30292(27-08-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 30292  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JOSÉ LEONIDAS BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado  acta No.  239    

Bogotá,     D.    C.,    veintisiete  de  agosto del año dos mil  ocho.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda de casación que presenta el defensor del procesado FREDDY  ALFONSO  DAZA  MISATH, contra la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  el  12 de diciembre de 2007 por el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Valledupar, mediante la cual lo  condenó como cómplice del delito de peculado por apropiación.   

ANTECEDENTES  

1.1.-  Los hechos  fueron declarados por el juzgador de la manera siguiente:   

“Revisado  el  expediente  se  constata  que  el  señor  Luis Rafael  Rocha  Díaz fue elegido popularmente como Alcalde del  Municipio  de  Chiriguaná –  Cesar  en  el  período  comprendido  del  primero  de  enero  de  1998 al 31 de  diciembre  del  año  2000,  el  que no terminó por problemas penales, como tal  vinculó   al   arquitecto   Freddy   Alfonso   Daza  Misath  mediante  contrato de consultoría para hacer  estudios  de  factibilidad y  prefactibilidad  y  presentarlos  ante  los fondos de cofinanciación del Estado  como  el  Fis,  el  Dri, Findeter y otros y ante ellos tratar de conseguir  recursos  para  cofinanciar  con el Municipio obras de tipo  social,  señor este que en años anteriores conoció al arquitecto Javier  Galán  Hernández  –natural  de Bucaramanga- en San José  del  Guaviare,  donde  tuvieron vínculos por la profesión y amistad y por ello  en  el  mes  de  octubre  de 1998 Galán Hernández, según su versión, estuvo en  Chiriguaná  por  dos  días  y  su  amigo  le presentó al burgomaestre y otros  empleados  de  la  Alcaldía,  se  regresó para su lugar de origen y no volvió  más  a  Chiriguaná,  sin  embargo,  la  Alcaldía  en  el  mes de mayo de 1998  solicitó  que  los  interesados  presentaran sus ofertas para unas obras que se  iban  a  realizar  en  el  Colegio  de Bachillerato del Corregimiento El Cruce y  aparece  el  arquitecto  Javier  presentando  los  documentos  respectivos  para  esas  obras, las que fueron  recibidas  en  la  secretaría  del Despacho del Alcalde  por la Secretaria  que  se  desempeñaba  como  tal,  es  así como recibidas varias propuestas, se  reunieron  el Burgomaestre Luis Rafael Rocha Díaz, el Secretario de Planeación  Erick  Johanes  Álvarez  Amaris, la Secretaria de Obras Públicas Sandra Lorena  Ordóñez  Vides, comité que escogió al Contratista Javier Galán Hernández y  por  eso  aparece suscribiendo los contratos 054 y 055 el 21 de mayo de 1998, el  primero        para       la       construcción         laboratorios    Colegio   Oficial   de   Bachillerato   Corregimiento  El  Cruce,  por  valor  de  $50.856.920  y  el  segundo  para  la  construcción         cerramiento  Colegio          Oficial  de  Bachillerato  Corregimiento  de El Cruce, Municipio de  Chiriguaná  Cesar,  por  la  suma  de  $31.196.920,oo  pero el convenio 054 fue  adicionado  por  la  suma  de $22.361.656,oo para un total de $73.218.156,oo que  era  el  presupuesto  inicial  oficial para esa obra, sin embargo lo poco que se  hizo  en  cumplimiento  de  los  convenios  estuvo  a cargo del maestro de obras  Pedro  Mendoza Hernández y  afirma   que   fue  contratado  por  el  arquitecto  Javier  Galán  Hernández,  presentando  varias autorizaciones, en tal sentido, y para verificar la cantidad  de  obra  terminada dos expertos del CTI de la Fiscalía, el 23 de abril de 2001  dictaminaron  que  el  monto  ejecutado  en  la  obra  del  Laboratorio  fue  de  $22.653.535,oo  aproximadamente,  equivalente al 44,54% aproximado del valor del  contrato  y  por  el  otro  el  monto ejecutado de la obra de cerramiento fue de  $11,960,675,oo,  aproximadamente,  correspondiente  al  37,24  %  aproximado del  valor   del   contrato,  por  lo  tanto,  también  fue  vinculado  Javier   Galán   Hernández  y  en  su  indagatoria   negó   haber   firmado   los   contratos   referenciados   y  las  autorizaciones  que  aparecen  en el expediente a favor del maestro de obras, lo  que  es  ratificado  por  el dictamen grafológico efectuado por la Fiscalía de  Bucaramanga,  el  6  de  julio  de  2001,  cuando  concluye  que  las  25 firmas  dubitadas  como del señor  Javier  Galán  Hernández,  que  obran  en  el expediente y que hacen parte del  soporte  de  los  contratos  054  y 055 de 1998 corresponden a imitaciones de la  firma  del  señor Javier Galán Hernández y por ende son apócrifas (folio 202  c.o. #3).   

     

“Es  de  anotar que la Secretaria de Obras  Públicas  Sandra  Lorena Ordóñez Vides,  en  la cláusula tercera de los contratos, tenía que ejercer la  función  de interventora de las obras, sin embargo el burgomaestre, mediante un  acto  administrativo  la  sustituyó  y  delegó esas  funciones  al  arquitecto  Freddy  Alfonso  Daza  Misath, quien rendía informes  sobre  la  ejecución  de las obras, según su decir, en la forma pactada, y por  otro  lado Sandra Lorena no estuvo pendiente de la ejecución de esos trabajos y  sin  embargo les colocaba su firma a las actas de entrega que hacían el maestro  de obras y el interventor”.   

1.2.-  Adelantada la fase correspondiente a  la  instrucción  y  previa clausura de ésta por parte de la Fiscalía Séptima  Seccional    Delegada    ante    los    Jueces    Penales    del   Circuito   de  Bucaramanga1,         el         21 de marzo de  2002   se   calificó   el  mérito  probatorio  del  sumario2   con   resolución   de   acusación   en  contra  de               los procesados  LUIS  RAFAEL  ROCHA  DÍAZ,  JAVIER  GALÁN  HERNÁNDEZ, SANDRA LORENA ORDÓÑEZ  VIDES,   ERICK   JOHANES   ÁLVAREZ  AMARIS       y       FREDDY   ALFONSO   DAZA  MISATH,       como       coautores      presuntamente     responsables  “de  los punibles de celebración  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  ejecutado en concurso  material,  homogéneo y sucesivo por los dos primeros sindicados y en las demás  circunstancias  de  tiempo, modo y lugar descritas en  las   motivaciones  de  este  proveído,  en  perjuicio  de  la  administración  pública”.   

Decidió         igualmente        “dictar  resolución  de acusación contra LUIS RAFAEL ROCHA DÍAZ,  JAVIER    GALÁN    HERNÁNDEZ,   FREDDY   ALFONSO   DAZA   MISATH  y  SANDRA  LORENA  ORDÓÑEZ VIDES, como coautores responsables  del  delito  de  peculado  por  apropiación,  ejecutado  en  concurso material,  homogéneo  y  sucesivo  con el mismo punible y de carácter heterogéneo con el  de  celebración  de  contrato  sin     cumplimiento  de  requisitos  legales, en las demás  circunstancias  de  tiempo,  modo y lugar referidas al motivar esta providencia,  en      perjuicio      de      la      administración      pública”.   

En  esa misma providencia decidió precluir  la  investigación adelantada contra JOSÉ NELSON PABA ROYERO por los delitos de  celebración  de  contrato sin cumplimiento de requisitos legales y peculado por  apropiación.   

Contra esta determinación la defensa de los  procesados  Javier  Galán  Hernández,  Sandra  Lorena  Ordóñez  Vides y Luis  Rafael   Rocha   Díaz,   interpuso   recurso  de  apelación  que  el  23  de  julio    de    2002  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal  Superior  de Bucaramanga,  resolvió  en  el  sentido  de   confirmar  la  acusación  proferida  por la primera instancia contra Sandra Lorena Ordóñez y  Rafael  Rocha  Díaz,  y  revocarla  con  relación  a Javier Galán Hernández,  respecto  de  quien  precluyó  la  investigación3.   

1.3.-  La  etapa  de  juicio  fue asumida por el Juzgado Penal  del  Circuito  de  Chiriguaná4,  Cesar,   en   donde  se  llevó  a  cabo  la  vista  pública5,   y  el  18   de   enero       de       2007,   se   puso   fin  a  la  instancia  condenando           a          los  procesados  LUIS  RAFAEL  ROCHA   DÍAZ   y   FREDDY   ALFONSO  DAZA  MISATH,  a    las   penas   principales   de   72   meses   de  prisión  y multa en  cuantía  de $ 37.061.212,  así  como a la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por  término  igual  al  de  la  pena  privativa de la  libertad,  al tiempo que  les    negó  la suspensión condicional de la  ejecución    de    la    pena    y   la   prisión  domiciliaria,    como  consecuencia       de      hallarlos  penalmente  responsables   del   delito   de   peculado  por  apropiación imputado en  la resolución de acusación.   

Igualmente,   condenó  a  SANDRA  LORENA  ORDÓÑEZ  VIDES,   a las penas principales de 36 meses de prisión y multa  en  cuantía  de  $  18.530.606.00,  como  cómplice  penalmente responsable del  delito  de  peculado por apropiación, al tiempo que le concedió la suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

Asimismo,        absolvió   a los procesados LUIS  RAFAEL     ROCHA     DÍAZ,     FREDDY  ALFONSO  DAZA  MISATH,  SANDRA  LORENA  ORDÓÑEZ VIDES y ERICK  JOHANES   ÁLVAREZ   AMARIS,   del  delito de celebración indebida de  contrato  sin  el  lleno  de  requisitos  legales  6.   

5.-   Recurrida   esta   decisión   por  la   defensa  de  DAZA  MISATH7 y ORDÓÑEZ  VIDES8,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Valledupar,   por   medio  del  fallo  proferido   el   12  de  diciembre     de  2007    resolvió  modificarla  en  el  sentido  de  condenar al procesado  FREDDY  ALFONSO  DAZA  MISATH  a las penas principales de 48 meses de prisión y  multa  en  cuantía  de  $37.061.212.00, e interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  término  de 5 años,  como consecuencia de encontrarlo  cómplice   penalmente  responsable  del delito de peculado por apropiación.   

Asimismo  absolvió  a  la procesada SANDRA  LORENA  ORDÓÑEZ VIDES de  los  cargos  que  le  fueron  formulados y confirmó en lo demás la providencia  recurrida,   al conocer en segunda instancia de  la          apelación          interpuesta9.   

6.-   Contra  la  sentencia de segunda  instancia,      el      defensor     del    procesado   FREDDY   ALFONSO   DAZA   MISATH   interpuso    recurso   extraordinario   de   casación10,  el cual  fue     concedido     por     el     ad     quem11    y    presentó    la  correspondiente               demanda12,  sobre cuya admisibilidad  se pronuncia la Corte.   

LA DEMANDA  

Con apoyo en las causales tercera y primera  de  casación,  dos cargos  formula  el demandante contra el fallo del Tribunal en los que lo acusa de haber  sido   proferido  en  juicio  viciado  de  nulidad  por  trasgresión   del  derecho   de   defensa  (primer  cargo),  y  en violación indirecta de la ley sustancial a consecuencia  de  incurrir  en  errores  de  hecho en la apreciación probatoria (segundo cargo).   

En  el  primer  cargo,  enunciado  como  principal,  sostiene que la  sentencia  fue  dictada  en juicio viciado de nulidad por violación del derecho  de  defensa,  la  cual se configuró “al no haberse  accedido  a  su petición  de  practicar  una  nueva  inspección  judicial con personal idóneo en el ramo  específico  de  la  ejecución de la obra, toda vez que era en el terreno mismo  de  los  hechos donde se realizaba la obra, la prueba  por  excelencia  para  que  mi  defendido hubiese podido ejercer el derecho a la  contradicción del informe”.   

Después      de      resumir  los  hechos  y de aludir  a la actuación llevada a cabo en las instancias, sostiene  que    “la   prueba  reina”           en          la    investigación    que   se   llevó   a   cabo   en   este   proceso,   es  el  informe del C.T.I. en el que se  plantea  que  en  la  ejecución  de  los  dos  contratos  no  se invirtieron la  totalidad     de    los    dineros    entregados    como    anticipo,  de  donde  se concluye que hubo una  apropiación de dichos dineros.   

Por  esto,  considera  que  para ejercer el  derecho  de contradecir dicho informe, era válida la solicitud de practicar una  inspección   judicial   en   el   terreno   de   los   hechos   “con  el  fin  de  poner  de  presente las condiciones físicas que  resultaban  tangibles  a  los  sentidos  y  sus  intereses  como  quiera que él  pretendía  mostrar  aquellas  condiciones  precarias  que  hacían  crítica la  compactación  del  terreno,  como  por ejemplo el altísimo nivel freático del  mismo,  que era una circunstancia totalmente desconocida al momento de hacer los  estudios de factibilidad  del  proyecto  y  que  al  ser descubierta  implicaba  un  notorio  desequilibrio  contractual al tener que  incrementarse  los  costos de la obra como consecuencia de esta falencia física  a   nivel   de   resistencia   o  compactación  física  del  suelo”.   

Por   esta   razón,  dice,  su  asistido  “exigía  la práctica de esa prueba que resultaba  no  sólo idónea desde el marco referencial de la pertenencia sino de su propia  defensa,  si  tenemos  en  cuenta  que esa falla en la consistencia del suelo se  tradujo   en   la   necesidad   de   realizar   unos  trabajos  que  no  estaban  previstos”,  la  cual,  pese  a ser imperiosa para  ejercer el derecho de defensa, no le fue decretada.   

Sostiene  que  de  haberse practicado dicha  prueba,  su  defendido estaba en posibilidad de explicar sobre el terreno que no  hubo  apropiación  indebida  de  esos  faltantes,  sino  que  dichos dineros se  invirtieron  en  otros  componentes de la obra que se  presentaron  de  manera  imprevista  en  la  ejecución  del  contrato  y que no  figuraban en el plano o diseño original.   

En  lo  que  el  casacionista  denomina         “alcance  de  la nulidad”, refiere que  la  pretensión que expone, tiene plena justificación por las implicaciones que  el  hecho  que  la origina tuvo en el derecho de defensa, y que se tradujo en el  sentido  del  fallo,  pues  de  haberse  accedido a la práctica de la prueba su  defendido  estaba  en  la  posición  de  haber podido explicar que en   realidad   no   se  presentó  un faltante de dinero, sino  que    lo    ocurrido    fue     un  hecho  extraordinario e imprevisto que forzosamente había que  enfrentarlo    a    través    de   unos   gastos   extras   para   precaver  el  eventual levantamiento de  muros,   dando   la   solución   que  corresponde  ante  una  falta de compactación física del terreno.   

      

Con fundamento en lo expuesto solicita casar  la  sentencia  recurrida y decretar la nulidad de lo actuado a partir del cierre  de investigación.   

   

SEGUNDO         CARGO           (subsidiario).  Error de  hecho por falso juicio de existencia por omisión.   

Manifiesta que el yerro tuvo lugar porque el  juzgador  dejó  de  apreciar  la  declaración de Pedro Mendoza, la cual obra a  folio  2  del  cuaderno  original  No. 3, “quien en  calidad  de  maestro  de  la  obra  explicó el hurto de muchos elementos que se  había  cometido  sobre  la  obra,  anexando  la respectiva denuncia sobre estos  hechos”.   

Como  consecuencia  de  ese “error   esencial   de   hecho”,  el  Tribunal   incurrió  en  violación  indirecta  por  aplicación  indebida  del  artículo  397  del  C.P.  que  tipifica el delito de peculado por apropiación,  cuando  lo  correcto habría sido la aplicación del principio in dubio pro reo,  que   no   fue  aplicado,  pese  a  que  en  estas  circunstancias  no  existía  la  certeza requerida  para  haber  condenado a su  patrocinado.   

Con  la  pretensión de demostrar el cargo,  sostiene   que   la   “prueba   reina”  del proceso está determinada por el informe del CTI donde se  establece  el  aparente  faltante  de la inversión de la obra, y su imputación  como  apropiación  ilícita  por  parte  de  su asistido, por haber sido él la  persona  encargada  de  avalar  las  actas  de  pago  parcial de lo que se fuera  construyendo,   en  su  calidad  de  interventor  de  la  misma,  y  dicha conclusión fue definitiva para  fundamentar su condena.   

Afirma  que  la inspección judicial que se  llevó  a  cabo  para  rendir  el informe, “se hizo  demasiado  tarde cuando la obra se encontraba no sólo suspendida formalmente en  forma  definitiva,  es decir, por acta que suscribía el contratista y el señor  Alcalde,  debido  a  los incumplimientos del Municipio en la cancelación de los  pagos,  sino  que  se  encontraba  totalmente  abandonada,  expuesta a todo tipo  de    riesgos  y  sometida  al  deterioro  normal que ello implica con el  deterioro   así   mismo   de   los   valores   invertidos  en  ella,  debiendo  agregar  que  la  misma  fue  objeto  de  saqueos por  vándalos  como  lo declara el maestro de obra PEDRO MENDOZA quien anteriormente  ya  había  denunciado  estos  hurtos,  aportando  fotos  de la viga de concreto  perimetral  que constituía el soporte físico de la malla para el encerramiento  la  cual  fue  hurtada  en su totalidad en el mes de octubre de 1998”.   

No  obstante,  dice,  esta declaración fue  desconocida  en la sentencia de condena, configurando con ello un error esencial  de  hecho,  si  se tiene en cuenta que en dicha declaración refiere la pérdida  de  unos  elementos muy costosos en los términos del contrato, a lo que se suma  el  pésimo  estado de abandono en que se encontraba la obra cuando se practicó  el informe del CTI.   

Es  decir,  dice,  el  señor  MENDOZA  es  explícito  en  declarar  sobre  las contingencias se  presentaron  en la realización parcial de la obra y  en  el saqueo de la misma, lo cual es importante para  determinar   si   realmente  se  presentó   una   apropiación   de  recursos,  si  se trató  de    sobrecostos  que se presentaron por la  necesidad  de  atender  unos imprevistos que súbitamente surgieron debido  a  las fallas de compactación  del  terreno,  o si esos  faltantes  obedecen  al saqueo de la construcción como fueron denunciados en su  oportunidad.   

Anota  que  al  haberse   omitido   la   citada   prueba,   se  desconocieron  los  recursos        invertidos   y   que   fueron   hurtados,  presentándose  una  duda  acerca  de si realmente se  presentó    un  faltante,  o  si  por  el  contrario  el menor valor de lo encontrado se debe al  valor  hurtado  de  los  elementos  señalados  y que fueron desconocidos por la  sentencia.       

Considera que de esta manera se llega a una  incertidumbre  sobre un aspecto de la investigación que debía estar plenamente  probado,  como  es  la  real  cuantificación  del hecho, en este caso del valor  económico  de  lo  presuntamente  apropiado,   o  lo  que  es  lo mismo la  existencia    del    hecho    punible,  ya  que  resulta extravagante pretender formular una imputación  de   responsabilidad  cuando  no  se  tiene  certeza  sobre  la  ocurrencia  del  hecho.   

En el acápite que denomina “trascendencia   y   alcance   del   error   de   hecho”,  manifiesta  que  si  se  toma en  cuenta  que  la Fiscalía ordenó practicar una inspección judicial al sitio de  los  hechos con el fin de cuantificar los distintos renglones o variables que se  requería  para la construcción del encerramiento y del laboratorio, era porque el sentido común así lo  aconsejaba  por  corresponder  a  la  metodología  específica para precisar si  realmente  los dineros de los anticipos habían sido invertidos en la ejecución  de    los   contratos.  También  resultaba   importante  valorar   todo   aquello   que   de   una   u   otra   forma   incidiera    en    la    cuantificación,  “lo  que  permite colegir que el error de hecho en  la  omisión de valorar la denuncia y declaración del maestro de la obra permea  la  totalidad  del  sentido  del fallo, como quiera que recae sobre el  aspecto  vital  del  injusto y por  ende     de     la    declaratoria    de    responsabilidad    penal”.   

Agrega  que  el  informe  de la inspección  judicial  practicada al sitio de los hechos, se  realizó aproximadamente a  los  30  meses  de haberse dispuesto formalmente la suspensión definitiva de la  obra   por   los   sucesivos   incumplimientos   del   municipio  en  hacer  los  aportes.   

Sostiene     que     “el  Municipio no canceló un solo centavo del que le correspondía  por  mandato del convenio,  lo  que  se  tradujo  en  el  factor  definitivo  para  que  la  obra se hubiera  suspendido  provisionalmente  en  4  oportunidades hasta llegar a la suspensión  definitiva  que  implicó  su  abandono  total   y  su respectivo deterioro  físico  y  monetario  a tal extremo que fue la negligencia en el incumplimiento  de   sus   aportes   que   el   contrato   no   se   llevó  a  la  fase  de  la  liquidación”.   

Anota que en el informe de gestión rendido  por  su  defendido,  éste  reiteraba la  necesidad de asignar los recursos  para   la   terminación   de  la  obra,  pues  a  medida  que el tiempo avanzaba la situación se tornaba  más  difícil  por el incremento de los precios, y de manera subsidiaria que se  procediera  a  la  liquidación  del contrato, ninguna de cuyas solicitudes tuvo  respuesta    de    parte    del    Alcalde   de   la   época,   “porque  él,  más  que  nadie,  sabía que era el Municipio quien  había incumplido con sus aportes”.   

En su criterio, de no haberse presentado ese  error  esencial de hecho, resultaba imposible establecer si realmente existió o  no  la  apropiación  de  los  recursos, y como dicha incertidumbre no        era       posible  eliminarla  con  otra prueba,  impide   llegar  al  grado  de  certeza  sobre  la apropiación,  “entre  otras  razones  porque el  contrato  nunca  se liquidó y como tal resultaba imposible determinar el estado  de   cuenta   de   los   contratantes”.           Considera  que  dentro de la lógica de  lo  razonable, resultaba  acertado  haber  concedido  el beneficio del in dubio pro reo, cuyo principio se  dejó  de  aplicar  y  ello  se  tradujo  en  una  aplicación  indebida  de  la  disposición que tipifica el peculado.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte   casar   la   sentencia   objeto  de  recurso  y  absolver a su cliente de los cargos que le fueron  formulados.                          

SE CONSIDERA:  

1.-          Reiteradamente  la  Corte ha             indicado   que  la  casación  no  es  instancia   adicional   que  permita  presentación  informal  de  argumentos de disentimiento contra los  fallos   de   segunda   instancia,   ni   constituye  una    prolongación   del   juicio   en  que  se  posibilite  continuar  el  debate    fáctico    y    jurídico    propio    del   trámite   regular   del  proceso.   

Insistentemente    ha   precisado   que  su         postulación         debe   obedecer   a   la  denuncia  y  demostración  de  haber  sido  transgredida la ley con el fallo, y que  el  escrito a través del cual se  ejerce        necesariamente       debe   cumplir   rigurosos   requisitos   de  forma  y  contenido,  establecidos    por    el   artículo   212   del   Código   de   Procedimiento  Penal, a fin de que pueda  superar  el  juicio  de  admisibilidad  al  trámite  extraordinario    que    le    compete    realizar    a   la   Corte.   

Entre  dichos            presupuestos,    se  encuentra  la  obligación  de  presentar  precisa  y claramente los fundamentos  fácticos  y  jurídicos  del  motivo  de  casación  que  se  aduce,  para  lo  cual  debe  tomarse  en  cuenta  que  cada    causal   tiene   naturaleza  autónoma, por lo mismo se  halla   sometida   a  parámetros  demostrativos  propios  y  distintos  de  las  demás,    y  que  su  configuración  trae  aparejada consecuencias de  diversa índole para el proceso.   

En   relación  con  la  causal  primera,  la Sala tiene establecido  que  cuando  se  acude a  la    violación   indirecta   de   disposiciones  de  derecho  sustancial,  para denunciar la configuración de errores de hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por omisión de la  prueba,  compete  al casacionista concretar no solamente la parte del expediente  en  que  se  ubica  ésta, sino indicar qué objetivamente se establece de ella,  cuál  el  mérito  que  le  corresponde  siguiendo  los  postulados  de la sana  crítica,  y cómo su estimación conjunta con el arsenal probatorio que integra  la  actuación,  da lugar a variar las conclusiones del fallo, y en relación de  determinación   la  norma  de  derecho  sustancial  que  mediatamente  resultó  excluida  o indebidamente aplicada, es decir, debe demostrar, cómo, de no haber  ocurrido  el yerro, el sentido del fallo habría sido sustancialmente distinto y  opuesto  al  impugnado, integrando de esta manera la proposición del cargo y su  formulación completa.   

Esta  tarea  comprende  la  obligación  de  realizar  un  nuevo  análisis del acervo probatorio en que se corrija el error,  sea  valorando  las  pruebas  omitidas, cercenadas o tergiversadas, o apreciando  acorde  con  las reglas de la sana crítica aquellas en cuya ponderación fueron  transgredidos  los  postulados  de  la  lógica,  las  leyes de la ciencia o los  dictados  de  experiencia;  y,  de  ser  ese el caso, excluyendo las supuestas o  ilegalmente allegadas o valoradas.   

Todo  ello  no  debe ser realizado de manera  insular,  sino en confrontación con lo acreditado por las pruebas acertadamente  apreciadas,  tal  como  lo  ordenan las normas procesales establecidas para cada  medio  probatorio  en  particular  y  las  que  refieren  el  modo  integral  de  valoración,  y  en  orden  a  hacer  evidente  la  falta  de  aplicación  o la  aplicación  indebida  de un concreto precepto de derecho sustancial, pues es la  demostración  de  la  transgresión  de  la  norma de derecho sustancial por el  fallo,   la   finalidad   de   la   causal   primera   en  el  ejercicio  de  la  casación13.     

Del  mismo modo, en tratándose de la causal  tercera   o   de   nulidad,  la  jurisprudencia  tiene  por  sentado14,  que los  motivos  de  ineficacia  de  los  actos procesales no son de postulación libre,  sino  que  por  el  contrario  se  hallan  sometidos al cumplimiento de precisos  principios que los dotan de sentido y los hacen operantes.   

De  acuerdo con éstos, solamente es posible  alegar   las   nulidades   expresamente   previstas   en  la  ley  (taxatividad);  no  puede  invocarlas  el  sujeto  procesal  que  con  su  conducta haya dado lugar a la configuración del  motivo   invalidatorio,   salvo   el   caso  de  ausencia  de  defensa  técnica  (protección);  aunque  se  configure  la  irregularidad,  ella  puede  convalidarse  con  el consentimiento  expreso  o  tácito  del  sujeto perjudicado, a condición de ser observadas las  garantías  fundamentales  (convalidación);  quien  alegue  la  nulidad está en la obligación de acreditar  que  la  irregularidad  sustancial afecta las garantías constitucionales de los  sujetos  procesales  o  desconoce las bases fundamentales de la instrucción y/o  el      juzgamiento     (trascendencia);  y, además, que no existe otro remedio procesal, distinto de la  nulidad,    para    subsanar    el   yerro   que   se   advierte   (residualidad).               

De      manera      que,  en sede  de  casación,  no  basta  con  solamente  invocar la existencia de un motivo de  ineficacia  de  lo  actuado,  sino  que compete  al demandante, precisar el  tipo  de  irregularidad  que  alega, demostrar su existencia, acreditar cómo su  configuración   comporta   un   vicio  de  garantía  o  de  estructura,  y  la  trascendencia  frente  al  fallo cuestionado. Si lo que se persigue es denunciar  la   presencia  de  varias  irregularidades,  cada  una  de  ellas  con  entidad  suficiente  para  invalidar la actuación o parte de ella, resulta indispensable  que  se  sustenten  en  capítulos  separados  y de manera subsidiaria si fueren  excluyentes,  pues  sólo  así  puede  acatarse  la  exigencia  de  claridad  y  precisión  en  la  postulación  del  ataque  y  respetarse  los  principios de  autonomía     de     los     cargos    y    de    no-contradicción.   

Pero  además, también la jurisprudencia de  esta  Corte15  ha  sido  insistente en indicar que cuando en sede extraordinaria  se  postula  violación del principio de investigación integral por omisión en  la  práctica  de  pruebas, para que el ataque pueda entenderse completo resulta  indispensable  concretar  en  la demanda los medios de prueba que fueron dejados  de  practicar  por  el  funcionario  instructor;  demostrar la procedencia de su  práctica; y, finalmente, acreditar su trascendencia.   

La   primera   exigencia  implica  que  el  demandante  debe  señalar,  en  concreto,  las  pruebas  que  los  funcionarios  judiciales  soslayaron  en  su  recaudo, y no limitarse a consignar afirmaciones  generales  sobre  la  existencia  de  una  supuesta  inactividad probatoria, sin  descender al campo de las concreciones.   

La segunda, dice relación con los conceptos  de  conducencia,  pertinencia, racionalidad y utilidad de la prueba o pruebas no  practicadas,  e  implica  acreditar  que  son legalmente permitidas; que guardan  relación  con  los  hechos,  objeto  y  fines  de  la  investigación;  que son  razonablemente  realizables;  y,  que  no  son  superfluas.  La  tercera, impone  confrontar,  dentro  de un plano racional de abstracción, el contenido objetivo  de  las  pruebas  omitidas  con las que sustentan el fallo, en orden a demostrar  que  sus  conclusiones  sobre  los  hechos  o  la  responsabilidad del procesado  habrían    sido    distintas    y    opuestas    de    haber   sido   aquéllas  practicadas16.   

“Se     hace     esta     primera  precisión,     ha     sido     dicho,   para  dejar  sentado que la demostración de esta especie  de  reparo  no  se  agota  con  el  simple  señalamiento de las pruebas que los  funcionarios   judiciales   omitieron   practicar  en  concreto  dentro  de  una  determinada  investigación,  ni mucho menos en la presentación de una variedad  de  hipótesis  probatorias producto de la capacidad imaginativa del demandante,  sobre  las que se especula a partir de la certeza de los resultados del proceso,  sino  en el cumplimiento claro y preciso de los requerimientos que vienen de ser  indicados.   

“Sostener  que  las  cosas habrían sido  distintas  si  la  investigación se hubiese enderezado en tal o cual sentido, o  hubiesen  sido  practicadas tales o cuales pruebas, o que se violó el principio  de  investigación  integral  porque  las  pruebas  que  teóricamente  podrían  haberse  recaudado  no  se  realizaron,  nada demuestra. Es necesario acreditar,  frente  al  caso  concreto,  que  las  pruebas  omitidas  surgían  necesarias o  trascendentes   para   la   definición  del  asunto,  que  eran  jurídicamente  procedentes,  que  eran  materialmente realizables, y que dejaron de practicarse  por   inactividad  endilgable  a  los  funcionarios  judiciales  encargados  del  adelantamiento  de  la  investigación”17.   

Lo  anterior  por  cuanto  las  nulidades no  surgen  por  la  sola  circunstancia  de haberse incurrido en una irregularidad,  sino  porque  habiéndose  configurado el desacierto y siendo éste de carácter  sustancial,  afecta  realmente  garantías de los sujetos procesales o desconoce  las bases fundamentales de la instrucción o juzgamiento.   

2.-  En  el presente caso, resulta evidente  que  ninguno  de  los  cargos  propuestos  en  la  demanda  formulada  contra la  sentencia  impugnada,  logra  cumplir  estas  exigencias  básicas.  La falta de  claridad,     precisión     y    de    debida    sustentación,    cuando       no      manifiesta  ausencia  de  corrección  material, son el elemento  común  en cada uno de ellos. Las inconsistencias de fundamentación y técnicas  son  de  tal  magnitud y entidad, que impiden establecer el verdadero alcance de  la  pretensión,  lo  que determina que el libelo  no pueda ser admitido al  trámite  casacional  con  miras a un pronunciamiento de fondo, en términos que  seguidamente pasan a precisarse.   

2.1.-  Como  se  recuerda  del  resumen  que se hizo de la demanda, en  la       primera      censura      -postulada   al   amparo   del   motivo   tercero  de  casación-,  se  denuncia  que  la  sentencia  resulta viciada de  nulidad   por  haberse  violado  el  principio de investigación integral como componente del derecho de  defensa,  al  sostener  el casacionista que se dejó de practicar una diligencia  de  inspección  judicial  sobre  el  terreno de las obras contratadas, a fin de  establecer  “el  altísimo  nivel  freático”  de la superficie, que ello se  tradujo  en la necesidad de realizar unos trabajos que no habían sido previstos  originalmente  y  que  por  tanto no hubo apropiación indebida de recursos sino  que dichos dineros se invirtieron en otros componentes.   

A este respecto es de decirse que la censura  no     trasciende     su     sólo    enunciado   en   cuanto   carece   de  desarrollo  y  demostración  con el rigor exigible en sede extraordinaria, toda  vez  que  el  casacionista  no  mencionada  para  nada  el  cumplimiento  de los  presupuestos           de          pertinencia,          conducencia,   aptitud  demostrativa,  utilidad,  posibilidades  de  realización  y trascendencia del medio que extraña, lo cual  hace  que  el cargo así presentado resulte inidóneo para admitirlo al trámite  casacional por presentar insuperables vacíos de fundamentación.   

Esto  por  cuanto, como ha sido dicho por la  Corte,  incluso  en  la  providencia  que  párrafos  arriba se evoca y ahora se  reitera,  “el  vicio  que  concita  la nulidad por  inactividad  investigativa  no se demuestra afirmando simple y llanamente que la  investigación  dejó  de  incorporar  determinadas  pruebas,  sino explicando y  acreditando  que  los  medios  que  dejaron  de  practicarse  eran  necesarios o  importantes  para  resolver el asunto, que su práctica estuvo al alcance de los  funcionarios  investigadores,  que  nada se hizo, o que no se hizo lo suficiente  para    allegarlas,    y   desde   luego,   que   su   práctica   es   todavía  posible”.   

Si el libelista  guarda silencio sobre  dichos   presupuestos,  ninguno  de  los  cuales  puede  suponer  la  Corte  sin  trasgredir  el  carácter  técnico,  lógico y rogado que la casación ostenta,  carece  de  sentido  decretar  la  nulidad  que reclama con el fin de ordenar la  práctica  de  una  prueba de la cual se desconoce no  solamente       sus       posibilidades      de  realización   sino  la  importancia  que  podría  tener  en  la  definición  del asunto, pues no puede  olvidarse  que  uno  de los reparos que el recurrente  formula  al  informe  del  CTI  rendido con ocasión  de   la  diligencia  de  inspección judicial practicada en el lugar en que  habrían  de  realizarse  las  obras  contratadas,  es que el mismo se presentó  “aproximadamente  a  los  30  meses  de   haberse  dado  formalmente  la  suspensión  definida  de  la  obra”18,    lo   cual   implicó  “su  abandono  total  y  su  respectivo  deterioro  físico  y monetario”, condiciones en las cuales la  utilidad      de      la     prueba     queda     en     entredicho.        

Pero aún si la Corte llegase a suponer que  la  propuesta  impugnatoria  es  formalmente  completa, se advierte que la misma  resulta   insubstancial,  en  cuanto  los  sentenciadores  sí  consideraron  la  hipótesis   defensiva  presentada   a  favor  de  DAZA  MISATH,     relativa     a    la    necesidad    de    realizar    obras  adicionales,   sólo  que  no  le  confirieron  el  mérito  persuasivo que el casacionista  reclama.   

Tanto  es  esto,  que  en  el  fallo  de primera instancia el juzgador  hizo  alusión  a  la  petición que el presunto contratista hizo a la Alcaldía  Municipal     en   el   sentido   que  se  le  aprobara  la  realización  de obras adicionales a las inicialmente pactadas, en  los siguientes términos:   

“Con  fecha  julio  2  de  1998  aparece  comunicación  dirigida  al  alcalde  ROCHA  DÍAZ donde la contratista solicita  aprobación   de   obra   adicional   para   terminación  de  los  laboratorios  por   valor   de   $22.361.656,25   de   acuerdo  a  descripción  técnica de los ítems y que cuenta con el visto bueno del jefe de  planeación  ÁLVAREZ  AMARIS,  del alcalde ROCHA DÍAZ y la firma de la jefe de  obras públicas, foliso 190 y 191.   

“Con fecha 21 de julio de 1998 se profiere  la  resolución  No.  268  en  la que el alcalde LUIS RAFAEL ROCHA DÍAZ aprueba  mayores  cantidades  de  obra  de  acuerdo  a  la solicitud del contratista y su  apropiación  presupuestal se hará con cargo al proyecto 62B del presupuesto de  la      vigencia     1998,     folio     189”19.    

Pese  a que esto resulta de suyo suficiente  para  denotar  la  falta  de  sustento  objetivo en la censura, debe decirse que  para  que  la  propuesta  del  censor tuviera alguna  coherencia   lógica,  le     resultaba    indispensable    confrontar  sus asertos con    las  consideraciones        del        sentenciador    para   proferir   fallo   de   condena.  Como  no  lo hizo dejó de advertir que el sentenciador tuvo en  cuenta    que    el    contrato   y   demás  documentos que respaldarían la  ejecución    de   las  obras,      son  espurios,  y  que  dicha  falsedad   fue   el  mecanismo  ideado  y  utilizado  para    la   ilícita  apropiación    de   los   recursos   del   erario  municipal:   

“Establecido   como   quedó,  que  los  documentos  a  través  de los cuales el nacimiento, ejecución y suspensión de  la  obra,  le  fueron falsificados a JAVIER GALÁN HERNÁNDEZ y que el nombre de  aquél  fue burdamente utilizado para llevar fraudulentamente dichas actividades  en   las   cuales  tuvieron  intervención  directa  los  tres  señores  arriba  mencionados,  no  cabe  otra  conclusión  que  la  de  inferir que existió una  verdadera  confabulación  entre aquellos, plagada de autorizaciones, documentos  y    actas    que   aparecen   firmadas  por  JAVIER  GALÁN  HERNÁNDEZ, cuando está probado que aquél  jamás          suscribió        dichos  documentos.   

“En  este orden de ideas, estamos ante la  presencia  de  un contratista ficticio, fantasma que si bien es cierto acudió a  esta  municipalidad,  traído de las selvas del Guaviare por FREDDY ALFONSO DAZA  MISATH  y  presentado  al  ex alcalde ROCHA DÍAZ, esto no es indicativo que él  haya  suscrito los contratos, las evidencias nos indican que nunca apareció por  el  lugar de la respectiva obra, como tampoco designó a un maestro de obra para  desatenderse      de      aquella.      Todo      fue     una     maña  ideada  por  FREDDY  DAZA  MISATH  interventor  de  la  obra  quien era el encargado de vigilar el cumplimiento del  contrato  y  decidió  apersonarse  de  la  obra  utilizando el nombre de GALÁN  HERNÁNDEZ  donde  ésta  nunca realizó acto de contratación, nunca le pagaron  un  peso por los contratos asignados, sino que fue el maestro de obra quien para  el  efecto  también  fungió como administrador y que el que recibió el dinero  como  si  fuera propio seguramente para entregárselo a ROCHA DÍAZ quien era su  amigo                  personal”20.         

         

Como el casacionista  no dedica espacio  alguno  a controvertir estas consideraciones del fallo, ningún sentido tendría  establecer  si  el terreno sobre el que se inició la  construcción  del laboratorio del colegio presentaba  o  no  un  nivel    freático   alto,   que   ameritara  la  necesidad    de   realizar    obras   adicionales   a   las  inicialmente  contratadas,  pues   una  tal  argumentación  sólo  podría resultar admisible si en la  sentencia   no   se   hubiese   dejado  expresamente  consignado  que  la  investigación  estableció  la  falsedad  de  la  documentación contractual, de modo  que    el    aludido  contrato    de   obra  nunca   pudo  haber  nacido  a  la  vida  jurídica  “porque      simplemente      jamás      hubo  contratista”.     

Es   precisamente   por   razón   de  la  desconexión  entre  los  argumentos  del  casacionista  y la objetividad que la  sentencia  ofrece,  que aquél pretende justificar la solicitud de anulación de  lo  actuado  en la particular consideración de que a su asistido se le impidió  acreditar  que  el  nivel  freático alto del terreno sobre el que se habría de  construir    el   laboratorio   del   colegio   indicaba   que   “realmente  estábamos  frente  a  una circunstancia extraordinaria  que  modificaba  sustancialmente  el  equilibrio  en  términos  económicos del  contrato   y   exigía  unos  sobrecostos  para  garantizar  la  calidad  de  la  obra”,  pues ello sólo podría resultar admisible  si   el  sentenciador  hubiere  declarado  la  validez  del  contrato  y  no  su  falsedad.   

Se    evidencia    así    que  la  demanda resulta sustancialmente inidónea para desvirtuar  la  doble  presunción de acierto y legalidad que ampara la sentencia de segunda  instancia,  la  cual,  en  los  términos del libelo  permanece       inconmovible,      pues,  precisamente por no combatir las  consideraciones  que  allí  se  exponen  por  parte  del juzgador, no   logra   superar  el  juicio  de  admisibilidad  al trámite casacional.   

2.2.- Esta misma  situación  de desapego por la naturaleza extraordinaria del recurso  y  la  objetividad de éste, concurre  respecto   del  segundo  cargo  que  el  demandante  formula,  en  el  cual  denuncia que el sentenciador incurrió en error de hecho  por  falso juicio de existencia por dejar de apreciar  la  declaración  rendida  por  Pedro Mendoza,   quien,  en  palabras del recurrente, “en  calidad  de  maestro  de  la  obra explicó el hurto de muchos  elementos  que se había cometido sobre la obra, anexando la respectiva denuncia  sobre estos hechos”.   

No se percata, que el juzgador sí ponderó  el  medio de convicción a que se alude en la demanda, sólo que no le confirió  el  mérito  que  el  casacionista  reclama, y que, en tal medida, el reparo que  propone, cae en el vacío.   

   

Para  demostrar  lo  que viene de anotarse,  baste  con traer a colación el siguiente aparte del fallo de primera instancia,  que  para  los  efectos  de  la casación se integra al de segunda, formando una  unidad       jurídica       inescindible  en  aquellos aspectos que no hubieren sufrido modificación  con ocasión de la alzada interpuesta:   

“Las pruebas documentales allegadas con la  denuncia,  y  el  informe  de  la  Contraloría  General  de  la Nación eran de  por  sí  lo            suficientemente     dicientes     y     graves     como  para no dudar de la configuración de conductas atentatorias  contra  el  bien jurídico de la administración pública. Que de acuerdo con el  avance  de  la  investigación  y  de las pruebas sobrevinientes que  empezaron  a  llegar empezó a dejarse ver en toda su magnitud a  medida  que fueron llamados a rendir versión libre de apremio aquellas personas  que   de   una   u  otra  forma  fueron  vinculadas  en  los  hechos  motivo  de  investigación   y   que  fueron  llegando  al  instructivo  diferentes  pruebas  periciales y testimoniales.   

“Al plenario llegó la versión entregada  por  el  supuesto  contratista  el  arquitecto  JAVIER  GALÁN HERNÁNDEZ, quien  asegura  que  él  jamás  presentó  oferta,  ni  contrató con el Municipio de  Chiriguaná,  ni  inició,  ejecutó  o  supervisó  obras  de  ningún tipo con  aquella  administración  municipal, ni mucho menos recibió dinero mostrándose  sorprendido  en  los  documentos en que aparece firmando el contrato, diferentes  actas,  otorgando  poderes  y  demás  relacionadas  con  su supuesta labor como  contratista.   

“Esta   declaración,  avalada  por  el  respectivo  dictamen  grafológico que obra dentro del proceso, es circunstancia  indicadora  de  una  falsedad que pudo haberla realizado el ex burgomaestre LUIS  RAFAEL  ROCHA  DÍAZ,  el  interventor  de  la  obra  FREDDY ALFONSO DAZA MISATH  y    el    maestro    de    obra   PEDRO   MENDOZA  HERNÁNDEZ  cuando  afirman  que  el  señor  JAVIER  GALÁN  HERNÁNDEZ  fue  elegido para realizar la obra en el punto conocido como  El  Cruce  a  las   afueras  de  la  localidad de Chiriguaná. Todos  los  dichos  de estos tres personajes son falaces, falsos y  mentirosos”  21 (se destaca).   

Además  de  la  manifiesta  carencia  de  sustento     objetivo     en     el    reparo    que    el    casacionista  formula,  con  lo  cual denota  distanciamiento  con  el  deber  de fidelidad que las partes deben a la realidad  que  la actuación ofrece, es lo cierto que el censor  tampoco  indica  cómo  el presunto hurto de elementos de la obra, supuestamente  denunciado  por  el  testigo, tendría la posibilidad de convertir en auténtico  un     contrato     probadamente     espurio,   de   manera   que   pudiera  ser  liquidado,  ya  que  en  su  concepto  este  procedimiento  “se  hacía  necesario  para  saber  en  definitiva  quién  debía a quién y de esta manera  si  el  Municipio  resultaba airoso podía exigir las  pólizas  de cumplimiento, como se los planteó mi defendido en el informe sobre  su  gestión  donde  reiteraba  la  necesidad  de  asignar  los recursos para la  terminación     de     la     obra”22.   

Lo ofrecido en el  libelo,     no     es,    entonces    la   intencionalidad   concreta   de   demostrar   que   el  fallo  transgredió  normas  de  derecho  sustancial,  juicio  para  el  cual  ha  sido  instituida   la   casación,  sino  oponerse  a  su  cumplimiento  mediante  una  exposición  particular  sobre  cómo  ha  debido decidirse la causa conforme al  alcance  persuasivo  que,  en  su  criterio,  poseen  algunos  medios  de prueba  allegados al proceso.   

Se      observa      así,   que en lugar de ajustarse  a  los presupuestos de admisibilidad legalmente establecidos, la libelista acude  a  este instrumento extraordinario como forma de prolongar el debate para lograr  una   revaloración   probatoria   por  fuera  de  la  llevada  a  cabo  por  el  sentenciador,  desconociendo  que  el  proceso  concluyó  con el  fallo de  segundo  grado, hallándose a estas alturas amparado por la doble presunción de  acierto   y   legalidad,   la   cual  era  de  su  carga  desvirtuar    y    lejos    está   de   poder  lograr.   

3.- Siendo entonces ostensibles los defectos  que  la  demanda  acusa,  pues, como se deja expuesto, de ella no se desentraña  precisa  y  claramente  los fundamentos de las causales invocadas, y no pudiendo  la  Corte  corregirla  por  virtud  del  principio  de  limitación  que rige su  actuación,  lo  procedente  será  inadmitirla,  declarar desierto el recurso y  ordenar  la  devolución  del expediente al despacho de origen, conforme así se  establece  de los artículos 197 del decreto 2700 de 1991 y 213 de la ley 600 de  2000.   

Esto  último,  si  se  considera  que de la  revisión   de   lo   actuado   tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

Contra  estas  decisiones no procede recurso  alguno.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del procesado  FREDDY  ALFONSO  DAZA  MISATH, por lo  anotado  en  la  motivación  de este proveído. En consecuencia se DECLARA     DESIERTO    el recurso.     

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ      LEONIDAS     BUSTOS  MARTÍNEZ                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS           AUGUSTO J. IBÁÑEZ  GUZMÁN   

JORGE       LUIS       QUINTERO  MILANÉS                                   YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

JULIO       ENRIQUE       SOCHA  SALAMANCA                 JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

Comisión de servicio  

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 Fls.  245 cno. 3   

2 Fls.  294 y ss. cno. 4   

3 Fls.  7 y ss. cno. 5   

4 Fls.  47 cno. 5   

5 Fls.  199 y ss. cno. 5   

6 Fls.  491 y ss.  y 531 cno. 5   

7 Fls.  530 cno. 5   

8 Fls.  534 cno. 5   

9 Fls.  79 y ss. cno. Trib.   

10 Fls.  95 cno. Trib.   

11  Fls. 108 y ss. cno. Trib.   

12  Fls. 121 y ss. cno. Trib.   

13  Cfr. Cas. agosto 6 de 2002. Rad. 19330   

14  Cas. Agosto 1º de 2002. Rad. 12091   

15  Cfr. por todas, Cas. de 11 de julio de 2007. Rad. 27778.   

16  Cfr. cas. de 27 de febrero de 2001. Rad. 15402   

17  Cfr. Sentencia de casación. Mayo 4 de 2006. Rad. 22328.   

18 Fl.  133 cno. Trib.   

19 Fl.  495 cno. 5   

20 Fl.  501 cno. 5   

21 Fl.  500 cno. 5   

22  Fl., 133 cno. Trib.     

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