23086(03-04-08)

2008

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 23086  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JAVIER ZAPATA ORTIZ  

Aprobado Acta No. 78  

Bogotá, D.C., tres  (3) de abril de dos  mil ocho (2008)   

D   E   C   I   S   I  Ó  N   

Resolver   la   acción  extraordinaria  de  revisión,  formulada  por  prescripción   de   la   acción  penal  contra  los  fallos  emitidos  por  el  Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de  Medellín,   el   6   de   septiembre  de  2004,  que  confirmó   la   sentencia  condenatoria del Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la misma  ciudad,  el  20  de  mayo  de  2004;  dictados  contra  MARÍA   ELENA   URBIBE  GUTIÉRREZ  y  CARLOS   GERMÁN  PALACIO  SÁNCHEZ,  como  coautores  del  punible  de  testaferrato.   

H   E   C   H   O   S   

El  28  de  octubre  de  1989,  miembros  del  Ejército  Nacional,  allanaron la bodega ubicada en la carrera 44 A No. 31-210,  en  Medellín,  de  propiedad  de JORGE LUIS OCHOA VÁSQUEZ. Tal inmueble estaba  titulado   a   nombre   de  “inversiones  Caquetá,  Ltda”,   cuyos   socios  fundadores  eran  los  hoy  condenados   MARÍA   ELENA   URBIBE   GUTIÉRREZ  y  CARLOS   GERMÁN   PALACIO   SÁNCHE,   quienes   mediante   escritura   pública   número   5.699   de  la  Notaría    Doce    del   Circulo   de   la   misma  ciudad, el 28 de septiembre de 1988, lo adquirieron de  la    sociedad    “Agropanadera    San    Esteban  Ltda”,  perteneciente  a  la familia Ochoa Vásquez.   

A   N   T   E   C   E  D  E  N  T  E  S   

El  2  de  septiembre  de  1997, La Fiscalía  Regional    de    Medellín,    precluyó   la   instrucción   que   por   los   punibles   de  Enriquecimiento  ilícito de Particulares y Testaferrato  se  habían  adelantado  contra  MARÍA  ELENA  URBIBE  GUTIÉRREZ  y  CARLOS  GERMÁN  PALACIO  SÁNCHES.   

El  23 de septiembre de 1998, la Fiscalía     Delegada     ante    el    Tribunal    Nacional    de  Bogotá,  por  apelación  del  Ministerio  Público,  revocó   parcialmente,  la  decisión     anterior,    en    el    sentido    de    proferir    resolución    de    acusación   contra  MARÍA   ELENA   URBIBE  GUTIÉRREZ  y  CARLOS  GERMÁN  PALACIO  SÁNCHES, por el  delito  de  Testaferrato, dado  que  la  conducta ilícita tuvo origen a partir de 1986, se aplicó el artículo  6     del     Decreto     1856     –vigente   en   esa   época-  que  fue  adoptado  como  legislación  permanente por el artículo 7° del también Decreto 2266 de 1991.   

El  6  de septiembre de 2004, El Tribunal    Superior    de    Medellín,  confirmó  la  providencia  atacada  por  los  defensores,  quienes  a  su turno, impugnaron en casación el  fallo  aludido  y  el  30  de septiembre del mismo año, desistieron del recurso  extraordinario;   por   tanto,  quedó  debidamente  ejecutoriada  la  sentencia  condenatoria expedida por el Juez Colegiado.   

RESUMEN ACTUACIÓN DE LA CORTE  

1. El 25 de noviembre  de    2004,    se    repartió    la    presente    demanda    de   revisión  confeccionada  por el apoderado  del     sentenciado     CARLOS    GERMÁN    PALACIO  SÁNCHES, al Despacho de quien hoy funge como ponente.   

2. El 12 de octubre  de  2006,  se admitió la demanda, solicitándose la remisión del expediente al  Despacho  correspondiente  y se tuvo como defensor del condenado a su abogado de  confianza.   

3. El 21 de noviembre  de 2006, se corrió traslado a las partes para solicitar pruebas.   

4. El 10 de julio de  2006,  la  Sala  decretó como pruebas: (i)  oficiar  a  la  Oficina  de  Instrumentos Públicos y (ii) a la Notaría Doce de Medellín a fin  de  que  allegaran  el Certificado de Tradición y libertad del inmueble y copia  auténtica  de  la  Escritura  Pública  9780  de  noviembre  30  de  1994,  con  inclusión  de  los  anexos;  los  demás  medios probatorios solicitados fueron  negados.   

5. El 6 de septiembre  de  2006,  se  dispuso correr traslado para que los sujetos procesales allegaran  los correspondientes alegatos.   

6. El 17 de enero de  2007,  la  secretaría  de  la  Sala remitió el proceso rescindente al Despacho  para  pronunciamiento  de  fondo,  adjuntando  exclusivamente los alegatos de la  Procuradora  1ª  Delegada  para  la Investigación y  Juzgamiento Penal.   

7.  El 7 de marzo de  2008,  se requirió al apoderado del accionante a fin de que especificara si era  su  deseo  desistir  de  la  demanda  de  revisión,  al  no haber adjuntado los  alegatos    que    inexcusablemente    debía    haber   presentado.   

8. El 11 de marzo de  2008,  el  defensor  vía  Internet,  comunicó  a  la  Corte  que  insistía  en  la  demanda  y  que  se  le  decretará  un nuevo traslado “o en su defecto tener  los   argumentos   esbozados   al   instaurar   la   acción  como  alegatos  de  conclusión”.   

L   A      D   E  M  A  N  D  A   

Con  fundamento  en la causal 2 del artículo  220   de   la   Ley   600   de   2000,   la   cual   informa   que  “cuando  se  hubiere dictado sentencia condenatoria o que imponga  medida  de  seguridad,  en  proceso  que  no  podía iniciarse o proseguirse por  prescripción  de  la acción, por falta de querella o petición válidamente, o  por cualquier otra causal de extinción, o su inimputabilidad”.   

El  accionante solicitó  se declare sin  valor  los  fallos  condenatorios  expedidos  por  las  instancias, toda vez que  “los  acusados  en este proceso no son propietarios  del  bien  inmueble  cuya  titularidad  se les endilga, ni lo eran al momento de  dictarse  en  su  contra  la  sentencia, ya que, de hecho, dejaron de serlo hace  mucho  tiempo,  tanto  que…,  se  produjo  el  fenómeno  de la prescripción,  cabalmente,  por  el  simple transcurso del tiempo, desde que se otorgó, por su  parte,  la  escritura  pública  de venta de dicho predio, y se inscribió en el  folio  correspondiente  de  la matricula inmobiliaria, en la Oficina de Registro  de Instrumentos Públicos de Medellín”.   

Continúa  el demandante cuestionándose qué  persona   tiene   la  titularidad  del  bien  y  se  responde  que  “en  momento  alguno  del  proceso  se demostró que los acusados  fuesen   propietarios   de   dicho  bien  inmueble”.   

Destacó  el  actor  que cinco años antes de  haberse  proferido  el fallo de segunda instancia, los procesados dejaron de ser  dueños  de tal inmueble, hecho que no fue advertido por los falladores, pues no  bastaba  al  inicio  de  la  instrucción  anexarse a la actuación la escritura  pública  en  la  cual  figuraban  los  acusados  como propietarios “aparentes  del  bien”,  sino que era  indispensable  para  poderlos  condenar  traer  al  plenario  el  certificado de  tradición  y  libertad  expedido  por  la  Oficina  de Registro de Instrumentos  Públicos  de  Medellín,  donde  se constataría con certeza que ellos sí eran  los titulares del derecho de dominio.   

Si  se  hubiera  incorporado al expediente el  referido  certificado,  se  podría  constatar  que  mediante escritura pública  número  9780  del  30  de noviembre de 1994, de la Notaria Doce del Círculo de  Medellín,  los  sentenciados  dejaron de ser propietarios de ese bien inmueble,  que   pasó   a   nombre   de   la   sociedad  Unión  de  Constructores  Conusa  S.A.   

La  resolución de acusación quedó en firme  en  septiembre  de  1998,  “es  claro que cuando la  sentencia  de  segundo  grado  quedó  ejecutoriada,  en  septiembre de 2004, ya  habían  trascurrido seis años, es decir, uno más que el necesario para… que  la acción prescribiera”.   

Concluyó que las instancias supusieron por la  escritura  y  no  por  el  certificado de tradición que los condenados eran los  propietarios     del     bien     inmueble,     afirmando    que    “está  claro  que  no  lo eran, al momento del proferimiento del  fallo,  y  está  claro,  también,  que  habían  dejado  de serlo mucho tiempo  atrás”. Por tanto, desde el 7 de diciembre de 1994,  al  registrarse  la  nueva  escritura  pública, los sentenciados dejaron de ser  propietarios.      

Por   lo  expuesto,  solicitó  se  declare  prescrita  la  acción  y  en  su  defecto  la  cesación de todo procedimiento.   

ALEGATOS DE CONCLUSIÓN  

1.  El accionante no  presentó  ningún  escrito  que resumiera su pretensión acorde con las pruebas  recopiladas  durante  el  trámite  rescindente.  Por tal razón, el Despacho lo  requirió  para  que  si era su deseo desistiera de la acción, toda vez que los  alegatos  son  de  obligatoria  presentación,  contestando  vía  internet  que  solicitaba  un nuevo traslado “o en su defecto tener  los   argumentos   esbozados   al   instaurar   la   acción  como  alegatos  de  conclusión”.   

2.  La Procuradora  1ª  Delegada  para la Investigación y el Juzgamiento  Penal,   después  de  referirse  a  los  hechos,  la  actuación  procesal, la demanda y sus pretensiones y la naturaleza jurídica de  la  acción  de  revisión, sostuvo que los hechos se presentaron entre el 28 de  septiembre   de   1988   hasta   el   7   de  diciembre  de  1994,  “sin  que en virtud del principio rector de la Favorabilidad, les  resulte  aplicable  a  los  procesados lo dispuesto en el Código Penal del 2000  respecto  del delito de Testaferrato, en relación con el incremento punitivo (6  a 15 años)”.   

El  delito  de  Testaferrato,  afirmó, es de  conducta  permanente,  que  requiere  para  su  consumación  que  el derecho de  dominio   continúe   simuladamente   en  poder  de  terceros,  subsistiendo  un  “ilegítimo fingimiento”  para  encubrir  la  efectiva procedencia del bien inmueble, como lo ha entendido  la Sala desde el año de 1990.    

Indicó que mediante escritura pública 5.699  otorgada  por  la  Notaría Doce del Circulo de Medellín, el 28 de setiembre de  1988,   la   sociedad   “AGROGANADERA  SAN  ESTEBAN  LTDA”,  de  propiedad  del  confeso  narcotraficante  JORGE     LUIS     OCHOA     VÁSQUEZ,     le    vendió    a    “INVERSIONES   CAQUETÁ  LTDA”,  de  los  procesados, el bien inmueble motivo de controversia.   

El  7  de  diciembre de 1994, se efectuó una  nueva  tradición  del  bien  a  la  CONSTRUCTORA CONUSA, que es el último acto  delictivo,  al  estar  consagrado,  para ese entonces como punible. Sin embargo,  dentro  del trámite no se estableció “la identidad  de  la  totalidad de los socios de la mencionada empresa o de los accionistas de  la   misma”,  pues  tal  sociedad  fue  constituida  mediante  Escritura  Pública  No.  1007  del 25 de marzo de 1994, teniendo como  objeto social variado.    

Como  no se conoce la identidad de los socios  de  la  nueva  firma que adquirió el inmueble, es importante concretarlos, para  saber  si  los  procesados  dejaron  de  prestar  su  nombre  para aparecer como  propietarios  de bienes con dineros provenientes del narcotráfico, toda vez que  identificados     los    socios    de    Inversiones  Caquetá,   se   inició   la   respectiva   acción  penal.    

Por tanto, la Procuraduría estimó que si la  Corte  pretende  “acreditar la existencia real de la  escritura  de  venta  y  consecuentemente  el  marginamiento de los procesados a  partir  de  la fecha de la misma actividad delictiva por la que fueron acusados,  es  lo cierto que, tal situación no se acreditó suficientemente, razón por la  que  solo  la  revocatoria  del  auto  de  traslado  para  alegar de conclusión  permitiría  en la practica acreditar debidamente tal situación”,  mediante  una diligencia de inspección judicial practicada en las  oficinas  de la sociedad CONSTRUCTORES CONUSA, a fin de determinar qué personas  conformaban para esa época la aludida firma.   

Entiende la Delegada que se presenta una duda  que   exclusivamente   puede   despejarse  “con  la  revocatoria  de  nulidad  de  la  actuación,  con  el  propósito  de  adquirir  convicción  plena  sobre  uno  de  los  aspectos  que durante el trámite de la  presente  acción  se  estimó  de  indiscutible  importancia  por  parte de esa  Corporación,  procedimiento  que  por  lo  demás  ya  ha  sido adoptado por la  Corte…      dentro      del     radicado     número     20052”.     

De  no  ser  acogida  la solicitud principal,  subsidiariamente   planteó  el  Ministerio  Público  se  declare  fundada  la  causal  de revisión invocada  por el demandante, con base en los siguientes argumentos:   

1. Si se “estima”  que  se  acreditó la nueva  venta  el 30 de noviembre de 1994, los procesados dejaron de ser testaferros ese  mismo   día,   pues   la   tradición   del  derecho  de  dominio  “-teóricamente-  a  partir de esa fecha debe empezar a correr el  término  prescriptivo de la acción penal que en el presente evento corresponde  a diez (10) años”.    

2. La prescripción  “debe  comenzar  a  contabilizarse  a  partir de la  perpetración  del último acto delictivo, en lo que a los delitos de ejecución  permanente atañe, como el que hoy nos incumbe”.   

3.   Adujó  que  “independientemente     de     la     discusión  doctrinaria”  en lo atiente a la contabilización de  la   prescripción   en   los  delitos  de  ejecución  permanente,  rescata el contenido del artículo 86 del  Código  Penal,  “respecto  de la interrupción del  término  prescriptivo  con  la  ejecutoria  de la resolución de acusación, no  obstante  que  la  conducta  continúe ejecutándose o produciendo efectos en el  tiempo,  por  cuanto lo anterior equivaldría a hacer nugatorio el contenido del  mencionado artículo en esos eventos”.   

4.   Desde   el  19  de octubre de 1998 (fecha  de   ejecutoria   de   la  resolución  de  acusación)  hasta  el  19  de  octubre  de  2003,  se tenía como  plazo  para  que  el  Estado  continuara  con la acción penal. Sin embargo, las  sentencias  de  primera  y segunda instancia fueron dictadas con posterioridad a  esa fecha: 20 de mayo (Juez) y 6 de septiembre de 2004 (Tribunal).   

5.  Por lo anotado,  insistió  la  Delegada,  en  que se revoque el auto para alegar de conclusión,  toda  vez  que podrían obtenerse mayores “elementos  de  juicio  que  de  manera  indubitable  permitan  sostener que el testaferrato  atribuido  a  los  procesados finalizó con el registro de la Escritura Pública  en  el  año  de  1994  y  que  este debe ser el punto de partida para efecto de  contabilizar   el  término  prescriptivo  de  la  acción  penal”;  de no ser aceptada tal petición, consideró que le asiste razón  al defensor del condenado.   

6. Los falladores se  detuvieron,   para   negar  la  petición  de  prescripción,  en  el  carácter  permanente  de  la conducta de Testaferrato “-que de  manera  alguna ofrece discusión- desatendiendo el lapso que había transcurrido  desde  la  ejecutoria  de  la  acusación,  tiempo determinante para el cómputo  prescriptivo  de  la  acción,  independientemente  del carácter instantáneo o  permanente de la ejecución del acto criminal reprochado”.   

Finalmente,   aseguró  que  el  delito  de  Testaferrato  no  es imprescriptible, pues los falladores se pronunciaron frente  a   dicho   fenómeno   “argumentando  también  la  permanencia  en  el  tiempo  de  la  conducta  por la cual se condenó a PALACIO  SÁNCHEZ”,  olvidando lo dispuesto en el artículo 86  del Código Penal.    

En  el  último  apartado  denominado  por la  Delegada   “petitorio”,  solicitó  la  nulidad  planteada  y, de manera subsidiaria, declarar fundada la  causal de revisión invocada.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

    

1.  La  Corte,  es  competente  para tramitar la  presente  acción  de  revisión  de   conformidad  con  lo dispuesto en el  artículo  75.2  del  Código de Procedimiento Penal (ley 600 de 2000), toda vez  que  la  sentencia  de  segunda  instancia  fue  proferida  por  el Tribunal  Superior  de  Distrito  Judicial de Medellín.   

2. Los presupuestos  sustanciales,  se  encuentran  acreditados tanto en el  artículo  75.2  como en la causal invocada: “cuando  se  hubiere dictado sentencia condenatoria o que imponga medida de seguridad, en  proceso  que  no podía iniciarse o proseguirse por prescripción de la acción,  por  falta  de querella o petición válidamente, o por cualquier otra causal de  extinción, o su inimputabilidad”.   

En   consecuencia,   son  tres  exigencias:  i)  que la acción se dirija  contra   una   sentencia  condenatoria  debidamente  ejecutoriada,  ii)  que  el  fallo  sea  proferido por un  Tribunal   de  Distrito  Judicial,  iii)  que  hubiere  operado  el fenómeno prescriptivo de la acción penal  en un proceso, que por mandato legal, no podía continuarse.   

3.  El  accionante  solicitó  un  nuevo  término  para  presentar  alegatos o que en su defecto se  consideren  los  expuestos  en  la  demanda.  Siendo  ello  así, se admiten los  argumentos  plasmados  por  el  accionante,  en  el  entendido  que al final del  trámite  rescindente  no  tiene aportes significativos que realizar con base en  la causal por él invocada.   

4.  La  Corte  declarará  fundada  la  causal  de  revisión formulada  contra    los    fallos   de   instancia,   por   las   siguientes   reflexiones  jurídicas:   

4.1.  El  argumento  principal   del   Juez  Segundo  Penal  del  circuito  Especializado    de    Medellín,   para   negar   la  prescripción  impetrada  por  uno de los defensores, consistió en que hasta la  fecha  del fallo “los aquí procesados se encuentran  incursos   en   el  delito  de  testaferrato,  pues,  continúan  ejecutando  la  actuación  ilícita, al insistir en prestarse para figurar como propietarios de  bienes   que   en   realidad   pertenecen  a  terceros…  a  la  familia  Ochoa  Vásquez”.   

4.2. El Tribunal, por  su   parte,   expresó   ante  la  alzada  promovida  por  los  defensores,  que  “si   se   tratara  de  un  delito  de  ejecución  instantánea,  como  lo  argumentan  los  censores,  no hay duda entonces que la  acción  penal  estaría  prescrita,  pues  aunque el término prescriptivo, que  para  el  caso  sería  de  diez  años,  se  interrumpió con la emisión de la  resolución  de  acusación  dictada  el  23 de septiembre de 1998 antes de esos  diez  años  contados  desde  el 18 de agosto de 1989, lo cierto es que entre la  fecha  de  dicha  resolución  y el día de hoy ya han trascurrido más de cinco  años  por  los  que correría de nuevo el término prescriptivo en virtud de lo  previsto  en  el  Art. 86 del C. penal en armonía con los Arts. 83 y 6 del Dto.  1856 de 1989”.   

Con  base  en variada jurisprudencias de esta  Sala,  el  Juez  Colegiado,  sostuvo  respecto  al  punible  de testaferrato que  “analizada su descripción típica y su naturaleza,  no  nos  cabe  duda de que la conducta se proyecta en el tiempo mientras dure la  simulación  que  lo  estructura” Por tanto, concluye  que  “no es que existan entonces algunos delitos que  estén  excluidos  del régimen general de la prescripción sino que los hay que  por     virtud    de    su    peculariedad    de    permanencia,    traducida     en     ofensa     siempre    actual    al    régimen  jurídico,  esa  iniciación  de  la prescripción se  dilata    y    puede   llegar   incluso   a   ser   nugatoria”.   (Subrayado textual)   

4.3.  El injusto de  Testaferrato  fue  tipificado  por  el  Decreto  Legislativo 1856 de 1989, en el  artículo  6:  “Quien preste su nombre para adquirir  bienes   con  dineros  provenientes  del  delito  de  narcotráfico  y  conexos,  incurrirá  en pena de prisión de cinco (5) a diez (10) años…”;   adoptado   como   legislación   permanente   mediante   Decreto  Extraordinario 2266 de 1991.   

4.4.  Los falladores  le  impusieron  a  los  procesados MARÍA ELENA URBIBE  GUTIÉRREZ     y     CARLOS     GERMÁN     PALACIO  SÁNCHEZ,  la  pena  de  cinco (5) años de prisión y  demás  accesorias,  ordenando  la  reactivación  inmediata  de las órdenes de  captura.    

4.5. El artículo 86  de  la  Ley  599  de 2000, determina que la prescripción de la acción penal se  interrumpe      con      la      resolución     de  acusación  o su equivalente, ejecutoriada se reinicia  el  conteo de un nuevo término que será igual al consagrado en el precepto 83,  sin que pueda ser menor a cinco (5) ni superior a diez (10) años.   

En   tales   circunstancias,   el  término  prescriptivo  de  la  acción penal, en punto a la ejecutoria de la resolución  de  acusación, se entiende en  dos  sentidos:  i) si se trata  de  un  servidor  público no  puede  ser  inferior a seis (6) años ocho (8) meses como lo viene explicando la  jurisprudencia1   de   esta   Sala,   y   ii)  si  es  un  particular,  el  lapso  tiene  un límite de cinco (5)  años.    

4.6.   Mediante  jurisprudencia  del  5  de  julio  de  2007, en el radicado 23.929, la  Sala  varió  su criterio jurídico en lo atinente a los delitos  de    ejecución    permanente,    como    pasa    a  puntualizarse:    

“La  Sala  Penal  de  la  Corte,  en esta  oportunidad  reitera  y  unifica  su criterio jurídico respeto al tiempo en que  debe  iniciarse  el  término de prescripción de la acción penal para aquellos  delitos  de  conducta  permanente,  el  cual  como  se interpretaba antes, ya no  depende  del  “último  acto”  sino desde la ejecutoria de la resolución de  acusación.   

“Desde   luego  que  la  jurisprudencia  realizó2  un  cambio  sustancial  y  favorable  en  la  interpretación  de  aquellos  punibles de conducta permanente, al establecer un límite en el tiempo  para  entender  que  la  potestad investigativa en cabeza de la Fiscalía fenece  con  la  ejecutoria del cierre de investigación y, en consecuencia, a partir de  la  ejecutoria  de  la  resolución  de  acusación  ,  se  inicia el conteo del  término  prescriptivo  de la acción penal, en armonía con los artículos 83 y  86 de la Ley 599 de 2000; por las siguientes razones:   

i)  El  atentado  contra  la  administración  de justicia no puede ser indefinible en el tiempo o  estar  supeditado  a  un eventual engaño, el cual precisamente se concretó con  la puesta en marcha de la acción antijurídica.     

ii) Era insólito,  en  algunos  casos, que mientras se dictaba sentencia condenatoria por el delito  de  fraude  procesal, aún no se tenía claridad sobre el momento consumativo de  dicha  infracción,  toda  vez  que  para materializarse se requería esperar la  ejecución  del último acto. (Radicado 11.210 de octubre 4 de 2000)   

iii)  El  derecho  penal colombiano es de acto.   

iv)  La  acción  penal    es   prescriptible   en   Colombia   de   acuerdo   al   artículo   28  constitucional,  83 y siguientes del Código Penal.   

v) Viene afirmando  la  Sala que la resolución de acusación es  pilar fundamental del proceso  al  garantizar  la  unidad  temática  en  sus vertientes fáctica, conceptual y  jurídica,  con  el  objeto  de limitar en el juicio, cualquier clase de abuso o  irregularidad  que  pudiese  presentarse  de  no  existir la imputación formal;  resolución   que   se   encuentra  inescindiblemente  vinculada  al  cierre  de  investigación;  es  por ello que la ejecutoria de la resolución de acusación,  marca  el  sendero cronológico, en los delitos de ejecución permanente, al que  la  sentencia  debe  supeditarse  en  atención  al  límite  prescriptivo de la  acción penal.   

vi) Así mismo, con  el  cierre  de  investigación  ejecutoriado,  para  no  consolidar  la  idea de  imprescriptibilidad  de los punibles de ejecución permanente, se hace necesario  sopesar  el  acto  antijurídico  hasta  ese  preciso momento; aceptando como un  hecho  cierto que cesó la conducta contra derecho, en punto al delito de fraude  procesal.  Luego, entonces, a partir de la resolución de acusación debidamente  ejecutoriada,  es procedente contabilizar el término ordinario de prescripción  de  la  acción penal, por tanto, los actos posteriores podrán ser objeto de un  proceso distinto”.   

4.7.     El  discernimiento   jurídico  expuesto,  remite  a  la Corte a rechazar la petición de nulidad elevada por el  Ministerio  Publico del auto  que  ordenó  el  traslado a los sujetos procesales para alegar, en el entendido  que   ya   no   se   cuenta   el   término   prescriptivo   desde  “el  último acto” sino a partir de la  ejecutoria      de      la      resolución     de  acusación,  tal  y  como  quedó expuesto. Inclusive,  porque  de  manera  tímida  afirmó la Delegada que así debe ser, cuando en la  argumentación  de  la  petición subsidiaria, para que se declarará fundada la  causal,  -entre  líneas  sostuvo-  que  el  término  de  prescripción se debe  contabilizar  con  la  resolución  de acusación para acatar lo dispuesto en el  artículo  86 del Código Penal; sin adicionarle mayores elementos de juicio que  los aludidos.   

4.8. En virtud de lo  dispuesto  en  el artículo 187, inciso 2, de la Ley 600 de 2000, que disciplina  lo    concerniente    a    la   ejecutoria   de   las  providencias  de  segunda  instancia,  al enseñar que  “quedan ejecutoriadas el día en que sean suscritas  por   el  funcionario  correspondiente”;  se  tiene,  entonces,     que     la      resolución    de  acusación    expedida    por    la    Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Nacional  de  Santafé  de  Bogotá,   quedó   ejecutoriada   el   día   de  su  expedición,   esto   es,   el  23  de  septiembre  de  1998,  lo  que  indica  que  se  interrumpió el ciclo  prescriptivo;  iniciando un nuevo conteo equivalente a la mitad del señalado en  el  artículo  83,  el que para el caso en estudio se tomará en cinco (5) años  porque  el  delito  tiene  un  máximo  de pena de 10; entonces se tiene, que la  prescripción        para        el        punible        de        testaferrato,    por   el   que   fueron  sentenciados   MARÍA   ELENA  URBIBE  GUTIÉRREZ  y  CARLOS    GERMÁN    PALACIO    SÁNCHEZ,  es de 5 años y, desde la fecha de la imputación con relación a  los  fallos  que  se  expidieron  el  seis  (6) de septiembre (Tribunal) como el  veinte  (20)  de mayo de 2004, se superaron los cinco (5) años establecidos por  la normatividad sustancial citada.   

Por tanto, operó el fenómeno jurídico de la  prescripción  a  favor  de  los  sentenciados  MARÍA  ELENA  URBIBE  GUTIÉRREZ  y  CARLOS  GERMÁN  PALACIO  SÁNCHEZ,  pues aunque uno de ellos no demandó el caso  en  revisión,  como  es obvio, se extiende el derecho a ella por encontrarse en  las   mismas   condiciones   jurídicas   que  el  accionante.      

En consecuencia, atendiendo lo preceptuado en  los  artículos  38  y  39  del Código de Procedimiento Penal, se declarará la  extinción    de    la   acción   penal  por  el  delito  y en los términos señalados; decretándose así  mismo,  la  cesación de todo procedimiento   a   favor   de  MARÍA  ELENA  URBIBE  GUTIÉRREZ   y   CARLOS   GERMÁN  PALACIO  SÁNCHEZ.   

Como  quiera  que  en la parte resolutiva del  fallo   de   primer   grado   se  dispuso  reactivar  las  órdenes  de  captura  contra        los  sentenciado     URBIBE  GUTIÉRREZ     y     PALACIO    SÁNCHEZ,  dirigidas  a las autoridades respectivas; circunstancia  que  no  modificó  el  Tribunal,  se  ordenará  la  cancelación de las mismas, por  razón de este proceso.   

Así  mismo,  se  compulsará  copia  de esta  decisión   con  destino  a  la  Sala  Jurisdiccional  Disciplinaria  del  Consejo Superior de la Judicatura a  fin,  si  a ello hay lugar, de iniciar la correspondiente acción disciplinaria.   

En este orden de ideas, encuentra la Sala que  la  causal  de  revisión  aducida está llamada a prosperar, en consecuencia se  declarará  fundada,  al  haber operado el fenómeno jurídico de prescripción;  en  consecuencia,  se ordenará, la extinción de la acción penal por el delito  de   Testaferrato  a  favor  de  MARÍA  ELENA  URBIBE  GUTIÉRREZ  y CARLOS    GERMÁN    PALACIO   SÁNCHEZ;  para  el  efecto,  la  Sala  invalidará  los  fallos  proferidos en las instancias.   

C  U  E  S  T  I  Ó  N    F  I N A  L   

El fallo proferido por el Juez que condenó a  MARÍA   ELENA   URBIBE  GUTIÉRREZ  y  CARLOS  GERMÁN  PALACIO  SÁNCHEZ, por el  punible  de testaferrato, dispuso en el numeral cuarto de la parte resolutiva lo  siguiente:   

“A  favor  de  la Fiscalía General de la  Nación,  se  decreta  el  comiso  definitivo  de  la “BODEGA AGROGANADERA”,  demarcada  en  su  puerta  principal con los números 31-210 de la carrera 44 A,  nomenclatura  urbana  de  la  ciudad de Medellín, objeto material del delito de  Testaferrato  por  el  que  se  procede,  adquirida  mediante escritura pública  número  5.699,  de  la  Notaría  Doce  del  Círculo  de  Medellín,  con data  septiembre  28  de  1988  y  matricula inmobiliaria número 001-0520754. De otra  parte,  se  dejará  el vehículo marca Chevrolet Luv 4×4, con placas QA-1425, a  disposición  del  mismo  ente  investigador,  en  pos de determinar su origen y  verdadero propietario”.   

En   el   mismo  sentido,  el  Tribunal   de   Pereira  al  confirmar  la  decisión,  no modificó la  circunstancia    jurídica   del   decomiso   del   bien   inmueble   reseñado,  entendiéndose  que  hoy  por  hoy  se  encuentra  la  bodega  en manos del ente  acusador.   Siendo  ello  así y por virtud de lo dispuesto en el artículo  68  de  la  Ley  600  de  2000,  concordado  con  la  Ley  793  de 2002, la cual  disciplinó  todo  lo  relacionado  a  la extinción de  dominio, es pertinente señalar que:   

El  artículo  2, numeral 5 de la citada Ley,  indica:  “los  bienes  o  recursos  de  que  se trate hubieren sido afectados dentro de un proceso penal y  que  el origen de tales bienes, su utilización o destinación ilícita no hayan  sido  objeto  de investigación o habiéndolo sido, no  se   hubiese   tomado   sobre  ellos  una  decisión  definitiva  por  cualquier  causa. (Subrayado fuera de texto)   

Si bien es cierto que con la declaratoria de  invalidación  de  los  fallos expedidos por los juzgadores por haber operado el  fenómeno  jurídico  de  la  prescripción  de  la acción penal en el lapso de  expedición  de  los mismos, el bien inmueble decomisado tendría que devolverse  a  sus propietarios por efecto de la decisión aquí proferida; no obstante, por  mandato  específico de la Ley en comento, en el entendido que tal bodega estuvo  comprometida  en un proceso iniciado por el delito de Testaferrato, se remitirá  a   la   autoridad   correspondiente,   a  fin  de  determinar  su  procedencia.   

Precisándose,  además,  que  la acción de  extinción    de   dominio   “es   de   naturaleza  jurisdiccional,  de  carácter  real  y  de  contenido patrimonial, y procederá  sobre  cualquier  derecho  real,  principal  o  accesorio, independientemente de  quien  los  tenga  en  su  poder,  o  los  haya  adquirido  y  sobre  los bienes  comprometidos.    Esta   acción   es   distinta   e  independiente  de  cualquier  otra  de  naturaleza  penal  que  se haya iniciado  simultáneamente,  o  de  la  que  se  haya  desprendido,  o  en  la que tuviera  origen,  sin  perjuicio  de  los terceros de buena fe  exentos            de            culpa”3.   

En  esas condiciones, sobre el bien objeto de  investigación,  la  Sala  no  dispone  su  entrega  a  los propietarios, habida  consideración    que    ello    lo    deberá    establecer   la   Fiscalía   General   de   la   Nación   Unidad  de  Extinción  de  dominio,  pues su procedencia depende del resultado de  las pesquisas  que allí se inicie   n sobre el particular.  

Siendo ello así, se ordenará por secretaría  de  la  Sala,  oficiar al ente investigador, dejándole a disposición la bodega  ubicada en la carrera 44 A No. 31-210 de Medellín.   

Con  fundamento  en lo expuesto, la    Sala   de   Casación   Penal   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Primero:   Declarar  fundada  la causal de revisión invocada.   

Segundo:     Invalidar    las  sentencias  expedidas por el Tribunal  Superior  de  Distrito Judicial de Medellín de fecha 6  de  septiembre  de 2004 y la del Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  Especializado de la misma ciudad, del 20  de mayo de 2004.   

Tercero:  Declarar  prescrita  la  acción  penal y en consecuencia ordenar  la  extinción de la acción  por  el delito de Testaferrato  atribuido   a   MARÍA  ELENA  URBIBE  GUTIÉRREZ  y  CARLOS   GERMÁN   PALACIO   SÁNCHEZ,   teniendo  en  cuenta  los argumentos expuestos en la parte motiva de  esta decisión.   

Cuarto:  Ordenar la  cancelación   de  las  órdenes  de  captura  registradas  contra  MARÍA  ELENA  URBIBE  GUTIÉRREZ y CARLOS  GERMÁN  PALACIO  SÁNCHEZ  con base en las decisiones  jurisdiccionales declaradas inválidas.   

Quinto:     Ofíciese     por   secretaria   de   la  Sala,  con  destino  a  la  Fiscalía   General   de   la   Nación,  Unidad  de  Extinción  de  Dominio,  a  fin  de  dejarle a disposición la bodega  ubicada  en  la  carrera  44  A No. 31-210 de Medellín, con base en las razones  esbozadas   en   la   parte   final   de   esta   providencia.     

Sexto:         Compúlsese     por     secretaria    de   la   Sala,  copia  del  presente     proveído     con     destino     a     la     Sala    Jurisdiccional   Disciplinaria   del   Consejo   Superior   de   la  Judicatura, para los fines pertinentes.   

Séptimo: Contra la  presente decisión no procede recurso alguno.   

Octavo: Cópiese,  notifíquese,    cúmplase    y   devuélvase   el   proceso   al   Juzgado    Segundo    Penal    del    Circuito   Especializado   de  Medellín.   

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  DE  LEMOS                      AUGUSTO J. IBAÑEZ GUZMÁN   

                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                                          YESID    RAMÍREZ    BASTIDAS               

JULIO  ENRIQUE  SOCHA SALAMANCA                                          JAVIER ZAPATA  ORTIZ   

         

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

                   Secretaria   

    

1 Corte  Suprema  de  Justicia,  Radicación 0237 de abril 28 de 1988; 25.767 (20-09-06);  25.149 (5-10-06); 20.673 (1-9-04).   

2 En el  mismo  sentido:  Corte  Suprema  de Justicia radicados: 26694 (09-05-07); 26.854  (30-05-07).   

3  Artículo  4 de la citada Ley. Lo subrayado fue declarado EXEQUIBLE por la Corte  constitucional,  con  Sentencia  C-1065-03  del 26 de agosto de 2003. Y el resto  del  precepto,  dispuso  la  misma  Corporación,  estarse  a  lo resuelto en la  Sentencia C-70-03 del 11 de noviembre de 2003.     

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