30585(08-10-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30585  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta No. 288                                                                                                        Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JOSE LEONIDAS BUSTOS MARTINEZ   

Bogotá  D.  C.,  ocho  de octubre de dos mil  ocho.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación   presentada por el defensor de Harold  Antonio  Jiménez Rodríguez contra  la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali el  10  de  abril  de  2008,  mediante  la  cual  confirmó  la  proferida  el 19 de  septiembre  de  2007  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito de la misma  ciudad,   que   condenó   al   procesado   por   los  delitos  de  hurto  calificado  agravado  y  porte  ilegal  de  armas de fuego de  defensa personal.   

Hechos.  

El  29  de  marzo de 2003, en las horas de la  mañana,   varios   sujetos  provistos  de  armas  de  fuego  ingresaron  a  las  instalaciones  de  la empresa SALUDCOOP, ubicada en la avenida 4 norte No.37A-09  de  Cali, y se apoderaron de 71 computadores marca Compaq, después de intimidar  y  amordazar  al  personal  de  seguridad  y de planta que laboraba en el lugar.   

Actuación  procesal  relevante.   

1.  La  fiscalía  inició investigación por  estos   hechos,  vinculó  al  proceso  mediante  indagatoria,  entre  otros,  a  Arquímedes   Campuzano   Martínez,  Harold  Antonio  Jiménez  Rodríguez,  Juan  Manuel  Galeano  Parra,  Juan  Carlos  Ortiz  Borja  y   Oscar   Marino  Franco  Charry,    a  quienes  acusó  el  15  de septiembre de 2003 por los delitos de  hurto  calificado  agravado y porte ilegal de armas de  fuego  de  defensa personal. Esta decisión fue apelada  y  confirmada  en  segunda  instancia  el  27  de noviembre de 2003.1   

2. Rituado el juicio, el Juzgado Tercero Penal  del  Circuito  de Cali, mediante sentencia de 19 de septiembre de 2007, condenó  a  los  procesados  a la pena principal privativa de la libertad de 11 años, 11  meses  y  15  días  de  prisión,  y  las  accesorias  de inhabilitación en el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas y de privación del derecho a la  tenencia  de  armas,  por  un  término  igual  al  de  la  pena principal, como  coautores  de  los  delitos imputados en la acusación. El Tribunal revisó este  fallo   por   apelación   y  lo  confirmó  en  todas  sus  partes. 2   

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  segunda  de  casación  prevista  en  el  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, norma que el  casacionista  considera  aplicable  en  virtud  de  la  fecha  en  la  cual  fue  interpuesto  el recurso, acusa la sentencia impugnada de desconocer “el debido  proceso,  por afectación sustancial de su estructura o de la garantía debida a  cualquiera  de  las partes”. En concreto, denuncia una “violación indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de hecho al no aplicar el principio indubeo  prorreo (sic)”.   

Argumenta  que el artículo 232 de la Ley 600  de  2000  exige para dictar sentencia, (i) que exista certeza del hecho punible,  lo  cual  no ofrece reparo alguno en el presente caso, y (ii) que exista certeza  de  la  responsabilidad  del procesado en el hecho, condición que brilla por su  ausencia  en  relación  con  Harold  Antonio Jiménez  Rodríguez.   

Afirma,  después  de transcribir apartes del  fallo  de primer grado relacionados con el análisis de la prueba, y de precisar  que  su  propósito  se  encamina  a  atacar  el  material  probatorio,  que  la  vinculación  con  los  hechos  y  posterior  captura del procesado sobrevino en  virtud  de  labores  de  inteligencia,  que  llevaron  a  la realización de una  diligencia  de  allanamiento  y  registro  a su residencia, donde no se hallaron  elementos que lo comprometieran. Sin embargo fue capturado.   

La  fiscalía  adujo  como  evidencia  en  su  contra,  para imputarle autoría en los hechos, el informe rendido por el agente  investigador  de  la  SIJIN  Jesús  Calpa,  “quien  señala  que  cuando  se  realizaba  la  diligencia  de  allanamiento  en  la residencia de HAROLD ANTONIO, entró una llamarada (sic) al  abonado  telefónico la cual fue contestada por el agente en la que se informaba  sobre   la   captura   de   otras   personas   con  respecto  al  hurto  de  los  computadores”.   

Después  vino  el  reconocimiento en fila de  personas,  con  la  intervención del procesado, donde fue reconocido por uno de  los  testigos  presenciales,  “diligencia  de  reconocimiento  que desde ya se  considera  parcializada  cuando  encontramos que al día siguiente del hecho los  diarios   de  la  ciudad,  daban  cuenta  de  la  captura  de  los  sujetos  que  participaron  en  el hurto, es decir que ese reconocimiento bien se pudo dar por  la  información  obtenida  por  los  diarios de amplia circulación el (sic) la  ciudad y el país, que reseñaron el hecho delictivo”.   

En síntesis, se tuvo en cuenta para condenar  a  Harold  Antonio  Jiménez  Rodríguez  el  reconocimiento  en  fila  de  personas y la llamada a su abonado  telefónico   cuando   se   estaba  practicando  la  diligencia  de  registro  y  allanamiento,  “elemento  de  prueba  que  conforme  al  análisis crítico en  conjunto  que  requiere la valoración de la sana crítica del testimonio ofrece  serias  dudas  de  que  mi  representado  haya sido autor, coautor, cómplice, o  encubridor de los hechos aquí investigados”.   

El  testigo  que  lo reconoció en la fila de  personas  no  indicó  la  actividad  que Harol Antonio  desarrollaba  en  el  lugar del asalto. Simplemente se  limitó  a  señalar el número que tenía en la fila , “pero no se le amplió  ni  por  la  fiscalía  ni  tampoco  por  el juzgado al respecto del por qué lo  reconoce como uno de los coautores de los delitos investigados”.   

Este  error de hecho se materializa cuando el  tribunal  confirma  la sentencia, avalando las consideraciones del juzgado sobre  la  existencia  de  certeza  sobre su responsabilidad, “que en ningún momento  existió,  pues  había  una  sospecha de que este (sic) mi representado pudiese  haber participado en los hechos”. Y agrega:   

“[…]  en  la  diligencia de allanamiento,  fueron  a  buscar  evidencias,  que  no  se encontraron, solamente se obtuvo por  parte  del investigador una llamada telefónica que bien pudo crear una sospecha  en  contra  de mi representado de ser un posible encubridor del delito de hurto,  pero  es  que tampoco se le incautó elemento material probatorio como lo sería  (sic)  los computadores hurtados y si no se llega a esa inferencia a través del  acervo  probatorio recaudado el fallador de segunda instancia comete el error de  la  norma  sustancial de aplicar el artículo 232 del Código Penal, en especial  en  su  segundo  requisito  y  señalar  la  existencia  de  la certeza  de  responsabilidad    de   mi   representado   en   los   hechos   que   aquí   se  investigan”.   

Aquí  debió  aplicarse  el  principio de la  duda,   puesto   que   faltaron   elementos   probatorios   para   deducir   una  responsabilidad   penal,   máxime   cuando  está  demostrado  con  testimonios  juramentados  que  para  el  momento  de  los  hechos  el  procesado  se hallaba  laborando,   pintando  un  inmueble,  y  no  se  puede  aducir,  sin  fundamento  probatorio,  que bien pudo estar realizando esas labores y haberse retirado para  cometer el delito.   

Pide,  en  consecuencia,  casar  la sentencia  impugnada y absolver al procesado de los cargos que se le imputan.   

SE        CONSIDERA:   

1.    Aclaración    previa.      

Sostiene   el  demandante  que  las  normas  aplicables  al  caso  en materia de casación son las contempladas en la Ley 906  de  2004,  porque  cuando  se  ejercitó  el  derecho de impugnación se hallaba  vigente  este  estatuto, acorde con los criterios interpretativos fijados por la  Corte en decisión de primero de noviembre de 2001.   

Esta  conclusión es equivocada. La tesis del  hecho  procesal  relevante que el casacionista invoca, de acuerdo con la cual el  recurso   de  casación  se  rige  por  la  ley  procesal  vigente  al   momento   de   dictarse   el   fallo   impugnado,  fue  replanteada  por  la  Corte  hace  varios  años,  cuando dejó  establecido  que la normatividad aplicable en esta materia debía ser la vigente  al  momento de los hechos.3    

Esto  significa  que  las  normas  llamadas a  regular  la casación en el caso estudiado son las contempladas en la Ley 600 de  2000,  por  ser  las  vigentes cuando sucedieron los hechos y porque además con  sujeción a ellas se viene adelantando el proceso.   

La Ley 906 de 2004 no es aplicable, porque los  hechos  sucedieron antes del primero de enero de 2006, fecha a partir de la cual  la  nueva  normatividad  empezó a regir en el Distrito Judicial de Cali, según  las  reglas  de  implantación  gradual  y  sucesiva del sistema previsto por el  mismo  estatuto4.     

2.  Estudio  de la  demanda.   

La  Corte inadmitirá la demanda de casación  presentada   por  el  defensor  del  procesado  Harold  Antonio   Jiménez   Rodríguez   por  no  reunir  las  exigencias  mínimas  de claridad, concreción y debida fundamentación exigidas  por  el  artículo  212.3 de la Ley 600 de 2000 y la lógica del recurso para su  estudio de fondo.   

Insistentemente  la  Sala  ha  dicho  que los  errores  judiciales  susceptibles  de ser propuestos en esta sede comprenden dos  categorías:  de  juicio  o  in  iudicando,  que se presentan cuando el juzgador se equivoca en la selección,  aplicación   o   interpretación   del   derecho   material;   y   de  trámite  o  in  procedendo, que surgen  cuando contraviene las reglas que deben presidir el rito procesal.   

Mezclar  estos  dos  motivos  de impugnación  constituye   una   contradicción   insalvable,   por  tratarse  de  situaciones  originadas  en  supuestos fáctico procesales totalmente distintos, que reclaman  para  su  demostración  argumentaciones  diferentes y que generan consecuencias  jurídicas  igualmente  disímiles,  particularidades que han determinado que la  normatividad  procesal los tenga y regule como causales de casación autónomas.   

En  este  desacierto argumentativo incurre el  casacionista,  quien  inicia  planteando un error de rito por desconocimiento de  la  estructura  del  debido  proceso  y  las  garantías  debidas  a los sujetos  procesales,  que  aparejaría  la  nulidad  de  la actuación procesal en todo o  parte,  y  termina  invocando  un error de juicio por violación indirecta de la  ley  sustancial, debido a un error de hecho, que presupone la corrección formal  de la actuación procesal.   

Aparte  de  esto,  no  identifica el error de  hecho  que denuncia, ni lo demuestra, ni se ocupa de acreditar su trascendencia.  Simplemente  afirma   que  se cometió dicho error y que esto determinó la  inaplicación  del principio in dubio pro reo, sobre el supuesto, no demostrado,  de  que  la prueba de cargo no tiene la consistencia demostrativa requerida para  llegar a una decisión de condena.       

La  dogmática  casacional  enseña  que  los  errores  de  hecho  de apreciación probatoria pueden ser de tres clases: (i) de  existencia,  que se presenta  cuando  los  juzgadores  ignoran  o  suponen  una  prueba,  (ii) de identidad,  que  surge cuando distorsionan  su  contenido material, haciendo que diga lo que su texto no expresa, y (iii) de  raciocinio,    que    se  materializa  cuando  desconocen las reglas de la sana crítica en la valoración  de su mérito.     

Si  lo planteado por el actor era un error de  esta  especie  (de  hecho),  como  reiteradamente  lo  postula,  debió por lo menos precisar cuál error, de  entre  los  mencionados,  cometieron  los juzgadores de instancia, sobre cuál o  cuáles  pruebas  recayó,  en  qué  consistió y qué trascendencia tuvo en la  decisión  que  se  impugna, precisiones y explicaciones que en el presente caso  son por completo omitidas.    

Visto, entonces, que la demanda presentada por  el  defensor  de  Harold  Antonio  Jiménez Rodríguez  no  reúne  las exigencias mínimas de fundamentación  requeridas  para  su estudio de fondo, se la inadmitirá y se ordenará devolver  el  proceso  a  la  oficina  de  origen,  de  conformidad con lo dispuesto en el  artículo  213  ejusdem,  no  advirtiéndose  la  existencia  de  violaciones  a  garantías  fundamentales  que  la Corte esté en el deber de proteger de manera  oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de Harold  Antonio Jiménez Rodríguez.     

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

SIGIFREDO ESPINOSA PEREZ  

JOSE       LEONIDAS       BUSTOS  MARTINEZ                      ALFREDO GOMEZ  QUINTERO             

MARIA    DEL    ROSARIO    GONZALEZ   DE  LEMOS      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMAN   

JORGE        LUIS       QUINTERO  MILANES                           YESID RAMIREZ BASTIDAS   

JULIO        ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                    JAVIER ZAPATA ORTIZ   

                         Comisión de servicio   

                                                  Teresa Ruiz Núñez   

                                                     SECRETARIA   

    

1  Folios 718-735 y 790-821 del cuaderno original 3.   

2  Folios  1421-1460  del  cuaderno  original  5  y 1549-1564 del cuaderno original  6.   

3  C.S.J., Casación 23006, decisión de 16 de febrero de 2005.   

4  Artículo 530.     

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