24823(04-02-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 24823  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                            JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

                            Aprobado Acta No.17   

Bogotá,  D. C., cuatro (4) de febrero de dos  mil ocho (2008).   

VISTOS  

Resuelve  la Sala la solicitud presentada por  la  defensora  de los procesados FERNANDO y HENRY ALBERTO ORTIZ VERJAN a través  de  la cual pide se “declare sin valor”  la  sentencia  dictada  por  el  Juzgado Cuarenta y Tres Penal del  Circuito  de  esta ciudad y se emita en su lugar fallo absolutorio declarando la  cesación de procedimiento por prescripción de la acción penal.   

ANTECEDENTES  

1. Con fundamento en  la  denuncia que personalmente formuló la señora Ana Marlene Reyes López ante  la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  a  través  de  la cual sindicó a los  señores  Fernando  y  Henry  Alberto  Ortiz  Verjan  de que en su condición de  socios  de  la  empresa Torres Ortiz Ltda. la despojaron mediante engaños de la  suma  de  $26.650.000,00,  la  Fiscalía  115  Seccional,  adscrita  a la Unidad  Tercera  de  delitos  contra  la Fe Pública y el Patrimonio Económico, inició  investigación  penal y, luego de cumplir con las actuaciones propias del debido  proceso,  por  medio  de  resolución de 5 de abril 2002, acusó a aquellos como  partícipes del delito de estafa agravada por la cuantía.   

2.  La defensora de  los   procesados  oportunamente  interpuso  recurso  de  apelación  contra  esa  decisión,  pero  lo sustentó por fuera de la oportunidad legal, situación que  forzó  a  la Fiscalía a declarar desierta la alzada mediante providencia de 15  de  mayo  de  2002,  quedando  ejecutoriada  en  esta  fecha  la  resolución de  acusación.   

3.   El  Juzgado  Cuarenta  y Tres Penal del Circuito de esta ciudad previo agotamiento de la fase  del  juicio,  el  28  de  noviembre  de  2003  dictó el fallo de primer grado a  través  del  cual  condenó  a  los procesados por el delito por el cual fueron  acusados,  a  las  penas  principales  de dieciséis años de prisión, multa de  cincuenta  mil  pesos  y  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas   por  el  lapso  de  la  privativa  de  la  libertad.   

4. Sentencia que fue  impugnada  por  la  defensa  y  confirmada  por el Tribunal Superior de Bogotá,  mediante  la  suya  dictada  el  6 de abril de 2005, contra la cual la defensora  interpuso  el  recurso  extraordinario  de casación cuya demanda fue inadmitida  por esta Sala de la Corte, el 30 de enero pasado.   

5.  La defensora en  escrito  recibido  en  la  Secretaría de la Sala el pasado 25 de enero, pide se  declare  sin  valor  la sentencia del a quo  y en su lugar se absuelva a sus defendidos decretando la cesación  de  procedimiento  por  haber operado el fenómeno jurídico de la prescripción  de la acción penal.   

Manifiesta que los acusados fueron condenados  a  16  meses de prisión los cuales constituyen el máximo de la pena imponible,  que  reducida  a  la  mitad arroja 8 meses, que por virtud de lo dispuesto en el  artículo  86  del Código Penal, para efectos de la prescripción, se aproximan  a  5  años  que se consolidaron el 5 de junio de 2007, oportunidad para la cual  aún no había quedado ejecutoriado el fallo.   

CONSIDERACIONES  

Previo  a resolver la solicitud de la defensa  oportuno  es  precisar  que  en  los  casos en que la sentencia no ha quedado en  firme   porque   se  encuentra  en  trámite  el  recurso  de  apelación  o  el  extraordinario   de   casación,   como  en  este  caso,  la  ocurrencia  de  la  prescripción  de  la  acción  penal  no se constituye en motivo jurídicamente  válido  para  declarar  sin  valor  el fallo impugnado y, a su vez, absolver al  procesado.   

Cuando el Estado por el paso del tiempo pierde  la  potestad  punitiva, que le es exclusiva, no es posible declarar sin valor la  decisión  que  por  fuerza  de los recursos interpuestos en su contra no logró  quedar  en firme, pues el reconocimiento de esa causa de improseguibilidad de la  acción  impide realizar un juicio de valor acerca del acierto y la legalidad de  la sentencia impugnada.   

De  este  modo,  frente  a  la  solicitud  de  prescripción  de  la acción penal en la etapa del juicio, oportuno es recordar  lo que la Sala ha venido sosteniendo:   

“La  calificación  sumarial impartida en la  resolución    de   acusación  no  obstante  su  carácter  provisorio  se  convierte  en  ley   del  proceso, pues es el hito fundamental a partir del  cual  el  Estado  garantiza  al acusado el derecho de defensa y se desarrolla la  actividad  defensiva  durante  el  debate  del juicio, pero a la vez  está  sujeta  a  las  resultas  de  éste,  materializadas  en  la  sentencia  de  las  instancias”.     

“Esta, cuando es condenatoria y se pronuncia  bajo  los  parámetros  del  debido  proceso  y  concordante  con la resolución  acusatoria,  es  el  único pronunciamiento judicial dentro de la fase ordinaria  del  proceso con categoría de definitividad en la imputación penal, sea que la  mantenga  en  los  mismos  términos de la acusación fiscal o que le introduzca  variaciones  de  menor  compromiso  penal,  de  donde se colige que es  el tipo penal contemplado en el fallo de las instancias con las  circunstancias  específicas  declaradas, el  que  establece  el  término  de la prescripción de la acción  penal”1.   (Negrillas   ajenas   al  texto)   

Como  los  juzgadores  de  instancia en este  caso,  dictaron sentencia de condena por el delito de estafa agravada, la pena a  considerar  para  efectos  de  la prescripción es la prevista por el legislador  para   la   imputación   jurídica   a   que   se  refiere  el  fallo  objetado  extraordinariamente,   cuya   doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  solamente  es  dable revisar por la Sala en sede de casación cuando la demanda,  por haber sido presentada en debida forma, es admitida.   

Teniendo en cuenta que el valor del perjuicio  económico  ocasionado  con  la  estafa  atribuida  a  los  sentenciados  es  de  $26.650.000,00,  equivalentes a 154.93 salarios mínimos mensuales vigentes para  el  año  1997, cantidad con fundamento en la cual la Fiscalía y los juzgadores  de  instancia  determinaron  que  el delito es agravado con base en el numeral 1  del  artículo  267  de  la  ley  599  de  2000, legislación que se aplicó por  favorabilidad   en   cuanto   que   en  la  legislación  anterior  –decreto  ley  100  de 1980–  tal  circunstancia  se  actualizaba  cuando   el   hecho   se   cometía   en   cosa   de  menor  valor  –18.83   salarios  mínimos  mensuales  legales    vigentes–2   

En  consecuencia,  como los artículos 246 y  267  de  la  ley 599 de 2000, cuya integración establece una pena máxima de 12  años,  notoriamente  inferior  a la de 15 años prevista en los artículo 356 y  372  del  decreto ley 100 de 1980, el fenómeno prescriptivo que se interrumpió  con  la  ejecutoria de la resolución de acusación comienza a contabilizarse, a  partir  de  este hecho jurídico, por el término de 6 años, como lo señala el  artículo 86 del primer ordenamiento en cita.   

Lapso  que  no  ha fenecido en el caso de la  especie,  porque  como  se  anotó  en  los  antecedentes  de esta decisión, la  Fiscalía  acusó  a  los  procesados mediante providencia que profirió el 5 de  abril  de 2002, la cual quedó ejecutoriada el 15 de mayo del mismo año, cuando  se  declaró  desierto  el recurso de apelación interpuesto por la defensora de  los  procesados  por  haberlo sustentado fuera del término legalmente señalado  para  ese  fin,  por lo que el término prescriptivo alcanza su máximo hasta el  15 de mayo de 2008.   

La  defensora  plantea  que  el  fenómeno  prescriptivo  ocurrió  el  5  de  junio  de 2002, es decir, 5 años después de  haber  quedado  ejecutoriada  la  providencia con la que se declaró desierto el  recurso  de  apelación  que ella interpuso contra la resolución de acusación,  bajo  la errada hipótesis de que el término máximo aludido en artículo 86 de  la   ley   599  de  2000  corresponde,  en  este  asunto,  con  el  de  la  pena  impuesta.   

Tal  propuesta  compele a la Sala a precisar  que  tanto  el  artículo  83  de  la  ley 599 de 2000, como el artículo 80 del  decreto  ley  100 de 1980, al regular lo relacionado con el término otorgado al  Estado  para el ejercicio de la acción penal y, consecuencialmente, la pérdida  de  esta  facultad  por  su  vencimiento,  aluden  en  abstracto “a  un  tiempo  igual  al máximo de la pena  fijada  en  la  ley”,  es  decir,  al extremo superior del ámbito de movilidad punitiva, con independencia  de    la   pena   impuesta   o   que   deba   imponerse   en   cada   caso,   al  procesado.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

1.  No  declarar  prescrita  la  acción  penal por el delito de estafa agravada por el que fueron  condenados  en  los  fallos de instancia HENRY ALBERTO y FERNANDO ORTIZ VERJAN y  en consecuencia, negar la cesación de procedimiento solicitada.   

2.  Contra  esta  providencia procede el recurso de reposición.   

         

                                                 Cópiese, notifíquese y cúmplase   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                                 MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ DE L.   

         

AUGUSTO  J.  IBÁÑEZ  GUZMÁN                                JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

                                                                                                                                                  

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                   JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  Radicación   13.165,   reiterado  en  el  auto  de  5  de  diciembre  de  2002,  radicación  19.960   

2  En  vigencia  del  Decreto  Ley  100  de  1980,  en los delitos contra el patrimonio  económico,  la  pena  se  aumentaba  de una tercera parte a la mitad, según el  artículo  372,  numeral  1  de  tal  codificación, cuando el hecho se cometía  sobre  cosa  cuyo  valor  fuera superior a cien mil pesos, o que siendo inferior  hubiere  causado  grave  daño a la víctima, atendida su situación económica.  Disposición  ésta respecto de la cual la Corte Constitucional consideró en la  sentencia  C-070  de  1996: La progresiva y ascendente  agravación  punitiva  para  los  delitos  contra  el  patrimonio económico, en  desmedro  de  la  libertad  personal,  sin ley previa que modifique la política  criminal,  por  efecto  exclusivo del fenómeno de pérdida de poder adquisitivo  de  la  moneda colombiana, y pese a la reducida lesión de los bienes tutelados,  es  irrazonable y vulnera el principio de proporcionalidad  entre la ofensa  y  la  sanción.  En  el caso sub-examine, una misma conducta típica, que recae  sobre  una  misma cosa, es sancionada más drásticamente, pese a no existir una  variación   legislativa   en   materia  de  política  criminal,  por  factores  extrajurídicos.  La desproporción de la ley penal se hace manifiesta aquí por  la  punición adicional derivada exclusivamente del paso del tiempo y del efecto  demoledor  de  la  inflación  sobre el valor del peso. Pese a conservar el bien  jurídico  tutelado  el  mismo valor de uso y la misma valoración jurídica, la  medida   de   la  sanción  aumenta  sin  razón  constitucional  relevante  que  justifique  este  aumento”.  Por lo que declaró la  exequibilidad    condicionada    de    esa    normativa   bajo   “cuando  el hecho se cometa sobre una cosa cuyo valor fuere superior  a  cien  mil pesos en términos de valor adquisitivo del año 1981, equivalentes  a 18.83 salarios mínimos legales mensuales”.   

    

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