesenta y seis mil cuarenta  dólares  americanos (US 66.040) incautados, provenientes de la ejecución de la  conducta.   

Cuestión final:  

La  Corte expedirá, por la Secretaría de  esta  Corporación,  copias de la presente actuación con destino a la Fiscalía  General   de   la  Nacional  y  al  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  -Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria-  con  el  objeto  de que se establezca la posible  responsabilidad  penal  y disciplinaria en que pudieron incurrir los Magistrados  que  conformaron  la  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  de San Andrés,  Providencia  y Santa Catalina y al mismo ente acusador y al Consejo Seccional de  la  Judicatura  de Bolívar -Sala Jurisdiccional Disciplinaria- con el mismo fin  pero  respecto  del  titular del Juzgado Único Penal del Circuito Especializado  de la misma sede.   

Lo  anterior, en virtud de los manifiestos  yerros  de  apreciación  probatoria,  destacados  en  esta  providencia, en que  incurrieron  dichos  funcionarios  al  proferir las sentencias de instancia para  absolver  a  los procesados ÓSCAR JAVIER BENT WILSON,  JUAN    CARLOS    BARKER    GUERRERO   y ELMER HUDGSON COTHBERT.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

1.            CASAR   la  sentencia  impugnada,  en el sentido de revocar el fallo absolutorio proferido a  favor  de  ÓSCAR  JAVIER  BENT  WILSON,  JUAN CARLOS  BARKER  GUERRERO  y  ELMER  HUDGSON  COTHBERT,  por  las  razones expuestas en la  anterior motivación.   

2.           CONDENAR a los  mencionados  ciudadanos como  coautores  penalmente  responsables  del  delito  de  lavado  de activos, en las  circunstancias    de    tiempo,    modo    y    lugar    precisadas    en   esta  decisión.   

3.           CONDENAR,  en  consecuencia,  a   ÓSCAR   JAVIER   BENT   WILSON,  JUAN  CARLOS  BARKER  GUERRERO  y    ELMER    HUDGSON  COTHBERT  a  las  penas principales de noventa y seis  (96)  meses  de  prisión  y  multa  de  diez  mil  ochocientos  noventa  (10.890) salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  para  la  época  de  comisión  de la conducta a favor del  Tesoro  Nacional  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y funciones públicas por el mismo término de la pena privativa de la  libertad.   

4.           DECLARAR  que  ÓSCAR   JAVIER  BENT  WILSON,  JUAN  CARLOS  BARKER  GUERRERO  y  ELMER HUDGSON  COTHBERT  no  se  hacen  acreedores  a la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  ni  a  la  prisión  domiciliaria  sustitutiva de la intramural.   

5.            LIBRAR  de  inmediato  orden  de  captura en contra de los condenados para hacer efectiva la  pena  de  prisión  que  aquí  se  impone,  lograda  la  cual será del resorte  exclusivo  del  Instituto  Nacional Penitenciario y Carcelario INPEC señalar el  lugar de reclusión.   

6.           NO  CONDENAR a  ÓSCAR   JAVIER  BENT  WILSON,  JUAN  CARLOS  BARKER  GUERRERO  y  ELMER HUDGSON  COTHBERT al pago de perjuicios, de conformidad con lo  expuesto en la parte motiva de esta providencia.   

         7.  DISPONER  el comiso, en  favor de  la  Fiscalía General de la Nación, de la embarcación  “The  Gun”,  de  matrícula CP O7 0395-b y de los sesenta y seis mil cuarenta  dólares    americanos    (US   66.040)   incautados   por   razón   de   estos  hechos.   

            

          8.        LIBRAR,  por  la  Secretaría  de  la Sala, las comunicaciones  correspondientes   a   las   autoridades   competentes  de  conformidad  con  lo  establecido   en   el   artículo  472  Ley  600  de  2000  y  demás  preceptos  concordantes.   

9.           COMUNICAR esta  decisión  a  la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, para  efecto del recaudo de la multa impuesta.   

10.  EXPEDIR,  por  la  Secretaría  de  la  Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de  Justicia,   copias  de  la  presente  actuación  con destino a la Fiscalía General de la     Nación,   al   Consejo   Superior   de   la   Judicatura  -Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria-  y  al  Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  de Bolívar -Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria-,  con  el  objeto de que se establezca la posible  responsabilidad  penal  y disciplinaria en que pudieron incurrir los Magistrados  de  la  Sala  de  Decisión  del  Tribunal  de  San Andrés, Providencia y Santa  Catalina  y el titular del Juzgado Único Penal del Circuito Especializado de la  misma  sede,  de  conformidad  con lo expuesto en la parte considerativa de esta  providencia.   

         

        Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese,  cúmplase  y devuélvase al  Tribunal de origen.   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

       JOSÉ                        LEONIDAS                        BUSTOS  MARTÍNEZ                   SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ   

         Excusa  justificada   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                         AUGUSTO             J.            IBÁÑEZ  GUZMÁN                                   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                          YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS                                                                     

JULIO        E.        SOCHA  SALAMANCA                   JAVIER ZAPATA ORTÍZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  Ratificada   por   el   Congreso  de  la  República  mediante  la  Ley  800  de  2003.       

2  Colombia   desde   el  año  2000  pertenece  al  Grupo  de  Acción  Financiera  Internacional  contra  el Lavado de Activos y la Financiación del Terrorismo de  Sudamérica      –  GAFISUD.   

3  El  documento  consta  de  25 principios elaborados por el Comité de Basilea que es  una  organización  formada  en 1975 por los presidentes de los Bancos Centrales  del  Grupo  de  los  Diez, integrada por autoridades en Supervisión Bancaria de  los  siguientes  países:  Bélgica, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón,  Luxemburgo,  Holanda,  Suecia,  Suiza,  Reino  Unido  y  los Estados Unidos, los  cuales  se  considera  deben  ser  implementados por las autoridades bancarias y  públicas   en  todos  los  países  para  lograr  un  sistema  de  supervisión  efectiva.   

4  Adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva  York, el 31 de octubre de 2003.   

5 En el  artículo   14   se   consagran   medidas   para   prevenir   el   blanqueo   de  dinero.   

6  Salvador (Brasil), 12 a 19 de abril de 2010.   

7  Sentencia C-326 de 2000.   

8  Sentencia del 19 de enero de 2005, rad. 21044.   

9  Sentencia   del   28  de  noviembre  de  2007,  rad.  23174.   

10  Sentencia del 30 de abril de 2008. Rad. 24604.   

11  Sentencia    del    30    de    abril    de    2008.    Rad.   24604.   

12  Cfr. fols. 7 y 9 del c.o. 1.   

13  Cfr.   fol.   30  ibídem.   

14  Fol. 98 ejusdem.   

15  Cfr. fol. 163 del c.o. No.2.   

16  Así  se  consignó  en el informe del DAS No. 114700 de mayo 18 de 2006, a fol.  153.   

17  Cfr. fol. 20 c.o. 1.   

18  Informe  078-CEGSAI-301  de la Estación de Guardacostas de San Andrés Islas de  mayo 30 de 2006, a fol. 211 del c.o. 1.   

19  Informe  2818  ADESP-GRUES  de  diciembre  14  de  2006, a fol. 106 ídem.   

20  Informe No. 061-CEGSAI-303 de mayo 10 de 2006, fol. 70 del c.o. 1.   

21  Véase a partir del folio 81 del c.o. 1.   

22 Ver  informes  del  DAS  No.  098107975 de mayo 12 de 2006, a fol. 75 del c.o. 1; No.  012-9229  de abril 24 del mismo año, traído como prueba trasladada, a fol. 137  ibídem  y el 139145030 de  junio    21    también    de   esa   anualidad,   a   fol.   263   ejusdem.   

23  Así lo reconoce en su indagatoria a fol. 114 del c.o. 1.    

24  Informe  del  DAS  No.  139145030  de  junio 21 de 2006, a fol. 263 ejusdem.   

25  Fol. 260 del c.o. 2.   

26 A  partir del fol. 403 del cuaderno anexo de pruebas.     

27  Informe del DAS No. 094 de 7 de mayo de 2006, a fol. 50 del c.o. 1.   

28 A  partir   de   su   promulgación   en   el   Diario   Oficial   46.497   de  esa  fecha.   

29  Cfr. Fol. 56 del c. del Tribunal.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *